sábado, 24 de octubre de 2009

Los mitos del "gasto corriente"

Antes de que inicie noviembre el capítulo de ingresos federales en México, para 2010, tiene que estar cerrado y "planchado". Por ley. Entonces, empezará en la Cámara de Diputados la discusión acalorada para confeccionar el presupuesto de egresos, ajustado al límite que marquen los ingresos aprobados.

Entre otras muchas cosas previsibles (por ejemplo, que decenas de periodistas escribirán que es una "rebatinga" de recursos, cuando la palabra correcta es "rebatiña") una legión de emisores de opinión hablará de que hay que cortar sin piedad, ni contemplaciones, el gasto corriente. Está muy bien. Nada más que convendría saber, antes, qué quiere decir eso de gasto corriente y qué quiere decir eso de gasto de inversión o de capital.

Llevo años diciendo que ni todo el gasto corriente es por definición malo, ni todo el gasto de inversión es por definición bueno. De hecho, esa clasificación contable del gasto en gasto corriente y gasto de inversión es bastante imperfecta para tomar decisiones inteligentes. Aquí conviene hacer un paréntesis un poquito didáctico.

En México, en el presupuesto de egresos de la Federación, hay tres grandes clasificaciones en las que se ordenan las partidas de gasto:

1. La clasificación administrativa: Responde a la pregunta de ¿quién ejerce el gasto?, o ¿a quién le pedimos cuentas de lo que se gastó?

2. La clasificación "económica" (ese es el adjetivo oficial, pero más que económica, esa clasificación es contable): Responde a la pregunta de ¿en qué se gasta el dinero? y es aquí donde entra esa sub-clasificación entre gasto corriente y gasto de inversión, y van algunos ejemplos: El sueldo de una enfermera que pone vacunas a los niños en el centro de salud y las mismas vacunas son gasto corriente; en cambio, la camioneta Suburban en la que el señor presidente municipal viaja para visitar al gobernador en la capital del estado es gasto de inversión. Apurando el ejemplo, hay que tener cuidado de que cuando alguien nos predica vehemente que hay que aumentar el gasto de inversión y recortar el gasto corriente no vaya a ser que nos esté diciendo: "Queremos más camionetas Suburban y menos vacunas". Por eso hay que afinar el análisis del gasto, e irnos también a la última de las tres grandes clasificaciones, que es...

3. La clasificación funcional que responde a la pregunta: ¿Para qué se gasta?, ¿para prevenir una epidemia de sarampión o para que el señor presidente municipal llegue a la capital del estado y al palacio de gobierno en un vehículo más que decoroso?, ¿para que los niños en las escuelas aprendan a cifrar y descifrar, leer, escribir, sumar, dividir y demás o para que el SNTE o la CNTE, según la sección sindical y el estado del país de que se trate, no paralicen las clases y no hagan "pacíficas" manifestaciones de protesta que a veces terminan como el famoso Rosario de Amozoc?.

Esta última clasificación debiera ser la más importante para tomar las grandes decisiones, en la Cámara de Diputados, de la misma manera que en el Consejo de Administración de una empresa se decide la mejor asignación posible de los recursos escasos para cumplir el objetivo de la empresa, que es la famosa "línea final" del estado de resultados: la utilidad neta. Los miembros del Consejo de Administración no deberían perder su valioso tiempo decidiendo recortar el gasto en lápices que hace la sucursal de Ciudad de Valles, sino si vale la pena tener sucursales propias o usar otros canales de distribución y servicio. Para ver que no haya un dispendio en lápices está el departamento de contabilidad y auditoría y están los gerentes de las sucursales.

Ahora, imaginemos que los miembros del Consejo de Administración no están interesados, como deben estarlo, en la línea final del estado de resultados, sino en evitar que su compadre que tiene el contrato de la empresa para surtir lápices y material de papelería, a un precio inflado, no vaya a perder esa fuente de jugosos ingresos. Si los miembros del Consejo de Administración razonan así, entonces las juntas de consejo se van a convertir en una rebatiña sobre los recursos de la empresa: Si Fulano quiere que su compadre surta los lápices, yo quiero que mi yerno, el que tiene agencias de autos, también se lleve su tajada y propongo que se renueve la flotilla de camiones de reparto de la empresa porque ya se ve muy deteriorada. Y además, para que mi solicitud suene mucho mejor que la de Fulano (el de los lápices) argumentaré que lo mío es gasto de inversión y no ese detestable gasto corriente que consiste en gastar lápices.

La pregunta que nadie se hace, en ese hipotético Consejo de Administración corrompido que ve un botín en los gastos de la empresa, es ¿para qué sirve este gasto?, ¿en qué contribuye, con indicadores objetivos y transparentes, de preferencia cuantitativos, a que se incremente el valor de la línea final del estado de resultados?

Etiquetas: , , , , ,

sábado, 10 de octubre de 2009

¿Una nueva celada del PRI?

Espero equivocarme, pero empieza a configurarse en el horizonte inmediato una nueva celada del "nacionalismo revolucionario" - léase el PRI experto en el doblez - cuyo saldo final sería: Un mayor déficit fiscal, con todos los dardos envenenados que eso encierra: inflación, mayores limitaciones objetivas para una recuperación económica, precios mentirosos, desempleo creciente, desaliento a la inversión productiva, tasas de interés presionadas al alza, crédito inaccesible para la sociedad y para las actividades del sector privado e incentivos al gasto público dispendioso.

La celada parece estar tan bien dispuesta que, en lo inmediato, una mayoría de las víctimas del asalto agradecerán a los salteadores de caminos que los hayan salvado de "pagar más impuestos". Curiosa maniobra por la cual los despojados besarán las manos de quienes les han desposeído. Como integrantes del coro, en este remedo de tragedia clásica, tendremos a los "valientes líderes de opinión" - en realidad, tontos útiles- que se congratularán de haber detenido el "odioso" intento del Poder Ejecutivo que no sólo quería cobrarnos más impuestos, sino que había propuesto - contra la opinión de sesudos expertos y hasta de dos o tres premios Nobel que visitaron estos andurriales- un presupuesto restrictivo, limitado, en lugar de "estimulante", "generoso", "audaz". Felicidades.

El verdadero PRI, el de siempre, asomó la cabeza. Bastó con que el PAN propusiese recortar a la mitad el gasto de los partidos políticos y del IFE para que el PRI respondiese indignado: "'¡Demagogia!, ¡populismo!, a ver, ¿por qué no lo propusieron antes cuando tenían más legisladores?". Curiosa y reveladora respuesta porque, entiendo, no era ésa la pregunta (no les preguntamos si les parece admirable y digna de elogio la propuesta del PAN, sino ¿qué harán ustedes?, ¿secundarán la moción y están dispuestos a recortarse por la mitad el propio presupuesto?). Desde luego, la respuesta es un rotundo NO, pero es una respuesta sibilina, encaminada a distraer el juicio ajeno sobre las propias acciones, recurso inmemorial del defraudador contumaz.

Comparsa digno de lástima, excrecencia surgida del tumor original (anomalía bastarda de la anomalía primera), el PRD hace segunda al "argumento" del PRI: "Ni un peso menos para nosotros, pero ni un peso más de impuestos".

La fórmula no deja lugar a dudas. La aritmética es inflexible. Tienes a la mano tres instrumentos únicos para cuadrar las cuentas públicas del próximo año: reducir el gasto, aumentar la recaudación, incrementar la deuda. Puedes hacer distintas combinaciones. La propuesta del Poder Ejecutivo Federal fue, contraria a la lógica de quien quiere a cualquier costo ganar las elecciones de mañana, una combinación de reducción del gasto (significativa) con incrementos de impuestos (significativos también) y un poco, no más de lo indispensable, no más de lo que dicta la prudencia juiciosa, de deuda pública. No es, ¿quién lo duda?, una propuesta para ganar un concurso de popularidad, pero es una propuesta responsable.

Ahora, con la complacencia idiota (ése es el adjetivo justo) de los negociantes de siempre y sus voceros "dóciles" y prestos a doblar la cerviz ante la voz del amo, el PRI empieza a dibujar, y a vender, su famoso "plan B": Recorte al gasto solamente en los "bueyes de mi compadre" - en lo que a mí corresponde, "ni un peso menos"-, algún incremento de impuestos carente de eficiencia recaudatoria para cubrir las apariencias (y hacer más abstruso lo que de suyo es complejo, el sistema tributario en México) y deuda, más deuda, que justificaremos con la coartada de que la terrible recesión aconseja (bendito Keynes y benditos keynesianos de última función) una estrategia que vaya contra la corriente de la recesión, un gasto "estimulante" como café expreso doble "bien cargado", un gasto generoso con los hijos de la sacrosanta Revolución en pleno "centenario" de la "gesta gloriosa". ¿Que la ley, esa estorbosa y pacata ley de presupuesto y responsabilidad hacendaria, no lo permite? No se confundan, compañeros. "No se hagan bolas", interpretemos la ley en sentido amplio y sin prejuicios, no seamos mezquinos. Y si es preciso cambiemos la ley: No estamos proponiendo - dirán-, ni que fuésemos irresponsables, por favor, un déficit fiscal descontrolado; por el contrario, nuestra propuesta se ajusta al "equilibrio fiscal", pero es moderna: "Equilibrio fiscal a lo largo del ciclo", ya vendrán tiempos de abundancia, de vacas gordas y entonces, créanos, ahorraremos, gastaremos menos de lo que nos ingrese y tendremos superávit fiscales. ¿Que cuánto durará el ciclo? Nadie lo sabe, tal vez medio siglo, tal vez más. Pero, ya lo dijo Lord Keynes, "para entonces estaremos muertos".

De veras deseo equivocarme. Nada más amargo que el dudoso gusto de decir "se los dije" a las víctimas de un asalto anunciado, que, desoyendo las advertencias, corrieron presurosas al encuentro de sus victimarios.

Etiquetas: , , , , , ,

martes, 6 de octubre de 2009

"Liberales" de contentillo

“I still believe in liberalism today as much as I ever did, but, oh, there was a happy time when I believed in liberals”. G. K. Chesterton.


A ver: Suena lógico y hasta encomiable que los “liberales mexicanos” (universo difuso y confuso, pero evidentemente no profuso) estén en contra de los aumentos de impuestos.

Pero sería deseable que muchos de esos “liberales” (así les llamo porque así se han bautizado a sí mismos) le dieran un poco más de sustento y coherencia a sus alegatos.

