viernes, 31 de julio de 2009

¿Con quién se puede quejar Sarmiento?

Cuenta Sergio Sarmiento que tiene un vecino latoso que se llama Marcelo. El vecinito de Sarmiento planea "echar la casa por la ventana" con una fiesta rumbosa y espectacular el próximo domingo 2 de agosto; y parte de "echar la casa por la ventana" consiste en hacer la fiesta en la calle, con cantantes de postín como Nelly Furtado y Juan Luis Guerra.

Para eso, este personaje (el vecino incómodo) ya mandó restringir el tránsito de vehículos por la calle donde se instaló un templete.

¡Qué lata!, compadezco a Sergio. Lo bueno es que como Sergio vive en la Ciudad de México y es un periodista "influyente" - lo que quiera que eso signifique- podrá tomar el teléfono y quejarse directamente con el diligente, infalible y simpático Jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, para que impidan este abuso y castiguen a este particular con ínfulas de caciquillo que quiere apropiarse de los espacios públicos, amén de fastidiar a sus vecinos.

¡Ay!, me equivoqué, Sarmiento no se puede quejar en esa ventanilla. Sucede que el vecino incómodo es Ebrard.

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sábado, 9 de agosto de 2008

A río revuelto, ganancia de criminales

Cuando un gobierno falla en lo básico, que es garantizar la seguridad física de las personas frente a las agresiones del crimen, es un gobierno que ha fracasado en toda la línea. Ese es el caso del gobierno de la capital del país.


Tiene razón el Presidente. Lo menos que se debe exigir a las autoridades del Distrito Federal es que cooperen en serio con el gobierno federal en la tarea básica de cualquier gobierno: Garantizar la seguridad de las personas.

Es más que probable que los resultados del gobierno federal en esta materia disten de ser satisfactorios, pero los del gobierno capitalino son desastrosos y están manchados irremediablemente por la mezquindad de un lucro político descarnado y descarado.

Es un secreto a voces que en el Distrito Federal los ánimos electoreros del jefe de gobierno han desatado una temporada de cacería de recursos cuya expresión inmediata y palpable para el ciudadano es la del policía extorsionando a quien se deje.

Se diría que alguien, desde la posición más encumbrada, hubiese levantado cualquier veda. La tragedia de las 12 personas muertas, siete menores de edad, en el tristemente célebre "News Divine" se explica puntualmente por que cada jovencito y cada jovencita "apañado" significaba $1,000 pesos; algo así como medio millón de pesos a repartir. Los policías saben muy bien que la temporada de caza ha empezado cuando se orienta todo el aparato de gobierno a la tarea de apuntalar la carrera electorera del jefe.

Y en el río revuelto de las ambiciones políticas los criminales están a sus anchas.

El crimen es muy democrático: No hace distinciones entre pobres y ricos, a todos tiene algo que extraerles, la vida si es preciso y cada vez superando la marca anterior en materia de crueldad y atrocidad, y lo único que cambia es el monto a pagar por el rescate: "Según el sapo – calculan – es la pedrada". Ha sido un verano atroz para los jóvenes en la ciudad de México.

Mucho me temo que los destinatarios del mensaje del Presidente – las autoridades de la ciudad de México – tienen la peor de las sorderas, la de la ambición desmedida e inescrupulosa: "Voy derecho (al 2012) y no me quito; si me pegan me desquito".

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lunes, 7 de julio de 2008

Ah, sordito como una tapia

No tiene remedio. Sordera total e incurable. Ese es el feo diagnóstico que corresponde hacer sobre Marcelo Ebrard. El jefe de gobierno, a más de dos semanas de la tragedia, insiste en que todo es asunto de endurecer el otorgamiento de permisos a los llamados "antros".



A izquierda y derecha se ha comentado que detrás de la tragedia que le costó la vida a 12 personas en una torpísima operación de policías, tan esforzados como ineptos, están actitudes inadmisibles de la autoridad: criminalizar la diversión de los jóvenes, intimidar y vejar a menores de edad, moralismo de baja estofa y, en general, una confusión entre fines y procedimientos, tan atroz que los fines de los cuerpos de seguridad pública se han esfumado ante la dictadura de unos procedimientos diseñados para la propaganda política y la espectacularidad.

Y nada. Don Marcelo sigue montado en su macho. Su más reciente ocurrencia ha sido anunciar que se endurecerán los requisitos y los trámites para otorgar permisos de funcionamiento a los bares, restaurantes, discotecas o antros. Ni una palabra sobre la estulticia de los procedimientos policiales que no sólo no sirven en absoluto para alejar a los jóvenes de conductas que pueden ser nocivas para su salud, sino que provocan tragedias como la que sucedió la tarde del viernes 20 de junio.

Los procedimientos no los idearon los gendarmes que empujaban para impedir que los jóvenes salieran de la trampa, ni tampoco fueron invento de los jefes de esos gendarmes ataviados como si fueran a perseguir terroristas en Afganistán, son procedimientos que surgieron como ocurrencia en las oficinas de los jefes de los jefes de la policía: en las oficinas de la autoridad de la ciudad de México.

¿Cuáles son esos procedimientos? 1. Utilizar a los jóvenes clientes de esos tugurios como "prueba" de que se viola la ley, 2. Tratar a esos jóvenes como delincuentes, so pretexto de que son "testigos", trasladándolos en contra de su voluntad a instalaciones policiales para ser interrogados cual sospechosos de terribles crímenes.

Son procedimientos estúpidos e ilegales ordenados por el gobierno de la ciudad. La responsabilidad en el diseño y puesta en marcha de esas operaciones policiales recae directamente en quien preside el gobierno de la ciudad. ¿Será por eso que al señor Ebrard le aqueja esa terrible y total sordera?

