domingo, 21 de junio de 2009

Oferta, demanda y respuesta contra-cíclica

Algún comentarista de noticias asegura, sin ofrecer ninguna evidencia y pidiendo - como es usual- que le creamos porque lo dice él, que la estrategia contra cíclica del gobierno frente a la recesión no "se ha articulado" o, en palabras llanas, que no existe.

No sé si miente por ignorancia insalvable (nadie da lo que no tiene) o a sabiendas, pero miente. Sospecho que la motivación de esta mentira es doble: 1. Hacer más ruido para que a él y a sus clientes les toque más de la derrama de gasto público ("rueda que chilla, le ponen aceite"), y 2. Hacerle el caldo gordo a la estrategia electoral del PRI que consiste en tratar de atraer votos acusando al gobierno federal de ineficiente o incompetente al tiempo que presentan al PRI y sus gobiernos - lo que hay que oir- como "experimentados" en el manejo de crisis...

Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que los números ("datos duros" como les encanta decir a algunos) no mienten y están ahí. El viernes, por ejemplo, el INEGI difundió la información acerca de la Oferta y Demanda Global al primer trimestre de 2009. Se trata de una clara fotografía de la recesión en México.

La oferta y demanda globales cayeron 11.7% a tasa anual (I trimestre 2009/I trimestre 2008), porque:

En la OFERTA de bienes y servicios hay una caída, ya conocida, de 8.2% del PIB y un desplome de 22.5% de las importaciones.

Y en la DEMANDA de bienes y servicios tenemos una caída de 9% del consumo privado, un desplome de 20.2% en las exportaciones, una disminución de 7.6% en la formación bruta de capital fijo y - atención- un aumento de 2.2% en el consumo del gobierno.

Vale la pena detenerse en el siguiente cuadro, donde queda claro que a partir del III trimestre de 2008, el gasto del gobierno en construcción, primero, y en maquinaria y equipo, después, ha "entrado al quite" para amortiguar la severa caída de la demanda privada.

(Hacer clic en la tabla para ampliarla)

Eso y no otra cosa es la política contra cíclica y eso demuestra que el gobierno federal, específicamente el Secretario de Hacienda, aplicó con oportunidad la estrategia anti-crisis, que es mucho más que un conjunto de frases en unos discursos...Por ejemplo: Mientras que la construcción privada cayó 31.9% en el cuarto trimestre de 2008, la construcción pública creció 33.7% en el mismo periodo; mientras que la inversión privada en maquinaria y equipo se contrajo 11.9% en el primer trimestre de 2009, la inversión pública en maquinaria y equipo creció 10.3 por ciento.

Nunca el gasto gubernamental - estoy convencido- tendrá la eficiencia del gasto privado (en cuanto a óptima asignación de los recursos), pero nadie puede decir, sin morderse la lengua, o sin mostrarse como un gran ignorante, que el gobierno federal se quedó pasmado o cruzado de brazos frente a la crisis.

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jueves, 29 de mayo de 2008

Energía: La otra cuchilla de la tijera

Los países desarrollados consumen hoy, proporcionalmente, mucho menos petróleo del que consumían hace tres décadas. No es que a esas personas se los haya ordenado el gobierno y obedeciesen dócilmente. Se los ordenaron los precios en 1973-1974 y en 1980-1981.



Hay gobiernos empeñados en pelearse con los precios. Es una lucha perdida de antemano. Mi ejemplo favorito actual es el gobierno K de Argentina (Néstor y su esposa Cristina) que es una copia alucinante de gobiernos fracasados en el siglo pasado (el antiguo Alan García, el primer Carlos Andrés Pérez, Luis Echeverría, José López Portillo, Juan Velasco Alvarado y tantos otros), por lo cual quienes hoy viajan a la Argentina suelen comentar, a su regreso, que viajaron no al sur del continente sino al pasado: "Haz de cuenta como en los años 70 en México, tal cual" me dijo hace meses un empresario que tiene intereses allá.

Es un pésimo negocio pelearse con los precios porque es cómo matar a los mensajeros más veraces y oportunos que podemos tener sólo porque nos trajeron noticias desagradables, pero verdaderas.

No sabemos por cuánto tiempo permanecerán altos los precios del petróleo, pero nos están avisando puntualmente que la demanda está prevaleciendo sobre la oferta. Y sólo hay tres formas realistas y efectivas de corregir el asunto y lograr que los precios bajen o que el hecho no nos afecte tanto: O actuamos para aumentar la oferta o actuamos para disminuir la demanda o hacemos ambas cosas, opción, la última, que siempre será la más provechosa.

Hay varias vías teóricas para incrementar la oferta (ya sea de petróleo, o de otras opciones energéticas que sustituyan al petróleo) que merecerán analizarse y comentarse en otra ocasión. Por esta vez, fijémonos en la otra cuchilla de las tijeras: la demanda.

