domingo, 14 de septiembre de 2008

Necesitamos más lucro y menos "benefactores"

Los bancos debieran ser los primeros interesados en promover la educación y la cultura financieras, pero no por fingido altruismo sino porque un mercado financiero educado e informado es lo mejor para su negocio.



Hace días tuve la fortuna de participar, como expositor, en un seminario de educación económica y financiera. Fue una experiencia aleccionadora porque a un grupo de tres comunicadores irreverentes nos tocó discutir justo después de que el auditorio había escuchado a tres insospechados "filántropos" a sueldo de dos bancos privados y de un organismo gubernamental.

Mi primera sorpresa es que los funcionarios bancarios hablaron como misioneros entregados a la tarea de llevar desinteresadamente la luz de la educación financiera a las masas. No me sorprendió tanto que el funcionario gubernamental adoptase el mismo tono porque ya se sabe que la mayoría de los políticos y funcionarios de gobierno suelen hablar en público como apóstoles consumidos por el celo de servir a los demás.

Entiendo que un banco comercial esté sumamente interesado, en un país como México, en promover la educación y la cultura financieras porque una sociedad que conozca mejor los entresijos de la economía y los beneficios de la intermediación financiera será una sociedad que recurrirá con mayor frecuencia e intensidad a los servicios bancarios.

¿Por qué no decirlo así?, ¿por qué el tono de las exposiciones de estas personas nunca fue el de quien está proponiendo a su auditorio un negocio en el que ambas partes ganarán?

La razón es porque en México el lucro tiene una pésima prensa y, en cambio, los redentores reciben aplausos, premios y hasta candidaturas a la Presidencia.

Pero un punto de partida crucial, para cualquier educación económica que valga la pena, es reconocer que los seres humanos nos movemos por incentivos y que en la mayoría de los casos tales incentivos son egoístas. Ni el banco está para regalarme nada, ni yo estoy para regalarle nada al banco. Los bancos son útiles y necesarios porque son un negocio; en la medida que actúan en un entorno de libre competencia y ajustándose a reglas sencillas (al cumplimiento estricto de los contratos, por ejemplo) obtienen beneficios para sus accionistas y benefician también a sus clientes, quienes no acudimos al banco para ver en qué les podemos servir a los banqueros, sino en qué nos pueden servir ellos a nosotros. Y viceversa.

Etiquetas: , , , , , ,

miércoles, 14 de mayo de 2008

Oficio, legislador; actividad, promover el fracaso

¿Qué hace un político mediocre e incompetente – la lista en el mundo es extensa- ante la prosperidad que es resultado del éxito? Castigarla, si es posible prohibirla, igualar hacia abajo, regodearse en la promoción del fracaso.

Uno supondría que los políticos locales en Massachussets están orgullosos de la concentración de capital intelectual en su estado, en el que tienen su sede varias universidades que ocupan los primeros lugares en el mundo, empezando por Harvard. Error. Al menos varios de esos políticos, legisladores locales, parecen profundamente resentidos por el éxito de esos centros de excelencia educativa y por la prosperidad que se deriva de dicho logro.

Encabezados por el representante Paul Kujawski, del Partido Demócrata, han propuesto al departamento de ingresos del gobierno del estado analizar la viabilidad de gravar con un impuesto de 2.5% anual la porción de las donaciones que reciban las universidades que exceda de los mil millones de dólares. Al menos nueve universidades en Massachussets reciben donaciones que sobrepasan ese monto.

Más que la generación de ingresos adicionales para el estado, cosa que no sucederá porque el impuesto ahuyentaría a los donantes, Kujawski confiesa que el objetivo de su propuesta es disminuir las donaciones "exorbitantes" y que, supone, no están dictadas por fines auténticamente altruistas.

Es, pues, un impuesto contra el éxito dictado por la envidia, algo electoralmente muy vendedor y mercancía habitual de los populistas.

Greg Mankiw, profesor de Harvard y famoso economista, escribió en su bitácora en la red que ante un impuesto así, en caso de darse, Harvard debería fundar de inmediato un nuevo campus en otro estado con clima más benigno, que podría llamarse Harvard Sur, y canalizar a todos los donantes y todas sus donaciones a ese nuevo destino, al tiempo que Harvard Norte – la sede original- emprende una lenta y ventajosa venta de terrenos hasta desaparecer.

¿Eso es lo que quiere lograr Kujawski?

Kujawski – dice la página de este político en la red- estudió un B. A. (licenciatura) en North Adams State College, toda su vida laboral se ha dedicado a la política y ha sido legislador local desde hace 14 años. Pone en su currículum como "Profesión": Legislador. No sabrá hacer otra cosa. Pero habrá que aclararle que ésa no es una profesión, sino un oficio generalmente pernicioso para los demás.

