domingo, 7 de octubre de 2007

Milagro en el Metro

¡Gloria a Dios en las alturas!, recogieron las basuras en el Metro, ayer a oscuras y hoy sembrado de bombillas…, desparecieron los ambulantes y surgieron pulcros y trajeados los empleados del servicio, le sacaron brillo a pisos y muros…El milagro lo consumó una efímera y propagandística visita de Marcelo Ebrard y su marabunta.


Escribí hace días que una de las ventajas de viajar en el Metro de la ciudad de México es la bajísima probabilidad de toparse en uno de los atestados vagones con Marcelo Ebrard. Pues bien, me equivoqué. El jueves pasado poco después de las nueve de la mañana los desprevenidos pasajeros salíamos apresurados del vagón en la estación "Zócalo" cuando nos dimos de frente con una marabunta (conjunto de gente alborotada y tumultuosa) no de hormigas sino de malencarados guardaespaldas, fotógrafos, camarógrafos, reporteros, funcionarios con cara de embobamiento y, en medio de la turba, como figura estelar de la farándula, Marcelo Ebrard, el mismo que está encantado de conocerse desde que se llama: "La Ciudad", con mayúscula mayestática por favor.

Lamento que por todo saludo a mi amigo Arturo Tornell, de Televisión Azteca, yo le espetara una irritada queja: "Oye, yo tomo el Metro en serio como medio de transporte, no con fines de propaganda" y haber huido del sitio como alma que ha visto al demonio…

Ni un solo vendedor ambulante en andenes, pasillos y escaleras de salida. Relucientes los pisos, pulcros y elegantes – de traje- unos empleados del Metro que salieron de quién sabe dónde (a lo mejor los tienen guardados en un almacén y los sacan los días de fiesta) y hasta la estación de radio del Metro – pletórica de amables y serviciales consejos para los usuarios- se escuchaba prístina por los altavoces (normalmente se escuchan intermitentes y crípticos llamados como: "Rigoberto Godinez, reportarse a su permanencia para un H-17").

Más tarde me enteré de que el inmerecido honor de la visita se debió a que el señor Ebrard daría fe de la instalación de unos dispositivos que retardan la velocidad de las escaleras eléctricas en alguna estación del Metro, con el fin de ahorrar energía en las horas de menor afluencia de pasajeros, ¡guau!, ¡gran logro!...supongo que después de eso vendrá la entrega por parte de alguna ONG de algunos bonos de carbono por combatir con tanto fervor el calentamiento global…

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miércoles, 21 de febrero de 2007

Una inmoralidad: Omitir la escasez

Usted tiene 50 mil millones de dólares para aliviar los problemas globales del planeta, ¿cuál sería el problema que atacaría prioritariamente? Aquél en el que el monto de recursos invertidos diese la mejor relación costo-beneficio ¿Por qué? Porque así se hace el mayor bien al mayor número de personas.

Una de las experiencias más interesantes acerca de cómo enfrentar los problemas del mundo se llevó a cabo en Copenhague en mayo de 2004 y se repetirá en 2008 también en mayo. Esa experiencia se llamó Consenso de Copenhague, fue organizada por Bjorn Lomborg, profesor asociado de Estadística en la Universidad de Aarhus de Dinamarca y fue auspiciada por el Ministerio de Asuntos Exteriores de ese país y por el semanario The Economist.

Identificados los diez problemas globales más acuciantes se propuso a un panel de ocho economistas notables decidir a cuál de esos problemas deberían destinarse unos hipotéticos 50 mil millones de dólares, adicionales a los recursos que ya se usan en el mundo para atenderlos.

Los economistas concluyeron que la prevención de enfermedades transmisibles – específicamente la prevención del VIH-Sida – era el mejor destino para esos recursos, el que daría la mejor relación costo-beneficio o, dicho en otras palabras: la inversión que produciría el mayor bien cierto para el mayor número de personas. Muy cerca quedó la abolición de subsidios y barreras al comercio. En cambio, en el sótano de la clasificación quedó el cambio climático; no sólo por las pocas certezas científicas acerca de la naturaleza y causas de dicho “problema”, sino por la incertidumbre acerca de la eficacia de las “soluciones”.