La herramienta más eficaz para disminuir la demanda es dejar que los precios nos indiquen qué tan grave es la situación. En los choques de precios altos del petróleo, los consumidores en los países desarrollados recibieron de lleno la noticia en las gasolineras, en la factura de la calefacción, en la factura de la electricidad y actuaron en consecuencia.

En otros países hubo gobiernos "benevolentes" que, para ahorrarles un disgusto a los consumidores, evitaron que el mensajero llegase a tiempo. Así les ha ido.

Romper el termómetro nunca ha servido para combatir la fiebre.

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lunes, 3 de septiembre de 2007

¿La torre de las presunciones irracionales?

Uno de los errores más comunes que cometen los acreditados es la creencia infundada de que la evaluación de riesgos que hace el acreedor, previa al otorgamiento del crédito, implica una garantía para el negocio del deudor.

La crisis de las hipotecas de baja calidad – o "subprime"- en Estados Unidos, que se encuentran más o menos dispersas, y ocultas, en los mercados financieros mundiales, es una buena oportunidad para que los acreditados analicen críticamente los supuestos detrás del crédito que disfrutan.

Algunos acreditados, especialmente en épocas de alta liquidez, presumen que la carga del análisis del riesgo recae exclusivamente en el intermediario financiero o en el acreedor (inversionista). Hecha esta presunción suponen que si tal análisis de riesgo resulta favorable, dicho resultado automáticamente se aplica también para la viabilidad de sus proyectos, lo cual no necesariamente es cierto. El acreedor analizó, en el mejor de los casos, las garantías de recuperación de sus activos financieros, que no son necesariamente las garantías de la viabilidad económica del proyecto del acreditado.

Un ejemplo de estas presunciones irracionales es el de la controvertida torre "del bicentenario", que un grupo de promotores inmobiliarios pretende construir en la ciudad de México y que ha contado con el apoyo (impertinente, toda vez que es un proyecto privado como otras decenas más de proyectos privados que no reciben tal apoyo) del gobierno local.

Dejando a un lado las gratuitas opiniones favorables de algunos periodistas – que de pronto se han revelado, ¡también!, como eminentes arquitectos- y las no menos impertinentes objeciones xenófobas y aldeanas de algunos políticos y vecinos, me llama la atención que nadie haya mencionado la viabilidad financiera del proyecto, cuando salta a la vista que en la ciudad de México la oferta de espacios para oficinas con características similares (Santa Fe, WTC, Torre Mayor, edificio de la BMV, la gigantesca sede del antiguo centro Bancomer, entre muchos otros) sobrepasa por mucho a la demanda conocida.

El proyecto puede ser rentable para los promotores – que seguramente no serán los inversionistas- en cuanto que su negocio es construir y para algunos políticos, en cuanto su negocio es hacer ruido, pero ¿cuántos de los ardientes promotores están dispuestos a poner hoy su dinero – no el del gobierno, no el de algún fondo de inversión, no el de clientes incautos, sino dinero de sus bolsillos- para comprar unos metros cuadrados de promesas?

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miércoles, 15 de agosto de 2007

La austeridad como estrategia vital

Un ejemplo: La mayoría de los automovilistas en México desperdiciamos recursos energéticos escasos. Si esperamos a que una política pública corrija esa tendencia suicida será demasiado tarde.

El aviso pertinente, detrás de las turbulencias en los mercados financieros mundiales, es que más temprano que tarde los precios se ajustan para reflejar el auténtico valor de las cosas. Podemos engañarnos pensando que los recursos energéticos pueden abaratarse por decreto, en lugar de hacerlo por productividad; o pensando que tiene alguna lógica económica adornar la ciudad con un gigantesco rascacielos para oficinas, cuando salta a la vista la sobreoferta de espacios y la irracionalidad, en términos de oferta y demanda, de dicho sueño de políticos lunáticos; podemos creer que la liquidez en los mercados tiende al infinito y que es inteligente que los bancos centrales, de Estados Unidos y de Europa, le den “una ayudadita” a la economía mundial bajando las tasas de interés; podemos tragarnos el cuento de que extender el programa “Hoy no circula” a los fines de semana ayudará a reducir la emisión de contaminantes y el desperdicio de energéticos, en lugar de agravar ambos fenómenos.

Incluso podemos conjeturar que “alguien” en el lugar adecuado tomará las providencias necesarias en el momento preciso y corregirá los desajustes en sus causas, por ejemplo: permitiendo una auténtica competencia en el mercado de la energía a despecho de los mitos constitucionales, que se proclaman intocables con un fervor que envidiaría un fanático de cualquier credo.

