lunes, 31 de agosto de 2009

Un país subsidiado que se llama UNAM

Relata hoy en su columna Germán Dehesa que ayer, domingo, estuvo disfrutando el partido de futbol de los "pumas" de la UNAM en el palco que, en el estadio de Ciudad Universitaria, suelen ocupar el Rector y sus invitados.

Cuenta Dehesa que en el palco había "un numeroso grupo de pumas" y que, por lo menos en lo que hace a él (Dehesa), la animada plática fue de todo "menos de futbol" (aun cuando los "pumas", para regocijo de Dehesa y de los asistentes al palco del Rector, vencieron tres goles a cero a los "gallos blancos" de Querétaro) y que uno de los asuntos recurrentes en las conversaciones fue acerca de los nuevos impuestos y "sobre-impuestos" que - dice el mismo periódico en que escribe Dehesa- el gobierno quiere cobrarle a los mexicanos para cuadrar las finanzas públicas federales en 2010. Por supuesto Dehesa se opone a pagar más gravámenes y pide que, antes, le expliquen en qué se gasta tanto dinero.

Tiene razón, pero para hacer la tarea completa el mismo Dehesa debió preguntarle al Rector José Narro, que no pierde oportunidad de oponerse con vehemencia a cualquier recorte al gasto público destinado a "la educación superior", en general, y a la UNAM, en particular, cuánto gastan al año, cuánto de lo que gastan proviene del presupuesto federal y si, acaso, es tan desorbitado pedir que la UNAM, "máxima" casa de estudios de México (como suelen decir algunos que confunden tamaño con grandeza) se sacrifique un poco en materia de gasto, dado que la inmensa mayoría de los mexicanos tenemos que hacerlo hoy y tendremos que seguirlo haciendo durante 2010.

Lejos de mí censurar el jolgorio que cada 15 días, cuando hay partido de "los pumas", hacen el Rector y sus amigos en el famoso palco, facilidad apreciable y costosa que, no es descabellado suponer, pagamos de una u otra forma el conjunto de los mexicanos, pero veamos, para poner las cosas en perspectiva, algunos numeritos acerca de lo que es la UNAM, en términos de gasto.

Lo primero que salta a la vista es que la UNAM gasta en un año el equivalente, en dólares, al 50 por ciento de lo que gasta un país entero como El Salvador. Esto es que, sin exagerar, la UNAM por sí sola es como todo un pequeño país en términos de gasto.

Un país peculiar, sin duda, porque cuando menos el 85 por ciento de sus egresos proviene de dinero federal. Un país dentro de otro país, subsidiado fuertemente por el papá, el tío o el hermano mayor (no sé bien cuál sería la equivalencia).

Van cifras y comparaciones y que cada cual concluya lo que pueda y lo que quiera:

Presupuesto de la UNAM 2009: Son 24,337 millones de pesos - esto es unos 1,822 millones de dólares al tipo de cambio actual- lo que equivale a 68 por ciento del presupuesto total del estado de Oaxaca (2,665 millones de dólares) y más o menos a la mitad del presupuesto total de toda la república de El Salvador (poco menos de 3,628 millones de dólares).

De ese presupuesto, la UNAM destina poco más del 60 por ciento a lo que la propia universidad define como actividades docentes, esto es: unos 1,546 millones de dólares. La UNAM en todos los niveles y modalidades, preparatorias, licenciaturas, posgrados y otros, registra como inscritos a 305,969 alumnos este año, con lo que cada alumno cuesta, en números brutos y en promedio, 79 mil 540 pesos al año, es decir más que lo que de colegiatura anual cobran universidades privadas de las más caras como el ITESM o la Iberoamericana.

Obviamente el resto del dinero gastado por la UNAM, unos 276 millones de dólares, se va en gastos administrativos, construcción y mantenimiento de edificios, así como otras actividades extra-acadámicas que no son, por definición propia de la UNAM, docentes.

El doctor (en medicina) José Narro, Rector de la UNAM, dice que en lugar de recortar el gasto público que se destina a la educación superior lo que hay que hacer es "cambiar de modelo económico". No me queda claro cómo se le hace para que el cambio de modelo genere de golpe más recursos públicos, sobre todo cuando los invitados y amigos del Rector, según Dehesa, se oponen a pagar más impuestos ... A tales amigos habrá que mostrarles que "la lana" se gasta, entre otras cosas, en ese país, dentro de otro país, que se llama UNAM y una pequeñísima parte, imagino, en el mantenimiento del amplio y concurrido palco de los invitados del Rector a los partidos de futbol.

Lo que concluyo de las declaraciones del rector Narro y del hecho de que los alumnos de la UNAM paguen el equivalente a 20 centavos al año como cuota (¿simbólica o de burla?) por su educación, y de que no haya quién se anime a cobrarles un poquito más (digamos, siquiera lo que pagan los alumnos de otras universidades públicas de menos postín y renombre) es que México es un país muy especial: No sólo se puede dar el lujo de sostener unos pequeños países dentro del país mayor (como la UNAM) sino que es un país en el que parece que es más fácil "cambiar de modelo económico" que empezar a cobrarles un poquito más de 20 centavos al año a estudiantes que, a todas luces, son privilegiados.

¿O acaso cuando Narro habla de cambiar de modelo está pensando en cobrar colegiaturas? No lo creo.

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jueves, 2 de julio de 2009

La "película completa" no es la "versión oficial"

