domingo, 15 de abril de 2007

Predecir huracanes: ¿Tres días o 25 años?

¿Sabrá el presidente municipal de Coatzacoalcos predecir huracanes con mucho mayor precisión y alcance que los mejores científicos dedicados a la meteorología?

La etiqueta “cambio climático” aplicada generosamente a cualquier declaración, conjetura o suceso se ha convertido en receta infalible para fabricar “noticias”. Lo curioso es que el cambio climático no es ninguna novedad. El clima siempre ha cambiado, pero hoy día la frase “cambio climático” se descifra – en muchos medios de comunicación y en la imaginación de una parte del público- como equivalente a “calentamiento global”, lo cual a su vez significa “catástrofe causada por la irresponsable actividad humana cuyo motor es la avaricia”.

Esta mutación de significados ha convertido al asunto en una especie de religión apocalíptica que divide al mundo en creyentes fervorosos – aunque sea de palabra- y en despreciables escépticos, a quienes se supone movidos por la codicia y patrocinados por alguna petrolera que se dedica a destruir al planeta.

El domingo, un periódico mexicano (“Reforma”, la consulta en línea requiere suscripción) anunciaba “Modifica el clima a Coatzacoalcos” e informaba en voz del presidente municipal que se ha modificado el programa de desarrollo urbano de ese puerto “para hacer frente a los efectos del cambio climático”. El funcionario Iván Hillman Chapoy declaró según la nota: “Hemos ubicado las zonas por debajo de los cinco metros sobre el nivel medio del mar que han sido y serán impactadas con mayor fuerza por las precipitaciones y los huracanes”. La metodología – precisó- está prevista para 25 años.

Un poco más humilde, un científico – el profesor Francisco Valero, del Departamento de Física de la Tierra, Astronomía y Astrofísica de la Facultad de Físicas de la Universidad Complutense – explicaba en octubre de 2005, tras los huracanes Rita, Stan y Katrina, dos asuntos: 1. Que no hay ningún indicio razonable de que los huracanes dependan del cambio climático que pueda provocar el hombre y 2. Que se han hecho grandes avances en la predicción de la trayectoria de los huracanes: en los años 80 se podía predecir la trayectoria probable hasta con dos días de anticipación; hoy se puede predecir dicha trayectoria probable – no cierta, sino probable- hasta con tres días de anticipación…y la predicción puede fallar, como sucedió con la entrada a tierra del huracán Katrina.

El presidente municipal “cree” saber, el científico sabe lo que no sabe. Creer es más barato que saber.

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viernes, 13 de abril de 2007

El cuarto viaje de Colón y el cambio climático (III)

Si en el verano del año pasado, 2006, usted hubiera emulado a Cristóbal Colón en su cuarto recorrido por “las Indias” – en el trayecto de Cuba a Honduras- usted habría disfrutado de un mar Caribe mucho más sereno que el terrorífico que enfrentó el genovés en 1502.

El DVD de “An inconvenient truth” fue lanzado al mercado el 21 de noviembre de 2006 por Paramount Pictures. En la presentación se asegura que en 2005 se vivió la peor temporada de tormentas tropicales “en América” (¿Estados Unidos?) de la historia – una flagrante mentira- y también se asegura que Al Gore actualizó su historia con los datos disponibles más recientes. Ese día ya había terminado la temporada de huracanes 2006 en el Caribe y en el Atlántico Norte – que va, oficialmente, de junio a noviembre- pero el señor Gore, sus asesores y su equipo de producción pasaron por alto un pequeño detalle: Actualizar su información sobre huracanes en particular y tormentas tropicales en general con los datos de 2006, ya conocidos para entonces.

¿Por qué este descuido? Tal vez porque resultaba altamente “inconveniente” para los propósitos propagandísticos de la película decir que en 2006 los sistemas tropicales (tormentas y huracanes) en el Golfo de México y en el Atlántico Norte fueron ¡70 por ciento menores a los del año anterior! Y estuvieron por debajo del promedio de sistemas tropicales registrados en la temporada de los años 1950 al 2000. En términos técnicos: “En este 2006 para la cuenca del Atlántico se alcanzó una Actividad Neta de Ciclones Tropicales del 85 por ciento respecto a (sic) la climatología”. ¿No habíamos quedado que año con año aumentaban los huracanes por causa del calentamiento global?, ¿no sustenta sus catastrofistas predicciones el señor Gore en la premisa de que el proceso de calentamiento es irreversible como irreversible se supone que es la acumulación de gases de invernadero en la atmósfera?

De hecho, a raíz de esa baja actividad ciclónica hoy la producción agrícola en el litoral del Golfo, como el sur de Tamaulipas, enfrenta la peor sequía en 20 años y hay quien pregunta con sarcasmo – ver el comentario de Ramón Mier aquí- si acaso el planeta ahora se está enfriando y es momento de salir a quemar llantas para que se incremente el calentamiento global y la superficie del mar se mantenga por encima de los 26 grados centígrados – mínimo requerido para la formación de un sistema tropical- y así salvar al campo de esta sequía.

