martes, 24 de noviembre de 2009

¿A quién beneficia una moneda china débil?

En lo inmediato, a mí y a millones de consumidores en todo el mundo, incluidos desde luego los consumidores en Estados Unidos.
¿A quién perjudica? A millones de chinos, cuyos salarios tienen menos poder adquisitivo y para quienes los bienes importados se encarecen.
También perjudica a exportadores estadounidenses que, conjeturan, podrían vender más a China y/o tendrían menos competencia de las mercaderías chinas en Estados Unidos y en otros mercados (ojo, escribí: conjeturan, habría que ver si de veras son competitivos al margen del tipo de cambio).
Estas claras consideraciones, que no suelen hacerse en los análisis al uso que tienden a ser mercantilistas y no partidarios del comercio libre, llevan a Gary Becker (de rodillas, por favor, que es Premio Nóbel, je, je, je) a concluir que Barack Obama y Hu Jintao, cada cual, actúan y hablan no como les correspondería si defendiesen los intereses de los consumidores de sus respectivos países, sino como si Hu Jintao fuese el Presidente de los Estados Unidos y Barack Obama el máximo jerarca del Partido Comunista Chino. Puede leerse el interesante análisis de Becker pinchando AQUí.
Otro caso para recordar la sabiduría de Frederic Bastiat: Lo que se ve y lo que no se ve, ensayo maravilloso que puede leerse pinchando en ESTE OTRO SITIO.

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miércoles, 21 de octubre de 2009

Extraña unanimidad

"Cabeza" de primera plana de "Reforma" ayer miércoles: "Dejan el boquete ¡a contribuyentes!".
"Cabeza" de primera plana de "El Universal" ayer miércoles. ""Asalariados e IP tapan 'boquete'"

Curiosa semejanza. ¿Qué tan probable es que dos editores independientes entre sí, que literalmente no se hablan, elijan la misma palabra inusual y extraña ("boquete"), para su nota principal de la edición del día siguiente?

Boquete viene de boca y quiere decir; "Entrada estrecha de un lugar" y, también, "abertura hecha en una pared".

Curiosa semejanza. ¿Qué tan probable es que dos editores independientes entre sí, que literalmente no se hablan, decidan redactar una "cabeza" para la nota principal de su diario de mañana que va más allá de la información desnuda (digamos, por ejemplo:"Diputados aumentan IVA, ISR y el IEPES") y que incurre en la "editorialización" y en los juicios de valor? Porque las oraciones en ambos casos atribuyen una intencionalidad a alguien - no identificado- que optó por "los contribuyentes" o por los "asalariados e IP" para tapar un orificio - "boquete" - de las finanzas públicas. Nótese que en ambos casos el sujeto designado para cubrir el hoyo - "boquete"- es el mismo.

Dicho sea de paso, el juicio de valor implícito en ambas "cabezas" es un poco tonto, ya que de una u otra manera en cualquier latitud o en cualquier momento son los contribuyentes quienes tienen que cubrir, quieran o no, los faltantes de las finanzas públicas: Pueden cubrirlos pagando más impuestos, sufriendo las consecuencias de una mayor deuda pública o renunciando a los beneficios derivados del gasto público. No hay de otra. Si alguien conoce otra fórmula fiscal que nos avise.

Ambas "cabezas" buscan conectar con el lector despertando la indignación y el disgusto. Ambas "cabezas" presuponen que el lector es la víctima a la que le tocó, sin pedirle su parecer, tapar el "boquete". Un "boquete", está implícito en ambas oraciones, respecto del cual la supuesta víctima-lector-enojado es inocente.

Extraña coincidencia. ¿Es razonable inferir una tácita concertación o es mera paranoia del suspicaz observador?, ¿qué es lo que en realidad molesta e invita a esta inusual coincidencia de pareceres?

Hipótesis del suspicaz autor de estas "Ideas al vuelo": No es el "uno" añadido al IVA, no es el "dos" añadido al ISR. Son otras dos cosas: Es, sobre todo, el asunto de que se haya propuesto acotar las ventajas, inmensas para las grandes corporaciones de negocios, de la consolidación fiscal y es, también, ese impuesto (IEPS) de 3 por ciento a los servicios de telecomunicación que se prestan a través de conexiones a redes. Es hipótesis, nada más.

Otro diario, "Excélsior", ofrece en su "cabeza" principal la pista de lo que sigue en la estrategia de los negociantes: "El Senado promete corregir impuestos". Lógico, piensa el febril autor de estas "Ideas al vuelo", ahí tienen puestas sus esperanzas ese puñado de barones y magnates: En el Senado, calculan, podrán echar para atrás el agravio, que no es - para ellos - el asunto del "uno" en el IVA o del "dos" en el ISR (ellos no lo pagan, sino sus asalariados), sino el asunto de los beneficios, tan grandes que en algunos casos parecen incalculables, de la consolidación fiscal.

Ya veremos.

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lunes, 15 de junio de 2009

Líneas aéreas en México: El consumidor NO importa

Parece haber una verdadera campaña en los medios para "salvar" a las líneas aéreas ineficientes. Siguiendo esa "lógica"mientras más dinero esté perdiendo una línea aérea por tener exceso de personal, por tener una flota excesiva de aviones viejos (parte de los cuales NO están para volar, sino para desmantelarlos para surtir de refacciones y piezas usadas a las viejas cafeteras que todavía vuelan), por no convencer con buen servicio a los consumidores ("fíjense, señores pasajeros, que antes de llegar a Monterrey, que es para el destino directo por el que pagaron su boleto, nos vamos a dar una vueltecita a Puerto Vallarta a recoger unos pasajeros; les estoy avisando nada más, no tienen elección"), más "apoyo" del gobierno (esto es: dinero de los contribuyentes) debe recibir.

Ver antecedentes caso Aviacsa y aquí también sobre el pésimo servicio.

Las ideas clave de la reestructuración aérea que propugnan algunos medios (como voceros serviciales de varias líneas aéreas) son:

1. Jamás debe existir sobre-oferta porque eso sólo beneficia a los consumidores, que tienen más opciones para elegir de acuerdo con la calidad y el precio.

2. La libre competencia es por definición ruinosa. El gobierno debe restringir la entrada (que el negocio sólo sea para los que ya están dentro) y repartir el mercado equitativamente, haciendo que los precios al consumidor permitan que todos - excepto los consumidores- ganen: accionistas de las líneas aéreas, sindicatos, empleados, pilotos, azafatas, agencias de viajes, aeropuertos, el gobierno que recibirá el pago puntual de combustibles, derechos e impuestos, y hasta los medios de comunicación que recibirán jugosas inserciones de anuncios.

