jueves, 24 de septiembre de 2009

¿Todos somos keynesianos guadalupanos?

La opinión publicada y difundida en México acerca del programa económico 2010 se inclina por ampliar el déficit fiscal, en lugar de incrementar impuestos y recortar gastos en todos los niveles y ámbitos gubernamentales.

Con irritación - real o fingida- algunos comentaristas, como Sergio Sarmiento, ironizan: "No se necesita ser ganador del Premio Nobel de Economía para entender que (...) lo peor que puede hacer un gobierno en una recesión es elevar impuestos".

Podría citar 20 comentarios más o menos en el mismo sentido, las diferencias estarán en la sintaxis - en ciertos casos, desastrosa; en otros, tolerable-, en las fuentes a las que se recurre para sustentar la afirmación contundente de que los impuestos son veneno para el enfermo (que, se entiende, es la economía mexicana): una declaración de algún premio Nobel de Economía, como Eric Maskin, de visita en México; las cifras de déficit fiscal en otros países, con el Reino Unido, Estados Unidos y España como "prístinos ejemplos" de lo correcta que es la receta del endeudamiento público y, en otros casos, la opinión se apoya en declaraciones de "expertos" de gran "prestigio" como el ex-secretario de Hacienda Jesús Silva Herzog Flores o el ex subsecretario de Hacienda Francisco Suárez Dávila.

Como he dicho y tratado de demostrar en comentarios recientes en estas "Ideas al vuelo" no comparto, en lo absoluto, esta opinión. Remito al lector al comentario en que sustento que el déficit fiscal inhibe el crecimiento.

Vale la pena, sin embargo, hacer algunas aclaraciones adicionales a la supuesta "información" en la que se sustentan estos "análisis" pletóricos del keynesiasmo más añejo y, dicho sea sin ánimo de ofender, ramplón.

1. Ninguno de los sesudos partidarios de un mayor déficit fiscal menciona el hecho de que la que ha sido la fuente de más de la tercera parte de los ingresos fiscales en México durante las últimas décadas, la producción y exportación de petróleo, ha caído brutalmente en los últimos cinco años. Hoy México produce casi 800 mil barriles de petróleo MENOS cada día respecto de los que producía en 2004. Esto, puesto en pesos y centavos de hoy, significa que al erario le están faltando unos 250 mil millones de pesos al año para cuadrar sus finanzas. Recurrir al déficit no aumenta, en una sola gota, la producción de petróleo. Omitir ese dato - duro como piedra - en un supuesto análisis fiscal sobre México el día de hoy, es tanto como omitir en los análisis clínicos de un enfermo de diabetes la medición del azúcar en la sangre.

2. Todos sabemos, pero ahora lo callamos, que los ingresos petroleros han permitido que la estructura tributaria en México sea tan compleja como débil. Pocos pagamos impuestos, las excepciones, las tasas especiales, los tratamientos diferenciales son tantos y tan extensos que para muchas empresas es mucho más rentable cabildear en el Congreso el sostenimiento de esos regímenes especiales que mejorar, digamos, su productividad con la inversión en ciencia o en tecnología. Todos sabemos, pero ahora se nos olvida, que durante 2007, 2008 y parte de 2009 hemos disfrutado de precios de la gasolina y del diesel que están significativamente por debajo de los precios internacionales. No obstante que más del 40 por ciento de la gasolina que se consume en México es importada, el sostenimiento de esos precios subsidiados parece haber sido motivo de orgullo nacional y una forma en la que el Estado nos "premia" a las clases medias y altas, beneficiarias del subsidio, por ser un "país petrolero" en el que "el petróleo es de todos" (aunque más de unos, que de otros). Un mayor déficit fiscal no servirá en lo absoluto para ampliar la base de contribuyentes, ni para incorporar a la economía formal a millones de mexicanos que sobreviven en la economía gris, que va desde la venta de chucherías en los semáforos hasta el tráfico de drogas.

3. La caída inexorable y previsible de los ingresos petroleros NO fue causada por la recesión global. Es un problema exclusivo de México, producto de políticas y prejuicios nacionalistas respecto del petróleo, que debemos corregir y resolver los mexicanos. Un mayor déficit fiscal no hará más productivo a PEMEX, un mayor déficit fiscal no facilitará, sino que obstaculizará aún más, la participación de inversionistas privados en las tareas de exploración y producción de petróleo.

