jueves, 3 de septiembre de 2009

Respuesta a la convocatoria: ¿Las tres M?

Escribí ayer que "Calderón va por las reformas".

Hoy, un puñado de comentaristas, la mayoría de los notables o de quienes aspiran a serlo, responde dando una clara muestra de su magnanimidad (inexistente) y su amplitud de miras (que más bien parece miopía), con las tres M: Mezquindad, mediocridad y miedo.

Veamos:

-La columna editorial estilo chabacano del periódico "Reforma o "Templo mayor"": "El de ayer, sin duda, fue uno de los mejores discursos de Felipe Calderón. Ésa es la buena noticia. La mala es que fue sólo eso: un discurso. Había mucha expectativa sobre lo que propondría el Presidente para los poco más de tres años que le restan a su gobierno. Sin embargo, su decálogo de reformas urgentes dejó a más de uno con un sabor de boca amargo, pues en ningún momento Calderón fue más allá del enunciado del problema".

- La columna de Ciro Gómez Leyva en "Milenio": "Buen discurso. Buena ceremonia, buena convocatoria. Pero que nadie se ilusione de más. Lo dicho aquí el lunes: son una generación no dotada genéticamente para la grandeza."

- Sergio Sarmiento en "Reforma": "El presidente Calderón tomó la decisión en su mensaje de mirar hacia el futuro y no a un desastroso pasado inmediato. Es una decisión acertada. Pero ante la debilidad política de su partido y la crispación del medio político, parece muy difícil llevar a cabo un programa ambicioso de reformas, sobre todo cuando algunas, como la hacendaria, la política y la energética, supuestamente ya se habían hecho."

- La columna anónima "Bajo Reserva" de "El Universal": "El tono del discurso de Calderón, una mezcla entre lo festivo y lo apocalíptico, provocó, más bien, desconcierto."

- La columna de Enrique Quintana en "Opinión Financiera" también de "Reforma": "Hacer que el discurso de Calderón sea más que un discurso va a ser bastante complicado. De nuevo le comento: ojalá me equivoque, pero creo que se quedará en buenos deseos"

- A un lado de Quintana, la columna de Joel Martínez ("En el dinero"): "Si la debilidad del Presidente persiste, sólo justificándose desde su púlpito lleno de retórica y nada más hace una enumeración light de las reformas que se necesitan..."

Y podríamos seguir, salvo las excepciones, tal vez, de Carlos Elizondo Meyer, de Héctor Aguilar Camín, de Carlos Marín...

Las tres M: Mezquindad, mediocridad y miedo.

Lo bueno es que los notables emisores de opiniones cada vez menos representan lo que es este país.

Al menos, el del Presidente fue un "buen discurso", porque los alegatos de pretendido escepticismo de algunos de estos notables ni a buena retórica llegan.

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jueves, 23 de julio de 2009

Paradojas sobre el empleo

Un comentario acerca de las contradicciones en las que algunos medios incurren al "leer" o "interpretar" los indicadores económicos. Las cifras de empleo son un buen ejemplo.

Ayer en la tarde "Reforma" en su portal en la internet se inclinó por el pesimismo y encabezó la información: "Llega desempleo a mayor nivel en 13 años". Pero algo debe haber pasado de ayer a hoy en ese periódico, porque hoy amanecieron, sobre el mismo tema, optimistas o, cuando menos, mesurados y ecuánimes (adjetivo favorito de quien preside la sección de negocios de ese diario) y publicaron, sin mayor despliegue, el siguiente encabezado en su edición en papel: "Registra desempleo ligera baja en junio".

Por incréible que parezca es el mismo periódico, son los mismos datos, los mismos redactores y el mismo jefe de sección. Lo que sucede es que los datos estadísticos permiten estos juegos de magia: Si quiere uno alinearse en el bando de los catastróficos debe tomar el promedio de la tasa de desempleo del segundo trimestre de 2009 y obtendrá un indicador más que sombrío, ya que en abril y mayo - en especial el segundo mes- la epidemia de influenza y sus secuelas pegaron muy fuerte en el empleo. Este uso sesgado de la información permite pasar por alto que en junio huo un repunte en el empleo y un descenso en la tasa de subocupación, respecto del mes anterior y con cifras despojadas de los efectos estacionales, como dije en este espacio ayer.

Imaginemos que en el "Reforma" alguien pensó mejor las cosas, de ayer a hoy, o que alguien les dijo a los redactores que no le cargaran tanto las tintas al pesimismo, porque a fin de cuentas eso es malo para los negocios ("si quieres vender el camello, no hables mal de él") y hoy amanecieron más objetivos: Hubo una ligera baja del desempleo en junio. Se limitaron, sin afeites y sin adjetivos estridentes, a decir lo que pasó.

Más extraño resulta el caso de "El Economista" que, en su cada vez más delgada edición de papel, sentencia como nota principal: "Desempleo, el peor registro desde 1995". Lo cual es, a todas luces, un dato falso, a menos que hayan aplicado el mismo truco que sus colegas de "Reforma" la tarde del miércoles y hayan buscado cómo acomodar las cifras para que digan lo que de antemano querían que dijeran (dudo que tengan tal habilidad). Lo extraño es que la misma nota mereció, en el encabezado de su edición de internet, hoy mismo, un enfoque muy distinto: "En desempleo, aún viene lo peor: analistas". Una nota sin duda sombría, pero, a diferencia del encabezado en papel, enfocada como previsión y no como registro. Dicho coloquialmente, quien escribió el encabezado en la red pretende avisarnos qué es lo nos depara el porvenir, mientras que el escritor del encabezado en la edición de papel usa el espejo retrovisor de manera enrevesada para obtener una fotografía trucada de lo que ya sucedió. No me extrañaría que ambos escritores de encabezados fuesen la misma persona; a tal grado llega la esquizofrenia en algunos medios.

