jueves, 9 de julio de 2009

¿Una crisis mutante?

Primero, una parábola: Juan y Pedro van caminando por la calle y de pronto ven, en la acera de enfrente, a Luis que ostenta una sonrisa a la que conviene el adjetivo de radiante.

Juan dice: "Mira, Luis debe saber algo que nosotros no sabemos".

Pedro replica: "Te equivocas, más bien Luis ignora algo que nosotros sí sabemos."

Es claro que Juan es, de acuerdo con la sabiduría convencional, un optimista y que Pedro es, de acuerdo con los mismos criterios, un pesimista.

Pero lo verdaderamente importante, más que andar asignando etiquetas a Juan y a Pedro, es saber por qué sonríe Luis. Saber, no conjeturar.

Apliquemos la parábola a la calamidad económica global en que estamos inmersos. En estos días, optimistas y pesimistas nos la pasamos discutiendo si Luis sonríe porque es un pobre ignorante que no sabe que las cosas todavía se pondrán más mal o si, por el contrario, sonríe porque es un hombre sabio que sabe, de alguna forma, que la recuperación está más o menos próxima.

Discutimos interminablemente - cada cual tiene indicios, pálpitos, intuiciones para sustentar sus argumentos- pero resulta que no podemos cruzar la calle, llegar a la otra acera, abordar a Luis, el sonriente, y preguntarle qué sabe que nosotros no sepamos, si acaso sabe algo, y salir de dudas.

Dicho de otra forma: ¿Luis sonríe porque vio uno de los ansiados y famosos "retoños" que anticipan el fin del del invierno o Luis sonríe porque padece alguna parálisis facial?

Dejemos hasta ahí la parábola ("narración de un suceso fingido del que se deduce, por comparación o semejanza, alguna verdad importante o una enseñanza moral" dice el diccionario) y preguntémonos qué sabemos en realidad sobre esta calamidad, qué podemos prever sobre su evolución, ¿estamos lidiando con un bicho más o menos conocido con el que ya nos hemos enfrentado, como humanidad se entiende, en el pasado y lo hemos vencido?, o, ¡ay!, ¿estamos lidiando con un virus mutante que se transforma vertiginosamente?

Va la descripción del sombrío escenario de la calamidad mutante: primero, crisis financiera más o menos acotada; después crisis financiera extraordinariamente contagiosa; más tarde crisis de confianza; unos días después: apretón crediticio y sequía generalizada; un poco más adelante: recesión severa; peor: depresión mundial, y ¿ahora qué?

Quienes se preguntan, con cierta razón, si estamos ante una crisis mutante - como esos virus terribles que vencen, transformándose, cada sucesiva batería de medicamentos y terapias-, lo hacen porque los remedios recetados (cuantiosas inyecciones fiscales, relajamiento monetario, rescates a diestra y siniestra) no parecen dar resultados. Los retoños (y estoy hablando específicamente de la economía de Estados Unidos) que alguien jura haber visto no fueron tales sino ilusiones ópticas, distorsiones estadísticas.

Y digo que no les falta razón porque de pronto aparecen los "hacedores de políticas públicas" (o, al menos, los que influyen en el animo de quienes hacen las políticas públicas) y dicen con total candor (como hizo la doctora Laura Tyson, consejera del Presidente Barack Obama en asuntos económicos, en un foro celebrado hace unos días en Singapur), que el paquete de estímulos fiscales se ha quedado corto y seguramente será necesario otro gran paquete de estímulos fiscales - ¿de cuántos millones de millones de dólares? - para que florezcan los retoños. ¡Gulp!, ¿otra carretada pantagruélica de deuda fiscal?, ¿no será que le están echando millones de millones de dólares a un barril sin fondo?, ¿no será que los "doctores" están adivinando porque no saben a qué se están enfrentando? (Alguien dirá, con algo de razón: No saben en realidad el monstruo que han estado alimentando).

