martes, 11 de agosto de 2009

¿Nos queremos ver en el espejo de Argentina?

Alguna vez Néstor Kirchner cuando era presidente oficial de Argentina (hoy, dicen, lo es extraoficialmente por interpósita persona, que es su esposa Cristina) dijo, de visita en China, que Argentina aspiraba a ser, bajo su iluminda conducción, "un país en serio". Y aunque los corresponsales en Pekín no reportaron que los altos jerarcas del Partido Comunista Chino se desternillaran de la risa ante la humorada involuntaria de Kirchner, como hubiera correspondido, es un hecho que algunos caricaturistas argentinos le sacaron jugo al disparate del "Pingüino". Argentina, ¿un país en serio? Lo que hay que oir.

Hoy en México el Secretario de Hacienda habló como el Secretario de Hacienda de un "país en serio" y temo que pocos entendieron la gravedad del asunto.

El Secretario acudió de buena gana a una convocatoria del Senado a unas audiencias públicas acerca de la política fiscal anta la crisis económica que nos aqueja (el nombre de la audiencia es mucho más ampuloso pero en esencia se trata de eso: Cómo les ha pegado a las finanzas públicas de México la crisis global). El asunto es crucial y dentro de menos de un mes corresponderá a una flamante Cámara de Diputados abordar justamente el asunto, cuando reciba, como cámara de origen, todo el paquete económico para el año próximo y como cámara que tiene la facultad exclusiva de analizar, discutir y aprobar - en su caso- la propuesta de prespuesto de egresos de la Federación para 2010.

El caso es que Agustín Carstens estuvo ahí, con los senadores, y habló muy en serio, sin adornos ni afeites, acerca de lo mal que se ven las cosas para las finanzas públicas de México, porque no hicimos la tarea a tiempo o porque equivocadamente conjeturamos que habría tiempo más tarde para ocuparse de las cosas importantes y no de los desplantes histriónicos para ver quién clava mejor las banderillas o da los mejores muletazos al astado. "El futuro ya nos alcanzó" dijo.

De alguna manera el mensaje del Secretario de Hacienda fue que aun cuando ya hay indicios ciertos de que el mundo y México están saliendo de lo peor de la recesión, las consecuencias de este episodio seguirán presentes en México, bajo la forma muy real de una amenaza grave para las finanzas públicas. A menos que el Congreso se ponga a trabajar en serio, el país enfrentará gravísimos dilemas fiscales, con consecuencias para toda la economía y para la economía de todos, mientras buena parte del resto del mundo, mal que bien, empezará a disfrutar algo de los retoños de la recuperación.

La crisis, como dice un buen amigo, encueró nuestros problemas estructurales. Problemas que todos conocíamos, problemas que todos sabíamos que tenían que enfrentarse, pero problemas que pospusimos gracias, entre otras cosas, a que los altos precios del petróleo embriagaron a los políticos y sirvieron - todo hay que decirlo- para que el primer gobierno no priísta en décadas, el de Vicente Fox, comprara el apaciguamiento y la gobernabilidad a un abigarrado ejército de gobernadores del PRI, dispuestos a bailar más o menos en paz a cambio de crecientes participaciones y aportaciones de dinero federal. El feuderalismo fiscal mexicano en todo su esplendor.

Por fin sucedió lo que tenía que suceder: Se nos está acabando inexorablemente el petróleo y ahora hay que ponernos a trabajar en serio. Tenemos que convertirnos en un país en serio, en el que la gente paga de veras impuestos, en el que los gobiernos, no sólo el gobierno federal, sino también los estatales y municipales, rinden cuentas, se someten al escrutinio público inteligente (aunque sea del puñado de personas que en México quieren y pueden hacer escrutinios inteligentes), en el que los gobiernos locales afrontan la responsabilidad y el costo político de cobrar los impuestos locales que correspondan (en lugar de esperar todo de la recaudación federal) y en el que los farsantes de la política - que tratan de resolver todo con desplantes ingeniosos y gracejadas más o menos groseras de conductor de microbús envalentonado e impune- no caben.

Hay tres herramientas para hacer frente al grave problema en el que están, ya desde ahora, inmersas las finanzas públicas de México: 1. Aumentar los ingresos fiscales no petroleros, 2. Reducir en serio el gasto público improductivo en los tres niveles de gobierno, en los tres poderes y en varios de los organismos autónomos, como la Comisión Nacional de Derechos Humanos, que gastan con singular desparapajo, y 3. Recurrir al expediente, peligrosísimo, veneno de alta toxicidad, de incrementar el déficit fiscal.

El Secretario de Hacienda anticipó que habrán de usarse, en la combinación adecuada, las tres herramientas, pero también adviritió que el aumento de ingresos fiscales no petroleros debe ser permanente (reforma tributaria de a de veras) y también debe ser permanente la reforma al ejercicio del gasto público para reducirlo a montos de eficiencia y productividad. En cambio, mucho ojo, el recurso al déficit debe ser temporal, medido hasta el escrúpulo, más que cauteloso.

