domingo, 24 de enero de 2010

De Chile a Massachusetts y las "viejas etiquetas"

En Massachusetts - concluí gracias a una interesante conversación telefónica con M.- no ganó el Partido Republicano (GOP, the Great Old Party), sino que perdieron las obsoletas etiquetas y, con ellas, Barack Obama y también esa manía, tan socorrida por los medios de comunicación y por los periodistas, del maniqueísmo que divide en hemisferios ideológicos irreconciliables a países enteros: "izquierda contra derecha".

El triunfador, que ahora ocupará en el senado federal el escaño que por décadas fue de Edward Kennedy, es Scott Brown, un poco conocido senador estatal en quien los votantes, al parecer, vieron el candidato idóneo para expresar varias cosas: 1. Que están decepcionados de Barack Obama, de quien esperaban más resultados y no sólo hermosa retórica, 2. Que no están de acuerdo con la estrategia monocorde de Obama que ha centrado todo en su reforma al sistema de salud, 3. Que no les simpatiza la polarización vocinglera y populista que alimentan políticos como la "speaker" de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, 4. Que están dispuestos a "probar caballos nuevos", pragmáticos, como Scott Brown en lugar de los viejos políticos de siempre.

Inevitablemente, trazamos cierto paralelismo entre este resultado electoral en Massachusetts con el resultado electoral en Chile: "Los nostálgicos de la dictadura de Pinochet se equivocan al festejar el triunfo de Sebastían Piñera en Chile de la misma forma que los republicanos más conservadores, fundamentalistas en la medida que desearían imponer valores religiosos desde el gobierno, se equivocan al pensar que los votantes de Massachusetts votarían por una Sarah Palin o por un regreso del errático y fallido gobierno de George W. Bush", concluimos, palabras más o menos, M. y yo.

Acerca del caso chileno escribí en mi otra bitácora "Semana Inglesa" y en el diario "Excélsior" el sábado pasado, un comentario que puede leerse pinchando AQUí.

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martes, 24 de noviembre de 2009

¿A quién beneficia una moneda china débil?

En lo inmediato, a mí y a millones de consumidores en todo el mundo, incluidos desde luego los consumidores en Estados Unidos.
¿A quién perjudica? A millones de chinos, cuyos salarios tienen menos poder adquisitivo y para quienes los bienes importados se encarecen.
También perjudica a exportadores estadounidenses que, conjeturan, podrían vender más a China y/o tendrían menos competencia de las mercaderías chinas en Estados Unidos y en otros mercados (ojo, escribí: conjeturan, habría que ver si de veras son competitivos al margen del tipo de cambio).
Estas claras consideraciones, que no suelen hacerse en los análisis al uso que tienden a ser mercantilistas y no partidarios del comercio libre, llevan a Gary Becker (de rodillas, por favor, que es Premio Nóbel, je, je, je) a concluir que Barack Obama y Hu Jintao, cada cual, actúan y hablan no como les correspondería si defendiesen los intereses de los consumidores de sus respectivos países, sino como si Hu Jintao fuese el Presidente de los Estados Unidos y Barack Obama el máximo jerarca del Partido Comunista Chino. Puede leerse el interesante análisis de Becker pinchando AQUí.
Otro caso para recordar la sabiduría de Frederic Bastiat: Lo que se ve y lo que no se ve, ensayo maravilloso que puede leerse pinchando en ESTE OTRO SITIO.

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domingo, 8 de noviembre de 2009

"Health care" y ¿qué tanta intervención del gobierno queremos?

En la Cámara Baja de Estados Unidos (The House) se aprobó anoche la más relevante reforma al sistema de cuidado de la salud en décadas. Fue una apretadísima victoria para Barack Obama y para el Partido Demócrata, de apenas 220 votos a favor, 215 votos en contra.
Ahora, en el mejor de los escenarios para Obama, la ley aprobada por los representantes tendrá que conciliarse con otra iniciativa aprobada también por escaso margen en el Senado y, para inicios de 2010, el Presidente de los Estados Unidos podrá, por fin, anotarse una gran reforma en su expediente.
Independientemente de los aciertos y defectos de la reforma, el tortuoso y largo proceso de negociación y los resultados logrados arrojan varias lecciones interesantes acerca del funcionamiento de las instituciones en una democracia.
Por ahora, concentro el comentario en dos puntos que resultaron clave para vencer diferentes resistencias a la reforma. Demuestran a mi juicio que cualquier proceso de reforma pública, en un marco institucional democrático de contrapeso de poderes, requiere más de pragmatismo que de ideología para resultar exitoso.
Primero, los demócratas vociferantes y radicales – como Nancy Pelosi y, en cierta forma, el mismo Obama- debieron resignarse a que la ley prohibiese que los subsidios gubernamentales para cuidado de la salud, así como la nueva opción pública de seguro (que competirá con los seguros privados), pudiesen ser usados para abortos voluntarios. De no haber cedido en este punto, habrían perdido casi cincuenta votos de representantes demócratas conservadores opuestos al aborto. La reticencia de los conservadores en este caso parece perfectamente fundada: los recursos de los contribuyentes no deben incentivar el aborto habida cuenta de que es un asunto que repugna moralmente a millones de electores. Más aún, incluso para quienes son etiquetados como “pro choice” (a favor de la libre elección personal sobre el tema) el aborto no es el recurso ideal para evitar los nacimientos no deseados, sino un recurso más o menos desesperado, de última instancia; dado que los seguros médicos sí contemplan, sin restricciones, el uso de píldoras anticonceptivas y otros métodos distintos del aborto, la exclusión no puede considerarse que prive a las beneficiarias del seguro médico de opciones para evitar embarazos no deseados y, en cambio, la exclusión satisface a millones de estadounidenses para quienes el aborto es lisa y llanamente un crimen; algo similar es la exclusión, en los planes de los seguros médicos, de la cobertura de tratamientos o cirugías meramente estéticas; la exclusión en sí no prejuzga acerca de la conveniencia moral o no de una cirugía para aumentar el tamaño del busto, sino que determina que esa elección, libérrima, debe ser sufragada con recursos privados, no públicos.
El otro punto en el que fue clave ceder se refiere a la obligatoriedad, que prevé la iniciativa aprobada ayer, del seguro médico para todo estadounidense. Quienes objetan la obligatoriedad, en este caso sobre todo republicanos, aducen que ello atenta contra la libertad individual de elegir tener o no una cobertura de salud. Sin embargo, la no obligatoriedad encarecería significativamente el costo de las primas y podría convertirse en una invitación a la proliferación de “free riders” del sistema de salud, es decir: personas que en su momento rehusaron tener una cobertura médica pero que de cualquier forma demandarían los servicios de atención pública en casos de urgencia o de enfermedad grave. Por otra parte, al existir varias opciones de cobertura en el mercado (según prevé la ley) la libertad de elección queda a salvo. Se podrían citar ejemplos análogos de aparente conflicto entre libertad individual y normas mínimas obligatorias para todos los miembros de una comunidad, por ejemplo: el uso obligatorio del cinturón de seguridad al conducir.
Desde otro punto de vista – el de los efectos externos no buscados o las externalidades- el asunto de la obligatoriedad de la cobertura médica mínima, plantea interesantes problemas de elección sobre lo que Gordon Tullock ha llamado “el análisis económico del nivel deseable de intervención pública” o la conveniencia del uso de medios públicos para la satisfacción de necesidades privadas. Para ver más sobre las obras de Tullock, incluido “El cálculo del consenso” escrito junto con James M. Buchanan, ir a este sitio en la red.