Y, sin embargo, los optimistas - por llamarnos de algún modo- también tenemos motivos racionales y razonables para creer (ojo, creer no es saber) que lo peor ya pasó. Ejemplo: La tasa de desempleo en términos anuales sigue creciendo en Estados Unidos, ¡pero se detuvo, en la medición mes a mes, la oleada de despidos! (Repito la idea de hace unos días: La primera mide el saldo histórico de la calamidad, la segunda nos da cierto aviso del porvenir). Además, toda crisis, toda enfermedad, es - en cierta forma- mutante porque hay una secuencia compleja, pero lógica, de causas y efectos: Si repasamos las etapas de la crisis, del verano de 2007 al verano de 2009, veremos que cada etapa ha sido incubada por la anterior por razones que hoy, a toro pasado, nos quedan claras. Por ejemplo, es lógico que ante conductas erráticas de las autoridades financieras (caso Lehman) se desate una crisis de confianza y es lógico que, ante una pérdida de la confianza, se agrave la recesión porque todo mundo opta por inhibir inversiones, toma de riesgos, proyectos, hasta ver las cosas con mayor claridad y hasta recobrar la confianza.

Esto último no significa negar el carácter insólito de la crisis actual (en cierta forma, la historia se hace siempre con eventos insólitos), ni significa negar que sabemos más acerca de lo que NO se debe hacer (hasta ahora, no sé si con acierto, la pauta ha sido: "No hagamos lo que se hizo en 1929-1932", "No repitamos los errores del gobierno de Hoover y de la Fed") que acerca de lo que SÍ debemos hacer.

Significa, en todo caso, reiterar nuestra confianza en que a largo plazo triunfa la racionalidad y en que podemos lidiar - como humanidad, se entiende- con los problemas que nosotros mismos hemos creado..., aunque nos tardemos en llegar a la meta y aunque muchas veces tengamos que rectificar la ruta y desandar lo andado.

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martes, 16 de junio de 2009

La crisis después de la crisis

Es muy probable que, conforme se incrementen las señales de una recuperación gradual de la actividad económica, crezca la percepción de que buena parte del mundo, en especial Estados Unidos y otras economías desarrolladas, ha quedado atrapado en una terrible crisis fiscal, en su afán de salir lo antes posible de la recesión.

El domingo 29 de marzo indiqué aquí que "un día después de la crisis empezará otra"; se trata, desde luego, de una figura retórica porque esa otra crisis, la fiscal, ya ha empezado en el mundo y se encuentra superpuesta, por decirlo así, a la propia recesión.

La receta tradicional para enfrentar la recesión - estimular la demanda mediante políticas fiscales expansivas, que incrementan el déficit fiscal, ayudadas por políticas monetarias de "dinero fácil" que supuestamente también alentarán la demanda y harán menos difícil la escasez de crédito a causa de la pérdida de confianza - tiene un gran atractivo político porque permite ofrecer a los electores, así sea temporalmente, "el mejor de los mundos posibles", aquel en el que se pueden incrementar los beneficios derivados del gasto público sin el costo de aumentar los impuestos o crear nuevos gravámenes.

El problema es que tal "mejor mundo" entre los posibles es absolutamente ilusorio. Por una parte, ya lo hemos vivido desde que la Reserva Federal disminuyese la tasa de interés de referencia prácticamente a cero, caemos en una trampa de liquidez: La tasa se vuelve indiferente para estimular la demanda, pero en cambio castiga severamente el ahorro. Por la otra, cada estímulo fiscal, cada rescate con cargo a los recursos públicos, penaliza la formación de capital presente y futura.

