martes, 24 de noviembre de 2009

¿A quién beneficia una moneda china débil?

En lo inmediato, a mí y a millones de consumidores en todo el mundo, incluidos desde luego los consumidores en Estados Unidos.
¿A quién perjudica? A millones de chinos, cuyos salarios tienen menos poder adquisitivo y para quienes los bienes importados se encarecen.
También perjudica a exportadores estadounidenses que, conjeturan, podrían vender más a China y/o tendrían menos competencia de las mercaderías chinas en Estados Unidos y en otros mercados (ojo, escribí: conjeturan, habría que ver si de veras son competitivos al margen del tipo de cambio).
Estas claras consideraciones, que no suelen hacerse en los análisis al uso que tienden a ser mercantilistas y no partidarios del comercio libre, llevan a Gary Becker (de rodillas, por favor, que es Premio Nóbel, je, je, je) a concluir que Barack Obama y Hu Jintao, cada cual, actúan y hablan no como les correspondería si defendiesen los intereses de los consumidores de sus respectivos países, sino como si Hu Jintao fuese el Presidente de los Estados Unidos y Barack Obama el máximo jerarca del Partido Comunista Chino. Puede leerse el interesante análisis de Becker pinchando AQUí.
Otro caso para recordar la sabiduría de Frederic Bastiat: Lo que se ve y lo que no se ve, ensayo maravilloso que puede leerse pinchando en ESTE OTRO SITIO.

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lunes, 9 de noviembre de 2009

El dúo dinámico debate sobre productividad

La productividad en Estados Unidos creció un espectacular 9.5 por ciento anual en el tercer trimestre. En contraste, la tasa de desempleo abierto, también en Estados Unidos, llegó a los dos dígitos, más de 10 por ciento, por primera vez en 25 años.

Por supuesto - y para ello hay muchas explicaciones, no sólo la afición de los medios de comunicación a las malas noticias- en los principales diarios especializados como el WSJ o el FT, ya no se diga en los de información general, la noticia sobre el crecimiento de la productividad se registró en las páginas interiores en tanto que el reporte sobre desempleo se desplegó en las primeras planas e influyó negativamente (dicen quienes les leen las entrañas a los mercados financieros para explicar porqué suben o porqué se desploman) el día que se anunció. La diferencia de valoración no sólo se explica por el alarmismo congénito de la profesión periodística, sino porque el desempleo es un concepto más tangible para el público que el concepto de productividad. A largo plazo el motor del crecimiento económico y del bienestar es la productividad, pero en el horizonte inmediato de millones de personas lo que pesa, en las cuentas de cada día, es tener o no tener un empleo.

A partir de estos dos datos en contraste (desempleo y productividad) el dúo dinámico de la Universidad de Chicago - Gary Becker y Richard Posner- reflexiona y discrepa entre sí. El documentado debate puede leerse en la bitácora conjunta del premio Nobel (Becker) y del jurista-economista (Posner) pinchando en este sitio para Becker y en este otro sitio para Posner.

Becker, en línea con la experiencia histórica, advierte que a largo plazo los incrementos de la productividad habrán de traducirse en más empleo y más bienestar,si bien en el corto plazo esos mismos incrementos pueden generar desempleo, (se trata, en última instancia, de la famosa "destrucción creativa" que tan brillantemente expuso Jospeh Schumpeter en su "Teoría del desarrollo económico"). Un ejemplo típico es del mensajero que, por la generalización del uso del fax y del correo electrónico, se quedó sin trabajo pero capacitándose obtiene un empleo mucho más productivo y remunerador, por ejemplo: ordenando archivos y datos electrónicos en una computadora o incluso produciendo programas de computación para usos administrativos.

Posner no está de acuerdo con Becker en que, hoy y ahora y en esta "world wide recession", estemos presenciando un incremento de la productividad que sea producto de una mejora tecnológica o de un proceso creativo; conjetura que más bien se trata de que menores trabajadores están trabajando más horas, ganando menos, así como de otras reacciones temporales de las empresas para ajustarse ante la recesión: posponer pagos a proveedores, disminuir la calidad de las materias primas e insumos empleados para producir los bienes y otras medidas microeconómicas de emergencia frente a la crisis que se traducen a la postre en una real o aparente mayor producción ("output") a partir de menos factores productivos.

Lejos de mí pretender terciar en este debate entre dos gigantes (de los auténticos, no de los que menudean por estos lares perorando y salpicando bilis ideológicas o sectarias), pero me atrevo a opinar que, en lo básico, Becker es quien tiene razón: Este aumento en la productividad es una buena noticia y presagia (en un futuro que no sabemos determinar cuán cercano está) mayor bienestar y, a la postre, mayor empleo.

Las razones de cada cual ahí están - en una de las bitácoras imprescindibles en el mundo de la investigación económica- y es un placer intelectual aprender un poquito asomándose a discusiones inteligentes.

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lunes, 27 de julio de 2009

Venta de casas en Estados Unidos: el mercado sí funciona

Una de las inversiones al alza entre quienes tienen liquidez en Estados Unidos es la compra de casas en "foreclosure", es decir aquellas propiedades en las que, por incumplimiento de pagos de la hipoteca, el dueño ha perdido el derecho a redimirla y entran a remate, en beneficio del acreedor.

Durante junio las ventas de casas existentes en Estados Unidos subieron 1.7 por ciento y totalizaron 4.89 millones de viviendas. Es un crecimiento, repito, respecto de mayo, porque en términos anuales, respecto de junio de 2008, todavía se registra un retroceso de 0.2 por ciento en las ventas. En los próximos meses, dada la reanimación de la demanda en ese mercado específico, las variaciones anuales empezarán a ser positivas (además, porque el punto de comparación será respecto de los peores meses de la recesión que, como todos sabemos, se agudizó en el otoño del año pasado).