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domingo, 27 de septiembre de 2009

Retrato de familia "gótica", ¿estrictamente privado?

Usted se llama José Luis Rodríguez Zapatero, es el jefe de gobierno de España y decide que a su próximo viaje oficial a Estados Unidos, donde tendrá un encuentro más o menos fugaz con el Presidente Barack Obama y su esposa Michelle, le acompañe la familia: su esposa y sus dos hijas, aún menores de edad. Estupendo. Supongo que a las chicas les habrá encantado la idea.

Durante la visita hay una recepción que ofrece el gobierno de los Estados Unidos en el museo metropolitano de arte de Nueva York a los mandatarios que asistirán al día siguiente a la cumbre del G-20 en Pittsburgh, usted y la familia completa (esposa e hijas) posan sonrientes para la fotografía del recuerdo, junto con Obama y su esposa Michelle. La instantánea la toma un fotógrafo de la Casa Blanca y, como es costumbre, se sube al sitio Flickr de la Casa Blanca junto con decenas de fotos oficiales más.

La foto tiene varios atractivos periodísticos: No sólo es el único mandatario que se hizo acompañar de sus hijos menores de edad para la foto oficial, sino que las hijas de Zapatero traen vestidos de riguroso negro hasta el cuello, con rudas botas negras, de acuerdo con la moda que se ha dado en llamar "gótica", popular entre adolescentes de casi todo el mundo y semejante a la moda que las películas ("Crepúsculo", por ejemplo) asocian con vampiros, como otrora la televisión, en series como The Addams Family (ver foto de los Addams aquí), asociaba esa vestimenta con simpáticos locos excéntricos, amantes de la oscuridad y lo sombrío.

Tan es atractiva la foto de familia para los medios que el tabloide neoyorquino The New York Post la publica acompañada de un comentario más o menos hilarante, que cito:

No, President Obama and First Lady Michelle Obama aren't at a "Twilight" convention. They're posing yesterday with Spanish Prime Minister José Luis Rodriguez Zapatero, his wife, opera singer Sonsoles Espinosa, and their Goth daughters.

But that was front-page news back in Madrid, where the public had never seen Laura, 16, and Alba, 13, since Dad, under Spanish law, forces the media not to run their photos.

Too bad the White House posted the picture on its Flickr page -- for all the world to see.


Para ver la portada del NY Post, incluida la foto de la familia Zapatero con el matrimonio Obama, hacer clic aquí.

En efecto, a Zapatero no le gusta que la imagen de sus hijas aparezca en los medios de comunicación, y está en todo su derecho de "proteger" a sus pequeñas..., lo que no se entiende es, entonces, por qué las pone a posar frente al fotógrafo de la Casa Blanca. La "lógica" de Zapatero discurre por senderos enrevesados, sin duda.

En España, un par de diarios (ABC y El Mundo) se animan a publicar la foto pero deforman digitalmente los rostros de las menores - los "pixelean" - para evitar que el gobierno de Zapatero les acuse de violar la ley de protección a los menores. El "pixelado" les da un aspecto aún más tétrico.

La agencia EFE, que es del Estado español, emite un largo comunicado justificando su decisión de no difundir ni esa ni otras fotografías en las que aparecen las niñas.

Copio en seguida el comunicado de EFE:

1.- La Agencia Efe distribuyó el pasado día 23 una información titulada "Zapatero, acompañado en Estados Unidos por su mujer y sus dos hijas", que tuvo una rapidísima difusión en todos los medios de comunicación españoles, especialmente en Internet.

2.- El fotógrafo de Efe enviado para seguir el viaje del presidente del Gobierno captó el mismo día 23 una imagen de las hijas de Rodríguez Zapatero, ambas menores de edad, entre el público asistente a la Asamblea de Naciones Unidas. Cuando la imagen llegó a la sede de Efe en Madrid, la directora de Gráfica, Rosario Pons, se lo comunicó al presidente de la agencia, Álex Grijelmo, quien decidió no distribuir esa foto por respeto a la imagen y a la intimidad de las niñas y teniendo en cuenta la reiterada postura de la familia al respecto, así como la vigente Ley del Menor española.

3.- Seguidamente, la dirección de Efe convocó al Consejo de Redacción, órgano elegido por todos los periodistas de la empresa y que es el garante de su independencia y de la aplicación del Estatuto de la Redacción, cuyo texto prevé este tipo de consultas (artículos 78 y 86). El Consejo señaló que estaba de acuerdo con la decisión del presidente de Efe, ya que venía determinada por el cumplimiento del artículo 13 del estatuto deontológico, elaborado por ese órgano de representación y aprobado en referéndum por los periodistas de Efe el año 2006 (consultable en www.efe.com).

4.- Tal artículo señala: "Por norma, las informaciones que puedan ser lesivas para los menores no incluirán su identidad ni podrán ser reconocidos en los materiales gráficos o de vídeo".

5.- La dirección de Efe entiende que quienes tienen la capacidad de interpretar si se lesiona o no la intimidad de los menores son sus padres, y que José Luis Rodríguez Zapatero y su esposa han reiterado su postura al respecto, que es conocida por la profesión periodística española. En este punto, Efe considera que el hecho de que Zapatero llevara a sus hijas al viaje oficial corresponde a su ámbito de decisión como presidente del Gobierno, y de ello se informó con exactitud y relevancia en las noticias de texto, puesto que de tal decisión podía derivarse un debate político. Cosa distinta es el derecho a su propia imagen y a la intimidad del que son propietarias las dos niñas, independientemente de las decisiones sobre sus movimientos y sus presencias que puedan adoptar los padres. Por tanto, ellas no deberían verse perjudicadas nunca en sus derechos personales por la decisión del presidente del Gobierno al llevarlas a Nueva York (cuestión ésta sujeta a todo tipo de opiniones en función de las costumbres y la cultura de cada país). La decisión del presidente del Gobierno como tal no invalida sus propios derechos en tanto que padre, ni mucho menos los de sus hijas.

6.- La agencia Efe difundió el mismo día una foto del hijo menor del presidente francés porque su imagen es sobradamente conocida desde hace años, ha sido fotografiado habitualmente y sus padres nunca se opusieron a ello ni consideraron lesiva su presencia en los medios de comunicación. De hecho, el hijo de Sarkozy asistió incluso a la toma de posesión de su padre, sin que en ningún momento la familia expresase su oposición a que fuera fotografiado. Por otro lado, las costumbres y las leyes francesas -como las norteamericanas- difieren en este punto de las españolas.

7.- La Agencia Efe ha obrado en este proceso y en todo momento con independencia profesional y con arreglo a su Estatuto de la Redacción, y no ha recibido presión alguna por parte del Gobierno.

8.- La Directora de Comunicación de Efe, Ana Vaca de Osma, aclaró estas cuestiones a cuantos medios se pusieron en contacto ayer con la agencia, y planteó también que sería conveniente conocer la opinión de la Fiscalía de Menores y del Consejo Deontológico de la Federación de Asociaciones de la Prensa, pero no prejuzgó nunca si la fiscalía debería actuar o no en un caso como éste.

