martes, 24 de noviembre de 2009

¿A quién beneficia una moneda china débil?

En lo inmediato, a mí y a millones de consumidores en todo el mundo, incluidos desde luego los consumidores en Estados Unidos.
¿A quién perjudica? A millones de chinos, cuyos salarios tienen menos poder adquisitivo y para quienes los bienes importados se encarecen.
También perjudica a exportadores estadounidenses que, conjeturan, podrían vender más a China y/o tendrían menos competencia de las mercaderías chinas en Estados Unidos y en otros mercados (ojo, escribí: conjeturan, habría que ver si de veras son competitivos al margen del tipo de cambio).
Estas claras consideraciones, que no suelen hacerse en los análisis al uso que tienden a ser mercantilistas y no partidarios del comercio libre, llevan a Gary Becker (de rodillas, por favor, que es Premio Nóbel, je, je, je) a concluir que Barack Obama y Hu Jintao, cada cual, actúan y hablan no como les correspondería si defendiesen los intereses de los consumidores de sus respectivos países, sino como si Hu Jintao fuese el Presidente de los Estados Unidos y Barack Obama el máximo jerarca del Partido Comunista Chino. Puede leerse el interesante análisis de Becker pinchando AQUí.
Otro caso para recordar la sabiduría de Frederic Bastiat: Lo que se ve y lo que no se ve, ensayo maravilloso que puede leerse pinchando en ESTE OTRO SITIO.

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miércoles, 10 de junio de 2009

Recuperación sólida, hasta que el comercio mundial reviva

El signo más dramático de la recesión global es el empequeñecimiento del comercio. Del mismo modo, no podremos decir que la recesión ha quedado definitivamente atrás hasta que el comercio mundial reviva, recobre los niveles de 2005-2007 y vuelva a crecer al ritmo que tenía antes de la calamidad recesiva.

El comercio global es el mejor y más eficaz difusor del bienestar y es el más poderoso motor del crecimiento económico.

Esta es la reflexión pertinente alrededor de los datos de la balanza comercial de Estados Unidos al mes de abril.

Un indicador dramático de la caída de la demanda en Estados Unidos es que las importaciones cayeron 30.7% anual en abril, en tanto que las exportaciones estadounidenses se contrajeron, también en abril de 2009 respecto de abril del año pasado, 21.8 por ciento.

La gran pregunta es si los gobiernos del mundo (G-8, G-20) no deberían emprender una cruzada más vigorosa para abatir barreras proteccionistas como la mejor medicina contra la caída de la demanda mundial. Es el momento de actuar. Por supuesto, si hoy se emprendiera una muy aconsejable reducción global de aranceles y de barreras no arancelarias (soñar no cuesta mucho) habría una más rápida recomposición de las ventajas comparativas y competitivas de las economías del planeta, aumentando la productividad y, con ello, el bienestar global. ¿El principal obstáculo para hacerlo? Probablemente sea que los potenciales perdedores de esa recomposición y relanzamiento del comercio mundial (sectores específicos en países específicos) son aún muy poderosos políticamente en sus respectivas naciones.

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domingo, 7 de junio de 2009

Calentamiento global: La cuestión previa

Dejé pendiente el señalar los “puntos débiles” en el alegato de Martin Feldstein en contra de la propuesta del gobierno de Barack Obama y de los demócratas en el Congreso para establecer en Estados Unidos mecanismos de “cap and trade” que reduzcan las emisiones de bióxido de carbono (CO2) a la atmósfera.

Feldstein tiene toda la razón al argumentar que la propuesta de ley Waxman-Markey no aprueba un mínimo análisis costo-beneficio, ya que el costo – imponer un gasto adicional de unos 1,600 dólares promedio por año durante los próximos diez años a cada familia estadounidense- es exorbitante a la luz de los supuestos beneficios que arrojaría: una magra reducción de menos del 4 por ciento de los efectos nocivos que los gases, se supone, causan en el clima del planeta.

Tan sólo este análisis debería bastar para desechar la propuesta legislativa.

Pero hay también, en los argumentos de Feldstein publicados en el Washington Post del lunes pasado, uno que es, por principio, inaceptable: Estados Unidos no debe hacer nada en esta materia hasta que otras naciones que hoy día contribuyen con más emisiones de CO2, como China, las reduzcan y “hasta que se alcance un acuerdo global”.

Este tipo de razonamiento – “el país A no actúa si no lo hace antes el país B” - ha sido común en la política internacional y nos ha condenado a una esterilidad desesperante y costosa.

Se ha aplicado con singular desparpajo en los asuntos de libre comercio y es la causa inmediata del lamentable fracaso de la ronda de Doha. Este tipo de argucia ha sido nefasta y sólo ha servido para justificar el sostenimiento de un estado de cosas indeseable. Es una estratagema que debería ser inaceptable en la política internacional.

Una vez reconocidos los problemas hay que actuar y punto.

Lo que, ¡oh paradoja!, me lleva al otro punto débil en el alegato de Feldstein: ¿Hay de veras un problema en el asunto del cambio climático? Se omite lo que en las discusiones parlamentarias se llama “la cuestión previa”, es decir: aquella que requiere resolverse antes de proponer supuestas soluciones y que es muy sencilla: ¿Cuál es el problema, si es que lo hay?, ¿es el cambio climático o es la dependencia del petróleo? ¿Se justifica gastar cuantiosos recursos en solucionar “problemas” que aún son conjeturas?

Si fuese esta cuestión previa la que argumentara Feldstein – y no la argucia de: “si tú no actúas, yo tampoco lo hago”- su alegato sería aún más sólido.

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domingo, 29 de marzo de 2009

Políticos alérgicos a la globalización

Bien vistas las cosas, los políticos de este mundo tienen grandes incentivos para remar en contra de la globalización.