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martes, 24 de junio de 2008

Marcelo y las lágrimas de cocodrilo

Dijo Marcelo Ebrard que nadie – escúchese bien: nadie- está más indignado que él por la tragedia que "sus" estúpidas fuerzas policíacas causaron la tarde del viernes pasado. Tan indignado que se le olvidó ofrecer disculpas, darle el pésame a los verdaderos deudos y acompañarlos en su dolor.


El jefe de gobierno declaró el sábado que la ciudad está de luto por la muerte sin sentido – atroz- de doce personas, incluidos siete menores de edad, la tarde anterior. Se puso corbata negra. Reconoció que hubo "errores graves" en el dichoso "operativo" (pero no dijo cuáles eran esos errores ni quién era el responsable) y prometió que el asunto sería esclarecido; más tarde se entrevistó con el presidente de la Comisión de Derechos Humanos quien, según se informa, también exigió el esclarecimiento de los hechos y el castigo a los responsables.

La rapidez de Marcelo Ebrard para hacer un control de los posibles daños políticos y de imagen derivados de la tragedia lo llevó a decir una barrabasada: "El más indignado de todos es el Jefe de Gobierno" aseguró hablando de sí mismo en tercera persona. ¿Cómo sabe Ebrard que él es el más indignado por la tragedia?, ¿le preguntó a primera hora a su espejo?: "Espejito, espejito, ¿quién es el más indignadito?".

En el profuso y vistoso sitio de Internet del gobierno del Distrito Federal no apareció, ni el sábado, ni el domingo (hasta el mediodía, al menos) la más pequeña muestra de luto o dolor. La vida siguió igual. Los boletines de prensa del GDF el sábado presumieron que el gobierno despidió a una delegación de clavadistas que partió hacia los juegos olímpicos, reseñaron la entrega de un módulo de seguridad ciudadana en Coyoacán, alardearon del "prestigio" del programa de educación a distancia, anunciaron un "rally energético" en el Centro Histórico e invitaron a pasear en patines o en bicicleta el domingo…De la tragedia, ni una palabra. Del dolor, ni una señal.

Típico de la mentalidad policíaca prevaleciente en México, un "mando" policíaco criticó, en forma anónima desde luego, el "operativo", diciendo que "para controlar a una multitud de 500 jóvenes se habría necesitado el doble o el triple de agentes". Claro, como eran 500 delincuentes de altísima peligrosidad, gran pericia y larga experiencia…Imbéciles.

Lágrimas de cocodrilo, dice el diccionario, son aquellas que alguien vierte aparentando un dolor que no siente.

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lunes, 2 de junio de 2008

Distrito Federal: La otra consulta

¿Y si organizamos una consulta popular sobre cómo se gasta el Gobierno del Distrito Federal el dinero de los contribuyentes y acerca de si los habitantes de la capital acaso perciben que el gasto multimillonario se compadece con los servicios que reciben?

El 82.6% del gasto programable del gobierno del Distrito Federal (GDF) es gasto corriente. Estamos hablando de más de 15,100 millones de pesos de gasto corriente tan sólo en los tres primeros meses de este año. Y de ese total, el 57.7% se fue en sueldos y salarios, más de 8,720 millones de pesos en sólo 90 días, es decir: más de 96 millones de pesos diarios.

El informe trimestral de las finanzas del GDF explica muy bonito este gasto: "La mayor proporción en el gasto de Servicios Personales se debe a que el GDF brinda a la ciudadanía diversos servicios que son intensivos en la utilización del factor humano. Entre ellos, destacan la Seguridad Pública, los Servicios de Salud y la Procuración de Justicia" (he respetado la sintaxis original, incluido el mal uso de las preposiciones).

Hay otra manera de ver las cosas: la del ciudadano; ¿cómo percibe la "intensidad" de ese "factor humano" que cuesta casi 100 millones diarios? Digamos, la percepción del ciudadano que perdió ocho horas en una agencia del ministerio público para denunciar un delito. O la de la ciudadana que fue víctima de un asalto y se pregunta en dónde estaba el personal de seguridad pública (policía), ¿acaso protegiendo al jefe de gobierno o tal vez "escoltando" a una docena de "adelitas" en una obstrucción callejera?

Otra manera bonita de explicar las cosas es rebautizar a los subsidios como aportaciones. Suena mejor decir que el Sistema de Transporte Colectivo (Metro) recibió "aportaciones" por 1,236 millones de pesos de enero a marzo, que confesar que, debido a la política decisión de mantener su tarifa al público congelada en sólo dos pesos, el Metro recibe cada día un subsidio de más de 13.7 millones de pesos.

A lo mejor alguien se anima a proponer a los habitantes del Distrito Federal una consulta popular para examinar si el gobierno de Marcelo Ebrard está haciendo las cosas bien y si es buena idea usar el dinero de los contribuyentes para subsidiar el "museo del estanquillo" o para patrocinar la "quinta noche de primavera", lo que quiera que sea esa "actividad cultural".

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miércoles, 7 de mayo de 2008

Distrito Federal: Cuesta abajo en su rodada

El Distrito Federal "perdió" – en términos de Producto Interno Bruto- 55,528 millones de pesos de 1994 a 2006, y tan sólo en el aciago sexenio de López Obrador y Encinas – 2000 a 2006- la "pérdida" fue de 32,021 millones de pesos. Una entidad en decadencia.


La Secretaría de Finanzas del Distrito Federal no es muy ducha en la asignatura de "atribución de culpas". Culpa a la Secretaría de Hacienda de que recibirá menos participaciones de las que recibiría si prevalecieran las fórmulas del pasado. Error. La nueva fórmula no la impuso la Secretaría de Hacienda, sino que la aprobó el Congreso. Otro error aún más grave: La presunta disminución relativa – que no en números absolutos – de las participaciones, no es ni un pálido reflejo de la pérdida de peso que ha experimentado el Distrito Federal en términos de su aportación a la riqueza del país.

Y otro error semántico y filosófico: El gobierno del Distrito Federal NO es el Distrito Federal. Quien se lleva las participaciones es el gobierno de Marcelo Ebrard, no los capitalinos.

