jueves, 16 de abril de 2009

Todavía no, pero ahí vamos…

¿Ya comenzó la recuperación de la actividad económica? No.

¿Ya regresó la confianza a los mercados? Sí, de forma incipiente pero significativa.

Estamos hablando de procesos distintos, aunque fuertemente vinculados. La recesión es de largo aliento, se fue extendiendo y profundizando durante 2008, pero se incubó desde 2007 con la debacle de las hipotecas de baja calidad y de los productos de inversión estructurados que les correspondían en la otra columna del balance (“tus pasivos son mis activos; si tú eres insolvente, yo estoy perdido”).

La pérdida de la confianza, en cambio, fue súbita y brutal. Tanto así que puede fecharse el 15 de septiembre de 2008 con la quiebra de Lehman Brothers. En ese momento los mercados financieros “leyeron”, asustados, que las respuestas de las autoridades estadounidenses ante la crisis estaban siendo erráticas y desconcertantes.

Hasta esa fecha los medios de comunicación generales, no especializados, andaban en otros asuntos, desdeñaban la crisis económica porque eso no vendía y porque generalmente no la entendían (que nadie se ofenda, pero al día de hoy la mayoría sigue sin entender de qué se trata, lo que no obsta para que todos pontifiquen); por ejemplo, en México los medios andaban, en esos días, alborotados con la nota roja, los secuestros y las mantas de los narcotraficantes. En Estados Unidos pasaba otro tanto: la contienda electoral estaba en su apogeo y ningún candidato registró la crisis como su caballito de batalla. A partir de la quiebra de Lehman las campañas se focalizaron en la recesión, los rescates fallidos, la búsqueda de chivos expiatorios y demás.

Para quienes gustan de las analogías médicas, la súbita pérdida de confianza fue causada por un evento iatrogénico (que significa: un agravamiento del estado del paciente generado por la incompetencia del médico tratante); digamos que alguien se equivocó en el hospital y le transfundió sangre del tipo equivocado al enfermo. Casi lo matan.

Ese episodio iatrogénico es el que empieza, en estos días, a superarse. El plan de Tim Geithner para limpiar los activos tóxicos no es una panacea, pero al menos es un plan. El tardío reconocimiento de que, después de todo, no habrá más remedio que un proceso judicial de quiebra para GM (siglas que aún no significan, esperemos, “Government Motors”), quiere decir que ya no están tan atolondrados en la sala de urgencias; los resultados del G-20 no fueron tan decepcionantes como algunos habíamos temido; Barack Obama ya se acordó de que hay un mundo afuera de Estados Unidos…Ahí vamos.

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martes, 24 de marzo de 2009

China, sus motivos y el dólar

Ahora fue el gobernador del banco central de China, Zhou Xiaochuan, el encargado de enviar el mensaje a los Estados Unidos. Bajo el ropaje de un ensayo académico el banquero central chino propone una idea perturbadora e irrealizable en el corto plazo, pero que no deja de tener engañosos atractivos: Que el dólar deje de ser la moneda mundial de reserva (ninguna autoridad mundial ha decretado que el dólar lo sea, pero así es de hecho) y que se establezca una nueva moneda mundial de reserva administrada y emitida por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y que, por lo tanto, no sea la divisa nacional de nadie.

La propuesta es irrealizable, al menos en el corto plazo, y desaconsejable; a pesar de que podría parecer que una moneda internacional de reserva, digamos los Derechos Especiales de Giro (DEG) del FMI, obligaría a todos los países, empezando por Estados Unidos, a una mayor responsabilidad fiscal. Desaconsejable, entre otras razones, porque supondría convertir al FMI en un súper-banco central mundial, con un poder inmenso y temible. Muy peligroso. Pero además irrealizable porque la experiencia histórica nos ha mostrado que, más allá de los deseos de los voluntariosos políticos y gobernantes, son los mercados los que acaban eligiendo la moneda que mejor les acomoda como moneda de reserva, que no necesariamente ni en todo momento –¡atención!- es la moneda de mejor calidad, sino la más fácilmente comerciable que, a veces y por la misma razón, puede ser la moneda más mala, que es la que todos preferimos usar para pagar deudas y mercancías, en lugar de atesorarla.


En realidad ése es el grave problema de China en estos momentos: Atesoró en una moneda que podría haber sido la equivocada; y esa, ¡ay!, es la ventaja de Estados Unidos: Se endeudaron a lo bestia en la moneda que ellos mismos emiten.

Ni el gobierno chino, ni el gobernador de su banco central, parecer estar proponiendo en serio esa nueva arquitectura para el sistema financiero del mundo. Expresan su preocupación ante la eventualidad de que el gobierno de Barack Obama intente una depreciación rápida del dólar – mediante el despilfarro fiscal- para amortizar de forma acelerada y tramposa sus deudas (el sueño de todo “barzonista”). Es la natural preocupación del acreedor cuando ve que su deudor es adicto al derroche.