Esto es: Si uno no tiene más remedio que entrar al antro de mala muerte, más le vale no perder de vista tres cosas: 1. El reloj (para salirse en el momento preciso, ni un minuto más tarde), 2. La cartera (para que no se la sutraigan) y 3. La puerta de salida más próxima y expedita.

Lo cual signiifca que, junto con un déficit fiscal deliberado deberá pactarse (poner candados legales muy claros) la salida del mismo déficit en un plazo perentorio.

Eso es lo que hace un "país en serio"...¿Será "en serio" nuestra clase política o nos ponemos a rezar por un doble milagro: Ganar el campeonato mundial de futbol y volver a sacarnos la malhadada lotería del petróleo para seguir en la farsa y los deplantes histriónicos?

El llamado "riesgo país" refleja, aproximadamente, esto de la "seriedad" que merecen los países:

México: 175 puntos base.
Argentina: 860 puntos base. (Datos al 7 de agosto de 2009).

¿Nos queremos ver en el espejo de Argentina?

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lunes, 27 de octubre de 2008

Ahora, robarse las pensiones es “de izquierda”

No faltan voceros oficiosos de la presunta “izquierda” mexicana que elogian el multimillonario robo que ha efectuado el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner a los trabajadores argentinos, e insinúan que una salvajada similar sería bueno que se promoviese en México. Todo ello con el estilo habitual: recurriendo impunemente a las mentiras más burdas.

La expropiación de los fondos de pensiones de los trabajadores argentinos impulsada por el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner no es más que otra trágica muestra de la criminal afición que han mostrado los gobiernos de ese país a robarse los ahorros de las personas.

Esto lo sabe cualquier persona medianamente enterada. Los fondos NO son propiedad de las administradoras privadas de las pensiones sino de cada trabajador en lo individual. Es a ellos, a los dueños de las pensiones, a quienes despoja el gobierno Kirchner en su versión femenina (que, no sin razón, se dice que es la continuación del demagógico gobierno de Néstor con la careta, eso sí más maquillada, de su cónyuge), no a los bancos o a los intermediarios financieros.

Pobre Argentina.

Lo que aterroriza es que en México no falten “santones” del periodismo – laureados, homenajeados y beatificados por la progresía local- como Miguel Ángel Granados Chapa, que manifiesten abierta simpatía por tal despojo, al tiempo que insinúan sibilinamente que un robo semejante sería deseable que se verificase en México.
Para promover tal desatino todo parece válido, incluidas las mentiras mondas y lirondas, como la de afirmar – con pasmosa impunidad- que los ahorros de los trabajadores en las Afores registran “pérdidas”, “mermas” o “menoscabos”. Eso es totalmente falso como puede comprobar quien consulte los rendimientos de los últimos 36 meses, netos de comisiones, de todas y cada una de las Sociedades de Inversión o “Siefores” donde están en México dichos recursos (cifras al 30 de septiembre de 2008). Todas, absolutamente todas ellas, registran rendimientos, netos de comisiones, positivos. Son 90 sociedades de inversión, 18 opciones a elegir para cada uno de los cinco rangos de edad posibles.

Para el rango de edad del propio Granados –en caso de que fuese un simple asalariado-, por ejemplo: mayores de 56 años, los rendimientos – netos de comisiones, insisto-, van desde el significativo 4.83% de Ahorra Ahora hasta un nada despreciable 8.40% de Scotia.
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Notas sobre las mentiras ¿involuntarias, acaso? que difundió Granados:

1. Ignora la diferencia entre el capital y los rendimientos que genera el capital. Hasta ahora, nadie ha perdido un solo centavo de su capital ahorrado, de sus aportaciones a su cuenta individual de retiro, a pesar de las difíciles condiciones de los mercados internacionales. Una minusvalía, al contrario de lo que dice Granados en su farragoso y equívoco alegato, NO es una pérdida, una merma o un menoscabo del capital aportado por los trabajadores, sino una disminución en los rendimientos que podrían incluso - en circunstancias extraordinarias y transitorias, como las actuales en los mercados financieros del mundo- ser rendimientos negativos.

2. A mayor abundamiento, un periodista que presume -a través de sus corifeos y compinches- de ser minucioso y preciso, debería haber consultado, al menos, el glosario que difunde la propia Consar en su sitio de la red, donde puede leerse la siguiente definición de minusvalía:
"Minusvalía:
Disminución en el valor de un activo o bien de acuerdo a las condiciones de mercado. Es una valuación en un momento puntual y de manera totalmente coyuntural. En el caso de los fondos para el retiro se trata de una disminución del valor de las inversiones realizadas por las SIEFORES. Una minusvalía no significa que existe una pérdida."