En fin, nuevos casos que ilustran uno de los porqués de la profunda crisis de credibilidad que viven los medios de comunicación en México.

Queda para después, tal vez mañana si el tiempo lo permite, comentar algo más relevante acerca del empleo: Si de veras esta crisis estuviese siendo aprovechada para corregir deficiencias estructurales en la economía mexicana que nos impiden ser más productivos, debería haber un incremento en las cifras de desempleo que, en lugar de alarmarnos, debiéramos ver cómo signo de que en medio de la recesión la economía mexicana se está "podando" para salir revitalizada. De eso, repito, platicaremos después.

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jueves, 11 de junio de 2009

Hacia un nuevo periodismo (adiós a El Economista)

Una de las portadas más memorables del prestigiado semanario británico “The Economist” anunciaba la muerte del negocio de la telefonía tradicional ante la revolución que ha significado la Internet, dada la posibilidad de abatir sustancialmente mediante la red global los costos de la difusión de datos y de voz. Del mismo modo puede augurarse el inexorable fin del negocio tradicional del periodismo impreso, ante las abrumadoras ventajas que la red global ofrece para difundir intangibles. La clave para entender la magnitud de esta revolución es recordar que la información, la opinión, el análisis son productos intelectuales, no materiales.

Para hacer periodismo no es preciso contar con un ejército de distribuidores, ni con imprentas y gigantescos rollos de papel. La red sustituye con gran eficiencia – es un salto inconmensurable de la productividad- casi todas las etapas de la producción de un medio de información impreso y las reduce a lo esencial: un emisor y un receptor interactuando sin más intermediaciones.

Sería candoroso pensar que las consecuencias sociales y económicas, ¡culturales!, de la revolución de la Internet las veremos llegar de inmediato y a la misma velocidad con la que ha llegado el cambio tecnológico en sí. La telefonía tradicional seguirá siendo negocio por varios años más (si, además, sus dueños tienen poder sustancial de negociación para postergar las consecuencias de un avance tecnológico que les puedan resultar ruinosas, usan y usarán ese poder para frenar el progreso).

Tampoco desparecerán en un santiamén los medios impresos. Incluso cuando se generalice el hábito de informarse, debatir y difundir a través de la red, es posible que los impresos permanezcan como un archivo redundante para nostálgicos.
Pero las potencialidades del nuevo periodismo digital – casi instantáneo y de bajísimo costo para los generadores de contenidos y para los receptores de esos contenidos- son inmensas.

Cada cual decide dónde ubicarse, si en la tradición del papel, con costos y tiempos de producción que hoy son absurdos, o en el futuro de la aldea de veras global e interconectada. Una u otra opción entrañan riesgos, pero yo prefiero correr el riesgo de llegar antes que el de no llegar. No me agradaría ser como uno de esos organilleros, que mendigan unas monedas “para que no muera la tradición, jefecito”.

(Este texto fue mi última colaboración en el periódico impreso "El Economista")

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lunes, 8 de junio de 2009

“No necesitamos periódicos, necesitamos periodismo”

¿De dónde surgió la ocurrencia del “voto blanco” que tantas palabras, la mayoría vanas, ha generado en las columnas de opinión de los periódicos? De la Internet. Un usuario de “Facebook” escribió en su muro una pregunta: ¿Tiene el mismo valor en el mercado político abstenerse que votar en blanco?, y la bola de nieve creció, atrapando a un puñado de comentaristas, ávidos de material “nuevo” para disputarle a sus colegas la declinante notoriedad que proporciona pontificar en letras impresas. Los presuntos “líderes” de opinión siguieron cual corderitos las inquietudes de un desconocido.

El sorprendente éxito de la escocesa Susan Boyle, madura solterona poco agraciada, cantando ante un auditorio escéptico y desencantado una de las hermosas piezas del musical “Los Miserables” ya había sido visto, oído, comentado y compartido por varios millones de personas a través de la red, cuando un viejo presentador de noticias en la televisión mexicana lo quiso vender a su auditorio como una primicia.

La semana pasada el columnista de negocios Marco Antonio Mares apuntó que varios abogados oficialmente al servicio de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes habían actuado de manera tan incompetente en un litigio del gobierno federal contra una empresa de telefonía que sólo cabía la sospecha de que se trataba de infiltrados al servicio de quien debió ser su adversario en los tribunales. El incómodo asunto fue sofocado y aparentemente no pasó a mayores en los medios convencionales, pero generó un interesante análisis en la red – ver “Asuntos Capitales”, www.asuntoscapitales.com – donde se develó que la existencia de “topos” (al estilo de los dobles agentes en el espionaje) infiltrados en los tres poderes federales – ejecutivo, legislativo y judicial –es ya un gravísimo problema de gobernabilidad frente al insaciable poder de quienes tienen posiciones dominantes en los mercados.

