domingo, 15 de noviembre de 2009

Ya basta de ocurrencias

Además de ser un país de ilusos, perpetuamente desilusionados, la democracia mal entendida nos puede convertir en un país de ocurrencias nefastas surgidas de las más buenas intenciones.
Juan Ernesto Pardinas, un joven brillante que hoy es director de proyectos de finanzas públicas y gobierno del Instituto Mexicano de la Competitividad, lanza hoy, en un artículo de opinión en el diario "Reforma" una ocurrencia terrible nacida - sin duda - del deseo de aportar "una idea modesta que puede ayudar a mejorar la relación entre el fisco y los contribuyentes".
La "inocente" ocurrencia que ha lanzado Juan es tan sencilla como errada: "Primero se debería aprobar el presupuesto y después la Ley de Ingresos" (cita textual).
No faltará quien diga, así, a bote pronto: ¡Qué buena idea!
Pero hay que pensar las cosas dos veces. Hay que evitar el espejismo de que cualquier ocurrencia puede volverse una propuesta si se hace con "ánimo constructivo", "con la mejor de las intenciones" y escudado en que alguien (la sociedad, nuestros amigos, nuestros jefes, la opinión pública, el gobierno, el puesto público) nos ha dotado de una calificación que automáticamente nos da una posición de "autoridad moral".
(Paréntesis para explicar este asunto de la "autoridad moral": Si usted o yo, en una plática de sobremesa nos ponemos a pontificar acerca de la política fiscal es probable que digamos, al fragor de la discusión entre amigos, una que otra burrada nacida del apasionamiento, surgida de la ignorancia y de la necesidad de decir algo ingenioso y ocurrente o de no quedarnos callados. No hay mayor problema, porque no estamos haciendo públicas tales burradas, ni las estamos imponiendo moralmente a los demás detrás del poder persuasivo que aún tiene en nuestra sociedad la letra impresa, ni mucho menos apoyados en un título deslumbrante, que suele imponer respeto, digamos el título de director de proyectos de finanzas públicas del IMCO que, hay que confesarlo, tiene mucho mayor peso público, en términos de autoridad moral, que el título de "diputado federal". El asunto se agrava si, además, quien lanza la ocurrencia, tiene un merecido prestigio, como es la caso de Juan E. Pardinas, como estudioso serio y generalmente bien documentado de algunas de las lacras de nuestras finanzas públicas, por ejemplo, como es el caso de Juan, de la pasmosa opacidad en que se ejerce el gasto público en la mayoría de las entidades federativas, sin transparencia y sin mecanismos efectivos de rendición pública de cuentas. Termino el paréntesis: Es por eso que esta ocurrencia, que va mucho más allá de una "modesta aportación" a la discusión pública, me resulta de veras alarmante: No la hace ningún improvisado, no la hace Perico de los Palotes en una larga sobremesa salpicada de alcohol, tabaco y pullas entre amigos).
Bien, vamos al punto. Imaginemos que le hacemos caso a esta ocurrencia y en la próxima e inminente revisión de todo el entramado de nuestro sistema fiscal (revisión de la que surgirá, se dice, una reforma fiscal magna y casi definitiva) se incluye como propuesta seria y atendible y, peor aún, ¡se aprueba!
Sería la mejor receta para tener presupuestos desorbitados, sin límite alguno para satisfacer todas las necesidades y realizar todos los deseos que el dinero puede comprar. Lo que a su vez, daría la coartada perfecta para que, una vez aprobados los gastos sin la molesta sujeción a un "techo" o límite de gastos, una vez convertidos los gastos en "ley", los legisladores inventaran cuanto impuesto fuese necesario para satisfacer ese gasto sin límites, y peor todavía echasen mano de todos los artilugios conocidos para elevar la deuda y el déficit públicos. ¿Que el presidente quiere duplicar los recursos para combatir la pobreza? ¡Concedido!, ¿por qué habrían de oponerse los legisladores, incluso los que se oponen al gobierno en turno, si ellos también podrán tener todo lo que deseen?, si al presidente le duplicamos el gasto para "Oportunidades", ¿cómo nos vamos a oponer a quintuplicar el gasto para educación superior?, ¿quién va a tener argumentos para oponerse a que el gasto dedicado a carreteras en los estados crezca diez veces?, ¿quién será el desalmado que le negará unos cientos de millones de pesos a los "criadores" del cine nacional?, ¿quién el necio que se opondrá a que le demos miles de millones de pesos al campo que tanto los necesita?. ¿quién se atreverá a escatimarle otros miles de millones a la seguridad pública?
Ya se la respuesta: Se supone que los contrapesos y las objeciones a más gasto surgirán de aquellos que nos recuerden que todo eso hay que pagarlo, de una manera o de otra, los límites vendrán impuestos por los sensatos de la tribu que nos avisen: Ojo, que si seguimos planeando cómo gastarnos cantidades multimillonarias de dinero mañana no vamos a encontrar de dónde sufragarlas. En fin,se supone que habrá alguien, chocante, que nos va a recordar que no hay comidas gratis.
Sí, el problema es que a ese alguien nadie le hará caso.
Una receta infalible para el fracaso económico -y la quiebra- en la vida de una persona, de una familia o de una empresa es hacer primero el presupuesto de gastos, fijarnos un presupuesto conforme con la totalidad de nuestras necesidades y de nuestros deseos (desde la comida diaria hasta las vacaciones de verano recorriendo el mediterráneo) y después ponernos a buscar de dónde sacar el dinero para "cumplir nuestro presupuesto". ¿Resultado? La frustración y la amargura ("¡es imposible cumplir el presupuesto!" nos quejaremos) o la decisión de que hay que obtener el dinero a como de lugar; robando un banco, secuestrando a un ricachón o vendiendo cocaína.
Ojalá Juan, una persona de gran honestidad intelectual, retire su ocurrencia. No sólo los deja a él y al instituto en el que trabaja muy mal parados, sino que en una de esas ¡le hacen caso! porque alguien "razonará" que la ocurrencia servirá para que que no haya tanto pleito por el dinero entre partidos, instancias de gobierno, dependencias, necesidades y deseos. Claro que sí sería una fórmula para un terso proceso de aprobación del presupuesto, porque es legitimar el reino de las ilusiones: Que los recursos no eran escasos, y había todo para todos y al mismo tiempo...y que todos vivíamos felices porque no habría escasez, enfermedad o conflictos.
¡Ay de nosotros, no sólo ilusos, también ocurrentes!

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martes, 20 de octubre de 2009

Lo peor es "la cereza"

Elocuente (hacer clic sobre el adjetivo).

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sábado, 10 de octubre de 2009

¿Una nueva celada del PRI?

Espero equivocarme, pero empieza a configurarse en el horizonte inmediato una nueva celada del "nacionalismo revolucionario" - léase el PRI experto en el doblez - cuyo saldo final sería: Un mayor déficit fiscal, con todos los dardos envenenados que eso encierra: inflación, mayores limitaciones objetivas para una recuperación económica, precios mentirosos, desempleo creciente, desaliento a la inversión productiva, tasas de interés presionadas al alza, crédito inaccesible para la sociedad y para las actividades del sector privado e incentivos al gasto público dispendioso.

