jueves, 21 de mayo de 2009

¿Cómo empezó esto? (II)

La elite política de Washington siguió cocinando el desastre de las hipotecas de baja calidad – o subprime – presumiendo de las más buenas intenciones.

En 1995 el Congreso le dio aún más fuerza a la ley (“Community Reinvestment Act”) de 1977 que incentivaba a los bancos a otorgar créditos hipotecarios a personas con bajos ingresos o incluso sin ingresos fijos comprobables, a cambio de facilitarles, a los bancos, autorizaciones para fusiones y expansiones; en contraparte, a los pocos bancos reacios a entrar al negocio de las hipotecas de baja calidad la burocracia reguladora les obstaculizó el crecimiento.

Aun sin existir “premios” y “castigos” ideados por los políticos, para los bancos las hipotecas de baja calidad resultaron un gran negocio, porque Fannie Mae y Freddie Mac – lo más similar a grandes bancos de fomento a la vivienda con aval gubernamental – garantizaron cada vez más hipotecas de baja calidad que podían ser comerciadas fácilmente en un amplio mercado secundario; y que pudieron ser empaquetadas y vendidas como productos de inversión fuera del balance de los mismos bancos.

Otro ingrediente, si bien indirecto, que estimuló la euforia-manía fue una política monetaria acomodaticia por parte de la Reserva Federal.

Todo ello hizo crecer los cocientes de endeudamiento de muchas familias en forma casi exponencial.

En 2003 se promulgó la “American Dream Downpayment Act” con el objeto de subsidiar aún más créditos hipotecarios para familias de bajos ingresos. Orondo, y presumiendo del “conservadurismo compasivo” de “su” Partido Republicano, George W. Bush proclamó que la nueva ley permitía por fin satisfacer “el interés nacional de que cada vez más personas tengan una casa propia”. Con gélida ironía el profesor Meltzer comenta que a Bush se le olvidó, al hacer esa declaración, añadir cinco palabras: “If they invested in them”. Esto es: Grandioso que cada vez más estadounidenses tengan casa propia, “si esas mismas personas invierten – trabajan – para lograrlo”.

Este rápido vistazo a la larga historia de leyes, incentivos, reglamentos y discursos que produjo la elite política de los Estados Unidos – de 1931 a 2003- presuntamente para dar casa propia a cada familia, permite comprobar cuál fue el caldo de cultivo para el desastre de las hipotecas de baja calidad que estalló en el verano de 2007: Las presuntas “buenas intenciones” de los políticos.

Desde luego, hubo muchos otros factores que contribuyeron a que ese virus se volviese pandemia causando estragos mundiales; los comentaré a partir del lunes.

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jueves, 20 de noviembre de 2008

La balsa de los 20 en el océano

"Intentábamos defendernos. Pero era imposible. Los débiles sólo pueden huir. Y no se puede huir de una balsa perdida en medio del mar" (Alessandro Baricco, "Océano mar").



No hay que ponerse dramático, pero una imagen que convenía a la reunión del G-20 el pasado fin de semana en Washington es la de 20 personas asustadas en una balsa que flota en medio del océano, a la espera de que se reanude la tormenta o de que llegue algún auxilio providencial.

Para ser exactos: dos mujeres y 18 hombres, aunque no puede haber dos mujeres tan distintas como lo son Ángela y Cristina. La primera es madura, firme, poco dada a las ligerezas; la segunda es despistada, frívola, vanidosa; llegó tarde a la foto de grupo y, según los maliciosos, fue porque no había terminado de maquillarse. Para ser exactos: de las 20 personas una - George, el pequeño – debió sentir alivio, porque en unos días saltará de la barca a tierra más o menos firme. Y otra persona, ausente, Barack, debe sentir aprensión porque en breve le tocará subirse a la balsa en medio del océano; "ahí te veremos el 20 de enero, hermano" dicen que le dijo un desaprensivo.

También estaban los acompañantes y uno que otro colado, como el jefe de gobierno español que, duro y dale, pidiéndole el favor a su vecino, Nicolás, de que lo incluyesen en la nómina; logró un asiento quizá porque deseaba estar en el segundo Bretton Woods o asistir a los funerales del capitalismo; menudo chasco se ha llevado el Zapaterito que la reunión no fue ni lo uno, ni lo otro.

La imagen de los náufragos en medio del océano, compartiendo una precaria balsa, encierra al menos una lección muy importante: la de la cooperación forzosa. La pesadilla terminará – todas terminan- pero de la cooperación entre todos, sin jugarle al listo, depende que termine más o menos bien.

