martes, 3 de marzo de 2009

La crisis en pantuflas (2)

¿Por qué los políticos en los Estados Unidos tampoco quieren que los bancos se pongan a rematar casas de deudores incumplidos?

1. Porque una epidemia de ejecuciones de hipotecas de mala calidad no sólo le añadiría un sombrío dramatismo a la crisis (pésima propaganda política para la menguante Obama-manía), sino que también sería la demostración de que el conjunto de la clase política estadounidense – republicanos y demócratas a la par- engañó durante la última década a millones de ciudadanos predicando que cualquiera, sin importar si tenía o no ingresos estables, podía adquirir una casa a crédito.

2. Porque tal epidemia desplomaría aún más los precios de la vivienda y, con ellos, los hoy dudosos valores de mercado de miles de activos financieros, lo que orillaría a la quiebra a más bancos y similares (que sería imposible rescatar), y lo que provocaría un mayor desplome en la construcción de nuevas viviendas, aumentando el desempleo y agravando la depresión.

3. Porque junto con los precios de la vivienda caería en picada la capacidad de consumo (vía crédito) de millones de estadounidenses, perjudicando además a todos los países (de China a México) que les venden mercancías.

4. Porque significaría dejar sin trabajo a decenas de miles de burócratas, hoy empleados federales, enquistados en Fannie Mae y Freddie Mac, los dos monstruos para-estatales rescatados, que son ya bastiones irrenunciables para la clase política.

5. Porque nadie parece tener los tamaños para aventarse el “tiro” de decirle a centenares de miles de inversionistas en el mundo (incluidos algunos gobiernos de países emergentes que han invertido sus reservas en Bonos del Tesoro), que el asunto es como una “pirámide” o “esquema Ponzi” que deja a Bernie Madoff como un aprendiz.

La burbuja es tan grande que nadie se atreve a reventarla. Sigamos, pues, inflándola a billetazos…

Vistas así las cosas, en pantuflas, la discusión sobre la “nacionalización” de los grandes bancos parece bizantina. De nada servirá que el gobierno de Estados Unidos sea dueño del 36% de Citi, si nadie se atreve a reconocer que gran parte de los papelitos guardados en el cajón del banco (los activos en riesgo) sólo valen el papel en el que están registrados.

¿Quién será el valiente, entre los políticos, que se anime a proclamar que el rey se pasea en cueros?

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martes, 8 de enero de 2008

China: Dejar a los "santos" en sus altares

La tercera lección del gran viraje chino es: Emancipa tu mente, deja los cartabones ideológicos para los discursos y deja a los "santos", como Mao, en sus altares, no permitas que estorben las reformas.

A pesar del fracaso evidente de la "revolución cultural" y de las atrocidades provocadas por el "gran timonel" – digamos los millones de muertos por hambre a causa de la colectivización del campo -, el nombre de Mao Tse Tung, la ideología comunista y toda la parafernalia heredada seguían siendo intocables en 1978, cuando se efectuó el tercer pleno del 11 Comité Central del Partido Comunista.

Yu Guangyuan, testigo del pleno y de sus trabajos preparatorios como asistente de Deng Xiaoping, consigna que el propio Deng tuvo mucho cuidado en dejar inmaculado el nombre de Mao y en advertir que nadie debería poner en duda la sabiduría del gran líder; hecho esto, formulados los "cuatro principios cardinales" – que fueron la garantía ofrecida por Deng de que por ningún motivo las reformas pondrían en riesgo el monopolio de poder del Partido-, y una vez que bañaron de incienso la figura histórica de Mao y que todos hicieron profesión de fe en el comunismo, se pusieron a trabajar en lo que verdaderamente importaba: Cómo sacar del atraso y de la miseria a China…

En cierta forma, Deng jugó el papel de severo guardían de la pureza ideológica, durante su discurso del 25 de noviembre, frente a las propuestas más audaces de cambio, como las que había formulado Chen Yun en su discurso del 12 de noviembre (cuando significativamente Deng no estaba en la reunión) llamando a dejar atrás la "revolución cultural" y virar toda la discusión del congreso hacia cómo lograr el desarrollo económico. Pero aun como guardían de la pureza Deng exhortó a sus camaradas a "emancipar su mente", lo que – a la postre- significó: "No dejemos que los dogmas nos detengan".

Más tarde se popularizaría otra metáfora que podemos aplicar a este compromiso entre dogmas y reformas: La jaula y el pájaro. El ave, que simboliza la emancipación mental, debe volar libre pero nunca fuera de la jaula que es la preservación del partido y de sus dogmas. El chiste – que en México muchos políticos "revolucionarios" jamás han entendido- es que conforme vuela más alto y más lejos el ave, más crece la jaula…hasta volverse invisible o del tamaño del cosmos.

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martes, 10 de julio de 2007

Reforma migratoria y política fiscal

Una inteligente reforma migratoria podría darle salida al grave problema fiscal de Estados Unidos, pero la miopía de políticos y comentaristas – que no ven más allá de su racismo- ha impedido que los inmigrantes calificados sean la respuesta al envejecimiento de los otrora bebés de la posguerra.

El envejecimiento de la generación nacida en los años inmediatos posteriores a la Segunda Guerra Mundial no sólo tiene en jaque el futuro de la productividad de la economía estadounidense, sino también a sus precarias finanzas públicas.

El año 2000, Kjetil Storesletten de la Universidad de Estocolmo y del Centro de Investigación de Políticas Económicas, publicó un trabajo de investigación: “Sustaining Fiscal Policy through Immigration” – “Sosteniendo la política fiscal a través de la inmigración”- difundido por la Universidad de Chicago, que demuestra sólidamente que una reforma migratoria que permitiese a Estados Unidos aceptar cada año 1.6 millones de inmigrantes jefes de familia entre 40 y 44 años con calificación laboral media y alta, bastaría para resolver los graves problemas fiscales que enfrenta ese país por el envejecimiento de los bebés de la posguerra.

El trabajo muestra que: 1. Una apertura migratoria generaría muchos mayores ganancias que pérdidas a las finanzas públicas de Estados Unidos, 2. Que la reforma migratoria debería crear un sistema semejante al canadiense, de selección por puntos, en los que la calificaciones laborales de los inmigrantes junto con su edad productiva fuesen criterios determinantes, 3. Que Estados Unidos ganaría mucho si automáticamente otorgase la residencia permanente a los extranjeros doctorados en sus universidades.

La alternativa fiscal a NO hacer una reforma migratoria es elevar considerablemente los impuestos y las cuotas de seguridad social y/o que se reduzcan sustancialmente los beneficios a retirados y a los trabajadores inscritos en programas de bienestar.

Además: 1. Los inmigrantes aportan una ganancia neta al sistema fiscal y de seguridad social, porque retiran de él menos de lo que aportan y 2. Hay un porcentaje superior al 20 por ciento de trabajadores inmigrantes que retornan a su país de origen tras haber aportado al menos una década de trabajo, impuestos y cuotas de seguridad social que quedan como beneficio fiscal neto para Estados Unidos.

Sólo la estupidez de políticos y comentaristas, que no ven más allá de sus prejuicios raciales, explica por qué Estados Unidos conspira contra su bienestar.

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