jueves, 2 de julio de 2009

La "película completa" no es la "versión oficial"

Leo, con cierta consternación, que algún analista considera que mi observación de ayer acerca de los ingresos tributarios en los primeros cinco meses del año (que puede leerse aquí) es algo así como una "versión oficial" que intenta minimizar el desplome de la recaudación de IVA e ISR, con la supuesta "buena" noticia de que el fisco ya volvió a recaudar por IEPS en la venta de combustibles, a diferencia del pasado inmediato (de 2005 a 2008 aproximadamente) cuando el IEPS en gasolina y diesel fue un impuesto negativo, un subsidio.
Aclaro:
1. Es mi opinión sobre lo que debe ser la "película completa" que debiera ofrecer un periodismo especializado profesional; no la versión oficial.
2. Que yo sepa, no hay una versión oficial sobre este asunto; pero no me cabe duda de que si la hubiese NO destacaría la recuperación de los ingresos tributarios vía el impuesto especial (IEPS) a gasolina y diesel, entre otras razones porque ello implicaría admitir que en el pasado, mediante la decisión de "congelar" los precios de la gasolina al consumidor final (en realidad, otorgarles un subsidio cuantioso a los automovilistas y a las empresas de transporte) se derrocharon más de 80 mil millones de pesos de recursos fiscales, se estimuló el dispendio de gasolina (en un país que cada día produce menos petróleo), se alentó la contaminación y la venta de automóviles y camiones ineficientes y se obsequió al populismo más ramplón (el de López Obrador) el cumplimiento de una de sus más descabelladas e irresponsables exigencias:" ¡No al gasolinazo!".
3. Quien quiera tener clara mi opinión al respecto puede leer en esta misma bitácora lo que publiqué al respecto el 5 de junio de 2008 y el 30 de junio de 2008, así como lo que publiqué en El Economista el 9 de enero de este año y que copio a continuación (ya que no está en los archivos de esta bitácora):
El mercado lo hace mucho mejor
Durante 2008 sólo un par de comentaristas -Sergio Sarmiento y yo, hasta donde recuerdo- sostuvimos reiteradamente que se trataba de un error subsidiar el precio de la gasolina en México. El precio artificialmente bajo propició el consumo dispendioso (mayores importaciones) de ese energético y un mayor deterioro del ambiente. También significó que el fisco recibiera menores ingresos (en realidad, el impuesto específico – IEPS- fue negativo, es decir: subsidio), pero eso es lo menos relevante.
Durante la mayor parte de 2008 los precios de la gasolina en México fueron sensiblemente menores que los precios vigentes en Estados Unidos. Hoy la situación es la inversa. Aun con la congelación de precios anunciada el miércoles el precio de la gasolina Magna en México quedará en 7.72 pesos el litro mientras que el precio promedio de la gasolina equivalente en Estados Unidos es de casi 6.00 pesos el litro (datos para el cálculo: precio promedio en Estados Unidos por galón al 5 de enero: 1.684 dólares; tipo de cambio: 13.45 pesos por dólar; equivalencia: un galón igual a 3.785 litros). Diferencia porcentual: 29 por ciento.
Una de las causas fundamentales de la caída del precio de la gasolina ahí donde funciona el sistema de precios libres para ese producto (digamos, Estados Unidos) fue la drástica disminución del consumo dictada por los mismos precios: El mejor disuasivo para consumir ese energético fue el alto precio que marcaron las bombas de despacho del combustible. Es un ejemplo contundente de la eficacia de los mercados y del comportamiento "racional" (en términos estadísticos) de los consumidores: Nadie, pobre o rico, está peleado con su dinero.
El caso de los precios de la gasolina demuestra claramente la inmensa superioridad del mercado libre para asignar recursos escasos. Jamás los precios o las tarifas dictados por déspotas más o menos benevolentes e ilustrados (legisladores, funcionarios públicos, burocracias, pactos en la cúpula) logran asignar los recursos con la misma eficiencia y oportunidad.
¿Hasta cuándo los déspotas benevolentes e ilustrados nos dejarán decidir a los consumidores?, ¿hasta cuándo combatiremos neciamente al mercado libre como mecanismo para fijar los precios correctos en el momento correcto?

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lunes, 13 de octubre de 2008

Déficit y malas inversiones públicas

A ver, se supone que vamos a poner un montón de dinero público (15 mil millones de pesos) para iniciar la construcción de una nueva refinería cuyo fin es disminuir las importaciones de gasolina. Lo que no se dice es que esa refinería, cuando se concluya, refinará petróleo importado.



