domingo, 8 de noviembre de 2009

La Comisión de Competencia "descubre América"

Copio textual el comunicado de la Comisión Federal de Competencia Económica acerca de su resolución final sobre dominancia en terminación de llamadas en redes de telefonía fija:

Viernes 06 de noviembre de 2009.- Hoy se publica la resolución final del Pleno de la Comisión Federal de Competencia (CFC) sobre la investigación de dominancia en el servicio de terminación de llamadas en redes fijas de telefonía. (1)
En esta resolución, se confirma que Telmex y su filial Telnor tienen poder sustancial en la terminación de llamadas en sus redes. Para el resto de los concesionarios (2) de redes públicas, el Pleno de la CFC resolvió que no existe información suficiente para determinar que son dominantes en sus respectivas redes.
Con base en la resolución final de la CFC, la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel) podrá imponer obligaciones específicas en términos de precio, calidad u obligaciones de información a las empresas que resultaron dominantes.
No habrá lugar a sanciones para agente económico alguno, dado que se trata de una declaratoria sobre las condiciones de competencia en un mercado determinado con miras a una posible regulación, sin que se prejuzgue sobre la realización de prácticas monopólicas.

¡Qué hallazgo!

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jueves, 16 de julio de 2009

Circunloquios de la mensajera de Telmex

Admiro la "cara dura" de Purificación Carpinteyro.

Después de un desempeño breve y lamentable como subsecretaria de Comunicaciones, donde benefició cínicamente a Telmex obstruyendo la recomposición de las Áreas de Servicio Local (ASL) de telefonía en el país, y después de mostrar sin rubor los extremos a los que puede llegar la deslealtad en el servicio público, se ha convertido en articulista quincenal del periódico "Reforma", espacio desde el cual insiste en promover el "gran pacto" que el Estado mexicano debe hacer con el consorcio del ingeniero Carlos Slim, para que éste gentilmente acepte aumentar sus inversiones en telecomunicaciones en México.

Se necesita, de veras, mucha "cara dura"...

El pacto que propone Carpinteyro (o, mejor dicho, los intereses que en realidad representa) es sencillo: Darle de forma unilateral a Telmex, y sin exigir a cambio ninguna contraprestación legal y transparente, la opción de usar sus redes de telefonía para entrar al negocio de la televisión (algo que, omite decirlo Carpinteyro, prohibe expresamente su título de concesión); a cambio, se ofrece la buena voluntad del consorcio del ingeniero para "cumplir sus obligaciones" y dejar de recurrir (o recurrir menos) a las cuatro D que, Carpinteyro dixit, aplican los operadores dominantes en telecomunicaciones en todo el mundo: Denegar, demorar, degradar y depredar.

Todo esto lo ha escrito la ex funcionaria recurriendo al circunloquio, es decir: dando un largo rodeo palabrero para dar a entender algo que podía decirse breve y directamente.

La solicitud o exigencia que hace Carpinteyro (ya podemos imaginar de parte de quién) llega en los párrafos finales de su circunloquio:

"Asumamos (sic) que en un Estado ideal, Telmex estuviera dispuesto a cumplir con sus obligaciones y que a cambio obtuviera el derecho de utilizar su red para transmitir televisión. Para ello, tendría que invertir en su red para ofrecer los nuevos servicios. Por su parte, los competidores, es decir, los cableros y los operadores de telecomunicaciones, también tendrían que destinar recursos para no ser erradicados del mercado. Éste sería un círculo virtuoso que el gobierno podría generar, si estuviera dispuesto a asumir el costo de modificar el statu quo."


La abogada Carpinteyro considera, pues, que una empresa (Telmex, en este caso) puede ponerle sus condiciones al Estado a cambio de más o menos cumplir con la ley. A la señora no le molesta, ni le indigna, ni le inquieta, que el cumplimiento de la ley se negocie, tal vez porque no estamos hablando de cualquier particular sino de uno que aplica consistentemente las execrables cuatro D que la mensajera del hombre más adinerado de México describe como si se tratase de un bonito manual de operaciones:

"Denegar": ante cualquier requerimiento de un competidor para conectarse con su red, la negativa del dominante es tajante. La segunda es "Demorar": ante las presiones del regulador, el dominante accede a la conexión pero la retrasa indefinidamente. La tercera es "Degradar", es decir, afectar la calidad del servicio, cuando ante una renovada intervención del Estado, el dominante se ve forzado a conectar de inmediato. Y la cuarta, que es "Depredar", la aplica cuando ya no queda más recurso y el dominante opta por tirar los precios al público, sin reducir los ofrecidos a sus competidores."