9.- Efe no tuvo en ningún momento en su poder la fotografía familiar publicada ayer en la ciberpágina de la Casa Blanca y retirada hora y media después, y considera que no dispone de los derechos oportunos para difundirla. Tal imagen no fue tomada por un fotógrafo de prensa, sino por un fotógrafo de la Casa Blanca. Las únicas imágenes que captó Efe de las hijas del presidente del Gobierno, tomadas en primeros planos, se hicieron cuando ellas se encontraban entre el público que asistía a la Asamblea General de las Naciones Unidas.



Preguntas finales. ¿Quiere decir el comunicado de EFE que reunirse con el Presidente de Estados Unidos puede ser "lesivo" para las menores Rodríguez Espinosa?, ¿será eso o vestirse como Morticia Addams? Quién sabe.

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lunes, 21 de septiembre de 2009

Estados Unidos y la brújula extraviada

¿Cuál es el objetivo prioritario del gobierno de Barack Obama en estos momentos?

Sin duda es lograr la reforma al sistema de salud en su país. Para lograr ese propósito Obama ha destinado lo mejor de su oratoria (que es buena) y muchas horas de su tiempo (que no le sobra). Su esfuerzo persuasivo se ha estrellado en varias ocasiones con grandes resistencias, pero Obama no ceja en su empeño.

Independientemente de los méritos o deméritos de la propuesta específica de Obama, crece la percepción de que el Presidente de los Estados Unidos – y con él, buena parte del Congreso- está desperdiciando un tiempo precioso que debería dedicarse a objetivos más urgentes y estratégicos para el futuro de ese país.

Cito cuatro objetivos estratégicos para el futuro de Estados Unidos que Obama está desdeñando o postergando al apostarle todo a la reforma del sistema de salud:

1. El aterrador desafío fiscal. ¿Cuál es la estrategia de salida, creíble y viable, para revertir el déficit fiscal?

2. El estratégico desafío de una política energética de largo plazo más allá del petróleo y de los combustibles fósiles. Un giro decisivo en esta materia, en la línea de un impuesto alto al consumo de gasolina y diesel para disminuir la dependencia del petróleo, podría ser uno de los mecanismos de salida al desastre fiscal (el otro mecanismo, ver punto 4, sería un giro radical en la política migratoria).

3. El crucial desafío del comercio internacional: ¿Hay o no hay un compromiso serio y creíble del gobierno de Barack Obama con el libre comercio? La respuesta, hasta ahora, es una pésima noticia: No sólo no hay tal compromiso con el libre comercio mundial; todo parece indicar que el añejo proteccionismo del que ha hecho gala Obama (por ejemplo, con su inopinada ocurrencia de gravar las importaciones de neumáticos chinos, perjudicando a los consumidores estadounidenses) no ha sido un evento circunstancial, sino reflejo de un prejuicio tan acendrado como erróneo.

4. El desafío ineludible de establecer una política – reforma- migratoria moderna que apuntale la productividad de la economía estadounidense, disipe los irracionales temores de la xenofobia y, atención, contribuya también a darle una salida al problema fiscal (este asunto merece varios comentarios que le quedo a deber, para el futuro, a los lectores).

"Washington" (es decir la etiqueta con la que suele denominarse a la Casa Blanca, al Congreso y a la clase política de los Estados Unidos) no está prestando atención a estos desafíos que son mucho más graves y urgentes que la reforma al sistema de salud.

Peor aún, las señales que día con día envían Obama y ese colectivo etiquetado como “Washington” en estas materias resultan no sólo desconcertantes, sino alarmantes. Peor: A pesar de las múltiples advertencias de observadores, académicos y analistas independientes, nadie en “Washington” – empezando por el Presidente Obama- parece percatarse de que resolver estos desafíos podría sentar las bases para que la acariciada reforma al sistema de salud tenga viabilidad fiscal y sea sostenible.

En este sentido es cómo debe entenderse, por ejemplo, la advertencia que hace unos días hizo Thomas L. Friedman el sábado 19 en The New York Times. En resumen: Estados Unidos está errando su política energética de largo plazo, no está haciendo nada para disminuir en serio su dependencia del petróleo (lo cual lo pone en franca desventaja frente a la Unión Europea) y la clase política – otra vez, esa etiqueta generalizadora que llamamos “Washington”- está cometiendo un error histórico al borrar de la agenda, sin considerarlo siquiera, el tema de un impuesto al consumo de gasolina y diesel.

Friedman hace una cuenta simple – merecería una elaboración más cuidadosa, pero estoy cierto de que arrojaría resultados semejantes a los que anota el periodista- respecto de los beneficios fiscales (además de los económicos y ambientales) que generaría tal impuesto. Calcula que un gravamen de un dólar por galón generaría ingresos públicos por unos 140 mil millones de dólares al año, los cuales podrían usarse así: 45 por ciento para amortizar deuda pública y reducir el déficit fiscal; 45 por ciento para financiar la reforma al sistema de salud (el claro objeto del deseo de Obama) y el 10 por ciento restante para dar apoyos focalizados (subsidios o transferencias) a los afectados por el incremento en el precio final de los combustibles, incluidos los impuestos, como los más pobres o aquellos grupos que requieren forzosamente recorrer grandes distancias.

Todo esto, anota Friedman, no está en la agenda de la Casa Blanca (y tampoco en la agenda mediática del Congreso, aunque pueda ocupar y preocupar a varios congresistas) y, en esa misma medida, parece indicar que el gobierno de Estados Unidos, en tiempos de Obama al igual que en tiempos de Bush, ha perdido la brújula.

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jueves, 17 de septiembre de 2009

Obama, el vándalo

Genial, dura, directa y oportunísima. Así es la portada de "The Economist" que empieza a circular hoy jueves.

Vemos alejarse, de espaldas, a un señor muy parecido a Barack Obama, después de clavar un destornillador sobre un neumático que se llama "libre comercio".

Ampliamente recomendable el artículo de portada (Vandalismo Económico) para entender las gravísimas consecuencias que puede tener la estúpida ocurrencia de imponer aranceles prohibitivos a los neumáticos fabricados en China. Vandalismo puro e ignorancia histórica de Barack Obama. ¿La magnífica economista y conocedora de la historia económica Christina Romer, asesora de Obama, no le podría dar unas clasecitas acerca de la plaga del proteccionismo comercial y de los severos riesgos, para todo el mundo, de iniciar guerritas comerciales para complacer a unos sindicalistas incompetentes del partido Demócrata?

Otra vez, Obama. El proteccionismo, como el alcoholismo, más que vicio es enfermedad crónica y progresiva. Sólo se puede controlar con grupos de ayuda, al estilo de los de AA: "Hola, soy Barack y soy proteccionista..."

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miércoles, 26 de agosto de 2009

Edward Kennedy murió anoche, ¿y la reforma migratoria?

Murió el último "grande" de la dinastía Kennedy a los 77 años. Hay mucho para comentar y habrá que hacerlo con calma. Por lo pronto, la muerte del hermano menor de John y Robert, el eterno no-aspirante a correr el riesgo terrible de pretender la Presidencia de los Estados Unidos, tiene un peculiar interés para México. Con Edward Kennedy podría haberse ido, también, la propuesta más inteligente de reforma migratoria para Estados Unidos. Propuesta que, por cierto, Barack Obama parece no entender, por aquello de los prejuicios del igualitarismo a ultranza.

¿Quién tomará la estafeta de Kennedy para promover la reforma migratoria que necesita Estados Unidos y que debiera seguir un criterio similar al de Canadá o al de Nueva Zelanda, para favorecer el ingreso a Estados Unidos de los migrantes más calificados?