3. Este "milagro" de armonía y abundancia lo tendrán que pagar los consumidores mediante precios lo suficientemente exorbitantes para que, aún sin mayor demanda, cualquier vuelo - hasta el de un solo pasajero- resulte negocio.

Viva el mercantilismo. Viva el capitalismo de compadres. Muera la competencia y el libre mercado.

Declaraciones del Presidente de la Cámara Nacional de Aerotransportes (Canaero), Javier Christlieb (respeto la sintaxis desastrosa con las se publican hoy en el periódico "Reforma"):

"Ya es la segunda ocasión que ocurre en México que hubo una sobreoferta...donde lo único que se logró es que muchas empresas cerraran y dejaran el transporte aéreo hecho pedazos".


La sobre-oferta, según este personaje, es mala porque elimina a los incompetentes y los saca del mercado. Ya entendimos. Ya sabemos qué podemos esperar los consumidores de la mayoría de nuestros negociantes aéreos. ¿Lo de "hecho pedazos" se refiere a los accidentes de los viejos aviones de la desaparecida Taesa o a las actuales cafeteras voladoras de Aviacsa?

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viernes, 15 de mayo de 2009

El negocio del melodrama

Hace muchos años aprendí una lección horrenda: “Rueda que chilla, le ponen aceite”. En culturas mercantilistas, como las que siguen prevaleciendo entre los negociantes y los políticos en América Latina, ese dicho se ha convertido incluso en modo de vida para los cazadores de rentas.

Por casualidad, y por un deber de cortesía hacia mis anfitriones, la noche del jueves pasado vi, por primera vez en años, uno de los noticiarios de televisión prototípicos de México, el de Joaquín López Dóriga. El lector de las noticias reiteradamente criticó a las autoridades educativas por haber decidido prolongar el periodo escolar a raíz de los días perdidos a causa de la epidemia de influenza. ¿Por qué, a juicio de este influyente noticiario, esa decisión habrá de ser nefasta para México? Pues porque los dueños de hoteles, restaurantes y líneas aéreas, que padecen la caída generalizada de la demanda, amén de las consecuencias de la alarma sanitaria por la aciaga amenaza de la influenza, conjeturan que las vacaciones escolares no tienen otro fin que darle una “ayudadita” a la muy alicaída demanda turística. Resulta pues que para lo que sirven los niños y los jóvenes mexicanos que asisten a escuelas de educación básica, media y hasta media superior es para contribuir con su holganza a “salvar” a la industria turística. Enrevesado razonamiento instrumental.

Al día siguiente leí un mal pergeñado comentario periodístico (de Enrique Quintana en "Reforma") que calificaba de pernicioso y fatuo el supuesto optimismo del gobierno acerca de los incipientes signos de recuperación de la actividad económica en Estados Unidos y en el mundo. Para quienes se tomen la molestia de verificar directamente las declaraciones de los funcionarios – que son los menos- tal acusación de optimismo artificioso no sólo es infundada sino manifiestamente tramposa. No hay tal optimismo candoroso, sino la constatación sobria de señales puntuales de que lo peor de esta calamidad económica global ha pasado. Pero quemar en leña verde – en sentido figurado- a los funcionarios “optimistas” rinde frutos en la lógica mercantilista: Hay que chillar y seguir chillando para que te pongan aceite (es decir: para que te den más subsidios, te perdonen más impuestos y contribuciones, te den más créditos blandos y hasta te paguen con dinero de los contribuyentes la propaganda de tu empresa), un negocio de ocasión en las crisis es “tírate al suelo para que te levanten”, “el melodrama también deja dinero” y “mientras peor, mejor”.

Una lección horrenda típica del capitalismo de cuates o de compadres: Mientras más chille la rueda, más aceite le ponen. ¡Qué vergüenza!

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miércoles, 13 de mayo de 2009

Chrysler y GM: Quiebras politizadas

Para el gobierno de Barack Obama todos los ciudadanos son iguales, pero unos son “más iguales que otros”, como sucedía entre los animales de la granja que imaginó George Orwell para satirizar el comunismo soviético.

Obama sin duda está lleno de buenas intenciones, pero su afán de proteger a quienes la gastada retórica izquierdista identifica como “débiles” le inclina con frecuencia a torcer la regla de la ley.

Chrysler entró el 30 de abril al capítulo once de la ley de bancarrotas y la administración de Obama ya se las ha arreglado no sólo para que el proceso sea excepcionalmente rápido, sino para que tenga resultados definidos de antemano. Sin mayor escrutinio, el juez a cargo dictaminó que los acreedores de deuda garantizada sólo recibirán 28 centavos por cada dólar que se les adeuda, en cambio los miembros del sindicato automotriz (United Auto Workers, UAW) recibirán 43 centavos por cada dólar invertido en el fondo de salud que estableció la empresa.

Liquidar los activos y repartir a partes iguales lo que quede – otra opción legal-, está descartado: es “políticamente incorrecto”.
Sólo en la falsa retórica “progresista” la poderosa UAW puede considerarse como “débil” y sólo en la misma retórica los acreedores pueden ser vistos como “buitres”. Pero esa es la retórica que ha empleado Obama al calificar de “especuladores” a los tenedores de bonos. En realidad, la mayoría son pequeños ahorradores que cometieron el error de creer en Chrysler.

La UAW ha sido un sostén permanente de la meteórica carrera política de Obama, un bastión del Partido Demócrata al que Obama se ha empeñado en complacer; de ahí, por ejemplo, que comparta el discurso de la UAW calificando a los inmigrantes extranjeros de ladrones de empleos y denunciando al TLCAN como un mal arreglo que se llevó los empleos a México con el señuelo de los bajos salarios.

Ya desde hoy se sabe que la historia de la inminente bancarrota de GM será similar: Los miembros de la UAW recibirán 50 centavos por cada dólar, mientras que los acreedores, en este caso de bonos no garantizados, tendrán que conformarse con 5 centavos por cada dólar. Los acreedores ya saben que sólo habrá esa sopa en la mesa.

Un nefasto precedente cuando lo que urge son fondos frescos de inversionistas privados (“especuladores” les diría Obama) para rescatar empresas estadounidenses en problemas, como advirtió The Economist en su edición de esta semana.

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domingo, 7 de diciembre de 2008

¿Una economía sin consumidores?

