sábado, 31 de octubre de 2009

No fue tersa, pero funcionó

Este país está cambiando. Para bien.
Los poderosos, los muy poderosos, los que parecían invencibles, también pueden ser derrotados.
Se que, para muchos, frases como las anteriores se considerarán una ingenuidad o, peor todavía, una cínica provocación. No son ni candor, ni sarcasmo. Dan cuenta de cómo funcionó ayer, de forma a veces ríspida y a veces titubeante, ese arreglo institucional que llamamos Senado de la República. Funcionó bien.
Quien se haya tomado la molestia de ver y escuchar la larga sesión de ayer, que culminó con la aprobación de la ley de ingresos de la Federación para 2010 y todos sus apéndices, habrá extraído muchas enseñanzas, la principal de las cuales es:
El proceso fue tortuoso, desesperante en más de una ocasión, pero arrojó resultados mucho mejores de los que la mayoría de los observadores habían pronosticado.
Por hoy sólo una conclusión al vuelo:
Al menos dos actores en esta discusión sobrestimaron su propia fuerza, calcularon mal y vieron convertidos sus desplantes de arrogancia en calladas derrotas, no por silenciosas menos contundentes. ¿Quiénes son esos dos actores?
El primero es Manlio Fabio Beltrones, quien ejerce como líder de los senadores del PRI. La estratagema de obligar al Ejecutivo a casi suplicar la colaboración de los senadores del PRI para sacar adelante lo sustancial del proyecto (que ya había sido aprobado por el PRI y el PAN en la Cámara de Diputados), y después, a la hora de la verdad, optar por una bochornosa abstención (digamos: pretender eludir los costos, pero lograr que se aprobasen mayores recursos fiscales de los cuales se beneficiará en especial su partido) falló por completo. Esos recursos les van a costar muy caro.
No ganó Beltrones ni el aplauso popular, ni la etiqueta de liderazgo responsable, ni la de político confiable y ni siquiera cumplió con eficacia la tarea de dispensar, desde la tarea legislativa, favores previamente prometidos: A la postre, la adición en la Ley Federal de Derechos del artículo 244-E que exentaba del pago al Estado de la contraprestación debida por el uso de espectro para nuevos actores en la telefonía celular por dos y hasta por tres años, fue desechada.
El segundo derrotado que sobrestimó su propia fuerza, sobre la clase política y sobre la opinión pública, fue el de los intereses de los grandes magnates de este país. Decidieron apostarle todo a sus "enchufes" en el poder legislativo (especialmente, en el Senado pero no sólo ahí, y notoriamente en el PRI y en el PVEM, pero no sólo en esos dos partidos) y a su capacidad para generar "ruido" (distorsiones) a través de los medios, rompieron lanzas en contra del Ejecutivo al que regatearon su colaboración y perdieron: El acotamiento a la consolidación fiscal fue ratificado por el Senado, si bien se suavizaron sus efectos en el tiempo.
El debate en el Senado acerca de la consolidación fiscal fue interesante, intenso y muy revelador de quién es quién a despecho del partido al que pertenezca.
La derrota de los grupos que, por razones obvias, se oponían a este acotamiento de la consolidación fiscal parece demostrar que: Uno, tener la hegemonía de la opinión publicada y de los medios de comunicación tradicionales ya no basta para doblegar a la clase política (la opinión pública no es necesariamente la opinión publicada y patrocinada, y eso lo están aprendiendo los políticos); dos, este país ya tiene una clase empresarial mucho más amplia, diversa, plural e informada de lo que tenía hace 30 años; los presuntos "representantes" empresariales - por ejemplo, CCE - han perdido autoridad moral, además de que muestran una lamentable pobreza intelectual y argumentativa, porque actúan como empleados de un puñado de magnates y no como auténticos voceros del amplísimo y variado conjunto de los emprendedores en México.
La democracia no fue tersa, no fue idílica, mucho menos fue angelical. Pero funcionó. Así pasa en casi todo el mundo. Bienvenidos a la normalidad democrática.