Veamos. En principio, los impuestos son un mal necesario. La denominación “mal necesario” indica que sí, deben existir los impuestos, pero mientras menos, mejor. ¿Por qué? Primero, porque los impuestos distorsionan el funcionamiento del mercado libre. Segundo, porque los impuestos se destinan a sufragar el gasto del gobierno y es claro que, frente a frente, el gasto que se hace del dinero ajeno tiende a ser menos eficiente que el gasto que hacemos de nuestro propio dinero. Nadie gasta el dinero ajeno (los impuestos) con el mismo cuidado que una persona gasta su propio dinero. De ahí, la tendencia inevitable del gasto público a la ineficiencia, a la asignación errónea o defectuosa de los recursos (que, por definición, son escasos), aun en la eventualidad de que quien ejerza el gasto público sea sumamente escrupuloso y esté sometido a un agudo y puntual escrutinio por parte de los ciudadanos. Tercero, porque resulta claro que los impuestos restan inevitablemente recursos a la sociedad.

Hay muchas otras razones, derivadas de las anteriores, para desear que los impuestos sean pocos, de tasas bajas y únicas, parejos o iguales para todos. Proporcionales, que no progresivos. (No es lo mismo, como nos enseña no sólo la semántica, sino las matemáticas).

Hasta ahí estamos de acuerdo. Pero ahora resulta que algunos “liberales” (que se denominan a sí mismos como tales) llevan su aversión a los impuestos hasta el extremo de ver con buenos ojos, o con indiferencia, cosas mil veces peores que los impuestos, como son el déficit fiscal y la consecuente inflación.

Como una especie de coartada, algunos de estos “liberales” afirman que la solución es disminuir más el gasto público (siempre y cuando no sea el gasto público que los salpica a ellos o a sus patrocinadores). ¡Correcto!, ¡que se disminuya más el gasto público!, pero a todos los niveles y en todos los ámbitos de gobierno. Sin embargo, la mayoría de estos “liberales”, acérrimos enemigos de los impuestos, desdeña lo que ya ha hecho (insuficiente, sin duda) en esa línea al gobierno federal y, más grave aún, parecen formular su consigna en abstracto, como si no existiese un marco institucional – un arreglo, bueno o malo – que funciona en el mundo real y que pone límites, restricciones, obstáculos insalvables a los buenos deseos. Parecen ignorar que es la Cámara de Diputados la que aprueba el Presupuesto de Egresos y que sus encendidas diatribas contra el dispendio deberían dirigirse también a los flamantes diputados para rogarles, por ejemplo, que ya no le den recursos a las entidades federativas, si esos recursos se gastarán para financiar la versión cinematográfica de alguna de las recientes obras de Gabriel García Márquez (mediocre, sobre las "putas tristes"), como planeaba hacer el gobierno de Puebla. Parece que ya no lo hará, porque algunas activistas, por razones que nada tienen que ver con la ortodoxia fiscal, han protestado. ¿Dónde estaban los "liberales"?

La política fiscal no se desenvuelve en el vacío, sino en un marco institucional (bueno, malo, regular o peor) que está plasmado en la Constitución y en multitud de leyes. El Presidente no puede decretar de un plumazo que decenas de miles de pensionados dejen de recibir sus pensiones para poder disminuir el gasto corriente. No puede tampoco invalidar, de forma retroactiva, las condiciones generales de trabajo que han regido por décadas digamos en la Comisión Federal de Electricidad o en la Compañía de Luz y Fuerza del Centro y que establecen que todo jubilado de esas empresas públicas reciba cada mes hasta su fallecimiento una pensión equivalente a su último salario. Ese es un marco institucional, si quieren cambiarlo (y deberían quererlo, ¡ya!), pugnen en donde deben pugnar: ante los legisladores federales y critiquen a quien deben criticar. Y sepan, por cierto, que no hay forma - sin destruir el estado de derecho - de modificar ese arreglo de forma retroactiva.

El colmo es cuando leemos que algunos de estos “liberales” (verbigracia, el director general de Instituto Mexicano de la Competitividad, IMCO) proponen que el gobierno “estimule” fiscalmente la economía, de acuerdo con la rediviva moda mundial del keynesianismo silvestre, lo que – si nos atenemos a la lógica – no sólo implica proponer un mayor déficit fiscal, sino postular que es el gobierno, y sólo el gobierno, el que mueve a la economía. Curiosos “liberales”, por decir lo menos.

El día de mañana veremos cómo alguno de estos “liberales” (hemos de llamarles así porque de tal forma se bautizan a sí mismos, no por otra razón) critica al gobierno por proponer la desaparición de la Secretaría de Turismo y aplaude a los valientes legisladores priístas que logren impedir esa racionalización (mínima, si se quiere, pero racionalización deseable) del tamaño y la presencia del gobierno en la actividad económica. Habrá de suponer ese hipotético "liberal" que los turistas extranjeros vienen a México atraídos por la arrolladora personalidad del Secretario de Turismo y no por otros atractivos que, ingenuo, yo conjeturaba que explotaban con inteligencia los verdaderos empresarios turísticos.

Excelente que se opongan a los impuestos. Felicidades, pero no recuerdo haber escuchado a muchos de estos “liberales” lamentar que el gobierno derrochase los recursos escasos para subsidiar el precio de la gasolina o del diesel. En ese asunto, sólo recuerdo las advertencias de Sergio Sarmiento, Arturo Damm y Juan Pablo Roiz. ¿Dónde estaban los otros "liberales"?

Pareciera que son “liberales” con, al menos, un par de carencias intelectuales importantes: 1. Desdeñan u olvidan el marco institucional en el que se desenvuelve, para bien o para mal, una democracia como la mexicana y 2. Ignoran, al igual que tantos socialistas, que no se puede tener todo a la vez: un mundo sin impuestos, con abundante gasto público y sin deuda pública. Padecen, al igual que multitud de políticos mexicanos, del síndrome Cantarell: El petróleo que nos dio la Providencia será la solución a todo.

Etiquetas: , , , , ,

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Sor Juana y los adoradores del Estado

En las famosas "redondillas" de Juana de Asbaje y Ramírez (Sor Juana Inés de la Cruz) en defensa de las mujeres hay un hermoso alegato contra la incosistencia racional - e incongruencia moral - de quienes incitan a la mujer a ser liviana, para inmediatamente después, si acaso la mujer cede a la invitación, reprocharle su ligereza, pregunta Sor Juana:

"¿Qué humor puede ser más raro/Que el que, falto de consejo/Él mismo empaña el espejo/Y siente que no está claro?"


Y líneas atrás había escrito:

"Parecer quiere el denuedo/De vuestro parecer loco/Al niño que pone el coco/Y luego le tiene miedo"


Hoy, ante la presentación del programa económico para 2010 (proyecto de presupuesto de egresos, iniciativa de ley de ingresos, criterios generales de política económica y otras propuestas de reforma en materia fiscal), encuentro a más de un político y opinante de oficio más o menos adorador del Estado, o más o menos afecto a la intervención del gobierno en la economía, atrapado en la más flagrante incongruencia intelectual y moral.

Estatólatras en apuros
Por una parte, el guión les dicta que deben criticar con más o menos ferocidad cualquier iniciativa que surja de un gobierno etiquetado (también está en el guión esto de la etiqueta) como conservador en materia de moral pública y neoliberal en materia económica, de "derecha" pues. Por otra, han pedido durante años, implorando y exigiendo más bien, que el Estado nos resuelva la vida, que el gobierno tenga una política activa que saque a los pobres de la pobreza, que el gobierno sea fuerte y cuente con recursos abundantes para salirle al paso a cualquier evento adverso, especialmente para corregir con abundantes recursos públicos lo que llaman "fallas del libre mercado" (muy pronto, en el discurso de la "izquierda" estatólatra, se dirá que los terremotos, los huracanes, el SIDA y hasta el cáncer de seno, son también fallas del mercado), y ahora se encuentran con que les disgusta sobremanera que el gobierno busque recursos para hacer siquiera una buena parte de lo que estos adoradores del Estado esperan - y exijen- que el Estado haga. Quieren más Estado, pero no quieren impuestos. Quieren subsidios para el cine nacional, para la educación superior, para pagarle pensiones a todo mundo (pensiones desvinculadas del hecho de que esas perosnas hayan o no ahorrado recursos a lo largo de su vida laboral; pensiones forzosas hayan o no hayan trabajado los pensionados antes de llegar a la edad de retiro), pero quieren que surjan de la nada.

Lo que algunos llaman "izquierda moderna", digamos la "izquierda" que ha prevalecido por décadas en algunos países nórdicos, ya entendió hace muchos años que, por elemental congruencia, si quieren un Estado benefactor, que los cuide desde la cuna hasta la sepultura, tienen que favorecer a la vez los impuestos elevados al ingreso, progresivos más que proporcionales, y también las contribuciones universales de tasas únicas - que sin ser progresivas, son proporcionales porque quien más gasta, más paga- que gravan al consumo. Pero nuestra izquierda vernácula, en México y en casi toda América Latina, no lo entiende o no lo acepta.

En los casos destacados de México y de Venezuela el petróleo ha sido la salvación para permitir que esta inconsistencia intelectual e incongruencia moral susbistiese por muchos años. Eso explica, en el caso de México, que la riqueza petrolera (el petróleo es de todos, aunque es más de unos que de otros) permitiese tener una estructura tributaria débil, relativamente fácil de eludir o de evadir, y un Estado gastalón, con subsidios generosos, con centenares de Institutos y organismos pagados con recursos fiscales (los ingresos petroleros son en México, más de la tercera parte del total de los recursos fiscales) que lo mismo promueven el cine, defienden -aunque sea en la retórica- la causa de las mujeres, promueven el deporte o eso dicen, se encargan (o eso dicen) del maíz, del café, de la caña de azúcar, del carbón, de la lectura de libros, de la confección de poemas, de la preservación de los pollos o de los cerdos, del cuidado de los riñones o de la prevención de la locura...El petróleo dió para eso y más.

Pero, en esta vida, todo por servir se acaba. Hasta el petróleo y hasta los yacimientos milagrosos como Cantarell (hallazgo casual que no requirió de esfuerzo o de investigación y que, para colmo de la dicha de los estatólatras, no requirió de esfuerzos denodados o de inversiones cuantiosas para extraer de él cada día cientos de miles de barriles de petróleo) y, llegada esa hora, llegado el momento en que el gobierno de México le está viendo el fondo a la alcancía (que algunos soñaron inagotable), no parece haber otro remedio que o renunciar a ese Estado benefactor, que lo mismo paga una operación de cataratas que una carrera de escultor o una vida dedicada a la "pobretología" digamos en el Colegio de México o en la Cámara de Diputados, o empezar a cobrar impuestos en serio.