Al consumidor no se le deja opinar sobre la reducción de aranceles

Un “especialista” (Luis Rubio) publicó hoy ("Reforma") un extenso artículo acerca de la reducción de aranceles en México. Son más de 1,100 palabras pero jamás aparece la palabra “consumidor” o las oraciones: “precios para el consumidor final”, “bienestar de los consumidores”.
En cambio, el artículo menciona constantemente las palabras: “productores”, “gobierno” y “apoyos”.
El autor argumenta que la reducción de aranceles podría ser impecable desde el punto de vista de la ciencia económica, pero carece de programas de “apoyo” para aquellos productores que podrían ser “arrasados” – ese es el verbo que emplea- por la competencia de productos extranjeros que serían, merced a la reducción de aranceles, más baratos que hoy.
Así como están ausentes los consumidores en el alegato, también se omite cualquier mención a que la devaluación del peso experimentada en los últimos meses ha encarecido para el consumidor final alrededor de 35% el precio de todos y cada uno de los bienes importados.
En México cuando los especialistas, los empresarios o el gobierno hablan de competitividad, de comercio exterior, de empleos, de precios o de crecimiento económico lo último que les interesa, si acaso les interesa, es el bienestar del consumidor.
Reducir aranceles equivale a regresar a millones de consumidores miles de millones de pesos que actualmente les son sustraídos por un puñado de negociantes. Pero tal “apoyo” a los consumidores – que no le costaría un solo centavo a los contribuyentes- es herético, porque no puede capitalizarse en aportaciones electorales, ni venderse como favor en el supermercado de la política, ni traducirse en patrocinios de algunos poderosos empresarios para centros de análisis e investigación.

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sábado, 9 de agosto de 2008

¿Qué entendemos por competitividad?

Sería desastroso para la economía mexicana que, dentro de nuestra proclividad al ablandamiento de instituciones y conceptos, usásemos la palabra "competitividad" como un eufemismo para justificar que el gobierno otorgue subsidios a las empresas privadas.


La mejor ayuda que el gobierno puede dar a las actividades productivas del sector privado – que van desde los pequeñísimos negocios hasta las gigantescas corporaciones- es garantizar la seguridad física y patrimonial de las personas, el cumplimiento irrestricto de los contratos y mantener una política fiscal responsable; al tiempo que permite la ejecución de una política monetaria igualmente responsable por parte de un banco central autónomo.

Ese conjunto de elementos son necesarios y suficientes para que los verdaderos emprendedores alcancen una mayor productividad y enfrenten con éxito – mayor o menor, según las capacidades y los talentos empresariales de cada cual- la competencia en los mercados. Así pues, esos son los elementos necesarios y suficientes para la competitividad, siempre y cuando el gobierno no estorbe a la actividad productiva con asfixiantes regulaciones, ni con trámites tortuosos y promueva activamente, dentro de México y en el extranjero, el cumplimiento estricto de leyes, convenios y tratados.

Otra manera de decirlo es: El gobierno ayuda a la actividad productiva, a la generación de empleos y de riqueza, así como a la mejor distribución del ingreso, cuando cumple eficaz y eficientemente con su misión fundamental. En cambio, distorsiona y hasta obstruye la actividad económica cuando trata de manipular diversos precios en el mercado, aun cuando tal manipulación trate de justificarse con la más noble de las intenciones o con la retórica más emotiva.

Esto significa que la competitividad auténtica no se logra con subsidios, del tipo que sean o se disfracen como se disfracen, ni con controles de precios.

Al anunciarse el nombramiento de un nuevo Secretario de Economía en el gobierno federal no faltaron las voces de organismos y asociaciones, de etiqueta "empresarial" y honda raigambre mercantilista, que hicieron votos para que el cambio signifique un nuevo impulso a la competitividad de las empresas. Suena bien, pero si se les piden definiciones precisas acerca de qué entienden por competitividad suele comprobarse, lamentablemente, que otra vez estamos ante un eufemismo ablandador: "Competitividad es que me subsidies". Mal, muy mal.

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viernes, 16 de mayo de 2008

Los Kirchner y el hambre del mundo (I)

Argentina es probablemente el país más competitivo del mundo produciendo granos y alimentos. ¿Qué hace el gobierno argentino ante esta innegable ventaja competitiva de sus productores agropecuarios? Ponerles un impuesto confiscatorio a las exportaciones, agredirlos, acusarlos de criminales por ser prósperos y productivos.

La cosecha argentina de maíz de 2007-2008 será de unos 21.5 millones de toneladas, el consumo de ese cereal en Argentina es de apenas 6.5 millones de toneladas; la cosecha de trigo en Argentina será de 15.5 millones de toneladas y el consumo interno de trigo en ese país difícilmente llegará a 5.5 millones de toneladas. Son sólo dos ejemplos. Argentina tiene capacidad productiva de sobra para alimentar a cuatro o cinco países más.

Todo mundo sabe que hemos entrado mundialmente en un ciclo largo de encarecimiento de los alimentos, después de otro ciclo largo (de casi 50 años) en el que la productividad abarató sostenidamente los alimentos. No sólo se trata de que los chinos o los indios estén comiendo mejor porque tienen más ingresos – a partir de un trabajo duro y productivo- sino de que el intervencionismo gubernamental (subsidios ruinosos, barreras comerciales, supersticiones antiprogresistas, cultivo político de clientelas electorales y de patrocinadores de campañas partidistas, entre otros males) ha contribuido a un encarecimiento de los alimentos del mundo.

¿Qué ha hecho ante este fenómeno el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, quien en realidad es una simbólica encargada del despacho que le heredó y encomendó su marido Néstor? Pues desempolvar las teorías fracasadas del economista difunto que más daño causó en América Latina, Raúl Prebisch, e imponer una retención impositiva exorbitante a las exportaciones de granos; algo similar a lo que antes hizo con las exportaciones de carne. Repetir la nefasta receta de Juan Domingo Perón que, impulsado por ese poderoso resorte de la miseria moral que se llama envidia, quiso apropiarse de la renta agropecuaria de Argentina para consentir a una burocracia voraz y a unos industriales ineficientes que claman por subsidios y por protección.

La única motivación que puede haber detrás de este despropósito es la avidez de los políticos por apropiarse de la riqueza de los demás. Un gobierno de "izquierda moderna", anclado en los nefastos mitos de los años 70 del siglo pasado, contribuye con fervor a incrementar el hambre en el mundo. Malvados y, además, estúpidos.

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jueves, 14 de febrero de 2008

¿Los consumidores? ¡Al final de la fila!