Son sólo tres ejemplos al vuelo – y podría citar centenares- que nos avisan a gritos que el periódico convencional agoniza. ¿Cuántas personas menores de 35 años consideran útil hoy día suscribirse a un periódico impreso?, ¿cuántos profesionales exitosos obtienen la información relevante para su vida personal y profesional, de un medio convencional, como el periódico, la radio o la televisión?

Lo más dramático no es este cambio, sino la resistencia de los grandes dinosaurios a evolucionar. (Por cierto, este comentario que usted está leyendo aparecerá impreso en papel en un periódico casi 24 horas después de que apareció aquí, y no hay forma en la que los viejos periódicos, atados a modos de producción y difusión obsoletos puedan evitar esta competencia ruinosa para ellos).

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domingo, 29 de marzo de 2009

Un día después de la crisis

Un día después de la crisis…empezará otra. Un día después de la crisis, por ejemplo, los gobiernos de Estados Unidos y de Gran Bretaña tendrán que explicar cómo van a sacar a sus naciones de la hecatombe fiscal en que, so pretexto de la crisis, las habrán hundido.

El jueves pasado, 26 de marzo, un miembro del parlamento europeo (MEP), británico, nacido en Perú en el seno de una familia británica, encaró al Primer Ministro Gordon Brown para decirle “un par de cosas” en una sesión solemne de dicho parlamento presidida por el propio Brown – acompañado de su gabinete- en preparación a la cumbre del G-20, a celebrarse en Londres el próximo jueves 2 de abril.

El brillante alegato de este parlamentario de 37 años, Daniel Hannan, puede verse y escucharse aquí.

No tiene desperdicio. Al momento en que escribo esto el pequeño discurso de Hannan registraba un millón 590,611 reproducciones en “You Tube”. No está mal para cuatro días. Los medios convencionales desdeñaron el discurso. En una emisión regional de la BBC, que lo mencionó a regañadientes, los locutores se justificaron diciendo que a Hannan “nadie lo cubrió, porque nadie sabe quién es”. Sin embargo Hannan lleva 14 años escribiendo con regularidad en el Telegraph, el diario británico de calidad de mayor circulación. Pero los locutores de la BBC no suelen leer ese diario, por lo visto.

Hannan le dice a Brown que podría tener un poquito más de autoridad moral para proponer soluciones a la crisis, si su gobierno hubiese aprovechado los buenos días de antaño para ahorrar, en lugar de despilfarrar los recursos públicos. Le recuerda que hoy la Gran Bretaña ya tiene un déficit fiscal superior al de Pakistán y que cada niño británico llega al mundo cargando una deuda pública de unas 20 mil libras esterlinas (más de 400 mil pesos mexicanos); en resumen y muy británicamente le llama a Brown “el devaluado primer ministro de un gobierno devaluado”.

El gobierno de Brown, al igual que el de Barack Obama, propone darle más droga al adicto. Para los medios (y los políticos) la noticia son los bonos que cobraron los ejecutivos de AIG, no el pantagruélico déficit fiscal. “Es que los bonos de esos ejecutivos incompetentes – se alega – los pagan los contribuyentes”. Pues, ¿quién les mandó rescatar AIG con el dinero de los contribuyentes?

Del gran desastre fiscal que están fabricando tal vez nos informarán más tarde…un día después de la crisis.

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sábado, 21 de marzo de 2009

La solución desde el Sur

El Sur tendrá que consumir un poco más. El Norte tendrá que ahorrar un poco más. El Sur tiene muchas necesidades. El Norte tiene muchas deudas.

La idea puede ser expresada de muchas formas e ilustrarse con los más variados ejemplos. Es una idea que, en medio de la crisis global, se está esparciendo sin hacer mucho ruido, como suelen hacerlo las ideas que valen la pena y que sin duda pasó inadvertida para los amantes del estruendo – los ruido-traficantes – que, por ejemplo, siguieron bostezando presas del aburrimiento cuando la oyeron, pero no la escucharon, en la reciente Convención Bancaria celebrada en Acapulco.

Quien lanzó la idea, la mañana del viernes durante la reunión de los banqueros, fue el doctor Raghuram G. Rajan, indio, ex economista en jefe del Fondo Monetario Internacional y asesor del gobierno indio. Dicho esquemáticamente: Tenemos que orientar hacia el consumo a las economías emergentes para que abandonen paulatinamente el modelo de economías netamente exportadoras y acreedoras.

El ejemplo más claro de esta tendencia hacia un nuevo equilibrio global, donde el Norte se tiene que volver más “frugal” y el Sur se tiene que volver más “dispendioso” es el de la relación económica entre Estados Unidos y China. Dicho sea de paso, el gobierno chino lo entiende claramente, mientras que el gobierno de Estados Unidos no, porque está atrapado en una paralizante politización ideológica de la crisis.

El problema en las economías emergentes (Sur) es ¿cómo le hacemos para consumir más?, ¿cómo aumentamos la demanda si, para ello, tenemos antes que aumentar las inversiones productivas que permitan generar los excedentes para gastar?

La respuesta también pudo oírse en la reunión de los banqueros. Cuando menos la mencionaron tanto el Secretario de Hacienda como el Gobernador del Banco de México: Hay que hacer reformas estructurales que detonen el potencial de crecimiento de economías atrapadas en arreglos notoriamente improductivos, como es el caso de México.