La coartada para la aplicación despreocupada de esta medicina contraproducente (el equivalente a una práctica médica iatrogénica) es la persuasión de que la magnitud de la caída de la demanda es tal que no hay, en el horizonte inmediato, ninguna amenaza de inflación, sino por el contrario de más caídas de los precios. Grave error: De hecho, desde este momento ya empezaron, aunque aún no se registren en los índices de precios, dos de los efectos más destructivos de la inflación: 1. El desquiciamiento de los precios relativos, que propicia una mala asignación de recursos y 2. El brutal acortamiento del horizonte temporal para el ahorro y para la inversión, lo que tiende a generar un febril impulso hacia el consumo inmediato, a la vista del acelerado proceso de pérdida del poder adquisitivo del ahorro.

El inevitable desplazamiento de recursos que de otra forma se habrían destinado a inversión privada productiva, acaba por disminuir el potencial de crecimiento de la economía global; de ahí que veremos, como epílogos no deseados de la recesión global, bajas tasas de formación de capital y, por ende, el proceso de recuperación del crecimiento se hará desesperadamente lento, si es que no se frustra ante la magnitud del desastre fiscal.

En el contexto de México resulta sorprendente y lamentable la miopía de diversos dirigentes empresariales que exigen, con fervor digno de mejor causa, incentivos y estímulos fiscales y monetarios de todo tipo sin percibir que en la misma medida en la que logren su propósito de corto plazo estarán minando severamente el potencial de crecimiento futuro de la economía.

La crisis después de la crisis, el desajuste fiscal que viven ya las economías de Estados Unidos y de la Gran Bretaña, entre otras, no es un mero escollo del que pueda salirse con voluntarismo político (como parece decirnos Barack Obama con sus promesas de que muy pronto empezarán a corregir el déficit fiscal) toda vez que la misma mecánica de la toma de decisiones en una democracia hace casi imposible que los legisladores o el propio gobierno actúen como déspotas benévolos y sabios que a voluntad abren o cierran la llave del gasto público.

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jueves, 11 de junio de 2009

Inversión fija bruta: La magnitud de la caída

México: El índice de la Inversión Fija Bruta estuvo en marzo pasado 17.6 por ciento por debajo de su "pico" más alto en la historia reciente que fue el mes de octubre de 2008. (127.7 puntos contra 154.9 puntos). Dentro de los componentes de este índice la caída más severa (de 31.3 por ciento respecto de su "pico" histórico que también fue octubre de 2008) fue en el componente más "poderoso": la inversión en maquinaria y equipo importado, 164.3 puntos en marzo de 2009 contra 239.2 puntos en octubre de 2008.

El índice de volumen físico de la Inversión Fija Bruta por lo general anticipa el crecimiento o el decrecimiento de la economía en los siguientes meses, ya que a mayor inversión hoy, en maquinaria y equipo así como en construcción, mayor dinamismo de la economía en los meses siguientes. La señal es obvia: Los próximos meses seguirán arrojando cifras muy malas de crecimiento del PIB, algo en lo que todo mundo coincide. Si la economía se recuperará a finales de este año o principios del próximo, entonces el índice de Inversión Fija deberá subir, como en la vieja canción, "para abril o para mayo"....

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miércoles, 10 de junio de 2009

Recuperación sólida, hasta que el comercio mundial reviva

El signo más dramático de la recesión global es el empequeñecimiento del comercio. Del mismo modo, no podremos decir que la recesión ha quedado definitivamente atrás hasta que el comercio mundial reviva, recobre los niveles de 2005-2007 y vuelva a crecer al ritmo que tenía antes de la calamidad recesiva.

El comercio global es el mejor y más eficaz difusor del bienestar y es el más poderoso motor del crecimiento económico.

Esta es la reflexión pertinente alrededor de los datos de la balanza comercial de Estados Unidos al mes de abril.

Un indicador dramático de la caída de la demanda en Estados Unidos es que las importaciones cayeron 30.7% anual en abril, en tanto que las exportaciones estadounidenses se contrajeron, también en abril de 2009 respecto de abril del año pasado, 21.8 por ciento.

