martes, 18 de agosto de 2009

¿Los pobres municipios?

Hasta hace algunos años la doctrina del Partido Acción Nacional ubicaba al municipio como la escuela y el sostén de la democracia. Si entendí bien lo que entonces decían los panistas ilustres, citando con frecuencia a Manuel Gómez Morín, se trataba de ejercitar, aprender y difundir las virtudes cívicas que dan sustento a la democracia desde el municipio y en el municipio.

El razonamiento es que difícilmente el país consolidaría su democracia si no había democracia en el municipio. El municipio es el ámbito más cercano a nuestro vida cotidiana, donde se toman decisiones cruciales para el bienestar o el malestar de las personas, que tienen que ver con la policía preventiva, con la recolección de basura, con el uso del agua, con el drenaje, con los parques y lugares comunes, con la funcionalidad de calles y avenidas.

También algunos ideólogos del PRI han cantado, a lo largo de la historia, las virtudes del municipio. Recuerdo que Miguel de la Madrid, por ejemplo, promovió algunas reformas al artículo 115 de la Constitución y, con ese motivo, se difundieron sesudas reflexiones republicanas acerca del municipio, como célula básica de la vida democrática.

Esa es la teoría, desde luego. En esa teoría, las dos principales virtudes cívicas de las que el municipio debería ser escuela son la libertad y la responsabilidad. Y esto vale para gobernantes y para gobernados, para mandatarios (los que hacen los mandados, como dice con graciosa ironía Gabriel Zaid, pero también con filosa exactitud en relación a la teoría democrática) y para quienes mandamos (se supone) a estos mandaderos.

Para que el municipio sea de veras libre, y todo eso que dice la teoría, necesita contar con recursos propios y necesita responsabilizarse de su mantenimiento con el cobro de los impuestos y de los servicios locales que previene la Constitución.

El problema NO es que nuestras leyes no le den atribuciones fiscales a los municipios, aunque podría revisarse - ¡otra vez! - el asunto, sino que los presidentes muncipales y quienes conforman el ayuntamiento con frecuencia no quieren pagar los altos costos políticos que supone el cobro de impuestos y, también con mucha frecuencia, los gobernadores no quieren ayuntamientos con finanzas más o menos fuertes o "ricos" que puedan opacar su poder o, dicho coloquialmente, ponérseles al brinco.

En buena medida algunos municipios son pobres por elección, por vocación y hasta por comodidad. Es más fácil rogarle al señor gobernador, que a su vez irá a tocar puertas a la Federación pidiendo más participaciones, adelantos, aportaciones extraordinarias esgrimiendo el argumento de los municipios en quiebra.

El mejor ejemplo de esta indolencia fiscal municipal es el cobro del impuesto predial. Un gravamen netamente municipal que en México arroja en promedio una recaudación risible. Hoy trata el asunto Diego Petersen en "Milenio" y las cifras comparativas que ofrece entre lo que se recauda en México de predial y lo que se recauda en el Reino Unido o en Canadá son para irse de espaldas.

Pero no, el cuento del municipio pobre es muy rentable. Y eso que mejor dejamos para otro día hablar de cuántas camionetas Suburban, Lobo, Explorer y similares han pagado las participaciones federales que llegan a los municipios. Incluso a los más pobres...Algún presidente municipal de uno de los municipios más pobres del estado de Veracruz le decía, sin rubor, hace unos años al reportero de televisión Samuel Prieto que lo de las camionetotas era de rigor, porque "ni modo que lleguemos a las reuniones con el Gobernador en un pinchurriento carrito, ¡como te ven, te tratan!".

El municipio, escuela de democracia. ¡Oh, sí!

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miércoles, 30 de enero de 2008

¿En dónde estuviste los últimos 60 días?

Para ellos el año empieza en febrero. Regresan de unas “merecidas vacaciones” que iniciaron el 14 de diciembre y de inmediato se ponen a regañar a todos los que se quedaron trabajando ¡por perder el tiempo en discusiones estériles!

Como decía una tira cómica en algunos periódicos del siglo pasado: “¡Nunca falta alguien así!”. Son esos fastidiosos personajes que, con pretexto de la Navidad y del fin de año, se recetan a sí mismos un “pequeño descanso” de seis o siete semanas y regresan, al mundanal ruido, convencidos de que tienen que corregir todas las tonterías que hicimos los que nos quedamos trabajando.

Imaginemos la escena: Don Remigio Salsipuedes, un magnate mexicano por herencia que se describe a sí mismo como “una isla de eficiencia rodeada de un mar de imbecilidades”, vuelve al trabajo en la última semana de enero y descubre, con horror, que en su ausencia nadie ha hecho lo que se tenía que hacer y, en cambio, todo mundo ha derrochado incompetencia con ocurrencias idiotas.

Supongo que es una estrategia napoleónica – “la mejor defensa, dicen, es el ataque”- y es la forma mediante la cual estos remisos doctos apartan de sí cualquier pregunta incómoda como: ¿Y en dónde andabas tú, oráculo pletórico de sabiduría, mientras nosotros hacíamos puras idioteces? Por supuesto, don Remigio andaba en un crucero por las islas griegas o estuvo recluido en un monasterio budista cerca de Nepal. I-lo-ca-li-za-ble, des-co-nec-ta-do, fuera del área de servicio.