Etiquetas: , , , ,

domingo, 14 de junio de 2009

Proponen una pena de muerte, ¿piadosa?, para el PVEM

Juan Ernesto Pardinas, analista político serio y buen amigo, está invitando, a través de Facebook, a unirse al grupo "Pena de muerte al Partido Verde", el enlace para unirse al grupo, discutir el asunto, debatirlo, rebatirlo, difundirlo es:

AQUI

La pregunta- provocación es: ¿Te gustaría que el Partido Verde perdiera su registro?

Etiquetas: , , ,

lunes, 9 de febrero de 2009

La primera alharaca electoral

Me enteré por los periódicos de la primera de las alharacas de la temporada electoral 2009. Es decir, del asunto de los anuncios electorales y electoreros que las dos cadenas de televisión abierta, en cumplimiento formalista de la ley, le endilgaron a los desprevenidos que tele-presenciaban unos partidos de futbol soccer y algún partido de futbol americano durante el fin de semana del 31 de enero y el primer día de febrero.

Jamás vi ni escuché las dichosas piezas de propaganda porque no se me ocurrió sentarme frente a la televisión para presenciar esos espectáculos. Esa indolencia – a ver si no me regaña el senador Manlio Fabio Beltrones, a quien le gusta ser el azote de los indolentes de este país – me privó no sólo de muchas emociones "deportivas", sino de ver y escuchar los mensajes electorales y electoreros que – dicen - me habrían servido como preparación emocional e intelectual para llegar a las urnas en el verano lleno de información pertinente, ideas luminosas y convicciones patrióticas, a depositar mi voto por tal o cual personaje.

Por mí las televisoras pueden programar lo que les de la gana, con los anuncios que les de la gana (o los que les mande una ley electoral hecha por una asamblea de lobotomizados) sin efecto alguno sobre mis decisiones electorales. Es posible que todavía haya personas sobre las cuales un anuncio de televisión ejerza el influjo suficiente para obligarles a comprar "X" o votar "Z". No es mi caso, ni el de la mayoría de las personas que conozco. Pero los legisladores, los políticos y los dueños de las televisoras siguen creyendo que la televisión tiene propiedades milagrosas para convencer, inducir, hipnotizar y vencer. Allá ellos.

Esta primera alharaca de la temporada electoral demuestra: 1. Que en México se gasta una barbaridad de dinero público partiendo de la presunción de que los ciudadanos somos idiotas y que así, manipulando idiotas con mensajes propagandísticos, se ganan las elecciones, 2. Que los legisladores que manufacturaron la reciente reforma electoral hicieron tan mal su trabajo que obtuvieron lo contrario de lo que decían buscar, y 3. Que los concesionarios de la televisión abierta parecen tener una patológica percepción de sí mismos como entes todopoderosos por encima del bien y del mal.

Es decir: Nada nuevo.

Etiquetas: , , , , ,

viernes, 18 de abril de 2008

El gran estruendo de los impotentes

Es perfectamente lógico que los traficantes de ruido aumenten el estruendo, en la misma medida que han perdido la capacidad de transformar, (o siquiera incidir en) la realidad.

Por supuesto que es una majadería inaceptable – otra más – que una minoría de legisladores obstruya el funcionamiento del Congreso, pero eso, más que revelar una fragilidad institucional de la democracia, desenmascara la impotencia de los enemigos de la democracia.

Es irritante que adinerados ex gobernadores de estados paupérrimos, como es el caso del zacatecano Ricardo Monreal, hoy devenido en senador de la República, promuevan "tomas de la tribuna" en el clásico estilo de los "porros" reventadores de asambleas estudiantiles y, más tarde, quieran endilgarnos a los ciudadanos pretextos y argumentos tan idiotas que insultan la inteligencia del público.