Sólo dos ejemplos recientes del desprecio que manifiesta el pensamiento políticamente correcto hacia los consumidores. La consecuencia es que nuestro marco institucional obstruye la productividad y el crecimiento.

Primer ejemplo: En todo lo que se ha dicho y escrito acerca de una reforma energética en México prácticamente nadie menciona el interés de los consumidores. Aun los más “liberales” aceptan la petición de principio de que tal reforma debe hacerse para “salvar a Pemex”. Es decir: El interés del monopolio está por encima del interés de millones de consumidores de energéticos.

Que la discusión parta de ese prejuicio – del tamaño de la pirámide del Sol- ha provocado que el supuesto debate se convierta en un pleito entre los idólatras del becerro de chapopote. ¿Por qué es impensable plantear la reforma desde el punto de vista de los consumidores? Simplemente porque eso no es rentable, ni para la clase política, ni para el gobierno, ni para los negociantes, ni mucho menos para los sumos sacerdotes del trópico y de los pantanos.

¿A los consumidores mexicanos les conviene que persista el monopolio energético? ¡Chitón, niño, esas preguntas no se hacen!

Segundo ejemplo: Incluso algunos defensores del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) incurren en el despropósito de mostrar el superávit mexicano en la balanza comercial México-Estados Unidos como ejemplo de los beneficios del tratado. Es síntoma del típico desprecio mercantilista por los consumidores, como si el bienestar económico consistiese en vender, no en consumir. ¡El mayor beneficio del TLCAN está en que ha mejorado el nivel de vida de los consumidores mexicanos y que la competencia ha obligado a muchos que eran cazadores de rentas a volverse productivos!

En estos días, este complejo mercantilista (“las exportaciones son buenas, las importaciones son malas”) se ha agudizado con una discusión absurda sobre el crecimiento de las importaciones de maíz, leche y frijol (productos cuyas importaciones se desgravaron, ¡por fin!) como si tal crecimiento – de la magnitud que sea- fuese por sí mismo algo alarmante y perjudicial. Nos dicen, con todas sus letras, que les parece nefasto que los consumidores mexicanos podamos adquirir maíz, leche o frijol a precios más baratos.

No deberíamos asombrarnos de que la productividad promedio de la economía mexicana sea tan baja, ¡es el resultado directo de desdeñar sistemáticamente el interés del consumidor!

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miércoles, 13 de febrero de 2008

¿Por qué las minorías mandan?

Las minorías pesan más que los consumidores en el diseño del marco institucional porque están organizadas. Y están organizadas porque la utilidad que obtienen al orientar el marco institucional en su beneficio supera con creces el costo de organizarse. A los consumidores, dispersos, desorganizados y con intereses diversos, les sucede lo contrario.

El libro “La lógica de la acción colectiva” del economista Mancur Olson se publicó en 1965 y fue parte de la revolución copernicana de la ciencia política ya que despojó a la democracia de su halo romántico para mostrarla como en realidad es: Un arreglo político lleno de defectos y de riesgos que, sin embargo, tiene la enorme virtud de ser menos malo que los otros arreglos conocidos: dictadura, despotismo, anarquía o guerra permanente.

El principal hallazgo de Olson fue que en una democracia las minorías organizadas en torno a un interés único suelen prevalecer sobre las mayorías desorganizadas con intereses dispersos. Y que tales minorías pagan los costos de organizarse porque los beneficios que obtienen al influir en el diseño de leyes y políticas públicas resultan mucho más altos que los costos. Por el contrario, la utilidad que las mayorías obtendrían a cambio de informarse y organizarse para influir en las decisiones políticas no compensa los elevados costos en que incurrirían. El arquetipo de la mayoría desorganizada (y desatendida por los políticos y los gobiernos) somos los consumidores.

Todos somos consumidores, pero en esa condición tenemos mucho menos peso político que como productores, miembros de un sindicato o de un partido o socios de un gremio profesional. En las urnas cada voto pesa lo mismo, pero en el Congreso Juan pesa mucho más si se presenta como miembro del sindicato de petroleros que si lo hace mostrando su credencial de elector.

El político tiende a satisfacer las demandas de esas minorías organizadas porque, a diferencia de la mayoría anónima, esos grupos sí le pueden retribuir sus esfuerzos por complacerlos. Ésa es la razón de fondo por la que suelen estar tan mal defendidos los intereses del consumidor en las instancias que diseñan el marco institucional: Congresos y gobiernos.

A 43 años de distancia el hallazgo de Olson sigue opacado por la romántica leyenda de que la democracia es el gobierno del pueblo y para el pueblo. No del todo, no siempre.

Mañana: Colección de ejemplos mexicanos.

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martes, 5 de febrero de 2008

Energéticos y “guerras de religión”

El concepto “revolución mexicana” es un poderosísimo mito integrador que el general Lázaro Cárdenas consolidó con la expropiación petrolera. Conforme al mito, plantear una reforma energética desde el punto de vista de los consumidores provoca excomuniones fulminantes dictadas por los guardianes de la fe revolucionaria, quienes amenazan con desatar una guerra de religión contra los liberales infieles.

Supongo que el valiente y valioso libro de Macario Schettino, “Cien años de confusión” (1), fue recibido con fingida indiferencia por las capillas intelectuales de México – ya no se diga por los amanuenses de las minorías rectoras del país- porque es un libro peor que herético, que derrumba el mito fundacional e integrador (“revolución mexicana”) alrededor del cual se han sustentado la mayor parte de los arreglos de poder y de reparto de rentas en México de 1937 a la fecha.

La tesis fundamental de Schettino es que la revolución mexicana es un concepto construido a posteriori – principalmente por Lázaro Cárdenas del Río- para dar coherencia a las variopintas revueltas de las primeras décadas del siglo pasado y establecer un sistema corporativista y mercantilista de permanencia en el poder. Palabras más o menos, Schettino propone a Cárdenas como el gran creador del concepto nacional-revolucionario y ubica a la expropiación petrolera como el momento fundacional de ese mito integrador.

Con más o menos rigor, el autor aporta numerosos elementos históricos para desmontar el mito. Se podrán encontrar varias imprecisiones y lagunas en la revisión que hace Schettino, pero la tesis de que la revolución mexicana es una construcción posterior a los hechos, diseñada para controlar e integrar a los mexicanos, así como para repartirse más o menos pacíficamente el poder y las rentas entre unas minorías rectoras, tiene un gran poder explicativo. Rechazarla a priori es como rechazar la teoría general de la relatividad porque en su formulación, en 1905, Einstein cometió alguna pifia matemática.

