viernes, 26 de junio de 2009

Algo falla o el desastre que viene

Según la sabiduría convencional de gobiernos y políticos, en medio de una severa recesión un mayor gasto del gobierno, apoyado en emisión de deuda, tendrá un efecto multiplicador en toda la economía e incitará a que las familias y las empresas también se endeuden para gastar e invertir, de forma que la economía se reanima, el circuito de confianza se restablece y, entonces, sólo entonces, el gobierno empieza a disminuir su deuda - mediante mayores ingresos, sea por nuevos impuestos o sea también por la misma reactivación del dinamismo económico que redunda en mayores ingresos tributarios - y restablece en el mediano plazo un balance fiscal equilibrado entre ingresos y gastos. Prueba superada, ¿de veras?

Esta sabiduría convencional la comparten, con matices de grado desde luego, keynesianos y monetaristas. Debe recordarse, por ejemplo, que Milton Friedman diagnosticó que la Gran Depresión fue ocasionada, en gran medida, porque el banco central (la Reserva Federal) al inicio de la década de los 30, en el siglo pasado, NO proporcionó liquidez a los mercados y agravó la crisis, convirtiendo la recesión en depresión.

Se supone que esta "lección" la tenemos hoy tan bien asimilada que la Reserva Federal ha relajado al máximo las condiciones de crédito y liquidez y se supone que está haciendo lo correcto, se supone, en fin, que esto reanimará la economía y superaremos la dura prueba. Así ha actuado la Reserva Federal durante esta crisis, disminuyendo casi a cero la tasa de interés de referencia, dando liquidez a diestra y siniestra e intercambiando bonos del Tesoro por casi cualquier papel de deuda (activo financiero) como se refleja en su actual balance.

Pero algo falla en este bonito conjunto de supuestos. Véase lo que ha pasado en los tres últimos trimestres conocidos con la evolución de la deuda en Estados Unidos, clasificada por sector:

En el tercer trimestre de 2008: La deuda del gobierno federal creció 39.2% a tasa anual descontando efectos estacionales. Pero la deuda de los hogares (hipotecaria y de consumo) sólo creció 0.1%, la deuda de las empresas sólo creció 1.4% y la deuda de los bancos (sistema financiero) creció 7.0 por ciento.

Para el cuarto trimestre de 2008: La deuda del gobierno federal siguió creciendo con singular denuedo: 37.0% anual, pero la deuda de los hogares disminuyó 2.0% , la deuda de las empresas cayó 3.1% y la deuda de los bancos creció sólo un modesto 3.5% anual.

¿No se suponía que el mayor endeudamiento del gobierno iba a estimular a los demás sectores a endeudarse también para gastar e invertir?

La situación, en el primer trimestre de 2009, no cambia, los "agentes económicos" (hogares, empresas y bancos) no hacen lo que se supone que deberán hacer: La deuda del gobierno federal registró un crecimiento anual de 22.6 por ciento. Pero el endeudamiento de los hogares siguió cayendo: menos 1.1% anual, el endeudamiento de las empresas bajó 3.5% anual y los bancos disminuyeron su deuda, también a tasa anual, un significativo 10.5 por ciento.

Todo esto de acuerdo con las estadísticas de la propia Reserva Federal que pueden consultarse AQUÍ.

A la vista de estos datos, escribe el economista Juan Ramón Rallo, del Instituto Juan de Mairena, un centro de pensamiento liberal en España:
"¿Para qué ha servido, en definitiva, la política friedmanita de Bernanke? Sólo para dilapidar los ahorros de los estadounidenses, rescatar a sectores ruinosos y tratar de sostener los precios: el cóctel ideal para retrasar todo lo posible la recuperación."


Y rescata una vieja e interesante cita del economista de origen húngaro, Melchior Palyi (ver aquí nota biográfica de Palyi ), acerca de la Gran Depresión que hoy parece profética:

"La teoría (monetarista) toma por seguro que siempre hay personas solventes dispuestas a asumir nuevas deudas. ¿Pero es cierto que siempre las hay? ¿Y qué sucede si tanto los bancos como los potenciales deudores toman los nuevos fondos no para invertir y gastar sino para refinanciar sus deudas y mejorar su liquidez. Esto es precisamente lo que sucedió durante la Gran Depresión".


El artículo completo de Rallo puede leerse en este otro sitio, y lleva el provocador título de "CONTRA MILTON FRIEDMAN".

Rallo está reivindicando en su alegato a la escuela austriaca de economía que, en pocas palabras, siempre ha advertido que mientras la economía no se reestructure, (aceptando las pérdidas de créditos mal asignados -los activos tóxicos siguen siendo tóxicos- y de inversiones ruinosas hechas en el pasado, al tiempo que se incrementa el ahorro público y privado y deja que se ajusten los precios relativos), el expansionismo monetario en lugar de favorecer la recuperación, la obstruye. La crisis se hace más prolongada y los ajustes - inevitables al final - serán más dolorosos.

