martes, 24 de noviembre de 2009

¿A quién beneficia una moneda china débil?

En lo inmediato, a mí y a millones de consumidores en todo el mundo, incluidos desde luego los consumidores en Estados Unidos.
¿A quién perjudica? A millones de chinos, cuyos salarios tienen menos poder adquisitivo y para quienes los bienes importados se encarecen.
También perjudica a exportadores estadounidenses que, conjeturan, podrían vender más a China y/o tendrían menos competencia de las mercaderías chinas en Estados Unidos y en otros mercados (ojo, escribí: conjeturan, habría que ver si de veras son competitivos al margen del tipo de cambio).
Estas claras consideraciones, que no suelen hacerse en los análisis al uso que tienden a ser mercantilistas y no partidarios del comercio libre, llevan a Gary Becker (de rodillas, por favor, que es Premio Nóbel, je, je, je) a concluir que Barack Obama y Hu Jintao, cada cual, actúan y hablan no como les correspondería si defendiesen los intereses de los consumidores de sus respectivos países, sino como si Hu Jintao fuese el Presidente de los Estados Unidos y Barack Obama el máximo jerarca del Partido Comunista Chino. Puede leerse el interesante análisis de Becker pinchando AQUí.
Otro caso para recordar la sabiduría de Frederic Bastiat: Lo que se ve y lo que no se ve, ensayo maravilloso que puede leerse pinchando en ESTE OTRO SITIO.

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domingo, 7 de diciembre de 2008

La criminal miopía proteccionista

Si se dejase la solución de esta crisis económica global en manos de la Concamin o de la Canacintra, el mundo se hundiría en una depresión tan profunda y prolongada que haría palidecer a la “gran depresión” de los años 30.

Si aquí y allá los mercantilistas se enquistan en la defensa de barreras arancelarias y no arancelarias habremos transformado un severo colapso financiero en el peor desastre económico de la historia de la humanidad: Desempleo galopante, hiperinflaciones locales, pérdida total de confianza en el mercado, pobreza y miseria, violencia, nacionalismos y regionalismos exacerbados. El infierno.
La economía global ha funcionado en los últimos años – generando prosperidad- sostenida en un frágil balance entre países con abultados superávit y países con abultados déficit en sus respectivas cuentas corrientes. Los primeros tienen un exceso de ahorro respecto de su inversión y su consumo y ese excedente ha servido para financiar los déficit de ahorro (especialmente déficit fiscales) de los segundos.
Según cálculos difundidos el miércoles por Martin Wolf en el Financial Times los superávit en cuenta corriente de China, Alemania y Japón sumados a los superávit de los países exportadores de petróleo explican el 84% del superávit global en cuenta corriente (ese porcentaje equivale a 1.685 millones de millones de dólares).
Esos países frugales – que ahorran más de lo que consumen e invierten- sufragan el dispendio – dicho en sentido figurado – de los países con abultados déficit en sus cuentas corrientes. Los dispendiosos son encabezados por Estados Unidos y le siguen España, Reino Unido, Francia, Italia y Australia, cuyos déficit equivalen a poco menos de 1.159 millones de millones de dólares; casi al 70% del déficit global en cuenta corriente,.
El mundo aprentemente tiene un superávit en cuenta corriente consigo mismo de unos 350 mil millones de dólares (diferencia ente 2.006 millones de millones que suman los superávit y 1.656 millones de millones que suman los déficit), pero en realidad tal superávit no existe porque forzosamente la balanza global debe estar equilibrada, es una identidad contable entre egresos e ingresos de la suma de balanzas de cada nación. Se trata de errores de contabilidad, omisiones o hasta de pérdidas (imaginemos, siguiendo una vieja analogía que hacía Bastiat para ridiculizar los afanes mercantilistas, que en medio del océano hay varios barcos perdidos cargados de mercancías que algunos países han contabilizado como exportaciones pero que nadie ha recibido y por tanto no se han contabilizado como importaciones. ¡Una pérdida neta! El maravilloso símil de Bastiat nos recuerda que el bienestar se mide por lo que consumimos (importamos) no por lo que producimos (exportamos).
Es imperativo para salir de la crisis que los países frugales empiecen a gastar (importar) más y que los países dispendiosos empiecen a exportar más y a gastar menos. Sólo así se puede restablecer el equilibrio global y la economía volverá a crecer. Si unos y otros se cierran al comercio mundial, sosteniendo aranceles y barreras no arancelarias, la depresión mundial durará décadas y será la peor de la historia.
¿Creían que hacer fracasar la ronda de Doha no tendría consecuencias graves? Ya las vemos. Aún estamos a tiempo para evitar una catástrofe mayor.

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jueves, 13 de diciembre de 2007

Zapateros de Guanajuato: Solos contra el mundo

Lo que yo entendí de toda la alharaca que armaron algunos fabricantes de zapatos es que se deben sentir muy solos: Según dicen ellos son una isla de eficiencia rodeada de un océano de imbecilidades; tontos, los chinos que quién sabe por qué andan regalando zapatos al mundo y tontos, millones de consumidores que compran zapatos más baratos.

El 12 de diciembre los zapateros de León, Guanajuato, junto con el gobernador de ese estado y la Concamin, hicieron su numerito contra la desaparición de las cuotas compensatorias – estratosféricas, por cierto- que se imponen en México a las importaciones de calzado producido en China. Un papelón digno de una sátira de Frederic Bastiat (los zapateros leoneses pueden consultar en alguna enciclopedia quién es ése señor del que tal vez jamás oyeron hablar), como la sátira de los fabricantes de velas exigiendo al gobierno que prohibiese la “competencia desleal” de…¡el sol!

El señor que encabeza la Cámara de la Industria del Calzado de Guanajuato, José Antonio Abugaber, hizo el consabido “road-show” en los medios con muchas ganas de envolverse en la bandera nacional, de manotearle al gobierno federal y de presumir que ellos – los negociantes zapateros de León- mantienen a miles de trabajadores (que, se infiere, de otra forma no tendrían cómo ganarse la vida), mientras que los chinos malvados – no hace falta recordar que son comunistas y ateos-, quieren inundar a México de zapatos baratos.

A estos paladines no se les cae de la boca la etiqueta: “Competencia desleal” como sinónimo de “Made in China”, pero jamás han definido qué entienden por eso: ¿vender más barato?, ¿aprovechar las ventajas competitivas y comparativas?, ¿ser más productivos?, ¿explotar el nicho de los zapatos baratos y desechables?

Tampoco quedó claro en este melodrama, tan barato como un par de zapatos chinos, cómo explican los zapateros de León la gran estupidez de los chinos que andan por el mundo vendiendo los zapatos por debajo de su costo, ¿qué les pasa a los chinos?, ¿además de comunistas se volvieron filántropos y quieren calzar al mundo aunque pierdan millones de dólares en el intento?

Y los consumidores, que no sabemos distinguir entre unas zapatillas chinas y unos zapatos de vestir bien hechos, tampoco salimos bien parados en esta historia lacrimosa. Somos tontos irredentos y es preciso que el gobierno nos impida comprar mercancías baratas.

Patético.

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