La gran red global interconectada de los mercados financieros y de otros bienes, junto con la gran red que es la Internet (esa “telaraña del tamaño del mundo”) sólo pueden restarle control y poder a los políticos, para dárselo (regresárselo) a las personas comunes.

Esta crisis nos ha mostrado que los canales de transmisión que van de los mercados financieros a la llamada economía real son más amplios, eficientes y eficaces – lo mismo para dispersar las buenas noticias que para contagiar las malas -, que los canales convencionales a los que recurren los políticos.

Los políticos aman las fronteras porque toda esa parafernalia asociada de controles de migración y aduanas, aranceles, normas de etiquetado, policías y esclusas que se cierran y se abren a discreción, da control y poder.

Por su parte, los mercados financieros globales y las redes de comercio internacional (que hacen posible, digamos, que en un pequeño restaurante de El Salvador la mantequilla fresca provenga de Nueva Zelanda) aborrecen las fronteras y la insidiosa costumbre política de andarle poniendo puertas al campo.

Las clientelas de los políticos – esos grupos relativamente pequeños organizados para obtener rentas del Estado, como sindicatos, gremios, empresas con aficiones monopolísticas y demás- se cultivan localmente, hacia dentro. Su condición de existencia y rentabilidad es que exista una autoridad que cierre las puertas y las ventanas a los que se califiquen de intrusos.

También por eso los políticos tienen debilidad por los rollos nacionalistas, aun cuando se trate de tópicos irracionales o imposibles de defender con argumentos. ¿Qué relevancia puede tener la nacionalidad de los accionistas de un banco? Ninguna. Lo relevante es la regulación a la que está sujeto el banco, la probidad de su administración, los contrapesos y candados efectivos que impidan que acreedores o deudores del banco sean estafados. Pero, como lo hemos presenciado en los últimos días, eso del nacionalismo y la soberanía vende bien en el bazar político. Al grado de que hasta algunos analistas serios confiesan con candor: “Sería bonito que el banco tal fuese de compatriotas”. ¿Por qué?, nadie lo sabe. Son como los que creen que un taco de carnitas sólo es “bueno” si el maíz fue cultivado en México.

Los políticos tendrán que ceder poder y control a las personas, dado el empuje de la globalización que es la gran aliada de la libertad personal. Este siglo será de las personas, no de las naciones. Ya verán.

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jueves, 24 de julio de 2008

¿México es una economía abierta? Ja, ja, ja…

Otro gran mito nacional: México es una de las economías más abiertas al mundo en términos de comercio exterior.


A finales de los años 80 y principios de los 90 del siglo pasado México emprendió un notable proceso de apertura comercial hacia el exterior; notable, respecto de la cerrazón que prevalecía. Tal parece que ese proceso nos dejó exhaustos. Después retrocedimos. Nos abrumó tanto tal apertura – para una nación caracterizada por su afición a contemplarse el ombligo y desdeñar al mundo externo- que la convertimos en mito.

México firmó numerosos tratados de libre comercio pero al mismo tiempo aumentó de 5 a 14 sus rangos de tasas arancelarias. Obligado por los tratados comerciales México disminuyó – para sus nuevos socios- las tasas aplicables a las importaciones, pero impuso tasas exorbitantes en lo que se conoce como aranceles MFN o de nación más favorecida. En una reciente clasificación del Banco Mundial, México es uno de los países más proteccionistas del orbe respecto de las importaciones procedentes de países con los que no tiene tratados de libre comercio. Ocupa el lugar 107 de 125 países.

En Singapur, número uno en apertura comercial junto con Hong Kong, los días promedio que requiere una importación son tres; en México importar algo toma 23 días en promedio. En Singapur, el costo de un contenedor para importaciones es de 367 dólares, en México es de 2,411 dólares (557% más caro). El arancel MFN de Singapur es cero, el de México en promedio es 12.9 por ciento, con picos de más de 300 por ciento.

En Estados Unidos los días que requiere una importación son cinco y el costo de un contenedor para importaciones es de $1,160 dólares (52% más barato que en México). Su arancel MFN es en promedio de 2.4 por ciento. En China el arancel MFN es 5.3% y el costo promedio de un contenedor con importaciones es de 430 dólares. Cierto, en China procesar una importación toma en promedio un día más que en México (24 días contra 23 días), pero exportar significa en China siete días de proceso y en México diez días más.

Sí, ¿cómo no? México es una economía abierta, es el ombligo del mundo y también es cierto que los elefantes vuelan y que nuestra bandera es la más bonita.

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jueves, 26 de junio de 2008

Parábola del mercado

Pocas cosas tan de carne y hueso, tan humanas, como los mercados. Y pocas cosas tan impersonales, tan despiadadas y tan insensibles como las burocracias gubernamentales.

Hace muchos años elaboré un bosquejo de guión que serviría para una serie de programas de televisión acerca de la economía en la vida cotidiana. El proyecto no encontró eco entre los genios de la televisión que estaban más interesados, entonces como hoy, en la producción de telenovelas lacrimosas que repiten hasta la saciedad dos o tres historias melodramáticas o en noticiarios salpicados de sangre, balazos, tragedias y sollozos. Ni modo.

He recordado ese proyecto frustrado porque justamente el primer programa de la serie trataba acerca de lo que es el mercado. Las primeras imágenes mostrarían un mercado público en México – digamos, el mercado de Mixcoac, en la ciudad de México- pleno de actividad a media mañana, con compradores comparando precios y calidades en los distintos puestos y con vendedores empeñados en seducir a los clientes potenciales, mostrando sus mejores frutas y verduras, presumiendo de sus precios bajos y jurando que sus relucientes básculas, a diferencia de otras, pesan con ejemplar honestidad y transparencia. La voz de un locutor que no aparece a cuadro, simplemente sentencia: "Esto es un mercado".