En 1994 el Distrito Federal representaba el 23.6% del PIB nacional; en 2006 ya había caído 3.3 puntos porcentuales en su aportación al PIB nacional y representó el 20.32% del producto nacional. Ninguna entidad del país ha experimentado un descenso tan abrupto y en tan pocos años.

Si ponemos la "pérdida" del Distrito Federal (en contribución al PIB nacional) en pesos constantes, el descenso equivale a una disminución de riqueza de 55, 528 millones de pesos de 1994 a 2006.

La "pérdida" se aceleró dramáticamente en el sexenio 2000-2006, bajo el gobierno de Andrés Manuel López Obrador (y su delfín Alejandro Encinas): El Distrito Federal dejó de producir - respecto del PIB nacional – nada menos que 32,021 millones de pesos.


Otros datos para documentar el pesimismo: En 1994 el Distrito Federal representaba el 20.3 % del PIB nacional de la industria manufacturera; en 2000 ya había caído al 18.6%, pero para el 2006 logró la hazaña de reducir su participación a sólo el 15.3 % del PIB manufacturero nacional (3.3. puntos porcentuales de "pérdida" bajo la égida de López en sólo seis años). Y en comercio y turismo el PIB capitalino paso de 24.3% del PIB nacional respectivo en 1994, a 22.6% en el año 2000 y – cuesta abajo en su rodada- llegó a sólo 18.7% en 2006.

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martes, 29 de enero de 2008

Unos financieros muy "creativos"

Antes de incrementar el impuesto predial en la ciudad de México, el gobierno local debería dar una explicación lógica y creíble sobre la notoria caída en la recaudación de ese gravamen durante el año pasado respecto de la recaudación durante 2006.

El lunes 28 de enero la Secretaría de Finanzas del Distrito Federal difundió un comunicado de prensa cuyo encabezado, cito textual, dice: "Desarrolladores Inmoviliarios se pronuncian sobre el predial 2008" (así como se lee: "inmoviliarios"). (Actualización importante hecha el miércoles 30 a las 13 horas: Ya corrigeron el horror ortográfico en su página de la internet; pero conservo una copia por si acaso dicen que miento).

Tal vez se trata de otra muestra de creatividad, como la de incrementar desproporcionadamente la tasa del impuesto predial en 2008, sin siquiera haber logrado explicar por qué se les cayó tanto la recaudación de ese impuesto durante 2007.

Las causas de la caída en la recaudación del impuesto predial – que al tercer trimestre de 2007 era de menos 5.3 por ciento real respecto del mismo periodo de 2006 y de menos 8.2 por ciento respecto de lo programado- permanecen ignotas. El cuadro donde se da cuenta de dicho retroceso (página 25 del Informe de Avance de Trimestral) ofrece como "explicación de las variaciones" un comentario acerca de que las acciones de fiscalización permitieron que la caída – al tercer trimestre- fuese hasta un punto porcentual menor a la registrada al cierre del segundo trimestre. Perdón, pero eso no explica absolutamente nada de la caída anual en la recaudación. Y los dos informes anteriores de 2007 tampoco explican esa variación.

¿Habrá alguna conjetura razonable para ese comportamiento atípico, en un año en el que aumentó notoriamente el número de propiedades sujetas a dicho gravamen y en el que dicho impuesto se cobró bajo las mismas bases catastrales y tasas que en 2006?

Se me ocurren, al vuelo, dos hipótesis: 1. Las cifras de recaudación de 2006 son falsas y por alguna razón inconfensable fueron infladas. 2. La nueva administración, que se inició en diciembre de 2006, resultó de una gran incompetencia para recaudar ese gravamen específico, pero curiosamente no fue incompetente para recaudar otros.

Podría seguir ideando ocurrencias para explicar esas variaciones sorprendentes dado que quien debería dar una explicación clara, suficiente, lógica y pública (y de preferencia sin faltas de ortografìa) no lo ha hecho. ¿Es mucho pedir que, antes de aumentar los impuestos, rindan cuentas acerca de sus propias cuentas?

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miércoles, 19 de diciembre de 2007

“Súbanse a la banqueta”

La versión de que el gobierno de la ciudad de México ha creado “espacios públicos” para la convivencia armónica es pura propaganda que difunden los funcionarios del mismo gobierno. Lo que han propiciado son “espacios de promoción” para la candidatura de su jefe.

Hoy el centro de la ciudad de México es menos repulsivo de lo que era hace 15 meses. Andrés López y sus hordas lo habían convertido en una especie de riñón enfermo de una patria enferma, en el cual convergían todo tipo de excrecencias. Ha dejado de ser un tugurio, pero aún no es un verdadero espacio público de convivencia civilizada.

Tomemos el caso del desalojo de los vendedores ambulantes de las calles de Moneda, Correo Mayor y Corregidora efectuado el pasado 12 de octubre. A más de dos meses de distancia, los ambulantes, otrora intocables y protegidos por el gobierno local, no han vuelto y eso es una magnífica noticia; pero todavía no puede hablarse de que la vida en esas calles sea normal. Parecería que ahora las autoridades deberán enseñarle a los habituales de la zona para qué sirven las banquetas. Hace unos días el tripulante de una patrulla policíaca que trataba de avanzar por Correo Mayor hubo de recurrir al odioso altavoz para reconvenir a los despreocupados paseantes que invadían parsimoniosamente la calle: “¡Ya les quitamos a los ambulantes; caminen por las banquetas, no por el arroyo!”.

Más allá de la anécdota, la actitud de estos peatones habituales del centro refleja el escepticismo de que vaya a ser duradero el desalojo de los vendedores, pero también revela un arraigado desprecio hacia las reglas de la convivencia.