Me adelanto a la objeción gastada de que el problema no es que se cobren impuestos sino que siempre los pagan los mismos, es decir quienes trabajamos en la economía formal, "con todas las de la ley" como decían los abuelos, y que no se les cobran impuestos a quienes medran en la economía informal, recordando que justamente el método más eficaz para "aumentar la base de los contribuyentes" es gravar de forma universal y con tasas únicas el consumo. También recuerdo que hay un impuesto más o menos nuevo en México (se aprobó en septiembre de 2007, apenas) que grava los depósitos en efectivo a partir de la presunción, totalmente acertada, de que tarde o temprano también el dinero de quienes medran en la economía informal llega a los bancos y, si no se acredita fiscalmente su procedencia (es decir, que provenga de alguna actividad que paga impuestos al ingreso), se le grava automáticamente. Decían que ese impuesto no iba a funcionar y, por el contrario, ha funcionado bastante bien (vean las cifras de recaudación por IDE, o Impuesto a los Depósitos en Efectivo). En todo caso, discutamos acerca de la forma de aumentar la base - el número - de los contribuyentes, pero sin dogmas de "fe tricolor" como el que aduce que generalizar el IVA y cobrarlo a todas las transacciones - lo mismo si lo que se compra es un litro de leche que si se compra una pastilla para sacarle la vuelta a la disfunción erectil- es un sacrilegio porque así lo determinó la Asamblea número tal del PRI para sacarse la espina de la "roqueseñal" y darles una lección a los odiados "tecnócratas". (Y, por cierto y por favor, distinguidos opinantes de oficio y políticos, no digan "aumentar la base gravable", éso no significa lo que en realidad ustedes quieren decir, eso significa simplemente "aumentar los motivos para cobrar impuestos" aunque se le cobren a los mismos de siempre. Aprendan a usar el lenguaje con propiedad, por favorcito).

Dejo hasta aquí las divagaciones y voy a un ejemplos concreto del "parecer loco" de algunos que, primero ponen el coco, y luego le tienen miedo:

Hoy miércoles nueve, del mes nueve, del año nueve, programa de radio conducido por Carlos Puig, discusión entre Leo Zuckerman - quien manejó la ironía de forma magistral - y Sabino Bastidas, quien se reveló como un estatólatra incosistente, titubeante y mal informado (lo cual, de veras, me sorprende porque siempre escuché que Bastidas era una especie de "lumbrera" idológica en las ligas ya no tan juveniles del PRI), y que transcribo a continuación. Primero va, como introducción, un "round de sombra" entre Zuckerman y Puig, que gana el primero por KO, después vienen la fina esgrima irónica de Zuckerman dejando sin argumentos lógicos a Bastidas, quien llega al extremo de proclamar casi que sin la intervención del Estado en nuestra vidas, seríamos unos miserables gusanos que se arrastran por el fango. Va.


Un debate en la radio el 09/09/09

Carlos Puig: Yo empiezo con Leo Zuckermann que aquí siempre ha insistido, menos Estado, más neoliberalismo y bueno pero aquí hay más impuestos, debes estar enojadísimo.



Leo Zuckermann: Bueno la verdad es que me encanta el ambiente liberal que se vive en esta cabina, el conductor poniéndose de el lado de los que pensamos que efectivamente el Estado debe de ser más chico y, por lo tanto, debe de costar menos, a todos aquellos adoradores del Estado que siempre están propugnando por una mayor intervención del Estado se están dando cuenta, pues, que las cosas cuestan y que no nos costaban porque teníamos una cosa que se llama petróleo pero 'lástima Margarito'.

El país se está quedando sin petróleo y entonces, ahora sí, se va a meter el gobierno en nuestros bolsillos para tratar de financiar todas las cosas que nos encantan: las regulaciones del IFE, el hecho de que los partidos tengan mucho dinero, 500 diputados, 128 senadores, una educación donde el sindicato tiene muchas prebendas y hay que darle más dinero a los maestros, en fin, podemos decir muchas cosas, que bueno, claro, una Suprema Corte que cuesta cuatro veces más que la de Estados Unidos ¿verdad?

Estas cosas cuestan, qué bueno que lo estemos discutiendo, a mí me parece fantástico que finalmente estemos dándonos cuenta, pues, de que el gobierno trae un déficit y de que las cosas cuestan y te voy a decir una cosa: creo que en la medida que el paquete que manda el Presidente Calderón es un paquete responsable porque contra lo que tú piensas de que es mejor endeudar al país, yo creo que no.

Yo creo que la gente…

Carlos Puig: No, yo no lo pienso…

Leo Zuckermann: Tú has tenido una defensa del déficit público, el déficit público es una manera de cobrar impuestos al futuro.

Carlos Puig: Perdón, no fue lo que dije yo, el FMI (?) dijo de Polonia que se va endeudar 6% este año, el FMI dijo que le parecía que en estos tiempos de recesión debería de saltarse el acuerdo, además hay que hacerlo, no lo digo yo…

Leo Zuckermann: Pero tú al estar defendiendo que México se debería de tener un mayor déficit, lo que estás diciendo es: 'en lugar de cobrar más impuestos a la gente, utilicen la tarjeta de crédito y luego la vamos a pagar'.

Ahora, el problema es que llega un momento en que hay que pagar la tarjeta de crédito, y si México no resuelve su estructura de recaudación ahorita pues ¿cuándo la va a resolver?

Mira yo he hablado, y con esto termino, con gente de las calificadoras; las calificadoras son muy importantes en estos momentos porque es la que te da las calificaciones para ver qué deuda, cuánto te va a costar tu deuda y ellos te dicen: 'mira, nosotros estamos muy pendientes de esto porque si México no hace ahorita su reforma en la recaudación, su reforma tributaria pues ¿cuándo la va a hacer? Si no la haces cuando estás en crisis pues ¿cuándo la vas a hacer?


Y SIGUE:

Carlos Puig: Pero la segunda línea del primer punto del decálogo habla de blindaje para que nadie ¿te acuerdas cuando dice, todos los recursos en la pobreza, dice, blindaje para que esto no sea mal utilizado?

Entonces no sé si ese blindaje le va permitir…Sabino.

Sabino Bastidas: Mira lo que pasa es que el dato con el que sale el Presidente ayer es la fachada de la pobreza, o sea, toda esta reforma tiene un sentido de pobreza porque la explicación es posterior, la explicación de los impuestos, el debate del déficit, los impuestos que nos iban a cobrar es un segundo momento de comunicación político que es por la tarde, antes de eso tuvimos un mensaje del Presidente en donde claramente pareciera que todo está alineado en la lógica de que vamos a combatir la pobreza y eso justifica este impuesto de combate a la pobreza, este coco, este impuesto de combate a la pobreza que no es un IVA técnicamente es correcto el planteamiento no es un IVA, es un IVA disfrazado, no es un IVA en tanto que el IVA es un impuesto genérico y es u impuesto que se aplica a cualquier gasto, este es un impuesto especial en tanto que está etiquetado supuestamente para el gasto de pobreza, lo que pasa es que por el otro lado hay una reducción a la pobreza.

Entonces si bien es cierto, técnicamente no es un IVA, para el consumidor es un IVA, o sea él va a ver en su recibo al momento de pagar cualquier cosa 15% de impuesto y 2% de IVA, es una manera de disfrazar un ingreso…lo que hay que decir es que es un impuesto al pobre agregado y que finalmente va a funcionar como IVA.

Entonces aquí el tema está en como quieren aplicar este tema a la pobreza y yo la pregunta que me haría es, si esto resuelve y va alineado a la lógica del Presidente, los cambios estructurales, ninguno de los dos planteamientos, ni el de ingreso ni el de egreso me plantea cambios estructural en el país, no estamos modificando la estructura de cobro de impuestos, lo único que hicimos es, y lo dijo ahorita alguno de los diputados, efectivamente, sobre lo que ya cobramos aumenta el estantito hasta que logremos satisfacer la carencia de…

Carlos Puig: Paramétrico, dijo, vamos a discutir mucho más ampliamente esto, quiero desarrollar esta parte de la simulación mexicana ¿qué dice Leo Zuckermann con esto del IVA que no es IVA?, ahora volvemos.
P A U S A
En nuestra mesa con Sabino Bastidas, Jesús Silva Herzog Márquez y Leo Zuckermann conversando sobre lo que ayer presentaron el Presidente primero en la mañana y después Agustín Carstens en la noche frente al Congreso de la Unión, Leo Zuckermann, decías antes de irnos, esta es una típica simulación mexicana ¿a qué te referías?

Leo Zuckermann: Bueno que este, le llaman contribución de combate a la pobreza, es un 2% pero en realidad es un IVA del 2% generalizado y yo creo que sí es un cambio estructural para el tema de ingresos que tiene el país del sector público porque bueno se viene hablando mucho desde hace tiempo de que eso es lo que necesita el país, eso va a permitir incrementar la base gravable, es decir, la cantidad de gente que paga impuestos y que hoy no paga y que va a pagar impuestos, va a ser acreditable, va a permitir echar abajo una serie de regimenes especiales que tiene el IVA, es un IVA, es como si el gobierno hubiera dicho, bueno ahora se va, vamos a subir a 17% el IVA y a los que pagan tasa cero y exentos, etcétera, vana pagar 2%, eso es un cambio estructural importante otra vez.

Lo que es increíble es, ¿cuántos años llevamos hablando de esto?, exactamente hace seis años estaba la discusión del IVA copeteado, ¿se acuerdan de Vicente Fox, etcétera? Ahora yo le quiero decir algo a la gente, insisto, la gente está muy enojada, yo estoy muy enojado, pues sí, pero acuérdense que ese es el costo de pagar un gobierno que por lo demás es bastante ineficaz pero a ustedes les gusta que el Estado esté interviniendo…les gusta que haya hospitales públicos…bueno yo creo que sí gastamos mucho en educación, yo creo que hay que bajarle al tema de la educación, como país de la OCDE…gastamos casi 7 puntos del PIB, es decir, gastamos más que Corea y la educación mexicana es la peor de los países…

Carlos Puig: Sabino Bastidas.

