martes, 9 de junio de 2009

Vía libre a la venta de Chrysler a Fiat

La Suprema Corte desechó atender el alegato en contra del acuerdo de bancarrota de Chrysler que habían presentado tres fondos de pensiones de Indiana. Con esto queda la vía libre para le venta de Chrysler a la italiana Fiat.

También de esta forma se levantó la suspensión que ayer lunes había decretado la juez Ruth Bader Ginsberg.

De cualquier forma, coincido con la opinión de varios críticos, dentro y fuera de Estados Unidos, de que este proceso de bancarrota y el de General Motors, al otorgar un trato preferente a unos acreedores (el fondo de pensiones del sindicato de la industria, la UAW) sobre los demás ha sentado un mal precedente para futuras colocaciones de bonos de deuda de empresas estadounidenses entre muchos inversionistas.

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jueves, 6 de septiembre de 2007

No aumentó la aversión al riesgo, disminuyó la ignorancia

Los inversionistas en los mercados internacionales no se han vuelto, tras la crisis de las hipotecas de baja calidad, ni más temerosos, ni más ambiciosos que antes. Simplemente, ahora saben un poquito más que ayer.

En los últimos días ha adquirido popularidad entre algunos analistas la versión de que la crisis de las hipotecas de mala calidad otorgadas en Estados Unidos, que golpeó a los mercados financieros mundiales, arrojó como primer saldo un aumento en la aversión al riesgo por parte de los inversionistas.

Es una explicación errónea: La naturaleza humana no ha cambiado. Lo único que se modificó fue que más inversionistas vieron riesgos que antes no veían a pesar de que estaban ahí. No es que antes fueran temerarios y de súbito se volvieran miedosos; mucho menos es que antes fueran conformistas y de repente se volvieran ambiciosos. Nada de eso. La crisis ha servido para que se destapase información pertinente que la gran mayoría estaba pasando por alto. Los mercados funcionan mejor cuando hay más información. Por paradójico que suene: Hoy los mercados están en mejores -o menos malas- condiciones que antes del mes de julio.

¿Es importante el punto? ¡Es importantísimo! De un diagnóstico erróneo surgen malas decisiones. Por ejemplo, un comentarista señalaba ayer: “La gente que tiene dinero va a exigir un pago mayor por ponerlo a disposición de empresas y Gobiernos”. No es así: La gente no se va a conformar tan fácil como antes con la promesa de un pago mayor, va a fijarse un poco más en los fundamentos que garanticen la viabilidad de la tasa de retorno prometida.

El primer efecto de estas crisis es aumentar el discernimiento en los mercados. Por ejemplo, papeles gubernamentales: Si sólo contase la tasa prometida: ¡hay que comprar bonos de la deuda argentina!; pero si uno se fija más – gracias a la crisis- en la solidez de la promesa de retorno, preferirá sin duda invertir en deuda del gobierno mexicano. Los indicadores de “riesgo país” son más que elocuentes.

¿Esto le pegará a muchos proyectos de inversión? ¡Desde luego!, pero les pegará a los proyectos que no tengan fundamentos económicos sólidos que respalden su reclamo de dinero de los inversionistas.

El corolario lógico es que hoy, con mayor razón que nunca, en México se debe cuidar la solidez de las finanzas públicas y su manejo responsable.

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lunes, 6 de agosto de 2007

¿Un “apretoncito” en los mercados?

A diferencia de muchos comentaristas, aficionados o profesionales, el semanario británico “The Economist” considera bastante saludable lo que está sucediendo en los mercados financieros: Se trata, consideran los editores, de un oportuno “apretoncito” después de una temporada de crédito excesivamente barato.

Pocas cosas tan fáciles como equivocarse al hacer pronósticos respecto de los mercados financieros mundiales. Además de las dificultades inherentes a la tarea de predecir el comportamiento de cientos de miles de inversionistas – que, a su vez, observan obsesivamente cualquier indicio sobre las percepciones y el comportamiento de millones de consumidores, libres y sujetos a la influencia de miles de variables, la mayoría de las cuales no conocemos-, no solemos tener suficientemente fría la cabeza como para no sucumbir a los deseos disfrazados de intuiciones.

Así, si estamos metidos hasta el cuello en inversiones arriesgadas pero tentadoras queremos creer que no pasa nada; por el contrario si abrigamos alguna secreta fascinación por los desastres y las crisis – especialmente si esos desastres se ceban, por ejemplo, sobre la arrogante economía estadounidense- tenderemos a los pronósticos sombríos.

Ayer, por ejemplo, alguien señalaba que el factor último detrás de las turbulencias en los mercados es la fragilidad estructural de la economía estadounidense y pronosticaba – tal vez confundiendo los deseos con las percepciones- que esto podría terminar con la hegemonía del dólar en el planeta. El problema con esta hipótesis no son tanto sus premisas acerca del sobreendeudamiento de Estados Unidos y de los estadounidenses, que son acertadas, sino la presunción de que alguien – un país, un grupo de países o un poderosísimo inversionista- tendrá los arrestos suficientes como para matar a la gallina de los huevos de oro matándose a sí mismo. No le encuentro la lógica a que, por ejemplo, un país o un inversionista, que inevitablemente poseen la mayoría de sus activos financieros en instrumentos atados al dólar, esté dispuesto a patrocinar una corrida en contra de esa divisa, para darle un calambre simbólico al gigante, al mismo tiempo que se arruina a sí mismo irremisiblemente.

Más sensata me suena la opinión de los editores de “The Economist” quienes desmenuzan objetivamente los factores de un posible riesgo sistémico y encuentran, al final, que esto podría ser tan sólo un saludable ajuste, para recordarle al mercado que todo tiene un precio, también el crédito.

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