domingo, 8 de noviembre de 2009

La Comisión de Competencia "descubre América"

Copio textual el comunicado de la Comisión Federal de Competencia Económica acerca de su resolución final sobre dominancia en terminación de llamadas en redes de telefonía fija:

Viernes 06 de noviembre de 2009.- Hoy se publica la resolución final del Pleno de la Comisión Federal de Competencia (CFC) sobre la investigación de dominancia en el servicio de terminación de llamadas en redes fijas de telefonía. (1)
En esta resolución, se confirma que Telmex y su filial Telnor tienen poder sustancial en la terminación de llamadas en sus redes. Para el resto de los concesionarios (2) de redes públicas, el Pleno de la CFC resolvió que no existe información suficiente para determinar que son dominantes en sus respectivas redes.
Con base en la resolución final de la CFC, la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel) podrá imponer obligaciones específicas en términos de precio, calidad u obligaciones de información a las empresas que resultaron dominantes.
No habrá lugar a sanciones para agente económico alguno, dado que se trata de una declaratoria sobre las condiciones de competencia en un mercado determinado con miras a una posible regulación, sin que se prejuzgue sobre la realización de prácticas monopólicas.

¡Qué hallazgo!

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martes, 20 de octubre de 2009

Primer mandamiento: No competirás

La anécdota la habría contado el director general de "Marcatel", Gustavo de la Garza, la reproduce la columna "Capitanes" del periódico "Reforma" - requiere suscripción- y dice así:
En diciembre de 1995 el Secretario de Comunicaciones y Transportes, Carlos Ruiz Sacristán, le preguntó al dueño de Telmex, Carlos Slim, si su empresa estaba preparada, ya, finalmente, para competir. La respuesta fue contundente:
- Sí, ya me reforcé en el área jurídica.

En México no hay competencia (o hay competencia simulada) en:
- Petróleo
- Combustibles: gasolina y diesel
- Energía eléctrica
- Telefonía local y telecomunicaciones en general
- Televisión
- Autotransporte de carga
...y muchas actividades más.

¿Cuántas leyes, reglamentos, organismos públicos, comisiones, mitos ideológicos y arreglos tenemos para promover la no-competencia, la incompetencia?
¿Cuántas rentas han extraído negociantes, líderes sindicales, políticos, funcionarios públicos de la incompetencia?

Escribe hoy Federico Reyes Heroles, respecto del asunto de Luz y Fuerza del Centro y del rechazo de cierta izquierda cerril a la extinción de la empresa:
"Otra cortina de humo es lanzar a los "neoliberales" en contra de la empresa pública. Por lo visto no han leído el Artículo 27 constitucional, nadie está hablando (por desgracia) de abrir el sector."

Todo se resume en ese tímido paréntesis: "(por desgracia)". Sí, Federico, nadie - casi nadie, para ser justos- habla de "abrir" el sector...Ni lo mande Dios, ni lo permitan las esfinges sagradas.

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jueves, 16 de julio de 2009

Circunloquios de la mensajera de Telmex

Admiro la "cara dura" de Purificación Carpinteyro.

Después de un desempeño breve y lamentable como subsecretaria de Comunicaciones, donde benefició cínicamente a Telmex obstruyendo la recomposición de las Áreas de Servicio Local (ASL) de telefonía en el país, y después de mostrar sin rubor los extremos a los que puede llegar la deslealtad en el servicio público, se ha convertido en articulista quincenal del periódico "Reforma", espacio desde el cual insiste en promover el "gran pacto" que el Estado mexicano debe hacer con el consorcio del ingeniero Carlos Slim, para que éste gentilmente acepte aumentar sus inversiones en telecomunicaciones en México.

Se necesita, de veras, mucha "cara dura"...

El pacto que propone Carpinteyro (o, mejor dicho, los intereses que en realidad representa) es sencillo: Darle de forma unilateral a Telmex, y sin exigir a cambio ninguna contraprestación legal y transparente, la opción de usar sus redes de telefonía para entrar al negocio de la televisión (algo que, omite decirlo Carpinteyro, prohibe expresamente su título de concesión); a cambio, se ofrece la buena voluntad del consorcio del ingeniero para "cumplir sus obligaciones" y dejar de recurrir (o recurrir menos) a las cuatro D que, Carpinteyro dixit, aplican los operadores dominantes en telecomunicaciones en todo el mundo: Denegar, demorar, degradar y depredar.