Digamos que si alguno de los fuertes del grupo sucumbe a la tentación autista – proteccionismo- o que si otro buscando salvar a los suyos pone en riesgo a los demás, todos se irán al fondo del océano.

O nos salvamos juntos, o nos hundimos todos. El nombre del juego se llama cooperación. Pero, que conste, no nos estamos poniendo dramáticos, sólo un poquito realistas.

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martes, 30 de septiembre de 2008

¿Tuvieron razón?

Los legisladores que votaron el lunes en contra del rescate de activos financieros tóxicos, ¿hicieron lo correcto?

Los actuales legisladores de la Cámara de Representantes de Estados Unidos esperan ser reelectos el próximo 4 de noviembre. No debe sorprender que orienten su voto en función de los deseos de la mayoría de sus electores quienes se oponen, según las encuestas de opinión, al paquete de rescate propuesto por el gobierno de George W. Bush.

En lugar de culpar a los legisladores, que actuaron en todo caso conforme a lo que los electores esperan de ellos (así era la democracia, cuando me hablaron de ella), el atribulado equipo de rescate que encabeza el Secretario del Tesoro, Henry Paulson debe admitir que no ha persuadido al ciudadano común de que es indispensable firmarle un cheque en blanco.

De hecho, Paulson ha logrado convencer a muy pocos fuera de Wall Street y del gobierno. Varios economistas prestigiados, como Gary Becker, han criticado con sólidos argumentos la fragilidad de la propuesta, destacando entre otras cosas el inmenso estímulo a la irresponsabilidad de bancos e instituciones financieras – “riesgo moral” – que supone. Invito al lector a consultar las reflexiones de Becker y de Richard Posner aquí.

Decenas de economistas y de observadores, por ejemplo, critican que el plan de rescate proponga comprar “activos tóxicos” con dinero de los contribuyentes (una forma enrevesada e improbable de capitalizar a las instituciones en problemas), en lugar de obligar a la capitalización de los bancos con dinero fresco de los actuales accionistas o de otros inversionistas o de capitalizarlos directamente, mediante la compra de bonos convertibles en capital.

Esta propuesta – la de la capitalización- tiene mucha más lógica y probabilidades de éxito que la de endosar a los contribuyentes la compra de activos tóxicos cuyo valor es incierto (por eso son ilíquidos). Si el gobierno comprase esos activos en lo que hoy los valora el mercado NO resuelve nada, porque prácticamente estaría cambiando “nada” por “nada”. Si, como una forma tortuosa de capitalizar a los bancos, compra los activos tóxicos a un precio “inflado”, está regalándole el dinero de los contribuyentes a quienes administraron mal los bancos.

Vuelvo a preguntar, los opositores del lunes ¿tuvieron razón? A mí me parece que sí, y por partida doble. Como políticos en busca de la reelección y como ciudadanos defendiendo el dinero de los contribuyentes.

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jueves, 25 de septiembre de 2008

La sequía que viene




Es cierto que el rescate financiero en Estados Unidos servirá para darle un respiro a los mercados y, en el mejor de los casos, para que mediante el mecanismo de las subastas los activos más o menos “tóxicos” recobren un precio – el que sea-, pero Estados Unidos necesita mucho más que eso para reestablecer la cordura en su economía.

Al mediodía de hoy el acuerdo bipartidista en “lo esencial” del paquete de rescate se había logrado. Este es un “rescate” pactado a última hora, casi sobre las rodillas, que servirá sólo para las próximas semanas, no más allá. Su fecha de caducidad es enero de 2009, el día que llegue un nuevo inquilino a la Casa Blanca.
Los mercados financieros seguirán dando tumbos en las próximas semanas y la incertidumbre y la desconfianza reinarán, apenas atenuadas.
Hay quien cree que los “ultraliberales” – como algún liberal a medias nos ha motejado a quienes hemos criticado el famoso rescate- nos oponemos al mismo por dogmáticos y porque profesamos una fe irracional e injustificada en los mercados libres.
No son esas las causas del rechazo al paquete de rescate, al menos por lo que a mí hace. Mi convicción en la superioridad de los mecanismos de mercado sobre las mil y una formas de intervencionismo, no es irracional sino fundamentada.
Además, mi objeción al rescate como está planteado obedece a la superficialidad del diagnóstico que ha hecho el gobierno de Estados Unidos acerca de los problemas que aquejan a la economía de ese país. En su melodramático mensaje de ayer, miércoles, George W. Bush trató de impresionar al auditorio arguyendo que la no aprobación del paquete significaría hundir a Estados Unidos en una recesión. Lo que Bush no dijo, tal vez porque decirlo está prohibido en víspera de elecciones, es que Estados Unidos ya está en una recesión y que ésta, inevitablemente, se profundizará conforme avance 2009.
Tampoco dijo que la causa última de esta crisis debe atribuirse a políticas fiscales y monetarias irresponsables, ni mencionó que – sea quien sea el próximo Presidente- durante los próximos dos años, al menos, los estadounidenses deberán apretarse el cinturón, al tiempo que el gobierno reduce gastos, incrementa impuestos y que los mercados mundiales le imponen a Estados Unidos el precio que deberá pagar, tras su dispendio fiscal, para atraer capitales: Tasas de interés reales y altas.