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miércoles, 5 de agosto de 2009

El desastre de los subsidios a la oferta

El presidente Barack Obama se queja de que los detractores de su propuesta de reforma al actual sistema de cuidado de la salud (health-care system) preferirían dejar las cosas como están, en lugar de apoyar una reforma.

Obama tiene algo de razón en lo que dice, porque, a su vez, tales detractores tienen razón: "Reformar" el sistema de salud en la forma en la que lo está proponiendo Obama empeoraría las cosas...Si Obama quiere plantear las cosas, políticamente, como: "O toman mi propuesta o no se hace nada", la elección para la inmensa mayoría de sus conciudadanos es clara: Deja las cosas como están, no trates de arreglarlas porque ya vimos que sólo las vas a empeorar.

El problema del sistema de salud estadounidense lo plantea con gran claridad hoy en "The Wall Street Journal" el economista Arthur Laffer (ver: "curva de Laffer" o porqué con tasas más altas de impuestos la recaudación tiende a caer) al decir que lo que debe corregirse es la "cuña" entre los costos del sistema de salud - cada vez más altos- y lo que desembolsa y recibe quien es el supuesto beneficiario.

Si la brecha entre los costos y el precio percibido sigue creciendo - porque los costos, y por tanto el subsidio efectivo, siguen aumentando-, el sistema está muy cerca de ser insostenible fiscalmente. Es lo que suele suceder con los subsidios a la oferta -en salud o en educación, por ejemplo-, donde cualquier incremento en el subsidio en lugar de traducirse para el supuesto destinatario del subsidio en mejor atención médica o en educación de mejor calidad, se traduce en beneficios, mayor margen de utilidad, para el prestador del servicio.

Si en lugar de darle el subsidio directamente a los maestros y a las escuelas (o, peor todavía, a los líderes del sindicato de maestros), se los damos a los alumnos o a los padres de familia de los alumnos en la forma de un cheque o bono para que lo gasten en pagar la colegiatura en la escuela de su elección, el subsidio se vuelve mucho más eficiente. Exactamente lo mismo sucede en el sistema de salud y la propuesta de Obama, al insistir en un mayor desembolso de recursos fiscales para subsidiar la oferta (beneficiar a compañías de seguros y a médicos, entre otros) no soluciona el problema, lo empeora.

Lo que Obama requiere entender es muy sencillo. Le están diciendo: "Si ésa es tu manera de arreglar las cosas, si eso es lo mejor que puedes hacer, mejor no hagas nada".

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jueves, 30 de julio de 2009

Obama, ¿se acabó el encanto?

La portada de The Economist que empezó a circular hoy dice que ha llegado el momento decisivo para el futuro de la presidencia de Barack Obama: "Crunch time", casi "the end of the game" como define el diccionario Webster.

Es impresionante cómo ha caído la popularidad de este personaje en sólo seis meses. Hoy su aceptación popular, según las encuestas, no es mayor que la que tenían George W. Bush o Richard Nixon seis meses después de haber iniciado, cada cual, su segundo periodo.

Los reveses principales, pero no los únicos, han sido en el asunto de la reforma al sistema de salud y en la promoción de una "novedosa" política energética "verde" en la cual Estados Unidos sería - al decir de Obama- uno de los más decididos y audaces cruzados en contra del calentamiento global y la emisión de gases de efecto invernadero. Ambas cosas cuestan mucho dinero público y tendrán, en el mejor de los casos, beneficios inciertos. Malos negocios a los ojos de una sociedad que se ha propuesto ser más frugal y menos soñadora. A "The Economist" le faltó destacar, me parece, el desencanto que produjo también la obvia intromisión de Obama para rescatar a GM y a Chrysler de las cenizas de su declaración de quiebra o concurso mercantil. Otra vez, un mal negocio, dispendioso, con dinero público.

Obama, como dice el semanario británico, fue excelente para proponer ideales y metas sublimes, pero gobernar es asunto de detalles. Prosa no poesía. Poner ladrillos, no dibujar castillos en el aire.

Por si fuese poco, dos mujeres de su propio partido, Hillary Clinton y Nancy Pelosi - la vociferante y populista líder de los demócratas en la Cámara de Representantes-, le han dado y le seguirán dando dolores de cabeza a Obama, quien sin embargo no puede distanciarse de ellas, sin perder al mismo tiempo apoyos importantes dentro de su partido.

Esta es, presentada al vuelo y en desorden, la visión del semanario británico.

Desde hace muchas semanas, un analista mexicano, Eduardo García Gaspar, había planteado en su sitio de Internet, ContraPeso.info, esta historia del sonoro desencanto que provocaría Obama, con argumentos y símiles que vale la pena leer aquí.

Y cito:

La impresión que tengo de Obama es una combinación que los mexicanos entienden muy bien. Obama tiene rasgos de Fox, el que creyó que ya en la presidencia la campaña electoral debía seguir. Y tienen rasgos de López Obrador, el que todo lo resuelve con más gobierno gastando más.


¡Ay!, eso sí duele.

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miércoles, 29 de julio de 2009

Obama pierde apoyo para su reforma al sistema de salud

De acuerdo con una encuesta que acaba de difundir el New York Times (NYT), 69 por ciento de los estadounidenses temen que la propuesta del presidente Barack Obama de universalizar los servicios de seguridad social a todos los estadounidenses provocará:

1. Más limitaciones a la libertad de cada cual para elegir el médico, el hospital y el tratamiento que mejor le parezca.
2. Un deterioro en la calidad de los servicios de salud, y
3. Un encarecimiento de los servicios de salud, sea por mayores impuestos o por cuotas más elevadas.

Este resultado adverso para los objetivos de Obama se obtuvo de una encuesta de CBS/NYT, levantada telefónicamente entre el viernes y ayer, martes, en la cual los encuestadores entrevistaron una muestra estadísticamente representativa de 1,050 adultos; los resultados tienen un margen de error de más-menos tres puntos porcentuales.

Empero, una mayoría de los entrevistados consideró que debe haber cambios en el actual sistema de salud, que muestra notorias deficiencias para garantizar una aceptable atención médica , que no cubre a muchos estadounidenses y que resulta sumamente oneroso en términos de costo- beneficio.

Para leer la nota respectiva del NYT pulsar aquí.

Y PAUL KRUGMAN SE TROPIEZA CON LA REALIDAD DEL SISTEMA DE SALUD CANADIENSE

Por cierto, este video muestra un embarazoso tropiezo del economista Paul Krugman cuando "daba cátedra" en Canadá acerca de sistemas de salud. Uf. Gracias a Ramón Mier por la pista. Visiten su blog "Disiento, luego existo" ( a lo mejor así se anima a escribir con más frecuencia; se lo agradeceríamos).

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miércoles, 22 de julio de 2009

¿Por qué nos gusta el activismo gubernamental?



La fuente de la gráfica (si se pincha en ella se amplia la imagen) es "World Public Opinion" (WPO) un proyecto de cooperación internacional entre más de 25 países surgido del Programa Internacional de Actitudes Políticas de la Universidad de Maryland, Estados Unidos.

Queda claro que (casi) todos, en (casi) todo el mundo, queremos que el gobierno "se mueva más" en tiempos de crisis. Una querencia, si se vale decirlo, no exenta de peligros, dado que por lo general los gobiernos hacen más daño haciendo cosas que dejando de hacerlas.