Leo, con cierta consternación, que algún analista considera que mi observación de ayer acerca de los ingresos tributarios en los primeros cinco meses del año (que puede leerse aquí) es algo así como una "versión oficial" que intenta minimizar el desplome de la recaudación de IVA e ISR, con la supuesta "buena" noticia de que el fisco ya volvió a recaudar por IEPS en la venta de combustibles, a diferencia del pasado inmediato (de 2005 a 2008 aproximadamente) cuando el IEPS en gasolina y diesel fue un impuesto negativo, un subsidio.
Aclaro:
1. Es mi opinión sobre lo que debe ser la "película completa" que debiera ofrecer un periodismo especializado profesional; no la versión oficial.
2. Que yo sepa, no hay una versión oficial sobre este asunto; pero no me cabe duda de que si la hubiese NO destacaría la recuperación de los ingresos tributarios vía el impuesto especial (IEPS) a gasolina y diesel, entre otras razones porque ello implicaría admitir que en el pasado, mediante la decisión de "congelar" los precios de la gasolina al consumidor final (en realidad, otorgarles un subsidio cuantioso a los automovilistas y a las empresas de transporte) se derrocharon más de 80 mil millones de pesos de recursos fiscales, se estimuló el dispendio de gasolina (en un país que cada día produce menos petróleo), se alentó la contaminación y la venta de automóviles y camiones ineficientes y se obsequió al populismo más ramplón (el de López Obrador) el cumplimiento de una de sus más descabelladas e irresponsables exigencias:" ¡No al gasolinazo!".
3. Quien quiera tener clara mi opinión al respecto puede leer en esta misma bitácora lo que publiqué al respecto el 5 de junio de 2008 y el 30 de junio de 2008, así como lo que publiqué en El Economista el 9 de enero de este año y que copio a continuación (ya que no está en los archivos de esta bitácora):
El mercado lo hace mucho mejor
Durante 2008 sólo un par de comentaristas -Sergio Sarmiento y yo, hasta donde recuerdo- sostuvimos reiteradamente que se trataba de un error subsidiar el precio de la gasolina en México. El precio artificialmente bajo propició el consumo dispendioso (mayores importaciones) de ese energético y un mayor deterioro del ambiente. También significó que el fisco recibiera menores ingresos (en realidad, el impuesto específico – IEPS- fue negativo, es decir: subsidio), pero eso es lo menos relevante.
Durante la mayor parte de 2008 los precios de la gasolina en México fueron sensiblemente menores que los precios vigentes en Estados Unidos. Hoy la situación es la inversa. Aun con la congelación de precios anunciada el miércoles el precio de la gasolina Magna en México quedará en 7.72 pesos el litro mientras que el precio promedio de la gasolina equivalente en Estados Unidos es de casi 6.00 pesos el litro (datos para el cálculo: precio promedio en Estados Unidos por galón al 5 de enero: 1.684 dólares; tipo de cambio: 13.45 pesos por dólar; equivalencia: un galón igual a 3.785 litros). Diferencia porcentual: 29 por ciento.
Una de las causas fundamentales de la caída del precio de la gasolina ahí donde funciona el sistema de precios libres para ese producto (digamos, Estados Unidos) fue la drástica disminución del consumo dictada por los mismos precios: El mejor disuasivo para consumir ese energético fue el alto precio que marcaron las bombas de despacho del combustible. Es un ejemplo contundente de la eficacia de los mercados y del comportamiento "racional" (en términos estadísticos) de los consumidores: Nadie, pobre o rico, está peleado con su dinero.
El caso de los precios de la gasolina demuestra claramente la inmensa superioridad del mercado libre para asignar recursos escasos. Jamás los precios o las tarifas dictados por déspotas más o menos benevolentes e ilustrados (legisladores, funcionarios públicos, burocracias, pactos en la cúpula) logran asignar los recursos con la misma eficiencia y oportunidad.
¿Hasta cuándo los déspotas benevolentes e ilustrados nos dejarán decidir a los consumidores?, ¿hasta cuándo combatiremos neciamente al mercado libre como mecanismo para fijar los precios correctos en el momento correcto?

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viernes, 15 de mayo de 2009

El negocio del melodrama

Hace muchos años aprendí una lección horrenda: “Rueda que chilla, le ponen aceite”. En culturas mercantilistas, como las que siguen prevaleciendo entre los negociantes y los políticos en América Latina, ese dicho se ha convertido incluso en modo de vida para los cazadores de rentas.

Por casualidad, y por un deber de cortesía hacia mis anfitriones, la noche del jueves pasado vi, por primera vez en años, uno de los noticiarios de televisión prototípicos de México, el de Joaquín López Dóriga. El lector de las noticias reiteradamente criticó a las autoridades educativas por haber decidido prolongar el periodo escolar a raíz de los días perdidos a causa de la epidemia de influenza. ¿Por qué, a juicio de este influyente noticiario, esa decisión habrá de ser nefasta para México? Pues porque los dueños de hoteles, restaurantes y líneas aéreas, que padecen la caída generalizada de la demanda, amén de las consecuencias de la alarma sanitaria por la aciaga amenaza de la influenza, conjeturan que las vacaciones escolares no tienen otro fin que darle una “ayudadita” a la muy alicaída demanda turística. Resulta pues que para lo que sirven los niños y los jóvenes mexicanos que asisten a escuelas de educación básica, media y hasta media superior es para contribuir con su holganza a “salvar” a la industria turística. Enrevesado razonamiento instrumental.

Al día siguiente leí un mal pergeñado comentario periodístico (de Enrique Quintana en "Reforma") que calificaba de pernicioso y fatuo el supuesto optimismo del gobierno acerca de los incipientes signos de recuperación de la actividad económica en Estados Unidos y en el mundo. Para quienes se tomen la molestia de verificar directamente las declaraciones de los funcionarios – que son los menos- tal acusación de optimismo artificioso no sólo es infundada sino manifiestamente tramposa. No hay tal optimismo candoroso, sino la constatación sobria de señales puntuales de que lo peor de esta calamidad económica global ha pasado. Pero quemar en leña verde – en sentido figurado- a los funcionarios “optimistas” rinde frutos en la lógica mercantilista: Hay que chillar y seguir chillando para que te pongan aceite (es decir: para que te den más subsidios, te perdonen más impuestos y contribuciones, te den más créditos blandos y hasta te paguen con dinero de los contribuyentes la propaganda de tu empresa), un negocio de ocasión en las crisis es “tírate al suelo para que te levanten”, “el melodrama también deja dinero” y “mientras peor, mejor”.

Una lección horrenda típica del capitalismo de cuates o de compadres: Mientras más chille la rueda, más aceite le ponen. ¡Qué vergüenza!

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domingo, 14 de septiembre de 2008

Si pueden prescindir de la mitad del ISR, ¡háganlo!

Este año el subsidio a los combustibles – gasolinas y diesel – será equivalente casi a la mitad de la recaudación total del ISR cobrado a empresas y personas físicas. Esa es la mejor prueba de que el erario podría disminuir, sin problema, la tasa máxima de ese impuesto a la mitad: 14 por ciento. Háganlo, y en una de esas hasta se incrementa la recaudación.