La celada parece estar tan bien dispuesta que, en lo inmediato, una mayoría de las víctimas del asalto agradecerán a los salteadores de caminos que los hayan salvado de "pagar más impuestos". Curiosa maniobra por la cual los despojados besarán las manos de quienes les han desposeído. Como integrantes del coro, en este remedo de tragedia clásica, tendremos a los "valientes líderes de opinión" - en realidad, tontos útiles- que se congratularán de haber detenido el "odioso" intento del Poder Ejecutivo que no sólo quería cobrarnos más impuestos, sino que había propuesto - contra la opinión de sesudos expertos y hasta de dos o tres premios Nobel que visitaron estos andurriales- un presupuesto restrictivo, limitado, en lugar de "estimulante", "generoso", "audaz". Felicidades.

El verdadero PRI, el de siempre, asomó la cabeza. Bastó con que el PAN propusiese recortar a la mitad el gasto de los partidos políticos y del IFE para que el PRI respondiese indignado: "'¡Demagogia!, ¡populismo!, a ver, ¿por qué no lo propusieron antes cuando tenían más legisladores?". Curiosa y reveladora respuesta porque, entiendo, no era ésa la pregunta (no les preguntamos si les parece admirable y digna de elogio la propuesta del PAN, sino ¿qué harán ustedes?, ¿secundarán la moción y están dispuestos a recortarse por la mitad el propio presupuesto?). Desde luego, la respuesta es un rotundo NO, pero es una respuesta sibilina, encaminada a distraer el juicio ajeno sobre las propias acciones, recurso inmemorial del defraudador contumaz.

Comparsa digno de lástima, excrecencia surgida del tumor original (anomalía bastarda de la anomalía primera), el PRD hace segunda al "argumento" del PRI: "Ni un peso menos para nosotros, pero ni un peso más de impuestos".

La fórmula no deja lugar a dudas. La aritmética es inflexible. Tienes a la mano tres instrumentos únicos para cuadrar las cuentas públicas del próximo año: reducir el gasto, aumentar la recaudación, incrementar la deuda. Puedes hacer distintas combinaciones. La propuesta del Poder Ejecutivo Federal fue, contraria a la lógica de quien quiere a cualquier costo ganar las elecciones de mañana, una combinación de reducción del gasto (significativa) con incrementos de impuestos (significativos también) y un poco, no más de lo indispensable, no más de lo que dicta la prudencia juiciosa, de deuda pública. No es, ¿quién lo duda?, una propuesta para ganar un concurso de popularidad, pero es una propuesta responsable.

Ahora, con la complacencia idiota (ése es el adjetivo justo) de los negociantes de siempre y sus voceros "dóciles" y prestos a doblar la cerviz ante la voz del amo, el PRI empieza a dibujar, y a vender, su famoso "plan B": Recorte al gasto solamente en los "bueyes de mi compadre" - en lo que a mí corresponde, "ni un peso menos"-, algún incremento de impuestos carente de eficiencia recaudatoria para cubrir las apariencias (y hacer más abstruso lo que de suyo es complejo, el sistema tributario en México) y deuda, más deuda, que justificaremos con la coartada de que la terrible recesión aconseja (bendito Keynes y benditos keynesianos de última función) una estrategia que vaya contra la corriente de la recesión, un gasto "estimulante" como café expreso doble "bien cargado", un gasto generoso con los hijos de la sacrosanta Revolución en pleno "centenario" de la "gesta gloriosa". ¿Que la ley, esa estorbosa y pacata ley de presupuesto y responsabilidad hacendaria, no lo permite? No se confundan, compañeros. "No se hagan bolas", interpretemos la ley en sentido amplio y sin prejuicios, no seamos mezquinos. Y si es preciso cambiemos la ley: No estamos proponiendo - dirán-, ni que fuésemos irresponsables, por favor, un déficit fiscal descontrolado; por el contrario, nuestra propuesta se ajusta al "equilibrio fiscal", pero es moderna: "Equilibrio fiscal a lo largo del ciclo", ya vendrán tiempos de abundancia, de vacas gordas y entonces, créanos, ahorraremos, gastaremos menos de lo que nos ingrese y tendremos superávit fiscales. ¿Que cuánto durará el ciclo? Nadie lo sabe, tal vez medio siglo, tal vez más. Pero, ya lo dijo Lord Keynes, "para entonces estaremos muertos".

De veras deseo equivocarme. Nada más amargo que el dudoso gusto de decir "se los dije" a las víctimas de un asalto anunciado, que, desoyendo las advertencias, corrieron presurosas al encuentro de sus victimarios.

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martes, 6 de octubre de 2009

"Liberales" de contentillo

“I still believe in liberalism today as much as I ever did, but, oh, there was a happy time when I believed in liberals”. G. K. Chesterton.


A ver: Suena lógico y hasta encomiable que los “liberales mexicanos” (universo difuso y confuso, pero evidentemente no profuso) estén en contra de los aumentos de impuestos.

Pero sería deseable que muchos de esos “liberales” (así les llamo porque así se han bautizado a sí mismos) le dieran un poco más de sustento y coherencia a sus alegatos.

Veamos. En principio, los impuestos son un mal necesario. La denominación “mal necesario” indica que sí, deben existir los impuestos, pero mientras menos, mejor. ¿Por qué? Primero, porque los impuestos distorsionan el funcionamiento del mercado libre. Segundo, porque los impuestos se destinan a sufragar el gasto del gobierno y es claro que, frente a frente, el gasto que se hace del dinero ajeno tiende a ser menos eficiente que el gasto que hacemos de nuestro propio dinero. Nadie gasta el dinero ajeno (los impuestos) con el mismo cuidado que una persona gasta su propio dinero. De ahí, la tendencia inevitable del gasto público a la ineficiencia, a la asignación errónea o defectuosa de los recursos (que, por definición, son escasos), aun en la eventualidad de que quien ejerza el gasto público sea sumamente escrupuloso y esté sometido a un agudo y puntual escrutinio por parte de los ciudadanos. Tercero, porque resulta claro que los impuestos restan inevitablemente recursos a la sociedad.

Hay muchas otras razones, derivadas de las anteriores, para desear que los impuestos sean pocos, de tasas bajas y únicas, parejos o iguales para todos. Proporcionales, que no progresivos. (No es lo mismo, como nos enseña no sólo la semántica, sino las matemáticas).

Hasta ahí estamos de acuerdo. Pero ahora resulta que algunos “liberales” (que se denominan a sí mismos como tales) llevan su aversión a los impuestos hasta el extremo de ver con buenos ojos, o con indiferencia, cosas mil veces peores que los impuestos, como son el déficit fiscal y la consecuente inflación.

Como una especie de coartada, algunos de estos “liberales” afirman que la solución es disminuir más el gasto público (siempre y cuando no sea el gasto público que los salpica a ellos o a sus patrocinadores). ¡Correcto!, ¡que se disminuya más el gasto público!, pero a todos los niveles y en todos los ámbitos de gobierno. Sin embargo, la mayoría de estos “liberales”, acérrimos enemigos de los impuestos, desdeña lo que ya ha hecho (insuficiente, sin duda) en esa línea al gobierno federal y, más grave aún, parecen formular su consigna en abstracto, como si no existiese un marco institucional – un arreglo, bueno o malo – que funciona en el mundo real y que pone límites, restricciones, obstáculos insalvables a los buenos deseos. Parecen ignorar que es la Cámara de Diputados la que aprueba el Presupuesto de Egresos y que sus encendidas diatribas contra el dispendio deberían dirigirse también a los flamantes diputados para rogarles, por ejemplo, que ya no le den recursos a las entidades federativas, si esos recursos se gastarán para financiar la versión cinematográfica de alguna de las recientes obras de Gabriel García Márquez (mediocre, sobre las "putas tristes"), como planeaba hacer el gobierno de Puebla. Parece que ya no lo hará, porque algunas activistas, por razones que nada tienen que ver con la ortodoxia fiscal, han protestado. ¿Dónde estaban los "liberales"?