Un arreglo notoriamente improductivo es nuestra legislación laboral; otro, el arreglo que impide una verdadera competencia en áreas clave para el crecimiento, como las telecomunicaciones; otro más, el monopolio energético. Tales arreglos nos hacen más cara la vida y nos impiden disponer de recursos para el consumo y para un mayor bienestar.

Reformar es deshacer esos arreglos improductivos y cambiarlos por arreglos que produzcan bienestar.

Casi todo lo demás fue ruido. Es decir, lo demás es lo que la mayoría de los medios de comunicación difundieron alrededor de esa reunión.

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jueves, 20 de noviembre de 2008

Los daños sistémicos de la ignorancia

La crisis financiera ya es lo suficientemente severa como para que algunos y algunas desparramen su "docta ignorancia" emitiendo juicios de valor sin fundamento.


Ayer en una de esas columnas pseudo- periodísticas de recados cifrados, chismes y balbuceos escritas por alguna sedicente especialista en finanzas se reprocha a una empresa – Gruma- haber emitido "información deficiente" acerca de sus operaciones con productos derivados. Sin embargo, en los tres párrafos que se le dedican al asunto, se demuestra NO que la empresa haya informado en forma deficiente, sino que la autora de la columna no leyó o no entendió la información difundida por la empresa, no tiene la menor idea de lo que es un producto derivado, ni de lo que es un margen, ni mucho menos lo que es una llamada de margen en los contratos con productos derivados en los que se incluye el margen como modalidad de apalancamiento, y que se aplica en caso de que el saldo quede por debajo del margen disponible o usable.
A partir de esa "docta ignorancia" la columnista desliza maliciosas insinuaciones sobre la solvencia de la empresa y le regala a sus incautos lectores esta perla de "información precisa": "el rumor es que Roberto González venderá el control o un paquete importante del (sic) Banorte…". La confesa emisora de rumores demanda que los demás informen con precisión. ¡Vaya¡
¿Cuál es la realidad? Que Gruma obtuvo una línea de crédito que le ha permitido liquidar todas las obligaciones que tenía con instrumentos derivados de tipo de cambio con vencimiento en 2008. Específicamente saldó la única de sus operaciones con derivados que contemplaba una llamada de margen (para el 25 de noviembre), con lo cual eliminó definitivamente el riesgo de que, al aplicarse la llamada de margen, se afectase el flujo de efectivo estable y constante de sus operaciones.
Todo eso puede leerse claramente en el comunicado que emitió Gruma a la bolsa el pasado 13 de noviembre. Y también puede leerse ahí que las demás operaciones con derivados de la empresa con vencimientos en 2009, 2010 y 2011, NO están sujetas a llamadas de margen.
A lo mejor debería penalizarse la irresponsable difusión de falsedades, derivadas de la "docta ignorancia". Por lo menos, que reciban la sanción social en la misma línea que propone el Consejo Nacional de la Comunicación: desenmascarar, por ejemplo, a los falsos médicos

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lunes, 15 de octubre de 2007

La apertura disminuyó la desigualdad

De 1996 a 2006 los ingresos del 20% de los mexicanos más ricos crecieron 16.6%, mientras que los ingresos del 20% más pobre de la población crecieron 33.3%. ¿Se cerró la brecha entre ricos y pobres? Sí, pero esa realidad terca NO puede contra la terquedad de las creencias ideológicas.

Muchas veces, a diario, los periódicos dicen mentiras. Involuntarias o deliberadas, pero mentiras. Lo raro es cuando un periódico dice una mentira y nos ofrece todos los elementos para percatarnos de que están diciendo una mentira del tamaño de una catedral. Eso hizo el diario "Excelsior" el miércoles 10 de octubre.

Ese día en su titular principal anunciaba: "La apertura comercial sí afectó": FMI. La nota, firmada por la reportera Nancy Díaz, hablaba de un reporte del Fondo Monetario Internacional en el que se dice que se ha registrado un descenso en la desigualdad en Brasil, México y Rusia, mientras que la desigualdad ha crecido en China y en casi todas las economías desarrolladas, excepto en Francia.

La reportera Díaz leyó al revés: Que la desigualdad se ha incrementado en México. No contenta con eso consignó las cifras del estudio, sobre distribución del ingreso, como demostración palmaria de su creencia, ¡aunque las cifras dicen exactamente lo contrario!

Alejandro Hope, "politólogo de profesión y economista por ósmosis", detectó este monumental embuste y lo reseñó en su bitácora en la Internet "México Libertad", donde explica: "A ver, vamos a hacer una operación sencilla: según la nota, en 1996, el ingreso anual promedio del quintil más rico era de 18,000 dólares, mientras que el del quintil más pobre era de apenas 1,500 dólares. Ello implica (18,000 / 1,500) que el ingreso promedio del 20% más rico era 12 veces mayor al del 20% más pobre. En 2006, siguiendo con la información proporcionada, los "ricos" tenían un ingreso promedio anual de 21,000 dólares y los pobres recibían 2,000 dólares; en consecuencia (21,000/2,000), los "ricos" tenían 10.5 veces más ingreso que los pobres. ¿De donde saca entonces la señorita Nancy Díaz que aumentó la desigualdad? De dónde yo vengo, 10.5 es un número menor a 12".

Por supuesto ni los dueños, ni los directores del diario, ni mucho menos la sagaz reportera ofrecerán a los lectores una disculpa por publicar embustes monumentales. ¿Para qué?