No cabe duda que el Presidente Felipe Calderón y su gobierno están preocupados por la competitividad de la economía mexicana. Hay una manera sencilla, directa, contundente, de incrementar de golpe la competitividad y está en manos del Poder Ejecutivo y del Poder Legislativo: Disminuir a la mitad la tasa máxima (para el caso de las empresas, y para efectos prácticos, tasa única) del Impuesto Sobre la Renta: a 14 por ciento.
Aunque hay un sinnúmero de evidencias mundiales de que una menor tasa impositiva NO disminuye la recaudación sino que la incrementa, desechemos esas evidencias y decretemos que esa presunción es una falacia “neoliberal”. Más todavía: Digamos neciamente que una menor tasa impositiva disminuirá linealmente la recaudación y que si hoy la tasa es de 28% y el fisco recauda “X”, en el momento en que la tasa baje a 14% el fisco recaudará “X/2”, la mitad de “X”.
¿Puede el erario prescindir de los ingresos equivalentes a la mitad de la recaudación del ISR?
Tan puede hacerlo que lo ha hecho durante 2008 sin generar déficit fiscal, sin que haya desparecido una sola dependencia del gobierno federal, sin que ningún estado ni ningún municipio haya dejado de recibir aportaciones y participaciones federales. Lo ha hecho al subsidiar el precio al consumidor final de las gasolinas y el diesel. Y amenaza seguir haciéndolo, aunque en menor proporción, durante 2009.
La próxima vez que algún funcionario o algún legislador ponga los ojos en blanco, imposte la voz y diga que está empeñado en aumentar la competitividad de la economía mexicana, digámosle que ya tenemos la respuesta a su sentida preocupación: “Bajen la tasa del ISR a 14% o, mejor aún: Desaparezcan el ISR y dejen como impuesto único el IETU – también para todas las personas físicas- a una tasa de 14 por ciento”.
¿Querían soluciones? Ahí tienen una. Y, por supuesto: ¡Cobren la gasolina a su precio verdadero!

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¿Qué diría una "izquierda" inteligente?

Los principales críticos a los monstruosos subsidios a la gasolina en México deberían ser los políticos inteligentes de "izquierda"; tal parece que ese universo – políticos inteligentes de "izquierda"- es un conjunto vacío porque lo que escuchamos de la "izquierda" vernácula y protagónica es ¡la defensa de esos subsidios regresivos, promotores del deterioro ambiental y del desperdicio de los escasos (y "soberanos") recursos petroleros!



Unos datos para meditar:

1. Monto anual del subsidio federal a los combustibles en 2008: Alrededor de 240 mil millones de pesos; más de 657 millones de pesos diarios.

2. Monto anual del subsidio al Sistema de Transporte Colectivo de la ciudad de México o "Metro": Aproximadamente cinco mil millones de pesos; 13.7 millones de pesos diarios.

3. Con el subsidio federal de este solo año a los combustibles se podrían financiar 48 años de funcionamiento del "Metro" capitalino con tarifas congeladas y subsidiadas.

4. Número de pasajeros-viaje transportados por el "Metro" en un año: Cerca de 1,208 millones.

5. Equivalencia del subsidio federal de este año a los combustibles: La mitad de toda la recaudación anual del Impuesto Sobre la Renta (empresas y personas físicas) estimada para 2008.

6. Número de vehículos de combustión interna – consumidores de gasolina, diesel o gas natural- registrados en la ciudad de México: Más de cinco millones.

7. Número de vehículos particulares y taxis: Alrededor de cuatro millones.

8. Pasajeros promedio en un auto particular o taxi en la ciudad de México: Menos de 1.5 pasajeros.



¿Cuál de los dos subsidios es el más dispendioso e ineficiente?, ¿cuál de los dos subsidios beneficia a "quienes menos tienen"?, ¿cuál es más injusto?, ¿cuál perjudica más el ambiente y cuál promueve más el desperdicio de la declinante riqueza petrolera nacional?, ¿qué clase de políticos de "izquierda" tenemos que defienden la "bondad" de un subsidio regresivo que beneficia a los ricos y a las clases medias, y que es 48 veces mayor que el subsidio que les permite hacer todos los días más de 3 millones de viajes a personas que no tienen automóvil?

Seguramente son políticos de "izquierda" que no viajan ni por asomo en el "Metro".

Y, sí ¡qué pena! Por lo que se escucha y por lo que se lee tal parece que ese hipotético universo -"políticos inteligentes de izquierda"- es en México un conjunto vacío.

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Precios distorsionados, presupuesto e incompetencia

El proyecto de presupuesto de egresos para 2009 está programando un amplio margen de distorsión en los precios de los energéticos. Esto significa, por increíble que parezca, que el gobierno gastará, otra vez, varios miles de millones de pesos en promover la falta de competitividad.



El gobierno procurará en 2009 que el monto de los subsidios a ciertos energéticos – como la gasolina o el diesel – sea menor que en 2008. Bien, pero la mala noticia es que dicho propósito es muy probable que se vea frustrado, toda vez que la trayectoria futura de los precios del petróleo en el mundo es particularmente incierta.

Y una peor noticia – que todo mundo callamos por conveniencia – es que mediante estas distorsiones en el sistema de precios, México se aleja de los estándares de una economía verdaderamente competitiva en la que la búsqueda de una mayor productividad sea la norma.

Cuando en México un litro de gasolina regular sin plomo cuesta 26% menos que el mismo litro de combustible en Estados Unidos es perfectamente lógico que en México los agentes económicos (consumidores, productores, gobiernos) le demos un menor peso al costo de los energéticos en nuestros cálculos económicos cotidianos. Y es por ello por lo que la política económica plasmada en el presupuesto promueve una mala asignación de los recursos.

La gran ventaja de un mercado libre, en el que concurren varios oferentes en competencia frente a miles de consumidores, y en el que el gobierno no interviene fijando los precios, es que los precios ofrecen la información más fidedigna acerca de la escasez o abundancia de los recursos y permiten asignarlos con mayor eficiencia lo que, a su vez (ojo señor secretario de Economía) fomenta una mayor productividad y, por ende, una mayor competitividad.

Estados Unidos tiene un mercado de energéticos mucho más libre que el de México. Los agentes económicos en Estados Unidos reciben, por tanto, una mejor información acerca del valor relativo de los recursos. Y deciden mejor que nosotros acerca de cómo ponderar los factores que intervienen en la producción o acerca de cómo asignar el gasto familiar.

Todo esto se resume así: Los subsidios a los energéticos son un obstáculo para la competitividad.

Que esto, tan claro, no lo entiendan ni el gobierno, ni los negociantes, ni los institutos privados que pretenden medir la competitividad es una gran tragedia.

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Cifra "mágica": $64 dólares el barril (18 de agosto)

Si alguien me preguntase, que nadie lo hará, qué precio promedio pondría en el presupuesto de egresos de 2009 para el barril de la mezcla mexicana de petróleo, mi respuesta sería: $64 dólares. Le explico por qué.