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miércoles, 24 de septiembre de 2008

Hablando de países bananeros…

Los políticos de los Estados Unidos están haciendo, involuntariamente, un experimento fascinante y aterrador: Están poniendo a prueba la economía más flexible del mundo aplicando y proponiendo un gran catálogo de políticas populistas propias de un país bananero.

Si la crisis financiera global que fabricaron las políticas irresponsables y populistas aplicadas en Estados Unidos hubiese surgido en un país emergente, como India, México, Brasil, Portugal, Grecia, tendríamos a una legión de expertos estadounidenses, encabezados por Henry Paulson y Ben Bernanke, dándole lecciones de buenas políticas públicas a los gobiernos irresponsables del país infractor.

Puedo imaginarme al Secretario del Tesoro dictando la lección: “El gobierno de (ponga aquí el nombre del país “tropical” que se le antoje) debe entender de una vez por todas que ninguna economía puede sobrevivir gastando lo que no tiene y sin políticas públicas que dejen funcionar a los mercados e incentiven el ahorro y la productividad”.

Puedo imaginarme al gobernador de la Reserva Federal sentenciando: “Si el gobierno de (ponga aquí el nombre del país que le guste) desea que le apoyemos en sus esfuerzos de rescate de sus instituciones financieras tendrá antes que dar muestras claras de responsabilidad fiscal, poniendo en orden sus desastrosas finanzas públicas, al tiempo que su banco central deberá elevar las tasas de interés y parar esa embriagante e irresponsable fiesta de liquidez”.

Puedo imaginarme a George W. Bush sermoneando a ese “país bananero”: “Ojalá el presidente de (ponga aquí el nombre del país elegido) tenga la valentía de decir a sus conciudadanos que sólo saldrán del atolladero ahorrando más y gastando menos. El ejemplo lo debe dar el mismo gobierno reduciendo sus gastos dispendiosos y aplicando la ley y las regulaciones en los mercados financieros sin discrecionalidad ni componendas”.

Esta no es la crisis que anuncia el fin del capitalismo. Es la crisis que comprueba que el poder destructivo de las políticas populistas y de la irresponsabilidad fiscal y monetaria es tal que hasta a la economía más flexible del mundo puede ponerse a temblar cuando le aplican ese veneno.

Si alguien sigue creyendo que la clase política en Estados Unidos representa algo así como un bastión del capitalismo, del libre mercado y de la ortodoxia fiscal y monetaria, ese alguien está majareta (vocablo de origen árabe para decir que alguien está loco o chiflado).

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Un rescate que no funcionará

El paquete de rescate propuesto por el Tesoro de Estados Unidos no convence porque no contribuye a fortalecer el dólar, sino a debilitarlo. Con un dólar en picada, ¿por qué hemos de creer que recobrará solvencia el sistema financiero de los Estados Unidos?

¿Para qué sirvió la estrategia de disminuir a sólo 2% la tasa de referencia de la Reserva Federal?, esa medida ¿le dio viabilidad a las hipotecas de baja calidad?, ¿hizo solventes a los deudores de a píe que habían caído en insolvencia?, ¿ayudó a que los precios de la vivienda disminuyeran rápido para tomar un nivel cercano a los ingresos reales de quienes demandan vivienda?

La respuesta a las tres últimas preguntas es un contundente NO. Entonces, ¿para qué ha servido la estrategia de tasas bajas que se ofreció como respuesta a la crisis?

Para prolongar la crisis y convertirla en debacle.

Mucho me temo que el paquete de rescate – que en México ya bautizamos alegremente como un "mega Fobaproa", sin percibir las grandes diferencias- no funcionará y hará las cosas más difíciles para todos.