3. Granados NO ofrece una sola cifra en abono de su falaz alegato. En cambio asegura, con gran desparpajo, conocer el estado de ánimo y las reacciones psicológicas de más de 20 millones de trabajadores mexicanos que tienen cuentas individuales de pensiones al escribir esta joya de periodismo faccioso y de ficción:

"Con perplejidad primero, y profundo desagrado y temor después, los cuentahabientes de las afores recibieron la noticia de que sus ahorros quedaron disminuidos en los primeros ocho meses de este año. Es decir, en vez de que sus fondos crezcan gracias a la eficacia de quienes los administran, han padecido minusvalías, eufemístico modo de llamar a la pérdidas (sic), mermas, menoscabos de su dinero, que son palabras que con mayor exactitud y crudeza nombran lo ocurrido."

Tal vez el párrafo anterior rompa alguna marca mundial respecto del número y grosor de falsedades que se pueden escribir en menos de 100 palabras. Amén de que muestra el abismal desconocimiento del idioma español de un sedicente miembro del capítulo mexicano de la academia de la lengua. ¡Qué verguenza!

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jueves, 29 de mayo de 2008

Energía: La otra cuchilla de la tijera

Los países desarrollados consumen hoy, proporcionalmente, mucho menos petróleo del que consumían hace tres décadas. No es que a esas personas se los haya ordenado el gobierno y obedeciesen dócilmente. Se los ordenaron los precios en 1973-1974 y en 1980-1981.



Hay gobiernos empeñados en pelearse con los precios. Es una lucha perdida de antemano. Mi ejemplo favorito actual es el gobierno K de Argentina (Néstor y su esposa Cristina) que es una copia alucinante de gobiernos fracasados en el siglo pasado (el antiguo Alan García, el primer Carlos Andrés Pérez, Luis Echeverría, José López Portillo, Juan Velasco Alvarado y tantos otros), por lo cual quienes hoy viajan a la Argentina suelen comentar, a su regreso, que viajaron no al sur del continente sino al pasado: "Haz de cuenta como en los años 70 en México, tal cual" me dijo hace meses un empresario que tiene intereses allá.

Es un pésimo negocio pelearse con los precios porque es cómo matar a los mensajeros más veraces y oportunos que podemos tener sólo porque nos trajeron noticias desagradables, pero verdaderas.

No sabemos por cuánto tiempo permanecerán altos los precios del petróleo, pero nos están avisando puntualmente que la demanda está prevaleciendo sobre la oferta. Y sólo hay tres formas realistas y efectivas de corregir el asunto y lograr que los precios bajen o que el hecho no nos afecte tanto: O actuamos para aumentar la oferta o actuamos para disminuir la demanda o hacemos ambas cosas, opción, la última, que siempre será la más provechosa.

Hay varias vías teóricas para incrementar la oferta (ya sea de petróleo, o de otras opciones energéticas que sustituyan al petróleo) que merecerán analizarse y comentarse en otra ocasión. Por esta vez, fijémonos en la otra cuchilla de las tijeras: la demanda.

La herramienta más eficaz para disminuir la demanda es dejar que los precios nos indiquen qué tan grave es la situación. En los choques de precios altos del petróleo, los consumidores en los países desarrollados recibieron de lleno la noticia en las gasolineras, en la factura de la calefacción, en la factura de la electricidad y actuaron en consecuencia.

En otros países hubo gobiernos "benevolentes" que, para ahorrarles un disgusto a los consumidores, evitaron que el mensajero llegase a tiempo. Así les ha ido.

Romper el termómetro nunca ha servido para combatir la fiebre.

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sábado, 17 de mayo de 2008

Los Kirchner y el hambre del mundo (II y fin)

La “genialidad” de los Kirchner (el gobierno K) muy pronto ha dado resultados: La producción de granos en Argentina empieza a disminuir y también cayeron los ingresos tributarios que, golosamente, el gobierno K esperaba recaudar.

La “reina” Cristina - ¿acaso es presidenta de una república?- estuvo tres días en Perú, en la cumbre de Lima que reunió a gobernantes de América Latina con sus semejantes de la Unión Europea. ¿Qué hizo Cristina Fernández de Kirchner en esos tres días, además de maquillarse con esmero y elegir minuciosamente su guardarropa? Bien, se tomó alguna foto del recuerdo con Evo Morales y deslumbró al mundo con declaraciones abismalmente insignificantes – carentes de significado – y políticamente correctas como ésta:

“Se deben articular políticas comerciales entre los bloques, el Mercosur y la Unión Europea”.

En la cumbre de Lima se acordaron “grandes cosas”. Por ejemplo: luchar contra el hambre en el mundo, una tarea en la que la soberana Cristina colabora con denuedo negándose a considerar que la retención tributaria a las exportaciones de granos fue un error garrafal.

Mientras Cristina se placeaba en Lima sus voceros – el ministro de Agricultura y su jefe de gabinete- endurecían el discurso contra “la oligarquía rural”: “Nadie puede fijarle la agenda a la Presidenta” o “No vamos a negociar bajo amenazas”.

