miércoles, 8 de julio de 2009

El G-8 se pone más cauto

Reunidos en L'Aquila, Italia, justo donde un fuerte terremoto dejó en abril pasado una estela de destrucción y muerte, (pinchar aquí para ver fotos de The Boston Globe) los líderes del G-8 se mostraron especialmente cautos acerca de la futura salida de la calamidad global (vulgo: recesión).

Ángela Merkel, la primer ministro de Alemania, describió bien este tono de cauteloso optimismo: "Todos compartimos la visión de que la salida de la crisis será un largo camino. Con suerte, podemos decir que ya tocamos el fondo".

El G-8 son, digamos, las siete economías más industralizadas de Occidente más Rusia.

Por cierto, la brutal represión de musulmanes en la región de Xianjiang, China, frustró la negociación prevista para convencer a los gobiernos de China e India de colaborar más activamente en el combate al cambio climático, ya que Hu Jintao, el presidente chino, salió volando de regreso - literalmente- para atender la crisis doméstica y, también con suerte, calmar las aguas después de la matanza.

Como suele suceder el asunto de los excesos represivos del gobierno chino NO se trató oficialmente en la cumbre del G-8.

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jueves, 20 de noviembre de 2008

La balsa de los 20 en el océano

"Intentábamos defendernos. Pero era imposible. Los débiles sólo pueden huir. Y no se puede huir de una balsa perdida en medio del mar" (Alessandro Baricco, "Océano mar").



No hay que ponerse dramático, pero una imagen que convenía a la reunión del G-20 el pasado fin de semana en Washington es la de 20 personas asustadas en una balsa que flota en medio del océano, a la espera de que se reanude la tormenta o de que llegue algún auxilio providencial.

Para ser exactos: dos mujeres y 18 hombres, aunque no puede haber dos mujeres tan distintas como lo son Ángela y Cristina. La primera es madura, firme, poco dada a las ligerezas; la segunda es despistada, frívola, vanidosa; llegó tarde a la foto de grupo y, según los maliciosos, fue porque no había terminado de maquillarse. Para ser exactos: de las 20 personas una - George, el pequeño – debió sentir alivio, porque en unos días saltará de la barca a tierra más o menos firme. Y otra persona, ausente, Barack, debe sentir aprensión porque en breve le tocará subirse a la balsa en medio del océano; "ahí te veremos el 20 de enero, hermano" dicen que le dijo un desaprensivo.

También estaban los acompañantes y uno que otro colado, como el jefe de gobierno español que, duro y dale, pidiéndole el favor a su vecino, Nicolás, de que lo incluyesen en la nómina; logró un asiento quizá porque deseaba estar en el segundo Bretton Woods o asistir a los funerales del capitalismo; menudo chasco se ha llevado el Zapaterito que la reunión no fue ni lo uno, ni lo otro.

La imagen de los náufragos en medio del océano, compartiendo una precaria balsa, encierra al menos una lección muy importante: la de la cooperación forzosa. La pesadilla terminará – todas terminan- pero de la cooperación entre todos, sin jugarle al listo, depende que termine más o menos bien.

Digamos que si alguno de los fuertes del grupo sucumbe a la tentación autista – proteccionismo- o que si otro buscando salvar a los suyos pone en riesgo a los demás, todos se irán al fondo del océano.

O nos salvamos juntos, o nos hundimos todos. El nombre del juego se llama cooperación. Pero, que conste, no nos estamos poniendo dramáticos, sólo un poquito realistas.

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sábado, 12 de julio de 2008

Una ducha con agua fría

Lo más importante que pueden hacer los grandes líderes políticos del mundo, el G-8, es eliminar las barreras al libre flujo comercial, financiero y de personas. Eso sería mucho más provechoso que sembrar tres arbolitos en una isla japonesa.

Sin duda las emisiones de CO2 que arrojamos a la atmósfera han causado, causan y causarán daños al entorno en el que vivimos los seres humanos y en el que, esperemos, habrán de vivir muchas generaciones futuras.