La política fiscal no se desenvuelve en el vacío, sino en un marco institucional (bueno, malo, regular o peor) que está plasmado en la Constitución y en multitud de leyes. El Presidente no puede decretar de un plumazo que decenas de miles de pensionados dejen de recibir sus pensiones para poder disminuir el gasto corriente. No puede tampoco invalidar, de forma retroactiva, las condiciones generales de trabajo que han regido por décadas digamos en la Comisión Federal de Electricidad o en la Compañía de Luz y Fuerza del Centro y que establecen que todo jubilado de esas empresas públicas reciba cada mes hasta su fallecimiento una pensión equivalente a su último salario. Ese es un marco institucional, si quieren cambiarlo (y deberían quererlo, ¡ya!), pugnen en donde deben pugnar: ante los legisladores federales y critiquen a quien deben criticar. Y sepan, por cierto, que no hay forma - sin destruir el estado de derecho - de modificar ese arreglo de forma retroactiva.

El colmo es cuando leemos que algunos de estos “liberales” (verbigracia, el director general de Instituto Mexicano de la Competitividad, IMCO) proponen que el gobierno “estimule” fiscalmente la economía, de acuerdo con la rediviva moda mundial del keynesianismo silvestre, lo que – si nos atenemos a la lógica – no sólo implica proponer un mayor déficit fiscal, sino postular que es el gobierno, y sólo el gobierno, el que mueve a la economía. Curiosos “liberales”, por decir lo menos.

El día de mañana veremos cómo alguno de estos “liberales” (hemos de llamarles así porque de tal forma se bautizan a sí mismos, no por otra razón) critica al gobierno por proponer la desaparición de la Secretaría de Turismo y aplaude a los valientes legisladores priístas que logren impedir esa racionalización (mínima, si se quiere, pero racionalización deseable) del tamaño y la presencia del gobierno en la actividad económica. Habrá de suponer ese hipotético "liberal" que los turistas extranjeros vienen a México atraídos por la arrolladora personalidad del Secretario de Turismo y no por otros atractivos que, ingenuo, yo conjeturaba que explotaban con inteligencia los verdaderos empresarios turísticos.

Excelente que se opongan a los impuestos. Felicidades, pero no recuerdo haber escuchado a muchos de estos “liberales” lamentar que el gobierno derrochase los recursos escasos para subsidiar el precio de la gasolina o del diesel. En ese asunto, sólo recuerdo las advertencias de Sergio Sarmiento, Arturo Damm y Juan Pablo Roiz. ¿Dónde estaban los otros "liberales"?

Pareciera que son “liberales” con, al menos, un par de carencias intelectuales importantes: 1. Desdeñan u olvidan el marco institucional en el que se desenvuelve, para bien o para mal, una democracia como la mexicana y 2. Ignoran, al igual que tantos socialistas, que no se puede tener todo a la vez: un mundo sin impuestos, con abundante gasto público y sin deuda pública. Padecen, al igual que multitud de políticos mexicanos, del síndrome Cantarell: El petróleo que nos dio la Providencia será la solución a todo.

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jueves, 24 de septiembre de 2009

¿Todos somos keynesianos guadalupanos?

La opinión publicada y difundida en México acerca del programa económico 2010 se inclina por ampliar el déficit fiscal, en lugar de incrementar impuestos y recortar gastos en todos los niveles y ámbitos gubernamentales.

Con irritación - real o fingida- algunos comentaristas, como Sergio Sarmiento, ironizan: "No se necesita ser ganador del Premio Nobel de Economía para entender que (...) lo peor que puede hacer un gobierno en una recesión es elevar impuestos".

Podría citar 20 comentarios más o menos en el mismo sentido, las diferencias estarán en la sintaxis - en ciertos casos, desastrosa; en otros, tolerable-, en las fuentes a las que se recurre para sustentar la afirmación contundente de que los impuestos son veneno para el enfermo (que, se entiende, es la economía mexicana): una declaración de algún premio Nobel de Economía, como Eric Maskin, de visita en México; las cifras de déficit fiscal en otros países, con el Reino Unido, Estados Unidos y España como "prístinos ejemplos" de lo correcta que es la receta del endeudamiento público y, en otros casos, la opinión se apoya en declaraciones de "expertos" de gran "prestigio" como el ex-secretario de Hacienda Jesús Silva Herzog Flores o el ex subsecretario de Hacienda Francisco Suárez Dávila.

Como he dicho y tratado de demostrar en comentarios recientes en estas "Ideas al vuelo" no comparto, en lo absoluto, esta opinión. Remito al lector al comentario en que sustento que el déficit fiscal inhibe el crecimiento.

Vale la pena, sin embargo, hacer algunas aclaraciones adicionales a la supuesta "información" en la que se sustentan estos "análisis" pletóricos del keynesiasmo más añejo y, dicho sea sin ánimo de ofender, ramplón.

1. Ninguno de los sesudos partidarios de un mayor déficit fiscal menciona el hecho de que la que ha sido la fuente de más de la tercera parte de los ingresos fiscales en México durante las últimas décadas, la producción y exportación de petróleo, ha caído brutalmente en los últimos cinco años. Hoy México produce casi 800 mil barriles de petróleo MENOS cada día respecto de los que producía en 2004. Esto, puesto en pesos y centavos de hoy, significa que al erario le están faltando unos 250 mil millones de pesos al año para cuadrar sus finanzas. Recurrir al déficit no aumenta, en una sola gota, la producción de petróleo. Omitir ese dato - duro como piedra - en un supuesto análisis fiscal sobre México el día de hoy, es tanto como omitir en los análisis clínicos de un enfermo de diabetes la medición del azúcar en la sangre.

2. Todos sabemos, pero ahora lo callamos, que los ingresos petroleros han permitido que la estructura tributaria en México sea tan compleja como débil. Pocos pagamos impuestos, las excepciones, las tasas especiales, los tratamientos diferenciales son tantos y tan extensos que para muchas empresas es mucho más rentable cabildear en el Congreso el sostenimiento de esos regímenes especiales que mejorar, digamos, su productividad con la inversión en ciencia o en tecnología. Todos sabemos, pero ahora se nos olvida, que durante 2007, 2008 y parte de 2009 hemos disfrutado de precios de la gasolina y del diesel que están significativamente por debajo de los precios internacionales. No obstante que más del 40 por ciento de la gasolina que se consume en México es importada, el sostenimiento de esos precios subsidiados parece haber sido motivo de orgullo nacional y una forma en la que el Estado nos "premia" a las clases medias y altas, beneficiarias del subsidio, por ser un "país petrolero" en el que "el petróleo es de todos" (aunque más de unos, que de otros). Un mayor déficit fiscal no servirá en lo absoluto para ampliar la base de contribuyentes, ni para incorporar a la economía formal a millones de mexicanos que sobreviven en la economía gris, que va desde la venta de chucherías en los semáforos hasta el tráfico de drogas.