Lejos de la palabrería inútil que emboba a los cortesanos, Argentina triplicó en los últimos 17 años su producción de granos y ése hecho es interpretado por el gobierno K como un pecado que debe castigarse con impuestos confiscatorios a la exportación que encarecerán – vía precios y vía menor producción- los alimentos para el mundo. Argentina consume sólo 14% de los 95 millones de toneladas que produce, lo que significa que puede exportar a precios competitivos el resto de la producción; esa hazaña de la productividad es aberrante a los ojos del gobierno K.

El gobierno K



En el mes de marzo (las nuevas retenciones tributarias empezaron el día 11), cayó la recaudación esperada por ese concepto: Fueron 17,700 millones de pesos en lugar de los 20,130 millones de pesos que calculaban los analistas. El gobierno K está demostrando el funcionamiento de la curva de Arthur Laffer: A partir de un punto de avidez tributaria, mayores tasas se traducen en menor recaudación. ¡Felicidades! Lástima que la demostración empírica se haga a costa de encarecer el precio de los alimentos

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lunes, 5 de mayo de 2008

Políticos alérgicos a los costos

La mayoría de los políticos detestan el liberalismo económico porque les recuerda la tremenda sentencia de Milton Friedman: "No hay comidas gratis". Así, especulan, nadie gana elecciones.


Tanto en los países desarrollados como en los países en vías de desarrollo, los gobiernos y los políticos en busca del éxito le están prestando más atención a los encuestadores y a los expertos en mercadotecnia política que a los economistas y a los especialistas serios y preparados.

En esa medida retrocede la productividad en el mundo. En esa medida, millones de seres humanos están pagando más por los alimentos al tiempo que escuchan ávidos a los políticos que prometen energéticos baratos, servicios de salud sin costo, pensiones inagotables y empleos de "Adelitos defensores de la soberanía" (modalidad que la izquierda mexicana ha ideado para reciclar la viejísima costumbre de cobrar en el gobierno sin trabajar, como lo describió Sergio Sarmiento hace poco).

Tomemos el caso de la liberalización comercial. Alan Greenspan ha escrito que si la gente no experimenta de primera mano – en su vida diaria - las ventajas de la libre competencia, tenderá a ponerse en manos del primer populista que le prometa erigir barreras al comercio y obstáculos a la migración. Si Miguel de la Madrid hubiese tenido que someter a referéndum la necesidad de abrir unilateralmente la cerradísima economía mexicana, todavía estaríamos hoy jugando a los contrabandistas aficionados, escondiendo en las maletas, como tesoro prohibido, una "iPod" después de una visita relámpago a Laredo.

El economista serio le dirá al político que la mejor forma de preservar los recursos - por ejemplo, el petróleo o el agua – es cobrarlos al precio que dictan la oferta y la demanda, pero el estratega político o el encuestador le dirán que cueste lo que cueste hay que evitar, por ejemplo, que suba el precio de la gasolina…no importa que para ello cada día se subsidien millones de pesos a los más ricos y que se fomente un desperdicio ruinoso.

Un dato: En los tres primeros meses de 2008 México importó 37.4% más litros de gasolina que un año antes. Un alza tal en la demanda sólo se explica por un precio de ganga. Así se quedó Argentina sin gas natural en 2003- 2004…, pero el matrimonio Kirchner se mantuvo en el poder…, arguye el encuestador.

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martes, 22 de abril de 2008

Alimentos caros por gobiernos entrometidos

En seis años, de enero de 2002 a enero de 2008, los precios de los alimentos en el mundo han subido en promedio 140 por ciento. ¿Cuál es la solución? Dejar que el sistema de precios funcione sin interferencias de los gobiernos.

La pésima idea de subsidiar los cultivos de maíz para producir combustibles (etanol) ha sido la principal causa del disparo de los precios de cereales, leche, carne y otros alimentos en los últimos años. Como se sabe esa ocurrencia del gobierno de Estados Unidos – cuyo principal beneficiario son las grandes corporaciones que compran las cosechas como Archer Daniels Midland– ha perturbado los mercados de alimentos a través de efectos en cadena: el encarecimiento del maíz ha incrementado la superficie de tierras dedicadas a ese cultivo, en detrimento del trigo, la soya, el frijol, el arroz, lo que, a su vez, ha disparado también los precios de estos últimos; además, como algunos cultivos sirven para alimentar al ganado, los precios de los lácteos y de la carne también se han disparado.

Lo más desastroso de esta política es que ni siquiera disminuye el uso de hidrocarburos sino que lo incrementa.

Otro factor detrás del alza en los precios ha sido el mejoramiento de los ingresos – y, por tanto, de la dieta- de millones de chinos e indios. A diferencia de los subsidios, que encarecen artificialmente los productos, un aumento de la demanda de alimentos derivado de un mayor bienestar es una magnífica noticia.