Me inclino a pensar que Rallo y la escuela austriaca tienen razón. Más allá de la terminología económica, se trata de un asunto de sentido común, de simple lógica. Uso otra vez el símil del diabético, (ver "Los estímulos fiscales y la curva del azúcar"): Los altibajos de glucosa de un diabético no se curan endilgándole azúcar a todas horas, aun cuando en el pasado pareciese que un buen "choque de azúcar" lo reanimaba.

Lo peor es que esta reivindicación de la escuela austriaca vaya a necesitar, como contundente demostración empírica (complementaria de la demostración lógica y racional), de un nuevo desastre: El desastre inflacionario mundial que ya se nos viene encima, ¡y en medio de una tremenda recesión!

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jueves, 25 de junio de 2009

Indicadores no concluyentes y reivindicación de la escuela austriaca

Todos los días, ya sea que se trate de la economía de Estados Unidos, ya sea que se trate de la economía mexicana o de la economía mundial, recibimos una mezcla de señales que lo mismo sirven para alimentar el pesimismo más sombrío que para alentar las expectativas de una pronta recuperación.

Tomemos el día de hoy el caso de los indicadores más recientes acerca de la actividad económica en Estados Unidos. Hoy, muy temprano, el Departamento de Comercio difundió las cifras revisadas para el PIB del primer trimestre en ese país: una contracción de 5.5 por ciento, que es "mejor" que la estimación previa, también del Departamento de Comercio, que era de una contracción de 5.7 por ciento y "mejor" que la estrepitosa caída de 6.3 por ciento del último trimestre de 2008 - la peor desde 1982.

Pero queda claro, aun cuando haya sido ligeramente "menos mala" que lo previsto, que estamos ante una cifra desalentadora. Y además estamos viendo las cosas con el espejo retrovisor: Esta contracción de 5.5 por ciento NO está sucediendo ahora, ¡fue lo que pasó en los tres primeros meses del año, y ya estamos por empezar, casi, la segunda mitad de 2009! En el entorno actual este dato "fresco" ya es viejo.

Las cosas no son más concluyentes, empero, si nos referimos a cifras más "nuevas", como las solicitudes de seguro de desempleo. En la última semana fueron, según el Departamento del Trabajo, 15 mil solicitudes más que una semana antes, para llegar a 627 mil. Un dato para abonar el terreno de los pesimistas.

Sin embargo, también hay cifras recientes para sostener las esperanzas en el campo de los optimistas, por ejemplo: el sorpresivo incremento de las órdenes de compra de bienes de consumo duradero durante mayo, por no hablar de los signos de estabilización de los precios, aquí y allá, en el mercado de la vivienda.

Los indicadores, en resumen, no son concluyentes. Cuidado, pues, con las previsiones instantáneas que todos nos vemos tentados, impelidos diría yo, a hacer.

Lo poco que sí podemos saber: 1. La recuperación será lenta, gradual, y no estará exenta de titubeos y contramarchas. 2. La recuperación será desigual en términos de países y de sectores de actividad, 3. En el horizonte ya se ven otros nubarrones preocupantes que no tienen su origen en la recesión, sino en los desesperados esfuerzos para combatirla mediante la expansión monetaria y la expansión fiscal.

En mi opinión, este último punto - un futuro de tremendas presiones inflacionarias en el mundo - es el más atemorizante y el punto acerca del cual podemos tener mayor certeza. El miedo a la recesión - una constante de la actuación de políticos y gobiernos - nos está costando, otra vez, muy caro.

Al final estamos viviendo, de forma trágica, la reivindicación de Hayek, y de la escuela austriaca en general, por encima de Keynes, por supuesto, y hasta de Friedman y los monetaristas. Pero eso merece otro comentario en el futuro próximo.

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miércoles, 17 de junio de 2009

Obama y su “toque relativamente ligero”

Hoy se difundirá con más detalle la propuesta del gobierno del Gobierno Barack Obama para establecer un nuevo, y más extenso, marco de regulación para el sistema financiero. En ese contexto, el propio Obama hace la apología de su gobierno en una crucial entrevista que publica hoy The Wall Street Journal. El mensaje que quiere mandar Obama es claro: No soy socialista, ni intervencionista; creo en el poder del libre mercado para asignar eficientemente los recursos como el que más. Lo que pasa es que estoy arreglando el desastre que me heredaron…

Sin embargo…

Sí, sin embargo esta apología de Obama es literalmente increíble. No se puede creer. Si un animal tiene aspecto de pato, camina como pato, grazna como pato, nada como pato, se sacude el agua al salir de un estanque como se sacuden los patos el agua al salir de un estanque…¿Qué tiene de extraño que le llamemos pato?

Si nombrar a un burócrata de Washington como supremo dictaminador de las percepciones que habrán de recibir los ejecutivos de General Motors, Chrysler, AIG, Fannie Mae, Freddie Mac y de una decena de empresas más que han sido rescatadas con dinero de los contribuyentes, no es promover el intervencionismo gubernamental en la economía (por no hablar del hecho mismo de rescatar, contra viento y marea, empresas en quiebra, como si no formase parte esencial del sistema de libre mercado que cada cual asuma las consecuencias de sus errores en la asignación de recursos), ¿qué es entonces?