En la siguiente escena la cámara recorre las mismas instalaciones de ese ¿mercado? público, pero vacías, sin compradores y sin vendedores, sólo con las mercancías en los estantes, pero sin letreros indicando los precios y sin persona alguna…En este caso la voz fuera de cuadro advertía: "Esto NO es un mercado, para efectos prácticos esto es un almacén o una bodega".

¿Cuál es la diferencia entre un mercado y una bodega? La gente, decidiendo libremente si se deshace de su dinero a cambio de un kilo de tomates o de un cuartito de perejil o si se deshace de sus tomates o de su perejil a cambio de unos billetes o unas monedas. Cuando esa gente llega a un acuerdo se da mutuamente las gracias porque ambas partes – quien compra y quien vende- consideran que han ganado en el intercambio y, efectivamente, así es.

Eso es un mercado. Ninguna oficina gubernamental, ningún burócrata iluminado ha logrado, en toda la historia de la humanidad, sustituir con eficacia esa maravilla o hacerla "más humana".

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martes, 24 de junio de 2008

Alimentos, mercados y tonterías

El alza en los precios de los alimentos ha tenido un efecto secundario temible: Algunos comentaristas de asuntos económicos están sacando del desván de los recuerdos sus pésimos apuntes escolares de hace 30 años para "explicar" lo que no entienden.

Un colega de Guadalajara publicó la siguiente frase en su colaboración habitual del lunes pasado: "La cosa es tan bizarra que los grandes supermercados tienen más fuerza que la Sagarpa cuando se trata de definir lo que consumiremos los mexicanos". Es una frase que combina, con gran ahorro de palabras, la pésima gramática con la pésima economía y la pésima "ideología" reinantes en los años 70 del siglo pasado. Veamos:

Primero, el adjetivo bizarro significa en español "generoso, valiente, espléndido"; justo lo contrario de lo que quiso decir este colega, quien seguramente estaba pensando en francés (idioma en el que el adjetivo "bizarre" significa "extraño, extravagante" o incluso "absurdo") cuando escribió su columna.

Segundo, ¿de cuándo acá es tarea de la Sagarpa o del gobierno determinar lo que consumiremos los mexicanos? Aun en las épocas de la economía cerrada a piedra y lodo los consumidores en México consumían los alimentos que podían comprar, que había en el mercado y que se les daba la gana comer. ¿En dónde cree este colega que vivimos?, ¿en un monasterio?, ¿en un orfanato?

Tercero, tampoco los grandes supermercados determinan lo que comemos, lo elegimos nosotros de acuerdo con lo que hay en el mercado (donde hay más opciones que en el pasado, gracias a la apertura comercial).

La frase es la desafortunada conclusión de varios prejuicios ridículos: 1. El gobierno debe protegernos como críos y decidir por nosotros, 2. El libre comercio es malo porque es "neoliberal", 3. Los intereses de un puñado de productores incompetentes son más importantes que la libertad de los consumidores, 4. No existen las ventajas comparativas, ni las ventajas competitivas, 5. Si los islandeses quieren comer plátanos tendrán que cultivarlos en Islandia (en invernaderos) y les costarán una fortuna y si los mexicanos queremos comer ciruelas durante el invierno tendremos que cultivarlas en invernaderos, a un costo prohibitivo, pero jamás importarlas del hemisferio sur, porque perdemos "soberanía".

Ya veo al ingeniero Alberto Cárdenas, ordenando qué es lo que tenemos que comer. ¡Ni en una pesadilla, y a Dios gracias!

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martes, 10 de junio de 2008

Obstinados en contra de la globalización

La oleada mundial en contra de la libertad de los seres humanos para comerciar, emigrar e invertir es la peor de las noticias que nos han dado los políticos en los últimos tiempos.


La historia señalará como un trágico error de los dirigentes mundiales de los inicios del siglo XXI su obstinación en poner barreras a la globalización. Esta obstinación, dictada por mezquinos cálculos políticos de corto plazo, se caracteriza por oponerse a tres libertades que son clave para un mundo mejor: la libertad de comercio, la libertad de migración y la libertad de invertir en donde mejor nos parezca.

Las alzas mundiales de los precios de los energéticos y de los alimentos, así como de otras materias primas, son el síntoma más visible del destino ruinoso al que la mayoría de los dirigentes políticos está conduciendo a la humanidad. Esta obstinación en frenar la globalización se traducirá en mayor pobreza y en la generación de más tensiones y violencia dictadas por nacionalismos aldeanos y por sentimientos de envidia y xenofobia.

A su vez, la multiplicación de los conflictos, al interior de los países y entre países, se convierte en terreno abonado para la promoción del populismo y de la demagogia que, trágicamente, sólo agravan más el deterioro mundial.

Hoy, por ejemplo, son alarmantemente precarias las probabilidades de éxito de la ronda de Doha para liberalizar, algo al menos, el comercio de productos agropecuarios en el mundo y para desmantelar, algo al menos, el entramado de mecanismos proteccionistas que representan, por ejemplo, los subsidios a minorías de productores (Estados Unidos, Unión Europea) o los impuestos que castigan la productividad y promueven el hambre (Argentina).

Por no hablar del sostenimiento de subsidios irracionales que promueven el dispendio de recursos escasos, sólo porque nadie, de quienes podrían corregir ese absurdo, quiere pagar el costo político que conlleva actuar con responsabilidad.

Los grandes perdedores serán los pobres del planeta, sacrificados en el falso altar de las ganancias electorales.

Esta tragedia mundial podría ser evitada por líderes políticos verdaderamente visionarios que la convertirían en oportunidad única para la prosperidad global. Pero no hay tales líderes en el horizonte. Sólo expertos en maquillaje. Y en la fabricación de chivos expiatorios que permitan a los políticos llegar a las próximas elecciones con algo de popularidad.

La factura a pagar será terrible.