No sólo eso, también despierta suspicacias el repentino interés de Monreal por cultivar y alentar la faceta más suicida – políticamente hablando- del atribulado Andrés López y de su partido, el PRD, que eso es lisa y llanamente lo que ha hecho al promover la "toma de la tribuna". ¿Apoya Monreal a López o empuja a López al precipicio dándole a la vez estentóreas palmadas en la espalda? Todo puede ser.

Pero por irritantes y repugnantes que sean estos hechos, en la práctica no dejan de ser estruendosas muestras de impotencia: No hay ejemplo más dramático de impotencia legislativa y política que abominar del debate y de la regla democrática de la mayoría. Todo mundo sabe que el PRD no necesita 50, 100 o mil días para decir lo que ya dicho y que se resume en dos letras: "No". Tal vez otros partidos y otros actores requieran discutir, escuchar, dialogar, razonar, rebatir, proponer, porque están a la búsqueda de la verdad o de acuerdos y soluciones viables. Los obcecados del "no" han demostrado sobradamente que no necesitan de debate alguno, que no requieren preguntar, dudar, conjeturar. Tienen "su verdad" de antemano y para siempre, inconmovibles. Y su verdad es simple: No, a todo lo que proponga el otro. Para decir "no" bastan un par de segundos. Pero como es el "no" de los impotentes quieren recubrirlo de estruendos, gritos, sombrerazos, amenazas…, fingen la emoción, el estremecimiento, los temblores, los ojos en blanco, el desenfreno verbal… y quieren que su éxtasis de utilería dure una eternidad. Tal vez tendrían éxito haciendo telenovelas. Quizá por ahí.

Etiquetas: , , , , , ,

martes, 15 de abril de 2008

El debate sobre la bolsa de dulces

Sería magnífico que el debate acerca de una reforma de Pemex se ampliara en términos conceptuales, pero ningún político mexicano parece querer eso. Quienes tienen más que perder con un debate amplio, sin áreas vedadas, son los retro-progresistas que ya han proclamado – sin más argumento que el fervor mítico- que la Constitución no puede ser tocada.

Por increíble que parezca hay un extendido y firme consenso entre todos los partidos y políticos de México acerca del petróleo: Todos quieren que los ingresos petroleros (la llevada y traída “renta petrolera”) sigan siendo recursos fiscales, esto es: riqueza que los políticos tengan para repartir.

Los políticos suelen guardar su más encendida y fervorosa oratoria (la de las fibras sensibles y los mitos nacionalistas) justamente para pelear los intereses más prosaicos y pedestres. Así ha sido en el caso del petróleo en México. No estamos hablando, como escribió una cursi colega, de la “quintaesencia” de la patria, sino de dinero y de cómo vamos a apropiárnoslo y cómo vamos a repartirlo.

Una de las expresiones básicas de ese consenso político (“pase lo que pase, nosotros, la clase política, seguiremos disponiendo y repartiendo la renta petrolera”) se traduce en la primera restricción gigantesca: “En este asunto, la constitución no se puede tocar”. Aunque el veto se expresa con fervor de dogma –es decir: no se argumenta- expresa en realidad el temor racional de los políticos a que un cambio más profundo (esto es: constitucional) pudiese en el futuro des-petrolizar las finanzas gubernamentales (federales, estatales y hasta municipales) e hiciese realidad la peor de sus pesadillas: reducir de veras el gasto gubernamental y la injerencia de los gobiernos en la vida económica y, con ello, el poder de los políticos. Perder la bolsa de los dulces. Como suele decir un senador del PRI: “La política es dos cosas: tener la información y tener la bolsa de los dulces para repartir”.

Los más reaccionarios no se han dado cuenta de que hay que cambiar algo, aunque sea lo mínimo, para que la bolsa de dulces no se agote; los promotores de la reforma acotada sólo son un poco más creativos: buscan que la bolsa siga llenándose.

Ojalá el debate fuera tan amplio cómo para des-petrolizar a las finanzas públicas y a los políticos. Pero eso no sucederá.