Por desgracia muchos gobiernos están reaccionando con gran torpeza ante el fenómeno. En Argentina Cristina Fernández de Kirchner está fastidiando a miles de productores agrícolas imponiéndoles exorbitantes impuestos a la exportación. El resultado será una menor producción dado que los productores carecen de incentivos para sembrar más o para mejorar los cultivos; habrá mayor encarecimiento. Otro tanto, con torpeza similar, está haciendo el gobierno de la India.

La solución es la contraria: Liberar las fuerzas del mercado que, mediante el sistema de precios, incentivarán una mayor productividad; así, ante una mayor oferta los precios disminuirán y se estabilizarán. Y, por supuesto, abolir ya los estúpidos subsidios al maíz para producir etanol; algo que ni por error propondrán el par de demagogos que se disputan la candidatura del partido demócrata en Estados Unidos (no vaya a ser que pierdan votos o patrocinios).

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jueves, 8 de noviembre de 2007

China y Estados Unidos: ¿Quién trabaja para quién?

En realidad, millones de chinos han estado trabajando muy duro para que millones de estadounidenses vivan mejor.

Usted qué prefiere: ¿Comprar barato o vender barato?

El progreso de China consistentemente lo vemos al revés de lo que es la lógica elemental de la economía. Si el objetivo último de la actividad económica es vivir mejor, NO deberíamos decir que a los chinos les va muy bien porque cada día le venden más cosas a Estados Unidos, sino que les empieza a ir bien porque cada vez pueden comprarle un poco más a Estados Unidos y al mundo.

En 2003 China superó a México como proveedor de los consumidores estadounidenses y es muy probable que en breve supere también a Canadá y se convierta en el país líder en exportaciones a Estados Unidos. Un dudoso campeonato.

¿Por qué “dudoso campeonato”? Porque no compramos para vender, sino que vendemos para poder comprar, que es lo verdaderamente interesante (como suelen saber muy bien las mujeres). Lo que nos debe interesar, para evaluar el progreso real de China en términos de bienestar para los chinos, es cuánto más pueden comprar ahora respecto de lo que podían comprar hace siete años. Visto así, China no va por mal camino, pero le falta muchísimo por recorrer: En 2001 por cada dólar en mercancías que China exportó a Estados Unidos importó sólo 18 centavos de dólar de mercancías estadounidenses, en junio de 2007 la situación había mejorado un poco (para los chinos en términos de bienestar tangible: capacidad de compra y consumo) y por cada dólar que exportaron a los estadounidenses les compraron ya 20 centavos de mercancías.

En los siete años que van de 2001 a 2007 los chinos han trabajado muy duro para que los consumidores estadounidenses y del resto del mundo – que son clientes de los chinos- puedan vivir mejor; a cambio, empiezan a mejorar su precario poder adquisitivo y ya pueden comprarle un poquito más de bienestar al mundo. Si China cada vez vendiera más pero cada vez comprara menos se estaría empobreciendo. Esto último es lo que le sucede a Venezuela y le pasará en breve a la Argentina: Un alto crecimiento del PIB que no se traduce en mayor poder de compra, es una mejoría ficticia.

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martes, 30 de octubre de 2007

El poder femenino y la coquetería instantánea

La coquetería femenina es, también, un arma de la mercadotecnia política. Debe ser, sin embargo, coquetería cuidadosamente calculada. Coquetería que, en caso de ser denunciada como manifestación de frivolidad, tenga siempre la respuesta, también de indignación fingida y calculada, del feminismo políticamente correcto.

Una estupenda fotografía de la agencia Notimex muestra a Cristina Fernández de Kirchner haciendo un coqueto gesto de sorpresa – abriendo inmensos los ojos perfectamente maquillados, mientras su cuidado cuerpo se curva hacia delante- al momento de emitir su voto el domingo pasado. Coquetería instantánea o instantánea de la coquetería del poder. Recuérdese que "instantánea", como sustantivo, es, dice el diccionario, la "fotografía así obtenida".

Inevitablemente peronista, argentina de nacimiento y biográficamente "progresista", Cristina y su parafernalia política son cursis. Faltó añadir que también están ella, y el aparato de propaganda que la rodea, inmersos en la coquetería, en el cuidado casi obsesivo del cuerpo y de la imagen que proyecta.

El 20 de julio pasado, la editora de modas del diario The Washington Post, Robin Givhan, criticó a Hillary Clinton por lucir un escote demasiado pronunciado durante una audiencia en el Senado. "Exponer un escote en un marco que no tiene que ver con cocktails y hors de ouvres – escribió- es una provocación".

Mas reveladora que la crítica – y que el escote- fue la indignada respuesta de Ann Lewis, una de las principales asesoras de Hillary: "Francamente ocuparse del cuerpo de las mujeres en vez de prestar atención a sus ideas es insultante". ¿Qué revela tal respuesta? Un fingido feminismo puritano - ¿las políticas son incorpóreas?- y, tal vez, revela también que la senadora Clinton necesita recurrir, a veces, a un escote para no mostrar - ¡horror!- ideas que le resten votos.