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sábado, 17 de mayo de 2008

Los Kirchner y el hambre del mundo (II y fin)

La “genialidad” de los Kirchner (el gobierno K) muy pronto ha dado resultados: La producción de granos en Argentina empieza a disminuir y también cayeron los ingresos tributarios que, golosamente, el gobierno K esperaba recaudar.

La “reina” Cristina - ¿acaso es presidenta de una república?- estuvo tres días en Perú, en la cumbre de Lima que reunió a gobernantes de América Latina con sus semejantes de la Unión Europea. ¿Qué hizo Cristina Fernández de Kirchner en esos tres días, además de maquillarse con esmero y elegir minuciosamente su guardarropa? Bien, se tomó alguna foto del recuerdo con Evo Morales y deslumbró al mundo con declaraciones abismalmente insignificantes – carentes de significado – y políticamente correctas como ésta:

“Se deben articular políticas comerciales entre los bloques, el Mercosur y la Unión Europea”.

En la cumbre de Lima se acordaron “grandes cosas”. Por ejemplo: luchar contra el hambre en el mundo, una tarea en la que la soberana Cristina colabora con denuedo negándose a considerar que la retención tributaria a las exportaciones de granos fue un error garrafal.

Mientras Cristina se placeaba en Lima sus voceros – el ministro de Agricultura y su jefe de gabinete- endurecían el discurso contra “la oligarquía rural”: “Nadie puede fijarle la agenda a la Presidenta” o “No vamos a negociar bajo amenazas”.

Lejos de la palabrería inútil que emboba a los cortesanos, Argentina triplicó en los últimos 17 años su producción de granos y ése hecho es interpretado por el gobierno K como un pecado que debe castigarse con impuestos confiscatorios a la exportación que encarecerán – vía precios y vía menor producción- los alimentos para el mundo. Argentina consume sólo 14% de los 95 millones de toneladas que produce, lo que significa que puede exportar a precios competitivos el resto de la producción; esa hazaña de la productividad es aberrante a los ojos del gobierno K.

El gobierno K



En el mes de marzo (las nuevas retenciones tributarias empezaron el día 11), cayó la recaudación esperada por ese concepto: Fueron 17,700 millones de pesos en lugar de los 20,130 millones de pesos que calculaban los analistas. El gobierno K está demostrando el funcionamiento de la curva de Arthur Laffer: A partir de un punto de avidez tributaria, mayores tasas se traducen en menor recaudación. ¡Felicidades! Lástima que la demostración empírica se haga a costa de encarecer el precio de los alimentos

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domingo, 11 de mayo de 2008

Alimentos, carestía y mitos

What we have learned in recent decades about the economics of agriculture will appear to most reasonably well informed people to be paradoxical. We have learned that agriculture in many low income countries has the potential economic capacity to produce enough food for the still growing population and in so doing can improve significantly the income and welfare of poor people. The decisive factors of production in improving the welfare of poor people are not space, energy and cropland; the decisive factor is the improvement in population quality.


Theodore W. Schultz, Prize Lecture to the memory of Alfred Nobel, December 8 1979.

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Los prejuicios y mitos salen caros como demuestra el caso de los productos agrícolas. Los intereses políticos mantienen en pie un conjunto de creencias acerca de la producción agrícola que se han demostrado falsas una y otra vez y que hacen del mercado de alimentos uno de los más distorsionados del mundo.


El primer mito acerca de la producción agrícola: El número de hectáreas dedicadas a cultivos es el factor clave para aumentar la producción y el bienestar. No es así.

Lo dijo claramente Theodore W. Schultz en su discurso de recepción del Premio Nobel de economía en diciembre de 1979: “Hemos aprendido que…los factores de producción decisivos para aumentar el bienestar de la gente pobre (en el campo) no son el espacio, los energéticos o las tierras de cultivo, sino el mejoramiento en la calidad de vida de la misma población”.

Citaba entonces Schultz el ejemplo impresionante de la productividad en el caso de los cultivos del maíz: En la década de los años 70 del siglo XX Estados Unidos dedicó 33 millones menos de acres de tierra a la producción de maíz que los sembrados cuatro décadas atrás, pero produjo tres veces más cantidad del cereal.

La tierra no es el factor clave, sino las capacidades, destrezas y conocimientos del productor agrícola (capital humano), de los que se deriva también una mayor calidad de insumos y de tecnología para la producción.

Otros dos grandes errores de los que se derivan multitud de mitos: 1. “Los pobres en el campo requieren de principios económicos especiales, diferentes de los que hacen funcionar la economía en general”. Falso, la realidad es que la oferta, la demanda, los precios y los incentivos funcionan igual en la producción agrícola que en el resto de la economía. A mayor libertad en los mercados mayor bienestar para todos. A mayor globalización comercial, menores precios y mayor calidad de los alimentos. Ningún precio baja si se restringe la oferta con regulaciones y barreras comerciales.

2. Desdeñar o desconocer las lecciones de la historia. La experiencia ha demostrado que el ser humano es capaz de incrementar la cantidad y la calidad de los alimentos disponibles muy por encima de los incrementos de la población, siempre y cuando dejemos funcionar libremente a los mercados. Los precios altos deben incentivar una mayor oferta y una mayor oferta, en libre competencia, frenará el alza de los precios.

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miércoles, 23 de abril de 2008

Alimentos y productividad

Tres puntos clave sobre la "inflación" mundial de los alimentos: 1. Los gobiernos la han provocado con sus intromisiones y la están agravando, 2. Está comprobado que aumentar la oferta de alimentos en el mundo – y dar de comer bien a todos los seres humanos- es factible mediante productividad y 3. El principal factor que eleva la productividad agrícola y agropecuaria es el factor humano.