La gran pregunta es si los gobiernos del mundo (G-8, G-20) no deberían emprender una cruzada más vigorosa para abatir barreras proteccionistas como la mejor medicina contra la caída de la demanda mundial. Es el momento de actuar. Por supuesto, si hoy se emprendiera una muy aconsejable reducción global de aranceles y de barreras no arancelarias (soñar no cuesta mucho) habría una más rápida recomposición de las ventajas comparativas y competitivas de las economías del planeta, aumentando la productividad y, con ello, el bienestar global. ¿El principal obstáculo para hacerlo? Probablemente sea que los potenciales perdedores de esa recomposición y relanzamiento del comercio mundial (sectores específicos en países específicos) son aún muy poderosos políticamente en sus respectivas naciones.

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miércoles, 27 de mayo de 2009

¿Cómo empezó esto? (VI)

El 29 de diciembre de 2007 un muy buen amigo y excelente economista corrigió con gran cordialidad y por escrito el optimismo que yo había manifestado apenas el día anterior (¡día de los santos inocentes!). Estas fueron sus palabras, para el registro de esta crisis:

“Creo que puedes pecar de optimista. Nadie tiene la bola de cristal, pero me temo que la que intentamos usar en esta ocasión está más empañada que nunca. No hemos podido apreciar aún la magnitud y duración de esta crisis pero mi impresión es que se va a agudizar y a extender geográficamente, particularmente hacia nuestro país.
“Es cierto que la depreciación del dólar nos ayuda y que la economía de Estados Unidos ha mostrado una fortaleza sorprendente. Eso nos hace desear y pensar que esta ocasión puede ser distinta la influencia de una crisis hipotecaria-financiera.
“También ayuda el exceso de recursos en manos de los países exportadores de petróleo. Sin embargo, una contracción mundial del crédito no es algo que podamos descartar. Si esto sucede sus efectos pueden ser devastadores.
“Parte del problema para evaluar apropiadamente la magnitud del problema que vivimos es que nadie conoce la magnitud de la debilidad financiera de las instituciones bancarias ni del colapso relacionado que se vendrá en la situación de los deudores. El problema de la solvencia de las aseguradoras de crédito por ejemplo, el verdadero nivel de riesgo de créditos mal calificados, etc.
“Cada día nos trae una sorpresa desagradable de enorme magnitud y el alud de malas noticias parece imparable.
“Sin embargo, estoy de acuerdo contigo en que México podría salir airoso de este trance. Para eso sin embargo hacen falta reformas que aumenten la productividad. Y ese renglón todavía no se ha tocado, o, más bien, hemos dado unos pasos hacia atrás en aspectos críticos relacionados con una mayor productividad.”


A toro pasado, sabemos que se cumplió el peor escenario previsto por mi amigo. Mañana desglosaré cada elemento de su atinado pronóstico. Desde luego, en esos días, ¡diciembre de 2007!, esos asuntos ni siquiera merecían la atención de los “perspicaces” – es ironía – editores en la mayoría de los medios de comunicación. Con todo hay que admitir que, desde entonces, el gobierno mexicano a través de la Secretaría de Hacienda, introdujo un fuerte componente contra-cíclico en el proyecto de Presupuesto de Egresos para mitigar lo que podría venir.

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jueves, 21 de mayo de 2009

¿Cómo empezó esto? (II)

La elite política de Washington siguió cocinando el desastre de las hipotecas de baja calidad – o subprime – presumiendo de las más buenas intenciones.

En 1995 el Congreso le dio aún más fuerza a la ley (“Community Reinvestment Act”) de 1977 que incentivaba a los bancos a otorgar créditos hipotecarios a personas con bajos ingresos o incluso sin ingresos fijos comprobables, a cambio de facilitarles, a los bancos, autorizaciones para fusiones y expansiones; en contraparte, a los pocos bancos reacios a entrar al negocio de las hipotecas de baja calidad la burocracia reguladora les obstaculizó el crecimiento.