Pero así como preferimos en el futbol soccer que el portero se mueva cuando enfrenta un tiro penal, como escribí hace unos meses robándole la metáfora a mi amigo Diego Petersen, preferimos (bueno, una mayoría apreciable lo prefiere, según las encuestas que conjuntó WPO alrededor del mundo) gobiernos "activistas" a gobiernos tímidos o pasivos; gobiernos intervencionistas en lugar de gobiernos restringidos a sus funciones básicas: respetar todas las libertades de todos, aplicar justa y oportunamente leyes que son iguales para todos, preservar la integridad física del territorio y de sus habitantes, garantizar los derechos de propiedad y el cumplimiento de los contratos. No más, ni menos.

La comparación de las preferencias sociales en cada país respecto de lo que debe hacer el gobierno y las preferencias de los aficionados al futbol respecto de lo que deben hacer los guardametas ante un tiro penal tiene mucha más "miga" de lo que parece, porque la mayor parte de los tiros penales van al centro del arco, no a la izquierda o a la derecha, y los porteros que permanecen bien plantados en el centro de su portería, sin querer adivinar y anticiparse al tiro penal, suelen parar más penales que los porteros "dinámicos"..., pero los primeros (los "inmóviles" vamos a llamarlos) son también los más criticados por la afición.

"¡Haz algo!, lo que sea, pero ¡haz algo!", "¡muévete, no te quedes ahí, parado como idiota!".

Los lectores, perspicaces, habrán notado que el único país en el que una gran mayoría de la gente (63 por ciento) está totalmente de acuerdo con la forma en la que su gobierno ha enfrentado la crisis ¡es China! Algún ingenuo, o alguien excesivamente malicioso dirá que precisamente por eso, porque (casi) todos los chinos están conformes y hasta felices con su gobierno, en la República Popular China NO les desvelan mucho esas monsergas de la democracia y de los derechos humanos. ¿Para qué democracia, si de antemano todos (o casi todos) estamos de acuerdo?

Y también habrán notado, perspicaces que son los lectores, que el país donde hay más personas que opinan que el gobierno ya fue demasiado lejos en su activismo contra la crisis es, después de la India (?), Estados Unidos: 31 por ciento. Mi hipótesis (para el caso de Estados Unidos, ya que no tengo la menor idea de porqué 37 por ciento de los indios opinan que su gobierno ha hecho "de más" en esta crisis) es que una sabia desconfianza hacia el gobierno - hacia todo gobierno - y una sana repulsión hacia el intervencionismo gubernamental son virtudes características del pueblo estadounidense que, aún en estos tiempos tan proclives al intervencionismo estatal, se preservan (al respecto, basta ver cómo descendió la popularidad de Barack Obama por su activismo en el rescate de General Motors y Chrysler).

Hace un siglo aproximadamente G. K. Chesterton, en su "Ortodoxia", escribió:

"La idea democrática es que el gobierno es algo análogo a escribir uno sus propias cartas de amor o sonarse uno sus propias narices. Cosas que deseamos que los hombres las hagan por sí mismos, aunque las hagan mal. No discuto aquí la exactitud de ninguna de estas concepciones; sé que algunos modernos andan por ahí pidiendo que los científicos les elijan sus esposas y, por lo que sabemos, muy pronto pedirán niñeras que les suenen la nariz".


Bien, cien años después parece que tales "modernos" ya son mayoría: Queremos que el gobierno nos resuelva la vida, aunque el propio gobierno haya sido responsable, antes, con su febril actividad controladora, de habérnosla fastidiado.

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lunes, 13 de julio de 2009

Darle tiempo a la recuperación o "tafil" a los ansiosos

Sería un error grave aumentar la dosis de estímulos fiscales en Estados Unidos, cuando ni siquiera se le ha dado tiempo de actuar al pantagruélico paquete original de estímulos propuesto por el gobierno de Barack Obama y aprobado por el Congreso.

La tasa de desempleo - 9.5 por ciento - ha puesto nerviosos a muchos en la Casa Blanca y en el Capitolio. Pero ya deberían saber que los estímulos fiscales no tienen efectos instantáneos. Más aún, el propio nerviosismo de algunos, porque los dichosos brotes verdes o retoños tardan en aparecer, en el fondo le da la razón a quienes advirtieron a tiempo que las presunciones del gobierno de Obama y de los demócratas acerca del supuesto efecto multiplicador del gasto público estaban erradas. Lo siguen estando: Si bien les va el efecto multiplicador será de uno.

En buena medida, la recuperación aparecerá por el mismo funcionamiento del sistema de precios en un mercado libre, más que por las inyecciones de recursos públicos. La depresión de algunos precios (digamos, los precios de la vivienda) que tanto alarma a muchos, en realidad es un aviso para los participantes en el mercado de que han surgido nuevas oportunidades y, a la postre, reanima la economía sin crear distorsiones de carácter estructural, sino más bien recomponiendo la asignación de recursos hacia patrones más eficientes. La caída de más de 30% del precio de las viviendas en algunas áreas urbanas de Estados Unidos "avisa" a los potenciales compradores - que durante la burbuja de precios decidieron que las viviendas eran demasiado caras y no compraron- que las condiciones han cambiado y han surgido oportunidades de compra. Las compras de los cazadores de gangas, a su vez, le "avisan" a los promotores y constructores de vivienda que la demanda muestra incipientes signos de recuperación y estimula, a su vez, la reanimación de algunas inversiones "oportunistas" (las mejores inversiones son por lo general "oportunistas" y se suelen encontrar más en la etapa de contracción de los ciclos que en las etapas de euforia).

Un competente pediatra suele recetar, ante la aparición de algunas fiebres agudas en niños debidas a virus (y para las cuales, por tanto, los antibióticos están contraindicados), ansiolíticos a las angustiadas madres y "crono-terapia" a los niños, es decir: Darle su tiempo al ciclo de la enfermedad, digamos 24 o 48 horas. Algunos políticos y gobernantes se muestran tan ansiosos o más que las madres aprensivas y pueden incurrir en el error de intoxicar a la economía con carretadas de dinero público que, en su mayor parte, será dinero tirado a la basura.

¿Y en México qué?

Una moraleja semejante puede aplicarse a la actual situación en México: Tenemos muchos políticos ansiosos por ver resultados. Las recientes elecciones, que regresaron al PRI al poder (dado que, para efectos prácticos, será la mayoría, y no sólo primera minoría, en la Cámara de Diputados, merced a su alianza con los "verdes"), han incrementado la ansiedad. Al PRI le urge mostrar que "sí saben cómo hacerlo" y corregirle la plana (al menos de cara a las galerías) al gobierno federal respecto del manejo de la crisis. Cuidado, estos personajes traen la brújula descompuesta. Prácticamente no hay que hacer nada para que empecemos a ver, a partir de septiembre, cifras anuales mucho más alentadoras en prácticamente todos los rubros; será un previsible efecto estadístico cuando las bases de comparación (los respectivos meses de 2008) sean muchos más bajas.

Por otra parte, más que un mayor gasto se requieren medidas que destraben la oferta privada como una mayor desregulación, una baja significativa de los aranceles y el desmantelamiento de varias barreras no arancelarias, aperturas a la inversión extranjera en rubros clave y simplificación en serio del proceso para ejercer el gasto público ya autorizado (los aparentes retrasos en el ejercicio del gasto no son asunto de buena o mala voluntad, sino de trabas legales creadas por los propios legisladores, por ejemplo: la burocracia emanada de la legislación ambiental o la surgida en el comercio exterior en materia de etiquetados, reglas de origen y demás que con tanto fervor suelen exigir nuestros negociantes mercantilistas para ser "protegidos" por el Estado).