Sabino Bastidas: O sea todos estamos en esa… pero estamos discutiendo la educación pública, estás hablando de educación pública, yo no puedo estar de acuerdo en que no paguemos con recursos del Estado la educación pública, es que no metas todo en un mismo cajón…

Leo Zuckermann: A ver, salgan hoy a sus escuelas a demandar una educación de calidad porque el gobierno les va a cobrar más impuestos, qué bueno.

Sabino Bastidas: Se trata de gastar bien y se trata de invertir correctamente.

Leo Zuckermann: Eso suena muy bien, ¿cómo le hacemos?

Carlos Puig: Ahora, no veo en ninguna parte, dos cosas, y lo leí, por lo menos el documento público de 23 páginas, ya lo señalaba, me parece, no sé si Luis Videgaray o Vidal Llerena, ¿no?, no veo aquí gastar mejor, sí veo gastar menos, mucho, es decir, hay mucho en gastar menos, no veo en gastar mejor, y no veo algo, y no quiero seguir comparándome con otros países, no veo infraestructura, no veo anticíclico, no veo un programa de gasto que en enero, nos decía Agustín Carstens, es lo que habría que salir…

Leo Zuckerman: Pero ¿tú crees que el gobierno es la solución a la economía?

Carlos Puig: Sabino Bastidas.

Sabino Bastidas: Pero mira, muy por el contrario, estructuralmente, fíjate nada más hacia dónde estamos construyendo el modelo. Cuando el Presidente ayer nos habla de que México ha tenido cinco millones de pobres más, que son los datos de CONEVAL formales, son los datos que tenemos de CONEVAL hasta 2008, pero la caída del Producto Interno Bruto genera un aumento proporcional de la pobreza; pudimos haber generado en esta crisis, con todo 2010 hasta ocho millones y medio de pobres.
Ayer el Presidente dice, es que el impuesto que vamos a cobrar se va a etiquetar para aumentar el subsidio a la pobreza, y vamos a tener seis millones y medio de familias, casi 30 millones, dijo el Presidente Mexicano que van a recibir de manera directa un subsidio a la pobreza…

Leo Zuckerman: Y eso ¿está mal?

Sabino Bastidas: Lo que estamos construyendo es una nómina de pobres, no estamos resolviendo estructuralmente el tema de la pobreza; o sea, lo que hizo el Presidente de anunciarnos los 10 puntos de una reforma estructural, en…

Leo Zuckerman: Tú no quieres que haya nómina en los pobres…

Sabino Bastidas: Por favor, Leo, como no voy a querer eso.

Leo Zuckerman: ¿Entonces?

Sabino Bastidas: El punto es…

Jesús Silva Herzog: Ya no entendí… (Nota de RMM: Yo tampoco).

Sabino Bastidas: Yo no veo Leo, yo no veo cómo eso se ve reflejado en un presupuesto. Yo no veo reflejado los 10 puntos de Calderón en este presupuesto…

Leo Zuckerman: No, no, a ver, Calderón dice vamos a poner este IVA disfrazado del 2% para darle más dinero a los pobres ¿estás a favor o en contra de eso?

Sabino Bastidas: ¿De qué?

Carlos Puig: Él no vota, estamos analizando no votando.

Leo Zuckerman: Bueno, ¿te gusta o no te gusta?, ¿estás de acuerdo o no estás de acuerdo? Vaya, toma una posición.

Sabino Bastidas: Mira Leo, aumentar nada más el dinero en una nómina de pobres no nos va a solucionar el tema de la pobreza.

Leo Zuckerman: Entonces no hay que darle más dinero a los pobres.

Sabino Bastidas: Y no es un asunto de darle más dinero a los pobres porque suena a demagogia, eso que estás diciendo suena a demagogia, eso que estás diciendo es demagogia. Bueno entonces no me estás resolviendo el problema de la pobreza porque a los pobres los sacas del a pobreza en vías de crecimiento económico.

Leo Zuckerman: Y eso, y necesitamos al gobierno para que haya crecimiento económico.

Sabino Bastidas: El crecimiento económico tiene muchas fuentes, una de ellas, una de ellas es la manera como el gobierno gasta. Claramente, el agente económico más importante de este país es el gobierno Leo.

Leo Zuckerman: No, no, no, perdóname…agente económico…

Sabino Bastidas: El agente económico más poderoso, el que aumenta el gasto y disminuye el gasto y tiene un impacto en toda la economía es el Estado.

(NOTA de RMM: Aquí, cuando Bastidas dice esa barbaridad, mi personal detector de burradas se puso al rojo vivo)

Leo Zuckerman: Perdóname, es el sector privado, el sector privado que produce más Producto Interno Bruto.

Sabino Bastidas: El agente económico más grande es el Gobierno, el que más gasta, el que te cambia la correlación de puestos de la economía…

(NOTA de RMM: En generación de valor agregado a la riqueza de la economía el gobierno en México no llega al 15 por ciento del PIB; una cosa es que pueda obstruir mucho, otra, muy distinta, es que haga todo o casi todo)

Leo Zuckerman: Ah bueno, y es el que tiene que sacar a la economía de…

Sabino Bastidas: Y, perdóname, Leo, ¿y quién lo hizo en Estados Unidos?, porque la verdad es que la visión esta la liberal a ultranza tiene sus limitaciones, porque no me digan que la economía en Estados Unidos, después de criticar al Estado durante 25 años, después de señalar que el Estado no funcionaba, resulta que quien sacó a la economía del mundo, en esta visión…

(Nota de RMM: Bastidas está, otra vez, mal informado. La economía de Estados Unidos se está recuperando a pesar del gobierno de Obama, gracias a la iniciativa de la sociedad y de los individuos)

Leo Zuckerman: Tenía un déficit del 10% del Producto…

Sabino Bastidas: Quien sacó a la economía del mundo fueron los Estados, Leo, entonces vayan matizando su visión de que el Estado, de que el Estado del mercado, perdóname, necesitas Estado ¿eh?

Leo Zuckerman: Necesitas Estado ¿a dónde? ¿Hasta dónde necesitas el Estado? El Estado, en Estados Unidos…

Sabino Bastidas: Por lo pronto no necesito del mercado para salir adelante en la crisis.

(Nota de RMM: Otra vez, tras esta declaración de Bastidas mi detector de estupideces está a punto de estallar)

Leo Zuckerman: El Estado en Estados Unidos se endeudó 10% del Producto Interno Bruto porque tiene esa capacidad, México no la tiene; o sea, el gobierno no tiene dinero, nos queda clarísimo, se va a endeudar para sacar a la economía ¿cómo, cómo Sabino?

A ver, yo quiero saberlo ¿qué?, ¿construyendo infraestructura? No pueden echar a andar una carretera, por el amor de Dios, hombre. ¿Cuánto tiempo llevan tratando de hacer esta refinería? Por favor.

Lo que debería hacer…

(...)

Leo Zuckerman: ¿Por que hay la capacidad del Estado de endeudarse? En México, la pregunta es ¿puede el Estado mexicano endeudarse? La respuesta es no, no mucho porque ya no da para más ¿por qué? Porque los que le prestan al Estado mexicano, sí hay gente que hay del otro lado que está poniendo su dinero, dice híjole ¿de verdad estos mexicanos me van a pagar?, pues si no cobran impuestos no, y van a tener que seguirse endeudando y endeudando y endeudando para pagar hasta que llega un día y dices: 'no, estos ya no tienen capacidad de pago', porque este Estado recauda…

Sabino Bastidas: Perdón, ya nada más con esto. Este Estado recauda 10% del PIB, no es nada y tú lo sabes.


Último comentario de RMM a esta aguda observación de Bastidas: ¿Y qué diablos es lo que te está diciendo Leo Zuckerman?, ¿nunca te entersate de lo que te estaba diciendo?

Etiquetas: , , , , , ,

jueves, 13 de agosto de 2009

Reformar el gobierno

La precariedad de las finanzas públicas de México - conocida y advertida desde antiguo tanto por el actual como por los anteriores secretarios de Hacienda- fue desnudada sin compasión por la recesion global, pero NO fue causada por la recesión.

De ahí que no haya ninguna contradicción entre dos hechos ciertos: 1. Ya pasó lo peor de la recesión y hay señales inequívocas de recuperación económica, y 2. Aun con la recuperación incipiente de la demanda mundial y local, nuestras finanzas públicas seguirán siendo precarias, como lo eran antes de la crisis global. Con un agravante: El plazo fatal para subsanar esa precariedad ya llegó.

De no corregirse habremos de hundirnos en una espiral de mediocridad - en el mejor de los casos- o en una quiebra fiscal ésta sí, como es obvio, de origen interno.

La caída de los precios del petróleo no es ni signo ni causa de nuestra precariedad fiscal. Contribuyó al agravamiento de los síntomas, pero NO es la enfermedad.

La enfermedad - crónica y que los fatalistas se empeñan en imaginar incurable- es la dependencia fiscal de los recursos petroleros, aunada al hecho igualmente crónico de la ineficiencia del monopolio gubernamental petrolero. Los precios del petróleo podrán acaso recuperarse, de hecho ya se han recuperado a lo largo del año (de manera exagerada a mi juicio, pero eso es otro asunto), y la precariedad fiscal seguirá siendo tan grave como ahora.

En lo inmediato, ya se ha dicho, se cuenta con tres herramientas fiscales para atenuar el golpe (es decir: para subsanar el diferencial entre ingresos y gastos fiscales), que son: 1. Incrementar de forma permanente los ingresos fiscales no petroleros, 2. Disminuir significativamente - y también de forma permanente- el gasto del gobierno (o, mejor, de los gobiernos, incluyendo a los gobiernos locales y el gasto de otras entidades del Estado), y 3. Sólo como remedio temporal - esté sí relacionado con la recesión global que, al desplomar la actividad económica, ha impactado la recaudación de ingresos no petroleros- recurrir a un déficit fiscal; que es un remedio tan lleno de riesgos que debe administrarse con extrema cautela, con un plazo perentorio para convertir en menos de dos años el déficit en finanzas equilibradas o en superávit, mediante ahorros e ingresos extraordinarios destinados en su totalidad a la amortización de deuda pública.

De las tres herramientas tal vez la que prometa mejores resultados - y que, por lo tanto, debe emplearse a fondo- es la de disminuir de forma permanente el gasto público y frenar su tendencia a expandirse muy por encima del crecimiento de la economía.

De hecho, una genuina reforma fiscal debe incluir como capítulo principal una reforma del ejercicio del gasto público con criterios de eficiencia. Costos contra beneficios medidos objetivamente y sin subterfugios retóricos.