En este sentido, la futura presidenta argentina es menos pacata: Se cuida mucho porque se gusta y se gusta mucho – encantada de conocerse en el espejo, como casi todos los políticos- porque se cuida. Detestaría volverse incorpórea o tan poco coqueta como la primer ministro de Alemania, Ángela Merkel, o su vecina chilena, Michelle Bachelet. Detrás de cada lente fotográfico o de cámara de televisión está, para Cristina, un espejo.

Después de todo, señora Lewis, un escote es un escote, y cuando distrae de las ideas (si las hay) está fuera de lugar.

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domingo, 28 de octubre de 2007

La peligrosa cursilería “progresista”

Cristina Fernández de Kirchner según todos los indicios será presidenta de Argentina. ¿Qué le añadirá a la gestión de su marido? Un poco más de cursilería, el sello de la casa “progresista” en América Latina. A este paso también perderemos el siglo XXI.


Ojalá mañana lunes, después de las elecciones en Argentina, aún permanezca la página oficial en la red de la candidata Cristina Fernández de Kirchner (CFK). Es un monumento “kitsch” de mercadotencia política – que de suyo tiene una tendencia irrefrenable a lo “kitsch” como advirtió Milán Kundera- que abreva en los charcos del “progresismo” sentimentaloide de los años 70 del siglo pasado.

La “biografía” de la candidata es una secuencia de fotografías que muestran a Cristina en distintas etapas de su vida, como los videos que algún artista aficionado realiza en honor de la festejada en las celebraciones de quince años. Las imágenes de Cristina se van desgranando – han de perdonar los lectores el verbo; la cursilería es contagiosa- mientras se escucha la voz de Mercedes Sosa, con un bonito acompañamiento de guitarra, cantando “La canción es urgente” de Teresa Parodi: “…quiero darte la hora, con las ganas que tengo, con el nombre de todos los que no se rindieron…que si vamos cantando no podrán detenernos… que es la hora del pueblo, que es la hora del grito, que es la hora del pueblo… que tu voz la levante…y que suene a victoria cuando rompa el silencio…”.

Que eso sea lo más memorable del sitio en Internet de CFK ya es toda una definición. Unos gramos más de emotividad y CFK tendrá que copiar la consigna del Plan de Desarrollo Económico y Social de Hugo Chávez en Venezuela, cuya meta es lograr “la suprema felicidad social”.

¿Cuánto cuesta sostener estas ilusiones? En los últimos cuatro años en Argentina ha costado un incremento de más de 220 por ciento en el gasto público, financiado por los altos precios del trigo, de la soya y del petróleo, entre otros bienes primarios exportables. Ha costado falisificar el índice de precios, prohibir las exportaciones de carne, repudiar gran parte de la deuda, incumplir con el suministro de gas a Chile, truquear las cifras del balance fiscal...(ver "171,000 millones de razones para votar" de José Luis Espert aquí).

¿Cuánto va a durar la ilusión? Nadie lo sabe, pero no es eterna. ¿Si vamos cantando no podrán deternos? ¡Qué lindo!

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jueves, 6 de septiembre de 2007

No aumentó la aversión al riesgo, disminuyó la ignorancia

Los inversionistas en los mercados internacionales no se han vuelto, tras la crisis de las hipotecas de baja calidad, ni más temerosos, ni más ambiciosos que antes. Simplemente, ahora saben un poquito más que ayer.

En los últimos días ha adquirido popularidad entre algunos analistas la versión de que la crisis de las hipotecas de mala calidad otorgadas en Estados Unidos, que golpeó a los mercados financieros mundiales, arrojó como primer saldo un aumento en la aversión al riesgo por parte de los inversionistas.

Es una explicación errónea: La naturaleza humana no ha cambiado. Lo único que se modificó fue que más inversionistas vieron riesgos que antes no veían a pesar de que estaban ahí. No es que antes fueran temerarios y de súbito se volvieran miedosos; mucho menos es que antes fueran conformistas y de repente se volvieran ambiciosos. Nada de eso. La crisis ha servido para que se destapase información pertinente que la gran mayoría estaba pasando por alto. Los mercados funcionan mejor cuando hay más información. Por paradójico que suene: Hoy los mercados están en mejores -o menos malas- condiciones que antes del mes de julio.

¿Es importante el punto? ¡Es importantísimo! De un diagnóstico erróneo surgen malas decisiones. Por ejemplo, un comentarista señalaba ayer: “La gente que tiene dinero va a exigir un pago mayor por ponerlo a disposición de empresas y Gobiernos”. No es así: La gente no se va a conformar tan fácil como antes con la promesa de un pago mayor, va a fijarse un poco más en los fundamentos que garanticen la viabilidad de la tasa de retorno prometida.

El primer efecto de estas crisis es aumentar el discernimiento en los mercados. Por ejemplo, papeles gubernamentales: Si sólo contase la tasa prometida: ¡hay que comprar bonos de la deuda argentina!; pero si uno se fija más – gracias a la crisis- en la solidez de la promesa de retorno, preferirá sin duda invertir en deuda del gobierno mexicano. Los indicadores de “riesgo país” son más que elocuentes.