Todo esto lo ha escrito la ex funcionaria recurriendo al circunloquio, es decir: dando un largo rodeo palabrero para dar a entender algo que podía decirse breve y directamente.

La solicitud o exigencia que hace Carpinteyro (ya podemos imaginar de parte de quién) llega en los párrafos finales de su circunloquio:

"Asumamos (sic) que en un Estado ideal, Telmex estuviera dispuesto a cumplir con sus obligaciones y que a cambio obtuviera el derecho de utilizar su red para transmitir televisión. Para ello, tendría que invertir en su red para ofrecer los nuevos servicios. Por su parte, los competidores, es decir, los cableros y los operadores de telecomunicaciones, también tendrían que destinar recursos para no ser erradicados del mercado. Éste sería un círculo virtuoso que el gobierno podría generar, si estuviera dispuesto a asumir el costo de modificar el statu quo."


La abogada Carpinteyro considera, pues, que una empresa (Telmex, en este caso) puede ponerle sus condiciones al Estado a cambio de más o menos cumplir con la ley. A la señora no le molesta, ni le indigna, ni le inquieta, que el cumplimiento de la ley se negocie, tal vez porque no estamos hablando de cualquier particular sino de uno que aplica consistentemente las execrables cuatro D que la mensajera del hombre más adinerado de México describe como si se tratase de un bonito manual de operaciones:

"Denegar": ante cualquier requerimiento de un competidor para conectarse con su red, la negativa del dominante es tajante. La segunda es "Demorar": ante las presiones del regulador, el dominante accede a la conexión pero la retrasa indefinidamente. La tercera es "Degradar", es decir, afectar la calidad del servicio, cuando ante una renovada intervención del Estado, el dominante se ve forzado a conectar de inmediato. Y la cuarta, que es "Depredar", la aplica cuando ya no queda más recurso y el dominante opta por tirar los precios al público, sin reducir los ofrecidos a sus competidores."


Quienes no gustan de los circunloquios usan una palabra muy fea para este género de propuestas: Chantaje.

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lunes, 6 de julio de 2009

Ahora, a trabajar

Bueno, terminó el trance electoral. Los resultados, como dejó entrever el Presidente desde anoche, hacen más necesario que nunca negociar inteligentemente con el ganador de la contienda - en términos de diputaciones federales- que es el PRI, la ronda de reformas estructurales que le urgen al país.
No sólo se trata de la reforma fiscal, sino de reformas tal vez más decisivas para el futuro del país, en términos de productividad (que es la clave para crecer a tasas más altas una vez superada la recesión global), que se deben hacer ya:
* Flexibilizar la legislación laboral
* Garantizar, ya, una mayor competencia en telecomunicaciones
* Fomentar una mayor competencia en transportes (incluido el transporte aéreo)
* Abrir a la inversión, y a la competencia en beneficio de los consumidores, el sector energético, especialmente: energía eléctrica.
* Fortalecer de veras a la Comisión Federal de Competencia para que combata con mayor eficacia las prácticas monopolísticas.
* Abrir a la inversión extranjera sectores que, absurdamente, se encuentran protegidos en perjuicio de los consumidores, como el de telefonía local, el de medios de comunicación electrónica, el transporte aéreo local ("cielos abiertos"), y varios más.
* Emprender una reducción inmediata y significativa de los aranceles a las importaciones y abolir otras barreras no arancelarias al comercio.
* Encabezar en el mundo la cruzada a favor del libre comercio (revivir la ronda de Doha) y en contra del proteccionismo.
¿Usted qué opina?

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jueves, 26 de febrero de 2009

Pruebas de estrés, allá y acá

La novedad serán las “pruebas de estrés” a las que someterán a los grandes bancos en Estados Unidos. Algo así como las pruebas de esfuerzo que se hacen, generalmente a los adultos, para verificar su condición cardiovascular. Llegará un enviado del secretario del Tesoro, armado con un ábaco – por aquello de las lecciones que dejó el estancamiento de la economía japonesa - y someterá a los balances de cada banco a duros ejercicios de simulación: “¿cuánto capital fresco necesitará el banco si un incremento en el desempleo nacional de tres puntos porcentuales se traduce en un aumento de dos puntos porcentuales en la cartera vencida?”.