Durante las últimas décadas del siglo pasado la oferta de alimentos en el mundo – en calidad y cantidad- aumentó muy por encima del crecimiento de la población. Hoy millones de familias pobres en el mundo comen mejor que en el pasado gracias a un salto impresionante de la productividad en el campo; fenómeno, por cierto, que expulsó del campo hacia las ciudades – y hacia empleos mejor remunerados y una mejor calidad de vida – a millones de personas.

En los primeros siete años y cuatro meses de este siglo XXI, en cambio, se ha experimentado un alza acelerada en los precios de los alimentos, cuyas causas comenté ayer brevemente y que se resumen en: Intromisión de los gobiernos, distorsionando el sistema de precios del mercado libre, mediante subsidios, barreras arancelarias y no arancelarias que obstaculizan o impiden el comercio de alimentos, desastrosa asignación de recursos propiciando el uso de tierras agrícolas para producir biocombustibles ineficientes – etanol a partir de maíz, es el arquetipo – cuya producción consume más hidrocarburos de los que, se supone, debería ahorrar.

Los altos precios de los alimentos representan, por otra parte, una oportunidad única para que en muchos países subdesarrollados, como México, los productores reciban mayores ingresos e incrementen su productividad. Sabemos cómo hacerlo y sabemos, gracias a los trabajos visionarios del economista que mejor conoció y entendió la economía de la pobreza (Theodore W. Schultz, premio Nobel de Economía 1979), que el factor decisivo para aumentar la productividad del campo y contar con más y mejores alimentos es el capital humano (inteligencia, conocimientos, habilidades, destrezas, tecnología) de los productores, lo que se logra invirtiendo en su salud y su educación. Jamás – hay que repetirlo- los subsidios o las barreras servirán para producir más alimentos para los pobres de este mundo.

Y, ¡por Dios!, dejen a los mercados libres trabajar. Jamás un burócrata gubernamental los ha podido suplir con mediana eficacia

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martes, 22 de abril de 2008

Alimentos caros por gobiernos entrometidos

En seis años, de enero de 2002 a enero de 2008, los precios de los alimentos en el mundo han subido en promedio 140 por ciento. ¿Cuál es la solución? Dejar que el sistema de precios funcione sin interferencias de los gobiernos.

La pésima idea de subsidiar los cultivos de maíz para producir combustibles (etanol) ha sido la principal causa del disparo de los precios de cereales, leche, carne y otros alimentos en los últimos años. Como se sabe esa ocurrencia del gobierno de Estados Unidos – cuyo principal beneficiario son las grandes corporaciones que compran las cosechas como Archer Daniels Midland– ha perturbado los mercados de alimentos a través de efectos en cadena: el encarecimiento del maíz ha incrementado la superficie de tierras dedicadas a ese cultivo, en detrimento del trigo, la soya, el frijol, el arroz, lo que, a su vez, ha disparado también los precios de estos últimos; además, como algunos cultivos sirven para alimentar al ganado, los precios de los lácteos y de la carne también se han disparado.

Lo más desastroso de esta política es que ni siquiera disminuye el uso de hidrocarburos sino que lo incrementa.

Otro factor detrás del alza en los precios ha sido el mejoramiento de los ingresos – y, por tanto, de la dieta- de millones de chinos e indios. A diferencia de los subsidios, que encarecen artificialmente los productos, un aumento de la demanda de alimentos derivado de un mayor bienestar es una magnífica noticia.

Por desgracia muchos gobiernos están reaccionando con gran torpeza ante el fenómeno. En Argentina Cristina Fernández de Kirchner está fastidiando a miles de productores agrícolas imponiéndoles exorbitantes impuestos a la exportación. El resultado será una menor producción dado que los productores carecen de incentivos para sembrar más o para mejorar los cultivos; habrá mayor encarecimiento. Otro tanto, con torpeza similar, está haciendo el gobierno de la India.

La solución es la contraria: Liberar las fuerzas del mercado que, mediante el sistema de precios, incentivarán una mayor productividad; así, ante una mayor oferta los precios disminuirán y se estabilizarán. Y, por supuesto, abolir ya los estúpidos subsidios al maíz para producir etanol; algo que ni por error propondrán el par de demagogos que se disputan la candidatura del partido demócrata en Estados Unidos (no vaya a ser que pierdan votos o patrocinios).

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martes, 4 de marzo de 2008

Hilaria, Obama y el libre comercio

Ambos han dicho, en campaña, muchas tonterías proteccionistas y, (dicen los que saben) eso es obligado para un político del Partido Demócrata que busque ganar unas elecciones primarias en estados como Ohio. Pero, en realidad, ¿cómo sería cada cual en caso de llegar a la presidencia?, ¿quién sería más favorable al libre comercio o menos proteccionista?

“Las credenciales de Obama a favor del libre comercio superan a las de Clinton”, ése es el título de un interesante artículo de opinión del prestigiado economista Jagdish Bhagwati (profesor de la Universidad de Columbia) publicado el lunes en el Financial Times (FT).

Dos son las razones que aduce el profesor Bhagwati para sustentar su afirmación:
1. Los apoyos internos de la señora Clinton en el Partido Demócrata radican en los segmentos más hostiles al libre comercio dentro de esa agrupación, como es la poderosa central sindical AFL-CIO, mientras que el principal apoyo interno de Obama en el partido proviene del sindicato internacional de empleados de servicios (SEIU, por sus siglas en inglés) y de los aguerridos conductores de tracto-camiones herederos del imperio sindical de Jimmy Hoffa (los “teamsters”), ninguno de los dos grupos tiene una agenda proteccionista (excepto, todo hay que decirlo, en el caso de los “teamsters”, la oposición a que camiones mexicanos de carga circulen en Estados Unidos), y

2. Mientras que uno de los principales asesores de Obama es el competente economista Austan Goolsbee (doctorado en el MIT y profesor en la escuela de graduados en negocios de la Universidad de Chicago, GSB), quien es un claro partidario del libre comercio, a la señora Clinton no se le conoce ningún asesor de reputación favorable al libre comercio, sino una colección de colaboradores pro-sindicalistas, ferozmente proteccionistas y adversarios de la globalización.