Y es que eso, sencillamente, es lo que pregunta el entrevistador de WSJ: ¿cómo entiende Obama el papel del gobierno en la economía?

La respuesta de Obama constituye, a mi juicio, lo más relevante de la entrevista y, siento decirlo, es donde la apología de Obama hace agua por todos lados:

“Creo que la ironía es que me gustaría ver un gobierno que realmente interviniese poco en la economía” (“relatively light touch son las palabras textuales), pero, arguye Obama, el “pensamiento conservador estándar” no lo ha entendido y me etiqueta como intervencionista (la única ironía aquí, digo yo, es que Obama incurre alegremente también en despachar el asunto mediante un intercambio de etiquetas: si me dices “intervencionista” yo te respondo “conservador” y cada quien se queda con su golpe, pero no nos entendemos).

Para entender, tal vez, sirva el mismo ejemplo que propone Obama, respecto de la intervención (¿un toque relativamente ligero?) de su gobierno en empresas automotrices como GM o Chrysler. Teníamos, dice, tres opciones: A. Seguirles dando dinero público y permitir que lo siguiesen desperdiciando al no exigirles un cambio total en su forma de hacer las cosas, B. Dejarlas ir a la quiebra en medio de la peor recesión que ha habido después de la Gran Depresión, “algo que no creo que nadie argumentará que tendría un efecto saludable en la economía”, o C. Proveerlas de cierta ayuda de corto plazo, pero asegurándonos de que nos presentasen un plan de reestructura que les permita ponerse de nuevo de pie.

Por supuesto para Obama la respuesta correcta es C.

Error, señor Presidente Obama, la respuesta correcta es B. Porque las quiebras, aun en medio de recesiones o precisamente en medio de recesiones provocadas por los excesos del pasado, sí tienen un “efecto saludable”, ¡muy saludable!, en la economía.

La opción C es una falacia que presupone que a nadie, de todos los directivos y accionistas que han pasado por GM, por ejemplo, se le había ocurrido que la empresa tenía que reestructurarse o morir, hasta que llegó Obama y su fabuloso equipo y se los hizo entender…La fatal arrogancia, como le llamó Hayek.

Además, señor Presidente Obama, los interventores ni siquiera han presentado un plan creíble de reestructuración de las empresas automotrices, un plan que pase la prueba del mercado. La opción C, ¿un toque relativamente ligero?, es el peor de los mundos: Tirar aún más dinero de los contribuyentes, pero ahora con la bendición de toda una burocracia gubernamental al lado, jugando al empresario; burocracia que junto con el sindicato se convertirá en una clientela electoral permanente que demandará más y más recursos de los contribuyentes.

No, no es ironía que los miopes “conservadores” no entiendan que usted no es un intervencionista. Es una flagrante contradicción, entre retórica y hechos, el hecho de que usted lo niegue

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lunes, 8 de diciembre de 2008

¿Rescate o fuga?

La receta populista: Volver a inflar las burbujas.
Aquí nadie debe sufrir. Rescatar a las tres grandes productoras de automóviles de Estados Unidos, algo que apoya sin titubeos Barack Obama, describe claramente que más que resolver la crisis global, atendiendo a sus causas, lo que se busca es una espectacular fuga hacia delante, desempolvando todo el arsenal de falsos remedios keynesianos, para que nadie sufra los efectos del ajuste…por ahora.
El razonamiento keynesiano es tan simplista como popular: Hay que gastar a toda costa para que la máquina no se detenga. Es la “idea fatal” que desenmascaró Friedrich A. Hayek. “Idea fatal” que dice: El desempleo se debe a una insuficiencia de la demanda global respecto del total de salarios necesarios para el pleno empleo.
¿Por qué es una “idea fatal”? Porque de ahí se deriva que lo importante no es asignar eficientemente los recursos escasos, sino fingir que la escasez no existe.
La verdadera causa del desempleo es la mala asignación de los recursos. Si los fabricantes de automóviles no pueden conseguir compradores para sus autos ineficientes y caros, la lógica indica que deberían fabricar autos competitivos o retirarse del negocio, pero eso es doloroso e impolítico, porque implica reconocer que los recursos – por ejemplo, el factor trabajo- se asignaron mal y hacer tal reconocimiento generará desempleo. ¡Horror! Hay que evitar tales cosas porque son veneno para la política. ¿Qué hacer? Estimular la demanda, para que la gente compre lo que no necesita o para que la gente vea como “barato” lo que en realidad es “caro”. Inflar la demanda, a la vez, supone devaluar el medio de cambio: el dinero.
¿Habrá que perder toda esperanza? Tal parece. Obama reclutó un estupendo equipo de economistas a quienes ahora exigirá que hagan las cosas mal. La política manda. Este keynesianismo reeditado les ofrece a los políticos la gran oportunidad de ofrecer curas milagrosas, baratas e indoloras: “Hermanos, ¡ya paren de sufrir!”.

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