Cuento uno: No es malo que aumente el gasto del gobierno, siempre y cuando ese gasto se destine a inversión, por ejemplo para iniciar la construcción de una nueva refinería.

La realidad: A diferencia de la explotación petrolera, que arroja altos márgenes de rentabilidad, el negocio de la refinación tiene márgenes muy estrechos y se requiere de una gran especialización para tener éxito. Hasta ahora las refinerías de PEMEX no han mostrado tener competitividad internacional.

Cuento dos: Es importante construir refinerías con dinero público porque así podremos disminuir las importaciones de gasolina; dado que es "malo" que hoy cuatro de cada diez litros de gasolina los importemos.

La realidad: No necesariamente es "malo" que importemos gasolinas si esos combustibles provienen de refinerías más productivas que las nuestras y a mejores precios. Lo malo, pésimo, es que subsidiemos el consumo de los combustibles, no que los importemos.

Cuando se concluya dicha refinería, dentro de ocho años en el mejor de los escenarios, México será probablemente importador neto ya no sólo de combustibles sino de petróleo crudo.

Cuento tres: El inminente déficit fiscal no debe preocuparnos, porque dicho déficit tendrá su origen en inversiones públicas productivas, no en mayor gasto corriente. Es decir, cada dólar de déficit público se transformará en el largo plazo en utilidades, por lo que ni siquiera debiera contabilizarse como déficit.

La realidad: ¿Alguien cree que la inversión pública es de veras más rentable que la inversión privada?, ¿cada peso invertido por PEMEX en petroquímica (y específicamente en refinación) ha generado alguna utilidad?, ¿cuándo?, ¿por qué ahora sí será un buen negocio para el país lo que en el pasado ha sido desastroso?

Este cuento no es nuevo. Se usó ampliamente en décadas pasadas para argumentar que el déficit generado por la banca de desarrollo (déficit de intermediación financiera) NO era en realidad déficit, porque dicho gasto, excedente de los ingresos, generaría recursos más que suficientes para cubrir la diferencia. ¿Alguien me puede decir dónde están esas utilidades públicas? La respuesta es NO, porque nunca se generaron.

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miércoles, 15 de agosto de 2007

La austeridad como estrategia vital

Un ejemplo: La mayoría de los automovilistas en México desperdiciamos recursos energéticos escasos. Si esperamos a que una política pública corrija esa tendencia suicida será demasiado tarde.

El aviso pertinente, detrás de las turbulencias en los mercados financieros mundiales, es que más temprano que tarde los precios se ajustan para reflejar el auténtico valor de las cosas. Podemos engañarnos pensando que los recursos energéticos pueden abaratarse por decreto, en lugar de hacerlo por productividad; o pensando que tiene alguna lógica económica adornar la ciudad con un gigantesco rascacielos para oficinas, cuando salta a la vista la sobreoferta de espacios y la irracionalidad, en términos de oferta y demanda, de dicho sueño de políticos lunáticos; podemos creer que la liquidez en los mercados tiende al infinito y que es inteligente que los bancos centrales, de Estados Unidos y de Europa, le den “una ayudadita” a la economía mundial bajando las tasas de interés; podemos tragarnos el cuento de que extender el programa “Hoy no circula” a los fines de semana ayudará a reducir la emisión de contaminantes y el desperdicio de energéticos, en lugar de agravar ambos fenómenos.

Incluso podemos conjeturar que “alguien” en el lugar adecuado tomará las providencias necesarias en el momento preciso y corregirá los desajustes en sus causas, por ejemplo: permitiendo una auténtica competencia en el mercado de la energía a despecho de los mitos constitucionales, que se proclaman intocables con un fervor que envidiaría un fanático de cualquier credo.

Pero la realidad seguirá ahí. Alguien tendrá que asumir las pérdidas por créditos hipotecarios impagados que se otorgaron en Estados Unidos, pero ese alguien es tal vez un incauto pensionado europeo; alguien tendrá que pagar por las crecientes e irracionales importaciones de gasolina que hace México (un costoso homenaje a las sacrosantas prohibiciones constitucionales y a la falta de agallas de los políticos); alguien pagará por la demagogia ambientalista que, en lugar de encarecer los combustibles para desalentar el dispendio, se agota en desplantes ciclistas y en costosas puestas en escena con el político “pop” de moda, Al Gore.

La respuesta efectiva no está en los políticos – es pedirle manzanas a los nopales- sino en lo que de veras sí está en nuestras manos. Valga la metáfora: ¿Usted cree que las hormigas acumulan recursos para los malos tiempos usando camionetotas SUV para desplazarse?

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