Esta es otra de las verdades inconvenientes que Gore y los productores de la galardonada película ocultan: En 2006 sólo hubo cinco huracanes en la cuenca del Atlántico, ninguno memorable. Nada que ver con los 88 días de tormenta en 1502. ¿Alguien que no sea especialista recuerda los nombres de esos huracanes? (Ahí van, para los curiosos: Ernesto, categoría 1; Florence, categoría 1; Gordon, categoría 3; Helene, categoría 3 e Isaac, categoría 1. Éste, el último del 2006, fue del 27 de septiembre al 2 de octubre de 2006 y sus vientos máximos sólo llegaron a 140 kilómetros por hora. Un mes y 19 días después se estrenaba mundialmente la ficción “An Inconvenient Truth”).

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miércoles, 11 de abril de 2007

El cuarto viaje de Colón y el cambio climático (II)

Además de haber elegido un pésimo ejemplo para sustentar su embuste – el huracán Katrina-, la presunción de Gore de que el calentamiento global por emisiones de CO2 ha aumentado la intensidad y la frecuencia de los huracanes hace agua por todos lados.

En términos de intensidad, profundidad en el océano, precipitación pluvial, velocidad de los vientos y duración el huracán Katrina no fue memorable. Al tocar tierra su intensidad era de apenas tres – en una escala que llega hasta cinco- y si causó tantas pérdidas humanas y materiales fue por el pésimo estado en que se encontraban los diques que presuntamente protegían a Nueva Orleáns de los embates del mar.

Irónicamente, como señaló con agudeza el brillante economista catalán, catedrático de la Universidad de Columbia, Xavier Sala-i-Martín – en un estupendo artículo- “hacia años que los científicos estaban avisando al gobierno de que cualquier huracán que pasara por encima de los viejos diques podría romperlos y causar una catástrofe. Digo que es una ironía porque ¿adivinan quién era el vicepresidente del gobierno que decidió ignorar esos consejos y no reparar los diques? La respuesta, señor Gore, sí es una verdad incómoda”.

Además de elegir un pésimo ejemplo Gore presume un cambio significativo en la tendencia de largo plazo de los huracanes partiendo de una serie histórica por demás escuálida – diez años a lo sumo- que, como sabe cualquier estudiante de métodos estadísticos, es inaceptable para establecer tendencias y pronósticos cuando estamos hablando de un fenómeno que se ha repetido hace millones de años.

La base de datos más amplia sobre huracanes que existe en el mundo la posee el Centro Nacional de Huracanes de Florida y empieza, apenas, en 1886, pero el propio Centro advierte a cualquier investigador que sólo a partir de 1944 – cuando empezaron a usarse aviones para estudiar los huracanes- esa serie histórica podría ser confiable y, aún así, recomienda extrema cautela con los datos de 1944 a 1969 que tienen un sesgo estadístico – sobrestimación- considerable. (Sobre estas advertencias, ver aquí).

No terminan ahí las falsedades de los profetas de la catástrofe climática; hay más, seguiré mañana.

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martes, 10 de abril de 2007

El cuarto viaje de Colón y el cambio climático (I)

Una de las mentiras más gruesas – y más comunes- respecto del cambio climático es la que asegura que por el calentamiento ocasionado por la quema de combustibles fósiles ha aumentado la intensidad y la frecuencia de los huracanes.

“La lluvia, los truenos, los relámpagos no cesaban y aquello parecía el fin del mundo…Esta intolerable tormenta duró 88 días” y sigue una colorida descripción del Almirante Cristóbal Colón acerca del temporal que sufrió en su cuarto viaje a “las Indias”, en el Mar Caribe, entre Cuba y Honduras, en el verano de 1502: “Toda la tripulación estaba enferma y todos se arrepentían de sus pecados y se volvían hacia Dios. Cada uno hacia votos y promesas de hacerse peregrino si era salvado de la muerte y, con gran frecuencia, los hombres iban tan lejos como para confesarse unos a otros sus pecados. Habíamos experimentado otras tormentas pero ninguna tan terrible. Muchos de los que teníamos por hombres valientes se vieron reducidos al terror en más de una ocasión”. (Citado por Hugh Thomas en Rivers of Gold, The Rise of the Spanish Empire, from Columbus to Magellan, Random House, Trade Paperbacks, New York, 2005, página 219).

Sin duda, Colón y su tripulación sufrieron el embate de un ciclón tropical, o de varios continuos, conocidos en el Caribe y en el Atlántico Norte como “huracanes”. Un huracán de lento desplazamiento – menos de 16 kilómetros por hora- dada la intensidad de las lluvias y su extraordinaria duración. (2). Por supuesto, un huracán que no tuvo nombre ni número, que no está registrado ni estudiado por los meteorólogos. Llegados a tierra firme, en lo que hoy es Honduras, Colón y sus hombres se enterarían de que a esos fenómenos aterrorizantes se les llamaba con el mismo nombre que al dios que los mayas atribuían la creación del mundo: “Huracán”, como se le dice en el Popol-Vuh.

En su galardonada película, “Una verdad incómoda”, el político Al Gore asegura que el calentamiento global por las emisiones de CO2 ha aumentado la intensidad y la frecuencia de los huracanes y ejemplifica con los daños que causó en Nueva Orleáns el ciclón Katrina.

Es una mentira colosal.

Baste señalar que el propio informe del Panel de Científico sobre Cambio Climático (panel conocido como IPCC) de la ONU, dice textualmente, en su página 6, que “los datos no permiten ver tendencias a largo plazo, ni en la intensidad ni en la frecuencia de los huracanes”. (3).

Pero la mentira de Gore es aún más grande como mostraré mañana.

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