3. La caída inexorable y previsible de los ingresos petroleros NO fue causada por la recesión global. Es un problema exclusivo de México, producto de políticas y prejuicios nacionalistas respecto del petróleo, que debemos corregir y resolver los mexicanos. Un mayor déficit fiscal no hará más productivo a PEMEX, un mayor déficit fiscal no facilitará, sino que obstaculizará aún más, la participación de inversionistas privados en las tareas de exploración y producción de petróleo.

4. Los comentaristas que elogian los déficit fiscales de Estados Unidos, Reino Unido y España omiten mencionar que, con todo y sus abultados y espeluznantes déficit, cada uno de los gobiernos de esos países ya evalúa o ya ha anunciado inminentes alzas de impuestos. El ejemplo más aleccionador es España. Se estima que cerrará este año con un déficit fiscal equivalente al 9.1 por ciento de su PIB. Se supondría - al decir de estos comentaristas keynesianos- que tan espeluznante déficit público le ha permitido crear millones de empleos (no es así, el desempleo en España es hoy el más alto en décadas y es de 15.5 por ciento, el doble del desempleo en la llamada euro-zona). Se supondría que, gracias a dicho déficit, el "socialista" gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ni por asomo subiría impuestos (Lord Keynes no lo permita, donde quiera que se encuentre). No es así: Hace apenas unos días, el 9 de septiembre, Zapatero anunció para 2010 un alza generalizada de impuestos, para tratar de recaudar el equivalente al 1.5 por ciento del PIB de España, lo que vendría a ser unos 15 mil millones de euros, lo que equivale a más de 297 mil millones de pesos mexicanos. Y, ¿para qué quiere aumentar impuestos el gobierno español?, ¿para aumentar el gasto público destinado a estimular la demanda? No. ¿Para destinar los ingresos adicionales a reforzar y ampliar los programas diseñados para la superación de la pobreza, dando becas, alimentos, vivienda, opciones de salud a los españoles más pobres? No. Por desgracia, la totalidad de los nuevos ingresos tributarios que esperan recaudar se irá ¡a disminuir el déficit fiscal! (Puede leerse más información, por ejemplo, en La Vanguardia haciendo clic aquí).

Está bien que estos comentaristas que inundan día a día la opinión publicada en México detesten pagar impuestos (todos lo detestamos), está bien que sus patrocinadores o patrones estén disgustados con el programa económico porque prevé gravámenes que presumiblemente van a disminuir sus rentas. Se entiende el disgusto y se entiende que a estos amanuenses no les guste patear el pesebre que les da de comer, pero por favorcito: un poquito de honestidad intelectual. No sean tan irresponsables, son los primeros en saber, algunos al menos como Sergio Sarmiento o Roberto Newell, que incrementar el déficit público en México sería suicida.

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martes, 15 de septiembre de 2009

Democracia en déficit

La política económica no se desarrolla en el vacío o en una especie de medio estéril, sino dentro de un marco institucional (arreglos o acuerdos) que influye decisivamente en las decisiones de gobiernos y de políticos. Esto se ve claramente en la política fiscal.

John Maynard Keynes parece suponer, en su Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero, un marco institucional que no es una democracia sino el gobierno autócrata de un grupo reducido de sabios benévolos. En ese marco artificial, de la elite de sabios gobernando sin someterse a los caprichos del populacho, puede confiarse en que el gobierno no abusará del expediente del déficit fiscal (deuda pública), sino que juiciosamente compensará, a lo largo del tiempo, los periodos de déficit con periodos más largos de superávit para mantener las finanzas públicas en orden.

Ese marco institucional, de la elite de sabios gobernando, no existe, porque no somos gobernados por ángeles o espíritus puros. Mucho menos dicho marco institucional - que está en los supuestos de Keynes, quien jamás se detuvo a examinar los arreglos políticos y jurídicos en los que se desenvuelve la política económica en el mundo real-, se aviene con lo que sucede en una democracia.

En una democracia, los políticos tenderán a incrementar el gasto antes que a reducirlo y tenderán a preferir el financiamiento del gasto mediante deuda, antes que incrementar impuestos. ¿Por qué? Porque eso complace a los electores y es popular. También por eso, los políticos, los periodistas, los académicos y, en general, los electores tienden a ser keynesianos más o menos silvestres, en la medida que suponen - desean suponer- que puede haber beneficios sin pagar costos. Un incremento en la deuda pública genera la ilusión de un ingreso sin costo, ya que el elector no ve de inmediato los costos, pero sí puede recibir de inmediato los beneficios, lo mismo que el político que genera la deuda probablemente no será quien tendrá que afrontar, en el futuro y como gobierno, los costos que implicarán su servicio y su eventual amortización. Así, Keynes y su apelación al déficit fiscal como herramienta para contrarrestar los ciclos económicos, resultan miel para los oídos de los políticos ávidos de popularidad.

Hoy en "Asuntos Capitales" se publica un insólito artículo de Juan Pablo Roiz (puede leerse haciendo clic aquí) que, me parece, debe ser resultado de un inteligente análisis del marco institucional en el que se desenvuelven la política económica y, específicamente, la política fiscal.

Es un análisis, conjeturo, tributario de las agudas observaciones de Knut Wicksell en 1896 y de los postulados de la escuela de la elección pública que encabeza James M. Buchanan. (Para leer un poco más sobre Wicksell recomiendo este sitio en la red. Y para mayor información sobre la escuela de la elección pública remito al lector a este otro sitio). Justamente, el título del comentario de hoy (Democracia en déficit) rinde homenaje a un gran libro de divulgación de Buchanan, escrito junto con Richard Wagner en 1977, que lleva ese título.

Roiz advierte que el programa económico para 2010 que está proponiendo el Presidente Felipe Calderón es, en términos de política fiscal, insólitamente responsable y, por ello, impopular. La responsabilidad fiscal - preferir los recortes al gasto público y los aumentos de impuestos para subsanar huecos fiscales, como el inmenso que ha dejado la caída de la producción petrolera en México -, no es popular. También los electores, en una democracia, tendemos a preferir el gasto sin costo, el recurso al déficit, no los impuestos.

Cada renglón de gasto tiene su clientela. Basta escuchar hoy, en la comparecencia del Secretario de Hacienda en la Cámara de Diputados, a los distintos legisladores hacer malabares retóricos para exigir que se gaste más en esto o en aquello a la vez que protestan, vehementes, contra los odiosos impuestos.

Una conclusión adicional a las que anota Roiz en su comentario, sería que, pese a su impopularidad, el programa económico propuesto por Calderón recibirá el apoyo de los priístas (al menos de los más inteligentes) porque es el programa ideal para que el gobierno de Calderón pague los costos y un futuro gobierno del PRI, acaso en el 2012, coseche los beneficios.

En todo caso, Calderón obtendría también el beneficio de pasar a la historia como un presidente reformador y valiente que no dudó en tomar decisiones impopulares pero responsables (aquí hay otro patrón interesante en México, los expresidentes recientes más respetados hoy no son aquellos que parecían muy populares en su momento, como Carlos Salinas o Vicente Fox, sino los que mal que bien, como Ernesto Zedillo o Miguel De la Madrid, tomaron decisiones impopulares, pero responsables).

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miércoles, 9 de septiembre de 2009

Sor Juana y los adoradores del Estado

En las famosas "redondillas" de Juana de Asbaje y Ramírez (Sor Juana Inés de la Cruz) en defensa de las mujeres hay un hermoso alegato contra la incosistencia racional - e incongruencia moral - de quienes incitan a la mujer a ser liviana, para inmediatamente después, si acaso la mujer cede a la invitación, reprocharle su ligereza, pregunta Sor Juana:

"¿Qué humor puede ser más raro/Que el que, falto de consejo/Él mismo empaña el espejo/Y siente que no está claro?"