Otro ejemplo: La pista de hielo que ocupa gran parte de la plaza central ha impedido que se lleve a cabo la ceremonia diaria durante la cual miembros del ejército arrían (el verbo “arriar” se conjuga como el verbo “enviar”), la bandera nacional; en su lugar ha convocado a decenas de miles de visitantes que, a cambio de intentar patinar sobre el hielo unos 40 minutos, esperan deambulando por la plaza de seis a ocho horas en promedio. Decir que ése es un nuevo espacio de “convivencia armónica”, como si fuese una idílica plaza europea, es pura propaganda, toda vez que el flujo de gente es asfixiante y ha desquiciado la circulación a pie por la misma plaza.

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sábado, 13 de octubre de 2007

Perímetros y otras barbaridades

¿Qué hacen estos personajes cuando comen?, ¿depositan los alimentos en el perímetro de sus boquitas?, ¿disfrutan el perímetro de una tortilla? ¿Duermen en el perímetro de sus habitaciones?, ¿se suenan las narices con el perímetro de sus pañuelos?

Me cuentan, no pude verlo, que el viernes fue una maravilla en varias calles del centro de la ciudad de México, como Correo Mayor, Corregidora, Moneda. Hasta antes de este desalojo rodear a pie el Palacio Nacional – por esas tres calles- tomaba 45 minutos de arriesgada aventura entre empujones, sudores, mentadas de madre e insistentes reclamos mercantiles. Si el milagro del tránsito libre aún persiste el 15 de febrero, el señor Marcelo Ebrard merecerá un sobrio elogio.

Alrededor de esta noticia (en su perímetro) locutores, periodistas y redactores se regocijaron repitiendo un arraigado barbarismo: Anunciaron que del perímetro del centro histórico de la ciudad habían sido desalojados los vendedores ambulantes; los más sesudos nos ofrecieron más señas: el desalojo fue en el perímetro A. No tienen remedio, su desprecio por el lenguaje es abrumador; su incultura es omnímoda; su desparpajo para repetir disparates, inconmovible. Con decir que hasta un colega que antaño fue redactor de enciclopedias escribió, él también, ese despropósito que significaría nada menos que el centro de la ciudad no es tal, sino puro perímetro ¿rodeando qué?, ¿la punta del asta bandera en la plaza principal?

El colmo fue este titular secundario en una nota de la edición en línea del periódico “Reforma” – viernes 12 de octubre, 16:30 horas- que proclamaba:
“El Gobierno del DF señaló que vigilará la periferia del perímetro A del Centro, para evitar que se dé el llamado ‘efecto cucaracha’”

¿Cómo es el contorno de un contorno?, ¿el límite de un límite?, ¿los alrededores de un alrededor?, ¿las orillas de una orilla?, ¿la periferia de un perímetro? Sospecho que los vigilantes pasarán muchos apuros para cumplir su misión…

Bueno, tal vez todo esto sólo sea otra manifestación de que “México es diferente”. Aquí, por razones que se resisten a ser razonables, todo es perímetro, alrededor, periferia, orillas, límite.

Tal vez por eso México es un país extasiado en la contemplación del propio ombligo: Un centro inexistente, un punto que es puro perímetro rodeado de periferia, un centro ignoto, pero imaginado, donde se acumulan excrecencias en las que nos extasiamos

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miércoles, 10 de octubre de 2007

¿Le gustaría que el gobierno cumpliera con su deber?

Uno de los signos más claros de que un gobierno está fallando miserablemente es que recurra a las encuestas para ver si, acaso, a los ciudadanos les complacería que el propio gobierno cumpliera con la ley y garantizase los derechos imprescriptibles de los ciudadanos. Patético.

Como una persona que desarrolla parte de sus actividades productivas en el llamado "centro histórico" de la ciudad de México respondí ayer una encuesta de la Secretaría de Seguridad Pública del gobierno local, en la que se hacen diversas preguntas acerca de la conveniencia o no de retirar a los vendedores ambulantes que se han adueñado de calles, banquetas y otros espacios públicos de esa zona de la ciudad.

De entrada, y así lo comenté en mi respuesta por escrito a la encuesta, me parece lamentable que un gobierno – el que sea- tenga que recurrir a sondeos de opinión (quién sabe cuán rigurosos o cuán manipulados) para saber si debe o no cumplir con sus obligaciones elementales.

Por si esto fuese poco, hay preguntas específicas en el cuestionario – que se responde por correo electrónico a una dirección no-oficial del gobierno capitalino que es: pmchdf@yahoo.com.mx – que resultaría inconcebible que una autoridad legítima y democrática formulase en una sociedad civilizada, como la siguiente: "¿Cuál sería la sanción que usted aplicaría a las personas que comercien en la vía pública dentro del Centro Histórico?". No, no se trata de lo que a mí o a Juan o a Mónica les gustaría, sino de lo que dice la Ley, con mayúscula, empezando por la Constitución: Nadie puede obstruir el libre tránsito de los demás, nadie puede apropiarse de espacios públicos. Ojo, el delito en sí NO es comerciar, sino obstruir derechos de los demás y apropiarse de lo que NO les pertenece. Libertad y derechos de propiedad, ¿hasta cuándo entenderán los gobiernos que de eso se trata? No me pregunten si me gustaría que se aplicase la ley así o asado, ¡aplíquenla!

Nada justifica esa constante violación de los derechos al libre tránsito de todos los ciudadanos. Nada justifica la expropiación facciosa de espacios públicos. Nada justifica – ni un millón de encuestitas – que un gobierno, cualquier gobierno, titubeé para cumplir la Ley que está para limitar y normar al gobierno, no para que los ciudadanos nos volvamos siervos.

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domingo, 7 de octubre de 2007

Milagro en el Metro

¡Gloria a Dios en las alturas!, recogieron las basuras en el Metro, ayer a oscuras y hoy sembrado de bombillas…, desparecieron los ambulantes y surgieron pulcros y trajeados los empleados del servicio, le sacaron brillo a pisos y muros…El milagro lo consumó una efímera y propagandística visita de Marcelo Ebrard y su marabunta.