¿Esto le pegará a muchos proyectos de inversión? ¡Desde luego!, pero les pegará a los proyectos que no tengan fundamentos económicos sólidos que respalden su reclamo de dinero de los inversionistas.

El corolario lógico es que hoy, con mayor razón que nunca, en México se debe cuidar la solidez de las finanzas públicas y su manejo responsable.

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jueves, 23 de agosto de 2007

Argentina: Hundidos en la nostalgia (II, III, IV)

II. La necedad ideológica del matrimonio Kirchner-Fernández está orillando a la Argentina a un futuro por demás incómodo y humillante: Ser un satélite más de la dictadura petrolera de Hugo Chávez en Venezuela. Un destino similar al que enfrentan, por ahora, Bolivia o Ecuador.

Tal vez el más fuerte argumento electoral de Cristina Fernández ante las "sensibilidades progresistas" es que ella fue, en los años 70 del siglo pasado, más comprometida aún que su marido, Néstor Kirchner, con el peronismo de "izquierda" afín a los montoneros y a los movimientos inspirados en la llamada teología de la liberación.

Se supone que "el segundo Perón", el que regresó a la Argentina en 1973 prácticamente proclamado presidente por aclamación, les falló a los jóvenes que habían reescrito el peronismo en clave marxista: Esos jóvenes esperaban el regreso de Perón como si fuese a llegar un Fidel Castro argentino y se encontraron con una caricatura de Francisco Franco. Nunca entendieron que ambos personajes – Castro y Franco- son las dos caras de la misma moneda.

El viejo Perón prohijó a los corruptos sindicalistas del peronismo e incluso a febriles anticomunistas como José López Rega. A la muerte de Perón, en julio de 1974, le releva su viuda María Estela Martínez ("Isabelita") y el poder de López Rega y los paramilitares anticomunistas de la triple AAA – Alianza Anticomunista Argentina- se acrecienta. Se agudiza la llamada "guerra sucia" con la complacencia de buena parte del ejército y de la armada en contra de los guerrilleros del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), abiertamente marxista, y de los montoneros que se proclamaban peronistas auténticos.

En esas aguas mezcladas de justicialismo, marxismo y teología de la liberación abrevaron Cristina Fernández y Néstor Kirchner…y ahí siguen, a despecho del paso del tiempo.

Para ellos no ha caído el muro de Berlín, Fidel Castro sigue siendo un referente admirable y, con aderezos de los años 70, creen que el catecismo peronista original habrá de transformar a la Argentina y al mundo con sus recetas añosas de mercantilismo, proteccionismo, intervención obsesiva del gobierno en la vida económica, sustitución de importaciones, control de precios, democracia dirigida o simulada, manipulación de las variables económicas, corporativismo…

Las consecuencias de esta inflexibilidad mental – atados a los sueños juveniles de los años 70- han sido nefastas para la Argentina.

III. Argentina se ha convertido en los últimos meses en un país fantástico. Con el entorno internacional más favorable en décadas – con precios extraordinariamente altos para muchas exportaciones argentinas- el gobierno de Kirchner está empecinado en la economía ficción.

El rosario de salvajadas económicas que ha cometido el gobierno de Néstor Kirchner para mantener la ilusión de un país pujante que está saliendo de sus problemas parece interminable.

A un escándalo ha seguido otro. A la insólita y unilateral decisión de desconocer su deuda con aquellos tenedores de bonos argentinos que no aceptaron las ruinosas condiciones de renegociación y que permitió de un plumazo borrar unos 25 mil millones de dólares del registro de la deuda gubernamental, (ver cálculos de la consultoría económica privada Espert, en la "newsletter" de junio de 2007), siguió la escasez de gas natural por una desastrosa política de precios reprimidos, más tarde el escándalo de la prohibición de exportar carne – con la ilusión de que ello frenaría el alza en los precios al consumidor- y después el escándalo de acusar a los profesionales del instituto de estadísticas económicas de conspirar contra el gobierno, por rehusarse a "dibujar" la inflación en lugar de registrarla, y el supuesto cambio de metodología – en realidad, la fabricación de índices inflacionarios bajo pedido- que ha hecho de las cifras oficiales de inflación en Argentina un mal chiste. (Por ejemplo, un reciente reporte de Credit Suisse anota que la inflación auténtica supera el 15% a despecho de que el índice oficialista la ubica abajo del 9% anual).

Y más escándalos que el gobierno de Kirchner ("somos un país serio", "no somos una republiqueta") ya no sabe como ocultar: la abultada suma de dinero en efectivo hallado en el baño del despacho de la ministra de Economía, Felisa Miceli, hoy renunciada, y que nadie en el gobierno ha sabido explicar y la cereza en el pastel: el maletín con casi 800 mil dólares en efectivo que un negociante venezolano simpatizante de Hugo Chávez trató de introducir a Argentina en un vuelo privado fletado por la petrolera estatal argentina Endarsa y que, se especula, tal vez eran para financiar la campaña a la presidencia de la esposa de Kirchner.


