sábado, 21 de marzo de 2009

La solución desde el Sur

El Sur tendrá que consumir un poco más. El Norte tendrá que ahorrar un poco más. El Sur tiene muchas necesidades. El Norte tiene muchas deudas.

La idea puede ser expresada de muchas formas e ilustrarse con los más variados ejemplos. Es una idea que, en medio de la crisis global, se está esparciendo sin hacer mucho ruido, como suelen hacerlo las ideas que valen la pena y que sin duda pasó inadvertida para los amantes del estruendo – los ruido-traficantes – que, por ejemplo, siguieron bostezando presas del aburrimiento cuando la oyeron, pero no la escucharon, en la reciente Convención Bancaria celebrada en Acapulco.

Quien lanzó la idea, la mañana del viernes durante la reunión de los banqueros, fue el doctor Raghuram G. Rajan, indio, ex economista en jefe del Fondo Monetario Internacional y asesor del gobierno indio. Dicho esquemáticamente: Tenemos que orientar hacia el consumo a las economías emergentes para que abandonen paulatinamente el modelo de economías netamente exportadoras y acreedoras.

El ejemplo más claro de esta tendencia hacia un nuevo equilibrio global, donde el Norte se tiene que volver más “frugal” y el Sur se tiene que volver más “dispendioso” es el de la relación económica entre Estados Unidos y China. Dicho sea de paso, el gobierno chino lo entiende claramente, mientras que el gobierno de Estados Unidos no, porque está atrapado en una paralizante politización ideológica de la crisis.

El problema en las economías emergentes (Sur) es ¿cómo le hacemos para consumir más?, ¿cómo aumentamos la demanda si, para ello, tenemos antes que aumentar las inversiones productivas que permitan generar los excedentes para gastar?

La respuesta también pudo oírse en la reunión de los banqueros. Cuando menos la mencionaron tanto el Secretario de Hacienda como el Gobernador del Banco de México: Hay que hacer reformas estructurales que detonen el potencial de crecimiento de economías atrapadas en arreglos notoriamente improductivos, como es el caso de México.

Un arreglo notoriamente improductivo es nuestra legislación laboral; otro, el arreglo que impide una verdadera competencia en áreas clave para el crecimiento, como las telecomunicaciones; otro más, el monopolio energético. Tales arreglos nos hacen más cara la vida y nos impiden disponer de recursos para el consumo y para un mayor bienestar.

Reformar es deshacer esos arreglos improductivos y cambiarlos por arreglos que produzcan bienestar.

Casi todo lo demás fue ruido. Es decir, lo demás es lo que la mayoría de los medios de comunicación difundieron alrededor de esa reunión.

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martes, 12 de febrero de 2008

El misterio del crecimiento y la productividad

¿Por qué el PIB de México no crece de forma sostenida a tasas más elevadas, digamos de 7% u 8% anual?

Mi respuesta inmediata ante esta pregunta suele ser: "México no crece a tasas más elevadas porque padecemos múltiples obstrucciones a la productividad". Y podemos enumerar decenas de dichos obstáculos: precarios derechos de propiedad, barreras a la competencia, restricciones a la inversión, lamentable calidad de la educación, excesivas regulaciones, presencia de monopolios públicos y privados en áreas estratégicas…

Tal vez, sin embargo, la respuesta deba ir más allá de la noción típica de productividad como la relación entre lo producido y los medios empleados en la producción, para enfatizar que ese cociente – el resultado de dividir lo producido entre el caudal de medios e insumos empleados- tiene que definirse en términos de beneficio neto para el consumidor. Es decir: Productividad es todo aquello que nos hace la vida más llevadera como consumidores.

Intento un ejemplo para tratar de arrojar luz sobre esa distinción: La empresa A obtiene una utilidad neta de 45 por ciento sobre sus ventas brutas porque disfruta de una condición monopolística en el mercado. El principal medio empleado para lograr esa condición y esa elevada rentabilidad podemos resumirlo en: "Excelentes relaciones con la agencia gubernamental reguladora y con los legisladores". ¿Es eso productividad? No. Podrá definirse como rentabilidad pero no como productividad porque no se ha generado una riqueza adicional a través del proceso productivo o de mejoras en los factores de la producción (capital financiero, trabajo, conocimientos, destrezas, capital humano, tecnología), sino que se ha verificado una apropiación de rentas, un juego de suma cero: El beneficiario, cazador de rentas, ha obtenido su utilidad despojando a los consumidores de un excedente que los consumidores podrían haber disfrutado en condiciones de competencia o libre mercado. Para el conjunto de la economía se trata, de hecho, de un retroceso en términos de productividad: La vida se ha hecho más difícil, más cara, de lo que podría ser en condiciones de verdadera competencia.

Hay que añadir, entonces, una precisión a la respuesta original sobre las causas del mediocre crecimiento económico: Abrumadores obstáculos a la productividad definida éste en términos de beneficios netos para el consumidor.

Lo cual nos lleva al gran problema de ¿por qué los intereses del consumidor están tan mal defendidos en el terreno institucional? Problema que abordaré mañana.

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lunes, 29 de octubre de 2007

La receta africana

Para variar ya no nos fijemos en lo que hicieron las economías desarrolladas para serlo, invirtamos la fórmula: Veamos qué ha hecho África para retroceder y…hagamos todo lo contrario.

Una patera es una embarcación pequeña de fondo plano, sin quilla. Cada año miles de africanos intentan llegar a España o a Italia hacinados en esas precarias embarcaciones. ¿Por qué? Porque huyen de la miseria; se arrojan al mar en las pateras para alejarse, aunque sea un pequeño escalón, del infierno.

El economista español Juan Velarde Fuentes resumió ayer en unas cuantas líneas en el periódico ABC las causas de la miseria de un continente que, teniendo una riqueza envidiable en materias primas y recursos naturales, retrocede en lugar de avanzar. La emancipación, la independencia de regímenes coloniales, de forma absurda se han traducido en mayores penalidades, ¿por qué?

Aprovecho algunas ideas de Velarde para dar mi propia versión de la receta africana, infalible para lograr la miseria creciente y perpetua:

1. Por regla general los países africanos padecen gobiernos profunda y extensamente intervencionistas; súmese a ello que sus burocracias no sólo son proverbialmente incompetentes y autoritarias, sino corruptas.

2. Campea en la mayor parte de África una inseguridad jurídica espantosa; los poderes judiciales distan de ser independientes y se puede esperar cualquier cosa de ellos menos la aplicación lisa y llana de la ley.

3. Dos principios más o menos generalizados en el llamado mundo occidental están ausentes en la mayor parte de África, más aún, son profundamente repudiados: A. El respeto a los derechos de propiedad y B. Los rudimentos de una democracia liberal.

4. La cereza en el pastel es la ayuda paternalista – y no pocas veces hipócrita- que recibe África de los países desarrollados y de organismos como las Naciones Unidas: Ha servido para enriquecer a gobiernos corruptos y despóticos, casi nunca promueve las iniciativas individuales, no gubernamentales, de los africanos (porque desconfía de ellas) y, además, le da el pretexto perfecto a los políticos locales – ávidos de poder y riqueza personal- para culpar de todos los males de África a los malvados de occidente; en este sentido, la mala conciencia de los filántropos paternalistas fabrica el perfecto chivo expiatorio.

Cualquier semejanza con América Latina NO es casualidad.

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