miércoles, 7 de mayo de 2008

Alimentos caros gracias a los políticos populistas

La carestía mundial de los alimentos – que NO inflación- ha sido causada fundamentalmente por el proteccionismo agrícola, las regulaciones gubernamentales excesivas y los subsidios a las clientelas electorales.


No vivimos, como erróneamente se dice, una inflación en los precios de los alimentos. La inflación es un fenómeno cuyas causas – y remedios- siempre son monetarios. No es el caso. Vivimos una carestía que ejemplifica dramáticamente los daños que causa el proteccionismo comercial, el intervencionismo gubernamental en los mercados y la compra de clientelas electorales mediante subsidios a los productores agrícolas…o a quienes se ostentan como tales.

Cuando en agosto de 2006 se atascaron las conversaciones de la ronda de Doha, que entre otras cosas buscaban liberalizar la producción y el comercio de productos agropecuarios en el mundo, se aceleró la actual crisis de los alimentos.

Cuando los burócratas de las Naciones Unidas se inventaron el asunto del calentamiento global (tenía que ser "global" para justificar la intervención de la burocracia "global" premier) y junto con multitud de políticos vieron una veta política y de negocios en la promoción de los agro-combustibles, se aceleró la actual crisis de los alimentos.

Cuando en Japón, la Unión Europea, Estados Unidos, México, Corea, la India, los productores agrícolas – o, mejor dicho, los que se ostentan como tales a través de organizaciones incrustadas en los aparatos políticos- obtuvieron un peso e influencia desorbitados, a todas luces desproporcionados, en la elaboración de políticas públicas y de la legislación, se incubó la actual crisis de los alimentos.

Cuando los socialistas reciclados en "verdes" obstruyeron los avances técnicos en la productividad agrícola infundiendo miedos irracionales a los cultivos transgénicos, al uso de agroquímicos y a la globalización de los agro-negocios, se potenció la actual crisis de los alimentos.

No es una maldición enviada por los extraterrestres, ni una conspiración de esos fantasmales neoliberales (a los que tanto dice detestar Carlos Salinas de Gortari), es simple y llanamente el producto inevitable de la intromisión de los gobiernos en los mercados y de la explotación política de los aldeanos y atávicos temores al progreso y a la globalización. Esa es la causa de esta carestía mundial de los alimentos.

El remedio es quitar regulaciones, liberalizar el comercio mundial, destrabar la ronda de Doha y mandar a sus casas a los políticos populistas en todo el mundo.

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martes, 20 de febrero de 2007

¡Libertad para Kareem!

Mañana, jueves 22, se reanudará en Egipto el juicio en contra del joven Kareem Amer, acusado del delito de ser “un no creyente desagradable” que criticó al Islam en su bitácora en la red.

Abdel Kareem Nabil Soliman (conocido también como Kareem Amer) publicó en su bitácora en la red (o “weblog”) el 23 de octubre de 2005 un indignado testimonio titulado: “La verdad desnuda acerca del Islam tal como pude verla en Maharram Beh”. El joven, estudiante de la prestigiosa universidad islámica Al-Azhar, describía vívidamente el ataque despiadado de musulmanes a cristianos coptos un par de día antes, el “viernes negro”, en Maharram Beh, Alejandría, y escribió que no se trataba de un salvajismo criminal aislado, sino de una conducta coherente con las enseñanzas de Mahoma, catorce siglos antes, respecto del odio que merecen los “infieles”.

Tres días después fue detenido acusado de blasfemia, fue expulsado de la universidad y hoy es repudiado por su padre, un maestro de matemáticas retirado, quien propone aplicar a su hijo la “Sharia”, o ley islámica: Tres días de plazo para arrepentirse públicamente o ser ejecutado.

Hoy en Estocolmo debió haberse realizado una manifestación de protesta frente a la embajada de Egipto en Suecia. Organizaciones como “reporteros sin fronteras” han denunciado este ataque flagrante contra la libertad de expresión (y de creencia) y se han elevado diversas protestas contra el gobierno de Hosni Mubarak, presidente de Egipto desde octubre de 1981.

Suele pensarse que Egipto es un país relativamente libre para los estándares del Medio Oriente. No es así, Egipto ocupa el bochornoso lugar 127 en el Índice Mundial de Libertad Económica y registra deplorables índices de libertad financiera, libertad de trabajo y respeto a los derechos de propiedad así como una elevada corrupción.

Es inconcebible que en el siglo XXI, en un país que pertenece a las Naciones Unidas y en el que algunos creen ver un factor de moderación y estabilidad en el mundo árabe, como Egipto, un joven sea encarcelado por horrorizarse ante el salvajismo y criminalidad que se ejerce, en nombre de la fe, contra los “infieles”.

Pero la ONU ignora el asunto y se preocupa, lo que no está mal, por una víctima de la gripe aviar en Egipto. ¿Cuándo las grandes burocracias supranacionales se preocuparán por la libertad de personas de carne y hueso?

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miércoles, 14 de febrero de 2007

Kim Jong il: ¿Cuánto quieres por dejar de amenazarnos?

El próximo viernes, 16 de febrero, es cumpleaños de Kim Jong il, el grotesco dictador de Corea del Norte, quien probablemente también celebrará que le ganó la partida a ese desafortunado comisario de paz que ha tratado de ser George W. Bush.

George W. Bush ha mostrado ser un comisario ineficaz para aplacar a los bravucones de la aldea global.

El martes en Pekín cinco países – Estados Unidos, China, Rusia, Japón y Corea del Sur- le sacaron a Corea del Norte la promesa de que dejará de jugar, por ahora, al armamentismo atómico, a cambio de generosas dotaciones de energéticos y otras ayudas.

De nada sirvió, en apariencia, la nueva política que quiso inaugurar Bush quien anunció, en los albores de su primer mandato, que no cedería a los chantajes del “pigmeo” y “chiquillo malcriado”. Su antecesor, Bill Clinton, había intentado neutralizar a Kim Jong il ofreciéndole suministros energéticos. Hoy es el mismo trato, pero apoyado por los otros países involucrados.

Fruto simbólico de esas antiguas negociaciones es un obsequio que le hizo a Kim Jong il la entonces secretaria de estado de Estados Unidos, Madelene Albright: Un balón de básquetbol autografiado por Michael Jordan, y que el coreano, nacido en las estepas siberianas, guarda junto con miles de tesoros variopintos – como un gigantesco y lujoso vagón de tren que Stalin le regaló a su padre - en un bunker 147 kilómetros al norte de Pyongyang.

La política original de Bush había sido amenazar al bravucón del barrio con severas represalias y descalificarlo con vehemencia, como cuando, agitando el dedo índice en el aire le dijo a Bob Woodward: “¡Aborrezco a Kim Jong il!”. (Nosotros también, George, pero ¿cómo lo desarmamos?).

Finalmente, ganó la vergonzosa pero eficaz diplomacia de ceder al chantaje. ¿Se puede hacer otra cosa, cuando las amenazas del comisario no son eficaces porque no son creíbles?

¿Un triunfo para la paz mundial? Bueno, algo así como lo que hacemos cuando somos víctimas de un asalto callejero: “Está bien, llévate el auto, pero no me vayas a disparar”.

Y ¿para qué sirve en estos casos la ONU?, ¿para lo mismo que sirve la agencia del ministerio público después de que nos asaltaron? Ni para eso.

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