Escribí hace días que una de las ventajas de viajar en el Metro de la ciudad de México es la bajísima probabilidad de toparse en uno de los atestados vagones con Marcelo Ebrard. Pues bien, me equivoqué. El jueves pasado poco después de las nueve de la mañana los desprevenidos pasajeros salíamos apresurados del vagón en la estación "Zócalo" cuando nos dimos de frente con una marabunta (conjunto de gente alborotada y tumultuosa) no de hormigas sino de malencarados guardaespaldas, fotógrafos, camarógrafos, reporteros, funcionarios con cara de embobamiento y, en medio de la turba, como figura estelar de la farándula, Marcelo Ebrard, el mismo que está encantado de conocerse desde que se llama: "La Ciudad", con mayúscula mayestática por favor.

Lamento que por todo saludo a mi amigo Arturo Tornell, de Televisión Azteca, yo le espetara una irritada queja: "Oye, yo tomo el Metro en serio como medio de transporte, no con fines de propaganda" y haber huido del sitio como alma que ha visto al demonio…

Ni un solo vendedor ambulante en andenes, pasillos y escaleras de salida. Relucientes los pisos, pulcros y elegantes – de traje- unos empleados del Metro que salieron de quién sabe dónde (a lo mejor los tienen guardados en un almacén y los sacan los días de fiesta) y hasta la estación de radio del Metro – pletórica de amables y serviciales consejos para los usuarios- se escuchaba prístina por los altavoces (normalmente se escuchan intermitentes y crípticos llamados como: "Rigoberto Godinez, reportarse a su permanencia para un H-17").

Más tarde me enteré de que el inmerecido honor de la visita se debió a que el señor Ebrard daría fe de la instalación de unos dispositivos que retardan la velocidad de las escaleras eléctricas en alguna estación del Metro, con el fin de ahorrar energía en las horas de menor afluencia de pasajeros, ¡guau!, ¡gran logro!...supongo que después de eso vendrá la entrega por parte de alguna ONG de algunos bonos de carbono por combatir con tanto fervor el calentamiento global…

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jueves, 27 de septiembre de 2007

A Ebrard le pesan mucho el Metro y el agua

Uno de los riesgos de abusar de la pose de víctima es que te tomen la palabra y te aligeren la "carga" que, dices, tanto te agobia.


El martes en una entrevista radiofónica el jefe de gobierno de la ciudad de México, Marcelo Ebrard, lamentó la carga fiscal que debe afrontar su gobierno y pidió que el gobierno federal asuma toda o parte de esa carga, como sucede en París aventuró, confiando tal vez que nadie verificaría ese probable embuste. Específicamente ejemplificó con el Metro y el agua.

Ebrard debería – para variar- pensar dos veces antes de hablar. En una de esas le toman la palabra… y no le va a gustar.

Por ejemplo, tal vez no sería mala idea que el gobierno federal asumiera el manejo total del Metro capitalino (incluida su deuda) y afrontara el costo político – que obviamente el licenciado Ebrard no quiere afrontar- de cobrar un precio más cercano a la realidad por el boleto (digamos cinco pesos, para que la operación diaria no requiera de subsidios) y aprovechara todo el potencial de negocios que representa el flujo de más de 1,200 millones de pasajeros al año para obtener muchos más ingresos de los que hoy consigue el gobierno capitalino, por publicidad concesionada, tiendas, sitios para comer y otros comercios en las extensas instalaciones del Metro.

Considérese, por ejemplo, que pocos programas de televisión de las cadenas nacionales concitan auditorios anuales de esa magnitud: 1,200 millones de visitas.

En una de esas, también, alguien le toma la palabra a Ebrard y promueve que sean las autoridades federales – digamos, el SAT- las que cobren el agua (con un precio realista, no mentiroso que sólo incita al desperdicio) y hasta el impuesto predial. ¿Alguien duda que las autoridades federales sean más eficaces para cobrar que los señores de la tesorería capitalina?

Ya sé que la respuesta a bote pronto de Ebrard – casi todas sus respuestas son impensadas- será que, al contrario, él desea plena autonomía para la ciudad. ¡Cuidado!, ¿de veras cree Ebrard que sin el aval absoluto del gobierno federal – que no tienen las otras entidades- le cobrarían por la deuda del GDF los mismos bajos intereses que ahora y le ofrecerían los mismos plazos ventajosos? Sí, cómo no.

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martes, 25 de septiembre de 2007

El Metro y la parábola de la incuria

El Metro de la ciudad de México ejemplifica cómo la incuria puede fastidiar una magnífica inversión en infraestructura. Tan sólo su deuda equivale a 3.6 años de la totalidad de sus ingresos propios.

Una de las ventajas de viajar en el Metro de la ciudad de México es que la probabilidad de toparse con el jefe de gobierno en uno de los atestados vagones es prácticamente igual a cero. Salvo que se trate de una esporádica excursión, calculada para salir fotografiado en los periódicos del día siguiente, Marcelo Ebrard no se aventura por tales sitios.

Esa es una ventaja emocional que no arroja muchas enseñanzas. Otra de la ventajas de viajar en el Metro, que sí es didáctica, es comprobar en carne propia el deterioro de una magnífica obra de infraestructura debido a la incuria de los gobiernos que la han tenido bajo su responsabilidad. Saltan a la vista el descuido en que se mantienen las instalaciones, así como la precaria situación financiera que padece. En justicia debería compartir con el cuerpo de bomberos el adejtivo de "heroico", dado que su funcionamiento "normal" se antoja una hazaña sobrehumana.