Y líneas atrás había escrito:

"Parecer quiere el denuedo/De vuestro parecer loco/Al niño que pone el coco/Y luego le tiene miedo"


Hoy, ante la presentación del programa económico para 2010 (proyecto de presupuesto de egresos, iniciativa de ley de ingresos, criterios generales de política económica y otras propuestas de reforma en materia fiscal), encuentro a más de un político y opinante de oficio más o menos adorador del Estado, o más o menos afecto a la intervención del gobierno en la economía, atrapado en la más flagrante incongruencia intelectual y moral.

Estatólatras en apuros
Por una parte, el guión les dicta que deben criticar con más o menos ferocidad cualquier iniciativa que surja de un gobierno etiquetado (también está en el guión esto de la etiqueta) como conservador en materia de moral pública y neoliberal en materia económica, de "derecha" pues. Por otra, han pedido durante años, implorando y exigiendo más bien, que el Estado nos resuelva la vida, que el gobierno tenga una política activa que saque a los pobres de la pobreza, que el gobierno sea fuerte y cuente con recursos abundantes para salirle al paso a cualquier evento adverso, especialmente para corregir con abundantes recursos públicos lo que llaman "fallas del libre mercado" (muy pronto, en el discurso de la "izquierda" estatólatra, se dirá que los terremotos, los huracanes, el SIDA y hasta el cáncer de seno, son también fallas del mercado), y ahora se encuentran con que les disgusta sobremanera que el gobierno busque recursos para hacer siquiera una buena parte de lo que estos adoradores del Estado esperan - y exijen- que el Estado haga. Quieren más Estado, pero no quieren impuestos. Quieren subsidios para el cine nacional, para la educación superior, para pagarle pensiones a todo mundo (pensiones desvinculadas del hecho de que esas perosnas hayan o no ahorrado recursos a lo largo de su vida laboral; pensiones forzosas hayan o no hayan trabajado los pensionados antes de llegar a la edad de retiro), pero quieren que surjan de la nada.

Lo que algunos llaman "izquierda moderna", digamos la "izquierda" que ha prevalecido por décadas en algunos países nórdicos, ya entendió hace muchos años que, por elemental congruencia, si quieren un Estado benefactor, que los cuide desde la cuna hasta la sepultura, tienen que favorecer a la vez los impuestos elevados al ingreso, progresivos más que proporcionales, y también las contribuciones universales de tasas únicas - que sin ser progresivas, son proporcionales porque quien más gasta, más paga- que gravan al consumo. Pero nuestra izquierda vernácula, en México y en casi toda América Latina, no lo entiende o no lo acepta.

En los casos destacados de México y de Venezuela el petróleo ha sido la salvación para permitir que esta inconsistencia intelectual e incongruencia moral susbistiese por muchos años. Eso explica, en el caso de México, que la riqueza petrolera (el petróleo es de todos, aunque es más de unos que de otros) permitiese tener una estructura tributaria débil, relativamente fácil de eludir o de evadir, y un Estado gastalón, con subsidios generosos, con centenares de Institutos y organismos pagados con recursos fiscales (los ingresos petroleros son en México, más de la tercera parte del total de los recursos fiscales) que lo mismo promueven el cine, defienden -aunque sea en la retórica- la causa de las mujeres, promueven el deporte o eso dicen, se encargan (o eso dicen) del maíz, del café, de la caña de azúcar, del carbón, de la lectura de libros, de la confección de poemas, de la preservación de los pollos o de los cerdos, del cuidado de los riñones o de la prevención de la locura...El petróleo dió para eso y más.

Pero, en esta vida, todo por servir se acaba. Hasta el petróleo y hasta los yacimientos milagrosos como Cantarell (hallazgo casual que no requirió de esfuerzo o de investigación y que, para colmo de la dicha de los estatólatras, no requirió de esfuerzos denodados o de inversiones cuantiosas para extraer de él cada día cientos de miles de barriles de petróleo) y, llegada esa hora, llegado el momento en que el gobierno de México le está viendo el fondo a la alcancía (que algunos soñaron inagotable), no parece haber otro remedio que o renunciar a ese Estado benefactor, que lo mismo paga una operación de cataratas que una carrera de escultor o una vida dedicada a la "pobretología" digamos en el Colegio de México o en la Cámara de Diputados, o empezar a cobrar impuestos en serio.

Me adelanto a la objeción gastada de que el problema no es que se cobren impuestos sino que siempre los pagan los mismos, es decir quienes trabajamos en la economía formal, "con todas las de la ley" como decían los abuelos, y que no se les cobran impuestos a quienes medran en la economía informal, recordando que justamente el método más eficaz para "aumentar la base de los contribuyentes" es gravar de forma universal y con tasas únicas el consumo. También recuerdo que hay un impuesto más o menos nuevo en México (se aprobó en septiembre de 2007, apenas) que grava los depósitos en efectivo a partir de la presunción, totalmente acertada, de que tarde o temprano también el dinero de quienes medran en la economía informal llega a los bancos y, si no se acredita fiscalmente su procedencia (es decir, que provenga de alguna actividad que paga impuestos al ingreso), se le grava automáticamente. Decían que ese impuesto no iba a funcionar y, por el contrario, ha funcionado bastante bien (vean las cifras de recaudación por IDE, o Impuesto a los Depósitos en Efectivo). En todo caso, discutamos acerca de la forma de aumentar la base - el número - de los contribuyentes, pero sin dogmas de "fe tricolor" como el que aduce que generalizar el IVA y cobrarlo a todas las transacciones - lo mismo si lo que se compra es un litro de leche que si se compra una pastilla para sacarle la vuelta a la disfunción erectil- es un sacrilegio porque así lo determinó la Asamblea número tal del PRI para sacarse la espina de la "roqueseñal" y darles una lección a los odiados "tecnócratas". (Y, por cierto y por favor, distinguidos opinantes de oficio y políticos, no digan "aumentar la base gravable", éso no significa lo que en realidad ustedes quieren decir, eso significa simplemente "aumentar los motivos para cobrar impuestos" aunque se le cobren a los mismos de siempre. Aprendan a usar el lenguaje con propiedad, por favorcito).

Dejo hasta aquí las divagaciones y voy a un ejemplos concreto del "parecer loco" de algunos que, primero ponen el coco, y luego le tienen miedo:

Hoy miércoles nueve, del mes nueve, del año nueve, programa de radio conducido por Carlos Puig, discusión entre Leo Zuckerman - quien manejó la ironía de forma magistral - y Sabino Bastidas, quien se reveló como un estatólatra incosistente, titubeante y mal informado (lo cual, de veras, me sorprende porque siempre escuché que Bastidas era una especie de "lumbrera" idológica en las ligas ya no tan juveniles del PRI), y que transcribo a continuación. Primero va, como introducción, un "round de sombra" entre Zuckerman y Puig, que gana el primero por KO, después vienen la fina esgrima irónica de Zuckerman dejando sin argumentos lógicos a Bastidas, quien llega al extremo de proclamar casi que sin la intervención del Estado en nuestra vidas, seríamos unos miserables gusanos que se arrastran por el fango. Va.