Etiquetas: , , , , ,

domingo, 13 de abril de 2008

Golpeados con su propia vara

A veces, su propia obcecación es el peor enemigo de los fanáticos. Una estrategia para derrotar a los obcecados es facilitarles la vara con la que acabarán golpeándose.


El europeo que mejor conocía a principios del siglo XVII lo que hoy es el este de los Estados Unidos era el capitán John Smith, quien incluso había hecho un detallado mapa de Nueva Inglaterra. Smith, ansioso de regresar al nuevo mundo, ofreció sus servicios de guía a los peregrinos del Mayflower, pero los fervientes puritanos rechazaron la oferta, calculando que Smith, un aventurero que no se avenía al ideal de conducta puritana, sería una influencia nociva en una colonia que no quería tener otro guía que Dios.

Una vez en América los peregrinos pasaron grandes penalidades, la mayoría de ellas, por supuesto, no les fueron enviadas por Dios, sino que se debieron a su obcecación; por ejemplo, perdieron muchos días valiosos, pasaron hambre, sed y frío, algunos murieron, porque se empeñaron en explorar territorios que otros pioneros, como Smith, ya sabían que eran inhóspitos y que carecían de recursos.

Smith escribiría sobre los peregrinos del Mayflower: "Tales humoristas (es decir: fanáticos) nunca creerían (en la información y en los consejos ajenos), hasta ser golpeados con su propia vara (beaten whit their own road)"

Los obcecados que hoy en México han tenido la ocurrencia de "clausurar" a la fuerza los recintos legislativos federales es probable que corran la misma suerte y acaben golpeados con su propia vara.

Con diferencias importantes. Una diferencia: Merecen mucho más respeto aquellos obcecados movidos por su fe religiosa, que los de aquí y ahora, llenos de turbias y enredadas motivaciones. Otra diferencia es que nuestros obcecados podrían estarle regalando a sus adversarios del gobierno federal, así como del PAN y del PRI, varias victorias anticipadas en las próximas elecciones federales de 2009.

Victorias que sus adversarios, sobre todo el gobierno y el PAN, es muy probable que valoren más que una reforma que es apenas un tímido e insuficiente paso en la dirección correcta.

Hay quien cree que nuestros obcecados podrían salirse con la suya y destrozar las instituciones democráticas. Pero no es tan fácil. Para eso se necesitan, entre otras cosas, doctrina y disciplina.

Por eso Lenin detestaba el asambleísmo. "Es -decía- como poner a los enfermos a cargo del hospital". Suena conocido, ¿no?

Etiquetas: , , , , , , ,

lunes, 17 de diciembre de 2007

IFE: Un desastre redundante

Decía el político catalán Francesc Cambó que hay dos maneras infalibles para llegar al desastre: Una, pedir lo imposible; la otra, postergar lo inevitable. En el caso de la reforma electoral las dos vías seguras al desastre se han emprendido con pasmoso esmero. ¿Alguien debería sorprenderse del desastre?

Un ejemplo clásico de diseño institucional exitoso para un acuerdo entre partes que se disputan un bien es el del pastel – finito, obviamente- que tienen que distribuirse equitativamente entre sí dos o más niños. El acuerdo exitoso consiste en que el niño que parte el pastel será el último en elegir. De esa forma, quien corta el pastel tiene el más poderoso incentivo para que las partes a repartir sean idénticas. Él pagará cualquier error en el corte, quedándose al final con la parte más pequeña. Su incentivo, entonces, está perfectamente alineado con el objetivo del acuerdo: que no haya un solo pedazo de pastel de diferente tamaño.

Hay principios de realidad detrás de este acuerdo exitoso como son, entre otros: 1. El bien a repartir es finito, 2. Es impensable que una de las partes se lleve todo, 3. Las "partes" jamás pueden ser el "todo".

¿Qué sucede cuando una de las partes no se atiene a esos principios de realidad? Que el acuerdo es imposible.