En este sentido, hay que estar muy atentos a detectar quién llevará la voz cantante para imponer su línea a los nuevos legisladores del PRI. Muy esquemáticamente: El peor escenario sería que marquen la pauta los ávidos de presupuesto (línea Manlio Fabio Beltrones, a través de Jesús Alberto Cano Vélez ) sobre los de la retórica de "prudente izquierda" (Beatriz Paredes, mediante David Penchyna) y por encima del puñado de auténticos reformadores competentes (como el ex secretario de finanzas del estado de México, Luis Videgaray Caso). Por lo pronto, el peor de los escenarios - que repetiría el desaguisado del presupuesto federal para 2005 que tuvo que ser vetado por su cúmulo de desatinos - sería el arribo de los devoradores de presupuestos cobijados por Beltrones.

Hay que amarrarles las manos. Un indicio interesante: Si usted teclea en Google las palabras "Cano Vélez y PRI" el primer vínculo que aparecerá será a la columna de Leo Zuckerman en Excélsior del pasado 9 de julio que se llama, precisamente: EL PRI VA POR EL DINERO.

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miércoles, 17 de junio de 2009

Obama y su “toque relativamente ligero”

Hoy se difundirá con más detalle la propuesta del gobierno del Gobierno Barack Obama para establecer un nuevo, y más extenso, marco de regulación para el sistema financiero. En ese contexto, el propio Obama hace la apología de su gobierno en una crucial entrevista que publica hoy The Wall Street Journal. El mensaje que quiere mandar Obama es claro: No soy socialista, ni intervencionista; creo en el poder del libre mercado para asignar eficientemente los recursos como el que más. Lo que pasa es que estoy arreglando el desastre que me heredaron…

Sin embargo…

Sí, sin embargo esta apología de Obama es literalmente increíble. No se puede creer. Si un animal tiene aspecto de pato, camina como pato, grazna como pato, nada como pato, se sacude el agua al salir de un estanque como se sacuden los patos el agua al salir de un estanque…¿Qué tiene de extraño que le llamemos pato?

Si nombrar a un burócrata de Washington como supremo dictaminador de las percepciones que habrán de recibir los ejecutivos de General Motors, Chrysler, AIG, Fannie Mae, Freddie Mac y de una decena de empresas más que han sido rescatadas con dinero de los contribuyentes, no es promover el intervencionismo gubernamental en la economía (por no hablar del hecho mismo de rescatar, contra viento y marea, empresas en quiebra, como si no formase parte esencial del sistema de libre mercado que cada cual asuma las consecuencias de sus errores en la asignación de recursos), ¿qué es entonces?

Y es que eso, sencillamente, es lo que pregunta el entrevistador de WSJ: ¿cómo entiende Obama el papel del gobierno en la economía?

La respuesta de Obama constituye, a mi juicio, lo más relevante de la entrevista y, siento decirlo, es donde la apología de Obama hace agua por todos lados:

“Creo que la ironía es que me gustaría ver un gobierno que realmente interviniese poco en la economía” (“relatively light touch son las palabras textuales), pero, arguye Obama, el “pensamiento conservador estándar” no lo ha entendido y me etiqueta como intervencionista (la única ironía aquí, digo yo, es que Obama incurre alegremente también en despachar el asunto mediante un intercambio de etiquetas: si me dices “intervencionista” yo te respondo “conservador” y cada quien se queda con su golpe, pero no nos entendemos).

Para entender, tal vez, sirva el mismo ejemplo que propone Obama, respecto de la intervención (¿un toque relativamente ligero?) de su gobierno en empresas automotrices como GM o Chrysler. Teníamos, dice, tres opciones: A. Seguirles dando dinero público y permitir que lo siguiesen desperdiciando al no exigirles un cambio total en su forma de hacer las cosas, B. Dejarlas ir a la quiebra en medio de la peor recesión que ha habido después de la Gran Depresión, “algo que no creo que nadie argumentará que tendría un efecto saludable en la economía”, o C. Proveerlas de cierta ayuda de corto plazo, pero asegurándonos de que nos presentasen un plan de reestructura que les permita ponerse de nuevo de pie.

Por supuesto para Obama la respuesta correcta es C.

Error, señor Presidente Obama, la respuesta correcta es B. Porque las quiebras, aun en medio de recesiones o precisamente en medio de recesiones provocadas por los excesos del pasado, sí tienen un “efecto saludable”, ¡muy saludable!, en la economía.

La opción C es una falacia que presupone que a nadie, de todos los directivos y accionistas que han pasado por GM, por ejemplo, se le había ocurrido que la empresa tenía que reestructurarse o morir, hasta que llegó Obama y su fabuloso equipo y se los hizo entender…La fatal arrogancia, como le llamó Hayek.

Además, señor Presidente Obama, los interventores ni siquiera han presentado un plan creíble de reestructuración de las empresas automotrices, un plan que pase la prueba del mercado. La opción C, ¿un toque relativamente ligero?, es el peor de los mundos: Tirar aún más dinero de los contribuyentes, pero ahora con la bendición de toda una burocracia gubernamental al lado, jugando al empresario; burocracia que junto con el sindicato se convertirá en una clientela electoral permanente que demandará más y más recursos de los contribuyentes.

No, no es ironía que los miopes “conservadores” no entiendan que usted no es un intervencionista. Es una flagrante contradicción, entre retórica y hechos, el hecho de que usted lo niegue

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martes, 16 de junio de 2009

La crisis después de la crisis

Es muy probable que, conforme se incrementen las señales de una recuperación gradual de la actividad económica, crezca la percepción de que buena parte del mundo, en especial Estados Unidos y otras economías desarrolladas, ha quedado atrapado en una terrible crisis fiscal, en su afán de salir lo antes posible de la recesión.

El domingo 29 de marzo indiqué aquí que "un día después de la crisis empezará otra"; se trata, desde luego, de una figura retórica porque esa otra crisis, la fiscal, ya ha empezado en el mundo y se encuentra superpuesta, por decirlo así, a la propia recesión.

La receta tradicional para enfrentar la recesión - estimular la demanda mediante políticas fiscales expansivas, que incrementan el déficit fiscal, ayudadas por políticas monetarias de "dinero fácil" que supuestamente también alentarán la demanda y harán menos difícil la escasez de crédito a causa de la pérdida de confianza - tiene un gran atractivo político porque permite ofrecer a los electores, así sea temporalmente, "el mejor de los mundos posibles", aquel en el que se pueden incrementar los beneficios derivados del gasto público sin el costo de aumentar los impuestos o crear nuevos gravámenes.

El problema es que tal "mejor mundo" entre los posibles es absolutamente ilusorio. Por una parte, ya lo hemos vivido desde que la Reserva Federal disminuyese la tasa de interés de referencia prácticamente a cero, caemos en una trampa de liquidez: La tasa se vuelve indiferente para estimular la demanda, pero en cambio castiga severamente el ahorro. Por la otra, cada estímulo fiscal, cada rescate con cargo a los recursos públicos, penaliza la formación de capital presente y futura.