4. Los comentaristas que elogian los déficit fiscales de Estados Unidos, Reino Unido y España omiten mencionar que, con todo y sus abultados y espeluznantes déficit, cada uno de los gobiernos de esos países ya evalúa o ya ha anunciado inminentes alzas de impuestos. El ejemplo más aleccionador es España. Se estima que cerrará este año con un déficit fiscal equivalente al 9.1 por ciento de su PIB. Se supondría - al decir de estos comentaristas keynesianos- que tan espeluznante déficit público le ha permitido crear millones de empleos (no es así, el desempleo en España es hoy el más alto en décadas y es de 15.5 por ciento, el doble del desempleo en la llamada euro-zona). Se supondría que, gracias a dicho déficit, el "socialista" gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ni por asomo subiría impuestos (Lord Keynes no lo permita, donde quiera que se encuentre). No es así: Hace apenas unos días, el 9 de septiembre, Zapatero anunció para 2010 un alza generalizada de impuestos, para tratar de recaudar el equivalente al 1.5 por ciento del PIB de España, lo que vendría a ser unos 15 mil millones de euros, lo que equivale a más de 297 mil millones de pesos mexicanos. Y, ¿para qué quiere aumentar impuestos el gobierno español?, ¿para aumentar el gasto público destinado a estimular la demanda? No. ¿Para destinar los ingresos adicionales a reforzar y ampliar los programas diseñados para la superación de la pobreza, dando becas, alimentos, vivienda, opciones de salud a los españoles más pobres? No. Por desgracia, la totalidad de los nuevos ingresos tributarios que esperan recaudar se irá ¡a disminuir el déficit fiscal! (Puede leerse más información, por ejemplo, en La Vanguardia haciendo clic aquí).

Está bien que estos comentaristas que inundan día a día la opinión publicada en México detesten pagar impuestos (todos lo detestamos), está bien que sus patrocinadores o patrones estén disgustados con el programa económico porque prevé gravámenes que presumiblemente van a disminuir sus rentas. Se entiende el disgusto y se entiende que a estos amanuenses no les guste patear el pesebre que les da de comer, pero por favorcito: un poquito de honestidad intelectual. No sean tan irresponsables, son los primeros en saber, algunos al menos como Sergio Sarmiento o Roberto Newell, que incrementar el déficit público en México sería suicida.

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miércoles, 2 de septiembre de 2009

La crisis como negocio político

Un dato para la reflexión: Ni por asomo, como ha demostrado con toda sencillez el profesor Allan Meltzer, la actual recesión puede equipararse con la Gran Depresión 1929-1932, ni con su segunda parte de 1937-1938.

Los datos son elocuentes y reproduzco lo esencial del cuadro elaborado por Meltzer y publicado el lunes en The Wall Street Journal:

Gran Depresión (parte dos) 1937-1938: Duró sólo 13 meses pero la caída real del PIB fue de 18.2 por ciento, el desempleo alcanzó una tasa de 20 por ciento de la población económicamente activa y la producción industrial se desplomó 32.4 por ciento. ESO ES UNA DEPRESIÓN ECONÓMICA.

Recesión 2007-2009: Ha durado aproximadamente 18 meses, la caída real del PIB ha sido de 3.8 por ciento, el desempleo ha llegado a una tasa de 9.5 por ciento de la población económicamente activa y la declinación de la producción industrial ha sido de 16.9 por ciento. ESO NO ES UNA DEPRESIÓN ECONÓMICA, es una recesión más o menos severa.

Como también fueron recesiones severas la de 1973-1975 y la de 1981-1982; la primera de las cuales le parece al profesor Meltzer muy similar a la actual, en profundidad y duración, así como en expectativas de recuperación lenta, gradual y no exenta de retrocesos.

Después del dato, las reflexiones.

Primera reflexión: ¿Por qué, entonces, tantos economistas, medios de comunicación, negociantes y políticos insisten en hacer la analogía con la Gran Depresión?

Meltzer explora varias razones posibles para explicar esta falsificación (que consiste en algo así como "vender una catástrofe"), que tienen que ver con la conveniencia política, los negocios vinculados a los recursos fiscales y la ideología.

Resumo a mi modo, y bajo mi exclusiva responsabilidad, las conjeturas de Allan Meltzer en esas tres vertientes que se me ocurren (pongo desde luego mucho de mi cosecha, pero ruego a los lectores que lean el artículo original del profesor Meltzer que explica cien veces mejor las cosas y que pueden encontrar en este vínculo).