En realidad le están inventando una fascinante tarea a los econometristas, quienes harán bonitos modelos matemáticos relacionando un montón de variables tales como: desempleo, precios de los “commodities”, ejecuciones de hipotecas, índice de confianza de los consumidores, construcción de nuevas viviendas, precios de los bienes raíces, índices bursátiles, futuros de las divisas, precios y tasas de los bonos del Tesoro, valuación a precios de mercado de los fondos de cobertura y 27 variables más. Se pone todo en una licuadora, se persigna el investigador, se enciende la licuadora econométrica (“aprietas F9”) y se llega a una cifra…Con el resultado se decidirá lo que ya es previsible: Demasiado grande para dejarlo quebrar, aunque el meollo del asunto debería ser: Demasiado grande para dejarlo existir. ¿Por qué no empezamos a fragmentar y desconectar los riesgos? (Es una idea como cualquier otra y, al parecer, se vale cualquier ocurrencia en esta crisis).

Ya más en serio (lo que no significa que lo anterior haya sido del todo una broma), eso de las pruebas de estrés funcionaría también para que en el Senado, en México, antes de nombrar a los miembros de un organismo técnico y regulador, sometan a los candidatos a pruebas de estrés para ver cómo reaccionarán ante determinados eventos.

Por ejemplo, al aspirante a ocupar la presidencia de la Cofetel le podrían preguntar: “¿Qué haría usted si recibe una grabación, clandestina e ilegal, de las conversaciones telefónicas del funcionario que es la cabeza del sector de las comunicaciones en el gobierno federal?” Si el aspirante contesta: “Le entrego las grabaciones a una de sus subordinadas para que se lo grille”, entonces debe ser designado por aclamación: “Bienvenido, arquitecto, con usted las telecomunicaciones de este país no podían estar en mejores manos”.

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domingo, 30 de noviembre de 2008

El mito del "triple play"

Aunque desde el punto de vista del usuario bien informado basta tener un buen servicio de banda ancha para tener telefonía y televisión, las empresas, las autoridades y hasta los reguladores prefieren que sigamos creyendo en el mito del "triple play".

Es un hecho que la Internet sepultó a la telefonía. Centenares de miles de personas en el mundo no solamente hablamos en tiempo real con personas que están en cualquier punto del globo terráqueo, sino que frecuentemente las vemos y somos vistos por ellas mientras conversamos a través la Internet y auxiliándonos sólo con una computadora portátil u otro dispositivo conectado a la red.
También centenares de miles de personas ven sus programas y series favoritas de televisión, en el día y el horario que desean, a través de la red. Tienen ahí, en la red, la más amplia oferta de contenidos disponible en el mundo.
En este sentido el llamado "triple play", que tantas aguerridas y complicadas discusiones y polémicas causa, es un mito. Un mito tan conveniente para algunos negocios como fue y sigue siendo el mito de las fronteras, que permiten establecer restricciones para el acceso y salida de mercancías y de personas de un país y, en esa misma medida, generan rentas. Por eso las fronteras provocan rencillas interminables, trampas, demagogia…y hasta guerras.
Dentro de unos años, conforme avance inexorablemente la penetración y la comprensión de lo que significa la Internet, las agrias discusiones y las sucias maniobras de algunas empresas que se resisten a perder sus rentas monopolísticas o casi-monopolísticas a todos parecerán ridículas.
Ejemplo: "V" es un ingeniero coreano que cursa su doctorado en una universidad de Estados Unidos. Le basta su computadora portátil y un servicio de banda ancha para ver televisión producida en cualquier lugar del mundo, escuchar conciertos en vivo, hablar con su familia o con sus colegas que se encuentran a su vez en cualquier lugar del mundo, ver vídeos, transmitir vídeos, difundir pequeños programas de radio, consultar acervos bibliográficos, leer libros, escribir libros y venderlos, sostener conferencias con colegas que estudian en Asia o en Europa o en África…
El negocio del siglo XXI es la generación de contenidos, pero hay quienes se aferran con todo – incluidas las malas artes- al negocio de ponerle puertas al campo. Incomunicar, tal es el negocio que defienden.

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miércoles, 12 de noviembre de 2008

“Por razones que guardo en mi real pecho”

¿Por qué las razones detrás de la decisión de cancelar o al menos postergar indefinidamente la consolidación de 70 áreas de telefonía local no deben ventilarse en la prensa?, ¿se considera que no somos capaces de entenderlas?