Un punto interesante es que de nueva cuenta este fenómeno demuestra que los precios son la información más valiosa que mueve a los mercados, ya que se trata de una demanda alentada por la caída de los precios de las casas existentes.

La mediana de precios de las casas en Estados Unidos en junio de 2008 era de $215,000 dólares. La mediana en junio de 2009 fue de $181,800 dólares. Una caída anual de 15.4 por ciento.

En la medida que los precios sigan cayendo, la demanda irá en aumento y ese mercado volverá a la normalidad. Cuando la presión de la demanda aumente, los precios crecerán.

Lo que mueve a la economía - las decisiones libres de millones de personas para comprar o no comprar, vender o no vender - son los precios, no el gasto público, no los discursos políticos, no las reuniones de líderes en la cumbre. Los precios. Como lo dijo el gran economista Gary Becker: La ley fundamental de la economía es la pendiente negativa de la curva de la demanda.

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miércoles, 6 de mayo de 2009

¡Es la escasez!

No falla. Cualquier paquete de apoyo a la economía siempre, siempre, siempre, será insuficiente.

Por eso no falla. Los supuestos representantes de los beneficiarios o los sesudos comentaristas dictaminarán de inmediato: ¡No alcanza!

Esa es la noticia más vieja en la historia de la humanidad, al menos desde que Adán y Eva fueron expulsados del paraíso y Dios les indicó que tendrían que ganarse el pan con el sudor de su frente. (Nota: Si usted, estimado lector, no cree en el pecado original, puede omitir el episodio bíblico, pero no podrá escabullir algunos hechos básicos de la vida humana, duros como piedras, que son el dolor, la enfermedad, la muerte, la escasez, la sed o el hambre). Y siendo la noticia más vieja no tenemos empacho en posar de sagaces y avispados para repetir, como si estuviésemos descubriendo el mediterráneo, que ¡no es suficiente! y para censurar al gobierno – el que sea- que no atinó a ofrecernos todo y de inmediato, que no halló el camino para que a partir de ya desapareciese la escasez.

Habrá que reconocer que los propios gobiernos frecuentemente siembran la semilla de la queja porque, antes, nos ofrecieron un viaje directo al paraíso terrenal sin más requisito que el de presentarnos a las urnas y votar por ellos.

He releído en estos días el libro insignia de J. M. Keynes – la teoría general del empleo, el interés y el dinero- y no recuerdo ninguna observación del ilustre economista acerca del hecho básico e inexorable que da origen a la economía: la escasez. Es como leer una introducción a la medicina en la que no se mencione la enfermedad, o en donde la enfermedad no sea un hecho con el que hay que lidiar, sino tan sólo una falla teórica de los economistas “clásicos” que el señor Keynes ha tenido a bien corregir.

Por contraste recuerdo el postulado inicial de la pequeña obra de Gary Becker (“Teoría Económica” en FCE, Bogotá, 1997) en que se recogen algunas de sus clases en la Universidad de Chicago, que dice: El hallazgo fundamental de la economía es la pendiente negativa de la curva de la demanda.

En otras palabras: La escasez.

La mala economía es “suponer” la abundancia (supongamos que sí tenemos un abrelatas en la isla desierta para abrir las conservas que se salvaron del naufragio), la buena economía es atinar en la asignación más eficiente, menos ruinosa, de los recursos escasos.

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martes, 25 de septiembre de 2007

"¡Queremos más precios mentirosos!"

¿Qué porcentaje de los recursos públicos queremos que se destine a obras de infraestructura y qué porcentaje queremos que se gaste en afeites, maquillaje, disfraces y cremas "anti-edad"?

La buena economía siempre lleva malas noticias a los románticos que se dicen de izquierda. La buena economía parte de un hecho brutal y poco comedido con nuestros deseos, pero no por ello menos real: la escasez. Si algunos políticos "progre" llenecitos de buenas y verdes intenciones decidieron en Estados Unidos subsidiar la producción de etanol a partir del maíz, más temprano que tarde ello repercute en precios más altos para el propio maíz, las tortillas, y, en cadena, para el trigo – bien sustituto – y el pan, para el sorgo, para el huevo, para la carne (gallinas, vacas y cerdos también comen)…Se llama "pendiente negativa de la curva de la demanda" (Gary Becker) y es una ley tan férrea como la ley de la gravedad.

Pero a los "progres" les encanta el arte teatral – de ahí viene, de los teatros franceses en el siglo XVIII, la palabra maquillaje- y consideran que la tarea de los gobiernos no es reconocer la realidad, sino eludirla con el maquillaje.

En estos días nuestros próceres locales del pensamiento "progre" han mostrado su frívola afición no sólo por las revistillas de la ilusión envidiosa – que por lo visto son su mejor fuente de información-, sino por los afeites y el maquillaje. No les parece mal que el precio de la gasolina sea mentiroso en México, sino que deje de serlo; lo mismo el precio del agua, el de los boletos del Metro, el de la energía eléctrica, el del maíz o el del trigo. Los negociantes piden precios mentirosos para el gas natural; los charlatanes ofrecen mentirosos "seguros" para desempleados; los de la televisión lamentan que se les acaben las facturas por propaganda electoral (la venta de los otros productos "milagro" de maquillaje y ornato a cargo de partidos y candidatos), mientras que los legisladores saborean los millones que, en un juego de manos que llaman reforma electoral (un poco de colorete para disimular las verrugas), les quitaron a los de la tele.

Vivan los precios mentirosos. ¿Querían un mundo de ensueño? No hay problema, se los dibujo. Eso es la política progresista: Arte de modistillas y de peinadoras de salón.

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