Mito integrador que se ha convertido en religión institucional, con culto, sacramentos, liturgia, sumos sacerdotes, dogmas, escrituras y santoral. El monopolio estatal petrolero – monopolio extendido más tarde a todos los energéticos- está en el núcleo del mito.

Y los guardianes del culto – como Andrés López- desean fervientemente la gloria de encabezar una guerra de religión, sangrienta si es preciso, en contra de los infieles liberales que osen, siquiera, proponer una reforma. ¿Otra guerra de reforma, pues, con López encabezando a los “cangrejos de la reacción”?

(1) Ficha bibliográfica: Cien años de confusión. México en el siglo XX. Schettino, Macario. México 2007, editorial Taurus (Santillana), 526 páginas.

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jueves, 24 de enero de 2008

La falacia de la competitividad

La competitividad, entendida como mejorar la posición del país o de las empresas nacionales en tal o cual listado mundial, se suele convertir en una coartada para reforzar el intervencionismo del gobierno y el fracasado modelo mercantilista. Lo que debe importarnos es la productividad que se mide muy fácil: Mayor bienestar para los consumidores.

No se trata de un prurito semántico o de carácter académico, sino de distinguir entre dos modelos económicos radicalmente distintos. Competitividad no es lo mismo que productividad. Sobre todo, la diferencia entre uno y otro concepto se vuelve abismal cuando en algunos países la competitividad se entiende, en el discurso público, como sinónimo de ganar mayor participación en el mercado global (exportaciones) o mayores crecimientos en los márgenes de utilidad de las empresas, con la ayuda de regulaciones gubernamentales o de dinero público.

Con gran desparpajo muchos negociantes imploran que el gobierno les dote de mayor "competitividad", otorgándoles créditos en condiciones especiales, cerrando fronteras mediante barreras al comercio (arancelarias o no), subsidiando precios y tarifas públicos, condonando impuestos, poniendo barreras de ingreso a la inversión extranjera, encareciendo la entrada a tal o cual rama de actividad mediante regulaciones y controles. Incluso, todavía hay quienes piden "devaluaciones competitivas".

Pongo un ejemplo común: Los precios y las tarifas de los energéticos en un entorno en el cual la producción, el suministro y la comercialización de la energía son monopolio del gobierno. Muchos negociantes razonan que el hecho de que el gobierno subsidie dichos precios incrementaría la competitividad de su país (la típica extrapolación: "si me va bien a mí, quiere decir que le va bien al país"). El razonamiento es simple: "Si mi empresa paga menos por la energía, estoy en mejores condiciones para competir globalmente". ¡Viva la competitividad!

El gran engaño es que dicha mejora en la "competitividad" – temporal y hasta ilusoria- se ha pagado en detrimento de la productividad del país y de los consumidores y contribuyentes porque gravita sobre las finanzas públicas. La competitividad alcanzada mediante políticas y regulaciones que nos hacen retroceder en la productividad sólo refuerza el mercantilismo que ha lastrado el desarrollo de América Latina.

Una mejora productiva, para seguir con el ejemplo, sería abrir el sector energético a la competencia global. Terminar con el monopolio. Punto. Lo demás es volver al viejo juego de las complacencias mutuas entre gobiernos y cazadores de rentas.

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jueves, 3 de enero de 2008

China: ¿Cómo evitó el “capitalismo de compadres”?

A diferencia de muchos países de Europa del Este y de fallidos intentos reformistas de varios países de América Latina – incluido México-, los reformadores de la economía china NO buscaron crear un capitalismo “nacionalista”, lo que suele degenerar en mercantilismo, capitalismo de compadres y relaciones corruptas entre la clase política y la naciente clase de negociantes.

Primera lección china: La parafernalia nacionalista y sus mitos son el más grande obstáculo para desatar la productividad.

Una de las principales diferencias entre las fallidas experiencias “capitalistas” de algunos países de Europa del Este y el gran viraje chino hacia la prosperidad fue que los dirigentes del Partido Comunista Chino, a partir del seminal tercer pleno del 11º Comité Central, y especialmente en la conferencia de trabajo previa al mismo pleno – 36 días de intensas discusiones- en noviembre y diciembre de 1978, detectaron que una transformación económica de fondo sería inviable si se sustentaba en el mito popular de que el Estado debe fomentar un empresariado nacional protegiéndolo de la competencia y entregándole, en bandeja de plata, a millones de consumidores como mercado cautivo o territorio de caza.

Por el contrario, la gran reforma de la economía china se apoyó en una verdadera apertura a la inversión extranjera precisamente en áreas estratégicas y prioritarias. Justo en aquellas áreas que tradicionalmente el mercantilismo latinoamericano del siglo XX cerró, y sigue cerrando, a la competencia internacional y reserva para una supuesta clase empresarial autóctona entreverada con la misma clase política (o peor todavía: las reserva para los mismos políticos, como sucede en PEMEX).

La diferencia de incentivos es abismal: en el caso latinoamericano, por ejemplo, se forjó no una clase empresarial sino de cazadores de rentas a expensas de los consumidores; clase que se beneficia de concesiones, fronteras cerradas, barreras de entrada, y cuyo incentivo es mantener relaciones ventajosas con la clase política que otorga los favores e impone las restricciones. En el caso chino el incentivo es la productividad y su acicate es la competencia internacional.

Otra manera de calcular el abismo entre el modelo mercantilista de América Latina y el modelo capitalista de China es ver las reacciones ante episodios de apertura: Pocos ejemplos tan elocuentes de incompetencia mercantilista como el escenificado hace poco por algunos protegidos industriales mexicanos del calzado ante la competencia china. Dan pena, de veras.

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jueves, 4 de octubre de 2007

Los “tiempos oficiales” sí los pago yo

¿Quién paga los honorarios del guionista del mensaje de propaganda del Senado?, ¡el contribuyente! ¿Quién paga los costos de producción del mensaje en los medios?, ¡el contribuyente! ¿Quién paga los salarios de la burocracia encargada de administrar los “tiempos oficiales”?, ¡el contribuyente! ¿Y quién padece los embustes reiterados de esta propaganda política?, ¡el contribuyente!

La reciente “reforma electoral” fue, en realidad, un reacomodo tramposo entre grupos minoritarios que se benefician sin empacho de los recursos públicos. Ni hacen más barata nuestra democracia – la que haya, si la hay-, ni promueven una mayor “calidad” en las contiendas.