Reconocerlo, sin embargo, no implica aceptar sin el menor asomo de análisis crítico diagnósticos tremendistas y "soluciones" interesadas que causan más males de los que pretenden remediar. Al paso del tiempo hasta los más entusiastas defensores de la ecología han reconocido que dos o tres de los principales supuestos en que se basaron los diagnósticos de alarma resultaron más cercanos al mito que a la verdad.

Tampoco el paso del tiempo ha sido compasivo con el Protocolo de Kyoto. Se ha visto que el acuerdo planteó metas tan ambiciosas como inalcanzables y lo peor: cada vez es más dudoso que las reducciones de CO2 propuestas resulten suficientes y pertinentes para mejorar el clima del planeta y para evitar las catástrofes que se anunciaron. Eso, por no recordar que casi ningún país ha cumplido lo acordado y que el gobierno de Estados Unidos desde entonces se negó a suscribir el acuerdo, esgrimiendo un escepticismo que, aunque odioso, resultó justificado.

El cambio climático no es el problema número uno de la humanidad.

Mucho más grave es la persistencia de miles de muertes a causa de enfermedades que son curables, no sólo en África, sino en vastas extensiones de pobreza desperdigadas en el planeta. Mucho más graves son la pobreza y el hambre causadas no por una insuficiente oferta de alimentos y de bienes, sino por las estúpidas barreras que los gobiernos han erigido en contra del libre movimiento de bienes, de servicios, de capitales y de personas.

Por eso las reuniones en el cumbre son tan simbólicas como inútiles; semejantes a "un punto de acuerdo" de las señoras y señores senadores.

Puestos a producir gestos simbólicos, pero inútiles, para la próxima cumbre los grandes líderes en lugar de sembrar tres arbolitos podrían darse, en grupo, un buen duchazo de agua fría. Simbolizaría que algo hacen contra el calentamiento global…y sería divertido para los espectadores.

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La infamia del etanol

Si Estados Unidos quiere subir a China e India al compromiso de reducir sus emisiones de carbono a la atmósfera, tendrá que poner sobre la mesa la seria promesa de abandonar su nefasta ocurrencia de subsidiar la producción de etanol a partir de maíz y de otros cultivos. No lo hará. ¿Resultado? La cumbre del G-8 será otro fracaso de Bush. Tal vez un fracaso "fríamente calculado".


Lo más probable es que el gobierno de Estados Unidos haya calculado de antemano que China e India se rehusarían a sumarse al compromiso de reducir a la mitad sus emisiones de CO2 a la atmósfera para el año 2050. Contando con ese rechazo, George W. Bush pudo darse el lujo de mostrarse, en la cumbre del G-8, seriamente preocupado por el cambio climático, hacer promesas retóricas y eludir un examen serio de los infames subsidios a la producción de etanol, que no sólo NO son una política efectiva de protección al ambiente, sino que tienen la perversa cualidad de generar a la vez varios efectos indeseables para el bienestar global:

1. La producción de etanol a partir de maíz y otros cultivos genera más emisiones de carbono de las que reduce.

2. Ha contribuido al encarecimiento de los alimentos en el mundo, al distraer tierras para producir un complemento – que no sustituto- de la gasolina, en lugar de alimentos.

3. El subsidio desalienta a otros productores de granos fuera de Estados Unidos porque compiten en franca desventaja; inhibe, pues, una mayor oferta.

4. Retrasa la búsqueda tecnológica de energías limpias y de procesos productivos menos contaminantes,

5. El subsidio se ha mostrado eficacísimo para generar un efecto en cascada de encarecimiento en toda la cadena de los alimentos: del maíz al trigo, a la soya, al sorgo, a la leche, a la carne,

6. Provoca un efecto de imitación: Cientos de políticos irresponsables en el mundo sueñan con promover la producción de etanol, para posar como "verdes" mientras arrasan selvas y sistemas ecológicos.

Así las cosas, la salida fácil es culpar a China y a India de falta de conciencia ecológica porque no quieren frenar su proceso de crecimiento a cambio de un premio por su contribución a enfriar o postergar el "calentamiento global".

No los culpo…son naciones que quieren salir de la pobreza, no son Al Gore buscando los reflectores.

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