Quienes no gustan de los circunloquios usan una palabra muy fea para este género de propuestas: Chantaje.

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miércoles, 24 de junio de 2009

¿También en transporte ferroviario, ingeniero?

Algo es algo. La Comisión Federal de Competencia (CFC) acaba de anunciar que impondrá las multas máximas que contempla la ley a empresas de transporte ferroviario en México - así como a las empresas tenedoras directas o indirectas de las acciones de control de las firmas ferroviarias- por incurrir en prácticas monopolísticas absolutas. Específicamente, porque las empresas sancionadas intercambian información y así establecen precios únicos en el mercado en detrimento de los consumidores.

En otras palabras: Ferromex y Ferrosur actúan como si fuesen una sola empresa, a pesar de que la propia CFC prohibió expresamente su fusión por considerar que tal fusión generaría una concentración de mercado contraria a la libre competencia.

Llama la atención que entre las empresas multadas destaquen Grupo Carso, S.A.B. de C.V. y Sinca Inbursa, S. A. de C.V., junto con Grupo México S.A.B. de C. V. como tenedoras de las acciones de control.

Las multas totalizan poco más de 419 millones de pesos. Algo es algo.

Así que también en el transporte ferroviario se aplica el "modus operandi" monopolístico al que nos tiene tan acostumbrados el hombre más rico de México.

El boletín de la CFC puede leerse en este vínculo.

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martes, 5 de agosto de 2008

"Caer en lo blandito" (II)

Segundo caso: De cómo la interminable batalla, de mínimos avances, para lograr una verdadera competencia en telecomunicaciones se ha vuelto una escenificación que se antoja simulada.

Se supone que el dictamen preliminar de la Comisión Federal de Competencia (CFC) indicando que Telmex ejerce un poder dominante – eufemismo de "pone obstáculos deliberados a la competencia" – en varios de los mercados de telecomunicaciones tiene a esa empresa profundamente disgustada. ¿Será?

Si uno tiene la paciencia de leer la versión pública del dictamen de la CFC – en el que las cifras y los datos más importantes están censurados aduciendo la confidencialidad, "fracción II del artículo 31 bis de la Ley Federal de Competencia Económica" – encuentra que está lejos de ser una respuesta contundente en contra de prácticas que impiden la competencia; es probable que los señores de Telmex tengan razón cuando acusan a la CFC de emitir un dictamen al que le falta rigor; lo que no aclaran es que esa blandura favorece a Telmex ya que, en el futuro, obstaculizará una efectiva tarea de los reguladores para impedir prácticas anticompetitivas de esa empresa.

Ejemplo: En la generación (origen) de llamadas en redes fijas la CFC considera que Telmex tiene "poder sustancial" de mercado únicamente en las "áreas de servicio local abiertas a la presuscripción", al ser las únicas donde se presta el servicio tal y como fue (mal) definido en el dictamen preliminar. Esto se traduce en el absurdo de que la CFC considera que Telmex NO tiene "poder sustancial" en aquellas áreas de servicio local no abiertas a la presuscripción, esto es: en aquellas áreas en las que Telmex ¡es monopolio!

Cuando en el futuro algún competidor encuentre barreras de Telmex para entrar a dichas áreas, Telmex podrá esgrimir con razón que la CFC ya dictaminó que ahí la empresa no ejerce "poder sustancial" para obstruir la competencia ¡porque es monopolio!

¿Para alguien resultó novedoso que el dictamen de la CFC constatase la dominancia de Telmex, cuando ésta salta a la vista? Para nadie. Lo sorprendente es que a los consumidores nos sigan vendiendo una escenificación de "yo hago como que te sanciono, tú haces como te inconformas con mi resolución y ahí vamos llevándola; el asunto es que caigamos en lo blandito". México es diferente, ¡oh, sí!

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jueves, 16 de agosto de 2007

Misterios de la (in)competencia en México

¿Qué tanta chamba le ahorra a la Comisión Federal de Competencia el artículo 28 de la Constitución? Un montón.

La Comisión Federal de Competencia (CFC) surgió en 1993 para “Proteger el proceso de competencia y libre concurrencia mediante la prevención y eliminación de prácticas monopólicas (sic, debería decir: monopolísticas) y demás restricciones al funcionamiento eficiente de los mercados, para contribuir al bienestar de la sociedad”.

