lunes, 4 de mayo de 2009

Obsesión por el empleo, relectura de Keynes (II y final)

Se dice que en 1927, con la formulación del principio de incertidumbre por Werner Heisenberg, la ciencia tomó un rumbo insospechado, que la alejó del determinismo mecanicista y del positivismo. No basta con que contemos con un modelo racionalmente coherente para afirmar que hemos aprehendido la realidad. Por el contrario, el mismo afán del científico racionalista puede alejarlo del conocimiento de la verdad, al encorsetarlo en esquemas de los cuales la realidad se escapa. Es preciso la constante confrontación de las teorías con los datos que arroja la experiencia, aun cuando ello nos confine a la incertidumbre.

J. M. Keynes -en su teoría general del empleo, el interés y el dinero – pretende formular una “teoría del empleo” sustentada en un recurso argumentativo (los supuestos) que ha dado motivo a un cáustico chiste acerca de los economistas que dice así:
“Un economista naufraga en una isla desierta y cuenta, entre lo que se ha salvado del naufragio, con varias latas de alimentos en conserva, ¿cómo resuelve el problema de abrir las latas para poder comer? Muy sencillo: el economista postula: ‘supongamos que tenemos un abrelatas’”.


Keynes “supone” la existencia de sucesivos “abrelatas” para que su teoría camine. El “supuesto” básico de Keynes es el de una “ley psicológica fundamental” que “explica” la propensión marginal a consumir (es decir que ante un aumento del ingreso, el consumo crece, pero menos que lo que ha crecido el ingreso), lo que a su vez “explica” a juicio de Keynes porqué antes de que se alcance el “máximo volumen de empleo” los empresarios dejan de invertir, lo que a su vez se traduce en que la demanda agregada siempre será insuficiente a menos que, ¡y aquí es a donde Keynes quería llegar!, el gobierno la estimule mediante intervenciones fiscales (gasto) o monetarias (descenso deliberado de la tasa de interés).

En realidad Keynes no explica – en el sentido de revelar la realidad – nada. Ha elaborado un itinerario de “supuestos” para llegar a su meta prefijada: el Estado debe intervenir en la economía para garantizar el pleno empleo. La “ley psicológica fundamental” ni es ley, ni es psicológica, ni tiene fundamentos en la realidad.

Eso sí, la teoría keynesiana resultó una de las mayores delicias para los políticos que nos siguen vendiendo el “pleno empleo” como el nuevo paraíso terrenal.

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miércoles, 26 de diciembre de 2007

¿Y si nos vamos a Gliese 581 c?

Está cerca – a sólo 20.5 años luz-, es el planeta más semejante a la Tierra, fuera del sistema solar, que se ha localizado, orbita alrededor de un “sol” de mayor duración y de menor intensidad que el nuestro – una estrella roja enana-, su temperatura promedio estaría en un rango muy aceptable – de menos 3 grados a 40 grados centígrados- y allá los años pasan volando, sólo duran lo que 13 de nuestros días.

Aníbal Basurto Corcuera, el Gordo, escribió en 1982 un pequeño relato acerca de un hombre que buscaba afanosamente un sitio pacífico – lejos del mundanal ruido, para citar a un clásico citado hasta el hartazgo- en el cual vivir entregado a la contemplación y creyó encontrarlo en unas remotas islas del hemisferio austral. Tras grandes trabajos, ese hombre logra por fin instalarse en las dichosas islas y se dispone a disfrutar de su particular utopía sólo para encontrarse en medio de la demencial “guerra de las Malvinas” provocada por los dictadores militares de Argentina que, en su afán de mantenerse en el poder, buscaron “recuperar” las islas del dominio británico, y así amalgamar a los descontentos y oprimidos argentinos en torno a una causa “patriótica”.

El cuento era una metáfora de la búsqueda incesante del paraíso terrenal perdido, siempre frustrada por alguna de las múltiples manifestaciones de la estupidez humana…Como suele hacer con todas sus obras, una vez que nos la leyó a un puñado de amigos, el Gordo Basurto le prendió fuego al manuscrito. Así es él.

Recordé aquél cuento inédito del Gordo con motivo de uno de los descubrimientos científicos de este año: El hallazgo del planeta “Gliese 581 c” difundido en abril por la Organización Europea para la Investigación Astronómica en el Hemisferio Sur (conocida como ESO) y que se logró gracias al poderosísimo telescopio de ESO ubicado en La Silla, Chile, el cual está dotado del más preciso espectrógrafo del mundo, llamado HARPS: High Accuracy Radial Velocity for Planetary Searcher.