La historia puede resumirse así: Había una vez dos grupos cerrados que se repartían alegremente cuantiosos recursos públicos etiquetados como “prerrogativas electorales”, el grupo A (partidos políticos y sus camarillas) se granjeaba la benevolencia y la complicidad del grupo B (oligopolio de los medios de comunicación electrónica) destinando cuantiosos recursos públicos a la contratación de “tiempos comerciales” en la radio y la televisión con pretexto de las contiendas electorales. Un día el grupo A se percató de que su socio, el grupo B, se llevaba la tajada del león en el reparto de esos recursos extraídos a los ciudadanos, entonces el grupo A cooptó a un puñado de “especialistas” (pertinaces aspirantes a convertirse en junta notable de “guardianes de la democracia” pagados por el erario) para que le confeccionase una “reforma electoral” que justificase un reacomodo en el reparto de rentas y consumó la toma hostil del negocio sancionándola con modificaciones legales y constitucionales. Negocio resuelto.

Los del grupo B manifiestan su irritación – se sienten traicionados por sus antiguos compadres- en contra de los “perversos políticos” (que en otros tiempos eran presentados casi como “los padres de la patria”), mientras que los del grupo A estrenan su nueva condición de dueños de la caja difundiendo embustes en los medios, como ése de que la propaganda política ahora no nos cuesta a los contribuyentes porque se hace en “tiempos oficiales”. Mentira monumental: además de todos los costos de producción y gastos administrativos, nosotros pagamos también los costos de oportunidad que encarecen tiempos y espacios en los medios.

Ni a quien irle en este arreglo mafioso. Como saldo, además, se restringió más la libertad de expresión de los ciudadanos comunes.

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jueves, 23 de agosto de 2007

Argentina: Hundidos en la nostalgia (II, III, IV)

II. La necedad ideológica del matrimonio Kirchner-Fernández está orillando a la Argentina a un futuro por demás incómodo y humillante: Ser un satélite más de la dictadura petrolera de Hugo Chávez en Venezuela. Un destino similar al que enfrentan, por ahora, Bolivia o Ecuador.

Tal vez el más fuerte argumento electoral de Cristina Fernández ante las "sensibilidades progresistas" es que ella fue, en los años 70 del siglo pasado, más comprometida aún que su marido, Néstor Kirchner, con el peronismo de "izquierda" afín a los montoneros y a los movimientos inspirados en la llamada teología de la liberación.

Se supone que "el segundo Perón", el que regresó a la Argentina en 1973 prácticamente proclamado presidente por aclamación, les falló a los jóvenes que habían reescrito el peronismo en clave marxista: Esos jóvenes esperaban el regreso de Perón como si fuese a llegar un Fidel Castro argentino y se encontraron con una caricatura de Francisco Franco. Nunca entendieron que ambos personajes – Castro y Franco- son las dos caras de la misma moneda.

El viejo Perón prohijó a los corruptos sindicalistas del peronismo e incluso a febriles anticomunistas como José López Rega. A la muerte de Perón, en julio de 1974, le releva su viuda María Estela Martínez ("Isabelita") y el poder de López Rega y los paramilitares anticomunistas de la triple AAA – Alianza Anticomunista Argentina- se acrecienta. Se agudiza la llamada "guerra sucia" con la complacencia de buena parte del ejército y de la armada en contra de los guerrilleros del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), abiertamente marxista, y de los montoneros que se proclamaban peronistas auténticos.

En esas aguas mezcladas de justicialismo, marxismo y teología de la liberación abrevaron Cristina Fernández y Néstor Kirchner…y ahí siguen, a despecho del paso del tiempo.

Para ellos no ha caído el muro de Berlín, Fidel Castro sigue siendo un referente admirable y, con aderezos de los años 70, creen que el catecismo peronista original habrá de transformar a la Argentina y al mundo con sus recetas añosas de mercantilismo, proteccionismo, intervención obsesiva del gobierno en la vida económica, sustitución de importaciones, control de precios, democracia dirigida o simulada, manipulación de las variables económicas, corporativismo…

Las consecuencias de esta inflexibilidad mental – atados a los sueños juveniles de los años 70- han sido nefastas para la Argentina.

III. Argentina se ha convertido en los últimos meses en un país fantástico. Con el entorno internacional más favorable en décadas – con precios extraordinariamente altos para muchas exportaciones argentinas- el gobierno de Kirchner está empecinado en la economía ficción.

El rosario de salvajadas económicas que ha cometido el gobierno de Néstor Kirchner para mantener la ilusión de un país pujante que está saliendo de sus problemas parece interminable.

A un escándalo ha seguido otro. A la insólita y unilateral decisión de desconocer su deuda con aquellos tenedores de bonos argentinos que no aceptaron las ruinosas condiciones de renegociación y que permitió de un plumazo borrar unos 25 mil millones de dólares del registro de la deuda gubernamental, (ver cálculos de la consultoría económica privada Espert, en la "newsletter" de junio de 2007), siguió la escasez de gas natural por una desastrosa política de precios reprimidos, más tarde el escándalo de la prohibición de exportar carne – con la ilusión de que ello frenaría el alza en los precios al consumidor- y después el escándalo de acusar a los profesionales del instituto de estadísticas económicas de conspirar contra el gobierno, por rehusarse a "dibujar" la inflación en lugar de registrarla, y el supuesto cambio de metodología – en realidad, la fabricación de índices inflacionarios bajo pedido- que ha hecho de las cifras oficiales de inflación en Argentina un mal chiste. (Por ejemplo, un reciente reporte de Credit Suisse anota que la inflación auténtica supera el 15% a despecho de que el índice oficialista la ubica abajo del 9% anual).

Y más escándalos que el gobierno de Kirchner ("somos un país serio", "no somos una republiqueta") ya no sabe como ocultar: la abultada suma de dinero en efectivo hallado en el baño del despacho de la ministra de Economía, Felisa Miceli, hoy renunciada, y que nadie en el gobierno ha sabido explicar y la cereza en el pastel: el maletín con casi 800 mil dólares en efectivo que un negociante venezolano simpatizante de Hugo Chávez trató de introducir a Argentina en un vuelo privado fletado por la petrolera estatal argentina Endarsa y que, se especula, tal vez eran para financiar la campaña a la presidencia de la esposa de Kirchner.


IV y Final. Una constante de los gobiernos argentinos, desde mediados del siglo pasado, ha sido la "viveza" para manipular la economía, generar un efímero bienestar colectivo y pasar la cuenta del desastre al siguiente gobierno.



Hoy varios de los observadores más sensatos en Argentina recuerdan por enésima vez la famosa sentencia de Lord Acton: "El poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente", tratando de explicar las causas de la descomposición moral que exhibe desde hace años la política en ese país.

