miércoles, 21 de octubre de 2009

Extraña unanimidad

"Cabeza" de primera plana de "Reforma" ayer miércoles: "Dejan el boquete ¡a contribuyentes!".
"Cabeza" de primera plana de "El Universal" ayer miércoles. ""Asalariados e IP tapan 'boquete'"

Curiosa semejanza. ¿Qué tan probable es que dos editores independientes entre sí, que literalmente no se hablan, elijan la misma palabra inusual y extraña ("boquete"), para su nota principal de la edición del día siguiente?

Boquete viene de boca y quiere decir; "Entrada estrecha de un lugar" y, también, "abertura hecha en una pared".

Curiosa semejanza. ¿Qué tan probable es que dos editores independientes entre sí, que literalmente no se hablan, decidan redactar una "cabeza" para la nota principal de su diario de mañana que va más allá de la información desnuda (digamos, por ejemplo:"Diputados aumentan IVA, ISR y el IEPES") y que incurre en la "editorialización" y en los juicios de valor? Porque las oraciones en ambos casos atribuyen una intencionalidad a alguien - no identificado- que optó por "los contribuyentes" o por los "asalariados e IP" para tapar un orificio - "boquete" - de las finanzas públicas. Nótese que en ambos casos el sujeto designado para cubrir el hoyo - "boquete"- es el mismo.

Dicho sea de paso, el juicio de valor implícito en ambas "cabezas" es un poco tonto, ya que de una u otra manera en cualquier latitud o en cualquier momento son los contribuyentes quienes tienen que cubrir, quieran o no, los faltantes de las finanzas públicas: Pueden cubrirlos pagando más impuestos, sufriendo las consecuencias de una mayor deuda pública o renunciando a los beneficios derivados del gasto público. No hay de otra. Si alguien conoce otra fórmula fiscal que nos avise.

Ambas "cabezas" buscan conectar con el lector despertando la indignación y el disgusto. Ambas "cabezas" presuponen que el lector es la víctima a la que le tocó, sin pedirle su parecer, tapar el "boquete". Un "boquete", está implícito en ambas oraciones, respecto del cual la supuesta víctima-lector-enojado es inocente.

Extraña coincidencia. ¿Es razonable inferir una tácita concertación o es mera paranoia del suspicaz observador?, ¿qué es lo que en realidad molesta e invita a esta inusual coincidencia de pareceres?

Hipótesis del suspicaz autor de estas "Ideas al vuelo": No es el "uno" añadido al IVA, no es el "dos" añadido al ISR. Son otras dos cosas: Es, sobre todo, el asunto de que se haya propuesto acotar las ventajas, inmensas para las grandes corporaciones de negocios, de la consolidación fiscal y es, también, ese impuesto (IEPS) de 3 por ciento a los servicios de telecomunicación que se prestan a través de conexiones a redes. Es hipótesis, nada más.

Otro diario, "Excélsior", ofrece en su "cabeza" principal la pista de lo que sigue en la estrategia de los negociantes: "El Senado promete corregir impuestos". Lógico, piensa el febril autor de estas "Ideas al vuelo", ahí tienen puestas sus esperanzas ese puñado de barones y magnates: En el Senado, calculan, podrán echar para atrás el agravio, que no es - para ellos - el asunto del "uno" en el IVA o del "dos" en el ISR (ellos no lo pagan, sino sus asalariados), sino el asunto de los beneficios, tan grandes que en algunos casos parecen incalculables, de la consolidación fiscal.

Ya veremos.