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jueves, 4 de octubre de 2007

Los “tiempos oficiales” sí los pago yo

¿Quién paga los honorarios del guionista del mensaje de propaganda del Senado?, ¡el contribuyente! ¿Quién paga los costos de producción del mensaje en los medios?, ¡el contribuyente! ¿Quién paga los salarios de la burocracia encargada de administrar los “tiempos oficiales”?, ¡el contribuyente! ¿Y quién padece los embustes reiterados de esta propaganda política?, ¡el contribuyente!

La reciente “reforma electoral” fue, en realidad, un reacomodo tramposo entre grupos minoritarios que se benefician sin empacho de los recursos públicos. Ni hacen más barata nuestra democracia – la que haya, si la hay-, ni promueven una mayor “calidad” en las contiendas.

La historia puede resumirse así: Había una vez dos grupos cerrados que se repartían alegremente cuantiosos recursos públicos etiquetados como “prerrogativas electorales”, el grupo A (partidos políticos y sus camarillas) se granjeaba la benevolencia y la complicidad del grupo B (oligopolio de los medios de comunicación electrónica) destinando cuantiosos recursos públicos a la contratación de “tiempos comerciales” en la radio y la televisión con pretexto de las contiendas electorales. Un día el grupo A se percató de que su socio, el grupo B, se llevaba la tajada del león en el reparto de esos recursos extraídos a los ciudadanos, entonces el grupo A cooptó a un puñado de “especialistas” (pertinaces aspirantes a convertirse en junta notable de “guardianes de la democracia” pagados por el erario) para que le confeccionase una “reforma electoral” que justificase un reacomodo en el reparto de rentas y consumó la toma hostil del negocio sancionándola con modificaciones legales y constitucionales. Negocio resuelto.

Los del grupo B manifiestan su irritación – se sienten traicionados por sus antiguos compadres- en contra de los “perversos políticos” (que en otros tiempos eran presentados casi como “los padres de la patria”), mientras que los del grupo A estrenan su nueva condición de dueños de la caja difundiendo embustes en los medios, como ése de que la propaganda política ahora no nos cuesta a los contribuyentes porque se hace en “tiempos oficiales”. Mentira monumental: además de todos los costos de producción y gastos administrativos, nosotros pagamos también los costos de oportunidad que encarecen tiempos y espacios en los medios.

Ni a quien irle en este arreglo mafioso. Como saldo, además, se restringió más la libertad de expresión de los ciudadanos comunes.

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viernes, 14 de septiembre de 2007

Todavía elijo mis amistades

No entiendo por qué algunos políticos piensan que nos conmoverá sentirnos sus amigos, protegidos o beneficiarios. Que ellos hagan su trabajo y yo haré el mío. La libertad también incluye – hasta donde sé- el derecho a tener una vida privada, propia, en la que uno elige a sus amistades.

Un buen amigo – ese sí- me advirtió, entre bromas y veras, que no me estaba granjeando la amistad de muchos poderosos en este país con algunos artículos que podían parecer poco comedidos o políticamente incorrectos. Tiene razón, pero mis amigos – pocos- los elijo yo. Además, soy tan ingenuo que llevo más de 20 años escribiendo para los lectores anónimos. No me quejo, la fórmula de tener a los anónimos lectores en mente resulta más satisfactoria que andar adivinándole los caprichosos latidos a don Fulano o a doña Zutana, porque son "súper importantes y súper poderosos".

No entiendo qué les lleva a pensar a ciertos políticos que los comunes mortales nos sentiríamos profundamente honrados si nos incluyeran en sus agendas. Por ejemplo, hace unos días por correo electrónico se me solicitó lo siguiente:

"Por medio de este conducto (sic) le estoy solicitando información personal para actualizar el directorio de medios del Lic. Manlio Fabio Beltrones Rivera, los datos son los siguientes.

"Teléfono y domicilio particular y de oficina, nextel o celular y fecha de cumpleaños".

Respondí algo así: "No deseo, en modo alguno, que mis datos personales estén en la agenda del Lic. Manlio Fabio Beltrones Rivera".

¿Para qué hacer amistades que no van a prosperar? Pregúntenle a los dueños de las televisoras lo qué se siente cuando tus poderosos amigos te dan la espalda…No es nada personal, dirán algunos, sólo cuestión de definir quién de los dos – el partido político o la televisora- se queda con el dinero de los contribuyentes. Yo digo que ninguno de los dos, porque no me acabo de creer el cuento de que los partidos políticos sean "entidades de interés público" (¿a poco?) y conjeturo que sería mejor que su financiamiento fuese privado y plenamente transparente. Y si se quieren anunciar, ¡pues que paguen con su dinero, no con el mío! Y que quede claro: no pueden impedirnos a nadie usar nuestro dinero – si acaso lo tenemos- para lo que queramos, por ejemplo: para criticarlos. Ésa sí es una cuestión de principios: Libertad, nada más y nada menos.