El reciente episodio de la valija con casi 800 mil dólares en efectivo, procedentes de Venezuela, que subrepticiamente se pretendió introducir al país en un vuelo fletado por la empresa petrolera estatal, parece haber colmado el plato.

El gobierno reacciona indignado ante las críticas, como si el escrutinio de los asuntos públicos y de la conducta de los funcionarios fuese una grosera violación de la impunidad que – presumen- les otorgó la "democracia" en las urnas. Lo cual, a su vez, se explica porque el nuevo escándalo estalló en el momento menos oportuno para los intereses sucesorios de Kirchner, es decir: para la candidatura a la presidencia de su esposa; cuyo triunfo muchos ya dan por descontado.

¿Será que mientras el bolsillo de los habitantes, casi ciudadanos, no sufra mucho, éstos toleran, como parte de la idiosincrasia nacional, la corrupción y hasta eventualmente se complacen en ella?

Lo cual conecta con la raíz originaria de la corrupción, en la medida que la democracia argentina carece hoy de eficaces contrapesos – salvo en ocasiones el poder judicial - y el gobierno goza de una posición hegemónica que le permite hacer salvajadas económicas que disfracen la realidad y por un tiempo mantengan más o menos satisfecho el estómago de los electores.

El gobierno de Kirchner ha desconocido deudas, ha reprimido precios, ha manipulado el tipo de cambio (algo tan argentino como la milonga), ha aumentado escandalosamente el gasto, ha falsificado el índice de precios, ha prohibido exportaciones e importaciones según dicten las circunstancias políticas, ha establecido trámites y controles de forma sectaria – para beneficiar a unos y perjudicar a otros- como sólo puede hacerse en una democracia sin eficaces contrapesos de poder.

A ojos vistas el país pierde competitividad pero la "viveza" para manipular la economía permitirá postergar la hora de rendir cuentas. Esa es la apuesta de Néstor Kirchner y Cristina Fernández.

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lunes, 30 de julio de 2007

Los nuevos "criollos" y sus privilegios

Ha sido vergonzosa la actitud de la mayoría de los dirigentes empresariales mexicanos, así como de algunos "magnates" de los medios de comunicación (especialistas en "tirar la piedra y esconder la mano detrás de sus empleados domesticados y disfrazados de comunicadores y analistas"), respecto de la propuesta de Reforma Fiscal.

Por eso, se agradecen artículos como el que publicó hoy Leonardo Curzio en El Universal y que puede leerse aquí.

La conclusión no tiene desperdicio:

"Hemos forjado una sociedad que considera que la jerarquía social se marca, entre otras cosas, por la posibilidad de no contribuir equitativamente con el erario público. En la Colonia se pensaba que para eso estaban los indios, después de todo los criollos y los mestizos se sentían los continuadores de la edificación de esta nación. En los tiempos modernos los indios tributarios parecen ser los asalariados que son los que con entereza pagan y no tienen ni deducciones ni servicios de calidad".

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lunes, 2 de julio de 2007

La evolución de las especies…empresariales

Los más aptos en un entorno cambiante son los más adaptables, no necesariamente los más grandes, ni los más estruendosos.

Los paradigmas de la actividad empresarial empiezan a cambiar en México. De una forma burda podría decirse que estamos transitando de un mercantilismo atenuado por la amenaza del motín a un auténtico entorno de libre competencia. No se trata de un ciclo corto de la historia, sino de un cambio de largo aliento – no exento de titubeos y contramarchas- que la cercanía, en el tiempo y en el espacio, nos dificulta percibir como tal.

Pongo un ejemplo reciente: La reforma fiscal propuesta por el Presidente Calderón al Congreso encierra algunos cambios de paradigmas tanto para el comportamiento fiscal de los gobiernos en sus diversas instancias – federal y locales- en materia de gastos y presupuestos, como para el resto de los agentes económicos en materia tributaria.

Sin embargo, la primera recepción local a esta propuesta ha tendido a minimizar la magnitud y el mérito de dichos cambios, confundiéndolos – tal vez por hábito- con un ajuste más o menos cosmético. Percepción errónea que, por cierto, podría hasta ser benéfica para que los mismos cambios se lleguen a concretar. Más vale no asustar a los férreos defensores del inmovilismo.

Esto contrasta con la percepción que algunos observadores externos han tenido respecto de la misma propuesta de reforma fiscal. Nada menos que en Le Monde del 22 de junio pasado, Jöelle Stolz escribió: “La clave…se encuentra en la reforma fiscal que quiere adoptar este verano el presidente Felipe Calderón. Se trata de poner fin a un régimen generalizado de exenciones…Más que reforma, una revolución”. (Ver “Ecofrictions. Inégalités mexicaines”).

Así, de ese tamaño, una revolución; ¿no que eran ajustes misceláneos?

El cambio de paradigma tributario se encuentra en la ya famosa Contribución Empresarial a Tasa Única (CETU) que modifica sustancialmente los incentivos implícitos en el sistema fiscal. Y alinea los incentivos correctamente, a mi juicio: hacia la inversión, hacia la capitalización productiva de las empresas, hacia la productividad y hacia la competencia en un terreno de juego más parejo.

¿Quiénes, en caso de aprobarse los cambios, prosperarán? Seguramente los más adaptables, que son la mayoría de los empresarios mexicanos; también varios de los grandotes. A estos últimos si pudieron adaptarse tan bien al mercantilismo, no debería costarles mucho aprender a jugar en un entorno de competencia y sin privilegios.

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jueves, 24 de mayo de 2007

Depredadores defendiendo su territorio

¿Por qué son tan burdos y previsibles en la defensa de sus intereses? Porque siguen la lógica instintiva del animal depredador; su negocio no es convencer a los consumidores sino amedrentar a todo aquél que ponga en riesgo su exclusividad.


Es de lógica elemental que una empresa que se desenvuelve en un entorno sin competencia o en un entorno de competencia simulada, por ejemplo: reparto pactado del mercado entre dos empresas con concesiones exclusivas, tenderá a mostrar elevados márgenes de utilidad de operación (el margen es el cociente que resulta de: ingresos menos costos y gastos asociados a las ventas dividido entre ingresos), en ocasiones hasta cuatro o cinco veces mayores que los que registran empresas en entornos competidos.