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viernes, 19 de diciembre de 2008

La crisis de los disparates

En esta crisis global reina la más completa impunidad lógica, semántica, sintáctica e intelectual. Es la crisis del "todo se vale" porque "vivimos situaciones inéditas" o "navegamos en aguas desconocidas".
Por ejemplo, la newtoniana ley de la gravedad fue modificada radicalmente por un periódico que anunció ayer: "El mundo se hunde en un credit crunch". ¿Cómo puede hundirse algo cuando está sometido a un ruidoso apretón? Misterios de la crisis. Como sustantivo, "crunch" significa en inglés "un punto crítico al que se llega a causa de la presión ejercida por elementos opuestos" y como verbo "crunch" quiere decir "apretar produciendo un ruido semejante a un crujido". Podría decirse en todo caso que el mundo gime aplastado por la falta de crédito, lo que está por demostrarse, pero ¿hundiéndose?
Otro ejemplo divertido. Escribió un columnista de negocios: "Cuando el mundo vive la peor recesión contemporánea". ¡Vaya! ¿Pueden existir varias recesiones al mismo tiempo, es decir: contemporáneas?, ¿unas mejores y otras peores? El peor día de hoy es hoy; el mejor día de hoy es hoy. La peor recesión contemporánea es la que sucede ahora y la mejor recesión contemporánea es la que sucede ahora.
Otra perla, repetida por más de un columnista, ha sido la tontería de que disminuir aranceles en una etapa de recesión económica está contraindicado y sólo se le ocurriría a un inexperto funcionario. ¿De dónde sacaron esa idiotez? Tal vez del caletre de algún gestor de negocios – dirigente de alguna cámara mercantilista como la Concamin, digamos- que ni por asomo sabe que el proteccionismo comercial (a través de los aranceles originados por la infame ley Smoot-Hawley) agravó y prolongó la Gran Depresión.
Mañana nos van a decir que deberíamos pagar una multa quienes nos rehusemos a endeudarnos por encima de nuestras posibilidades de pago o que la mejor forma de estimular el crecimiento económico es cobrando más impuestos o que impedir la existencia de corresponsales bancarios promueve la competencia en beneficio de los consumidores. O que hay que añadir otros mandatos constitucionales al banco central, digamos: el de fomentar el consumo de carnitas de Michoacán y el de prevenir el contagio de enfermedades respiratorias en las sucursales bancarias.

Una crisis que da para todo género de idioteces

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martes, 25 de noviembre de 2008

Los obstruccionistas

Al igual que los grupos de presión que obstruyen el libre tránsito en calles y caminos los negociantes mexicanos - presuntos dirigentes de cúpulas empresariales- han hecho de los aranceles (obstrucciones al libre tránsito de mercancías) la fuente de sus rentas; márgenes exorbitantes de utilidad obtenidos del despojo a los consumidores.

Comedido, con gran timidez, el gobierno federal ha propuesto una reducción arancelaria en el contexto de la crisis global que nos aqueja. Es una propuesta en la dirección correcta, dado que el peor de los errores que podemos cometer es profundizar y agravar la recesión incurriendo en el proteccionismo.
El problema ha sido que, como es usual, el gobierno eligió como interlocutores para disminuir el proteccionismo comercial ¡al puñado de negociantes que obtienen sus rentas de los elevados aranceles!, en lugar de acudir a más de cien millones de consumidores que somos quienes los padecemos.
Es el mismo patrón de negociación que siguen las autoridades con quienes obstruyen una avenida o una carretera para defender algún interés particular (con gran frecuencia ilegítimo), desdeñando a la inmensa mayoría que es afectada por los obstruccionistas. Al obstruccionista se le ofrece dialogo, negociación, concesiones y hasta, metafóricamente, besos y arrumacos; a quienes padecemos el abuso de los obstruccionistas se nos ordena una dieta de ajo y agua: "a joderse y aguantarse".
De seguir ese camino la muy necesaria - ¡urgente!- reducción de aranceles terminará como otro parto de los montes: en el alumbramiento de un ratoncillo insignificante.
México ocupa el vergonzoso lugar 107 en el mundo – de una lista de 125 países- en términos de aranceles MFN (nación más favorecida), es decir: es, en los hechos, uno de los países más proteccionistas del planeta.
Engallados, los voceros de los obstruccionistas exigen que no se toquen sus territorios de caza: nos ven a los consumidores como piezas de su propiedad.
Un sueño: Los consumidores, por una vez al menos, deberíamos instalarnos a las puertas de la Secretaría de Economía (buena parte de las oficinas ya están tomadas, en la práctica, por los negociantes proteccionistas) para exigir sin dilaciones la reducción sustancial y acelerada de los aranceles.
¿De donde obtienen los obstruccionistas tantos recursos para cabildear y presionar a favor del sostenimiento de sus cotos de caza de rentas? Muy sencillo: De los excedentes de los que hemos sido despojados los consumidores, ¡gracias a la protección arancelaria!