Un debate en la radio el 09/09/09

Carlos Puig: Yo empiezo con Leo Zuckermann que aquí siempre ha insistido, menos Estado, más neoliberalismo y bueno pero aquí hay más impuestos, debes estar enojadísimo.



Leo Zuckermann: Bueno la verdad es que me encanta el ambiente liberal que se vive en esta cabina, el conductor poniéndose de el lado de los que pensamos que efectivamente el Estado debe de ser más chico y, por lo tanto, debe de costar menos, a todos aquellos adoradores del Estado que siempre están propugnando por una mayor intervención del Estado se están dando cuenta, pues, que las cosas cuestan y que no nos costaban porque teníamos una cosa que se llama petróleo pero 'lástima Margarito'.

El país se está quedando sin petróleo y entonces, ahora sí, se va a meter el gobierno en nuestros bolsillos para tratar de financiar todas las cosas que nos encantan: las regulaciones del IFE, el hecho de que los partidos tengan mucho dinero, 500 diputados, 128 senadores, una educación donde el sindicato tiene muchas prebendas y hay que darle más dinero a los maestros, en fin, podemos decir muchas cosas, que bueno, claro, una Suprema Corte que cuesta cuatro veces más que la de Estados Unidos ¿verdad?

Estas cosas cuestan, qué bueno que lo estemos discutiendo, a mí me parece fantástico que finalmente estemos dándonos cuenta, pues, de que el gobierno trae un déficit y de que las cosas cuestan y te voy a decir una cosa: creo que en la medida que el paquete que manda el Presidente Calderón es un paquete responsable porque contra lo que tú piensas de que es mejor endeudar al país, yo creo que no.

Yo creo que la gente…

Carlos Puig: No, yo no lo pienso…

Leo Zuckermann: Tú has tenido una defensa del déficit público, el déficit público es una manera de cobrar impuestos al futuro.

Carlos Puig: Perdón, no fue lo que dije yo, el FMI (?) dijo de Polonia que se va endeudar 6% este año, el FMI dijo que le parecía que en estos tiempos de recesión debería de saltarse el acuerdo, además hay que hacerlo, no lo digo yo…

Leo Zuckermann: Pero tú al estar defendiendo que México se debería de tener un mayor déficit, lo que estás diciendo es: 'en lugar de cobrar más impuestos a la gente, utilicen la tarjeta de crédito y luego la vamos a pagar'.

Ahora, el problema es que llega un momento en que hay que pagar la tarjeta de crédito, y si México no resuelve su estructura de recaudación ahorita pues ¿cuándo la va a resolver?

Mira yo he hablado, y con esto termino, con gente de las calificadoras; las calificadoras son muy importantes en estos momentos porque es la que te da las calificaciones para ver qué deuda, cuánto te va a costar tu deuda y ellos te dicen: 'mira, nosotros estamos muy pendientes de esto porque si México no hace ahorita su reforma en la recaudación, su reforma tributaria pues ¿cuándo la va a hacer? Si no la haces cuando estás en crisis pues ¿cuándo la vas a hacer?


Y SIGUE:

Carlos Puig: Pero la segunda línea del primer punto del decálogo habla de blindaje para que nadie ¿te acuerdas cuando dice, todos los recursos en la pobreza, dice, blindaje para que esto no sea mal utilizado?

Entonces no sé si ese blindaje le va permitir…Sabino.

Sabino Bastidas: Mira lo que pasa es que el dato con el que sale el Presidente ayer es la fachada de la pobreza, o sea, toda esta reforma tiene un sentido de pobreza porque la explicación es posterior, la explicación de los impuestos, el debate del déficit, los impuestos que nos iban a cobrar es un segundo momento de comunicación político que es por la tarde, antes de eso tuvimos un mensaje del Presidente en donde claramente pareciera que todo está alineado en la lógica de que vamos a combatir la pobreza y eso justifica este impuesto de combate a la pobreza, este coco, este impuesto de combate a la pobreza que no es un IVA técnicamente es correcto el planteamiento no es un IVA, es un IVA disfrazado, no es un IVA en tanto que el IVA es un impuesto genérico y es u impuesto que se aplica a cualquier gasto, este es un impuesto especial en tanto que está etiquetado supuestamente para el gasto de pobreza, lo que pasa es que por el otro lado hay una reducción a la pobreza.

Entonces si bien es cierto, técnicamente no es un IVA, para el consumidor es un IVA, o sea él va a ver en su recibo al momento de pagar cualquier cosa 15% de impuesto y 2% de IVA, es una manera de disfrazar un ingreso…lo que hay que decir es que es un impuesto al pobre agregado y que finalmente va a funcionar como IVA.

Entonces aquí el tema está en como quieren aplicar este tema a la pobreza y yo la pregunta que me haría es, si esto resuelve y va alineado a la lógica del Presidente, los cambios estructurales, ninguno de los dos planteamientos, ni el de ingreso ni el de egreso me plantea cambios estructural en el país, no estamos modificando la estructura de cobro de impuestos, lo único que hicimos es, y lo dijo ahorita alguno de los diputados, efectivamente, sobre lo que ya cobramos aumenta el estantito hasta que logremos satisfacer la carencia de…

Carlos Puig: Paramétrico, dijo, vamos a discutir mucho más ampliamente esto, quiero desarrollar esta parte de la simulación mexicana ¿qué dice Leo Zuckermann con esto del IVA que no es IVA?, ahora volvemos.
P A U S A
En nuestra mesa con Sabino Bastidas, Jesús Silva Herzog Márquez y Leo Zuckermann conversando sobre lo que ayer presentaron el Presidente primero en la mañana y después Agustín Carstens en la noche frente al Congreso de la Unión, Leo Zuckermann, decías antes de irnos, esta es una típica simulación mexicana ¿a qué te referías?

Leo Zuckermann: Bueno que este, le llaman contribución de combate a la pobreza, es un 2% pero en realidad es un IVA del 2% generalizado y yo creo que sí es un cambio estructural para el tema de ingresos que tiene el país del sector público porque bueno se viene hablando mucho desde hace tiempo de que eso es lo que necesita el país, eso va a permitir incrementar la base gravable, es decir, la cantidad de gente que paga impuestos y que hoy no paga y que va a pagar impuestos, va a ser acreditable, va a permitir echar abajo una serie de regimenes especiales que tiene el IVA, es un IVA, es como si el gobierno hubiera dicho, bueno ahora se va, vamos a subir a 17% el IVA y a los que pagan tasa cero y exentos, etcétera, vana pagar 2%, eso es un cambio estructural importante otra vez.

Lo que es increíble es, ¿cuántos años llevamos hablando de esto?, exactamente hace seis años estaba la discusión del IVA copeteado, ¿se acuerdan de Vicente Fox, etcétera? Ahora yo le quiero decir algo a la gente, insisto, la gente está muy enojada, yo estoy muy enojado, pues sí, pero acuérdense que ese es el costo de pagar un gobierno que por lo demás es bastante ineficaz pero a ustedes les gusta que el Estado esté interviniendo…les gusta que haya hospitales públicos…bueno yo creo que sí gastamos mucho en educación, yo creo que hay que bajarle al tema de la educación, como país de la OCDE…gastamos casi 7 puntos del PIB, es decir, gastamos más que Corea y la educación mexicana es la peor de los países…

Carlos Puig: Sabino Bastidas.