En el caso de la reciente reforma electoral el diseño de acuerdos ha estado viciado desde su origen porque la principal motivación para rediseñar reglas y mecanismos – incluida, desde luego, la nueva conformación del IFE- ha sido complacer al niño que jamás acepta acuerdos o los acepta a regañadientes para después desconocerlos. Ha sido aceptar como participante a quien, de manera reiterada, juega en dos pistas incompatibles: la institucional y la que llama a destruir las instituciones. Si el resultado le resulta insatisfactorio – y siempre le parecerá insuficiente porque quiere "todo" siendo, por definición, "parte"- recurrirá a descalificar el acuerdo. Su estrategia es pedir lo imposible.

Si las otras dos partes – PRI y PAN, por ejemplo- acceden a ofrecer lo imposible, está dada la primera vía segura para el desastre. Si a esto sumamos que, además, se posterga lo inevitable – reconocer de una vez por todas que el proceso electoral de 2006 ya concluyó con un ganador indiscutible, legal y legítimo-, el desastre es redundante.

¿No es estúpido seguir intentándolo?

Etiquetas: , , , , , ,

jueves, 29 de noviembre de 2007

Ugalde, demasiado tarde

Luis Carlos Ugalde se ha despedido del IFE con el discurso correcto y pertinente: Hay que salvar a la democracia en México evitando que los partidos políticos la secuestren…Demasiado tarde. En las elecciones de 2006, Ugalde convalidó arbitrariedades graves contra la libertad, al votar a favor de la censura de mensajes que decían verdades incómodas para el candidato favorito de políticos y periodistas enchufados: Andrés López Obrador.

Una de los más graves errores del IFE y de su consejero presidente en 2006 fue convalidar una inaceptable censura a la libertad de expresión, durante la campaña electoral, para complacer a un candidato histérico – Andrés López- y a su séquito de acólitos, igualmente histéricos e inmaduros.

Es probable que, a la distancia, Luis Carlos Ugalde esté arrepentido de haber votado a favor de esa censura de carácter fascista que exigieron a gritos y sombrerazos – no conocen otra forma de expresión- Andrés López y sus feligreses. El arrepentimiento, si lo hay, debe ser amargo: Ugalde nada ganó lesionando las libertades ciudadanas y la vociferante clase política a la que quiso complacer acabó, al final, echándolo de mala manera. Ni modo, los más serviles son los primeros en ser desechados cuando ya no son útiles a sus amos. (Una lección que podrían aprender, por cierto, algunos colegas en los medios electrónicos).

El miércoles, al despedirse anticipadamente del IFE, Ugalde hizo sus mejores declaraciones y habló como un verdadero defensor de los derechos y de las libertades ciudadanas, es decir: Como lo que deben ser los consejeros del IFE y, por lo visto, como ya no podrán serlo. Recordó algo esencial: La democracia no se construye con prohibiciones. Muy mal andamos cuando los encargados de diseñar las leyes electorales son tan amigos de los controles burocráticos y tan poco afectos a respetar la libertad. Bien dicho pero demasiado tarde.

Y, por cierto, ya que tanto preocupa a los autonombrados comisarios de la corrección político-electoral que se utilicen expresiones denigrantes en las campañas, tal vez me puedan explicar lo siguiente: ¿Por qué llamarle López a López es denigrante y, en cambio, motejar a otro candidato con adjetivos escatológicos, propios de quien se estancó en la fase anal del desarrollo psíquico, es sólo una “puntada chistosa” de personajes como Federico Arreola, el todavía fiel escudero de López?

Etiquetas: , , , , , , , , ,

viernes, 23 de noviembre de 2007

La reforma electoral al gusto de López

La reciente "reforma electoral" apunta a dejar a los ciudadanos como meras comparsas de los arreglos que se hagan entre partidos y políticos de profesión. Debería llamarse "la reforma fascista inspirada por López".