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sábado, 9 de agosto de 2008

¿Qué entendemos por competitividad?

Sería desastroso para la economía mexicana que, dentro de nuestra proclividad al ablandamiento de instituciones y conceptos, usásemos la palabra "competitividad" como un eufemismo para justificar que el gobierno otorgue subsidios a las empresas privadas.


La mejor ayuda que el gobierno puede dar a las actividades productivas del sector privado – que van desde los pequeñísimos negocios hasta las gigantescas corporaciones- es garantizar la seguridad física y patrimonial de las personas, el cumplimiento irrestricto de los contratos y mantener una política fiscal responsable; al tiempo que permite la ejecución de una política monetaria igualmente responsable por parte de un banco central autónomo.

Ese conjunto de elementos son necesarios y suficientes para que los verdaderos emprendedores alcancen una mayor productividad y enfrenten con éxito – mayor o menor, según las capacidades y los talentos empresariales de cada cual- la competencia en los mercados. Así pues, esos son los elementos necesarios y suficientes para la competitividad, siempre y cuando el gobierno no estorbe a la actividad productiva con asfixiantes regulaciones, ni con trámites tortuosos y promueva activamente, dentro de México y en el extranjero, el cumplimiento estricto de leyes, convenios y tratados.

Otra manera de decirlo es: El gobierno ayuda a la actividad productiva, a la generación de empleos y de riqueza, así como a la mejor distribución del ingreso, cuando cumple eficaz y eficientemente con su misión fundamental. En cambio, distorsiona y hasta obstruye la actividad económica cuando trata de manipular diversos precios en el mercado, aun cuando tal manipulación trate de justificarse con la más noble de las intenciones o con la retórica más emotiva.

Esto significa que la competitividad auténtica no se logra con subsidios, del tipo que sean o se disfracen como se disfracen, ni con controles de precios.

Al anunciarse el nombramiento de un nuevo Secretario de Economía en el gobierno federal no faltaron las voces de organismos y asociaciones, de etiqueta "empresarial" y honda raigambre mercantilista, que hicieron votos para que el cambio signifique un nuevo impulso a la competitividad de las empresas. Suena bien, pero si se les piden definiciones precisas acerca de qué entienden por competitividad suele comprobarse, lamentablemente, que otra vez estamos ante un eufemismo ablandador: "Competitividad es que me subsidies". Mal, muy mal.

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lunes, 30 de julio de 2007

Los nuevos "criollos" y sus privilegios

Ha sido vergonzosa la actitud de la mayoría de los dirigentes empresariales mexicanos, así como de algunos "magnates" de los medios de comunicación (especialistas en "tirar la piedra y esconder la mano detrás de sus empleados domesticados y disfrazados de comunicadores y analistas"), respecto de la propuesta de Reforma Fiscal.

Por eso, se agradecen artículos como el que publicó hoy Leonardo Curzio en El Universal y que puede leerse aquí.

La conclusión no tiene desperdicio:

"Hemos forjado una sociedad que considera que la jerarquía social se marca, entre otras cosas, por la posibilidad de no contribuir equitativamente con el erario público. En la Colonia se pensaba que para eso estaban los indios, después de todo los criollos y los mestizos se sentían los continuadores de la edificación de esta nación. En los tiempos modernos los indios tributarios parecen ser los asalariados que son los que con entereza pagan y no tienen ni deducciones ni servicios de calidad".

