domingo, 7 de diciembre de 2008

¿Una economía sin consumidores?

Al consumidor no se le deja opinar sobre la reducción de aranceles

Un “especialista” (Luis Rubio) publicó hoy ("Reforma") un extenso artículo acerca de la reducción de aranceles en México. Son más de 1,100 palabras pero jamás aparece la palabra “consumidor” o las oraciones: “precios para el consumidor final”, “bienestar de los consumidores”.
En cambio, el artículo menciona constantemente las palabras: “productores”, “gobierno” y “apoyos”.
El autor argumenta que la reducción de aranceles podría ser impecable desde el punto de vista de la ciencia económica, pero carece de programas de “apoyo” para aquellos productores que podrían ser “arrasados” – ese es el verbo que emplea- por la competencia de productos extranjeros que serían, merced a la reducción de aranceles, más baratos que hoy.
Así como están ausentes los consumidores en el alegato, también se omite cualquier mención a que la devaluación del peso experimentada en los últimos meses ha encarecido para el consumidor final alrededor de 35% el precio de todos y cada uno de los bienes importados.
En México cuando los especialistas, los empresarios o el gobierno hablan de competitividad, de comercio exterior, de empleos, de precios o de crecimiento económico lo último que les interesa, si acaso les interesa, es el bienestar del consumidor.
Reducir aranceles equivale a regresar a millones de consumidores miles de millones de pesos que actualmente les son sustraídos por un puñado de negociantes. Pero tal “apoyo” a los consumidores – que no le costaría un solo centavo a los contribuyentes- es herético, porque no puede capitalizarse en aportaciones electorales, ni venderse como favor en el supermercado de la política, ni traducirse en patrocinios de algunos poderosos empresarios para centros de análisis e investigación.

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martes, 25 de noviembre de 2008

Los obstruccionistas

Al igual que los grupos de presión que obstruyen el libre tránsito en calles y caminos los negociantes mexicanos - presuntos dirigentes de cúpulas empresariales- han hecho de los aranceles (obstrucciones al libre tránsito de mercancías) la fuente de sus rentas; márgenes exorbitantes de utilidad obtenidos del despojo a los consumidores.

Comedido, con gran timidez, el gobierno federal ha propuesto una reducción arancelaria en el contexto de la crisis global que nos aqueja. Es una propuesta en la dirección correcta, dado que el peor de los errores que podemos cometer es profundizar y agravar la recesión incurriendo en el proteccionismo.
El problema ha sido que, como es usual, el gobierno eligió como interlocutores para disminuir el proteccionismo comercial ¡al puñado de negociantes que obtienen sus rentas de los elevados aranceles!, en lugar de acudir a más de cien millones de consumidores que somos quienes los padecemos.
Es el mismo patrón de negociación que siguen las autoridades con quienes obstruyen una avenida o una carretera para defender algún interés particular (con gran frecuencia ilegítimo), desdeñando a la inmensa mayoría que es afectada por los obstruccionistas. Al obstruccionista se le ofrece dialogo, negociación, concesiones y hasta, metafóricamente, besos y arrumacos; a quienes padecemos el abuso de los obstruccionistas se nos ordena una dieta de ajo y agua: "a joderse y aguantarse".
De seguir ese camino la muy necesaria - ¡urgente!- reducción de aranceles terminará como otro parto de los montes: en el alumbramiento de un ratoncillo insignificante.
México ocupa el vergonzoso lugar 107 en el mundo – de una lista de 125 países- en términos de aranceles MFN (nación más favorecida), es decir: es, en los hechos, uno de los países más proteccionistas del planeta.
Engallados, los voceros de los obstruccionistas exigen que no se toquen sus territorios de caza: nos ven a los consumidores como piezas de su propiedad.
Un sueño: Los consumidores, por una vez al menos, deberíamos instalarnos a las puertas de la Secretaría de Economía (buena parte de las oficinas ya están tomadas, en la práctica, por los negociantes proteccionistas) para exigir sin dilaciones la reducción sustancial y acelerada de los aranceles.
¿De donde obtienen los obstruccionistas tantos recursos para cabildear y presionar a favor del sostenimiento de sus cotos de caza de rentas? Muy sencillo: De los excedentes de los que hemos sido despojados los consumidores, ¡gracias a la protección arancelaria!

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jueves, 24 de julio de 2008

¿México es una economía abierta? Ja, ja, ja…

Otro gran mito nacional: México es una de las economías más abiertas al mundo en términos de comercio exterior.


A finales de los años 80 y principios de los 90 del siglo pasado México emprendió un notable proceso de apertura comercial hacia el exterior; notable, respecto de la cerrazón que prevalecía. Tal parece que ese proceso nos dejó exhaustos. Después retrocedimos. Nos abrumó tanto tal apertura – para una nación caracterizada por su afición a contemplarse el ombligo y desdeñar al mundo externo- que la convertimos en mito.

México firmó numerosos tratados de libre comercio pero al mismo tiempo aumentó de 5 a 14 sus rangos de tasas arancelarias. Obligado por los tratados comerciales México disminuyó – para sus nuevos socios- las tasas aplicables a las importaciones, pero impuso tasas exorbitantes en lo que se conoce como aranceles MFN o de nación más favorecida. En una reciente clasificación del Banco Mundial, México es uno de los países más proteccionistas del orbe respecto de las importaciones procedentes de países con los que no tiene tratados de libre comercio. Ocupa el lugar 107 de 125 países.

En Singapur, número uno en apertura comercial junto con Hong Kong, los días promedio que requiere una importación son tres; en México importar algo toma 23 días en promedio. En Singapur, el costo de un contenedor para importaciones es de 367 dólares, en México es de 2,411 dólares (557% más caro). El arancel MFN de Singapur es cero, el de México en promedio es 12.9 por ciento, con picos de más de 300 por ciento.

En Estados Unidos los días que requiere una importación son cinco y el costo de un contenedor para importaciones es de $1,160 dólares (52% más barato que en México). Su arancel MFN es en promedio de 2.4 por ciento. En China el arancel MFN es 5.3% y el costo promedio de un contenedor con importaciones es de 430 dólares. Cierto, en China procesar una importación toma en promedio un día más que en México (24 días contra 23 días), pero exportar significa en China siete días de proceso y en México diez días más.

Sí, ¿cómo no? México es una economía abierta, es el ombligo del mundo y también es cierto que los elefantes vuelan y que nuestra bandera es la más bonita.

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