La información crucial en cualquier estado de resultados es la línea final: La utilidad o la pérdida neta. Si se hiciese para cada operación del gobierno (en sus tres niveles) un auténtico estado de resultados, ¿qué arrojaría la línea final de cada uno de esos análisis?

En la mayoría de los casos tendríamos pérdidas, y en muchos de tales casos las pérdidas se nos mostrarían tan cuantiosas que la operación gubernamental tendría que cancelarse de inmediato y dejarla a la libre competencia de los particulares.

Si acaso por la naturaleza específica de la actividad gubernamental de la que estemos hablando - digamos, la procuración y administración de justicia- parece desaconsejable dejarla en manos de empresas particulares, resulta claro que lo que debe hacerse es reformarla a fondo; es decir: darle una forma nueva (eso significa reformar) que permita evaluarla con objetividad y con criterios similares a los que aplicamos a otras actividades en las que la asignación de recursos debe buscar la eficiencia. Y, ¿qué es la eficiencia? Obtener resultados cuyo valor sobrepase el valor original de los recursos empleados: un "producto" superior a la suma de los "insumos" invertidos.

Es decir, aunque les horrorice a los ideólogos de la "superioridad moral" de gobiernos y políticos, evaluar la actividad de los gobiernos y de todas las actividades sufragadas con recursos público con criterios económicos o "bussines-like".

Dirán de inmediato algunos que usar el símil con un estado de resultados es totalmente inapropiado. Desde tiempo inmemorial los creyentes en una presunta superioridad moral de los gobiernos sobre lo que motejan como "estrechez de miras" de los tecnócratas, han considerado sacrílego analizar la "noble" tarea de los gobiernos con herramientas de análisis financiero, propias - siguen diciendo- de la contabilidad de una tienda de abarrotes o de la frialdad - "insensibilidad social"- de los informes periódicos que los accionistas demandan a la administración de una empresa para ver cómo marcha el negocio. Presumen que la tarea de gobernar es tan sublime que evaluarla con criterios de eficiencia es tan inapropiado como ponerle precio al amor, a los buenos sentimientos o a los sentimientos religiosos.

Esas creencias en realidad son patrañas. Gobernar no es amar, ni rezar, ni ejercer la caridad.

¿En qué consiste la presunta y aplastante "superioridad moral" de los gobiernos sobre los prosaicos negocios? En una falacia o petición de principio (para usar la terminología de la lógica) que es la siguiente: "Los gobiernos son mejores moralmente que los negocios porque no buscan mezquinas utilidades, sino el beneficio de la colectividad, el bien común, el bienestar de las mayorías". Falacia que suele acompañarse de esta otra: "Quienes gobiernan, aspiran a gobernar o son funcionarios en un aparato gubernamental, no buscan su beneficio sino el del prójimo, a diferencia de quienes son accionistas, funcionarios o empleados de un emprendiemiento privado que invariablemente buscan prioritariamente su beneficio personal".

Desafío a cualquier téorico de la filosofía política o a cualquier experto en administración pública a demostrar racionalmente esas dos peticiones de principio. No podrá hacerlo por la simple razón de que son falsedades. Mitos ideológicos muy convenientes para quienes viven (vivimos) del erario, sea como burócratas, "representantes populares", técnicos, políticos profesionales o recipendarios de subsidios públicos, por ejemplo: personal administrativo y académico de universidades sustentadas con dinero de los contribuyentes.

Ojo, no estoy diciendo que sea de suyo inmoral o incorrecto que alguien se dedique a la política o trabaje en el llamado "sector público", simplemente estoy diciendo que al igual que cualquier otro trabajo (transformación de lo existente para obtener un valor agregado al que se tenía originalmente) los trabajos públicos y la actividad gubernamental en sí misma tienen que evaluarse con criterios de eficiencia igualmente rigurosos que aquellos con los que evaluamos las actividades privadas.

Ahora bien, si se debe reformar profundamente el gasto público en los tres niveles de gobierno para evaluarlo y ejercerlo con criterios de eficiencia económica esto nos conduce, inevitablemente, como sucedió en el caso de Nueva Zelanda durante la década de los años 90, a una auténtica reforma de la totalidad del gobierno. Incluso a un replanteamiento de lo que corresponde y de lo que no corresponde hacer al Estado.

Estoy cierto de que si a los administradores de entidades gubernamentales les exigimos llevar estados de resultados, semejantes a los de cualquier empresa que busca deliberadamente utilidades para sus accionistas, y se les advierte que de acuerdo con tales resultados se les evaluará, ellos mismos acabarán por desechar todo gasto superfluo e injustificado, porque estorbara al cumplimiento de las metas con las que serán evaluados y del que depende su permanencia en el puesto o la pérdida, por incompetencia, del mismo.

Nada más miope que ver la reordenación de los gobiernos y del Estado como un mero recorte de gastos. El recorte, urgente, de los gastos que son notoriamente improductivos habrá de darse de inmediato (el lector, estoy seguro, podrá mencionar de inmediato tres o cuatro secretarías de Estado y decenas de entidades gubernamentales totalmente prescindibles), pero la reforma debe ir aún más allá, para ser permanente y contribuir a la productividad total de la economía. La reforma debe ser reforma del gobierno en su esencia.

Etiquetas: , , , , ,

lunes, 1 de junio de 2009

No les importa

Lo más importante de las reformas fiscales de 2007 – porque fueron, en sentido estricto, varias reformas-, se refiere al gasto público y al federalismo fiscal, no a los impuestos. Pero eso no importa en los medios de comunicación donde (por lo visto, por lo oído y por lo leído) lo importante no es informar, sino contribuir a la falsificación de la historia.

No deja de sorprenderme que para algunos columnistas (ver aquí) ni siquiera hayan existido las reformas constitucionales que, como parte de las reformas fiscales de 2007, posibilitarán que la información acerca del gasto público que ejercen las entidades federativas – y que ya sobrepasa por mucho al gasto que directamente ejerce el gobierno federal-, sea homogénea y comparable. Sin ese primer paso será imposible que los ciudadanos fiscalicen a sus gobiernos más cercanos: el del municipio y el de la entidad federativa.

En junio de 2007, cuando se presentaron al Congreso el conjunto de propuestas de reforma, publiqué lo siguiente que pongo en cursivas:

“¿Sabía usted que quienes nacen en Oaxaca tienen una expectativa de vida diez años menor que quienes nacen en Nuevo León? Eso es desventaja y no discursos. ¿Por qué el gasto de los gobiernos no logra cerrar esa brecha? En buena medida, porque gastamos mal.
“En los próximos días casi todo mundo se volverá experto tributario en México. Se suponía que la principal demanda respecto de una reforma fiscal era que atendiera en primer lugar el problema del gasto público. Muy bien. El gobierno entrega una propuesta integral para reformar toda la Hacienda Pública y muchos de los mismos que exigían que la reforma no fuese sólo recaudatoria, lo primero que hacen es desdeñar que la propuesta empieza por proponer mecanismos serios para orientar el gasto a resultados eficaces, tangibles, verificables.
“No ganaríamos, como país, un campeonato de congruencia.”


A pesar de ese desdén político y mediático hacia todo lo que contenían las reformas que NO era tributario, sino fiscal en sentido amplio, se logró la aprobación de esos cambios para atender por fin el justo reclamo de que se gaste mejor, con mayor transparencia y con verdadera rendición de cuentas en todos los niveles de gobierno.

Eso sigue sin importarles. No sólo lo desdeñan, sino que ahora tienen el descaro de decir que eso nunca existió. Lisa y llanamente: la falsificación de la historia, sea por incompetencia (“lo que no estudié o lo que no entiendo, no existe”), sea por interés inconfesable que alimenta la consigna.

Etiquetas: , , , ,

domingo, 31 de mayo de 2009

Alegatos de borrachos y gasto corriente

La mayor parte de los políticos mexicanos, y sus voceros oficiosos, opinan sobre el gasto público corriente con la misma vehemencia, fijeza e incongruencia con las que los borrachos defienden las más disparatadas ideas fijas:

- Aquél tipo me está viendo con malos ojos.
- Compadre, ese señor ni siquiera lo ha visto.
- No trate de confundirme compadre, ese tipo me esta viendo feo y yo le voy a partir toda su…

Y así hasta el hartazgo: El borracho insistiendo en su idea fija, generalmente un agravio imaginado, y el interlocutor, sobrio, tratando de regresar al ebrio a la racionalidad. Tarea condenada al fracaso.

Durante los últimos diez años he leído y escuchado incontables veces el reclamo airado de políticos opositores acerca de lo mucho que ha crecido el gasto corriente. Y tienen razón.

Pero su análisis de los hechos no pasa de ahí, igual que el análisis de los hechos del borracho no pasa de que tal o cual persona lo vio “feo”.

Por una vez tratemos de analizar el asunto del gasto corriente con objetividad, no como ebrios mentalmente bloqueados. Veamos:

De 2000 a 2008 el gasto corriente del gobierno creció 42.3 por ciento. Una barbaridad, sin duda. Pero el gasto corriente es todo aquél que no tiene como contrapartida la creación de un activo, lo que significa que bajo esa denominación entran muchas más erogaciones que los míticos “altos” sueldos de funcionarios. Por ejemplo, está todo el gasto destinado a pensiones, todo el gasto “social” destinado a subsidiar directa o indirectamente el consumo, todo el gasto destinado a pagarle a policías, soldados, jueces, médicos, maestros, enfermeras.

¿Cuánto ha crecido el gasto destinado a sueldos y salarios de funcionarios del gobierno central de 2000 a 2008? NO ha crecido, ha disminuido 3 por ciento en términos reales. Pero, en cambio, el gasto destinado a pagar pensiones y jubilaciones ha crecido 53.3 por ciento; el gasto destinado a subsidios ha crecido 57.8 por ciento y el gasto destinado a programas sociales y a compensar, en PEMEX y en CFE, el aumento de precios de combustibles y otros insumos ha crecido casi 100 por ciento en el mismo periodo.

¿Será por eso, porque son rubros “políticamente intocables” aquellos en los que de veras ha crecido el gasto corriente, por lo que el análisis de los hechos que hacen los críticos se queda tan corto como el análisis de los hechos que hacen los borrachos?

Etiquetas: , , ,

miércoles, 6 de mayo de 2009

¡Es la escasez!

No falla. Cualquier paquete de apoyo a la economía siempre, siempre, siempre, será insuficiente.