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sábado, 30 de junio de 2007

El negocio de la elusión y los verdaderos cautivos

Un cálculo grueso de cuál es la tasa promedio efectiva de impuesto sobre sus utilidades que están pagando las empresas en México arroja la cifra de 13.7 por ciento. Mientras tanto, los asalariados de cierto nivel pagan, quieran o no, porque se les retiene el impuesto, una tasa efectiva de 28 por ciento. ¡Esos son los verdaderos contribuyentes cautivos!

Las estimaciones cuantitativas sobre asuntos que, por su naturaleza, carecen de registros formales y públicos deben hacerse por inferencia. Tal es el caso de este cálculo – que me ha proporcionado un amigo economista, asiduo lector de estas Ideas al vuelo- acerca de la tasa promedio que de veras se paga en México de Impuesto sobre la Renta (ISR) empresarial.

¿Cómo se llegó a esta inferencia? A partir de los siguientes datos:
1. Recaudación de ISR de empresas: 171,437.1 millones de pesos,
2. Cálculo de la SHCP acerca del monto de recaudación que NO se obtiene del ISR empresarial a causa de tratamientos especiales, tasas diferenciales, excepciones, planeaciones fiscales para imcrementar deliberadamente la cuantía de las deducciones y otras: 177,340 millones de pesos (dato registrado en el llamado “presupuesto de gastos fiscales”).
La suma de (1) y (2) nos da el estimado de lo que se debería recaudar si todas las empresas tributaran efectivamente conforme a la tasa nominal del ISR: 348,777.1 millones de pesos. Si esta última cifra es el 28 por ciento de las utilidades de las empresas, se infiere que la tasa efectiva promedio que se está pagando es de tan sólo 13.7 por ciento.

Obviamente es un promedio de un conjunto muy extenso, con una gran varianza: Habrá muchos que paguen una tasa mayor y otros que paguen una tasa menor de la tasa promedio.

En contraste, cualquier asalariado en México que gane, por poner una cifra, 20,000 pesos mensuales tributa un ISR para personas físicas – quiera o no- a una tasa efectiva de 28 por ciento, prácticamente sin posibilidad de hacer deducciones.
Es claro:
1. Que la actual base gravable del ISR empresarial está gravamente erosionada,
2. Que es una situación inicua para los verdaderos contribuyentes cautivos, que son los asalariados y
3. Que la introducción de la Contribución Empresarial de Tasa Única (CETU) como impuesto de control es una buena idea que, independientemente de su potencial recaudador, tenderá a emparejar las tasas efectivas de ISR entre empresas y asalariados.

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lunes, 21 de mayo de 2007

Amistades peligrosas

Hacerse “amigo” del gobierno en turno puede ser una estupenda forma de hacer negocios. En sentido estricto no hay ley que prohíba la amistad, pero…

Hace años escuché decir a un exitoso hombre de negocios mexicano: “Nosotros –con un expresivo movimiento de las manos abarcó su amplia oficina y metafóricamente toda su corporación- queremos ayudar al Presidente”.

Era sincero, desde luego. Pero también era cierto que a cambio de esa “amistad” él esperaba que, en su momento, el Presidente le ayudase.

Pero no hablemos de México. En todas las democracias existe el riesgo constante de que la no tan desinteresada amistad entre negociantes y quienes ocupan cargos en el gobierno pervierta la democracia y el estado de derecho.

Una de las formas más eficaces que encontraron para abrirse paso en un medio hostil algunos emigrantes irlandeses – llegados a Estados Unidos a raíz de la hambruna por las cosechas de papa malogradas a partir de 1845-, fue entender el funcionamiento de la política en su país de acogida en términos de “amistad”.