Adicionalmente, Bhagwati recuerda que la señora Clinton ha dado a entender, en una entrevista con el FT, que le resulta grato que la ronda de Doha (de liberalización comercial en el marco de la OMC), esté atascada. Obama, en cambio, dice que quiere destrabarla.

Si las cosas son así, sería deseable que Obama derrotase cuanto antes a doña Hilaria de Clinton. ¡Podría ser que ella sí esté hablando en serio cuando amenaza con echar por los suelos el Tratado de Libre Comercio de América del Norte!

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viernes, 21 de diciembre de 2007

La destructiva obsesión igualitaria

Para la izquierda al uso debería prohibirse la impresión de libros mientras haya en el mundo alguna persona analfabeta, ya que los libros contribuyen a ensanchar la brecha entre los que saben leer y los que no saben. Así de retrógrado es el igualitarismo salvaje.

De una u otra forma, las opiniones de quienes se nombran a sí mismos “de izquierda” – con un dejo de arrogante superioridad moral- parten del principio de que la búsqueda de la igualdad en los resultados es más importante que la búsqueda de la generación de valor mediante la productividad.

Los izquierdistas más o menos ilustrados no dejan de reconocer que la globalización y el libre comercio han contribuido a disminuir la miseria en muchos países pobres, pero advierten de inmediato – sombríos- que también tienden a incrementar la desigualdad, entendida ésta como la distancia entre el más rico y el más pobre en una sociedad. Al parecer, no importa tanto que los pobres dejen de serlo, sino que la distancia entre el más rico y el más pobre se estreche hasta – ¡oh, utopía! – desparecer por completo.

Llevado el razonamiento igualitarista a la hipérbole, debería admitirse entonces que el instrumento igualitario más eficaz sería la aplicación minuciosa de bombas atómicas hasta que muy pronto la muerte – inapelable unificadora- nos iguale a todos. En “El Quijote” se propone la metáfora de las piezas de ajedrez que, una vez terminada la partida y arrojadas en un saco, vuelven todas a ser iguales, lo mismo da que en el tablero hayan sido reina, alfil, peón o caballo.

Otra hipérbole “lógica” del izquierdismo: Volvamos al medioevo cuando la distancia entre el rey más poderoso y el hombre más pobre, en términos de calidad de vida, era mínima. Algunas prédicas “ecologistas” tienden a esa indeseable utopía, condenando el motor de combustión interna como esencialmente maligno.

La izquierda cree haber encontrado un gran argumento contra la globalización porque diversos estudios indican que el intercambio libre y global en algunos países, como China, ha incrementado las distancias entre ricos y pobres (al tiempo que ha enriquecido a todos en promedio), pero en realidad no se trata de un gran hallazgo: Es evidente que la invención de la imprenta de tipos móviles (Gutenberg) benefició sobre todo a quienes sabían leer. Lo inteligente, sin embargo, no es prohibir los libros sino enseñar a leer al que no sabe.

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jueves, 8 de noviembre de 2007

China como vendedor y como “tax-eater”

A pesar del descenso del dólar, China seguirá invirtiendo sus reservas en valores del gobierno de Estados Unidos, porque ese es un requisito para que los consumidores estadounidenses puedan seguir comprando mercancías chinas, lo cual, a su vez, es un requisito – en el modelo chino- para elevar el nivel de vida de millones de chinos.

Fréderic Bastiat (1801-1850), uno de los mejores escritores de ensayos cortos de gran poder argumentativo (panfletos), ridiculizó la arraigada creencia mercantilista – que ve como el máximo logro de un país las exportaciones y considera nocivas las importaciones – diciendo que, de acuerdo con tal creencia, la solución para que todos los países fuesen prósperos sería que todos enviasen sus respectivos barcos cargados de mercancías a la mitad del océano…y ahí los dejasen.

China sigue un modelo de acelerado crecimiento sustentado en las exportaciones, pero ése es el sustento del modelo, no la finalidad del mismo. La finalidad es elevar el nivel de vida de los chinos. De ahí que lo importante no sea tanto cuánto venden los chinos, sino cuánto pueden comprar gracias a lo que venden.

De forma muy esquemática, el modelo funciona así: 1. Incrementos en la productividad orientados a satisfacer las necesidades de los consumidores del exterior, 2. Consecuente crecimiento de las exportaciones, 3. Consecuente crecimiento de las importaciones, primero de bienes de capital – para incrementar más la productividad- y después de bienes de consumo, para empezar a generar bienestar interno, 4. Acumulación de excedentes (reservas) a causa de las crecientes exportaciones, 5. Inversión de los excedentes en la moneda y en instrumentos de deuda de su cliente más voraz, Estados Unidos, lo que permite…6. Que su voraz cliente pueda financiar, con las inversiones de las reservas chinas entre otras inversiones extranjeras, su déficit en cuenta corriente y seguir importando…mercancías chinas.

Por eso China seguirá invirtiendo sus cuantiosas reservas en deuda del gobierno de Estados Unidos y, si seguimos la llamada equivalencia ricardiana (por David Ricardo) de que la deuda pública de hoy serán los impuestos de mañana, los chinos no sólo quieren ser los principales proveedores de los ávidos consumidores estadounidenses, sino uno de sus principales acreedores ya que, más temprano que tarde, esos consumidores, como contribuyentes, pagarán impuestos que servirán para dar servicio a la deuda y disminuir el déficit fiscal de Estados Unidos.

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China y Estados Unidos: ¿Quién trabaja para quién?

En realidad, millones de chinos han estado trabajando muy duro para que millones de estadounidenses vivan mejor.

Usted qué prefiere: ¿Comprar barato o vender barato?