En términos de costo de oportunidad cada persona que compró gasolina regular en México el viernes pasado recibió un subsidio de 2.82 pesos por litro. Este es el diferencial, en pesos, entre el precio promedio de la gasolina regular sin plomo en Estados Unidos ($3.77 dólares el galón, lo que equivale a 10.14 pesos por litro) y el precio de la gasolina Magna en México (7.32 pesos por litro). Medido en porcentaje ese diferencial es 38.5 por ciento.

Dado que el gobierno no parece dispuesto a eliminar de golpe el subsidio implícito en los precios de la gasolina, el mejor escenario para México en el 2009 es que el proceso de abatimiento de los precios internacionales del petróleo –iniciado en julio pasado- lleve los precios "spot" del crudo WTI a los $70 dólares promedio el año próximo, ello permitiría que los precios de la gasolina en Estados Unidos (directamente relacionados con el precio del crudo) cayesen a un precio cercano a los $2.32 dólares el galón.

La brecha actual entre el precio del WTI y el de la mezcla mexicana es de 8.5%, por lo que el precio promedio internacional del petróleo de Pemex debería ser de $64 dólares el barril.

Para que ello suceda es necesario, entre otras cosas, que: 1. Después de las elecciones presidenciales, la Reserva Federal inicie un proceso de alza en las tasas de interés, 2. Que prosiga la disminución de la demanda de gasolina en Estados Unidos, en China y en la Unión Europea, 3. Que se mantenga el proceso de mayor oferta de petróleo que ha iniciado Arabia Saudita y, en general, en los países miembros de la OPEP, 4. Que no se suscite un evento extraordinario que haga prever a los mercados una caída en la oferta mundial de petróleo.

Sólo en dicho escenario, que no es improbable, la apuesta del gobierno mexicano – "sostener el subsidio a los combustibles", como advirtió El Economista/span> – tiene sentido.

O ponen el precio en una cifra cercana a los $64 dólares o deberán restar 200 mil millones de pesos (o más), el monto del subsidio, a sus ofertas de gasto.

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sábado, 9 de agosto de 2008

¿Qué entendemos por competitividad?

Sería desastroso para la economía mexicana que, dentro de nuestra proclividad al ablandamiento de instituciones y conceptos, usásemos la palabra "competitividad" como un eufemismo para justificar que el gobierno otorgue subsidios a las empresas privadas.


La mejor ayuda que el gobierno puede dar a las actividades productivas del sector privado – que van desde los pequeñísimos negocios hasta las gigantescas corporaciones- es garantizar la seguridad física y patrimonial de las personas, el cumplimiento irrestricto de los contratos y mantener una política fiscal responsable; al tiempo que permite la ejecución de una política monetaria igualmente responsable por parte de un banco central autónomo.

Ese conjunto de elementos son necesarios y suficientes para que los verdaderos emprendedores alcancen una mayor productividad y enfrenten con éxito – mayor o menor, según las capacidades y los talentos empresariales de cada cual- la competencia en los mercados. Así pues, esos son los elementos necesarios y suficientes para la competitividad, siempre y cuando el gobierno no estorbe a la actividad productiva con asfixiantes regulaciones, ni con trámites tortuosos y promueva activamente, dentro de México y en el extranjero, el cumplimiento estricto de leyes, convenios y tratados.

Otra manera de decirlo es: El gobierno ayuda a la actividad productiva, a la generación de empleos y de riqueza, así como a la mejor distribución del ingreso, cuando cumple eficaz y eficientemente con su misión fundamental. En cambio, distorsiona y hasta obstruye la actividad económica cuando trata de manipular diversos precios en el mercado, aun cuando tal manipulación trate de justificarse con la más noble de las intenciones o con la retórica más emotiva.

Esto significa que la competitividad auténtica no se logra con subsidios, del tipo que sean o se disfracen como se disfracen, ni con controles de precios.

Al anunciarse el nombramiento de un nuevo Secretario de Economía en el gobierno federal no faltaron las voces de organismos y asociaciones, de etiqueta "empresarial" y honda raigambre mercantilista, que hicieron votos para que el cambio signifique un nuevo impulso a la competitividad de las empresas. Suena bien, pero si se les piden definiciones precisas acerca de qué entienden por competitividad suele comprobarse, lamentablemente, que otra vez estamos ante un eufemismo ablandador: "Competitividad es que me subsidies". Mal, muy mal.

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martes, 1 de julio de 2008

Economía “blandita” y pobreza

En una de sus tantas acepciones el adjetivo “blando” se refiere a aquello que cede fácilmente. Cuando los políticos se encargan de “ablandar” créditos, precios o subsidios, entre otros, el “ablandamiento” genera más pobreza.

Desde una perspectiva simplista el hecho de que un bondadoso gobierno decida subsidiar la producción de leche se supone que debería provocar una abundancia de leche. Pero en realidad y a largo plazo sucede lo contrario: La leche escaseará. Los productores de leche que no son subsidiados son desalentados porque tienen que competir en desventaja con los productores beneficiados por el subsidio.

Pero hay más: El productor subsidiado carece de incentivos para volverse más eficiente. Venda más o venda menos recibe el subsidio. No importa si regala la leche, si la tira o si la vende cara, el subsidio – como el sueldo de cada quincena- está ahí esperándolo.

Lo mismo sucede con los créditos blandos, que no son necesariamente aquellos con bajas tasas de interés, sino aquellos en los que uno puede, como acreditado, incumplir con los pagos sin grandes consecuencias, sea porque no hay un verdadero respeto a los contratos, sea porque es práctica usual la redocumentación de deudas (que en el fondo todo mundo sabe que nunca se pagarán), sea porque la inflación ha amortizado aceleradamente el principal de las deudas. Se supondría que con ese tipo de créditos blandos las personas, aliviadas de presiones, se volverían más trabajadoras y productivas. No es así. Sucede lo contrario: Se vuelven más perezosas y abusivas.

También uno supondría, porque aprendió (mal) las nociones elementales de economía en algún sermón religioso acerca de los buenos sentimientos o en alguna novela romántica o leyendo notas de periódicos, que el control de precios, al hacer que el costo monetario de las cosas bajé por decreto genera una cauda de beneficios. Pero sucede lo contrario de lo que se esperaba: A la postre los precios no disminuyen sino que pronto aparece el precio más caro del mundo que se resume en dos palabras: “NO HAY”. Y mientras tanto, bajar los “costos” nominales de las cosas ha significado también bajar los salarios reales de las personas, su poder adquisitivo.

