lunes, 16 de junio de 2008

Y la respuesta correcta es…

Aunque en nuestro examen salimos bastante mejor que los 200 economistas de la AEA (Estados Unidos) encuestados, la distribución de las respuestas tuvo una dispersión notoria.

La respuesta correcta a la pregunta planteada en este espacio el viernes (cálculo del costo de oportunidad de no asistir a un concierto de Bob Dylan cuyo precio es $40 dólares, pero por el cual estaríamos dispuestos a pagar hasta $50 dólares) es $10 dólares, opción (b).

No se preguntó si es mejor opción aprovechar el boleto gratuito para el concierto de Eric Clapton. Desde luego, ese es el mejor curso de acción porque, se supone, somos igualmente fanáticos de Dylan que de Clapton y por lo tanto apreciamos igual ($50) la satisfacción de asistir a cualquiera de los dos conciertos.
El costo de oportunidad de no asistir al concierto de Dylan se calcula contra la ganancia neta de sí hacerlo, que es: Satisfacción esperada ($50) menos dinero que se desembolsaría por obtenerla ($40).

Algunos tendemos a responder que el costo de oportunidad es cero (0) porque confundimos costo con desembolso e imaginamos que asistir al concierto de Clapton “no cuesta”. Esta falacia (que olvida que toda elección implica una renuncia y, por tanto, un costo) es la que propone la propaganda comercial y política desde tiempos inmemoriales cuando dice que algo “no cuesta”.

Tampoco es correcto equiparar el costo de oportunidad con el precio de mercado del concierto al que se renuncia ($40 dólares), porque ello desdeña la “ganancia”, que es la diferencia entre el valor otorgado y el precio.

Otros respondieron que el costo de oportunidad es $50 dólares porque ése es el valor que otorgamos al concierto de Dylan; pero el costo de oportunidad se calcula en términos netos, restando a ese valor ($50) el precio que desembolsaríamos ($40), ya que nadie nos regala el boleto para Dylan. Dicho de otra forma: $50 sería el costo de oportunidad si ambas entradas fuesen gratuitas. Y también $50 sería el costo de oportunidad de desaprovechar el boleto gratis de Clapton e ir al concierto de Dylan desembolsando $40.

Esta fue la distribución de las 117 respuestas recibidas: Acertó el 31% (respuesta: $10 dólares); otro 31% dijo $50 dólares; un 20% consideró que el costo de oportunidad es cero y un 18% que $40 dólares. Un porcentaje mayor de aciertos que en la encuesta entre economistas estadounidenses (31% contra 21%), y mayor también que si las respuestas hubiesen sido al azar (31% contra 25%), lo cual habla bien de los lectores de estas “Ideas al vuelo”.
Gracias a todos por sus respuestas y sus valiosos comentarios.

Referencia

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jueves, 12 de junio de 2008

¿Sabemos calcular el costo de oportunidad?

Por increíble que parezca, menos de la cuarta parte de los economistas profesionales aciertan al calcular un costo de oportunidad.


Todo mundo, o casi, acepta la necesidad de hacer análisis de costo contra beneficio para tomar decisiones, así se trate de análisis someros. El principio detrás de este convencimiento es que sólo vale la pena producir, consumir o hacer algo cuando el beneficio derivado de esa acción es mayor, o al menos igual, al costo de la acción elegida.

Sin embargo, como comenté ayer en el caso del subsidio al consumo de gasolinas y diesel en México, el costo de la acción elegida no se limita a lo efectivamente desembolsado sino que incluye todo lo que se dejó de hacer por elegir ese curso de acción y no otro. Elegir es renunciar porque vivimos en un universo signado por la escasez; en la utopía de la abundancia absoluta de recursos no habría costos… ni economistas.

En septiembre de 2005 el economista Robert H. Frank, profesor de introducción a la economía en la Universidad de Cornell, y coautor, nada menos que con Ben Bernanke (actual presidente de la Reserva Federal), del libro "Principles of Economics", publicó en The New York Times una interesante columna acerca de la deficiente enseñanza de la economía, a partir del ejemplo de lo mal que calculamos los costos de oportunidad, incluso tratándose de economistas con doctorado.

Según una investigación de un par de economistas de la Universidad estatal de Georgia (Paul Ferraro y Laura Taylor), citada en la columna de Frank, sólo 21.6% de entre 200 economistas pertenecientes a la American Economic Association acertaron con la respuesta correcta, de entre cuatro opciones, a la siguiente pregunta:

"Usted ha ganado un boleto gratis para asistir a un concierto de Eric Clapton (boleto que no puede revenderse). Esa misma noche hay un concierto de Bob Dylan para asistir al cual hay que pagar $40 dólares. Usted, fanático tanto de Clapton como de Dylan, estaría dispuesto a pagar hasta $50 dólares por asistir a un concierto de este último, pero ni un centavo más. ¿Cuál es el costo de oportunidad de aprovechar el boleto gratis para el concierto de Clapton? (a) $0, (b) $10, (c) $40, (d) $50".


Estimado lector, ¿cuál, según usted, es la respuesta correcta? Envíela a mi correo electrónico y el lunes vemos cómo nos fue.

AVISO IMPORTANTE (AUNQUE UN POCO TARDÍO): LA DIRECCIÓN DE MI CORREO ELECTRÓNICO PARA ENVIAR LAS RESPUESTAS ES: ideasalvuelo@gmail.com

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miércoles, 11 de junio de 2008

Subsidios y costo de oportunidad

El subsidio que recibimos en México los consumidores de gasolina y diesel equivale a su costo de oportunidad: Todo lo que deja de hacer el gobierno, en términos de fines óptimos para el gasto público. Calcular el costo de oportunidad para el conjunto de la sociedad es muy fácil: Es la diferencia entre el precio al consumidor en Estados Unidos y el precio al consumidor en México. Al día de hoy, más de tres pesos por cada litro de gasolina.


Desdeñar en el cálculo económico el costo de oportunidad de elegir “A” en lugar de otros cursos de acción posibles conduce a una mala asignación de recursos; es pésima economía.

Ayer - 11 de junio- en su primera plana, el periódico “Reforma” nos ofreció una muestra de cómo se hace mal un cálculo de costos; supongo que los dueños de ese periódico, a diferencia de lo que publicaron ayer, sí consideran los distintos costos de oportunidad en cada una de sus decisiones de negocios, o terminarían en la ruina.

Según el “análisis” el subsidio que recibimos los consumidores de gasolina y diesel en México es menor de lo que se ha señalado porque sólo una parte del mismo (la diferencia entre el precio de adquisición y el precio de venta al consumidor final) significa un desembolso efectivo. Error. También debe considerarse, como lo hacemos todos en nuestras elecciones económicas, el costo de oportunidad: aquello que dejamos de percibir por elegir “A”, en lugar de otras opciones factibles.

En este caso, a la pérdida, desembolsada, por el diferencial entre el precio de adquisición y el precio de venta, debemos sumar el monto del impuesto negativo (IEPS) derivado de lo que dispone el artículo 2 A de la Ley del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (ver “Ideas al vuelo” del viernes pasado), que es una pérdida neta de recursos fiscales que podrían tener otros destinos, seguramente más deseables que subsidiar el consumo de gasolina y diesel.

Además de la poca confiabilidad que merecen este tipo de “análisis”, el asunto es relevante porque el costo de oportunidad, un concepto clave de la economía, suele ser mal entendido o desdeñado, lo que conduce a no pocos fracasos empresariales y a decisiones erradas de política económica.

Por eso, mañana continuaré con el asunto del costo de oportunidad en diversos aspectos de la vida.

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