Invito a los lectores a realizar una sencilla comprobación: Comparen los márgenes de utilidad de operación de empresas cotizadas en la bolsa que se desempeñan en entornos de alta competencia – por ejemplo, tiendas de autoservicio- con los márgenes de operación de empresas que actúan en mercados con férreas barreras de entrada y escasa competencia – por ejemplo, las que explotan concesiones de televisión abierta. Al cierre de 2006: márgenes de seis a ocho por ciento en las primeras y márgenes de 36 a 40 por ciento en las segundas.

Tales márgenes de utilidad excesivos son los excedentes de los que se ha despojado a los consumidores. Esa es la lógica mercantil de las prácticas monopolísticas: Los precios se fijan sólo al arbitrio del oferente porque quienes demandan los bienes y servicios carecen de opciones.

Si sólo hay dos grandes corporaciones en un mercado con barreras de entrada para otros oferentes, estas corporaciones tenderán no a competir entre sí, sino a repartirse por cuotas el mercado y a hacer un frente común en la defensa de su territorio. A su vez, tenderán a ser incompetentes, es decir: Degradarán la calidad del bien o servicio ofertado.

Por eso son tan burdas sus prácticas para amedrentar y amenazar a quienes pueden poner en riesgo el privilegio del que disfrutan. Es mero instinto de animal depredador. No han desarrollado otro talento por la falta de competencia.

Hoy les están rugiendo y mostrando los colmillos a los jueces; ayer lo hicieron con los políticos anhelantes de espacios en las pantallas de la televisión; antes de ayer los amedrentados fueron quienes osaron manifestar su deseo de entrar a competir en el territorio. Mañana…

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martes, 22 de mayo de 2007

Telecomunicaciones: Una lección histórica

¿Por qué no le ponemos más trabas a la libertad y decretamos que se requiere una concesión para volar un papalote?

En enero de 1954 el inventor de la frecuencia modulada para radio se suicidó saltando desde su departamento en el décimo tercer piso de un edificio en Nueva York. Se llamó Edwin Howard Armstrong y unos días antes sus patentes para la frecuencia modulada – obtenidas en diciembre de 1933- habían vencido.

Armstrong sucumbió frente al poder de la RCA – Radio Corporation of America – y de su presidente David Sarnoff, así como frente a las consecuencias letales de que una agencia reguladora del gobierno, en este caso la FCC, fuese “capturada” por las mismas corporaciones a las que debería haber regulado para evitar prácticas monopolísticas.

Paradójicamente Armstrong descubrió las ventajas de la frecuencia modulada a instancias del propio Sarnoff, quien deseaba encontrar algún medio para evitar el ruido típico de la amplitud modulada. En lugar de ofrecerle a la RCA un “filtro” para mejorar la señal Armstrong fue más allá y descubrió que en la frecuencia modulada – con una calidad de sonido notablemente superior- podría estar el futuro de la radio.

A Sarnoff no le gustó nada el descubrimiento de la frecuencia modulada porque amenazaba la posición dominante de la RCA en el mercado de la radio y amenazaba también la posibilidad de que la RCA obtuviese las concesiones más atractivas del espectro para incursionar en el negocio de la televisión.

Como cuenta Lawrence Lessig, profesor de Derecho de la Universidad de Stanford en su libro “Cultura libre”, a partir de su descubrimiento Armstrong enfrentó la embestida despiadada de la RCA en contra de sus patentes, con la complacencia de la agencia gubernamental reguladora, la FCC. Un revés definitivo, que de hecho retrasó por décadas los beneficios de la frecuencia modulada, fue cuando la FCC decidió que el espectro de la radio de frecuencia modulada se moviera de la banda de 42 a 49 MHz a la banda de 88 a 108 MHz. ¿La razón? Permitir que a la naciente televisión – RCA- utilizara el rango de los 40 MHz.

Tras años de costosos litigios, que lo llevaron a la ruina, Armstrong recibió una irrisoria oferta de arreglo extrajudicial por parte de la RCA; esto fue días antes de que vencieran las patentes obtenidas en 1933. Fue el golpe final que destrozó al inventor.

En México, hoy en 2007, esta historia debería ser aleccionadora. ¿No cree usted?

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lunes, 21 de mayo de 2007

Amistades peligrosas

Hacerse “amigo” del gobierno en turno puede ser una estupenda forma de hacer negocios. En sentido estricto no hay ley que prohíba la amistad, pero…

Hace años escuché decir a un exitoso hombre de negocios mexicano: “Nosotros –con un expresivo movimiento de las manos abarcó su amplia oficina y metafóricamente toda su corporación- queremos ayudar al Presidente”.

Era sincero, desde luego. Pero también era cierto que a cambio de esa “amistad” él esperaba que, en su momento, el Presidente le ayudase.

Pero no hablemos de México. En todas las democracias existe el riesgo constante de que la no tan desinteresada amistad entre negociantes y quienes ocupan cargos en el gobierno pervierta la democracia y el estado de derecho.

Una de las formas más eficaces que encontraron para abrirse paso en un medio hostil algunos emigrantes irlandeses – llegados a Estados Unidos a raíz de la hambruna por las cosechas de papa malogradas a partir de 1845-, fue entender el funcionamiento de la política en su país de acogida en términos de “amistad”.

En Boston, después de años de penalidades, los irlandeses hallaron refugio en el Partido Demócrata. Martin Lomasney, destacado dirigente de ese partido en Boston, solía esperar a los inmigrantes en los muelles y los conducía al Henricks Club, su cuartel general en el West End. Ahí les explicaba el funcionamiento, asombrosamente simple, del mecanismo de “amistad”: A cambio de ayuda para encontrar trabajo y vivienda u otros favores (préstamos, un médico, ropa para los chicos) Lomasney sólo exigía a los recién llegados su afiliación al partido y la disciplina del voto.

Los votos le otorgaban a Lomasney el prestigio necesario en las instancias de gobierno para gestionar las ayudas que ofrecía.

Uno de los irlandeses que llegó a Boston en 1849 como parte de ese gran éxodo se llamaba Patrick Kennedy (1823-1858). Su nieto sería Joseph Patrick Kennedy (1888-1969), exitoso negociante, astuto especulador en el mercado de valores…y tan amigo de los políticos, por ejemplo del presidente Roosevelt, que llegaría a ser embajador de Estados Unidos ante el Reino Unido.

Un bisnieto de Patrick e hijo de Joseph, como todos sabemos, sería John Fitzgerald Kennedy (1917-1963), Presidente de los Estados Unidos. Otro bisnieto, Robert Francis Kennedy (1925-1968), paradójicamente combatiría, como Procurador de Justicia, algunas mafias de negociantes surgidas al amparo de “amistades” con el gobierno.

Vueltas que da la vida.

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