Cuando se inauguraron las dos primeras líneas del Metro – en los años 1969 y 1970- simbolizaban la modernidad de un país en desarrollo, que aún gozaba de los frutos del llamado "milagro económico". Más que suficiente para las necesidades de la capital, el Metro era un medio de transporte seguro, limpio, eficaz y sostenible financieramente. Pero llegó la docena trágica de LEA y JLP (1970-1982) y empezó el desastre…

Algunas cifras para estremecerse: En el primer semestre de este año el Metro transportó más de 604 millones de pasajeros y tuvo ingresos propios por transporte (no incluye otros ingresos diversos) de $1,348.4 millones de pesos (promedio de ingresos por usuario de $2.23 pesos), pero sus egresos para operar fueron de $3, 003.4 millones de pesos; para que el precio del boleto cubriese sólo el gasto de operación cada viaje tendría que costarle al usuario $4.96 pesos.

A esto hay que sumar los costos financieros de una deuda de $9,834 millones de pesos, cuyo servicio cuesta como $928 millones de pesos cada año (34% de los ingresos propios), y la cifra no es mayor gracias a que la "nefasta" política económica del gobierno federal logró abatir las tasas de interés de 1996 a la fecha.

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jueves, 20 de septiembre de 2007

Propuestas social-burócratas y ocurrencias idiotas

Incluso para los deficientes estándares de las propuestas social-burócratas la más reciente de las ocurrencias de Marcelo Ebrard no deja de ser una idiotez.

Al parecer para medir la eficiencia en la recaudación del impuesto local sobre nóminas, los técnicos de la Secretaría de Finanzas capitalina se dieron a la tarea de cuantificar el número de personas que desempeñan un trabajo remunerado por empresas formalmente establecidas. Por lo que se comenta en el informe semestral de esa dependencia las pesquisas no arrojaron mucha luz: Al gobierno de la capital le aparecieron, en su padrón del impuesto sobre nóminas, casi 250 mil empleados más que la suma de los registrados en el IMSS y en el ISSSTE desempeñando un trabajo subordinado en el Distrito Federal. Exactamente: 245,761 de más.

Sospecho que el enigma de esos cientos de miles de empleados adicionales obedece a registros duplicados en el padrón del GDF, pero el solo hecho de que no se sepa con certeza cuántas personas reciben un salario en el Distrito Federal (página 21 del informe) sería motivo suficiente para investigar mejor antes de soltar ocurrencias como la que lanzó Marcelo Ebrard.

Según los datos del GDF en el Distrito Federal hay 101,106 empresas registradas con 3, 695,530 trabajadores. De ese padrón de empresas el gobierno capitalino recaudó, en el primer semestre de este año, 3,890.5 millones de pesos por impuesto sobre nóminas; cuya tasa es de 2% sobre el monto total de las erogaciones por sueldos y salarios. Si damos por buenos estos datos el salario promedio en el Distrito Federal (sin prestaciones sociales) fue de más de $8,700 pesos mensuales (unos dos mil pesos por encima del promedio nacional del salario de los trabajadores inscritos en las Afores), lo cual es sorprendentemente alto *.

Un verdadero seguro de desempleo se financiaría con las aportaciones de los trabajadores – que, en caso de quedar desempleados, serían los beneficiarios del seguro que contribuyen a sufragar-, ésa sería una política social discutible pero técnicamente viable. En cambio, la “limosna” a fondo perdido de 1,500 pesos mensuales a una fracción de desempleados, elegidos con criterios arcanos, es una idiotez.

* El cálculo es: recaudación semestral por 50 (se obtiene el total de remuneraciones al semestre) entre seis (se obtiene el total de remuneraciones por mes) entre 3.695530 (es decir entre el número de empleados que registra el padrón, expresado en millones, para obtener el salario promedio mensual en pesos).

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miércoles, 19 de septiembre de 2007

El señor Ebrard no tiene quién le lea…

Sería recomendable que alguien le leyera al jefe de gobierno del Distrito Federal el reporte de avances al primer semestre que difundió la Secretaría de Finanzas de su mismo gobierno; así se enteraría que ahí donde las cosas marchan bien en materia de recaudación de impuestos locales se debe a la política económica del gobierno federal, a la que tanto critica.

Las finanzas del gobierno del Distrito Federal muestran varias debilidades que merecen corregirse. Uno de los puntos más vulnerables es la necesidad de subsidios cada año más cuantiosos para mantener en funcionamiento el Sistema de Transporte Colectivo o “Metro” - que transportó más de 604 millones de usuarios en los primeros seis meses de este año- con tarifas congeladas en dos pesos por viaje. Pero ese asunto ameritaría por sí solo otra serie de artículos.

Si nos limitamos a la recaudación de impuestos en el Distrito Federal encontraremos una sorprendente caída de 6.1 por ciento en pesos constantes, en el primer semestre de este año, en la recaudación del impuesto predial respecto del mismo periodo del año anterior. Esta disminución resulta aún más chocante porque ha aumentado el número de propiedades inmobiliarias en el Distrito Federal y porque los valores catastrales se actualizan al alza constantemente.

Esa menor recaudación en el que es, con mucho, el principal impuesto local (aporta más del 40 por ciento de los ingresos totales por impuestos en el Distrito Federal) contrasta con el avance en la recaudación del impuesto sobre adquisición de inmuebles debido, dice la Secretaría de Finanzas a “la dinámica inmobiliaria que se observa en el Distrito Federal, aunada a las facilidades para obtener créditos hipotecarios” (y a las bajas tasas de interés fijas en pesos a plazos de hasta 20 años), lo cual, ¿alguien puede negarlo?, es resultado de la política económica del gobierno federal de los últimos siete años al menos.

Contrasta también con el avance de 1.7 real en la recaudación del impuesto sobre nóminas, el segundo más importante de los gravámenes locales, fenómeno que la misma Secretaría de Finanzas explica así: “Al ser una contribución ligada a la actividad económica, su comportamiento respondió a la positiva dinámica económica que se presentó en la entidad”.

¿En qué quedamos señor Ebrard?, ¿no dijo usted que la “nefasta” política económica del gobierno federal ha generado un creciente desempleo en la capital?