Sabino Bastidas: O sea todos estamos en esa… pero estamos discutiendo la educación pública, estás hablando de educación pública, yo no puedo estar de acuerdo en que no paguemos con recursos del Estado la educación pública, es que no metas todo en un mismo cajón…

Leo Zuckermann: A ver, salgan hoy a sus escuelas a demandar una educación de calidad porque el gobierno les va a cobrar más impuestos, qué bueno.

Sabino Bastidas: Se trata de gastar bien y se trata de invertir correctamente.

Leo Zuckermann: Eso suena muy bien, ¿cómo le hacemos?

Carlos Puig: Ahora, no veo en ninguna parte, dos cosas, y lo leí, por lo menos el documento público de 23 páginas, ya lo señalaba, me parece, no sé si Luis Videgaray o Vidal Llerena, ¿no?, no veo aquí gastar mejor, sí veo gastar menos, mucho, es decir, hay mucho en gastar menos, no veo en gastar mejor, y no veo algo, y no quiero seguir comparándome con otros países, no veo infraestructura, no veo anticíclico, no veo un programa de gasto que en enero, nos decía Agustín Carstens, es lo que habría que salir…

Leo Zuckerman: Pero ¿tú crees que el gobierno es la solución a la economía?

Carlos Puig: Sabino Bastidas.

Sabino Bastidas: Pero mira, muy por el contrario, estructuralmente, fíjate nada más hacia dónde estamos construyendo el modelo. Cuando el Presidente ayer nos habla de que México ha tenido cinco millones de pobres más, que son los datos de CONEVAL formales, son los datos que tenemos de CONEVAL hasta 2008, pero la caída del Producto Interno Bruto genera un aumento proporcional de la pobreza; pudimos haber generado en esta crisis, con todo 2010 hasta ocho millones y medio de pobres.
Ayer el Presidente dice, es que el impuesto que vamos a cobrar se va a etiquetar para aumentar el subsidio a la pobreza, y vamos a tener seis millones y medio de familias, casi 30 millones, dijo el Presidente Mexicano que van a recibir de manera directa un subsidio a la pobreza…

Leo Zuckerman: Y eso ¿está mal?

Sabino Bastidas: Lo que estamos construyendo es una nómina de pobres, no estamos resolviendo estructuralmente el tema de la pobreza; o sea, lo que hizo el Presidente de anunciarnos los 10 puntos de una reforma estructural, en…

Leo Zuckerman: Tú no quieres que haya nómina en los pobres…

Sabino Bastidas: Por favor, Leo, como no voy a querer eso.

Leo Zuckerman: ¿Entonces?

Sabino Bastidas: El punto es…

Jesús Silva Herzog: Ya no entendí… (Nota de RMM: Yo tampoco).

Sabino Bastidas: Yo no veo Leo, yo no veo cómo eso se ve reflejado en un presupuesto. Yo no veo reflejado los 10 puntos de Calderón en este presupuesto…

Leo Zuckerman: No, no, a ver, Calderón dice vamos a poner este IVA disfrazado del 2% para darle más dinero a los pobres ¿estás a favor o en contra de eso?

Sabino Bastidas: ¿De qué?

Carlos Puig: Él no vota, estamos analizando no votando.

Leo Zuckerman: Bueno, ¿te gusta o no te gusta?, ¿estás de acuerdo o no estás de acuerdo? Vaya, toma una posición.

Sabino Bastidas: Mira Leo, aumentar nada más el dinero en una nómina de pobres no nos va a solucionar el tema de la pobreza.

Leo Zuckerman: Entonces no hay que darle más dinero a los pobres.

Sabino Bastidas: Y no es un asunto de darle más dinero a los pobres porque suena a demagogia, eso que estás diciendo suena a demagogia, eso que estás diciendo es demagogia. Bueno entonces no me estás resolviendo el problema de la pobreza porque a los pobres los sacas del a pobreza en vías de crecimiento económico.

Leo Zuckerman: Y eso, y necesitamos al gobierno para que haya crecimiento económico.

Sabino Bastidas: El crecimiento económico tiene muchas fuentes, una de ellas, una de ellas es la manera como el gobierno gasta. Claramente, el agente económico más importante de este país es el gobierno Leo.

Leo Zuckerman: No, no, no, perdóname…agente económico…

Sabino Bastidas: El agente económico más poderoso, el que aumenta el gasto y disminuye el gasto y tiene un impacto en toda la economía es el Estado.

(NOTA de RMM: Aquí, cuando Bastidas dice esa barbaridad, mi personal detector de burradas se puso al rojo vivo)

Leo Zuckerman: Perdóname, es el sector privado, el sector privado que produce más Producto Interno Bruto.

Sabino Bastidas: El agente económico más grande es el Gobierno, el que más gasta, el que te cambia la correlación de puestos de la economía…

(NOTA de RMM: En generación de valor agregado a la riqueza de la economía el gobierno en México no llega al 15 por ciento del PIB; una cosa es que pueda obstruir mucho, otra, muy distinta, es que haga todo o casi todo)

Leo Zuckerman: Ah bueno, y es el que tiene que sacar a la economía de…

Sabino Bastidas: Y, perdóname, Leo, ¿y quién lo hizo en Estados Unidos?, porque la verdad es que la visión esta la liberal a ultranza tiene sus limitaciones, porque no me digan que la economía en Estados Unidos, después de criticar al Estado durante 25 años, después de señalar que el Estado no funcionaba, resulta que quien sacó a la economía del mundo, en esta visión…

(Nota de RMM: Bastidas está, otra vez, mal informado. La economía de Estados Unidos se está recuperando a pesar del gobierno de Obama, gracias a la iniciativa de la sociedad y de los individuos)

Leo Zuckerman: Tenía un déficit del 10% del Producto…

Sabino Bastidas: Quien sacó a la economía del mundo fueron los Estados, Leo, entonces vayan matizando su visión de que el Estado, de que el Estado del mercado, perdóname, necesitas Estado ¿eh?

Leo Zuckerman: Necesitas Estado ¿a dónde? ¿Hasta dónde necesitas el Estado? El Estado, en Estados Unidos…

Sabino Bastidas: Por lo pronto no necesito del mercado para salir adelante en la crisis.

(Nota de RMM: Otra vez, tras esta declaración de Bastidas mi detector de estupideces está a punto de estallar)

Leo Zuckerman: El Estado en Estados Unidos se endeudó 10% del Producto Interno Bruto porque tiene esa capacidad, México no la tiene; o sea, el gobierno no tiene dinero, nos queda clarísimo, se va a endeudar para sacar a la economía ¿cómo, cómo Sabino?

A ver, yo quiero saberlo ¿qué?, ¿construyendo infraestructura? No pueden echar a andar una carretera, por el amor de Dios, hombre. ¿Cuánto tiempo llevan tratando de hacer esta refinería? Por favor.

Lo que debería hacer…

(...)

Leo Zuckerman: ¿Por que hay la capacidad del Estado de endeudarse? En México, la pregunta es ¿puede el Estado mexicano endeudarse? La respuesta es no, no mucho porque ya no da para más ¿por qué? Porque los que le prestan al Estado mexicano, sí hay gente que hay del otro lado que está poniendo su dinero, dice híjole ¿de verdad estos mexicanos me van a pagar?, pues si no cobran impuestos no, y van a tener que seguirse endeudando y endeudando y endeudando para pagar hasta que llega un día y dices: 'no, estos ya no tienen capacidad de pago', porque este Estado recauda…

Sabino Bastidas: Perdón, ya nada más con esto. Este Estado recauda 10% del PIB, no es nada y tú lo sabes.