Los curiosos pueden obtener más datos a través de la Internet en el sitio de ESO o en Wikipedia. Es un hallazgo que invita a soñar cuentos como aquél del Gordo Basurto. Por lo pronto yo ya anoté en la agenda, junto a los teléfonos de emergencia, el nombre del planeta, por si se me ocurre un día huir del mundanal ruido

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domingo, 9 de diciembre de 2007

¿Una educación para salir del paso?

Un hallazgo preocupante: Los estudiantes mexicanos de 15 años de edad, niñas y niños, parecen tener un gran aprecio por la ciencia, mayor que el promedio internacional, e incluso pueden identificar bastante bien los "temas" científicos, pero NO dominan los rudimentos del método científico, NO saben identificar ni aplicar una evidencia científica y les resulta muy difícil analizar datos y experimentos científicos.


La evaluación PISA 2006 que realizó la OCDE se centró, en esta ocasión, en las habilidades y conocimientos de los estudiantes de 15 años de edad respecto de la ciencia, del método científico y de su aplicación para resolver problemas de la vida cotidiana.

Como todos los años la evaluación también incluyó las áreas de matemáticas y de comprensión de lo que se lee, pero el énfasis se puso en el desempeño de los estudiantes en el terreno de las ciencias.

Los estudiantes mexicanos tienen una "actitud" sorprendentemente positiva hacia la ciencia, muy por encima del promedio de los resultados globales de la evaluación, y también resultaron bien calificados relativamente en la identificación de "temas" (issues) científicos; más todavía, una proporción notable de los mexicanos evaluados – 35 por ciento – dice que espera en su vida adulta, a los 30 años, estar desarrollando una carrera relacionada con la ciencia.

¿Maravilloso?, no tanto, porque esos mismos niños y niñas encuentran sumamente difícil resolver problemas relacionados con la ciencia, muestran severas limitaciones al tratar de entender una tabla de datos o para explicar los hallazgos de un experimento y, en general, parecen tener muy escasas nociones acerca de qué es el método científico y muy poco aprecio por el rigor lógico indispensable en las ciencias.

Parecería, entonces, que estamos formando legiones de aceptables conversadores de "cocktail" que cuando oigan hablar de mecánica cuántica sabrán vagamente que eso es "científico" y seguramente digno de admiración, pero no mucho más. Tal vez eso sea suficiente para ser locutor en un programa de televisión en el cual una hermosa y sonriente conductora hace una apresurada entrevista de un minuto a un "científico" acerca del cambio climático, con las generalidades y lugares comunes habituales, pero nada más.

Tal vez esa supersticiosa veneración por la etiqueta "científico" sea suficiente para salir del paso en una conversación de sobremesa y no quedar como un perfecto idiota, o para ser senador o diputado, pero…

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martes, 6 de noviembre de 2007

Lluvias y “calentamiento global”

La mejor base de datos sobre precipitaciones pluviales disponible en el mundo NO permite inferir que el llamado calentamiento global haya incrementado las lluvias; por lo pronto, se sabe que, de unos años a la fecha, ha llovido un poco más en el océano, pero un poco menos en tierra.

Un periodista “serio” escribió ayer respecto del desastre en Tabasco: “…con el proceso de calentamiento global, las inundaciones y los huracanes se van a hacer más comunes en distintos lugares de nuestro país”.

¿Cómo lo sabe?

Tal vez por ciencia infusa, porque después de muchos e intensos huracanes (2005), hemos tenido dos años consecutivos (2006 y 2007) de muy escasos huracanes en el golfo de México y en el Atlántico Norte, lo cual echa por tierra el vaticinio que hizo Al Gore – en su célebre corto metraje- acerca de la creciente intensificación de los huracanes por el calentamiento global.