Aun sin existir “premios” y “castigos” ideados por los políticos, para los bancos las hipotecas de baja calidad resultaron un gran negocio, porque Fannie Mae y Freddie Mac – lo más similar a grandes bancos de fomento a la vivienda con aval gubernamental – garantizaron cada vez más hipotecas de baja calidad que podían ser comerciadas fácilmente en un amplio mercado secundario; y que pudieron ser empaquetadas y vendidas como productos de inversión fuera del balance de los mismos bancos.

Otro ingrediente, si bien indirecto, que estimuló la euforia-manía fue una política monetaria acomodaticia por parte de la Reserva Federal.

Todo ello hizo crecer los cocientes de endeudamiento de muchas familias en forma casi exponencial.

En 2003 se promulgó la “American Dream Downpayment Act” con el objeto de subsidiar aún más créditos hipotecarios para familias de bajos ingresos. Orondo, y presumiendo del “conservadurismo compasivo” de “su” Partido Republicano, George W. Bush proclamó que la nueva ley permitía por fin satisfacer “el interés nacional de que cada vez más personas tengan una casa propia”. Con gélida ironía el profesor Meltzer comenta que a Bush se le olvidó, al hacer esa declaración, añadir cinco palabras: “If they invested in them”. Esto es: Grandioso que cada vez más estadounidenses tengan casa propia, “si esas mismas personas invierten – trabajan – para lograrlo”.

Este rápido vistazo a la larga historia de leyes, incentivos, reglamentos y discursos que produjo la elite política de los Estados Unidos – de 1931 a 2003- presuntamente para dar casa propia a cada familia, permite comprobar cuál fue el caldo de cultivo para el desastre de las hipotecas de baja calidad que estalló en el verano de 2007: Las presuntas “buenas intenciones” de los políticos.

Desde luego, hubo muchos otros factores que contribuyeron a que ese virus se volviese pandemia causando estragos mundiales; los comentaré a partir del lunes.

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miércoles, 20 de mayo de 2009

¿Cómo empezó esto? (I)

El origen de la recesión global que padecemos está en la capital de los Estados Unidos, Washington, D.C.

Y, en términos morales, antes que a la codicia de los capitalistas habría que culpar de este desastre a las “buenas intenciones” de los políticos que predican el igualitarismo a ultranza; codiciando, también ellos, el poder.

Hay dos edificios emblemáticos de Washington donde podemos rastrear los orígenes de esta calamidad: El Capitolio y la Casa Blanca.

Este desastre lo cocinaron a fuego lento, desde hace muchos años, tanto los miembros de la Administración o Rama Ejecutiva del gobierno – empezando por varios de los Presidentes-, como los legisladores y lo hicieron, si hemos de creerles, llenos de buenas intenciones para ayudar a los débiles y desprotegidos a tener una casa propia.

El problema es que para lograr tan noble fin se emplearon procedimientos ruinosos que sólo podían conducir al desastre.

En el verano de 2007 se encendieron las luces de alarma en el mercado financiero de las hipotecas de baja calidad; era previsible una reacción cadena aun cuando nadie podía prever que las autoridades estadounidenses manejarían con tantos desatinos el problema hasta convertirlo en recesión mundial. Pero la calamidad se empezó a cocinar mucho antes. Para bosquejar la historia me sirve de guía de una excelente exposición del profesor Allan Meltzer.

Al inicio de la Gran Depresión, en 1931, el Congreso de Estados Unidos urgió al banco de la Reserva Federal a que ayudase a los más necesitados comprando las hipotecas en mora de deudores desempleados. Con toda razón la Reserva Federal respondió que no, que comprar hipotecas no formaba parte de su misión. El Congreso creó, entonces, el “Home Loan Bank System” para que subsidiase a los pobres en la adquisición de sus viviendas, de una manera enrevesada que es comprando sus hipotecas.