El 25 de junio de 1767 por órdenes del rey Carlos III los jesuitas fueron expulsados de España y de sus colonias al tiempo que fueron despojados de sus bienes. ¿Por qué? Según se lee en el decreto secreto de la Orden de Extrañamiento General dictada por el monarca, éste tomó la drástica decisión “por razones que guardo en mi real pecho”.

Los súbditos, por supuesto, deberían “creer” que el monarca, en su infinita sabiduría, había tomado tal decisión sorpresiva y sorprendente con fundamentadas razones que, empero, esos mismos súbditos no deberían conocer.

El lunes pasado apareció en varios diarios de México un desplegado de la Cámara Nacional de la Industria de Telecomunicaciones por Cable (Canitec) acusando a la Subsecretaría de Comunicaciones, cuya flamante titular es Purificación Carpinteyro Calderón, de haber actuado “con negligencia e irresponsabilidad” al haber dejado transcurrir inexplicablemente el término de ley para responder a unos recursos de revisión interpuestos por Telmex y Telcel en contra de la consolidación de 70 nuevas áreas de telefonía local. Al omitirse la respuesta a los recursos se aplicó el principio de “afirmativa ficta” y dicha consolidación, prevista para entrar en vigor el primer día de noviembre, no se realizó.

No me voy a meter a discutir si esa actitud de la subsecretaria – una decisión, porque omitir significa, también, decidir- tiene o no fundamentos. Es más, se me niega el derecho a saberlo porque ese mismo día, la funcionaria, entrevistada por El Economista, simplemente aseguró que la decisión “tiene fundamento”, pero que “esto es algo que no debemos pelearlo en la prensa”.

Insistió en que “las resoluciones siempre tienen fundamentos” pero no hizo explícitos cuáles son (las razones) en este caso concreto. ¿Por qué? Porque, apunta la nota publicada ayer en la página 30 de este diario, el tema de la consolidación de Áreas de Servicio Local (ASL) en telefonía no es un tema que, a juicio de la funcionaria, deba dirimirse en los medios de comunicación.

¿Es injusto trazar algún paralelismo entre esta postura y la de Carlos III respecto de la expulsión de los jesuitas?

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martes, 5 de agosto de 2008

"Caer en lo blandito" (II)

Segundo caso: De cómo la interminable batalla, de mínimos avances, para lograr una verdadera competencia en telecomunicaciones se ha vuelto una escenificación que se antoja simulada.

Se supone que el dictamen preliminar de la Comisión Federal de Competencia (CFC) indicando que Telmex ejerce un poder dominante – eufemismo de "pone obstáculos deliberados a la competencia" – en varios de los mercados de telecomunicaciones tiene a esa empresa profundamente disgustada. ¿Será?

Si uno tiene la paciencia de leer la versión pública del dictamen de la CFC – en el que las cifras y los datos más importantes están censurados aduciendo la confidencialidad, "fracción II del artículo 31 bis de la Ley Federal de Competencia Económica" – encuentra que está lejos de ser una respuesta contundente en contra de prácticas que impiden la competencia; es probable que los señores de Telmex tengan razón cuando acusan a la CFC de emitir un dictamen al que le falta rigor; lo que no aclaran es que esa blandura favorece a Telmex ya que, en el futuro, obstaculizará una efectiva tarea de los reguladores para impedir prácticas anticompetitivas de esa empresa.

Ejemplo: En la generación (origen) de llamadas en redes fijas la CFC considera que Telmex tiene "poder sustancial" de mercado únicamente en las "áreas de servicio local abiertas a la presuscripción", al ser las únicas donde se presta el servicio tal y como fue (mal) definido en el dictamen preliminar. Esto se traduce en el absurdo de que la CFC considera que Telmex NO tiene "poder sustancial" en aquellas áreas de servicio local no abiertas a la presuscripción, esto es: en aquellas áreas en las que Telmex ¡es monopolio!

Cuando en el futuro algún competidor encuentre barreras de Telmex para entrar a dichas áreas, Telmex podrá esgrimir con razón que la CFC ya dictaminó que ahí la empresa no ejerce "poder sustancial" para obstruir la competencia ¡porque es monopolio!

¿Para alguien resultó novedoso que el dictamen de la CFC constatase la dominancia de Telmex, cuando ésta salta a la vista? Para nadie. Lo sorprendente es que a los consumidores nos sigan vendiendo una escenificación de "yo hago como que te sanciono, tú haces como te inconformas con mi resolución y ahí vamos llevándola; el asunto es que caigamos en lo blandito". México es diferente, ¡oh, sí!