Por eso, una economía blandita y complaciente, con subsidios blandos, créditos blandos y precios blandos y controlados es también, una economía condenada a generar pobreza.

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jueves, 26 de junio de 2008

¡No le manden señales equivocadas al productor!

La solución al desorden en los mercados internacionales de alimentos y a los altos precios es desmantelar mecanismos proteccionistas (subsidios y barreras al comercio) y – sobre todo- dejar que los precios no manipulados informen a los productores que están ante una oportunidad única.



Hace algunos meses un buen amigo me hizo notar que la versión de que los altos precios de los alimentos obedecen a la demanda de China e India, cuyos habitantes de la noche a la mañana estarían comiendo mejor, no tiene lógica: No es verosímil que millones de chinos e indios hayan despertado todos el mismo día ganando dos o tres veces más que el día anterior y que ese mismo día decidieran que todos iban a comer más carne, tomar más leche y consumir más cereales. Esos cambios en el ingreso son graduales, llevan varios años y los mercados se acomodan a ellos.

El mecanismo mediante el cual los mercados se acomodan a un cambio en la demanda, generando una mayor oferta, demuestra la maravilla del sistema de precios: los precios altos avisan al productor que hay que sembrar más porque ése será un buen negocio.

Reproduzco el comentario que me hizo llegar un lector de Tamaulipas que vende agroquímicos: "Un pequeño productor de maíz (unas cuatro hectáreas) hace dos temporadas comenzó a utilizar maíces híbridos, hace una temporada fertilizantes y este año va a volver a utilizar híbridos y esta vez fertilizantes de alto desempeño.



"¿Acaso debemos ese cambio en favor del uso de tecnología a algún ambicioso programa de gobierno? ¿Algún "pacto", "alianza" o "cruzada" por la productividad en el campo? NO.



"Se lo debemos al mercado, específicamente al incremento al precio del maíz que se ha encargado de decirle de forma inequívoca: ¡produce más!



"Me aterra pensar que el gobierno pudiera estar a un paso de querer controlar los precios y decirle que deje de hacerlo".



La solución es producir más, con el incentivo de los precios altos, y que el gobierno de los Estados Unidos tenga la honestidad de reconocer que su ocurrencia, dizque ecologista, de subsidiar la producción de etanol a partir de maíz fue estúpida, antiecológica y generadora de hambre. Esa es la causa que explica la mayor parte de las distorsiones actuales en el mercado de los alimentos. ¡Dejen de subsidiar!

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martes, 17 de junio de 2008

Los otros excedentes

¿Por qué la globalización incrementa el bienestar? Porque permite difundir los avances de la productividad global, en forma de excedentes para los consumidores.


Se entiende que a los políticos mexicanos les desvele el asunto de los excedentes petroleros, pero en realidad son mucho más importantes, para la mayoría de los mexicanos, los excedentes que obtienen los consumidores…o que se les escatiman cuando se ponen barreras a la libre competencia y a al libre comercio.

En el problemita planteado acerca del costo de oportunidad – cuyos resultados di a conocer ayer – aparece claro que, tratándose del costo de oportunidad de NO consumir un bien o servicio específico, éste es igual al excedente que obtendría el consumidor en caso de SÍ efectuar ese consumo específico. El excedente de nuestro consumidor hipotético de un concierto de Bob Dylan es de $10 dólares, que es la diferencia positiva entre el precio que el consumidor estaría dispuesto a pagar (50) y el precio de mercado (40).

La existencia, o no, de excedentes para los consumidores refleja las condiciones de competencia en los mercados. Por ejemplo, cuando en México surgen las líneas aéreas de bajo costo queda claro para todo mundo que los precios del transporte aéreo de pasajeros podían disminuir mucho respecto de los que conocíamos y pagábamos. Saltan a la vista los excedentes que se le estaban escatimando al consumidor por condiciones de nula, poca o deficiente competencia.

Cuando en fechas recientes empiezan a surgir algunas nuevas ofertas de telefonía fija también saltan a la vista, hasta para los más desprevenidos, que las anteriores condiciones de nula o escasa competencia le estaban sustrayendo excedentes a los consumidores.

Si mañana, en un acto de insólita pero deseable audacia, alguien consigue que México disminuya significativamente la tasa promedio de los aranceles que pagan las importaciones se generarán de inmediato excedentes para los consumidores.

A diferencia de los subsidios, los excedentes que vamos ganando los consumidores gracias a un mayor comercio libre o al desmantelamiento de estructuras proteccionistas, provienen de una mayor productividad (de hacer más con menos) que logran las empresas incentivadas por la competencia.

Por eso, el libre intercambio – la globalización comercial- promueve la difusión de la productividad la cual, a la postre, es la clave del bienestar duradero. Por eso la ronda de Doha es una apuesta tan importante para la humanidad.

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miércoles, 11 de junio de 2008

Subsidios y costo de oportunidad

El subsidio que recibimos en México los consumidores de gasolina y diesel equivale a su costo de oportunidad: Todo lo que deja de hacer el gobierno, en términos de fines óptimos para el gasto público. Calcular el costo de oportunidad para el conjunto de la sociedad es muy fácil: Es la diferencia entre el precio al consumidor en Estados Unidos y el precio al consumidor en México. Al día de hoy, más de tres pesos por cada litro de gasolina.


Desdeñar en el cálculo económico el costo de oportunidad de elegir “A” en lugar de otros cursos de acción posibles conduce a una mala asignación de recursos; es pésima economía.

Ayer - 11 de junio- en su primera plana, el periódico “Reforma” nos ofreció una muestra de cómo se hace mal un cálculo de costos; supongo que los dueños de ese periódico, a diferencia de lo que publicaron ayer, sí consideran los distintos costos de oportunidad en cada una de sus decisiones de negocios, o terminarían en la ruina.

Según el “análisis” el subsidio que recibimos los consumidores de gasolina y diesel en México es menor de lo que se ha señalado porque sólo una parte del mismo (la diferencia entre el precio de adquisición y el precio de venta al consumidor final) significa un desembolso efectivo. Error. También debe considerarse, como lo hacemos todos en nuestras elecciones económicas, el costo de oportunidad: aquello que dejamos de percibir por elegir “A”, en lugar de otras opciones factibles.

En este caso, a la pérdida, desembolsada, por el diferencial entre el precio de adquisición y el precio de venta, debemos sumar el monto del impuesto negativo (IEPS) derivado de lo que dispone el artículo 2 A de la Ley del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (ver “Ideas al vuelo” del viernes pasado), que es una pérdida neta de recursos fiscales que podrían tener otros destinos, seguramente más deseables que subsidiar el consumo de gasolina y diesel.