Además: La base de datos más completa y confiable sobre variaciones en las precipitaciones pluviales en el mundo – la del Global Precipitation Climatology Project (GPCP) – que abarca 27 años (de 1979 a 2005, inclusive) combinando varias fuentes de información (Sensor Especial de Imágenes de Microondas – SSM/I por sus siglas en inglés-, estimaciones de precipitación pluvial por rayos infrarrojos a partir de satélites en órbita y mediciones en la superficie) revela para los trópicos (25° S- 25° N): 1. Un incremento lineal de la lluvia en los océanos de 5.5% para todo el periodo y un decremento lineal de la lluvia en tierra de 1%, con un cambio cercano a cero en la precipitación global en el planeta y 2. Que los indicios de mayores precipitaciones pluviales en los océanos no son concluyentes, aunque tampoco desmienten “las ideas de una alteración en los ciclos hidrológicos atribuibles a un calentamiento del ambiente”. Ver “Tropical Rainfall Variability on Interannual-to-Interdecadal and Longer Time Scales Derived from the GPCP Monthly Product”, Adler, Robert F; Curtis, Scott; Huffman, George J; Gu, Guojun , agosto 1 de 2007 en “Journal of Climate” . (Este trabajo se puede consultar en la red sólo estando suscrito al motor de búsqueda especializado "Highbeam Research").

Lo cierto es que, aun aceptando la hipótesis del calentamiento global, éste habría disminuido – apenas 1% en 27 años- las precipitaciones pluviales en tierra, NO las habría incrementado.

Para la base de datos ver en este sitio de la NASA.

Nota (por si las dudas, ya ven que Miss Ecuador "cree" que el Everest es el río más caudaloso del mundo): Tabasco está en tierra, no en el océano.

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domingo, 5 de agosto de 2007

En defensa del escepticismo

Ahora resulta, según algunos fervorosos y agresivos apóstoles del “calentamiento global”, que lo científico es creer y no dudar.

No falla. Cada vez que he manifestado mi escepticismo sobre la moda del calentamiento progresivo del planeta presuntamente causado por las emisiones de CO2, recibo algún “regaño” por dudar de que haya sido demostrada satisfactoriamente dicha hipótesis. Los reproches van desde lo comedido hasta lo visceral y suelen estar acompañados de una admonición moralista: Mi escepticismo es reprochable, se me advierte, porque las conscuencias del “calentamiento” podrían ser tan terribles y destructoras que cualquier duda promueve criminalmente la extinción de la especie humana. De ese tamaño.

Esta vertiente moralista – totalmente acientífica- es lo más chocante. La ética no puede fundarse en mentiras o en patrañas, así el fin propuesto sea el más noble que algunos atinen a imaginar. Con la mejor de las intenciones, en el pasado algunos padres trataban de alejar a sus hijos adolescentes de la masturbación asegurándoles que dicha práctica onanista les provocaría males físicos u orgánicos abominables e irreversibles, desde la aparición inopinada de pelos en la palma de la mano hasta la demencia. Nadie puede dudar de la irreprochable intención de dichos padres, pero también es cierto que tales consejas eran patrañas.

Lo que se trata de dilucidar es si es cierto: 1. Que el planeta en su conjunto experimenta una fase de calentamiento irreversible por primera vez en su larga existencia y 2. Que, supuesto que se compruebe dicha fase de calentamiento de manera indubitable, la causa del mismo sean las emisiones de los llamados gases de invernadero.

Aun dando por cierta la primera premisa – la cual no ha sido posible demostrar dado que no disponemos de mediciones confiables y unívocas de la temperatura global que vayan más allá de un par de siglos, ¡contra millones de años de existencia del planeta!-, la segunda premisa es totalmente espúrea: Basta considerar que ni uno solo de los investigadores que sostienen la hipótesis del calentamiento ha aislado – para demostrar que no es la causa del calentamiento- la más probable de las variables independientes que explicarían el fenómeno: la actividad del sol durante los períodos en los que presumiblemente habría aumentado la temperatura.

Un poquito más de escepticismo científico y un poquito menos de moralina dizque ecologista no nos harían daño.

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lunes, 4 de junio de 2007

Gravar el conocimiento: Pésima idea

El hecho de que uno sea un buen científico - dedicado, digamos, a la biología molecular- no quiere decir que por ese hecho haga propuestas inteligentes de política tributaria.

La doctora Esther Orozco es la primera directora del flamante Instituto de Ciencia y Tecnología del Distrito Federal y ha propuesto la siguiente barbaridad:

"Queremos proponer a las entidades correspondientes un impuesto al conocimiento importado. Que las industrias y las empresas que decidan contratar personal y tecnología extranjera paguen un impuesto para preparar mejor a los mexicanos"


La doctora Orozco es una destacada especialista en biología molecular a quien no se le deben escatimar méritos como investigadora científica, pero su propuesta es una tontería del tamaño del Océano Pacífico. Encaracer el conocimiento sólo porque ese conocimiento proviene del extranjero es una propuesta primitiva que, de aplicarse, sólo aislaría a México de la economía del conocimiento, agravaría el atraso del país en productividad – y por lo tanto en bienestar – y ni siquiera beneficiaría a los científicos e investigadores mexicanos que es a quienes Orozco pretende otorgar una ventaja frente a los investigadores extranjeros.