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martes, 31 de julio de 2007

La ruido-difusión y el hartazgo de la política

¿Cuál es el sentido de repetir miles de veces, en decenas de estaciones de radio y en “cápsulas” de 30 segundos, el mismo mensaje durante meses?, ¿los promotores de esos anuncios ya calcularon el efecto de hartazgo y rechazo que provocan? Tal vez no les importa porque no es su dinero el que se desperdicia…

“Hola, les tengo una buena noticia. A partir de ahora…usted dejará de escuchar este anuncio con el cual el Senado de la República le ha atosigado durante las últimas doce semanas a todas horas del día a través de la radio, para decirle que se aprobó el no cobro de comisiones de bancarias para quienes les depositan un sueldo de hasta $8,300 pesos al mes. En el Senado alguien, por fin, cayó en la cuenta de que en lugar de mejorar la deteriorada imagen de los legisladores, la machacona repetición ha logrado hartar a los radioescuchas y reforzar la percepción de que los senadores, como la mayoría de los políticos, desperdician los escasos recursos públicos. Ya era justo”.

No, nunca escucharemos un mensaje semejante por la radio. Tampoco escucharemos algún anuncio de que por fin, tras 70 años de existencia, desaparecerá la “Hora Nacional” porque alguien se dio cuenta no sólo del fuerte tufillo totalitario de esa ocurrencia – un mensaje único producido por el gobierno difundido en todas las estaciones de radio durante una hora- sino también de su absoluta inutilidad, aun en términos de propaganda.

En sus inicios la radio despertó de inmediato el afán controlador de burócratas y políticos tanto en Europa como en Estados Unidos y hubo quien aseguró (sir William Preece en 1899) que “lo peor que le puede ocurrir a este invento es ir a parar a las manos de una compañía (privada). Basta ver qué pasó con el teléfono para convencernos de ello”.

Hubo quien se opuso al afán controlador con un argumento que me parece contundente: “Nos hemos educado en la idea de que el aire es absolutamente libre para todos, ¿por qué habría de dejar de serlo?”, en el Congreso de Estados Unidos, alrededor de 1912.

En buena medida los controladores obsesivos – adoradores del Estado- siguen queriendo restringir el uso del aire y, si los dejásemos, obstaculizarían hasta el libre vuelo de papalotes o cometas. Gracias en buena parte a ellos la radio-difusión parece cada día más ruido-difusión.

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jueves, 19 de julio de 2007

No era un cuento chino, era un pedo de asno

Una vez disipado el estruendo que los dejó entre alelados y expectantes, los sagaces comunicadores se llaman a engaño y se enojan en la misma medida que se exhibieron como propagadores de flatos…

No es muy elegante el símil, pero es elocuente. Dice el filósofo español Fernando Savater que es “mucho más fácil combatir la influencia social perniciosa de un sofisma complejo y sutil que la de un dogma planfetario, simple como el pedo de un asno. El sofisma está construido para engañar a los que tienen el hábito de razonar, los cuales por tanto pueden también ser ‘desengañados’ merced a otros razonamientos que demuestren la falsedad del primero; el dogma tipo ‘pedo de asno’ en cambio engaña a aquellos que no suelen ser persuadidos por los argumentos sino que prefieren cuanto halaga la disposición bovina de buscar pienso o embestir”.

Un porcentaje considerable de los medios de comunicación en México y de colegas periodistas viven pendientes de los pedos de los asnos, cuanto más estruendosos ¡mejor!

El miércoles, por ejemplo, se disipó el más reciente de estos flatos “irrefutables” y al mediodía escuché en la radio del automóvil la irritación de un comunicador – Joaquín López Dóriga- quien se mostraba indignado porque, alegaba, nadie le sabía decir dónde estaban físicamente los dólares que hace meses se decomisaron de la casa de un chino naturalizado mexicano. Ya días antes alguien le había explicado que los billetes de dólar son bienes fungibles, por lo que no sólo es irrelevante sino prácticamente imposible saber dónde están todos y cada uno de esos billetes, una vez que se acreditó su valor y se registró a favor de alguien en una institución financiera; los billetes – meros símbolos del valor de cambio- regresan a la corriente tumultuosa de los mercados. Hubiese bastado que la primera vez que se lo explicaron - ¡aún cuando parece innecesario explicar a un adulto cómo funciona el dinero!- el comunicador acudiese al diccionario y leyese: “Bienes fungibles: aquellos en reemplazo de los cuales se admite legalmente otro tanto de igual calidad”.

Pero no, una vez encantados con los pedos de los asnos, algunos ya no razonan, les basta con embestir o con irse tras la pastura. El famoso comunicador concluyó enojado: “¡Lo que hay que oir!”. Pues sí, Joaquín, lo que hay que oir…

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miércoles, 11 de julio de 2007

El terrorismo y sus precursores

Hace diez años el brutal asesinato de Miguel Ángel Blanco Garrido perpetrado por la banda criminal ETA despertó un espíritu cívico de firmeza contra el terrorismo y sus precursores que, a la postre, puso a los etarras al borde la extinción. Después llegó el contemporizador Zapatero con su vacua política de diálogo y los terroristas se fortalecieron.

Ninguna sociedad democrática puede darse el lujo de contemporizar con los terroristas. Por eso, ninguna sociedad democrática debería darse el lujo de ser complaciente con los precursores del terrorismo.

Son precursores del terrorismo, como lo ha demostrado claramente la historia de los últimos diez años en España, todos aquellos que aprovechando las libertades de la democracia se dedican sistemáticamente a minar el estado de derecho que hace posible la misma democracia, sea que lo hagan en la actividad política, sea que lo hagan en los medios de comunicación.