Además de la poca confiabilidad que merecen este tipo de “análisis”, el asunto es relevante porque el costo de oportunidad, un concepto clave de la economía, suele ser mal entendido o desdeñado, lo que conduce a no pocos fracasos empresariales y a decisiones erradas de política económica.

Por eso, mañana continuaré con el asunto del costo de oportunidad en diversos aspectos de la vida.

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jueves, 5 de junio de 2008

La gasolina y el régimen fiscal de Pemex

El subsidio a las gasolinas en el mercado nacional se realiza mediante un impuesto negativo – con cargo al erario – que, además, Pemex puede aplicar para disminuir su pago de otros impuestos. En 2007 Pemex recuperó por este concepto más de 26 mil 500 millones de pesos.


¿Pemex está subsidiando a los consumidores de combustibles en México? No. Quien absorbe la pérdida, cuando son menores los precios de las gasolinas y del diesel al consumidor final que los llamados precios-productor de Pemex (precio en el mercado internacional), es el erario, a través de un Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) negativo, (artículo 2º. A de la ley respectiva o LIEPS).

El subsidio no sólo no afecta las finanzas de Pemex sino que circunstancialmente las beneficia, ya que, a su vez, la fracción II del artículo 7º de la Ley de Ingresos de la Federación para el Ejercicio Fiscal 2008 (LIF) señala que cuando la tasa del IEPS sobre venta de combustibles resulte negativa, como sucede ahora y sucedió en 2007, Pemex y sus subsidiarias podrán disminuir en esa medida el monto a pagar por IEPS y, si eso no fuese suficiente, el monto a pagar por IVA e, incluso, el monto a pagar por Derecho Ordinario sobre Hidrocarburos.

Gracias a esta disposición fiscal Pemex recuperó en 2007 la cantidad de 26 mil 543 millones de pesos de impuestos como saldo a favor por IEPS negativo. Todo indica que en 2008 el beneficio fiscal para Pemex será mucho mayor que el año pasado, dados los precios actuales del petróleo y su tendencia.

Resulta curioso que ninguno de los críticos del régimen fiscal que se aplica a Pemex, y que piden fervientemente que no le cobren "tantos impuestos", haya reparado que, para efectos prácticos, Pemex ya está disfrutando de un régimen tributario tal vez mucho más generoso del que imaginaron.

Y aún más curioso es que ninguna entidad federativa – de las que hoy lamentan no contar con los excedentes petroleros que disfrutaron en otros periodos- explore la posibilidad de ejercer la facultad que les da el articulo 10-C de la Ley de Coordinación Fiscal para cobrar impuestos locales a la venta de gasolina. ¿Habrá algún gobernador, o jefe de gobierno, valiente que se anime? Lo dudo.

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jueves, 29 de mayo de 2008

Energía: La otra cuchilla de la tijera

Los países desarrollados consumen hoy, proporcionalmente, mucho menos petróleo del que consumían hace tres décadas. No es que a esas personas se los haya ordenado el gobierno y obedeciesen dócilmente. Se los ordenaron los precios en 1973-1974 y en 1980-1981.



Hay gobiernos empeñados en pelearse con los precios. Es una lucha perdida de antemano. Mi ejemplo favorito actual es el gobierno K de Argentina (Néstor y su esposa Cristina) que es una copia alucinante de gobiernos fracasados en el siglo pasado (el antiguo Alan García, el primer Carlos Andrés Pérez, Luis Echeverría, José López Portillo, Juan Velasco Alvarado y tantos otros), por lo cual quienes hoy viajan a la Argentina suelen comentar, a su regreso, que viajaron no al sur del continente sino al pasado: "Haz de cuenta como en los años 70 en México, tal cual" me dijo hace meses un empresario que tiene intereses allá.

Es un pésimo negocio pelearse con los precios porque es cómo matar a los mensajeros más veraces y oportunos que podemos tener sólo porque nos trajeron noticias desagradables, pero verdaderas.

No sabemos por cuánto tiempo permanecerán altos los precios del petróleo, pero nos están avisando puntualmente que la demanda está prevaleciendo sobre la oferta. Y sólo hay tres formas realistas y efectivas de corregir el asunto y lograr que los precios bajen o que el hecho no nos afecte tanto: O actuamos para aumentar la oferta o actuamos para disminuir la demanda o hacemos ambas cosas, opción, la última, que siempre será la más provechosa.

Hay varias vías teóricas para incrementar la oferta (ya sea de petróleo, o de otras opciones energéticas que sustituyan al petróleo) que merecerán analizarse y comentarse en otra ocasión. Por esta vez, fijémonos en la otra cuchilla de las tijeras: la demanda.

La herramienta más eficaz para disminuir la demanda es dejar que los precios nos indiquen qué tan grave es la situación. En los choques de precios altos del petróleo, los consumidores en los países desarrollados recibieron de lleno la noticia en las gasolineras, en la factura de la calefacción, en la factura de la electricidad y actuaron en consecuencia.

En otros países hubo gobiernos "benevolentes" que, para ahorrarles un disgusto a los consumidores, evitaron que el mensajero llegase a tiempo. Así les ha ido.

Romper el termómetro nunca ha servido para combatir la fiebre.

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miércoles, 7 de mayo de 2008

Alimentos caros gracias a los políticos populistas

La carestía mundial de los alimentos – que NO inflación- ha sido causada fundamentalmente por el proteccionismo agrícola, las regulaciones gubernamentales excesivas y los subsidios a las clientelas electorales.


No vivimos, como erróneamente se dice, una inflación en los precios de los alimentos. La inflación es un fenómeno cuyas causas – y remedios- siempre son monetarios. No es el caso. Vivimos una carestía que ejemplifica dramáticamente los daños que causa el proteccionismo comercial, el intervencionismo gubernamental en los mercados y la compra de clientelas electorales mediante subsidios a los productores agrícolas…o a quienes se ostentan como tales.

Cuando en agosto de 2006 se atascaron las conversaciones de la ronda de Doha, que entre otras cosas buscaban liberalizar la producción y el comercio de productos agropecuarios en el mundo, se aceleró la actual crisis de los alimentos.

Cuando los burócratas de las Naciones Unidas se inventaron el asunto del calentamiento global (tenía que ser "global" para justificar la intervención de la burocracia "global" premier) y junto con multitud de políticos vieron una veta política y de negocios en la promoción de los agro-combustibles, se aceleró la actual crisis de los alimentos.