Etiquetas: , , , , , , , , , ,

lunes, 29 de octubre de 2007

La receta africana

Para variar ya no nos fijemos en lo que hicieron las economías desarrolladas para serlo, invirtamos la fórmula: Veamos qué ha hecho África para retroceder y…hagamos todo lo contrario.

Una patera es una embarcación pequeña de fondo plano, sin quilla. Cada año miles de africanos intentan llegar a España o a Italia hacinados en esas precarias embarcaciones. ¿Por qué? Porque huyen de la miseria; se arrojan al mar en las pateras para alejarse, aunque sea un pequeño escalón, del infierno.

El economista español Juan Velarde Fuentes resumió ayer en unas cuantas líneas en el periódico ABC las causas de la miseria de un continente que, teniendo una riqueza envidiable en materias primas y recursos naturales, retrocede en lugar de avanzar. La emancipación, la independencia de regímenes coloniales, de forma absurda se han traducido en mayores penalidades, ¿por qué?

Aprovecho algunas ideas de Velarde para dar mi propia versión de la receta africana, infalible para lograr la miseria creciente y perpetua:

1. Por regla general los países africanos padecen gobiernos profunda y extensamente intervencionistas; súmese a ello que sus burocracias no sólo son proverbialmente incompetentes y autoritarias, sino corruptas.

2. Campea en la mayor parte de África una inseguridad jurídica espantosa; los poderes judiciales distan de ser independientes y se puede esperar cualquier cosa de ellos menos la aplicación lisa y llana de la ley.

3. Dos principios más o menos generalizados en el llamado mundo occidental están ausentes en la mayor parte de África, más aún, son profundamente repudiados: A. El respeto a los derechos de propiedad y B. Los rudimentos de una democracia liberal.

4. La cereza en el pastel es la ayuda paternalista – y no pocas veces hipócrita- que recibe África de los países desarrollados y de organismos como las Naciones Unidas: Ha servido para enriquecer a gobiernos corruptos y despóticos, casi nunca promueve las iniciativas individuales, no gubernamentales, de los africanos (porque desconfía de ellas) y, además, le da el pretexto perfecto a los políticos locales – ávidos de poder y riqueza personal- para culpar de todos los males de África a los malvados de occidente; en este sentido, la mala conciencia de los filántropos paternalistas fabrica el perfecto chivo expiatorio.

Cualquier semejanza con América Latina NO es casualidad.

Etiquetas: , , , , , , ,

viernes, 9 de marzo de 2007

El Estado y su monopolio de la "bondad"

El legendario Scrooge ahuyenta de mal modo a los pedigüeños: "¡Ya pago impuestos!", como si les recordase: "Pídanle al munificente Estado la compasión que me expropió".


La tradicional virtud judeocristiana de la caridad, merced a la absorción y anulación de las virtudes personales en el gran e impersonal colectivo del Estado, acabó en un sucedáneo de ínfima calidad, rebautizada como "sensibilidad social".

El Estado de Bienestar significa en el fondo que la bondad – en una versión diluida en retórica vacua – se ha vuelto otro de los monopolios del omnipresente Estado. No hay más virtud individual, el hombre se redime dejándose arrastrar por la corriente colectiva y todo lo que se le pide es que se adhiera con más o menos fervor a la consigna dictada por los políticos: "No soy nada sin el Estado".

A diferencia de la que ejercían las abnegadas religiosas y religiosos dedicados, para mayor gloria de Dios, a socorrer el prójimo, la compasión se ha funcionarizado. La ejercen funcionarios a sueldo, como la enfermera – bien o mal pagada por el Estado- que despacha apresurada un medicamento mientras observa inquieta el reloj para no llegar tarde a la asamblea sindical en la que se discutirán las próximas demandas salariales que le harán al "patrón" – que es el Estado- y que habrá de pagar el contribuyente o el beneficiario de la "seguridad social" que es, tal vez, ese mismo paciente a quien se le escatimó una palabra de consuelo porque no estaba estipulada en el contrato colectivo.

Como un residuo de la olvidada caridad – asunto de cada cual con su conciencia o con Dios- abominar del interés, se convierte en el santo y seña de la "conciencia social", del "ser de izquierda", de la "sensibilidad progresista". Paradójicamente, la búsqueda del interés – en un mercado libre en el cual la competencia se hace con reglas iguales para todos- resulta más eficaz para desperdigar el bienestar que toda la fastidiosa retórica colectivista.

¿Por qué será que en las sociedades en las que el Estado se ha abrogado la ejecución de toda virtud, la filantropía desfallece?

Hay que releer a Dickens: El legendario Scrooge tiene la coartada perfecta, ahuyenta a los pedigüeños recordándoles que él paga impuestos. Como si les dijese: "Vayan y pídanle al Estado la compasión para huérfanos y enfermos de la que gentilmente me despojó".

Etiquetas: , , , ,