Son precursores de la violencia y de la destrucción terrorista todos aquellos que gozan poniendo en entredicho la institucionalidad de la democracia, sea vituperando a las autoridades legítimas, sea exaltando la violencia, sea justificando conductas delictivas escudados en inflamada retórica ideológica. Son precursores del terrorismo aquellos que, perturbados por la ambición de poder, mandan al diablo a las leyes y a las instituciones que garantizan la convivencia civilizada y las libertades de todos.

Son precursores del terrorismo y de la extinción de la sociedad abierta todos aquellos que propagan deliberadamente falsedades escudados en la libertad de expresión. Son precursores de la violencia y del fin de la democracia quienes desde los medios de comunicación sacrifican las exigencias de veracidad y precisión a cambio de protagonismo y notoriedad.

El brutal asesinato de Blanco, en julio de 1997, en Ermua, comunidad del país vasco en la que ese joven de 29 años era concejal por el Partido Popular, despertó en España un espíritu cívico y de defensa firme e intransigente contra los enemigos de las libertades y de la democracia. Se le conoce como el espíritu de Ermua y fue el origen de un eficaz pacto antiterrorista que logró poner en jaque a ETA…hasta que llegó Zapatero, el bobalicón contemporizador, y ETA volvió por sus fueros.

Lo dijo bien Karl Popper: "Debemos reclamar, en nombre de la tolerancia, el derecho a no tolerar a los intolerantes".

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sábado, 9 de junio de 2007

¿A favor de la competencia o del dirigismo estatal?

No ha visto la luz la sentencia final de la Suprema Corte acerca de la llamada “Ley de medios”. Deberá de ser una clara definición a favor de la libre competencia; no, como conjeturan algunos nostálgicos del estatismo, una “reivindicación” de la intervención del Estado en la vida económica.

Es ilusorio esperar de un cuerpo colegiado – como es la Suprema Corte- que en el transcurso de sus deliberaciones muestre claridad, precisión y propósitos unívocos. Una cosa son las deliberaciones, el intercambio de argumentos y alegatos, y otra – muy distinta- la sentencia final en la que debe prevalecer un criterio unívoco y una interpretación esclarecedora de la norma constitucional.

En la controversia constitucional por la llamada “ley de medios” muchos comentaristas se han adelantado a los hechos y han dado por zanjado el asunto sin esperar a la redacción de la sentencia definitiva. Para la mayoría de quienes conforman la “comentocracia” la sentencia ha sido: “Perdieron las televisoras”. No les falta razón si lo que quieren decir, con ello, es que la Corte ha revertido la ignominiosa aprobación de una ley diseñada al gusto de dos corporaciones que, bajo el pretexto de ajustar la ley a los avances tecnológicos, intentaron mantener un estado de cosas en el que dicha modernización se daría sólo al gusto y al ritmo que impusieran los intereses de esas corporaciones. No en beneficio de una mayor competencia, y por ende no en beneficio de los consumidores, sino como garantía de rentas de oligopolio.

Pero se equivocan dichos comentaristas cuando dan por terminado el asunto e interpretan que la Corte ha “reivindicado” el dominio o rectoría del Estado sobre los medios de comunicación electrónica. ¡Dios – y la Corte- nos libren de tal desatino!

Lo más probable y deseable es que la sentencia final de la Corte se fundamente en el imperativo de que deben erradicarse las prácticas monopolísticas y garantizarse la libre competencia en los mercados, no en el anacrónico y opresivo argumento de que el Estado debe regir la actividad económica.

La distancia es abismal. En el primer caso, se tratará de una victoria de la democracia y de la libertad; en el segundo iríamos de lo malo – el corrupto capitalismo de compadres- a lo peor: el intervencionismo gubernamental en contra de la libertad de los ciudadanos.

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miércoles, 6 de junio de 2007

Ya no sirve enseñar los colmillos…

Dudo mucho que los interesados hayan tomado nota, pero un primer saldo provisional de las batallas en la Suprema Corte acerca del futuro de las telecomunicaciones en general y de la televisión en particular es que los gruñidos y la exhibición de atemorizantes colmillos distan de ser armas eficaces…Los más aptos en la evolución no fueron los torpes dinosaurios.

No entiendo, de veras, a los numerosos voceros de las dos y únicas cadenas de televisión abierta en México que escriben en los periódicos. Nuestros "pridurki" (como los bauticé aquí el primero de marzo), hace menos de un mes nos advertían que sería un terrible error si la Suprema Corte desechaba el recurso de las licitaciones públicas de las concesiones y volvía al primitivo expediente del otorgamiento discrecional de concesiones, hoy, cuando la Corte parece inclinarse por extender ese sano proceso de las licitaciones públicas a todos – incluidos los actuales concesionarios, cuando deseen renovar su concesión o cuando quieran incursionar en otras actividades de telecomunicaciones-, nos dicen que los ministros se equivocan garrafalmente o, incluso, que están violando la Constitución.

Esta mudanza súbita en los argumentos de los voceros oficiosos revela dos cosas: 1. Que parecen suponer que el público puede tragarse cualquier cosa (hoy A, mañana B, pasado mañana C), con tal de que se diga a gritos, se adjetive profusamente y se condimente con insinuaciones maliciosas acerca de tales o cuales personajes que incomodan a los patrones, y 2. Que quien haya diseñado la estrategia de “defensa” por parte de las televisoras es bastante incompetente, lo cual no debería extrañarnos ya que la falta de competencia en las empresas y en las instituciones – y en la vida- eso es lo que produce: Incompetentes.