Tal vez sirva para entender este escepticismo comparar el actual paquete Bush-Paulson-Bernanke con el paquete Zedillo-Ortiz-Mancera, que se aplicó en México durante 1995 y 1996.

Recuérdese: 1. En México, el Fobaproa se aplicó junto con un duro programa para fortalecer las finanzas públicas, mediante impuestos más elevados (IVA al 15%) y precios y tarifas del sector público realistas, sin subsidios para ganar votos, 2. En México, el rescate se aplicó con tasas de interés reales, altas, remuneradoras para el ahorro, 3. En México NO se le dieron a las autoridades financieras facultades discrecionales para decidir a quién se rescataba y a quién no; se exigió a los dueños de los bancos capitalizarse o ser absorbidos, 4. En México, el gobierno federal aplicó un severo programa de ahorros en el sector público.

En México la consigna fue incrementar aceleradamente el ahorro interno y, a la vuelta de los años, el resultado fue exitoso: sistema financiero saneado y fuerte; finanzas públicas sólidas.

¿Alguien ha escuchado o leído que en el paquete de rescate presentado por el gobierno de George W. Bush al Congreso se propongan sacrificios similares?
El miedo irracional a la recesión conducirá no sólo a una recesión, sino a una mayor inflación ("la economía del diablo", como le llamó Alfred Sauvy).

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sábado, 12 de julio de 2008

La infamia del etanol

Si Estados Unidos quiere subir a China e India al compromiso de reducir sus emisiones de carbono a la atmósfera, tendrá que poner sobre la mesa la seria promesa de abandonar su nefasta ocurrencia de subsidiar la producción de etanol a partir de maíz y de otros cultivos. No lo hará. ¿Resultado? La cumbre del G-8 será otro fracaso de Bush. Tal vez un fracaso "fríamente calculado".


Lo más probable es que el gobierno de Estados Unidos haya calculado de antemano que China e India se rehusarían a sumarse al compromiso de reducir a la mitad sus emisiones de CO2 a la atmósfera para el año 2050. Contando con ese rechazo, George W. Bush pudo darse el lujo de mostrarse, en la cumbre del G-8, seriamente preocupado por el cambio climático, hacer promesas retóricas y eludir un examen serio de los infames subsidios a la producción de etanol, que no sólo NO son una política efectiva de protección al ambiente, sino que tienen la perversa cualidad de generar a la vez varios efectos indeseables para el bienestar global:

1. La producción de etanol a partir de maíz y otros cultivos genera más emisiones de carbono de las que reduce.

2. Ha contribuido al encarecimiento de los alimentos en el mundo, al distraer tierras para producir un complemento – que no sustituto- de la gasolina, en lugar de alimentos.

3. El subsidio desalienta a otros productores de granos fuera de Estados Unidos porque compiten en franca desventaja; inhibe, pues, una mayor oferta.

4. Retrasa la búsqueda tecnológica de energías limpias y de procesos productivos menos contaminantes,

5. El subsidio se ha mostrado eficacísimo para generar un efecto en cascada de encarecimiento en toda la cadena de los alimentos: del maíz al trigo, a la soya, al sorgo, a la leche, a la carne,

6. Provoca un efecto de imitación: Cientos de políticos irresponsables en el mundo sueñan con promover la producción de etanol, para posar como "verdes" mientras arrasan selvas y sistemas ecológicos.

Así las cosas, la salida fácil es culpar a China y a India de falta de conciencia ecológica porque no quieren frenar su proceso de crecimiento a cambio de un premio por su contribución a enfriar o postergar el "calentamiento global".

No los culpo…son naciones que quieren salir de la pobreza, no son Al Gore buscando los reflectores.

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lunes, 14 de abril de 2008

Déficit fiscal: Lecciones de un gran error

La velocidad a la que se deterioró el balance fiscal de los Estados Unidos, y la magnitud del daño, apenas George W. Bush inició su primer periodo, nos recuerdan que ante la afición de los políticos a derrochar el dinero ajeno ningún conservadurismo fiscal es exagerado.

Todos se equivocaron – nos equivocamos- pensando, en los meses finales de la presidencia de Bill Clinton, que los crecientes superávit en el balance fiscal de los Estados Unión habían llegado para quedarse por muchísimos años.