1. Conveniencia política: Al gobierno de Barack Obama le conviene dramatizar la crisis porque en esa medida podrá venderse como el gran gobierno que nos rescató de la catástrofe; adicionalmente, una lectura escandalosa de la crisis es útil para justificar una mayor intervención del gobierno en la economía - lo que forma parte de la agenda política de los "progres" estadounidenses, para quienes Obama es un símbolo heroico, una reencarnación de F. D. Roosevelt- y para apuntalar a los grupos que tradicionalmente han sostenido al Partido Demócrata, como los sindicatos de la industria automotriz y los sindicatos de maestros, entre otros.

2. Negocios vinculados a los recursos fiscales: Los paquetes multimillonarios de estímulos no suelen llegar a los consumidores comunes y corrientes sino a los negociantes bien enchufados con el Congreso y con la Casa Blanca, o con los gobiernos locales. Los esfuerzos titánicos para levantar a la industria de los automotores tradicional- que no para reformarla para que se haga más productiva- han derramado miles de millones de dólares para las empresas y para los intermediarios. Y atención: Estos "exitosos" programas, como el de bonificar con dinero público la entrega de autos chatarra como enganche para adquirir vehículos nuevos, se está haciendo a cambio de sacrificar las ventas que la propia regeneración del mercado (sin necesidad de la mano interventora del gobierno) provocaría en el futuro una vez recuperado el ritmo de crecimiento.

3.Ideología. Los Paul Krugman de este mundo que claman por más estímulos fiscales ven en esta crisis la oportunidad de reivindicar el keynesianismo más trasnochado. No entienden, dice Meltzer, que históricamente los estímulos fiscales han fracasado en su intento de reactivar la demanda de un modo permanente. El mercado puede más, el mercado sabe más y el mercado lo hace mucho mejor (el mercado, por si alguien lo ignora, somos las personas libres tomando decisiones, como ahorrar, comprar, vender, producir, invertir o esperar; no es una oscura fuerza maligna que conspira por las noches). Los medios, infestados literalmente de keynesiansmo ramplón (incluidos los medios supuestamente especializados en economía y finanzas), se hacen eco de esta presunta y anhelante victoria del Estado sobre el mercado.

Segunda reflexión: La recuperación ya empezó como parte de un proceso de destrucción creativa y regeneración que invariable y cíclicamente hacen los mercados para corregir excesos. La recuperación ha empezado incluso antes de que los multimillonarios recursos fiscales lleguen a dar resultados e incluso antes de que se hayan ejercido en su totalidad.

El problema será cuando la relajación fiscal y monetaria - en Estados Unidos y en el Reino Unido, principalmente- pase su factura. La recuperación se frustrará o, al menos, se hará más penosa por los serios obstáculos que deberá sortear.

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miércoles, 24 de junio de 2009

Ahorrar, ¿pecado social?

La inflación en la primera quincena de junio fue de 0.13 por ciento. Esto nos da una inflación anual de 5.74 por ciento.

Hagamos unas comparaciones de tasas:

Tasa de referencia del Banxico (interbancaria a un día): 4.75%
Tasa primaria anual de Cetes 28 días: 4.72%
Tasa primaria anual de Cetes 91 días: 4.83%
Tasa primaria anual de Cetes 175 días: 4.89%

Tasa anual de inflación: 5.74%

Inflación objetivo de Banxico (no se rían, es para fines de 2010): 3%

El ahorro, supongo, es un nuevo "pecado social" (terminología progresista para eludir los pecados personales) en tiempos de recesión global, que es "justamente" castigado con tasas de interés negativas, si tienes dinero gástalo, si no lo tienes pide prestado (nueva virtud social) o, mejor todavía, solicita un rescate gubernamental o cuando menos un crédito subsidiado de la banca de desarrollo. Lo que no se debe hacer es ahorrar (quienes ahorran carecen de "sensibilidad social", je, je, je) y por eso la tasa de interés negativa es una especie de impuesto que las simpáticas cigarras le imponen a las odiosas hormigas que hicieron provisiones para el duro invierno.

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miércoles, 4 de marzo de 2009

La crisis en pantuflas (3 y final)

Quedamos en que nadie se atreve a proclamar que el rey se anda paseando en cueros. Habrá que precisar: “casi nadie se atreve”. Los mercados sí se atreven.

Por lo pronto, los mercados bursátiles en el mundo han estado diciendo una y otra vez, a los cuatro vientos, que no le creen a Barack Obama y a su simpática banda de rescatadores.