La esencia del sistema electoral mexicano radicaba hasta ahora en que el núcleo de los comicios – la emisión y contabilidad uno a uno de los votos emitidos- estaba en manos de los ciudadanos, no del gobierno, no de los partidos políticos, no de las "familias custodias" del corporativismo mexicano.

Antes de la creación del IFE y del tribunal electoral autónomo eran los propios políticos en competencia quienes – erigidos en "colegio electoral"- decidían quién triunfaba y quién perdía, a despecho incluso de los votos contabilizados por los ciudadanos. Un gran avance democrático fue otorgar carácter definitivo al escrutinio realizado por los ciudadanos – funcionarios de casilla sin vínculos con los partidos políticos- salvo que, por impugnaciones con sustento objetivo, el IFE o el tribunal electoral autónomo considerasen el escrutinio viciado o falaz.

El dos de julio de 2006 Andrés López perdió. Así lo indicaron los resultados de la totalidad de los escrutinios realizados por los ciudadanos en todas y cada una de las casillas. Ya se sabe que López no aceptó tales resultados y demandó contar de nuevo cada voto descalificando burdamente (incluso profiriendo calumnias por las que nunca ha sido sancionado) la tarea de los ciudadanos.

Para efectos prácticos la reforma electoral que se ha aprobado recientemente vuelve a expulsar a los ciudadanos de los procesos electorales: Los ciudadanos no podremos opinar en los medios de comunicación electrónicos sobre los candidatos; los ciudadanos contaremos los votos, pero cualquier político de profesión podrá descalificar sin mayor sustento nuestro escrutinio y decretar otro en sentido contrario (basta con que convenza a sus pares) y el IFE, que alguna vez con todas sus imperfecciones fue representación profesional de los ciudadanos en los comicios, volverá a ser herramienta dócil de los partidos políticos con funcionarios permanentemente amenazados de sufrir un cese fulminante si no se avienen a los caprichos de las cúpulas políticas.

Esta reforma – que debe agradar sobremanera a López dado su talante antidemocrático y antiliberal- es claramente un retroceso hacia el fascismo. Fascista, en sentido amplio, es lo que restringe las libertades ciudadanas en beneficio de las corporaciones que se han adueñado del Estado, como es el caso hoy de los partidos políticos.

Etiquetas: , , , , , , , ,

lunes, 10 de septiembre de 2007

¡No con mi dinero!

Partidos políticos, grupos sociales y cualquier persona deben tener total libertad para contratar propaganda en los medios de comunicación, siempre y cuando cada cual lo haga con su dinero y con total transparencia, ¡no con el dinero de los contribuyentes!



1. Una reforma electoral en un país democrático y libre NO puede restringir la libertad de cada cual para difundir mensajes de contenido político, incluso mensajes poco comedidos o contundentes ("Fulano es un peligro para México" o "Zutano es un tonto con balcones a la calle"), siempre y cuando la contratación de dicha propaganda se haga en condiciones de libre mercado y auténtica competencia, con total transparencia, y NO se haga con dinero público, que proviene del bolsillo de los contribuyentes.

2. Una reforma electoral en un país democrático y libre NO puede coartar la libertad de expresión de nadie decretando discrecionalmente qué mensajes son correctos a juicio de algún pacato consejo de notables. Un país democrático y libre tiene leyes claras sobre la difamación y la calumnia – incluso se suele castigar ésta última penalmente - que están hechas, precisamente, para que todo mensaje que no sea calumnia, difamación o incitación al delito jamás sea censurado.

3. La discusión sobre la reforma electoral está totalmente fuera de foco y lastrada por intereses torpes. Ni los medios tienen derecho a ser beneficiarios graciosos de miles de millones de pesos de recursos públicos – por propaganda política o gubernamental pagada con recursos de los contribuyentes-, ni los partidos políticos, ni nadie, tiene derecho a regular la libertad de expresión de los demás.