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jueves, 31 de enero de 2008

Son los precios, ¡estúpido!

Una burbuja especulativa estalla o se desinfla cuando los precios de los activos sobrevaluados caen abruptamente para ajustarse a las condiciones reales del mercado. Mala noticia: Los precios promedio de la vivienda en los Estados Unidos no están cayendo significativamente. El descenso de la tasa de interés está alentando, en lugar de corregir, una mala asignación de recursos.


Muchas personas que pontifican sobre la burbuja que supuestamente estalló a mediados del año pasado en el sector de las hipotecas para vivienda en Estados Unidos, no podrían explicarnos qué entienden por burbuja especulativa.

Constantemente aparecen en los mercados burbujas especulativas. Se trata de bienes (que suelen tener su contraparte en activos financieros) que se han sobrevaluado por una errónea asignación de recursos. Dado que los mercados reflejan, a través de los precios, el resultado final de millones de decisiones de compradores y vendedores, las decisiones equivocadas – y está en la naturaleza de los seres humanos equivocarse- al valorar un activo (por ejemplo, una vivienda promedio en un área urbana como San Diego) producen “precios equivocados” que el propio mercado, al surgir los primeros síntomas de la valoración errónea (incumplimiento de los pagos) corrige modificando los precios, específicamente disminuyéndolos si se trata de activos sobrevalorados. En el mercado no sólo se gana por decisiones acertadas, también se pierde a causa de decisiones erróneas.

Una típica burbuja estalló a principios de este siglo en los activos relacionados con las telecomunicaciones. El lector recordará la quiebra de Worldcom, entre otras empresas, que marcó el espectacular estallido de esa burbuja. Tras la quiebra los activos salieron a remate. Hoy los consumidores estadounidenses disfrutan de precios mucho más bajos en telefonía celular, por ejemplo, gracias a que estalló esa burbuja. Quienes comparon a precios de remate los activos emproblemados pueden ofrecer los servicios de telecomunicaciones a precios mucho más bajos que antes, ya que para ellos el precio de los activos – digamos, la red de fibra óptica- fue mucho menor. Perdieron quienes tomaron decisiones equivocadas, imprudentes o fraudulentas. Ganaron, al final, los consumidores y la productividad de la economía.

Hoy eso no está sucediendo. Las autoridades monetarias de los Estados Unidos están impidiendo que los mercados corrijan, en los precios, las decisiones equivocadas. Lo cual promoverá más errores en la asignación de los recursos.

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domingo, 21 de octubre de 2007

¿Creen que somos idiotas?

“El sepulturero no iba al dentista porque el dentista no le había comprado nada (aún) al sepulturero”: Ramón Mier, ridiculizando el “argumento” idiota de Telmex sobre la reciprocidad en inversión extranjera.

Uno de los hábitos más irritantes que tienen los monopolios, gubernamentales o privados, es tratar a los consumidores no sólo como rehenes, sino como retrasados mentales.
Hoy día en México sólo pueden ofrecer el servicio de telefonía fija empresas con capital mayoritariamente mexicano, lo cual significa que ése sigue siendo un territorio de caza prácticamente exclusivo de un gran predador. Hubo quien, con toda sensatez, propuso en el Congreso que se levantara esa restricción absurda que perjudica a los consumidores, inhibe le competencia y obstaculiza la productividad del país. De inmediato, la poderosa maquinaria de propaganda y cabildeo de Telmex se puso en marcha para evitar dicha apertura echando mano – a falta de otra cosa- de un “argumento” para retrasados mentales: La falta de reciprocidad en algunos países que tampoco permitirían – dicen- la inversión extranjera mayoritaria en telefonía fija.
El viernes pasado Telmex decidió dejar de utilizar tan sólo voceros indirectos – políticos, presuntos periodistas con información privilegiada, notas a modo en alguna televisora- y nada menos que el director de Alianzas Estratégicas, Comunicación y Relaciones Institucionales de la empresa, Arturo Elías Ayub, salió a repetir el mismo argumento para oligofrénicos: que están de acuerdo con la apertura siempre y cuando exista una cláusula de reciprocidad porque “no hemos podido entrar a Italia, no nos dejan entrar a España”. Y se quedó tan campante, confiando en que los consumidores mexicanos somos tan tontos que vamos a aceptar gozosos que nos digan: “Mira, como los italianos o los españoles no pueden contratar telefonía fija de Telmex, tú consumidor mexicano tampoco debes tener derecho a elegir a otros proveedores”.
En su bitácora en la red Alejandro Hope desmenuza la idiotez del argumento de Telmex y, en un agudo comentario, el empresario Ramón Mier relata la parodia del sepulturero que no iba al dentista por “falta de reciprocidad”.
¿Qué se supone que tenemos que hacer, entonces, los consumidores mexicanos? Fastidiarnos y proponer un pequeño cambio al escudo nacional: El águila ya no devorará a la serpiente sino que hablará por teléfono y ostentará en el pecho, orgullosa, el logotipo de Telmex.
¿Además de esquilmados, idiotizados?