A todas las discapacidades y taras competitivas que le hemos fabricado a México – protegiendo a productores ineficientes y depradores del mercado, sea en producción agrícola, sea en telecomunicaciones, sea en transporte, sea en algunas industrias manufactureras- añadiríamos una barrera proteccionista más: la de los conocimientos científicos y tecnológicos.

Es realmente extraño que una científica competente como la doctora Orozco ignore la importancia crucial de que el conocimiento no tenga nacionalidad ni barreras. ¿Estaría dispuesta la doctora Orozco a pagar un impuesto para enterarse de los hallazgos de sus colegas del departamento de biología molecular de la Universidad de Princeton o por conocer a los avances del Proyecto del Genoma Humano del Instituto Nacional de la Salud de Estados Unidos o estaría encantada de pagar un impuesto – que nadie paga en ningún lugar del mundo- sólo por acceder a la impresionante base de datos del Instituo Suizo de Bioinformática (SIB, Swiss Institute of Bioinformatics)?

Doctora Orozco: ¿Usted cree que los avances cientìficos y tecnológicos que han hecho China, los tigres asiáticos, la India y otros países, se lograron encareciendo o abaratando el conocimiento?

Usted sabe la respuesta. No juegue a la política barata, aunque esté en el equipo de Marcelo Ebrard. Dedíquese a la ciencia.

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sábado, 2 de junio de 2007

Una patraña fuera de serie

Todos los días puede encontrarse uno con patrañas – mentiras fabulosas, invenciones puras- pero sólo ocasionalmente la patraña rompe todas las marcas y se ostenta impunemente como científica.


El jueves un artículo de José Woldenberg elogiaba y citaba una reciente publicación de mexicanos especialistas, según el dicho de los propios autores, en bioética y en medicina. El texto de Woldenberg recogió algunas citas de un trabajo llamado: "El aborto y su dimensión médica y bioética" de Gregorio Pérez-Palacios, Raymundo Canales de la Fuente y Raquel Gálvez (contenido, a su vez, en un libro llamado "La construcción de la bioética" de Pérez Tamayo, Lisker y Tapia, editado este año por el Fondo de Cultura Económica).

Tal vez por mal tino o tal vez porque el trabajo citado está plagado de afirmaciones gratuitas de grueso calibre, las dos citas que hizo Woldenberg entusiasmado son para una antología de los disparates disfrazados de ciencia.

Primera cita: "A lo largo de casi toda la historia de la humanidad, el fenómeno reproductivo permaneció fuera del ámbito de la ética…puesto que su realización tenía lugar sin la participación de la conciencia y la voluntad". De ser cierta esta enormidad, estaríamos ante un hallazgo científico inconmensurable que obligaría a tirar a la basura abrumadora evidencia antropológica, histórica, psicológica, biológica, filosófica y hasta literaria.

Lo que dicen estos autores es nada menos que durante varias centenas de siglos el ser humano se reprodujo sin percatarse de que él intervenía en ello, simplemente le sucedía…, como si cayese un meteorito de quién sabe dónde.

¿Quieren decir, en serio, que durante siglos las hembras de la especie humana quedaban embarazadas y que ni ellas, ni los machos de la especie, atinaban a relacionar ese hecho con el coito? ¡Asombroso!

Los autores insisten, esta es la otra cita que copió Woldenberg: "La función reproductora del ser humano…se convierte en objeto de estudio de la ética (y el derecho)…en el momento en que…a través de la ciencia logra el conocimiento que le permitirá intervenir en su función reproductiva" ¿Cuándo sucedió eso según estos charlatanes? Porque desde la épica de Gilgamesh (2,750 antes de Cristo) se conocían diversas formas de "intervenir en la función reproductiva" y se valoraban éticamente, como buenas o como malas.

¿Ciencia? No, patrañas propagandísticas.

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miércoles, 30 de mayo de 2007

Otro problema que nos ahorramos

Las mejores universidades del mundo están en Estados Unidos, pero la mayoría de los egresados de doctorado de esas universidades – mayoritariamente asiáticos, no estadounidenses- enfrentan toda clase de obstáculos idiotas para quedarse a trabajar e investigar en Estados Unidos.