Por eso no falla. Los supuestos representantes de los beneficiarios o los sesudos comentaristas dictaminarán de inmediato: ¡No alcanza!

Esa es la noticia más vieja en la historia de la humanidad, al menos desde que Adán y Eva fueron expulsados del paraíso y Dios les indicó que tendrían que ganarse el pan con el sudor de su frente. (Nota: Si usted, estimado lector, no cree en el pecado original, puede omitir el episodio bíblico, pero no podrá escabullir algunos hechos básicos de la vida humana, duros como piedras, que son el dolor, la enfermedad, la muerte, la escasez, la sed o el hambre). Y siendo la noticia más vieja no tenemos empacho en posar de sagaces y avispados para repetir, como si estuviésemos descubriendo el mediterráneo, que ¡no es suficiente! y para censurar al gobierno – el que sea- que no atinó a ofrecernos todo y de inmediato, que no halló el camino para que a partir de ya desapareciese la escasez.

Habrá que reconocer que los propios gobiernos frecuentemente siembran la semilla de la queja porque, antes, nos ofrecieron un viaje directo al paraíso terrenal sin más requisito que el de presentarnos a las urnas y votar por ellos.

He releído en estos días el libro insignia de J. M. Keynes – la teoría general del empleo, el interés y el dinero- y no recuerdo ninguna observación del ilustre economista acerca del hecho básico e inexorable que da origen a la economía: la escasez. Es como leer una introducción a la medicina en la que no se mencione la enfermedad, o en donde la enfermedad no sea un hecho con el que hay que lidiar, sino tan sólo una falla teórica de los economistas “clásicos” que el señor Keynes ha tenido a bien corregir.

Por contraste recuerdo el postulado inicial de la pequeña obra de Gary Becker (“Teoría Económica” en FCE, Bogotá, 1997) en que se recogen algunas de sus clases en la Universidad de Chicago, que dice: El hallazgo fundamental de la economía es la pendiente negativa de la curva de la demanda.

En otras palabras: La escasez.

La mala economía es “suponer” la abundancia (supongamos que sí tenemos un abrelatas en la isla desierta para abrir las conservas que se salvaron del naufragio), la buena economía es atinar en la asignación más eficiente, menos ruinosa, de los recursos escasos.

Etiquetas: , , , ,

martes, 11 de noviembre de 2008

Gasto público, desempleo e inflación

En una crisis como la que hoy padecemos, ¿un incremento en el gasto público deficitario es eficaz para disminuir el desempleo? No. Por el contrario, un mayor gasto público generará una más deficiente asignación de recursos y, a la postre, mayor inestabilidad y mayor desempleo.

Nadie duda que estamos ante una situación económica global extraordinaria que exige soluciones de emergencia. La pregunta es si estamos diagnosticando bien la crisis y específicamente si estamos ante una caída brutal de la demanda agregada que justifique políticas fiscales y monetarias expansionistas como las que se están impulsando. Temo que la respuesta es no.

Se supone que ante una caída brutal de la demanda agregada ya estaríamos viendo en diversos bienes y servicios una auténtica deflación, una caída de precios. Hemos visto en las semanas recientes una fuerte caída de precios –en dólares y en los mercados internacionales- para el caso de los "commodities", como el petróleo, el cobre, el maíz. Burbujas que se desinflan. Pero no vemos una caída concomitante en el nivel general de precios al consumidor, esto es: en la inflación.

Por el contrario, y me refiero específicamente a México, la inflación anual al término de octubre de 2008 fue de 5.78%, esto es ¡más de dos puntos porcentuales por encima de la inflación anual registrada un año antes, que fue de 3.74 por ciento! En 24 meses – de octubre de 2006 a octubre de 2008- el nivel general de precios al consumidor en México creció ¡9.74 por ciento! ¿Esto anticipa alguna próxima deflación? No lo parece.

Desde luego, el mes de octubre pasado fue, para la economía global, un mes terrible y en el caso de México se verificó una devaluación acelerada del tipo de cambio, lo que hizo que varios precios finales al productor, medidos en pesos, registrasen brutales alzas mensuales en octubre, por ejemplo: 8.19% en productos metálicos, maquinaria y equipo (autos y computadoras, entre otros); 6.86% en electricidad y gas; 6.53% en otras industrias manufactureras o 6.02% en papel y sus productos, imprentas y editoriales.

En este entorno inflacionario, priorizar el estímulo a la demanda – con la peregrina esperanza de incrementar el empleo- mediante gasto público deficitario es jugar con fuego e invocar ese monstruo que se ha bautizado en inglés como stagflation (estanflación, en español), el peor de los escenarios: inflación al alza con desempleo al alza.

Etiquetas: , , , ,

domingo, 14 de septiembre de 2008

El 2009, plagado de riesgos

Lo peor de la crisis económica global no ha pasado. El próximo será un año de débil actividad económica en Estados Unidos y Europa, de presiones inflacionarias tal vez contenidas pero persistentes y de agotamiento de los expedientes monetario y fiscal para estimular el crecimiento.



Una lección que debemos aprender de la estrategia de la Reserva Federal de Estados Unidos durante lo que va de 2008 es que cuando el sistema financiero está en problemas, bajar las tasas de interés de referencia NO se traduce en un estímulo al crecimiento de la actividad económica, sino en un paliativo para posponer o atemperar los quebrantos en el sistema financiero.

En efecto, las bajas tasas de interés del banco central estadounidense no se han traducido en mejores condiciones de crédito para consumidores y productores; por el contrario, dado que el sistema financiero enfrenta aún el proceso de purga de activos crediticios tóxicos, la llave del financiamiento para el común de los mortales se ha cerrado. Las tasas bajas sólo sirven para que el sistema financiero pueda limpiarse gradualmente y, con suerte, para disminuir el monto y la extensión de los quebrantos.

La reciente caída en los precios de los bienes genéricos (commodities) obedece a una disminución de la cantidad demandada, como respuesta del consumidor a los altos precios; en la que nada ha tenido que ver la política monetaria.

Esto significa que el escenario para 2009 combina varios riesgos: 1. Una actividad económica débil; 2. Presiones inflacionarias latentes en energéticos y alimentos, que no se han transmitido de lleno a otros precios, en gran medida por la débil actividad económica; 3. La ineficacia de una política monetaria relajada para estimular la actividad económica (como ha venido sucediendo en Japón durante varios años) y 4. El muy estrecho margen de maniobra para otorgar nuevos estímulos fiscales, que tienen – además- sólo un efecto efímero.

El escenario en Europa no es muy diferente. Hoy en México tal parece que estamos en una precaria "zona de confort" (indicadores macroeconómicos relativamente buenos) que en cualquier momento podría desaparecer.

Ya se presentó, el 8 de septiembre, el Proyecto de Presupuesto de Egresos para 2009, ¿será realista esperar lo deseable, esto es: que los 500 diputados federales le den más peso, en sus discusiones y decisiones respecto del gasto, a los riesgos latentes que a los cálculos electorales?

Me temo que no.

Etiquetas: , , , ,

"A gastar, a gastar, que el mundo se va a acabar…" (28 de agosto)

Dos legisladores federales, ambos licenciados en economía y ambos miembros de la Comisión de Hacienda, parecen creer en el mito de que las carretadas de dinero de los contribuyentes resuelven cualquier problema. Entonces, ¿habrá que subirles el sueldo para que entiendan cómo funciona la economía?

Al decir del reporte de Rolando Ramos publicado el miércoles 27 de agosto en El Economista al menos un par de destacados diputados federales de la Comisión de Hacienda y Crédito Público creen que el gasto del gobierno es una pócima milagrosa que cura cualquier mal: sirve para eliminar la impunidad de los criminales, para tranquilizar a los angustiados, para hacer eficientes y honestos a los policías, para que reine el estado de derecho, para darle empleo lo mismo a los albañiles que a los licenciados…

Veamos. Por una parte, Emilio Flores Domínguez (PAN, originario de Chihuahua, 51 años, licenciado en economía) se quejó ante el subsecretario de egresos de que el cuantioso gasto público no se nota en la economía nacional; el país – lamentó- "está lleno de desempleados, desde albañiles hasta profesionistas (…) este nivel de gasto no se ve que se refleje en el abatimiento del desempleo en el país ¿Qué está pasando en la economía nacional?".

A su vez, Samuel Aguilar Solís (PRI, originario de Durango, 52 años, licenciado en economía) declaró que los 154 mil millones de pesos adicionales de gasto público – respecto del mismo periodo del año anterior – ejercidos hasta junio de 2008, no se han traducido en un avance en materia de seguridad pública y de combate a la delincuencia organizada y al narcotráfico. (A ver si la presidenta de su partido no regaña a don Samuel por incurrir en "estridencias" respecto del asunto de la inseguridad). Si los números que ofreció el subsecretario de egresos fuesen ciertos, sentenció este ilustre tribuno, "habría una percepción de seguridad" entre los mexicanos.

Tal parece que ambos legisladores creen a píe juntillas que la llave milagrosa que resuelve cualquier entuerto – sea la impunidad, sea la excesiva tramitología, sea el desasosiego de las familias, sea la falta de respeto a los derechos de propiedad- es una carretada de dinero público: "Échame el problema que quieras y te lo resuelvo a billetazos".

¿Subirles el sueldo a los legisladores será la solución para que no digan tonterías?

Etiquetas: , , ,

miércoles, 11 de junio de 2008

Subsidios y costo de oportunidad

El subsidio que recibimos en México los consumidores de gasolina y diesel equivale a su costo de oportunidad: Todo lo que deja de hacer el gobierno, en términos de fines óptimos para el gasto público. Calcular el costo de oportunidad para el conjunto de la sociedad es muy fácil: Es la diferencia entre el precio al consumidor en Estados Unidos y el precio al consumidor en México. Al día de hoy, más de tres pesos por cada litro de gasolina.


Desdeñar en el cálculo económico el costo de oportunidad de elegir “A” en lugar de otros cursos de acción posibles conduce a una mala asignación de recursos; es pésima economía.

Ayer - 11 de junio- en su primera plana, el periódico “Reforma” nos ofreció una muestra de cómo se hace mal un cálculo de costos; supongo que los dueños de ese periódico, a diferencia de lo que publicaron ayer, sí consideran los distintos costos de oportunidad en cada una de sus decisiones de negocios, o terminarían en la ruina.