Pero la realidad seguirá ahí. Alguien tendrá que asumir las pérdidas por créditos hipotecarios impagados que se otorgaron en Estados Unidos, pero ese alguien es tal vez un incauto pensionado europeo; alguien tendrá que pagar por las crecientes e irracionales importaciones de gasolina que hace México (un costoso homenaje a las sacrosantas prohibiciones constitucionales y a la falta de agallas de los políticos); alguien pagará por la demagogia ambientalista que, en lugar de encarecer los combustibles para desalentar el dispendio, se agota en desplantes ciclistas y en costosas puestas en escena con el político “pop” de moda, Al Gore.

La respuesta efectiva no está en los políticos – es pedirle manzanas a los nopales- sino en lo que de veras sí está en nuestras manos. Valga la metáfora: ¿Usted cree que las hormigas acumulan recursos para los malos tiempos usando camionetotas SUV para desplazarse?

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miércoles, 28 de febrero de 2007

Un país de analfabetas funcionales

Una de las claves del éxito de la república MTP para mantenerse en la dorada mediocridad fue la lucha incansable de autoridades, maestros, hombres y mujeres de empresa, medios de comunicación, para evitar que prendiese entre niños y jóvenes la perniciosa costumbre de leer.

Emma echa una ojeada al periódico. A diferencia de otros días algo - ¡por fin!- capta su atención: Según el diario, que por cierto da insuficientes referencias por si acaso alguien quiere profundizar en el asunto, una encuesta entre maestros de educación básica en MTP (“Media Tabla Perpetua”) muestra que cuatro de cada diez profesores no tienen más de 20 libros en su casa y que seis de cada diez profesores confiesan que no leyeron más de dos libros en el último año.

Adiestrada desde pequeña, por sus padres, en las tareas de cifrar y descifrar Emma obtiene dos conclusiones: 1. Dado que en los últimos 20 años, aproximadamente, los gobiernos de MTP han destinado ingentes recursos a la educación y a elevar los salarios de los maestros, las revelaciones de la encuesta – por otra parte previsibles- confirman la impolítica tesis: No sólo no hay una relación causal entre más gasto público y mejoría sino que frecuentemente más gasto gubernamental sólo sirve para empeorar las cosas.

2. Qué pena, pero los datos de la encuesta explican las indudables ventajas competitivas de Emma en el mercado de trabajo. En un país, como MTP, en el que 40% de los maestros tiene una biblioteca en su casa menor al número de libros que Emma lee en un mes y en el que 60% de los maestros leyó en un año menos libros de los que Emma lee en una semana, nadie debe sorprenderse de que Emma a sus 25 años gane un envidiable salario y reciba constantes ofertas de empleo en MTP y fuera del país.

Lo primero que hace Emma al llegar a su oficina es responder afirmativamente, por correo electrónico, a la oferta de trabajo que le hace una corporación del odiado – y envidiado- país del Norte. Mientras lo hace, escucha a una emocionada secretaria encomiar el histórico nivel de audiencia que logró el capitulo final de la telenovela ésa…Sí, ésa de cuyo nombre Emma, ¡pobrecita desmemoriada!, no se acuerda.

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domingo, 11 de febrero de 2007

Elogio de la especulación y el “acaparamiento”

El especulador mejora el funcionamiento de los mercados, tanto para productores como para consumidores, porque a través de su incidencia en los precios normaliza y difunde la información para tomar decisiones.

Con una buena dosis de ignorancia se suele condenar como “acaparadores” a quienes se dedican a comprar determinados bienes a precios relativamente bajos con la expectativa de vender esos mismos bienes más tarde a un precio más alto.

Independientemente del nombre que les demos, esos especuladores le hacen un gran bien a productores y consumidores porque estabilizan mercados que sin su tarea se volverían endemoniadamente inciertos para unos y otros.

Es obvio que al hacer su trabajo un especulador busca obtener la mayor ganancia. Ese y no otro es su principal incentivo a la vista. El especulador sólo puede ganar dinero si se realiza su expectativa: que el precio de venta sea mayor que el precio de compra más todos los costos de oportunidad implícitos en la “inmovilización” temporal de la mercancía.

¿Cuál es el efecto de la acción del especulador sobre el productor de, digamos, maíz? Normaliza la demanda y, al hacerlo, normaliza los precios. El productor obtiene precios más altos cuando el mercado está excesivamente deprimido y obtiene precios menos altos cuando el mercado está excesivamente demandado. Por su parte, el consumidor se beneficia con la acción del especulador porque éste asume los costos de recopilar y procesar la información especializada que permite anticipar tendencias del mercado, así como los prohibitivos costos – para cada consumidor individual- de hacer inventarios de cada bien para periodos prolongados. El especulador, pues, también normaliza la oferta.

La labor del especulador se perfecciona aún más con la aparición de los mercados de futuros, que diversifican riesgos, difunden información confiable (especulación sobre precios) a productores y consumidores, que de otra manera no podrían obtener, y facilitan a todos la toma inteligente de decisiones.

Qué bueno que haya especuladores y qué bueno que ganen dinero. Eso último quiere decir que sí están cumpliendo eficientemente su tarea.

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