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jueves, 4 de octubre de 2007

¿Los consumidores debemos esperar?

¿A quién se castiga exigiendo "reciprocidad" en la apertura a las inversiones extranjeras como requisito para aceptar la libre competencia en México?, ¿a otros países? ¡No!, a los consumidores mexicanos.

La inversión extranjera directa (IED) contribuye significativamente a mejorar la distribución del ingreso. Esto se ha demostrado con acuciosidad y precisión en una muy pertinente investigación de Nathan M. Jensen y Guillermo Rosas (ver Foreign Direct Investment and Income Inequality in Mexico, 1990-2000, publicada en International Organization, Summer 2007, pp.467-87), (a los interesados puedo enviarles una copia de la investigación a su correo electrónico).

Aun sin necesidad de realizar una investigación científica exhaustiva como ésa, es claro que una mayor IED permite una mayor competencia en los mercados y, en esa misma medida, genera beneficios a los consumidores, ya sea disminuyendo los precios, incrementando las opciones disponibles y/o mejorando la calidad de los productos y servicios.

Aun para la arcaica mentalidad proteccionista y tontamente nacionalista que ha caracterizado a las leyes y regulaciones mexicanas en la materia, empieza a ganar terreno la opinión de que es importante – y hasta urgente para incrementar la competitividad y la productividad en beneficio de los consumidores- garantizar y fomentar condiciones de plena y libre competencia en todos los mercados.

Por desgracia esta incipiente "apertura mental" de muchos de nuestros legisladores, empresarios y funcionarios públicos es más retórica que efectiva. Una cosa es predicar la libre competencia en abstracto y otra, muy distinta, garantizarla efectivamente en actividades clave para la productividad del país, por ejemplo en las telecomunicaciones.

Ante la mera posibilidad de que se modifique la ley de IED en México en un sentido liberal, y específicamente en materia de telecomunicaciones, de inmediato los poderosos intereses monopolísticos han emprendido una campaña proclamando que la apertura es buena, siempre y cuando en el país de origen de la inversión extranjera exista "reciprocidad", es decir existan iguales condiciones de apertura. Restricción cuyo único efecto es fastidiar, ¡otra vez!, a los consumidores mexicanos.

Es una tomada de pelo patriotera – el patriotismo como el último refugio de un canalla, como decía Samuel Johnson- que demuestra que los consumidores seguimos estando al final de la fila en los intereses de políticos metidos a gestores de los intereses de poderosos cazadores de rentas monopolísticas.

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sábado, 9 de junio de 2007

¿A favor de la competencia o del dirigismo estatal?

No ha visto la luz la sentencia final de la Suprema Corte acerca de la llamada “Ley de medios”. Deberá de ser una clara definición a favor de la libre competencia; no, como conjeturan algunos nostálgicos del estatismo, una “reivindicación” de la intervención del Estado en la vida económica.

Es ilusorio esperar de un cuerpo colegiado – como es la Suprema Corte- que en el transcurso de sus deliberaciones muestre claridad, precisión y propósitos unívocos. Una cosa son las deliberaciones, el intercambio de argumentos y alegatos, y otra – muy distinta- la sentencia final en la que debe prevalecer un criterio unívoco y una interpretación esclarecedora de la norma constitucional.

