jueves, 10 de abril de 2008

Pemex: No hay renta sin rentabilidad

Es un asunto de elemental lógica económica: La "renta" que da un negocio se extinguirá si deja de invertirse en la rentabilidad. Lo mismo si explotas un bosque, una flotilla de taxis o Pemex.

Las reservas de hidrocarburos dependen en gran medida de variables económicas: el precio de los hidrocarburos y la factibilidad financiera, técnica y jurídica de explotar los yacimientos, por mencionar cuatro de las más importantes.

Si el precio del petróleo en los mercados internacionales cae súbitamente, caerá también la magnitud de las reservas (probadas, probables y posibles), suponiendo que todas las demás variables permanecen igual. ¿Por qué? Porque a un menor precio dejará de ser rentable la explotación de algunos yacimientos.

De la misma manera si un país tiene un volumen "X" de hidrocarburos totales (que se definen como: "la cuantificación de todas las acumulaciones que se estima que existen" en el territorio de dicho país), pero también tiene restricciones (financieras, técnicas y/o jurídicas) para explotar una parte de esas acumulaciones (parte a la que llamaremos "Y"), las reservas totales de ese país no son "X", sino "X menos Y". ¿Por qué? Porque sería ilusorio contabilizar como riqueza algo que, en las condiciones actuales, no se podría explotar. Nadie obtiene un préstamo dando como aval una herencia hipotética.

Si se eliminan las restricciones jurídicas para que Pemex explote acumulaciones de hidrocarburos que hoy no puede explotar, esas acumulaciones se sumarían a las reservas totales y tendrían probabilidad de convertirse en reservas probadas (hoy no son siquiera reservas posibles), de forma que una o varias reformas jurídicas bastarían para elevar las reservas de Pemex.

Las restricciones jurídicas en este caso significan, a su vez, restricciones financieras y técnicas. Se necesitan socios capitalistas y socios tecnológicos. Por ejemplo, sin capital asociado – sea que se obtenga mediante la emisión de acciones o sea que se obtenga, para proyectos de explotación específicos, de socios que compartan los riesgos de los proyectos, o ambas- es mucho más caro convertir dichas acumulaciones en reservas, tan caro que ni siquiera a los precios actuales del petróleo es rentable.

La renta petrolera – que tanto hace salivar a los políticos- se extingue si no hay rentabilidad. Así de sencillo. Lo demás son discusiones idiotas sobre el color del gato, cuando lo que importa es que sepa cazar ratones.

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jueves, 21 de febrero de 2008

Los ruido – traficantes

Un gran porcentaje de la supuesta información que difunden los medios no es tal sino “ruido” a veces involuntario y a veces deliberado. Por eso, como aconsejaba Antonio Machado, conviene pararse “a distinguir las voces de los ecos”.

El prematuramente fallecido economista Fischer Black (1938-1995) desarrolló, entre otras valiosas aportaciones a las finanzas modernas (derivados y opciones), una sugerente descripción del mercado financiero como el lugar de encuentro entre los “information traders” y los “noise traders”. Dicho en forma simple: Los mercados se mueven porque no somos omniscientes y diferimos en nuestras especulaciones acerca del futuro; pero algunas de esas especulaciones están sustentadas en información – por ejemplo, los datos sobre el crecimiento de las importaciones de bienes de capital que nos dan indicios sobre el futuro de la actividad económica – mientras que otras de las especulaciones se mueven por puro “ruido”, sinónimo de cualquier interferencia que distorsiona los mensajes. Dos ejemplos de ruido: los múltiples datos falsos que maneja en sus peroratas el patriarca de los pantanos (López) o las frecuentes campañas de desinformación que emprenden las televisoras – y sus apéndices- con el objeto de obtener alguna ventaja para sus negocios.

Tomo prestada la descripción de Black para hablar de los traficantes de ruido – o ruido-traficantes- que padecemos en México y en otros países. Tengo para mí que hay una correlación estrecha entre la proliferación de ruido y los obstáculos al desarrollo. Suele haber más ruido que información en los países pobres e improductivos y la más clara muestra de la improductividad es que hay en dichos países muchas más personas que obtienen rentas mediante el tráfico del ruido, que personas ganando utilidades legítimas al difundir información.

Una de las fuentes más prolíficas de ruido son las supersticiones y mitos disfrazados de dogmas “nacionalistas” o “revolucionarios” que caen en tierra fértil gracias a un sistema educativo diseñado para promover y perpetuar la ignorancia. El sistema educativo es la nodriza y ése, y no otro, es el significado de la frase acerca del gran poder que tiene “la mano que mueve la cuna” acuñada por James Joyce.

A mayor ruido en el sistema mayor será la brecha futura entre los ingresos de quienes tienen información y los ingresos de quienes sólo tienen ruido. Y a mayor pobreza y desigualdad se refuerza el negocio de los “ruido-traficantes”.