Todos. Los economistas de la Casa Blanca, los del Departamento del Tesoro, los del Congreso, los de la Reserva Federal (empezando por su entonces presidente Alan Greenspan), los economistas de los bancos de inversión, los de las casas de bolsa, los de las calificadoras de valores, los de los organismos multilaterales…

En su reciente libro, The age of turbulence, Alan Greenspan muestra honestidad intelectual al reconocer este histórico error, tanto de juicio político como de confianza indebida en las herramientas de pronóstico econométrico (que, una y otra vez, fallan miserablemente).

(Nota: Si usted no ha leído el libro y desea hacerlo le aconsejo que no lo haga en la muy mala traducción al español, sino en la edición original en inglés).

A toro pasado, Greenspan ofrece algunas explicaciones para el error: subestimación del efecto fiscal negativo que tendría la desaceleración de la economía, subestimación de la caída de ingresos tributarios, consecuente al estallido de la burbuja especulativa en los mercados de valores (millones de estadounidenses habían estado pagando más impuestos por ganancias en bolsa que, de pronto, se esfumaron), además de un abrumador error "técnico" – eufemismo de "inexplicable"- en los pronósticos de ingresos fiscales por casi 200 mil millones de dólares, y, sobre todo, subestimación de la irrefrenable tendencia a gastar sin medida el dinero de los contribuyentes que manifiestan los políticos; en esto, el equipo de Bush gana varios campeonatos, junto con la mayoría de los miembros del Congreso. Por cierto: Uno de los pocos conservadores fiscales a ultranza en ese periodo fue el senador John Mc Cain, opuesto a las rebajas de impuestos promovidas por Bush y a multitud de programas de gasto dispendioso empujados por otros congresistas.

En tierra de políticos electoreros - ¿cuál no lo es?- la salud de las finanzas públicas siempre está en riesgo.

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lunes, 8 de octubre de 2007

Hillary, ¡prepárense!

Hay muchas razones para detestarla, pero es una profesional de la política y por eso va directo, hasta ahora, a la presidencia de los Estados Unidos. Su principal patrocinador lo es muy a su pesar y se llama George W. Bush. ¿Será bueno para el mundo, será bueno para México que por primera vez una mujer encabece el poder ejecutivo en los Estados Unidos?

Para bien o para mal en la política electoral las percepciones son realidad. Y si hay una percepción firme en la voluble opinión pública en los Estados Unidos es que George W. Bush ha sido la encarnación de la incompetencia. Esto conduce a que uno de los principales valores que buscarán los electores estadounidenses en las elecciones de noviembre de 2008 será que en la Casa Blanca despache alguien que sea, ante todo, un político competente.

Sea cierto o no, la percepción popular es que los más competentes de los políticos en liza por la candidatura a la presidencia se llaman Hillary Rodham Clinton, demócrata, y Rudolph Guliani, republicano.

Guliani tiene en contra ser republicano – gracias a George W. Bush hoy ser republicano es equivalente a ser incompetente, conservador recalcitrante, fundamentalista religioso, chauvinista y enemigo velado del libre comerio y de la libre migración- ser un italiano aficionado a las trucos, ser voluble, ser un divorciado reincidente y haberse colgado al pecho muchas más medallas ajenas de las que el buen sentido aconsejaría.

Por supuesto, Hillary también acumula muchos puntos negativos a los ojos del elector medio: ser mujer, haber despachado con más cálculo que dignidad el escabroso asunto de los devaneos de su marido con Monica Lewinsky, ser demasiado ambiciosa, haber fracasado estrepitosamente en sus desorbitados y dispendiosos planes para reformar la seguridad social. De hecho tiene un 45% de opiniones negativas entre los hombres, contra un 36% de opiniones positivas, y un 45% de opinones positivas contra un 31% de opiniones negativas entre las mujeres.

Pero Hillary se está esforzando, con mayor fortuna que sus competidores, en limar asperezas con el electorado conservador – el sur y el medio oeste- de los Estados Unidos.

Detesto admitirlo, pero Hillary está llevando bien su carrera hacia la Casa Blanca y tiene altas probabilidades de conseguir su propósito. Y eso, pese a todo, no parece ser tan malo. Mañana trataré de explicar por qué.

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martes, 29 de mayo de 2007

El uso del espantajo

Unos se vuelven inservibles para la política porque cuando le hablan a los ciudadanos parece que les están echando bronca; otros tampoco servimos porque se sospecha, con razón o sin ella, que siempre hablamos en sentido irónico, con un dejo de burla.