Hace una semana Thomas L. Friedman publicó en The New York Times un revelador artículo acerca de la estupidez política, se llama “Laughing and Crying” – riendo y llorando- y cuenta sus agridulces reflexiones tras asistir a una ceremonia de graduación de doctorados en el Rensselaer Polytechnic Institute, una de las mejores escuelas del mundo en ingeniería y ciencias.

Dicho en pocas palabras: Un estadounidense puede sentirse orgulloso de que su país tiene las mejores universidades del mundo, pero debe sentirse preocupado de que la mayoría de los egresados de doctorados en esas universidades NO son estadounidenses, porque el resto del sistema educativo estadounidense está fallando miserablemente en formar buenos candidatos a ser científicos, tecnólogos e investigadores de calidad.

Pero no es ese hecho el que hace llorar a Friedman, sino – más grave aún- el hecho de que la mayoría de esos nuevos doctores – formados por la crema y nata de la ciencia mundial- seguramente NO se quedarán a investigar y trabajar en Estados Unidos ¡gracias a los estúpidos prejuicios contra la migración que se han vuelto a poner de moda en ese país y que los políticos usan para captar votos y electores!

Junto con su título académico Hong Lu, Xu Tie, Tao Yuan, Fu Tang - todos nombres chinos inventados por Friedman- deberían recibir su certificado de residencia definitiva en Estados Unidos (“green card”)…, pero no. Lo más probable es que Lu, Tie, Yuan y Tang reciban toda clase de señales – del gobierno y de muchos estadounidenses- de que no son bienvenidos, ya sea porque se especula que les quitarán empleos a los estadounidenses o, peor todavía, porque políticos y periodistas populistas (e idiotas) siembran la sospecha de que, por ser extranjeros, son criminales o terroristas en potencia.

Es para llorar. Lo bueno, para nosotros los mexicanos, es que no nos tenemos que preocupar por ese tipo de asuntos. Ni en sueños, nuestras universidades, públicas o privadas, están formando a la vanguardia científica del mundo. ¡Qué alivio!, ¿o no?

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miércoles, 11 de abril de 2007

El cuarto viaje de Colón y el cambio climático (II)

Además de haber elegido un pésimo ejemplo para sustentar su embuste – el huracán Katrina-, la presunción de Gore de que el calentamiento global por emisiones de CO2 ha aumentado la intensidad y la frecuencia de los huracanes hace agua por todos lados.

En términos de intensidad, profundidad en el océano, precipitación pluvial, velocidad de los vientos y duración el huracán Katrina no fue memorable. Al tocar tierra su intensidad era de apenas tres – en una escala que llega hasta cinco- y si causó tantas pérdidas humanas y materiales fue por el pésimo estado en que se encontraban los diques que presuntamente protegían a Nueva Orleáns de los embates del mar.

Irónicamente, como señaló con agudeza el brillante economista catalán, catedrático de la Universidad de Columbia, Xavier Sala-i-Martín – en un estupendo artículo- “hacia años que los científicos estaban avisando al gobierno de que cualquier huracán que pasara por encima de los viejos diques podría romperlos y causar una catástrofe. Digo que es una ironía porque ¿adivinan quién era el vicepresidente del gobierno que decidió ignorar esos consejos y no reparar los diques? La respuesta, señor Gore, sí es una verdad incómoda”.

Además de elegir un pésimo ejemplo Gore presume un cambio significativo en la tendencia de largo plazo de los huracanes partiendo de una serie histórica por demás escuálida – diez años a lo sumo- que, como sabe cualquier estudiante de métodos estadísticos, es inaceptable para establecer tendencias y pronósticos cuando estamos hablando de un fenómeno que se ha repetido hace millones de años.

La base de datos más amplia sobre huracanes que existe en el mundo la posee el Centro Nacional de Huracanes de Florida y empieza, apenas, en 1886, pero el propio Centro advierte a cualquier investigador que sólo a partir de 1944 – cuando empezaron a usarse aviones para estudiar los huracanes- esa serie histórica podría ser confiable y, aún así, recomienda extrema cautela con los datos de 1944 a 1969 que tienen un sesgo estadístico – sobrestimación- considerable. (Sobre estas advertencias, ver aquí).

No terminan ahí las falsedades de los profetas de la catástrofe climática; hay más, seguiré mañana.

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