El lector puede conocer este trabajo en el libro Global Crises, Global Solutions.

Lo que me interesa destacar es la pertinencia de que fuesen economistas, y no “líderes morales”, a quiénes se recurrió para jerarquizar qué problema debe atacarse primero.

El imperativo moral ya está dado – hacer el mayor bien cierto al mayor número de personas- y corresponde a la economía, a partir de datos comprobados, determinar con rigor científico en dónde estará mejor empleado el dinero: Costo contra beneficio.

Hay una estúpida objeción moralista a este criterio económico: “todos los problemas deben ser resueltos”. Alegato inmoral porque nada hace más daño a más gente que suponer que los recursos son infinitos.

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domingo, 28 de enero de 2007

Preguntarle a Brasil

México tiene muchas cosas que aprender de la experiencia de Brasil. Tanto acerca de lo que no se debe hacer – por ejemplo, política fiscal o política comercial-, como acerca de lo mucho que sí se debe y se puede hacer – por ejemplo, política energética o cómo transformar una gigantesca petrolera estatal en algo más o menos competitivo y rentable.

El coeficiente de recaudación tributaria a Producto Interno Bruto en Brasil es de alrededor de 29 por ciento. Ese mismo coeficiente en México fue de menos de 10 por ciento en 2005 (considera únicamente recaudación de impuestos federales). Entiendo que la cifra brasileña de recaudación hace salivar de envidia a muchos en México, empezando por los políticos.

Error: Ese indicador en el caso de Brasil es el ejemplo más elocuente de que mayores ingresos tributarios NO son ninguna solución automática a los problemas de pobreza, falta de productividad y, por ende, de competitividad de la economía, avance de la economía informal y – atención- vulnerabilidad fiscal del Estado.

Para acabar pronto: Riesgo país de México, 100 puntos base. Riesgo país de Brasil, 183 puntos base. México: Equilibrio o superávit fiscal. Brasil: Déficit fiscal.

Moraleja: Si alguien cree que la razón más importante para hacer una reforma tributaria en México es aumentar el coeficiente de recaudación – por ejemplo, para convertirnos de la noche a la mañana, gracias a la cifra mágica “recaudación/PIB”, en una “Economía de Bienestar”- ese alguien está totalmente equivocado. Por cierto: Son muchos, o muy ruidosos, los equivocados.

Es un simple problema de identificar bien las causas y los efectos. La mayor recaudación – que puede lograrse, como en el caso de Brasil, a expensas de castigar más a la economía formal con mayores tasas impositivas y mayor número de gravámenes- NO es causa de crecimiento económico; podrá ser, en el mejor de los casos, resultado o efecto de un mayor crecimiento económico. El objetivo no debe ser recaudar más, sino crecer más como país en forma sostenida.

Lo expresa atinadamente William W. Lewis en su ya clásico análisis acerca de la productividad: El actual nivel de desarrollo (ingreso por persona) de Brasil es, hechas todas las ponderaciones necesarias, equivalente al de Estados Unidos en 1913. ¿Cuál era el coeficiente “recaudación/PIB” de Estados Unidos ese año? Sólo 6 por ciento. La carga tributaria en Estados Unidos en ese entonces NO resultaba un incentivo para el crecimiento explosivo de la improductiva economía informal, no distorsionaba la asignación de recursos en la economía, fomentaba la competencia y el crecimiento.

Hoy en Brasil hay mayor número de personas empleadas en la economía informal que en la economía formal. Hay niveles lacerantes de pobreza (sí, como en México, o peores), y hay una insoportable carga – no sólo fiscal, sino de trabas comerciales y regulativas- sobre inmensas áreas de la economía formal, que inhiben la inversión y la creación de empleos.

¿Alguien comentó esto en Davos?

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