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martes, 18 de septiembre de 2007

Un nuevo embuste de Ebrard

Sólo para empezar: El seguro de desempleo que prometió el lunes Marcelo Ebrard no es tal, ya que un seguro se financia con las aportaciones de los asegurados no con recursos de los contribuyentes o con deuda. Y para seguir: No se puede financiar ese señuelo para incautos con recursos inexistentes; los ahorros financieros no son ingresos nuevos, sino menores costos más o menos hipotéticos.

Cuatro de diez periódicos editados en la capital del país consideraron como la noticia más importante, en sus ediciones de ayer, el anuncio que hizo Marcelo Ebrard de un presunto seguro de desempleo en la ciudad de México.

Que un embuste de tal magnitud merezca tanta atención de los medios resulta significativo. ¿Por qué se trata de un embuste?

Por varias razones: 1. Lo que prometió Ebrard en forma alguna es un seguro, sino, en el mejor de los casos una nueva ayuda monetaria a fondo perdido, como las que ya se otorgan a los ancianos y a otros grupos en la ciudad de México. Un seguro de desempleo se financia con las cuotas de los asegurados, no es una donación graciosa de dinero público. En este sentido Ebrard repite la falacia de su nefasto antecesor, quien llamaba “pensiones” a las ayudas monetarias a los ancianos (una pensión es resultado del ahorro que el trabajador realizó a lo largo de su vida laboral).

2. Es mentira decir que dicha ayuda se financiará con los ahorros de la reestructuración de la deuda del gobierno del Distrito Federal, porque tales ahorros serán, en el mejor de los casos, disminuciones en los costos financieros, pero no recursos nuevos. El ahorro financiero podrá liberar recursos de otras fuentes pero no es un ingreso que se sume a los existentes. Ebrard debe explicar de cuál de tres fuentes posibles saldrán los recursos: ¿Ingresos propios?, ¿participaciones y aportaciones federales?, ¿nueva deuda?

3. Es idiota, en cualquier caso, financiar un gasto corriente perpetuo – una vez que se instaura resulta políticamente imposible cancelarlo- y a fondo perdido, con ahorros de una sola vez, no recurrentes.

Lo cierto es que este señuelo populista se convertirá en otra debilidad de las muchas que ya padecen las finanzas del gobierno capitalino, las cuales comentaré mañana.

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martes, 11 de septiembre de 2007

David Ricardo y la deuda del GDF

El gobierno del Distrito Federal ha publicitado con entusiasmo la reestructuración que logró – en plazos y tasas- de la mayor parte de su deuda. ¡Enhorabuena! Ojalá con el mismo entusiasmo nos informaran por qué sus ingresos propios por el principal impuesto local – el predial- muestran una caída anual en pesos constantes de 6.1 por ciento al primer semestre de este año.

Un bonito ejemplo de la llamada “equivalencia ricardiana” – que podríamos resumir así: “La deuda pública de hoy son los impuestos por venir”- es la reciente operación de reestructura de la deuda del gobierno del Distrito Federal.

Breviario: Se llama “equivalencia ricardiana” porque fue el economista David Ricardo el primero en formularla; por su parte, James M. Buchanan, premio Nobel de ciencias económicas 1986 la redescubrió ya que, como admitió en 1992 el economista Robert J. Barro – recordando una polémica suya con Buchanan alrededor de 1974- cuando se verificó tal debate la equivalencia ricardiana “era desconocida para la mayoría de los economistas”.

Es claro que al señor Marcelo Ebrard le disgusta que algunos medios hayan recordado que la operación de reestructura de la deuda del GDF significa, también, trasladar una carga a los contribuyentes de generaciones futuras a cambio de obtener un alivio en la carga fiscal presente. En este caso, sin embargo, esa observación tiene razón. Es la famosa equivalencia ricardiana.

Se entiende que el gobierno de la capital prefiera publicitar los beneficios presentes de la operación en lugar de advertir de sus consecuencias futuras, eso suelen hacer todos los gobiernos. Además, si las alternativas eran: no hacer nada o aprovechar las condiciones de los mercados financieros – y el aval del gobierno federal- para reestructurar la deuda, sin duda se hizo lo correcto. El punto es que hay que ver integralmente las finanzas del GDF, por ejemplo: ¿Cuál es el comportamiento del principal impuesto local, el predial, que cobra ese gobierno? La respuesta es preocupante: En los primeros seis meses de este año la recaudación por impuesto predial ha caído 6.1 por ciento en términos reales respecto del mismo periodo de 2006.

Esta caída en el principal ingreso propio de carácter local – cuyo flujo razonablemente debería servir para dar servicio a la deuda, entre otras cosas- no se conduele con la entusiasta propaganda sobre la salud financiera del GDF.

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domingo, 9 de septiembre de 2007

Los "SUV", el iluminado López y los "bultos"

Sólo pasa en México: Los dueños de las inseguras, agresivas y contaminantes camionetotas o "SUV" tienen a los mejores defensores de sus intereses en el caudillo de la izquierda populista, en el partido de la izquierda y en algunos gobiernos de la izquierda, como el de la ciudad de México. ¡Gasolina subsidiada para proteger a la burguesía motorizada!


El no-caudillo de la izquierda mexicana – Andrés López Obrador- ya dio instrucciones precisas a los legisladores del PRD: "No se trata de parlamentar (sic)…que nuestros legisladores se paren de sus curules, tomen la tribuna y se queden ahí el tiempo que sea necesario, día y noche si es necesario, hasta que se retire la propuesta". ¿Qué propuesta? La de un gravamen a las gasolinas, que sería cien por ciento participable a las entidades federativas.

¡Así se defienden los intereses populares! ¿Qué interés más proletario y popular que el de los grandes consumidores de gasolina?, ¿para qué dialogar o discutir, para qué ofrecer argumentos, si los más afectados serían los dueños y usuarios de camionetotas SUV (Sport Utility Vehicles) que en promedio consumen 11.4 litros de gasolina por cada cien kilómetros recorridos contra un promedio de 8.6 litros por cada cien kilómetros que consumen los automóviles normales? A los SUV se les defiende "echando lámina" u obstruyendo el trabajo legislativo.