En la controversia constitucional por la llamada “ley de medios” muchos comentaristas se han adelantado a los hechos y han dado por zanjado el asunto sin esperar a la redacción de la sentencia definitiva. Para la mayoría de quienes conforman la “comentocracia” la sentencia ha sido: “Perdieron las televisoras”. No les falta razón si lo que quieren decir, con ello, es que la Corte ha revertido la ignominiosa aprobación de una ley diseñada al gusto de dos corporaciones que, bajo el pretexto de ajustar la ley a los avances tecnológicos, intentaron mantener un estado de cosas en el que dicha modernización se daría sólo al gusto y al ritmo que impusieran los intereses de esas corporaciones. No en beneficio de una mayor competencia, y por ende no en beneficio de los consumidores, sino como garantía de rentas de oligopolio.

Pero se equivocan dichos comentaristas cuando dan por terminado el asunto e interpretan que la Corte ha “reivindicado” el dominio o rectoría del Estado sobre los medios de comunicación electrónica. ¡Dios – y la Corte- nos libren de tal desatino!

Lo más probable y deseable es que la sentencia final de la Corte se fundamente en el imperativo de que deben erradicarse las prácticas monopolísticas y garantizarse la libre competencia en los mercados, no en el anacrónico y opresivo argumento de que el Estado debe regir la actividad económica.

La distancia es abismal. En el primer caso, se tratará de una victoria de la democracia y de la libertad; en el segundo iríamos de lo malo – el corrupto capitalismo de compadres- a lo peor: el intervencionismo gubernamental en contra de la libertad de los ciudadanos.

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miércoles, 6 de junio de 2007

Ya no sirve enseñar los colmillos…

Dudo mucho que los interesados hayan tomado nota, pero un primer saldo provisional de las batallas en la Suprema Corte acerca del futuro de las telecomunicaciones en general y de la televisión en particular es que los gruñidos y la exhibición de atemorizantes colmillos distan de ser armas eficaces…Los más aptos en la evolución no fueron los torpes dinosaurios.

No entiendo, de veras, a los numerosos voceros de las dos y únicas cadenas de televisión abierta en México que escriben en los periódicos. Nuestros "pridurki" (como los bauticé aquí el primero de marzo), hace menos de un mes nos advertían que sería un terrible error si la Suprema Corte desechaba el recurso de las licitaciones públicas de las concesiones y volvía al primitivo expediente del otorgamiento discrecional de concesiones, hoy, cuando la Corte parece inclinarse por extender ese sano proceso de las licitaciones públicas a todos – incluidos los actuales concesionarios, cuando deseen renovar su concesión o cuando quieran incursionar en otras actividades de telecomunicaciones-, nos dicen que los ministros se equivocan garrafalmente o, incluso, que están violando la Constitución.

Esta mudanza súbita en los argumentos de los voceros oficiosos revela dos cosas: 1. Que parecen suponer que el público puede tragarse cualquier cosa (hoy A, mañana B, pasado mañana C), con tal de que se diga a gritos, se adjetive profusamente y se condimente con insinuaciones maliciosas acerca de tales o cuales personajes que incomodan a los patrones, y 2. Que quien haya diseñado la estrategia de “defensa” por parte de las televisoras es bastante incompetente, lo cual no debería extrañarnos ya que la falta de competencia en las empresas y en las instituciones – y en la vida- eso es lo que produce: Incompetentes.

El tema, desde luego, es complejo y valdría la pena – antes de aventurar juicios definitivos- estudiar con objetividad las resoluciones de la Corte, las posibilidades reales que otorgan los avances tecnológicos y los auténticos principios constitucionales.

Lo que ha quedado claro, hasta ahora, es que la exhibición de los colmillos y los rugidos para intimidar ya no son tan eficaces como en el pasado.

Lo más triste es que no aprenderán la lección. No pueden. No está en su naturaleza aprender o adaptarse. La historia de la evolución nos da muchos ejemplos de especies que se extinguieron por su incapacidad competitiva.

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jueves, 24 de mayo de 2007

Depredadores defendiendo su territorio

¿Por qué son tan burdos y previsibles en la defensa de sus intereses? Porque siguen la lógica instintiva del animal depredador; su negocio no es convencer a los consumidores sino amedrentar a todo aquél que ponga en riesgo su exclusividad.


Es de lógica elemental que una empresa que se desenvuelve en un entorno sin competencia o en un entorno de competencia simulada, por ejemplo: reparto pactado del mercado entre dos empresas con concesiones exclusivas, tenderá a mostrar elevados márgenes de utilidad de operación (el margen es el cociente que resulta de: ingresos menos costos y gastos asociados a las ventas dividido entre ingresos), en ocasiones hasta cuatro o cinco veces mayores que los que registran empresas en entornos competidos.