Cuando en Japón, la Unión Europea, Estados Unidos, México, Corea, la India, los productores agrícolas – o, mejor dicho, los que se ostentan como tales a través de organizaciones incrustadas en los aparatos políticos- obtuvieron un peso e influencia desorbitados, a todas luces desproporcionados, en la elaboración de políticas públicas y de la legislación, se incubó la actual crisis de los alimentos.

Cuando los socialistas reciclados en "verdes" obstruyeron los avances técnicos en la productividad agrícola infundiendo miedos irracionales a los cultivos transgénicos, al uso de agroquímicos y a la globalización de los agro-negocios, se potenció la actual crisis de los alimentos.

No es una maldición enviada por los extraterrestres, ni una conspiración de esos fantasmales neoliberales (a los que tanto dice detestar Carlos Salinas de Gortari), es simple y llanamente el producto inevitable de la intromisión de los gobiernos en los mercados y de la explotación política de los aldeanos y atávicos temores al progreso y a la globalización. Esa es la causa de esta carestía mundial de los alimentos.

El remedio es quitar regulaciones, liberalizar el comercio mundial, destrabar la ronda de Doha y mandar a sus casas a los políticos populistas en todo el mundo.

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miércoles, 23 de abril de 2008

Alimentos y productividad

Tres puntos clave sobre la "inflación" mundial de los alimentos: 1. Los gobiernos la han provocado con sus intromisiones y la están agravando, 2. Está comprobado que aumentar la oferta de alimentos en el mundo – y dar de comer bien a todos los seres humanos- es factible mediante productividad y 3. El principal factor que eleva la productividad agrícola y agropecuaria es el factor humano.

Durante las últimas décadas del siglo pasado la oferta de alimentos en el mundo – en calidad y cantidad- aumentó muy por encima del crecimiento de la población. Hoy millones de familias pobres en el mundo comen mejor que en el pasado gracias a un salto impresionante de la productividad en el campo; fenómeno, por cierto, que expulsó del campo hacia las ciudades – y hacia empleos mejor remunerados y una mejor calidad de vida – a millones de personas.

En los primeros siete años y cuatro meses de este siglo XXI, en cambio, se ha experimentado un alza acelerada en los precios de los alimentos, cuyas causas comenté ayer brevemente y que se resumen en: Intromisión de los gobiernos, distorsionando el sistema de precios del mercado libre, mediante subsidios, barreras arancelarias y no arancelarias que obstaculizan o impiden el comercio de alimentos, desastrosa asignación de recursos propiciando el uso de tierras agrícolas para producir biocombustibles ineficientes – etanol a partir de maíz, es el arquetipo – cuya producción consume más hidrocarburos de los que, se supone, debería ahorrar.

Los altos precios de los alimentos representan, por otra parte, una oportunidad única para que en muchos países subdesarrollados, como México, los productores reciban mayores ingresos e incrementen su productividad. Sabemos cómo hacerlo y sabemos, gracias a los trabajos visionarios del economista que mejor conoció y entendió la economía de la pobreza (Theodore W. Schultz, premio Nobel de Economía 1979), que el factor decisivo para aumentar la productividad del campo y contar con más y mejores alimentos es el capital humano (inteligencia, conocimientos, habilidades, destrezas, tecnología) de los productores, lo que se logra invirtiendo en su salud y su educación. Jamás – hay que repetirlo- los subsidios o las barreras servirán para producir más alimentos para los pobres de este mundo.

Y, ¡por Dios!, dejen a los mercados libres trabajar. Jamás un burócrata gubernamental los ha podido suplir con mediana eficacia

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martes, 22 de abril de 2008

Alimentos caros por gobiernos entrometidos

En seis años, de enero de 2002 a enero de 2008, los precios de los alimentos en el mundo han subido en promedio 140 por ciento. ¿Cuál es la solución? Dejar que el sistema de precios funcione sin interferencias de los gobiernos.

La pésima idea de subsidiar los cultivos de maíz para producir combustibles (etanol) ha sido la principal causa del disparo de los precios de cereales, leche, carne y otros alimentos en los últimos años. Como se sabe esa ocurrencia del gobierno de Estados Unidos – cuyo principal beneficiario son las grandes corporaciones que compran las cosechas como Archer Daniels Midland– ha perturbado los mercados de alimentos a través de efectos en cadena: el encarecimiento del maíz ha incrementado la superficie de tierras dedicadas a ese cultivo, en detrimento del trigo, la soya, el frijol, el arroz, lo que, a su vez, ha disparado también los precios de estos últimos; además, como algunos cultivos sirven para alimentar al ganado, los precios de los lácteos y de la carne también se han disparado.

Lo más desastroso de esta política es que ni siquiera disminuye el uso de hidrocarburos sino que lo incrementa.

Otro factor detrás del alza en los precios ha sido el mejoramiento de los ingresos – y, por tanto, de la dieta- de millones de chinos e indios. A diferencia de los subsidios, que encarecen artificialmente los productos, un aumento de la demanda de alimentos derivado de un mayor bienestar es una magnífica noticia.

Por desgracia muchos gobiernos están reaccionando con gran torpeza ante el fenómeno. En Argentina Cristina Fernández de Kirchner está fastidiando a miles de productores agrícolas imponiéndoles exorbitantes impuestos a la exportación. El resultado será una menor producción dado que los productores carecen de incentivos para sembrar más o para mejorar los cultivos; habrá mayor encarecimiento. Otro tanto, con torpeza similar, está haciendo el gobierno de la India.

La solución es la contraria: Liberar las fuerzas del mercado que, mediante el sistema de precios, incentivarán una mayor productividad; así, ante una mayor oferta los precios disminuirán y se estabilizarán. Y, por supuesto, abolir ya los estúpidos subsidios al maíz para producir etanol; algo que ni por error propondrán el par de demagogos que se disputan la candidatura del partido demócrata en Estados Unidos (no vaya a ser que pierdan votos o patrocinios).

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jueves, 10 de enero de 2008

La agricultura y la estulticia quejumbrosa

Que los eternos quejumbrosos le den gracias a Dios de que Australia y Nueva Zelanda NO son nuestros socios en el TLCAN.