Además, los usuarios del "Metro" en la ciudad de México o del tren ligero o de los trolebuses – medios que no utilizan gasolina- no son parte de las clases populares, sino de la odiosa burguesía…o tal vez son de otra clase social - ¿los infra – populares?- que no le interesa a la izquierda.

Ya López había demostrado con creces su amor, ¿no correspondido?, a la burguesía motorizada, consumidora de gasolina subsidiada (hoy día, el IEPS en las gasolinas es negativo) y contaminadora, construyéndole "segundos pisos" y distribuidores viales – en lugar de "desperdiciar" los recursos públicos en "tonterías" como más líneas del Metro-, al tiempo que beneficiaba a un puñado de "proletarias" empresas constructoras.

¿Qué sigue en la agenda de la izquierda?, ¿hacer que todos paguemos la incompetencia de algunos oligopolios adinerados exigiendo subsidios al gas natural?

Y eso por no hablar del aprecio de López a los legisladores de su partido: "¡No argumenten!, ¡no propongan!, ahí siempre pierden, usen el único talento que tienen: ¡Ser bultos que estorban!"

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miércoles, 5 de septiembre de 2007

Marcelo Ebrard y los mercados petroleros

Para ser algo así como el alcalde de una de las ciudades más importantes del continente americano Marcelo Ebrard debería estar mejor informado...y no hacer el ridículo.

Marcelo Ebrard sentenció hoy miércoles 5 de septiembre: "Entonces los mexicanos estaríamos pagando cada vez más cara la gasolina cuando está bajando el petróleo a nivel mundial (énfasis mío, las declaraciones fueron tomadas de la versión en línea del periódico “El Universal”). Y Ebrard dicho esto se quedó tan campante.

Por supuesto, también los mercados petroleros mundiales se quedaron tan campantes y el precio del petróleo siguió presionado al alza. Para los mercados las desmesuras verbales de políticos aldeanos y mal informados son cien por ciento irrelevantes.

No me referiré al asunto de que sería una estupenda política pública en la ciudad y en el estado de México encarecer el consumo de gasolina, y que las respectivas haciendas locales captasen, con ello, recursos para mejorar el desastroso sistema de transporte público. No, ya se sabe que los intereses de quienes gobiernan esas entidades son otros.

El problema adicional y al que hoy me refiero es la irrefrenable manía que tienen algunos políticos de abrir la boca para decir mentiras o disparates.

El mismo día que Ebrard jugaba a profeta fallido de los mercados petroleros decenas de miles de medios en el mundo difundían notas como ésta, de la agencia alemana DPA:

Singapur.-
El precio del petróleo estadounidense del tipo ligero WTI para entrega en octubre subió hoy en el comercio asiático a 75,20 dólares el barril (159 litros), 12 centavos más que el martes. .El precio del petróleo ya había registrado un notable aumento el martes, lo que los expertos atribuyeron a las afirmaciones del ministro de Energía de Qatar, Abdullah al Atiya, quien consideró improbable que la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) decida aumentar las cuotas de extracción en su próxima reunión ordinaria, que se realizará el 11 de septiembre.


Tal vez Ebrard confundió las fechas. Que alguien le avise que estamos en 2007, no en 1986. La próxima vez que mejor hable de las cotizaciones de los tacos de lengua. A ver si a ésas sí les atina.

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lunes, 3 de septiembre de 2007

¿La torre de las presunciones irracionales?

Uno de los errores más comunes que cometen los acreditados es la creencia infundada de que la evaluación de riesgos que hace el acreedor, previa al otorgamiento del crédito, implica una garantía para el negocio del deudor.

La crisis de las hipotecas de baja calidad – o "subprime"- en Estados Unidos, que se encuentran más o menos dispersas, y ocultas, en los mercados financieros mundiales, es una buena oportunidad para que los acreditados analicen críticamente los supuestos detrás del crédito que disfrutan.

Algunos acreditados, especialmente en épocas de alta liquidez, presumen que la carga del análisis del riesgo recae exclusivamente en el intermediario financiero o en el acreedor (inversionista). Hecha esta presunción suponen que si tal análisis de riesgo resulta favorable, dicho resultado automáticamente se aplica también para la viabilidad de sus proyectos, lo cual no necesariamente es cierto. El acreedor analizó, en el mejor de los casos, las garantías de recuperación de sus activos financieros, que no son necesariamente las garantías de la viabilidad económica del proyecto del acreditado.

Un ejemplo de estas presunciones irracionales es el de la controvertida torre "del bicentenario", que un grupo de promotores inmobiliarios pretende construir en la ciudad de México y que ha contado con el apoyo (impertinente, toda vez que es un proyecto privado como otras decenas más de proyectos privados que no reciben tal apoyo) del gobierno local.

Dejando a un lado las gratuitas opiniones favorables de algunos periodistas – que de pronto se han revelado, ¡también!, como eminentes arquitectos- y las no menos impertinentes objeciones xenófobas y aldeanas de algunos políticos y vecinos, me llama la atención que nadie haya mencionado la viabilidad financiera del proyecto, cuando salta a la vista que en la ciudad de México la oferta de espacios para oficinas con características similares (Santa Fe, WTC, Torre Mayor, edificio de la BMV, la gigantesca sede del antiguo centro Bancomer, entre muchos otros) sobrepasa por mucho a la demanda conocida.

El proyecto puede ser rentable para los promotores – que seguramente no serán los inversionistas- en cuanto que su negocio es construir y para algunos políticos, en cuanto su negocio es hacer ruido, pero ¿cuántos de los ardientes promotores están dispuestos a poner hoy su dinero – no el del gobierno, no el de algún fondo de inversión, no el de clientes incautos, sino dinero de sus bolsillos- para comprar unos metros cuadrados de promesas?

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