En principio es mejor tener una comisión así, que no tenerla. El problema es tener una comisión que parte de unas restricciones constitucionales a la libre competencia – artículo 28- gigantescas. Si a esas restricciones constitucionales le sumamos las meta-constitucionales, que van desde las que impone la corrección política al uso hasta las que se derivan de los criterios personales de los comisionados – en términos de conveniencia de actuar o no en determinados casos-, pasando por un sistema judicial en el que el amparo es el instrumento más socorrido por las empresas en materia tributaria y de competencia, nos queda una CFC con un impacto muy disminuido en el bienestar de los consumidores.

Me parece muy bien que la CFC se preocupe y se ocupe de que ninguna empresa productora de refrescos le imponga restricciones a un estanquillo de abarrotes, pero me da una profunda tristeza que la CFC no tenga nada que decir acerca del monopolio de PEMEX o respecto de la nula competencia en el mercado de la energía eléctrica o en varias otras actividades “estratégicas y prioritarias” (para emplear la fórmula política venerable) para el bienestar de los consumidores.

La situación es más deprimente si uno lee el artículo 28 de la Constitución – ¿por qué forma parte del capítulo de las “garantías individuales”, cuando es más restrictivo de las libertades de los ciudadanos que garante de ellas? - y encuentra que, tras prohibir tajantemente los monopolios y prometer castigar “severamente” las prácticas que impidan la competencia (los dos primeros párrafos), enumera en los siguientes ¡diez párrafos! toda suerte de restricciones a la libre competencia: Desde los monopolios que sí se valen (la estratagema jurídica es decir que no se considerarán monopolios) hasta establecer una anchísima avenida para la intervención discrecional del Estado en los precios y en los mercados.

Toda prevención es poca: No vaya a ser que un día de estos nos vayamos a volver un país competitivo, ¡qué horror!

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miércoles, 8 de agosto de 2007

Electricidad: ¿Están locos en Europa?

Tres modelos: Libre competencia, monopolios privados regulados políticamente por el gobierno o monopolio gubernamental secuestrado por un sindicato. Berlín, Buenos Aires, ciudad de México.

En la Unión Europea la autoridad comunitaria presiona para que los precios – ojo: precios, no tarifas- que ofrecen las empresas a los usuarios de electricidad reflejen una auténtica competencia. Hay una guerra de precios y los consumidores con gran facilidad se cambian de proveedor según les convenga.

En Argentina el gobierno regula severamente las tarifas – no son precios- que cobran las empresas privadas a los consumidores, quienes sólo pueden “disfrutar” los servicios del monopolio privado que les tocó en suerte. Subsiste el mito de que la industria eléctrica es un “monopolio natural” y que la competencia es antieconómica. Dado que el gobierno no ha permitido la actualización de las tarifas (inflación reprimida por decreto), las empresas carecen de incentivos para mejorar el servicio. Algunas empresas “ya no quieren queso, sino salir de la ratonera”.

En México el consumidor padece, según donde viva, a un monopolio gubernamental malo y deficiente o a un monopolio gubernamental – de hecho secuestrado por un sindicato- pésimo. El segundo, Luz y Fuerza del Centro, es tan nefasto que hace lucir al primero, Comisión Federal de Electricidad, como si fuese un dechado de eficiencia y productividad; que no lo es. Las tarifas, jamás precios, son fijadas por el gobierno, son más altas que en otros países y aún así se requieren cuantiosos subsidios para mantenerlas a raya. El servicio es proverbialmente malo y si el consumidor corre con suerte recibirá un amplio catálogo de pretextos para justificar las frecuentes fallas: “Nos tienen asfixiados con el presupuesto” (pretexto sindical), “hemos mejorado mucho en la atención de quejas” (pretexto de la empresa).

Por eso es tan absurdo el espantajo de la privatización de la industria eléctrica que esgrime el Sindicato Mexicano de Electricistas para sus grillas estridentes, un día sí y otro también. Para empezar, ni quien quiera comprar ese monstruo cargado de pasivos laborales; monumento a la improductividad.

Mejor que las cosas se queden como están. Así le ahorramos chamba a la Comisión Federal de Competencia…

Y que ningún berlinés le venga a presumir que allá sí hay competencia. Usted sabe, esos europeos están locos; ya no saben qué inventar.

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