No he tratado el asunto del capítulo agrícola en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. ¿La razón? Me provoca una flojera casi infinita, porque significa repetir los mismos datos (“duros”, desde luego; los datos “blandos”, si los hubiese, serían sólo prejuicios) y los mismos argumentos que un puñado de personas hemos divulgado, una y otra vez, desde que se estaba negociando el TLCAN. Y también porque, en términos de impacto sobre los productores y los consumidores mexicanos, la apertura en maíz, frijol, azúcar y leche en polvo es irrelevante: los cambios respecto de 2007 son mínimos, especialmente para los productores más pobres – de autoconsumo- para quienes los desaparecidos aranceles significan lo mismo que las lágrimas de cocodrilo de doña Hilaria de Clinton: Nada.

Pero ya que ése es el “tema” me atrevo a hacer una recomendación a los señores de la CNC, al otrora “diputado prepucio” (don Jesús Ortega, quien en una ocasión memorable defendió públicamente a “san Andrés del buen consuelo de la progresía” diciendo que sus adversarios, los del santo Andrés, le estaban recetando obuses en el prepucio – sic- cuando en realidad quiso decir occipucio), y a dos o tres caricaturistas atrapados en la explotación fastidiosa de lugares tan comunes como mentirosos: Lean por favor algo de Theodore W. Schultz – premio Nobel de Economía 1979 y renovador de los principios de la economía agrícola- para entender dos cosas.

A saber: 1. Si hay alguna actividad en la que se conoce con certeza cómo aumentar la productividad y en la que más claramente se obtienen incrementos cuando se aplican los insumos adecuados – que NO son los subsidios sino los conocimientos- es la actividad agrícola; así pues, no nos vengan con que necesitan más tiempo, y 2. Si hay alguna actividad económica en la que los sucesivos gobiernos de Estados Unidos han desperdiciado el dinero de los contribuyentes es en la actividad agrícola; no estamos compitiendo frente a los líderes de la productividad agrícola, sino con una agricultura casi tan ineficiente, por subsidiada, como la de nuestros productores más pobres.

Agradezcan a Dios que NO están compitiendo de frente con los agricultores australianos y neozelandeses, que son de los más productivos del mundo ¡y sin subsidios!
Lean a Schultz, “por favorcito”.

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martes, 25 de septiembre de 2007

"¡Queremos más precios mentirosos!"

¿Qué porcentaje de los recursos públicos queremos que se destine a obras de infraestructura y qué porcentaje queremos que se gaste en afeites, maquillaje, disfraces y cremas "anti-edad"?

La buena economía siempre lleva malas noticias a los románticos que se dicen de izquierda. La buena economía parte de un hecho brutal y poco comedido con nuestros deseos, pero no por ello menos real: la escasez. Si algunos políticos "progre" llenecitos de buenas y verdes intenciones decidieron en Estados Unidos subsidiar la producción de etanol a partir del maíz, más temprano que tarde ello repercute en precios más altos para el propio maíz, las tortillas, y, en cadena, para el trigo – bien sustituto – y el pan, para el sorgo, para el huevo, para la carne (gallinas, vacas y cerdos también comen)…Se llama "pendiente negativa de la curva de la demanda" (Gary Becker) y es una ley tan férrea como la ley de la gravedad.

Pero a los "progres" les encanta el arte teatral – de ahí viene, de los teatros franceses en el siglo XVIII, la palabra maquillaje- y consideran que la tarea de los gobiernos no es reconocer la realidad, sino eludirla con el maquillaje.

En estos días nuestros próceres locales del pensamiento "progre" han mostrado su frívola afición no sólo por las revistillas de la ilusión envidiosa – que por lo visto son su mejor fuente de información-, sino por los afeites y el maquillaje. No les parece mal que el precio de la gasolina sea mentiroso en México, sino que deje de serlo; lo mismo el precio del agua, el de los boletos del Metro, el de la energía eléctrica, el del maíz o el del trigo. Los negociantes piden precios mentirosos para el gas natural; los charlatanes ofrecen mentirosos "seguros" para desempleados; los de la televisión lamentan que se les acaben las facturas por propaganda electoral (la venta de los otros productos "milagro" de maquillaje y ornato a cargo de partidos y candidatos), mientras que los legisladores saborean los millones que, en un juego de manos que llaman reforma electoral (un poco de colorete para disimular las verrugas), les quitaron a los de la tele.

Vivan los precios mentirosos. ¿Querían un mundo de ensueño? No hay problema, se los dibujo. Eso es la política progresista: Arte de modistillas y de peinadoras de salón.

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martes, 18 de septiembre de 2007

Un nuevo embuste de Ebrard

Sólo para empezar: El seguro de desempleo que prometió el lunes Marcelo Ebrard no es tal, ya que un seguro se financia con las aportaciones de los asegurados no con recursos de los contribuyentes o con deuda. Y para seguir: No se puede financiar ese señuelo para incautos con recursos inexistentes; los ahorros financieros no son ingresos nuevos, sino menores costos más o menos hipotéticos.

Cuatro de diez periódicos editados en la capital del país consideraron como la noticia más importante, en sus ediciones de ayer, el anuncio que hizo Marcelo Ebrard de un presunto seguro de desempleo en la ciudad de México.

Que un embuste de tal magnitud merezca tanta atención de los medios resulta significativo. ¿Por qué se trata de un embuste?

Por varias razones: 1. Lo que prometió Ebrard en forma alguna es un seguro, sino, en el mejor de los casos una nueva ayuda monetaria a fondo perdido, como las que ya se otorgan a los ancianos y a otros grupos en la ciudad de México. Un seguro de desempleo se financia con las cuotas de los asegurados, no es una donación graciosa de dinero público. En este sentido Ebrard repite la falacia de su nefasto antecesor, quien llamaba “pensiones” a las ayudas monetarias a los ancianos (una pensión es resultado del ahorro que el trabajador realizó a lo largo de su vida laboral).

2. Es mentira decir que dicha ayuda se financiará con los ahorros de la reestructuración de la deuda del gobierno del Distrito Federal, porque tales ahorros serán, en el mejor de los casos, disminuciones en los costos financieros, pero no recursos nuevos. El ahorro financiero podrá liberar recursos de otras fuentes pero no es un ingreso que se sume a los existentes. Ebrard debe explicar de cuál de tres fuentes posibles saldrán los recursos: ¿Ingresos propios?, ¿participaciones y aportaciones federales?, ¿nueva deuda?

3. Es idiota, en cualquier caso, financiar un gasto corriente perpetuo – una vez que se instaura resulta políticamente imposible cancelarlo- y a fondo perdido, con ahorros de una sola vez, no recurrentes.

Lo cierto es que este señuelo populista se convertirá en otra debilidad de las muchas que ya padecen las finanzas del gobierno capitalino, las cuales comentaré mañana.

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