El progreso de China consistentemente lo vemos al revés de lo que es la lógica elemental de la economía. Si el objetivo último de la actividad económica es vivir mejor, NO deberíamos decir que a los chinos les va muy bien porque cada día le venden más cosas a Estados Unidos, sino que les empieza a ir bien porque cada vez pueden comprarle un poco más a Estados Unidos y al mundo.

En 2003 China superó a México como proveedor de los consumidores estadounidenses y es muy probable que en breve supere también a Canadá y se convierta en el país líder en exportaciones a Estados Unidos. Un dudoso campeonato.

¿Por qué “dudoso campeonato”? Porque no compramos para vender, sino que vendemos para poder comprar, que es lo verdaderamente interesante (como suelen saber muy bien las mujeres). Lo que nos debe interesar, para evaluar el progreso real de China en términos de bienestar para los chinos, es cuánto más pueden comprar ahora respecto de lo que podían comprar hace siete años. Visto así, China no va por mal camino, pero le falta muchísimo por recorrer: En 2001 por cada dólar en mercancías que China exportó a Estados Unidos importó sólo 18 centavos de dólar de mercancías estadounidenses, en junio de 2007 la situación había mejorado un poco (para los chinos en términos de bienestar tangible: capacidad de compra y consumo) y por cada dólar que exportaron a los estadounidenses les compraron ya 20 centavos de mercancías.

En los siete años que van de 2001 a 2007 los chinos han trabajado muy duro para que los consumidores estadounidenses y del resto del mundo – que son clientes de los chinos- puedan vivir mejor; a cambio, empiezan a mejorar su precario poder adquisitivo y ya pueden comprarle un poquito más de bienestar al mundo. Si China cada vez vendiera más pero cada vez comprara menos se estaría empobreciendo. Esto último es lo que le sucede a Venezuela y le pasará en breve a la Argentina: Un alto crecimiento del PIB que no se traduce en mayor poder de compra, es una mejoría ficticia.

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martes, 23 de octubre de 2007

A todo esto, ¿Keynes era keynesiano?

Tal vez junto con Milton Friedman, el británico John Maynard Keynes fue el economista más influyente del siglo pasado; pero, a diferencia de Friedman, es casi imposible saber cuál era la posición de Keynes respecto de muchos de los asuntos para los que se le invoca, sea para elogiarlo, sea para criticarlo.

En el debate entre economistas el adjetivo "keynesiano" evoca básicamente dos creencias o afinidades: 1. Estar a favor de una política fiscal activa como remedio para la recesión o, dicho coloquialmente, promover el gasto público como motor del crecimiento y como generador de empleos y 2. Creer que el libre mercado tiene sus límites y que el gobierno debe corregir los frecuentes excesos y fallas del mercado. En otras palabras: Ser "keynesiano" suele entenderse como sinónimo de "atinada izquierda".

Sin embargo, acudiendo a la fuente original, la obra de Lord Keynes, es difícil encontrar una postura única y definida sobre asuntos cruciales de la ciencia económica. Hace ya muchos años, en diciembre de 1992, así lo hizo notar un divertido artículo del semanario "The Economist" que proporcionaba, entre otros, los siguientes ejemplos:

A favor del libre comercio . Keynes escribió que el argumento de que las barreras al libre comercio contribuyen a proteger el empleo "esconde la falacia proteccionista más grosera y cruda"; también escribió: "Creo en el libre comercio porque es (…) la única política técnicamente sólida e intelectualmente correcta".

A favor del proteccionismo : "Simpatizo más con aquello que puede disminuir más que maximizar la maraña de la economía entre las naciones. Las ideas, el arte, la hospitalidad, los viajes – ésas son cosas que por su naturaleza deben ser internacionales. Pero dejemos que los bienes sean hechos en casa en la medida de lo razonable o de lo convenientemente posible; y, sobre todo, financiemos primordialmente lo nacional".

A favor de los trabajadores (con motivo de la huelga general de 1926 en el Reino Unido): "Mis sentimientos, distintos de mis juicios, están con la clase trabajadora".

A favor de la burguesía y la aristocracia : "Creo que hombre por hombre la clase media y aún la clase alta son mucho muy superiores a la clase de los trabajadores".

Así que, después de todo, ¿qué es "ser keynesiano"?

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martes, 16 de octubre de 2007

El “modelo” es el mercado

¿Cuál es la manera más eficiente de asignar los recursos escasos cuando no existe un mercado libre y competitivo que se encargue de ello?, ¿por ejemplo: en la dotación de ciertos bienes públicos? Imitando al mercado, diseñando mecanismos que sean lo más similares a los del mercado libre.

Se otorgó el premio Nóbel de Economía de 2007 a tres economistas que sentaron las bases de la teoría del diseño de mecanismos que permiten una mejor asignación de recursos ahí donde, por diversas razones, no existe un mercado libre con vendedores y compradores bien informados. Un ejemplo típico sería: Cómo determinar el precio óptimo de un bien público que ofrece un monopolio del Estado.

En realidad, quien habló por primera vez del diseño de mecanismos fue Leonid Hurwicz en 1960, quien definió un “mecanismo” como un sistema de comunicación en el cual los participantes se envían mensajes unos a otros y/o a un “centro de mensajes” y en donde conforme a una regla preestablecida se obtiene un resultado – una asignación de bienes y servicios – para cada grupo de mensajes recibidos. Más tarde, el propio Hurwicz y los economistas Eric Maskin y Roger Myerson perfeccionaron la teoría añadiendo otro elemento clave al de la información compartida: la compatibilidad del mecanismo con los incentivos que mueven a los participantes (el propio interés de cada cual).