4. Ninguno de los grupos interesados – enfrascados en una disputa majadera y mezquina- quiere ver la auténtica relación entre reforma fiscal y reforma electoral, que sí la hay y nada tiene que ver con chantajes: El recorte más urgente al gasto público federal, al de los estados y al de los municipios es cancelar de inmediato toda la propaganda política, gubernamental y para-gubernamental que se paga con recursos de los contribuyentes. Y preservar con todo vigor la libertad irrestricta de quién quiera para expresar y difundir lo que le venga en gana, con la única limitación de sancionar de veras la calumnia, la difamación y la promoción de delitos.

5. Lo demás son discusiones vergonzosas, indignas de un país democrático y libre. ¿México lo es?

Etiquetas: , , , , , , , ,

miércoles, 5 de septiembre de 2007

La ética del político: Debe haber un límite

¿Todo es negociable? No. Cierto que la ética del político no puede ser sólo ni prioritariamente la ética de la convicción, pero cierto también que, aun poniendo entre paréntesis algunas convicciones, el político no puede eludir la responsabilidad por las consecuencias de sus actos u omisiones.

Max Weber planteó, como modelo explicativo de las diferencias de conducta entre el científico y el político, la antinomia teórica entre la ética de la convicción, aquella que pone la verdad ante todo y siempre sin medir consecuencias prácticas, y la ética de la responsabilidad, propia del político, que en la esfera pública pone por encima de todo las consecuencias de sus decisiones.

Por supuesto, se trata de una antinomia sólo teórica, ya que en la vida real ambas éticas resultan complementarias y no hay “convencidos irresponsables” o “responsables sin convicción”. Raymond Aron escribió al respecto:

“Un político debe ser al mismo tiempo convencido y responsable. ¿Pero cuál es la elección moral cuando es preciso mentir o perder, matar o ser vencido? La verdad, responde el moralista de la convicción; el éxito, responde el moralista de la responsabilidad. Las dos elecciones son morales con tal de que el éxito que este último quiere sea el de la ciudad y no el suyo propio. La antinomia me parece esencial, aun cuando en la mayor parte de los casos la prudencia sugeriría un compromiso razonable”
.

Bajemos ahora a nuestra prosaica realidad: México, septiembre de 2007. ¿Acaso el confuso juego de intercambios negociadores que presenciamos es sólo una muestra de dicha ética de la responsabilidad?, ¿es ése “compromiso razonable” del que habló Aron? No lo parece. Primero, está la confusión introducida deliberadamente por actores políticos que presionan sin piedad pero no dan la cara y sólo susurran: “Si quieres que apoye la reforma tal concédeme tu apoyo para este ajuste de cuentas entre mafias”.

¿Dónde está el límite para negociar? Yo ya me habría bajado de ese tren que parece ir hacia cualquier lugar indeseable. Pero yo no soy político y me acechan otros demonios, no los del poder.

Weber cita, al describir los límites éticos del “éxito” al que aspira el político, la famosa frase de Martín Lutero ante la dieta de Worms: “Aquí me detengo; no puedo proceder de otro modo. Que Dios me ayude”.

Etiquetas: , , , , , , , ,

domingo, 2 de septiembre de 2007

¡Ay, las tradiciones!

¿Cuánto hay que pagar para que se mueran ciertas tradiciones?

Desde que tengo uso de razón, y de eso hace muchos años, dicen que la tradición de los organilleros en la ciudad de México se está muriendo. Y no se muere. Todos los días los dichosos organilleros y organilleras se plantan en alguna calle del centro de la ciudad, le dan la vuelta a la manivela de sus armatostes y nos infligen una melodía melcochada que lo mismo puede ser el vals sobre las olas que una canción de Juan Gabriel – todo lo que tocan esos aparatos suena igual de mal-e incordian a los desprevenidos peatones pidiendo un pago "para que no muera la tradición, jefecito".

Pues, ¿cuánto hay que pagar para que se callen y se dediquen a una labor más productiva?