Invito a los lectores a realizar una sencilla comprobación: Comparen los márgenes de utilidad de operación de empresas cotizadas en la bolsa que se desempeñan en entornos de alta competencia – por ejemplo, tiendas de autoservicio- con los márgenes de operación de empresas que actúan en mercados con férreas barreras de entrada y escasa competencia – por ejemplo, las que explotan concesiones de televisión abierta. Al cierre de 2006: márgenes de seis a ocho por ciento en las primeras y márgenes de 36 a 40 por ciento en las segundas.

Tales márgenes de utilidad excesivos son los excedentes de los que se ha despojado a los consumidores. Esa es la lógica mercantil de las prácticas monopolísticas: Los precios se fijan sólo al arbitrio del oferente porque quienes demandan los bienes y servicios carecen de opciones.

Si sólo hay dos grandes corporaciones en un mercado con barreras de entrada para otros oferentes, estas corporaciones tenderán no a competir entre sí, sino a repartirse por cuotas el mercado y a hacer un frente común en la defensa de su territorio. A su vez, tenderán a ser incompetentes, es decir: Degradarán la calidad del bien o servicio ofertado.

Por eso son tan burdas sus prácticas para amedrentar y amenazar a quienes pueden poner en riesgo el privilegio del que disfrutan. Es mero instinto de animal depredador. No han desarrollado otro talento por la falta de competencia.

Hoy les están rugiendo y mostrando los colmillos a los jueces; ayer lo hicieron con los políticos anhelantes de espacios en las pantallas de la televisión; antes de ayer los amedrentados fueron quienes osaron manifestar su deseo de entrar a competir en el territorio. Mañana…

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martes, 22 de mayo de 2007

Telecomunicaciones: Una lección histórica

¿Por qué no le ponemos más trabas a la libertad y decretamos que se requiere una concesión para volar un papalote?

En enero de 1954 el inventor de la frecuencia modulada para radio se suicidó saltando desde su departamento en el décimo tercer piso de un edificio en Nueva York. Se llamó Edwin Howard Armstrong y unos días antes sus patentes para la frecuencia modulada – obtenidas en diciembre de 1933- habían vencido.

Armstrong sucumbió frente al poder de la RCA – Radio Corporation of America – y de su presidente David Sarnoff, así como frente a las consecuencias letales de que una agencia reguladora del gobierno, en este caso la FCC, fuese “capturada” por las mismas corporaciones a las que debería haber regulado para evitar prácticas monopolísticas.

Paradójicamente Armstrong descubrió las ventajas de la frecuencia modulada a instancias del propio Sarnoff, quien deseaba encontrar algún medio para evitar el ruido típico de la amplitud modulada. En lugar de ofrecerle a la RCA un “filtro” para mejorar la señal Armstrong fue más allá y descubrió que en la frecuencia modulada – con una calidad de sonido notablemente superior- podría estar el futuro de la radio.

A Sarnoff no le gustó nada el descubrimiento de la frecuencia modulada porque amenazaba la posición dominante de la RCA en el mercado de la radio y amenazaba también la posibilidad de que la RCA obtuviese las concesiones más atractivas del espectro para incursionar en el negocio de la televisión.

Como cuenta Lawrence Lessig, profesor de Derecho de la Universidad de Stanford en su libro “Cultura libre”, a partir de su descubrimiento Armstrong enfrentó la embestida despiadada de la RCA en contra de sus patentes, con la complacencia de la agencia gubernamental reguladora, la FCC. Un revés definitivo, que de hecho retrasó por décadas los beneficios de la frecuencia modulada, fue cuando la FCC decidió que el espectro de la radio de frecuencia modulada se moviera de la banda de 42 a 49 MHz a la banda de 88 a 108 MHz. ¿La razón? Permitir que a la naciente televisión – RCA- utilizara el rango de los 40 MHz.

Tras años de costosos litigios, que lo llevaron a la ruina, Armstrong recibió una irrisoria oferta de arreglo extrajudicial por parte de la RCA; esto fue días antes de que vencieran las patentes obtenidas en 1933. Fue el golpe final que destrozó al inventor.

En México, hoy en 2007, esta historia debería ser aleccionadora. ¿No cree usted?

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