Según el “análisis” el subsidio que recibimos los consumidores de gasolina y diesel en México es menor de lo que se ha señalado porque sólo una parte del mismo (la diferencia entre el precio de adquisición y el precio de venta al consumidor final) significa un desembolso efectivo. Error. También debe considerarse, como lo hacemos todos en nuestras elecciones económicas, el costo de oportunidad: aquello que dejamos de percibir por elegir “A”, en lugar de otras opciones factibles.

En este caso, a la pérdida, desembolsada, por el diferencial entre el precio de adquisición y el precio de venta, debemos sumar el monto del impuesto negativo (IEPS) derivado de lo que dispone el artículo 2 A de la Ley del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (ver “Ideas al vuelo” del viernes pasado), que es una pérdida neta de recursos fiscales que podrían tener otros destinos, seguramente más deseables que subsidiar el consumo de gasolina y diesel.

Además de la poca confiabilidad que merecen este tipo de “análisis”, el asunto es relevante porque el costo de oportunidad, un concepto clave de la economía, suele ser mal entendido o desdeñado, lo que conduce a no pocos fracasos empresariales y a decisiones erradas de política económica.

Por eso, mañana continuaré con el asunto del costo de oportunidad en diversos aspectos de la vida.

Etiquetas: , , , , , ,

miércoles, 4 de junio de 2008

¡Toma tu consulta, Marcelo!

El martes pasado, el director de Pemex Exploración y Producción, Carlos Morales Gil, que sí sabe de lo que está hablando, le envió una clara respuesta a Marcelo Ebrard y a la troupe de López.

¿Una consulta popular sobre lo que necesita Pemex? Va la respuesta en tres frases que no tienen desperdicio:

1. "Sería irresponsable que asumiéramos que los problemas de la industria se pueden resolver por la buena voluntad colectiva."

2. "Si tenemos un Congreso elegido democráticamente no veo por qué la necesidad de consultar a nadie."

3. "Debemos tener claro que los problemas técnicos deben ser resueltos en base a las opiniones de los expertos, y confiando en el juicio de quienes elegimos para diseñar las leyes que rijan a este país"
.

¿Es necesaria una reforma a fondo de Pemex?, esto es lo que dice Morales Gil:

"Como responsable de la subsidiaria que se encarga de descubrir y extraer las reservas de hidrocarburos de este país me permito reiterar: Pemex necesita la reforma, requerimos operar con mayor flexibilidad."


Y acerca de quienes creen, desde su poltrona en el Congreso o en un partido político – viviendo a costillas del prójimo-, que los desafíos de la industria petrolera son "enchílame otra", como bailar con quinceañeras en el Zócalo, Morales Gil dijo:

"Los mexicanos debemos comprender que la era del petróleo fácil terminó, que los retos que tenemos enfrente implican ser más efectivos, más eficientes y que tenemos que tomar decisiones basadas en criterios técnicos que beneficien a los mexicanos y no en criterios ideológicos que no benefician a nadie.

"Después de ser testigo del deterioro de las reservas durante más de 30 años, estoy convencido, que incursionar en aguas profundas no es un tema que deba ser sometido a elección, es una obligación, es una cuestión de responsabilidad con las nuevas generaciones."


¿Habrá forma de que el dueño de la troupe y sus acólitos entiendan esto?

Ahora, de parte de un lector amigo, una pregunta para una consulta popular sobre el gobierno del Distrito Federal:

¿Está usted de acuerdo que sólo en el Distrito Federal el costo de las obras públicas – sean viaductos, calles, segundos pisos o redes de alcantarillado – se mantenga en secreto, mientras que los gobiernos del resto de las entidades y el gobierno federal deben informar e informan puntualmente sobre dichos costos?

Etiquetas: , , , , , , ,

jueves, 17 de abril de 2008

El debate que todos eluden

Con una visión de veras de largo plazo, la reforma integral que deberíamos estar buscando – adicional a los cambios que se requieren para darle más rentabilidad a la renta petrolera- es cómo salirnos de la trampa del petróleo.

Con los precios actuales del petróleo no es extraño que los potenciales ingresos públicos que podrían obtenerse de lograrse una tasa de reposición de reservas cercana o superior al 100 por ciento, le den vértigo a los políticos: Son tantas más cuantas escuelas, hospitales, caminos, autopistas, puertos, aeropuertos, puentes, presas, termoeléctricas, viviendas o son tantas más cuantas campañas electorales por todo lo alto, tantas más cuantas prerrogativas para los partidos políticos, tantas más cuantas plazas en los tres niveles de gobierno, en los tres poderes, en los órganos autónomos, tantas más cuantas pensiones jugosas…

Muy pocos de los políticos – tal vez sólo los más preparados y los más previsores- calculan que con los precios actuales (y de lograrse una tasa de reposición de reservas cercana o superior al 100 por ciento) podría reducirse aún más la deuda pública o liquidar de una vez los inmensos pasivos laborales que lastran a entidades como el IMSS, la Compañía de Luz y Fuerza, la CFE o el propio Pemex.

Aún menos políticos considerarán la opción más sensata – desde el punto de vista económico, pero desagradable desde la perspectiva de los políticos- que es destinar la mayoría de los ingresos petroleros (mientras los haya y los que haya) a un súper fondo de inversión para cuando se acabe la fiesta del petróleo, sea por algún salto tecnológico en materia energética que deje al margen del camino a los hidrocarburos, sea porque se nos acabe el petróleo susceptible de explotarse comercialmente, sea porque los precios bajen sustancialmente respecto de sus niveles actuales. La idea del súper fondo equivale a vivir el día a día sin gastarse la alcancía petrolera. Esas ocurrencias, por supuesto, sólo las tienen los noruegos; no los mexicanos.

Las discusiones de hoy sólo tienen sentido en el escenario – posible pero no sabemos qué tan probable- de que los precios altos duren cuando menos otra década, ¿y si no?

Si no, a guardar el becerro de chapopote y (con suerte) a disfrutar de gobiernos chiquitos, menos gastadores, menos entrometidos, con muchos menos caramelos para repartir y más eficaces.

Etiquetas: , , , ,

lunes, 7 de abril de 2008

Pemex: Transparencia y mercados financieros

Hoy sabemos más sobre Pemex que hace 15 años, gracias a que Pemex emite deuda en los mercados internacionales. Si Pemex emitiera acciones valdría más, tendría más reservas, el financiamiento le costaría menos y sabríamos más de sus entrañas.

Alejandro Hope, de GEA y colaborador editorial en El Economista, me hizo notar la mayor joya de "sabiduría infusa" contenida en el artículo de Sergio Aguayo Quesada comentado hace unos días. Aguayo escribió lo siguiente:

"El gobierno de Fox recibió excedentes petroleros por 700 mil millones de pesos, la mitad de los cuales se fue a pagar los salarios y compensaciones de una alta burocracia que, con pocas excepciones, no desquitó lo cobrado."

Comenta Alejandro:

"La alta burocracia (de director general hasta Presidente de la República) está conformada por aproximadamente 4,000 funcionarios públicos. Si las cifras de Aguayo son correctas, significaría que la compensación anual promedio de cada uno de ellos fue de 14.6 millones de pesos (350 mil millones/4000/6). Asumiendo, claro está, que no recibiesen un centavo del presupuesto ordinario. Dicho de otra manera, Aguayo supone que en promedio, cada alto burócrata gana siete veces más que el Presidente de la República. O tal vez considera que los maestros, las enfermeras y el personal de línea forman parte de la 'alta burocracia'. Pero, bueno, cuando se cuenta con sabiduría infusa, la aritmética simple y el sentido común pueden obviarse."

Tiene razón Alejandro. En realidad, del 2000 a la fecha, como he reiterado en varias ocasiones, se han invertido en Pemex, no en sueldos de la burocracia, alrededor de 70 mil millones de dólares. Aguayo dice mentiras; no adivina, porque esa información está disponible para cualquiera.

Lo más chistoso es que Aguayo, que es un paladín de la transparencia, no se ha percatado de que gracias a que hace unos diez años Pemex recurrió a la colocación de deuda en los mercados internacionales, dio también un salto gigante en materia de transparencia.

Una odiosa entidad extranjera, la SEC (comisión de valores de los Estados Unidos), establece parámetros estrictos de información pública para autorizar la emisión de deuda. Gracias a eso, Pemex mide hoy con mayor precisión sus reservas e informa de ellas y publica el contrato colectivo de trabajo que tiene con el sindicato petrolero, entre otras cosas que obviamente Aguayo no necesita consultar. Ventajas de la sabiduría infusa.

Etiquetas: , , , , , , , ,

martes, 23 de octubre de 2007

A todo esto, ¿Keynes era keynesiano?

Tal vez junto con Milton Friedman, el británico John Maynard Keynes fue el economista más influyente del siglo pasado; pero, a diferencia de Friedman, es casi imposible saber cuál era la posición de Keynes respecto de muchos de los asuntos para los que se le invoca, sea para elogiarlo, sea para criticarlo.

En el debate entre economistas el adjetivo "keynesiano" evoca básicamente dos creencias o afinidades: 1. Estar a favor de una política fiscal activa como remedio para la recesión o, dicho coloquialmente, promover el gasto público como motor del crecimiento y como generador de empleos y 2. Creer que el libre mercado tiene sus límites y que el gobierno debe corregir los frecuentes excesos y fallas del mercado. En otras palabras: Ser "keynesiano" suele entenderse como sinónimo de "atinada izquierda".

Sin embargo, acudiendo a la fuente original, la obra de Lord Keynes, es difícil encontrar una postura única y definida sobre asuntos cruciales de la ciencia económica. Hace ya muchos años, en diciembre de 1992, así lo hizo notar un divertido artículo del semanario "The Economist" que proporcionaba, entre otros, los siguientes ejemplos:

A favor del libre comercio . Keynes escribió que el argumento de que las barreras al libre comercio contribuyen a proteger el empleo "esconde la falacia proteccionista más grosera y cruda"; también escribió: "Creo en el libre comercio porque es (…) la única política técnicamente sólida e intelectualmente correcta".

A favor del proteccionismo : "Simpatizo más con aquello que puede disminuir más que maximizar la maraña de la economía entre las naciones. Las ideas, el arte, la hospitalidad, los viajes – ésas son cosas que por su naturaleza deben ser internacionales. Pero dejemos que los bienes sean hechos en casa en la medida de lo razonable o de lo convenientemente posible; y, sobre todo, financiemos primordialmente lo nacional".