IV y Final. Una constante de los gobiernos argentinos, desde mediados del siglo pasado, ha sido la "viveza" para manipular la economía, generar un efímero bienestar colectivo y pasar la cuenta del desastre al siguiente gobierno.



Hoy varios de los observadores más sensatos en Argentina recuerdan por enésima vez la famosa sentencia de Lord Acton: "El poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente", tratando de explicar las causas de la descomposición moral que exhibe desde hace años la política en ese país.

El reciente episodio de la valija con casi 800 mil dólares en efectivo, procedentes de Venezuela, que subrepticiamente se pretendió introducir al país en un vuelo fletado por la empresa petrolera estatal, parece haber colmado el plato.

El gobierno reacciona indignado ante las críticas, como si el escrutinio de los asuntos públicos y de la conducta de los funcionarios fuese una grosera violación de la impunidad que – presumen- les otorgó la "democracia" en las urnas. Lo cual, a su vez, se explica porque el nuevo escándalo estalló en el momento menos oportuno para los intereses sucesorios de Kirchner, es decir: para la candidatura a la presidencia de su esposa; cuyo triunfo muchos ya dan por descontado.

¿Será que mientras el bolsillo de los habitantes, casi ciudadanos, no sufra mucho, éstos toleran, como parte de la idiosincrasia nacional, la corrupción y hasta eventualmente se complacen en ella?

Lo cual conecta con la raíz originaria de la corrupción, en la medida que la democracia argentina carece hoy de eficaces contrapesos – salvo en ocasiones el poder judicial - y el gobierno goza de una posición hegemónica que le permite hacer salvajadas económicas que disfracen la realidad y por un tiempo mantengan más o menos satisfecho el estómago de los electores.

El gobierno de Kirchner ha desconocido deudas, ha reprimido precios, ha manipulado el tipo de cambio (algo tan argentino como la milonga), ha aumentado escandalosamente el gasto, ha falsificado el índice de precios, ha prohibido exportaciones e importaciones según dicten las circunstancias políticas, ha establecido trámites y controles de forma sectaria – para beneficiar a unos y perjudicar a otros- como sólo puede hacerse en una democracia sin eficaces contrapesos de poder.

A ojos vistas el país pierde competitividad pero la "viveza" para manipular la economía permitirá postergar la hora de rendir cuentas. Esa es la apuesta de Néstor Kirchner y Cristina Fernández.

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lunes, 20 de agosto de 2007

Argentina: Hundidos en la nostalgia (I)

Dicho sea con todo afecto para los argentinos: Su gran problema como país es que siguen atrapados en la veneración irracional a una demagoga – Evita- que murió de cáncer en 1952 y a su marido, igualmente demagogo, que llegó al poder hace 61 años.

No ha habido un psicoanalista, en ese país pródigo en ellos, que logre que los argentinos procesen con sabiduría el duelo por las muertes de Evita y de su esposo y superen ese prolongado bache en su historia que podríamos llamar el populismo “boludo”.

Golpes de Estado, juntas militares fascistas, versiones de izquierda y derecha del peronismo y hasta peronismo dizque “neoliberal”. Casi todo han intentado y el país se hunde más en el atraso del populismo “boludo”.

¿Qué es ser “boludo”? El diccionario recoge tal adjetivo típicamente argentino y define su significado: “Dicho de una persona: que tiene pocas luces o que obra como tal”. Cualquier argentino que se precie – y hay muchos- considera que es consustancial al argentino el ser “vivo” (sagaz) y que no hay nada peor que ser “boludo” o “hacer boludeces”.

Para desgracia de Argentina el peronismo inició en 1946 un largo ciclo de “boludeces” que han llevado al país a ser una economía menos que mediocre, después de haber sido una de las economías más prósperas del planeta.

La misma dictadura militar de 1976 a 1983 que sembró una cauda de muertos y desaparecidos no se sustrajo al virus del populismo “boludo”, como lo muestran – entre otros- los episodios de atroz demagogia del mundial de futbol de 1978 y de la desastrosa guerra de las islas Malvinas o Falkland en 1982. En ambos casos, los militares lograron la hazaña de excitar el orgullo nacionalista de los argentinos al grado tal de poner en sordina las atrocidades del “proceso” fascista al que estaban sometidos. Populismo mondo y lirondo.

Sólo alguien particularmente lúcido, como Jorge Luis Borges, supo denunciar con sarcasmo esa enfermedad argentina en medio de la euforia – aparentemente inexplicable- que desató el mundial de futbol de 1978: “No es posible que un país se sienta representado por los jugadores de futbol. Es como si nos representaran los dentistas. La Argentina tiene dos cosas que ningún país del mundo posee: la milonga y el dulce de leche. ¿Qué más identidad pretenden?”.

Hoy la tragedia del populismo “boludo” continúa. Mañana lo comentaré.

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