Último comentario de RMM a esta aguda observación de Bastidas: ¿Y qué diablos es lo que te está diciendo Leo Zuckerman?, ¿nunca te entersate de lo que te estaba diciendo?

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lunes, 15 de diciembre de 2008

La hormiga noruega y la cigarra mexicana

Noruega es uno los países mejor preparados del mundo para hacer frente a la recesión global gracias a su fondo soberano de riqueza petrolera que hoy suma alrededor de 332 mil millones de dólares.
La crisis ha sorprendido a Noruega tras un periodo de cuatro años de fuerte y sólido crecimiento económico (tasa promedio de crecimiento real del PIB de 5% anual en los últimos cuatro años) y con un fondo soberano proveniente de los ingresos petroleros que es el segundo más cuantioso del orbe, sólo superado por el fondo petrolero de Abu Dhabi.
De esta forma, Jens Stoltenberger, primer ministro de Noruega, ha anticipado que se instrumentará un paquete fiscal en el presupuesto que estimulará el crecimiento durante 2009 en alrededor de 0.7% del PIB. Un estímulo fiscal anticíclico que NO genera déficit alguno en las cuentas públicas.
En contraste, Estados Unidos, España, México, entre otras muchas naciones, han anunciado paquetes de gasto público contra la recesión que generan o incrementan el déficit fiscal y, a la postre, provocarán presiones inflacionarias y reducirán aún más el crédito disponible para la inversión privada en sus respectivos países.
Por eso, para Noruega – que no pertenece a la Unión Europea- las perspectivas son hoy mucho menos sombrías. Se espera que el crecimiento real del PIB en 2009 será de 1.5% (cuando la mayoría espera caídas o, en el mejor de los casos, un estancamiento) y que la tasa de desempleo se incremente del actual 2% al doble: 4 por ciento. Envidiable.
Cada vez que tuvo oportunidad el anterior Secretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz, mencionó a los legisladores mexicanos el ejemplo de Noruega e invitó a reconsiderar el uso de los llamados "excedentes" petroleros. Esa prédica cayó en el desierto. Ya se sabe que buena parte de esos "excedentes" petroleros – especialmente en el caso de estados y municipios-, terminaron financiando la compra de flotillas de ostentosos e ineficientes vehículos de General Motors, Ford y Chrysler. ¿Sería nuestro granito de arena para tratar de rescatar anticipada e inútilmente a las "tres grandes" armadoras estadounidenses?

"Es que México no es Noruega" se dirá como justificación. Es cierto, ya lo habíamos notado. ¡Qué vergüenza!

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martes, 28 de octubre de 2008

La carga que nos han puesto encima

¿Por qué los rescates gubernamentales acabarán magnificando y prolongando la recesión?

¿Qué han sembrado el Tesoro, la Reserva Federal y el Congreso de los Estados Unidos en las últimas semanas, con todos sus paquetes de rescate financiero y de supuesto estímulo económico? Una recesión cada vez más profunda y cada vez más prolongada, que se aderezará con alzas de impuestos, presiones inflacionarias y mayor intervencionismo gubernamental; lo que destruirá riqueza en lugar de generarla.

En un lúcido ensayo publicado por The Wall Street Journal el economista Arthur Laffer analiza sin piedad los terribles errores de política fiscal y política monetaria cometidos, que habrán de provocar largos años de estancamiento o de retroceso económico global (Ver vínculo en el comentario de abajo).

Ningún gobierno produce riqueza. Cada dólar destinado a paliar los sufrimientos de un sistema financiero atribulado es pagado – hoy o mañana- por un sector de la economía que sí es productivo, más los costos adicionales para la gestión burocrática de los rescates, digamos, conservadoramente, un 30% adicional.

Pagaremos hasta el último centavo ya sea en forma de impuestos más altos que inhibirán la actividad productiva, ya sea en forma de inflación, que también inhibe o incluso destroza la actividad productiva o, lo más probable, con una diabólica combinación de ambas: Inflación y cargas fiscales exacerbadas.

Eso es lo que anticipan los mercados de valores en el mundo. Ni George W. Bush, ni Henry Paulson, ni Ben Bernanke, ni Nancy Pelosi, ni Harry Reid, ni Barack Obama, ni John Mc Cain producen la riqueza de la que tan alegremente han dispuesto o esperan disponer. La han tomado y la tomarán de quienes sí la producen, con lo que extinguirán el crecimiento. Para tener tanto miedo a la recesión se han empleado de veras a fondo para hacer que sea más larga y profunda.

La versión local de este desastre no es diferente. Ponga usted, para el caso de México, los nombres de los políticos que están dispuestos a todo – por ejemplo, a generar un abultado déficit fiscal- con tal de que la recesión no incomode sus apuestas electorales de 2009. Los hay de todos los partidos, los hay en el gobierno y en el Congreso y en los gobiernos locales; incluso los hay fuera del presupuesto, pero ávidos de hincarle el diente a los recursos que los demás produjeron.

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lunes, 13 de octubre de 2008

Déficit y malas inversiones públicas

A ver, se supone que vamos a poner un montón de dinero público (15 mil millones de pesos) para iniciar la construcción de una nueva refinería cuyo fin es disminuir las importaciones de gasolina. Lo que no se dice es que esa refinería, cuando se concluya, refinará petróleo importado.



Cuento uno: No es malo que aumente el gasto del gobierno, siempre y cuando ese gasto se destine a inversión, por ejemplo para iniciar la construcción de una nueva refinería.

La realidad: A diferencia de la explotación petrolera, que arroja altos márgenes de rentabilidad, el negocio de la refinación tiene márgenes muy estrechos y se requiere de una gran especialización para tener éxito. Hasta ahora las refinerías de PEMEX no han mostrado tener competitividad internacional.

Cuento dos: Es importante construir refinerías con dinero público porque así podremos disminuir las importaciones de gasolina; dado que es "malo" que hoy cuatro de cada diez litros de gasolina los importemos.

La realidad: No necesariamente es "malo" que importemos gasolinas si esos combustibles provienen de refinerías más productivas que las nuestras y a mejores precios. Lo malo, pésimo, es que subsidiemos el consumo de los combustibles, no que los importemos.

Cuando se concluya dicha refinería, dentro de ocho años en el mejor de los escenarios, México será probablemente importador neto ya no sólo de combustibles sino de petróleo crudo.

Cuento tres: El inminente déficit fiscal no debe preocuparnos, porque dicho déficit tendrá su origen en inversiones públicas productivas, no en mayor gasto corriente. Es decir, cada dólar de déficit público se transformará en el largo plazo en utilidades, por lo que ni siquiera debiera contabilizarse como déficit.

La realidad: ¿Alguien cree que la inversión pública es de veras más rentable que la inversión privada?, ¿cada peso invertido por PEMEX en petroquímica (y específicamente en refinación) ha generado alguna utilidad?, ¿cuándo?, ¿por qué ahora sí será un buen negocio para el país lo que en el pasado ha sido desastroso?

Este cuento no es nuevo. Se usó ampliamente en décadas pasadas para argumentar que el déficit generado por la banca de desarrollo (déficit de intermediación financiera) NO era en realidad déficit, porque dicho gasto, excedente de los ingresos, generaría recursos más que suficientes para cubrir la diferencia. ¿Alguien me puede decir dónde están esas utilidades públicas? La respuesta es NO, porque nunca se generaron.

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