sábado, 2 de febrero de 2008

La tasa de rendimiento por tractor quemado

¿Cuál es la tasa de retorno que se espera obtener del negocio de quemar en la calle un tractor que vale en el mercado, conservadoramente, unos 200 mil pesos?, ¿una ganancia de diez veces respecto de la “inversión original”?, ¿digamos un subsidio a fondo perdido para el dueño del tractor de dos millones de pesos? No está mal el negocio.


La manifestación de los rentistas agropecuarios en la ciudad de México el jueves pasado nos regaló, en los noticiarios de la televisión, una imagen inusual: Vimos a supuestos productores agrícolas quemar en la calle uno de los bienes de capital más eficaces para incrementar la productividad en el campo: Un tractor.

Si uno se traga el cuento de que se trataba de verdaderos productores el hecho parece inexplicable: ¿Para qué destruir sus medios de producción? Sin embargo, el hecho es perfectamente lógico, porque la manifestación no era de productores agrícolas, sino de un gremio con un oficio diferente: el gremio de los rentistas del campo mexicano.

Hace muchos años un secretario de Agricultura del nefasto gobierno de Luis Echeverría se hizo célebre por acuñar una frase demoledora: “El campo mexicano está organizado para votar, no para producir”. Unos 35 años más tarde, y después de avances formidables en el mundo en materia de productividad agrícola, debemos modificar la frase: “Una parte del campo mexicano, la más ruidosa políticamente y la más improductiva, no está organizada para producir sino para obtener subsidios crecientes”.

Esa parte de los campesinos y agricultores mexicanos, generalmente asociada en el papel con las cosechas de granos básicos, obtiene sus ganancias de un modo diferente del que practican quienes se dedican, por ejemplo, a cosechar frutas, verduras y hortalizas. Mientras estos últimos están en el negocio de la producción – y su mejor arma ha sido la productividad-, los primeros están en el negocio de la caza de rentas y su mejor arma, para obtener crecientes rentas de dinero público, es alborotar y chantajear.

Así, cuando se obtiene un rendimiento (subsidios) por tractor quemado de diez o hasta cien veces el valor del tractor (un tractor usado, modelo 1991, se consigue por unos 200 mil pesos), es perfectamente racional quemar tractores en la calle. A los rentistas del campo mexicano no les interesa el rendimiento por hectárea, sino el rendimiento por tractor quemado.

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lunes, 30 de julio de 2007

¿Por qué emigran los mejores?

Tal vez porque ellos sí tienen las agallas – que a muchos les faltan- para no aceptar cosas intolerables, por ejemplo que la Compañía de Luz y Fuerza en México no sea capaz de darle el servicio de energía eléctrica a una nueva empresa, porque todos los recursos se van en consentir a un sindicato cuyo mejor argumento es: “Si me tocas con el pétalo de una reformita, te incendio el país”.

Es tautológico decir que un inmigrante mexicano ilegal en Estados Unidos violó la ley de ese país. Lo que se suele pasar por alto es que en la inmensa mayoría de los casos ese mexicano NO tiene ninguna vocación delictiva irrefrenable: Para violar la ley no necesita emigrar, en México tenemos todos los días cientos de oportunidades de violar las leyes y permanecer impunes o hasta recibir aplausos y elogios por hacerlo. No emigró, pues, para violar la ley, sino para ganar con un trabajo productivo lo que no puede ganar en este país…a menos que le entre al juego del abuso tolerado con pretextos políticamente correctos.

Sin rubor todos los días alguien dice que el Seguro Social o que la Compañía de Luz están al borde de la quiebra y que por eso necesitan más recursos públicos. Se ve bien, políticamente, exigir más dinero público para esas entidades gubernamentales. No importa que, como en el caso de la Compañía de Luz, la empresa sea incapaz de satisfacer la demanda de nuevos usuarios en la Ciudad de México, porque los recursos que recibe se van en su mayoría a satisfacer los privilegios de una casta sindical a la que los gobiernos – del signo que sean- le tienen pavor.

No se puede tocar el contrato colectivo de PEMEX, y todos parecen ver como “normal” que haya miles de trabajadores en esa empresa que “no tienen materia de trabajo”; el problema no es de ellos, ni de PEMEX, sino de los demás: Les tenemos que encontrar qué hacer (y para eso hay que darle más dinero a PEMEX), porque ni pensar en que dejan de cobrar. Eso sería provocar el motín auspiciado por una legión de políticos voraces.

Son mejores los que emigran porque, de alguna manera, perciben que no quieren ser parásitos, ni mantener a parásitos “intocables”.

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