Preocupación legítima, respecto de la cual el gobierno de China no puede hacer mucho más que quejarse. ¿A dónde moverá sus reservas?, ¿al Rand sudafricano?

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martes, 3 de marzo de 2009

La crisis en pantuflas (2)

¿Por qué los políticos en los Estados Unidos tampoco quieren que los bancos se pongan a rematar casas de deudores incumplidos?

1. Porque una epidemia de ejecuciones de hipotecas de mala calidad no sólo le añadiría un sombrío dramatismo a la crisis (pésima propaganda política para la menguante Obama-manía), sino que también sería la demostración de que el conjunto de la clase política estadounidense – republicanos y demócratas a la par- engañó durante la última década a millones de ciudadanos predicando que cualquiera, sin importar si tenía o no ingresos estables, podía adquirir una casa a crédito.

2. Porque tal epidemia desplomaría aún más los precios de la vivienda y, con ellos, los hoy dudosos valores de mercado de miles de activos financieros, lo que orillaría a la quiebra a más bancos y similares (que sería imposible rescatar), y lo que provocaría un mayor desplome en la construcción de nuevas viviendas, aumentando el desempleo y agravando la depresión.

3. Porque junto con los precios de la vivienda caería en picada la capacidad de consumo (vía crédito) de millones de estadounidenses, perjudicando además a todos los países (de China a México) que les venden mercancías.

4. Porque significaría dejar sin trabajo a decenas de miles de burócratas, hoy empleados federales, enquistados en Fannie Mae y Freddie Mac, los dos monstruos para-estatales rescatados, que son ya bastiones irrenunciables para la clase política.

5. Porque nadie parece tener los tamaños para aventarse el “tiro” de decirle a centenares de miles de inversionistas en el mundo (incluidos algunos gobiernos de países emergentes que han invertido sus reservas en Bonos del Tesoro), que el asunto es como una “pirámide” o “esquema Ponzi” que deja a Bernie Madoff como un aprendiz.

La burbuja es tan grande que nadie se atreve a reventarla. Sigamos, pues, inflándola a billetazos…

Vistas así las cosas, en pantuflas, la discusión sobre la “nacionalización” de los grandes bancos parece bizantina. De nada servirá que el gobierno de Estados Unidos sea dueño del 36% de Citi, si nadie se atreve a reconocer que gran parte de los papelitos guardados en el cajón del banco (los activos en riesgo) sólo valen el papel en el que están registrados.

¿Quién será el valiente, entre los políticos, que se anime a proclamar que el rey se pasea en cueros?

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jueves, 26 de febrero de 2009

Pruebas de estrés, allá y acá

La novedad serán las “pruebas de estrés” a las que someterán a los grandes bancos en Estados Unidos. Algo así como las pruebas de esfuerzo que se hacen, generalmente a los adultos, para verificar su condición cardiovascular. Llegará un enviado del secretario del Tesoro, armado con un ábaco – por aquello de las lecciones que dejó el estancamiento de la economía japonesa - y someterá a los balances de cada banco a duros ejercicios de simulación: “¿cuánto capital fresco necesitará el banco si un incremento en el desempleo nacional de tres puntos porcentuales se traduce en un aumento de dos puntos porcentuales en la cartera vencida?”.

En realidad le están inventando una fascinante tarea a los econometristas, quienes harán bonitos modelos matemáticos relacionando un montón de variables tales como: desempleo, precios de los “commodities”, ejecuciones de hipotecas, índice de confianza de los consumidores, construcción de nuevas viviendas, precios de los bienes raíces, índices bursátiles, futuros de las divisas, precios y tasas de los bonos del Tesoro, valuación a precios de mercado de los fondos de cobertura y 27 variables más. Se pone todo en una licuadora, se persigna el investigador, se enciende la licuadora econométrica (“aprietas F9”) y se llega a una cifra…Con el resultado se decidirá lo que ya es previsible: Demasiado grande para dejarlo quebrar, aunque el meollo del asunto debería ser: Demasiado grande para dejarlo existir. ¿Por qué no empezamos a fragmentar y desconectar los riesgos? (Es una idea como cualquier otra y, al parecer, se vale cualquier ocurrencia en esta crisis).

Ya más en serio (lo que no significa que lo anterior haya sido del todo una broma), eso de las pruebas de estrés funcionaría también para que en el Senado, en México, antes de nombrar a los miembros de un organismo técnico y regulador, sometan a los candidatos a pruebas de estrés para ver cómo reaccionarán ante determinados eventos.

Por ejemplo, al aspirante a ocupar la presidencia de la Cofetel le podrían preguntar: “¿Qué haría usted si recibe una grabación, clandestina e ilegal, de las conversaciones telefónicas del funcionario que es la cabeza del sector de las comunicaciones en el gobierno federal?” Si el aspirante contesta: “Le entrego las grabaciones a una de sus subordinadas para que se lo grille”, entonces debe ser designado por aclamación: “Bienvenido, arquitecto, con usted las telecomunicaciones de este país no podían estar en mejores manos”.

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