lunes, 15 de diciembre de 2008

Competencia bancaria: Punto muerto

Otra vez, la pantalla de la TV como garrote
Hasta febrero, en el mejor de los casos, podremos saber para quién legislan, en materia de competencia bancaria y de defensa efectiva de los derechos de los usuarios de servicios financieros, los senadores y los diputados mexicanos.
Por lo pronto, el jueves pasado, 11 de diciembre, el senado apareció alineado con quienes desean poner barreras al acceso de millones de mexicanos a servicios financieros más o menos competitivos; acceso que se lograría con la modalidad de los corresponsales bancarios tal y como se había diseñado originalmente. Del mismo modo, el senado se opuso a brindar a los usuarios de servicios financieros una defensa más efectiva ante eventuales abusos de las instituciones bancarias: votó en contra de dotar a los dictámenes de la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) del carácter de títulos ejecutivos, lo que permitiría a las víctimas recuperar sus recursos mediante un procedimiento rápido y eficaz de ejecutoria mercantil.
Por fortuna los diputados no se doblegaron y se pusieron a favor de una mayor competencia bancaria y de una defensa más eficaz y expedita de los derechos de los consumidores de servicios financieros. Hay que reconocer, por sorprendente que parezca, que entre los primeros que se "fajaron los pantalones" ante las presiones estuvieron diputados del PRD.
Fue así como el asunto llegó a un punto muerto y habrá de dirimirse acaso hasta el próximo periodo ordinario de sesiones.
Lo que ha seguido es una campaña de desprestigio y vilipendios en las pantallas de cierta cadena de televisión (y en los espacios periodísticos que, con buenas o malas artes, controla el mismo consorcio) en contra de quienes no se allanaron a impedir una mayor competencia bancaria y una defensa más efectiva de los derechos de los usuarios financieros.
Ni hablar, cada cual cabildea con lo que tiene y hasta donde le permite su ética o su falta de escrúpulos.

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viernes, 18 de abril de 2008

El gran estruendo de los impotentes

Es perfectamente lógico que los traficantes de ruido aumenten el estruendo, en la misma medida que han perdido la capacidad de transformar, (o siquiera incidir en) la realidad.

Por supuesto que es una majadería inaceptable – otra más – que una minoría de legisladores obstruya el funcionamiento del Congreso, pero eso, más que revelar una fragilidad institucional de la democracia, desenmascara la impotencia de los enemigos de la democracia.

Es irritante que adinerados ex gobernadores de estados paupérrimos, como es el caso del zacatecano Ricardo Monreal, hoy devenido en senador de la República, promuevan "tomas de la tribuna" en el clásico estilo de los "porros" reventadores de asambleas estudiantiles y, más tarde, quieran endilgarnos a los ciudadanos pretextos y argumentos tan idiotas que insultan la inteligencia del público.

No sólo eso, también despierta suspicacias el repentino interés de Monreal por cultivar y alentar la faceta más suicida – políticamente hablando- del atribulado Andrés López y de su partido, el PRD, que eso es lisa y llanamente lo que ha hecho al promover la "toma de la tribuna". ¿Apoya Monreal a López o empuja a López al precipicio dándole a la vez estentóreas palmadas en la espalda? Todo puede ser.

Pero por irritantes y repugnantes que sean estos hechos, en la práctica no dejan de ser estruendosas muestras de impotencia: No hay ejemplo más dramático de impotencia legislativa y política que abominar del debate y de la regla democrática de la mayoría. Todo mundo sabe que el PRD no necesita 50, 100 o mil días para decir lo que ya dicho y que se resume en dos letras: "No". Tal vez otros partidos y otros actores requieran discutir, escuchar, dialogar, razonar, rebatir, proponer, porque están a la búsqueda de la verdad o de acuerdos y soluciones viables. Los obcecados del "no" han demostrado sobradamente que no necesitan de debate alguno, que no requieren preguntar, dudar, conjeturar. Tienen "su verdad" de antemano y para siempre, inconmovibles. Y su verdad es simple: No, a todo lo que proponga el otro. Para decir "no" bastan un par de segundos. Pero como es el "no" de los impotentes quieren recubrirlo de estruendos, gritos, sombrerazos, amenazas…, fingen la emoción, el estremecimiento, los temblores, los ojos en blanco, el desenfreno verbal… y quieren que su éxtasis de utilería dure una eternidad. Tal vez tendrían éxito haciendo telenovelas. Quizá por ahí.

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lunes, 30 de julio de 2007

¿Por qué emigran los mejores?

Tal vez porque ellos sí tienen las agallas – que a muchos les faltan- para no aceptar cosas intolerables, por ejemplo que la Compañía de Luz y Fuerza en México no sea capaz de darle el servicio de energía eléctrica a una nueva empresa, porque todos los recursos se van en consentir a un sindicato cuyo mejor argumento es: “Si me tocas con el pétalo de una reformita, te incendio el país”.

Es tautológico decir que un inmigrante mexicano ilegal en Estados Unidos violó la ley de ese país. Lo que se suele pasar por alto es que en la inmensa mayoría de los casos ese mexicano NO tiene ninguna vocación delictiva irrefrenable: Para violar la ley no necesita emigrar, en México tenemos todos los días cientos de oportunidades de violar las leyes y permanecer impunes o hasta recibir aplausos y elogios por hacerlo. No emigró, pues, para violar la ley, sino para ganar con un trabajo productivo lo que no puede ganar en este país…a menos que le entre al juego del abuso tolerado con pretextos políticamente correctos.

Sin rubor todos los días alguien dice que el Seguro Social o que la Compañía de Luz están al borde de la quiebra y que por eso necesitan más recursos públicos. Se ve bien, políticamente, exigir más dinero público para esas entidades gubernamentales. No importa que, como en el caso de la Compañía de Luz, la empresa sea incapaz de satisfacer la demanda de nuevos usuarios en la Ciudad de México, porque los recursos que recibe se van en su mayoría a satisfacer los privilegios de una casta sindical a la que los gobiernos – del signo que sean- le tienen pavor.

No se puede tocar el contrato colectivo de PEMEX, y todos parecen ver como “normal” que haya miles de trabajadores en esa empresa que “no tienen materia de trabajo”; el problema no es de ellos, ni de PEMEX, sino de los demás: Les tenemos que encontrar qué hacer (y para eso hay que darle más dinero a PEMEX), porque ni pensar en que dejan de cobrar. Eso sería provocar el motín auspiciado por una legión de políticos voraces.

Son mejores los que emigran porque, de alguna manera, perciben que no quieren ser parásitos, ni mantener a parásitos “intocables”.

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