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martes, 12 de febrero de 2008

El misterio del crecimiento y la productividad

¿Por qué el PIB de México no crece de forma sostenida a tasas más elevadas, digamos de 7% u 8% anual?

Mi respuesta inmediata ante esta pregunta suele ser: "México no crece a tasas más elevadas porque padecemos múltiples obstrucciones a la productividad". Y podemos enumerar decenas de dichos obstáculos: precarios derechos de propiedad, barreras a la competencia, restricciones a la inversión, lamentable calidad de la educación, excesivas regulaciones, presencia de monopolios públicos y privados en áreas estratégicas…

Tal vez, sin embargo, la respuesta deba ir más allá de la noción típica de productividad como la relación entre lo producido y los medios empleados en la producción, para enfatizar que ese cociente – el resultado de dividir lo producido entre el caudal de medios e insumos empleados- tiene que definirse en términos de beneficio neto para el consumidor. Es decir: Productividad es todo aquello que nos hace la vida más llevadera como consumidores.

Intento un ejemplo para tratar de arrojar luz sobre esa distinción: La empresa A obtiene una utilidad neta de 45 por ciento sobre sus ventas brutas porque disfruta de una condición monopolística en el mercado. El principal medio empleado para lograr esa condición y esa elevada rentabilidad podemos resumirlo en: "Excelentes relaciones con la agencia gubernamental reguladora y con los legisladores". ¿Es eso productividad? No. Podrá definirse como rentabilidad pero no como productividad porque no se ha generado una riqueza adicional a través del proceso productivo o de mejoras en los factores de la producción (capital financiero, trabajo, conocimientos, destrezas, capital humano, tecnología), sino que se ha verificado una apropiación de rentas, un juego de suma cero: El beneficiario, cazador de rentas, ha obtenido su utilidad despojando a los consumidores de un excedente que los consumidores podrían haber disfrutado en condiciones de competencia o libre mercado. Para el conjunto de la economía se trata, de hecho, de un retroceso en términos de productividad: La vida se ha hecho más difícil, más cara, de lo que podría ser en condiciones de verdadera competencia.

Hay que añadir, entonces, una precisión a la respuesta original sobre las causas del mediocre crecimiento económico: Abrumadores obstáculos a la productividad definida éste en términos de beneficios netos para el consumidor.

Lo cual nos lleva al gran problema de ¿por qué los intereses del consumidor están tan mal defendidos en el terreno institucional? Problema que abordaré mañana.

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sábado, 2 de febrero de 2008

La tasa de rendimiento por tractor quemado

¿Cuál es la tasa de retorno que se espera obtener del negocio de quemar en la calle un tractor que vale en el mercado, conservadoramente, unos 200 mil pesos?, ¿una ganancia de diez veces respecto de la “inversión original”?, ¿digamos un subsidio a fondo perdido para el dueño del tractor de dos millones de pesos? No está mal el negocio.


La manifestación de los rentistas agropecuarios en la ciudad de México el jueves pasado nos regaló, en los noticiarios de la televisión, una imagen inusual: Vimos a supuestos productores agrícolas quemar en la calle uno de los bienes de capital más eficaces para incrementar la productividad en el campo: Un tractor.

Si uno se traga el cuento de que se trataba de verdaderos productores el hecho parece inexplicable: ¿Para qué destruir sus medios de producción? Sin embargo, el hecho es perfectamente lógico, porque la manifestación no era de productores agrícolas, sino de un gremio con un oficio diferente: el gremio de los rentistas del campo mexicano.

Hace muchos años un secretario de Agricultura del nefasto gobierno de Luis Echeverría se hizo célebre por acuñar una frase demoledora: “El campo mexicano está organizado para votar, no para producir”. Unos 35 años más tarde, y después de avances formidables en el mundo en materia de productividad agrícola, debemos modificar la frase: “Una parte del campo mexicano, la más ruidosa políticamente y la más improductiva, no está organizada para producir sino para obtener subsidios crecientes”.

Esa parte de los campesinos y agricultores mexicanos, generalmente asociada en el papel con las cosechas de granos básicos, obtiene sus ganancias de un modo diferente del que practican quienes se dedican, por ejemplo, a cosechar frutas, verduras y hortalizas. Mientras estos últimos están en el negocio de la producción – y su mejor arma ha sido la productividad-, los primeros están en el negocio de la caza de rentas y su mejor arma, para obtener crecientes rentas de dinero público, es alborotar y chantajear.

Así, cuando se obtiene un rendimiento (subsidios) por tractor quemado de diez o hasta cien veces el valor del tractor (un tractor usado, modelo 1991, se consigue por unos 200 mil pesos), es perfectamente racional quemar tractores en la calle. A los rentistas del campo mexicano no les interesa el rendimiento por hectárea, sino el rendimiento por tractor quemado.

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