En Boston, después de años de penalidades, los irlandeses hallaron refugio en el Partido Demócrata. Martin Lomasney, destacado dirigente de ese partido en Boston, solía esperar a los inmigrantes en los muelles y los conducía al Henricks Club, su cuartel general en el West End. Ahí les explicaba el funcionamiento, asombrosamente simple, del mecanismo de “amistad”: A cambio de ayuda para encontrar trabajo y vivienda u otros favores (préstamos, un médico, ropa para los chicos) Lomasney sólo exigía a los recién llegados su afiliación al partido y la disciplina del voto.

Los votos le otorgaban a Lomasney el prestigio necesario en las instancias de gobierno para gestionar las ayudas que ofrecía.

Uno de los irlandeses que llegó a Boston en 1849 como parte de ese gran éxodo se llamaba Patrick Kennedy (1823-1858). Su nieto sería Joseph Patrick Kennedy (1888-1969), exitoso negociante, astuto especulador en el mercado de valores…y tan amigo de los políticos, por ejemplo del presidente Roosevelt, que llegaría a ser embajador de Estados Unidos ante el Reino Unido.

Un bisnieto de Patrick e hijo de Joseph, como todos sabemos, sería John Fitzgerald Kennedy (1917-1963), Presidente de los Estados Unidos. Otro bisnieto, Robert Francis Kennedy (1925-1968), paradójicamente combatiría, como Procurador de Justicia, algunas mafias de negociantes surgidas al amparo de “amistades” con el gobierno.

Vueltas que da la vida.

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lunes, 14 de mayo de 2007

Decálogo del negociante mercantilista

He aquí, en diez sencillos principios, la receta para ser un buen depredador territorial; en México o en donde se ofrezca.

Primer mandamiento: El mercado es un territorio de tu propiedad exclusiva, incluidos todos los “excedentes” que les puedas sustraer a las piezas de caza que ahí habitan; también conocidas como consumidores o contribuyentes. “Excedente” es todo lo que no es indispensable para la estricta supervivencia de las piezas de caza.

Segundo: Tu primer deber es defender ese territorio de cualquier intruso (importaciones, inversión extranjera, nuevos competidores, inmigrantes) y de cualquier condición que amenace tu exclusividad, sean leyes que fomenten la competencia, sean impuestos que reduzcan tus rentas, sean regulaciones que te impidan cazar a tus anchas.

Tercero: El gobierno existe para defender única y exclusivamente tus derechos adquiridos sobre el territorio de caza. Su misión es establecer sólidas barreras que impidan la entrada a todo elemento perturbador.

Cuarto: El gobierno debe, por tanto, cerrar las fronteras a productos, servicios, trabajadores o inversionistas ajenos al territorio. Si el cierre total de fronteras es inviable, el gobierno debe establecer barreras arancelarias – lo mínimo aceptable son aranceles de 500 por ciento- y no arancelarias que impidan el ingreso de elementos nocivos, como mercancías de mayor calidad o más baratas, trabajadores más competentes o inversionistas dotados de mejores capacidades para la competencia.

Quinto: El gobierno, además, debe evitar que tus rentas mengüen por el cobro de impuestos; idear justificaciones y mecanismos – por ejemplo, decretar que tu territorio de caza es “estratégico y prioritario”- que impidan la libre competencia y garanticen tus rentas a través de altos precios.

Sexto: Del mismo modo, el gobierno debe contener los salarios en el mínimo indispensable para que se mantengan los niveles de consumo pero sin afectar tus márgenes de ganancia.

Séptimo: Las aduanas existen NO para facilitar el comercio en beneficio de los consumidores, sino para proteger a los depredadores exclusivos.

Octavo: El gobierno debe facilitar tus labores predatorias mediante créditos blandos o a fondo perdido, con cargo a los recursos públicos.

Noveno: Otorgarás premios a los políticos que apoyen tu exclusividad en el territorio y castigarás a los que amenacen la “integridad” (léase, exclusividad) del mismo territorio.

Décimo: No importa si el gobierno es de derecha o es de izquierda, en ambas posiciones encontrarás políticos dispuestos a cooperar con la salvaguarda del territorio de caza. (A los políticos tampoco les importa).

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