Independientemente de su importancia no sólo para la economía sino para la ciencia política, y de que ha permitido un desarrollo avanzado de la teoría de juegos, uno de los aspectos más fascinantes de esta teoría es que confirma lo que ya en 1945 había señalado F. A. Hayek: Los mercados son el mecanismo más eficiente para que la información privada de cada participante se difunda. Dicha información está expresada en los precios.

Si partimos de esta realidad sería interesante que en la asignación de recursos públicos que se hace, por ejemplo, en los presupuestos de egresos se introdujesen más mecanismos que imiten a los mercados libres y que reconozcan los incentivos que mueven a los participantes en dichos mercados. Esto le daría mayor eficacia al gasto público y nos alejaría de la romántica y falsa retórica de que los funcionarios públicos y los políticos no actúan como seres humanos en busca de su interés, sino como ángeles llenos de altruismo.

Referencias: 1. Peter Boettke, de la George Mason University, escribe sobre este "Nobel al mercado" en The Wall Street Journal, aquí.
2. Leonid Hurwicz escribe sobre Teoría de Juegos y Comportamiento Económico - a raíz de un libro clásico de Von Neuman y Morgenstern- en este sitio (versión en español).
3. Ver aquí el "Scientific Background" de la Real Academia Sueca de Ciencias sobre este Premio Nóbel de Economía 2007.

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martes, 9 de octubre de 2007

Hillary: el pragmatismo podría funcionar

La débil esperanza es que, así sea por pragmatismo y por la prudente asesoría de economistas competentes, Hillary como presidenta ayudase a que pierda terreno el populismo ramplón que hoy seduce a muchos estadounidenses y que les lleva a oponerse al libre comercio y a la libre migración.

Si uno revisa el historial de los votos de Hillary Clinton en el Senado en asuntos cruciales como finanzas públicas, libre comercio, libre migración, derechos civiles, seguridad nacional y política exterior la mejor conclusión que obtiene es que la senadora Clinton ha votado siempre a favor de…Hillary Clinton y lo que pueda favorecer su carrera política.

Un día (septiembre de 2006) vota a favor de la construcción de un muro en la frontera con México – porque hacia allá soplan los vientos de las encuestas- y meses después (junio de 2007) vota en contra de la propuesta chauvinista de proclamar al Inglés como la única lengua oficial del gobierno de los Estados Unidos, tal vez porque "eso" – prohibir el uso de otras lenguas en todo el gobierno – ya sería "demasiado".

Lo mismo sucede en asuntos de libre comercio, déficit fiscal y demás. La senadora Clinton no quiere disgustar a ningún grupo relevante de electores y apuesta siempre por lo que se considera "políticamente correcto". No es feminista recalcitrante, sino moderada. No es una campeona del libre comercio, sino tibia defensora del mismo (votó a favor del tratado de libre comercio con Chile en julio de 2003, pero en contra del tratado de libre comercio con América Central en octubre de 2005), no detesta a los inmigrantes y los culpa de todos los males, pero tampoco es una defensora a ultranza de la libre migración.

La única convicción inamovible que se le conoce es que es cien por ciento Pro-Hillary.

Por decepcionante que resulte, este pragmatismo podría resultar relativamente bueno, ante el ominoso renacimiento del proteccionismo comercial (dos tercios de los electores republicanos creen que el libre comercio es dañino para Estados Unidos) y de los prejuicios contra la libre migración que están creciendo en ese país. Una no- fanática en la Presidencia, buscando la reelección, puede atemperar el fanatismo que pulula en el ambiente. Ojalá. Por lo pronto sus asesores económicos son competentes y experimentados.

Yo preferiría mil veces al senador por Arizona, republicano, John McCain…, pero sus probabilidades son pocas.

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lunes, 10 de septiembre de 2007

¡No con mi dinero!

Partidos políticos, grupos sociales y cualquier persona deben tener total libertad para contratar propaganda en los medios de comunicación, siempre y cuando cada cual lo haga con su dinero y con total transparencia, ¡no con el dinero de los contribuyentes!



1. Una reforma electoral en un país democrático y libre NO puede restringir la libertad de cada cual para difundir mensajes de contenido político, incluso mensajes poco comedidos o contundentes ("Fulano es un peligro para México" o "Zutano es un tonto con balcones a la calle"), siempre y cuando la contratación de dicha propaganda se haga en condiciones de libre mercado y auténtica competencia, con total transparencia, y NO se haga con dinero público, que proviene del bolsillo de los contribuyentes.

2. Una reforma electoral en un país democrático y libre NO puede coartar la libertad de expresión de nadie decretando discrecionalmente qué mensajes son correctos a juicio de algún pacato consejo de notables. Un país democrático y libre tiene leyes claras sobre la difamación y la calumnia – incluso se suele castigar ésta última penalmente - que están hechas, precisamente, para que todo mensaje que no sea calumnia, difamación o incitación al delito jamás sea censurado.

3. La discusión sobre la reforma electoral está totalmente fuera de foco y lastrada por intereses torpes. Ni los medios tienen derecho a ser beneficiarios graciosos de miles de millones de pesos de recursos públicos – por propaganda política o gubernamental pagada con recursos de los contribuyentes-, ni los partidos políticos, ni nadie, tiene derecho a regular la libertad de expresión de los demás.

4. Ninguno de los grupos interesados – enfrascados en una disputa majadera y mezquina- quiere ver la auténtica relación entre reforma fiscal y reforma electoral, que sí la hay y nada tiene que ver con chantajes: El recorte más urgente al gasto público federal, al de los estados y al de los municipios es cancelar de inmediato toda la propaganda política, gubernamental y para-gubernamental que se paga con recursos de los contribuyentes. Y preservar con todo vigor la libertad irrestricta de quién quiera para expresar y difundir lo que le venga en gana, con la única limitación de sancionar de veras la calumnia, la difamación y la promoción de delitos.

5. Lo demás son discusiones vergonzosas, indignas de un país democrático y libre. ¿México lo es?

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