La coartada para la aplicación despreocupada de esta medicina contraproducente (el equivalente a una práctica médica iatrogénica) es la persuasión de que la magnitud de la caída de la demanda es tal que no hay, en el horizonte inmediato, ninguna amenaza de inflación, sino por el contrario de más caídas de los precios. Grave error: De hecho, desde este momento ya empezaron, aunque aún no se registren en los índices de precios, dos de los efectos más destructivos de la inflación: 1. El desquiciamiento de los precios relativos, que propicia una mala asignación de recursos y 2. El brutal acortamiento del horizonte temporal para el ahorro y para la inversión, lo que tiende a generar un febril impulso hacia el consumo inmediato, a la vista del acelerado proceso de pérdida del poder adquisitivo del ahorro.

El inevitable desplazamiento de recursos que de otra forma se habrían destinado a inversión privada productiva, acaba por disminuir el potencial de crecimiento de la economía global; de ahí que veremos, como epílogos no deseados de la recesión global, bajas tasas de formación de capital y, por ende, el proceso de recuperación del crecimiento se hará desesperadamente lento, si es que no se frustra ante la magnitud del desastre fiscal.

En el contexto de México resulta sorprendente y lamentable la miopía de diversos dirigentes empresariales que exigen, con fervor digno de mejor causa, incentivos y estímulos fiscales y monetarios de todo tipo sin percibir que en la misma medida en la que logren su propósito de corto plazo estarán minando severamente el potencial de crecimiento futuro de la economía.

La crisis después de la crisis, el desajuste fiscal que viven ya las economías de Estados Unidos y de la Gran Bretaña, entre otras, no es un mero escollo del que pueda salirse con voluntarismo político (como parece decirnos Barack Obama con sus promesas de que muy pronto empezarán a corregir el déficit fiscal) toda vez que la misma mecánica de la toma de decisiones en una democracia hace casi imposible que los legisladores o el propio gobierno actúen como déspotas benévolos y sabios que a voluntad abren o cierran la llave del gasto público.

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domingo, 14 de junio de 2009

Corea del Norte, instrumento de China

Corea del Norte es un Estado títere, y el titiritero es el gobierno de China.

Esta es la hipótesis que, con fundamentos sólidos, expuso hace varios días Anne Applebaum en las páginas de opinión de The Washington Post. (Applebaum, por cierto, es la autora de uno de los mejores y más actualizados recuentos del terror soviético de 1917 a la caída del muro de Berlín: “Gulag, a History”, Anchor Books, Random House, New York, 2003).

Vale la pena, y toma poco tiempo, leer el resumen que hizo la propia Applebaum de sus argumentos para conjeturar que la principal razón de los recientes y perturbadores amagos de Corea del Norte al mundo civilizado, y especialmente a los Estados Unidos, es que el gobierno Chino está usando a su títere para someter a Barack Obama a su primera prueba de fuego en política internacional. Se puede leer haciendo clic AQUÍ.

¿Y si el “loquito” de Kim Jong Il tiene “dueño”?

No me negarán que si el desquiciado régimen de Corea del Norte – quien acaba de desconocer el armisticio de 1953- tiene dueño y que si ese dueño es el Partido Comunista Chino, estamos ante un escenario muy diferente, y mucho más peligroso para el futuro del mundo, que si estamos únicamente ante las locuras seniles – propias de una penosa agonía – de uno de los pocos dictadores “loquitos” al que se puede apaciguar, como en el pasado lo ha hecho la diplomacia estadounidense, regalándole un balón de básquetbol autografiado por Michael Jordan.

El primer escenario, que es el que dibuja como hipótesis Anne Applebaum, es para atemorizar a todos, en primer lugar a los japoneses, ya que significa que Corea del Norte es una herramienta singularmente eficaz para que China se vuelva el poder dominante en el Este de Asia, sin que Estados Unidos ni mucho menos Europa puedan hacer mucho para evitarlo.
Esto, eventualmente, nos regresaría a un mundo bipolar de tensos equilibrios entre dos potencias dominantes: China y Estados Unidos.


¿Un mundo sutilmente bipolar, al estilo chino?

Pero los chinos aprendieron de los errores de la Unión Soviética: No se trata de desafiar al “mundo libre” emprendiendo una carrera armamentista o mediante la propaganda de que bajo el comunismo la gente es más próspera y feliz que en las democracias liberales; mucho menos, el gobierno chino es tan candoroso como para querer comparar el todavía paupérrimo nivel de vida de la mayoría de su población con los estándares europeos o estadounidenses.

China comercia con singular denuedo con Estados Unidos, invierte las divisas excedentes en Estados Unidos (con lo que se ha convertido en el principal acreedor del dólar) y establece todos los nexos necesarios con el mundo en términos más o menos cordiales, si los asuntos son comerciales o financieros, pero el gobierno chino NO permite que nadie le diga en su cara que viola los derechos humanos, que arremete y reprime al Tibet o que persigue a los disidentes. Por el contrario, casi todo mundo se “adapta” a las peculiaridades del modelo chino y, con tal de no perder los prometedores negocios en China, se acepta la autocensura más férrea, por ejemplo en la Internet acotada a la que tienen acceso los chinos.

Toda una definición de las poco sutiles contradicciones que plantea el modelo chino.

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lunes, 8 de junio de 2009

La Suprema Corte detiene la venta de Chrysler a Fiat

Problemas en el paraíso.

Minutos antes de que se cerrara la venta de la mayor parte de los activos de Chrysler a la italiana Fiat, como parte del proceso de bancarrota organizado por el equipo ("task force") designado por Obama, la juez de la Suprema Corte Ruth Bader Grinsburg congeló el proceso de venta hasta dilucidar si proceden los alegatos en contra por parte de tres fondos de pensiones de Indiana, que poseen unos $42 millones de dólares de la deuda de Chrysler (cuya deuda total se calcula en $6,900 millones de dólares).
Aunque funcionarios de la Casa Blanca calificaron este revés sólo como un trámite administrativo que será rápidamente solventado, lo cierto es que los pequeños inversionistas de Indiana podrían lograr echar para abajo el trato de venta a Fiat, cuyo plazo fatal es el 15 de junio, porque tienen un buen punto jurídico y constitucional: Hay un obvio favoritismo en el trato que, como acreedor de Chrysler, está recibiendo el poderoso sindicato automotriz UAW, bastión del Partido Demócrata y fuerte apoyo electoral para Barack Obama.
Y lo peor, para los planes de la administración de Obama, es que si procede el alegato de los pequeños inversionistas acerca de un trato discriminatorio a favor del sindicato en el caso de Chrysler, por simple lógica jurídica también procederían las objeciones contra el proceso de bancarrota de General Motors que también da un trato de acreedor "especial" a la UAW.
No todo es miel en "Obama country". El caso prefigura futuros conflictos entre un Presidente (Obama) que concibe la justicia con acento social (para usar una frase conocida en España y en Hispanoamérica: "la justicia como opción preferencial por los pobres..., los débiles o los grupos sociales por sobre los ricos..., los fuertes... y los individuos") y una sólida tradición jurídica que concibe la justicia a secas, como trato igual para todos. Ya veremos.

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domingo, 7 de junio de 2009

Por qué Steve Balmer (Microsoft) amenaza llevarse empleos de Estados Unidos

Les recomiendo este análisis de Artemio Estrella (liberal de Monterrey) en su bitácora "Vive libre o muere". A veces Barack Obama parece populista latinoamericano en eso de ahuyentar inversiones productivas y cancelar oportunidades de empleo. Hacer clic en este sitio.