Con motivo de las recientes elecciones en España – de ayuntamientos y comunidades autonómicas, que esto último se lleva mucho por allá- un agudo editorialista revelaba que José María Aznar sirvió como el muñeco de utilería al que los socialistas (empezando por Zapatero) recurrían para echarle piedras siempre que se les atascaba alguna de las campañas.

Ese recurso bastante socorrido podría llamarse el del espantajo. Un espantajo, ilustra el diccionario, es “cosa que se pone en un lugar para espantar, y especialmente en los sembrados para espantar a los pájaros”, o especialmente en las campañas electorales para espantar a los asustadizos votantes. Hoy día en Estados Unidos, donde causa estragos una precoz fiebre electoral, el espantajo favorito es George W. Bush.

El problema con Aznar es que habiendo sido el mejor gobernante español de la ya no tan flamante democracia (la Constitución data de 1978), como ex gobernante se ha caracterizado por hacer declaraciones libérrimas, sí, pero importunas. Lo dice así Ignacio Camacho, el editorialista de ABC: “Y cuando habla parece siempre cabreado, como si tuviese cuentas pendientes de ajustar, con un tono destemplado, desabrido y pendenciero que provoca sudores fríos en los estrategas de la campaña a la que pretende ayudar. Se dirige a los ciudadanos como si les estuviese echando una bronca, que es exactamente el método menos aconsejable de pedir su apoyo”.

Tras leer esto añadí otra a las numerosas razones por las que, de serlo, yo sería un pésimo político. No; no que cuando hable parezca que le estoy echando bronca a la gente; de eso no se me acusa, pero se me dice que varios de mis interlocutores se incomodan porque sospechan que hablo siempre en sentido irónico, y no excluyen que haya hasta un cierto dejo de burla en mis palabras y en mis gestos. Aunque yo jurase que la media sonrisa es fruto de la timidez y no del sarcasmo no siempre lograría – temo- persuadir a mis interlocutores de mi radiante candor. Negado, pues, para la política.

Es la razón número ocho. Otro día hablaré de las siete restantes.

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miércoles, 14 de febrero de 2007

Kim Jong il: ¿Cuánto quieres por dejar de amenazarnos?

El próximo viernes, 16 de febrero, es cumpleaños de Kim Jong il, el grotesco dictador de Corea del Norte, quien probablemente también celebrará que le ganó la partida a ese desafortunado comisario de paz que ha tratado de ser George W. Bush.

George W. Bush ha mostrado ser un comisario ineficaz para aplacar a los bravucones de la aldea global.

El martes en Pekín cinco países – Estados Unidos, China, Rusia, Japón y Corea del Sur- le sacaron a Corea del Norte la promesa de que dejará de jugar, por ahora, al armamentismo atómico, a cambio de generosas dotaciones de energéticos y otras ayudas.

De nada sirvió, en apariencia, la nueva política que quiso inaugurar Bush quien anunció, en los albores de su primer mandato, que no cedería a los chantajes del “pigmeo” y “chiquillo malcriado”. Su antecesor, Bill Clinton, había intentado neutralizar a Kim Jong il ofreciéndole suministros energéticos. Hoy es el mismo trato, pero apoyado por los otros países involucrados.

Fruto simbólico de esas antiguas negociaciones es un obsequio que le hizo a Kim Jong il la entonces secretaria de estado de Estados Unidos, Madelene Albright: Un balón de básquetbol autografiado por Michael Jordan, y que el coreano, nacido en las estepas siberianas, guarda junto con miles de tesoros variopintos – como un gigantesco y lujoso vagón de tren que Stalin le regaló a su padre - en un bunker 147 kilómetros al norte de Pyongyang.

La política original de Bush había sido amenazar al bravucón del barrio con severas represalias y descalificarlo con vehemencia, como cuando, agitando el dedo índice en el aire le dijo a Bob Woodward: “¡Aborrezco a Kim Jong il!”. (Nosotros también, George, pero ¿cómo lo desarmamos?).

Finalmente, ganó la vergonzosa pero eficaz diplomacia de ceder al chantaje. ¿Se puede hacer otra cosa, cuando las amenazas del comisario no son eficaces porque no son creíbles?

¿Un triunfo para la paz mundial? Bueno, algo así como lo que hacemos cuando somos víctimas de un asalto callejero: “Está bien, llévate el auto, pero no me vayas a disparar”.

Y ¿para qué sirve en estos casos la ONU?, ¿para lo mismo que sirve la agencia del ministerio público después de que nos asaltaron? Ni para eso.

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