El colmo es que estos doctos remisos suelen estar muy mal informados. Su idea de “ponerse al día” es hojear dos o tres periódicos (con lo que se forman una idea totalmente fantástica del mundo) o, peor todavía, recurren a la tía Angustias, que tiene fama de pasarse la vida pegada al televisor, y le preguntan: “¿Qué hay de nuevo, querida tía?”. Entonces llegan a la oficina alarmadísimos porque nadie ha hecho nada para enfrentar la recesión que viene o porque todo mundo está muy quitado de la pena mientras que en Pakistán estallará la violencia.

Por ahí de septiembre u octubre de 2008 se enterarán de que les subieron el predial más del cien por ciento y pondrán el grito en el cielo: “Pero ¡qué barbaridad!, ¿es que nadie va a hacer algo para evitar este atropello?”

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martes, 29 de enero de 2008

Unos financieros muy "creativos"

Antes de incrementar el impuesto predial en la ciudad de México, el gobierno local debería dar una explicación lógica y creíble sobre la notoria caída en la recaudación de ese gravamen durante el año pasado respecto de la recaudación durante 2006.

El lunes 28 de enero la Secretaría de Finanzas del Distrito Federal difundió un comunicado de prensa cuyo encabezado, cito textual, dice: "Desarrolladores Inmoviliarios se pronuncian sobre el predial 2008" (así como se lee: "inmoviliarios"). (Actualización importante hecha el miércoles 30 a las 13 horas: Ya corrigeron el horror ortográfico en su página de la internet; pero conservo una copia por si acaso dicen que miento).

Tal vez se trata de otra muestra de creatividad, como la de incrementar desproporcionadamente la tasa del impuesto predial en 2008, sin siquiera haber logrado explicar por qué se les cayó tanto la recaudación de ese impuesto durante 2007.

Las causas de la caída en la recaudación del impuesto predial – que al tercer trimestre de 2007 era de menos 5.3 por ciento real respecto del mismo periodo de 2006 y de menos 8.2 por ciento respecto de lo programado- permanecen ignotas. El cuadro donde se da cuenta de dicho retroceso (página 25 del Informe de Avance de Trimestral) ofrece como "explicación de las variaciones" un comentario acerca de que las acciones de fiscalización permitieron que la caída – al tercer trimestre- fuese hasta un punto porcentual menor a la registrada al cierre del segundo trimestre. Perdón, pero eso no explica absolutamente nada de la caída anual en la recaudación. Y los dos informes anteriores de 2007 tampoco explican esa variación.

¿Habrá alguna conjetura razonable para ese comportamiento atípico, en un año en el que aumentó notoriamente el número de propiedades sujetas a dicho gravamen y en el que dicho impuesto se cobró bajo las mismas bases catastrales y tasas que en 2006?

Se me ocurren, al vuelo, dos hipótesis: 1. Las cifras de recaudación de 2006 son falsas y por alguna razón inconfensable fueron infladas. 2. La nueva administración, que se inició en diciembre de 2006, resultó de una gran incompetencia para recaudar ese gravamen específico, pero curiosamente no fue incompetente para recaudar otros.

Podría seguir ideando ocurrencias para explicar esas variaciones sorprendentes dado que quien debería dar una explicación clara, suficiente, lógica y pública (y de preferencia sin faltas de ortografìa) no lo ha hecho. ¿Es mucho pedir que, antes de aumentar los impuestos, rindan cuentas acerca de sus propias cuentas?

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miércoles, 19 de septiembre de 2007

El señor Ebrard no tiene quién le lea…

Sería recomendable que alguien le leyera al jefe de gobierno del Distrito Federal el reporte de avances al primer semestre que difundió la Secretaría de Finanzas de su mismo gobierno; así se enteraría que ahí donde las cosas marchan bien en materia de recaudación de impuestos locales se debe a la política económica del gobierno federal, a la que tanto critica.

Las finanzas del gobierno del Distrito Federal muestran varias debilidades que merecen corregirse. Uno de los puntos más vulnerables es la necesidad de subsidios cada año más cuantiosos para mantener en funcionamiento el Sistema de Transporte Colectivo o “Metro” - que transportó más de 604 millones de usuarios en los primeros seis meses de este año- con tarifas congeladas en dos pesos por viaje. Pero ese asunto ameritaría por sí solo otra serie de artículos.

Si nos limitamos a la recaudación de impuestos en el Distrito Federal encontraremos una sorprendente caída de 6.1 por ciento en pesos constantes, en el primer semestre de este año, en la recaudación del impuesto predial respecto del mismo periodo del año anterior. Esta disminución resulta aún más chocante porque ha aumentado el número de propiedades inmobiliarias en el Distrito Federal y porque los valores catastrales se actualizan al alza constantemente.

Esa menor recaudación en el que es, con mucho, el principal impuesto local (aporta más del 40 por ciento de los ingresos totales por impuestos en el Distrito Federal) contrasta con el avance en la recaudación del impuesto sobre adquisición de inmuebles debido, dice la Secretaría de Finanzas a “la dinámica inmobiliaria que se observa en el Distrito Federal, aunada a las facilidades para obtener créditos hipotecarios” (y a las bajas tasas de interés fijas en pesos a plazos de hasta 20 años), lo cual, ¿alguien puede negarlo?, es resultado de la política económica del gobierno federal de los últimos siete años al menos.

Contrasta también con el avance de 1.7 real en la recaudación del impuesto sobre nóminas, el segundo más importante de los gravámenes locales, fenómeno que la misma Secretaría de Finanzas explica así: “Al ser una contribución ligada a la actividad económica, su comportamiento respondió a la positiva dinámica económica que se presentó en la entidad”.

¿En qué quedamos señor Ebrard?, ¿no dijo usted que la “nefasta” política económica del gobierno federal ha generado un creciente desempleo en la capital?

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