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Calentamiento global: La cuestión previa

Dejé pendiente el señalar los “puntos débiles” en el alegato de Martin Feldstein en contra de la propuesta del gobierno de Barack Obama y de los demócratas en el Congreso para establecer en Estados Unidos mecanismos de “cap and trade” que reduzcan las emisiones de bióxido de carbono (CO2) a la atmósfera.

Feldstein tiene toda la razón al argumentar que la propuesta de ley Waxman-Markey no aprueba un mínimo análisis costo-beneficio, ya que el costo – imponer un gasto adicional de unos 1,600 dólares promedio por año durante los próximos diez años a cada familia estadounidense- es exorbitante a la luz de los supuestos beneficios que arrojaría: una magra reducción de menos del 4 por ciento de los efectos nocivos que los gases, se supone, causan en el clima del planeta.

Tan sólo este análisis debería bastar para desechar la propuesta legislativa.

Pero hay también, en los argumentos de Feldstein publicados en el Washington Post del lunes pasado, uno que es, por principio, inaceptable: Estados Unidos no debe hacer nada en esta materia hasta que otras naciones que hoy día contribuyen con más emisiones de CO2, como China, las reduzcan y “hasta que se alcance un acuerdo global”.

Este tipo de razonamiento – “el país A no actúa si no lo hace antes el país B” - ha sido común en la política internacional y nos ha condenado a una esterilidad desesperante y costosa.

Se ha aplicado con singular desparpajo en los asuntos de libre comercio y es la causa inmediata del lamentable fracaso de la ronda de Doha. Este tipo de argucia ha sido nefasta y sólo ha servido para justificar el sostenimiento de un estado de cosas indeseable. Es una estratagema que debería ser inaceptable en la política internacional.

Una vez reconocidos los problemas hay que actuar y punto.

Lo que, ¡oh paradoja!, me lleva al otro punto débil en el alegato de Feldstein: ¿Hay de veras un problema en el asunto del cambio climático? Se omite lo que en las discusiones parlamentarias se llama “la cuestión previa”, es decir: aquella que requiere resolverse antes de proponer supuestas soluciones y que es muy sencilla: ¿Cuál es el problema, si es que lo hay?, ¿es el cambio climático o es la dependencia del petróleo? ¿Se justifica gastar cuantiosos recursos en solucionar “problemas” que aún son conjeturas?

Si fuese esta cuestión previa la que argumentara Feldstein – y no la argucia de: “si tú no actúas, yo tampoco lo hago”- su alegato sería aún más sólido.

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lunes, 1 de junio de 2009

Las lecciones de una bancarrota (I)

La bancarrota de General Motors, obligada desde hace meses, ha sido rigurosamente monitoreada por el gobierno de Barack Obama a tal grado que no es una quiebra típica, sino un esfuerzo desesperado de rescate gubernamental, una última oportunidad para tratar de conciliar lo que parece irreconciliable: La productividad con la política.

Me temo que el experimento fallará porque se trata de asuntos irreconciliables.

La productividad que requiere una empresa que aspire a desempeñar un liderazgo mundial en mercados globales y competitivos jamás ha florecido en un entorno de intervencionismo político-gubernamental.

Obama ha hecho su mejor esfuerzo para salvar uno de los bastiones más importantes no sólo del Partido Demócrata, sino de su propia carrera política. De ahí el intervencionismo. La biografía marca: Un político joven y progresista, abogado que se fogueó en las batallas de los problemas comunitarios de una ciudad como Chicago (desempleo, seguridad social, servicios médicos, combate a la marginación y a la delincuencia de barios bajos, regeneración de la vida comunitaria, derechos de las minorías raciales), sólo puede ser amigo incondicional de un sindicato como la United Auto Workers (UAW). Obama cree en la retórica de la UAW y usa los tópicos de dicha retórica: defensa de los empleos “americanos” frente a las amenazas del comercio libre y de la migración, derechos irrenunciables a la seguridad social, a pensiones y a servicios médicos más que generosos.

Todo ello inevitablemente hace colisión con la dura lógica de la productividad: si tus autos no son los de mejor calidad al precio más competitivo, si no están construidos para funcionar en un mundo de combustibles caros y de duras normas ambientales, estás fuera.

Este rescate-quiebra de GM suena tan “sólido” como la reforma que hicimos en México para volver a PEMEX una empresa globalmente competitiva: Un gran estruendo para dar a luz un ratoncito.

Es una pena y entiendo que Obama desearía sinceramente recrear el paraíso perdido de los años 60 en Detroit: cuado GM tenía más del 50% del mercado, cuando se decía que “lo que es bueno para GM es bueno para América”, cuando los obreros de las líneas de ensamble de GM vivían mejor que un muy competente profesionista fuera de Estados Unidos. Pero estamos en 2009, Detroit tiene la tasa de desempleo más alta de Estados Unidos y este es un mundo ferozmente competitivo, con compañías automotrices (lideradas por las japonesas) que no tienen arreglos laborales tan onerosos, ni están atrapadas en el “sueño americano” de hace 50 años.

Continuaré mañana.

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miércoles, 13 de mayo de 2009

Chrysler y GM: Quiebras politizadas

Para el gobierno de Barack Obama todos los ciudadanos son iguales, pero unos son “más iguales que otros”, como sucedía entre los animales de la granja que imaginó George Orwell para satirizar el comunismo soviético.

Obama sin duda está lleno de buenas intenciones, pero su afán de proteger a quienes la gastada retórica izquierdista identifica como “débiles” le inclina con frecuencia a torcer la regla de la ley.

Chrysler entró el 30 de abril al capítulo once de la ley de bancarrotas y la administración de Obama ya se las ha arreglado no sólo para que el proceso sea excepcionalmente rápido, sino para que tenga resultados definidos de antemano. Sin mayor escrutinio, el juez a cargo dictaminó que los acreedores de deuda garantizada sólo recibirán 28 centavos por cada dólar que se les adeuda, en cambio los miembros del sindicato automotriz (United Auto Workers, UAW) recibirán 43 centavos por cada dólar invertido en el fondo de salud que estableció la empresa.

Liquidar los activos y repartir a partes iguales lo que quede – otra opción legal-, está descartado: es “políticamente incorrecto”.
Sólo en la falsa retórica “progresista” la poderosa UAW puede considerarse como “débil” y sólo en la misma retórica los acreedores pueden ser vistos como “buitres”. Pero esa es la retórica que ha empleado Obama al calificar de “especuladores” a los tenedores de bonos. En realidad, la mayoría son pequeños ahorradores que cometieron el error de creer en Chrysler.

La UAW ha sido un sostén permanente de la meteórica carrera política de Obama, un bastión del Partido Demócrata al que Obama se ha empeñado en complacer; de ahí, por ejemplo, que comparta el discurso de la UAW calificando a los inmigrantes extranjeros de ladrones de empleos y denunciando al TLCAN como un mal arreglo que se llevó los empleos a México con el señuelo de los bajos salarios.

Ya desde hoy se sabe que la historia de la inminente bancarrota de GM será similar: Los miembros de la UAW recibirán 50 centavos por cada dólar, mientras que los acreedores, en este caso de bonos no garantizados, tendrán que conformarse con 5 centavos por cada dólar. Los acreedores ya saben que sólo habrá esa sopa en la mesa.

Un nefasto precedente cuando lo que urge son fondos frescos de inversionistas privados (“especuladores” les diría Obama) para rescatar empresas estadounidenses en problemas, como advirtió The Economist en su edición de esta semana.

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