El tema, desde luego, es complejo y valdría la pena – antes de aventurar juicios definitivos- estudiar con objetividad las resoluciones de la Corte, las posibilidades reales que otorgan los avances tecnológicos y los auténticos principios constitucionales.

Lo que ha quedado claro, hasta ahora, es que la exhibición de los colmillos y los rugidos para intimidar ya no son tan eficaces como en el pasado.

Lo más triste es que no aprenderán la lección. No pueden. No está en su naturaleza aprender o adaptarse. La historia de la evolución nos da muchos ejemplos de especies que se extinguieron por su incapacidad competitiva.

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jueves, 17 de mayo de 2007

Las ventajas del catecismo

En muchas materias sale mucho más barato creer que saber. Y esa parece ser la norma secular de nuestro sistema educativo, reforzada todos los días por los medios de comunicación, donde circulan más dogmas que verdades verificables.

Parecería que hay un momento decisivo en los primeros años de vida del mexicano promedio en el que opta por algún catecismo en lugar de arriesgarse por el largo camino del conocimiento.

Eso explica, me parece, por qué tenemos una multitud de sabios de horno de microondas en los medios de comunicación. El lunes son canonistas eclesiásticos, el martes pontifican sobre impuestos, el miércoles despachan como médicos forenses, el jueves corrigen la plana a exitosos financieros y rematan la semana en el magisterio de las estrategias militares.

¿Cómo lo hacen? La vida no alcanza para saber tanto de tanto, ni siquiera para saber tan poquito de todo. Tras vueltas y revueltas – caminando de los hechos sensibles a los juicios racionales y de regreso- me atrevo a proponer una explicación al misterio de tanta sabiduría derrochada… y desechada tan rápido como se gestó: Los catecismos.

Hablando sobre un evento específico Sergio Sarmiento publica hoy: “Muchos políticos y comentaristas en nuestro país siguen manteniendo la posición de que ciertos casos judiciales deben resolverse por dogma político”. Así es, por fortuna para esos políticos y comentaristas, que de esa forma se ahorran el fatigoso expediente de conocer y verificar – que, además, no promete resultados definitivos- y se van por el atajo sencillo y seguro del catecismo: “estos son los malos, estos son los buenos”. Con el catecismo en la mano se puede clasificar cualquier cosa al instante, no sólo “casos judiciales”.

Sospecho que esta querencia por los atajos del pensamiento se aprende en México junto con las primeras letras, o tal vez en lugar de ellas.

Llegas al jardín de niños o a la primaria y hay una encrucijada en la que optas por este u otro catecismo (ejemplo: “los pobres son buenos; los ricos son malos”) y de ahí en adelante todo es dar vueltas en círculo alrededor de esa opción dogmática en la que nos catequizamos
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Por eso hay doctores en economía que no saben calcular un interés compuesto o doctores en ciencia política que nunca han oído del cálculo del consenso. Esas cosas no vienen en su catecismo.

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martes, 24 de abril de 2007

Futbolistas sin editor y nubes en forma de anillo

En la lucha contra la vacuidad no sólo proliferan las etiquetas – que se vuelven insignificantes de tanto usarse- sino divertidos disparates lingüísticos.

Un lector amigo me hace notar que los llamados reporteros viales – en los programas radiofónicos de ¿noticias? – han sobrepasado a los cronistas de encuentros deportivos en la fabricación de disparates lingüísticos. Por ejemplo, algún insigne locutor con etiqueta de periodista se “enlaza” – sin anfibologías, por favor- con el reportero vial y éste nos ¿informa?: “Sigue lloviendo en el perímetro del centro histórico”. Lo cual, de ser cierto, debe ser una más de las atrocidades del terrorífico cambio climático: Ahora las nubes tendrían una configuración anular y provocan lluvias no en tales o cuáles áreas sino en sus respectivos perímetros.

Ante esto empalidece el divertido disparate de los “expertos” que narran encuentros de futbol y que nos ilustran así: “El delantero Godínez sigue inédito en esta temporada”: Se supone que eso quiere decir que no ha anotado goles, pero significa, en español y en realidad, que algunas obras literarias, didácticas, periodísticas, musicales, tal vez cinematográficas o dramáticas del tal Godínez – que nadie sospechaba que existiesen- aún siguen en busca de un editor que las divulgue.

Pero estos disparates son asuntos menores, y hasta divertidos, una consecuencia del “horror vacui” (horror al vacío) que las señoras y los señores de los micrófonos parecen compartir con los artistas del barroco: No hay que dejar espacios vacíos, no hay que permitir el reconfortante silencio.

O tal vez sean sólo los síntomas menos alarmantes de una enfermedad progresiva que padecen muchos medios de comunicación tradicionales en casi todo el mundo. Una enfermedad que, me temo, en pocos años podría llevarlos a la extinción. Es el virus de la irrelevancia. Sus síntomas de veras graves empiezan por el tedio del público y concluyen con el abandono, silencioso pero multitudinario, de los otrora lectores así como de los otrora videntes y oyentes de “noticias”.
La causa es la impostura para disfrazar lo anodino. Intermediarios entre el numeroso pero anónimo público y los poderosos anunciantes, muchos medios acaban engañando, a la postre, a unos y a otros. Hasta que el embuste se vuelve un secreto a voces, y unos y otros – primero lo ha hecho el público, más tarde lo harán los patrocinadores- abandonan el barco sigilosamente. ¿Será una enfermedad curable?

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