A favor de los trabajadores (con motivo de la huelga general de 1926 en el Reino Unido): "Mis sentimientos, distintos de mis juicios, están con la clase trabajadora".

A favor de la burguesía y la aristocracia : "Creo que hombre por hombre la clase media y aún la clase alta son mucho muy superiores a la clase de los trabajadores".

Así que, después de todo, ¿qué es "ser keynesiano"?

Etiquetas: , , , , , , , ,

jueves, 18 de octubre de 2007

61 años de perseguir una entelequia

Desacreditado en el mundo intelectual, el señuelo del “pleno empleo” sigue haciendo las delicias de los políticos. Es porque detrás del señuelo hay una apetecible presa: “Más recursos públicos”.

Quizá cometo una imprudencia al recordar aquí que en 1946 se aprobó en Estados Unidos “The Employment Act” – que originalmente, un año antes, había nacido como “Ley del Pleno Empleo” – y que en 1978 se “perfeccionó” con la “Full Employment and Balanced Growth Act”, también conocida como la Humprey-Hawkins Act.

¿Por qué esto podría ser una imprudencia? Porque tal vez algún político curioso fuera de los Estados Unidos “descubra” que hoy para su propio país una “Ley del Pleno Empleo” inspirada en esos dos monumentos del voluntarismo político dispendioso e ineficaz, sería un “hitazo” de mercadotecnia política. Eso, desde luego, a pesar del palpable fracaso, en el mundo real, de dichas iniciativas de estirpe keynesiana.

Prometer que el gobierno generará, por vías directas o indirectas, tantos millones de empleos - ¡y que una “ley visionaria” le obligará a hacerlo!- es una estrategia que nunca falla en términos de rentabilidad político-electoral. En estos tiempos, pues, el peligro de que alguien desempolve esas viejas ocurrencias es altamente probable.

Eso, aunque el postulado de que el gobierno puede lograr esa entelequia, el pleno empleo, mediante crecientes inyecciones de gasto público está ampliamente desprestigiado entre los economistas serios.

El acta de 1946 decía que “es la política sostenida y la responsabilidad del gobierno federal usar todos los medios practicables consistentes para…promover el máximo empleo, la producción y el poder de compra”. La de 1978 precisaba – a la vista de que el desempleo cero había resultado inalcanzable- que se consideraría que el gobierno federal había cumplido con dicha acta cuando el desempleo no sobrepasase el 4 por ciento y la inflación no superase el 3 por ciento; eso, a partir del año de 1983. No se ha logrado esa meta de empleo, ni con alta ni con baja inflación.
Cada año en esta época, cuando se discute el presupuesto de egresos, hablar de empleos promovidos mediante paletadas de gasto gubernamental les llena la boca a los políticos. Todos juran que buscan el máximo de empleos y todos tienen la misma receta: ¡Más recursos!

Y el colmo: si uno les dice que esa receta ya falló, nos corrigen: “No es que haya fallado, es que faltaron ¡más recursos!”.

Etiquetas: , , , , , , , ,

martes, 16 de octubre de 2007

El “modelo” es el mercado

¿Cuál es la manera más eficiente de asignar los recursos escasos cuando no existe un mercado libre y competitivo que se encargue de ello?, ¿por ejemplo: en la dotación de ciertos bienes públicos? Imitando al mercado, diseñando mecanismos que sean lo más similares a los del mercado libre.

Se otorgó el premio Nóbel de Economía de 2007 a tres economistas que sentaron las bases de la teoría del diseño de mecanismos que permiten una mejor asignación de recursos ahí donde, por diversas razones, no existe un mercado libre con vendedores y compradores bien informados. Un ejemplo típico sería: Cómo determinar el precio óptimo de un bien público que ofrece un monopolio del Estado.

En realidad, quien habló por primera vez del diseño de mecanismos fue Leonid Hurwicz en 1960, quien definió un “mecanismo” como un sistema de comunicación en el cual los participantes se envían mensajes unos a otros y/o a un “centro de mensajes” y en donde conforme a una regla preestablecida se obtiene un resultado – una asignación de bienes y servicios – para cada grupo de mensajes recibidos. Más tarde, el propio Hurwicz y los economistas Eric Maskin y Roger Myerson perfeccionaron la teoría añadiendo otro elemento clave al de la información compartida: la compatibilidad del mecanismo con los incentivos que mueven a los participantes (el propio interés de cada cual).

Independientemente de su importancia no sólo para la economía sino para la ciencia política, y de que ha permitido un desarrollo avanzado de la teoría de juegos, uno de los aspectos más fascinantes de esta teoría es que confirma lo que ya en 1945 había señalado F. A. Hayek: Los mercados son el mecanismo más eficiente para que la información privada de cada participante se difunda. Dicha información está expresada en los precios.

Si partimos de esta realidad sería interesante que en la asignación de recursos públicos que se hace, por ejemplo, en los presupuestos de egresos se introdujesen más mecanismos que imiten a los mercados libres y que reconozcan los incentivos que mueven a los participantes en dichos mercados. Esto le daría mayor eficacia al gasto público y nos alejaría de la romántica y falsa retórica de que los funcionarios públicos y los políticos no actúan como seres humanos en busca de su interés, sino como ángeles llenos de altruismo.

Referencias: 1. Peter Boettke, de la George Mason University, escribe sobre este "Nobel al mercado" en The Wall Street Journal, aquí.
2. Leonid Hurwicz escribe sobre Teoría de Juegos y Comportamiento Económico - a raíz de un libro clásico de Von Neuman y Morgenstern- en este sitio (versión en español).
3. Ver aquí el "Scientific Background" de la Real Academia Sueca de Ciencias sobre este Premio Nóbel de Economía 2007.

Etiquetas: , , , , , , , , ,

domingo, 23 de septiembre de 2007

Las tres restricciones para crecer

Considerando las tres grandes restricciones que padecemos para crecer, lo sorprendente no es que la economía mexicana no haya crecido a tasas sostenidas de más de 5 por ciento anual, sino que hayamos podido más o menos crecer, sin el sobresalto de nuevas crisis, los últimos doce años.


Los fundamentos de la economía mexicana – básicamente, finanzas públicas sanas y estabilidad monetaria- han sido sólidos desde 1996 y desde entonces han mejorado consistentemente. A la vista de esa realidad uno se pregunta por qué, entonces, México no crece a tasas anuales sostenidas de 5% real o mayores.

Nuestra primera gran restricción para crecer radica en la precariedad de nuestro estado de derecho. La vigencia del estado de derecho es mucho más que el cumplimiento más o menos constante de la ley. El estado de derecho consiste en contar con un diseño constitucional orientado radicalmente a garantizar los derechos y las libertades individuales, mediante una división de poderes eficaz. Consiste también en que cada ciudadano cuente con la plena certeza de que sus derechos de propiedad serán invariablemente respetados y de que el Estado garatizará siempre el cumplimiento cabal de los contratos.

La segunda gran restricción que padecemos para crecer es la ausencia de libre competencia en mercados estratégicos para el desarrollo.

Y la tercera gran restricción radica en que estuvimos demasiado ocupados arreglando el desastre fiscal que nos heredaron los gobiernos de LEA y JLP en el siglo pasado, lo que nos impidió tener recursos y tiempo para invertir en lo importante: Infraestructura para el desarrollo. En dos vertientes: Infraestructura básica para superar las condiciones de pobreza e infraestructura de calidad para competir en los mercados globales. Este terrible rezago en la inversión en infraestructura es una tarea que los gobiernos – en sus tres órdenes – nos han quedado a deber. Para colmo, nuestra presunta “riqueza petrolera” ha servido de paliativo para eludir las reformas indispensables para contar con una fuente sana, estable y sostenible de recursos fiscales para invertir en infraestructura.

Bien que mal, la reciente reforma fiscal – que es el primer paso de un ciclo de reformas fiscales que México necesita- apunta a generar recursos para destrabar esta tercera restricción. La única justificación para pedir más recursos a la sociedad es para que los gobiernos los inviertan en infraestructura, con estrictos criterios de productividad y no de lucimiento efímero de politiquillos.

Etiquetas: , , , , , ,

martes, 7 de agosto de 2007

Un buen filón para recortar el gasto

Recortar en serio el gasto público destinado a propaganda política y gubernamental en los medios de comunicación – en los tres niveles de gobierno y en los tres poderes de la Unión- sería una acción con la que ganaríamos todos…o casi.

En ocasiones alguna frase simple descubre – así sea involuntariamente- cursos de acción fructíferos y atinados. Así me sucedió al leer en una revista (“Vértigo”) la siguiente frase del periodista Sergio Sarmiento:

“La experiencia nos dice que los grupos que protestan por las reformas fiscales son los primeros en chillar cuando el gobierno les recorta sus subsidios o beneficios”.

¡Bingo!, Sergio. Ése es el punto: Nadie quiere pagar más impuestos, pero son precisamente los grupos que en forma más estridente obstaculizan reformas que incrementarían la recaudación, los primeros en poner el grito en el cielo si, en lugar de las reformas que rechazan, el gobierno recurre al expediente de recortar el gasto…y, con ello, afecta las rentas de esos grupos estridentes.

En el caso de México, el problema es aún más grave, porque no sólo necesitamos reformas para fortalecer los ingresos públicos, sino que necesitamos, además, hacer sustanciales recortes al gasto gubernamental, empezando por aquellos renglones en los que el gasto no arroja ningún beneficio para la sociedad.

Tal vez por falta de espacio Sarmiento no pudo seguir las consecuencias lógicas de su observación respecto del gasto, pero no me cabe duda que llegaría a esta conclusión: El más rico filón de recortes al gasto gubernamental de la Federación, de los estados y de los municipios, así como de los tres poderes de la Unión y del gasto de organismos autónomos – como el IFE o la Comisión Nacional de Derechos Humanos- que puede abordarse de inmediato y que la sociedad en su inmensa mayoría agradecería, es el gasto absurdo, inútil, ofensivo para la inteligencia, que gobiernos, políticos y partidos destinan a la difusión de propaganda en los medios de comunicación, especialmente en la televisión.

Todos ganaríamos: como electores, como contribuyentes, ganarían las finanzas de todos los gobiernos, ganaría el periodismo independiente, ganarían los televidentes que dejarían de ser sometidos a la machacona repetición de frases de manufactura idiota. Sospecho que esta propuesta no será del agrado de las televisoras. Pero no hay problema: Ya se sabe que la televisión mexicana siempre apoya las mejores causas, ¿o no?

Etiquetas: , , , ,