Esto de las tradiciones en México, que va desde la estúpida costumbre de mojar al prójimo dizque para celebrar a San Juan el bautista, hasta la incitación al vandalismo y al abuso en que suelen convertirse las piñatas, es una monserga (exposición fastidiosa y pesada) comparable casi a la de los políticos transitivos ("no es transitable la propuesta de reforma fiscal si antes no le dan más dinero a PEMEX") cuyo verbo de moda, ya se habrán percatado, es "transitar", acción que el diccionario define como "pasar de un punto a otro por vías o parajes públicos". Le dice un político a otro: "¿Ves transitable una comida en Casa Bell?"…y "transitan".

El sábado fueron los señores del PRD que cobran como legisladores quienes salvaron una gran tradición mexicana que no por relativamente reciente deja de ser menos entrañable: El intercambio pugilístico el día del informe presidencial. Como por diversas circunstancias no pudo haber gritos y sombrerazos en el recinto del Congreso, un par de diputados perredistas se enfrascaron a golpes mientras escenificaban su graciosa huida para no convalidar – dicen los amanuenses del iluminado- al Presidente de la República con su irrelevante presencia.

Ese pleito salva una tradición que, por lo visto, no se quiere dejar morir.

Originalmente iba a escribir sobre la saludable competencia que en materia de impuestos se verifica entre los cantones suizos – como ejemplo de federalismo fiscal-, pero ¿para qué hacerlo si la objeción a esos ejemplos es otra inmortal tradición mexicana? "Es que no somos Suiza". Sí, ya nos dimos cuenta.

Etiquetas: , , , , , , ,

jueves, 30 de agosto de 2007

La reforma de los incompetentes

No tiene ninguna justificación decente la supuesta reforma electoral que se pretende hacer.

Mientras la propuesta de reforma fiscal ha sido ampliamente discutida, incluso por muchos que ni siquiera pertenecen al universo de los 7 millones 637 mil mexicanos que presentamos – o estamos obligados a hacerlo- declaración de impuestos, parece inminente una reforma electoral pactada en sigilo por unos cuantos, como si fuese una celada que nos han tendido a 73 millones 76 mil cinco mexicanos que estamos en el listado nominal de electores.

No voy a caer en el mismo error de los políticos, que pretenden poseer la exorbitante capacidad de interpretar lo que deseamos los electores y después nos imponen cambios inconsultos. No, yo no sé qué piensan más de 73 millones de electores. Sé lo que opinamos unos cuantos, apenas un puñado, y sé que la pretendida reforma electoral que se ha cocinado nada tiene que ver con nuestras apreciaciones acerca de lo que hay que conservar y lo que hay que cambiar en nuestro sistema electoral.

Contamos con un magnífico sistema electoral diseñado laboriosamente a lo largo de muchos años que garantiza – hasta donde es humanamente posible- elecciones federales confiables, resultados ciertos de las mismas y pesos y contrapesos que evitan fraudes o imposiciones contrarias a la voluntad de los electores. ¡No lo toquen!

En cambio, padecemos un sistema de partidos caro, excluyente, con escasísima transparencia, que se ha convertido en mina de oro para políticos y para algunos medios de comunicación que reciben multimillonarias cantidades de dinero público para infligirnos, a los ciudadanos, propaganda inútil en busca de votos.

Este problema ni siquiera se toca con seriedad en la pretendida reforma.

Tampoco se toca el asunto de los diputados y senadores de representación proporcional que llegan al Congreso NO por nuestro voto directo, sino por voluntad de las dirigencias partidistas. Mucho menos se aborda el grave problema que representa la no reelección inmediata de los legisladores y que impide que los ciudadanos sancionemos – con el voto- su desempeño. Y ni hablar del derecho a ser votado al margen de los partidos.

Más que reforma electoral parece una majadería que avanza incontenible.

Está bien que paguemos impuestos hasta para darles alguna ocupación a los incompetentes, pero éstos, que son incapaces de ganarse la vida de otra forma que no sea la política mezquina, se pasan de la raya.

Etiquetas: , , , , , ,