Mientras los doctos analistas – de Paul Krugman a Luis Rosendo Gutiérrez – empuñan sus respectivas plumas (¿todavía escriben con pluma?) para regocijarse porque –dicen- Obama está cambiando el paradigma (otro lugar común), los mercados financieros están, duro y dale, anticipando los fracasos del multimillonario déficit fiscal en Obama Country (la denominación es de Juan Pablo Roiz) y de todas las promesas-programas de rescate de bancos, de aseguradoras, de créditos deformes desde la concepción (eso quieren decir los “especialistas” cuando, hablando como salvajes iletrados, hablan de problemas de “originación”), de armadoras de automóviles y de lo que se ofrezca.

Así como los políticos no quieren que se desate una epidemia de ejecución de hipotecas, tampoco quieren que, tras el festín de dinero fácil, nos sometamos a una dieta rigurosa de ahorro y frugalidad. La consigna de los políticos henchidos de keynesianismo de manual es: “¡A gastar, a gastar, que el mundo ya va a cambiar!”.

Pero la gente (ya ve usted cómo es de díscola “la gente”) comete el “pecado” de ahorrar. Lo publicó ayer Sergio Sarmiento: “El ingreso disponible de los estadounidenses después de impuestos aumentó 1.5 por ciento en enero de 2009 (…) Los consumidores están sembrando las raíces de la recuperación al rechazar las políticas del binomio Bush-Obama”. En otras palabras: Los consumidores están desobedeciendo a los políticos y están ahorrando.

Los consumidores, cuidando de sí mismos mejor de lo que puede hacerlo cualquier político, están consumiendo menos y ahorrando más. ¡Ah qué consumidores tan poco keynesianos!

La recuperación llegará a despecho del “cambio de paradigma” de Obama y su banda (de hecho, no veo mucho “cambio de paradigma” de la irresponsabilidad fiscal de Bush a la irresponsabilidad fiscal de Obama), gracias a millones de decisiones individuales, libres, de no gastar lo que no se tiene. Me atrevo a prever que las frías y despiadadas caídas de los mercados bursátiles caminan en el mismo sentido: No nos hagamos tontos, reconozcamos errores y tomemos las pérdidas que nos corresponden. Es la vieja, única e infalible receta para levantarse.

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miércoles, 11 de febrero de 2009

Los estímulos fiscales y la curva del azúcar

El niño se levanta profundamente adormilado y débil, pero debe ir a la escuela. Su amorosa madre le hace tomar un cafecito pletórico de azúcar o un refresco carbonatado y azucarado. El remedio funciona, aparentemente, con gran eficacia: El niño despierta, mejoran sus signos de alerta y atención. Llega a la escuela animoso. Tres horas después el niño se está durmiendo sobre el pupitre y no tiene ánimo ni siquiera para hacer travesuras. Un alma caritativa sentencia: "Se le bajó el azúcar" y le endilga otro refresco azucarado. Están fabricando a un obeso diabético, adicto al azúcar, cuyos ciclos de hipoglucemia – baja de azúcar – como reacción a la híperglucemia – exceso de azúcar en sangre- serán cada vez más frecuentes y graves. En lapsos cada vez más cortos necesitará cañonazos de azúcar más fuertes . Asociará la ingestión de azúcar y otros carbohidratos a una sensación de bienestar inmediato.

Así terminará funcionando el paquete de estímulos por el que tanto ha pugnado Barack Obama en los Estados Unidos. La recesión es como una baja de azúcar cuya causa no se ha diagnosticado correctamente (se trata de una hipoglucemia reactiva al exceso de azúcar), a la que se receta un remedio contraproducente: más azúcar. Los genios económicos que hoy posan de keynesianos simplistas ("lo único que importa es estimular la demanda") están actuando como médicos que reprobaron endocrinología.

Los economistas Gary Becker y Kevin M. Murphy señalaron el martes pasado en The Wall Street Journal cuatro puntos respecto del paquete de estímulos fiscales (gasto público) para reanimar la economía.

1. El multiplicador del gasto (lo que producirá en términos de PIB) difícilmente será superior a uno. Los efectos de los cañonazos de azúcar son cada vez menos duraderos y menos eficaces.
2. Los estímulos, calificados de temporales, se volverán permanentes; crearán sus clientelas beneficiarias (grupos de interés y de presión) que pugnarán por la permanencia y ampliación del gasto público. Adicción al estimulante.
3. Las demandas políticas de gasto de efecto inmediato entran en conflicto con las necesidades de inversión con efectos de largo plazo, deteriorando la calidad del gasto público. Cada vez los carbohidratos ingeridos serán de menor calidad nutricional.
4. Nadie gasta con sabiduría tanto dinero en plazos extremadamente cortos y no hay "comidas gratis", lo que se gasta hoy se pagará mañana con más impuestos. Las caídas reactivas de los niveles de azúcar serán cada vez más profundas.

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