Desde entonces, tanto el Congreso como el Ejecutivo de Estados Unidos, así como varios gobiernos locales, han repetido la fórmula ruinosa. Así nacieron Fannie Mae y Freddie Mac, y así en 1977 James Carter promovió la “Community Investment Act” una ley que fomenta los préstamos para la adquisición de vivienda para la población de bajos ingresos, dándoles generosos incentivos a los bancos que coloquen tales hipotecas y promoviendo su bursatilización en los mercados.

El Congreso, a su vez, en 1986 hizo deducibles del pago de impuestos los recursos destinados al pago de intereses de préstamos hipotecarios. Otro incentivo más para el endeudamiento irresponsable.

La calamidad siguió cocinándose a fuego lento. Mañana: Cinco palabras que olvidó decir Bush.

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martes, 19 de mayo de 2009

Los doctorcitos, otra vez atrasados

Los mismos personajes sabelotodo que en julio de 2008 profetizaban que para el fin de ese año veríamos precios de $200 dólares el barril de petróleo, hoy se empiezan a enterar de que hay una fuerte contracción de la demanda en el mundo – recesión- y profetizan que, para el caso de México, esta caída será peor que la debacle de 1995.

Estos doctorcitos – que lo mismo opinan sobre derecho canónico que acerca de la genética del manatí – tienen la costumbre de llegar tarde.

La crisis recesiva global (a ver si se ya se enteran) adquirió su peor cariz a partir del 15 de septiembre de 2008, no ayer. Y la misma crisis tuvo un claro punto de inflexión, para bien, a mediados de marzo de 2009 cuando por fin se vio claro cómo podría funcionar el plan de subasta de activos tóxicos de las instituciones financieras.

El retraso noticioso de los profetas locales en los medios viene a ser de unos seis meses… en el mejor de los casos.

En realidad es tranquilizador que los doctorcitos hagan hoy vaticinios tan sombríos. Dado su pobrísimo porcentaje de aciertos lo más probable, entonces, es que lo peor de la crisis global ya haya pasado o esté a punto de pasar.

Por supuesto, todavía veremos cifras muy malas, porque, amén del episodio de la influenza que frenó temporalmente el cambio de tendencia a nivel local, las cifras que conocemos hoy – digamos las de la producción industrial del primer trimestre de 2009- se refieren a lo que ya pasó; no a lo que va a suceder. Son resultados, doctorcitos, no pronósticos.

También se cosechan algunas cifras positivas justo ahí donde se originó la crisis: el sector de la vivienda en los Estados Unidos. El índice de “sentimiento de confianza” de los constructores de vivienda mejoró y llegó a su registro más alto de los últimos ocho meses. Los mercados bursátiles tomaron nota y subieron. Aun así, el índice está aún muy lejos de su pico más alto alcanzado en junio de 2005. Lo que se consigna es el cambio de tendencia, no el fin de la crisis.

En 1929 se decía que si el encargado del ascensor te recomendaba comprar acciones era señal para vender de inmediato.

Lo que no sucedía en aquellos tiempos es que los encargados del ascensor fuesen también doctorcitos de opinión en los periódicos, en radio y en televisión. ¿Subimos o bajamos?

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domingo, 10 de mayo de 2009

Déficit fiscal: ¿Listos para la “cruda”?

Durante los próximos años el principal problema de la economía de Estados Unidos y de la mayoría de las economías europeas NO será la recesión, sino el déficit fiscal.

Tomemos el caso del Reino Unido. Hace unos días Martin Wolf, columnista de Financial Times, citaba algunas estimaciones de la Comisión Europea que son para estremecerse: El año próximo, 2010, el gasto gubernamental en el Reino Unido será equivalente al 52.4 por ciento de su Producto Interno Bruto, mientras que los ingresos fiscales serán de sólo 38.7 por ciento del PIB. La conclusión es obvia: Un déficit fiscal gigantesco. Incluso si se ajusta cíclicamente el déficit fiscal será como de irresponsable “país bananero”: 12.2 por ciento del PIB.

Otros países europeos, como España, tendrán a la vuelta de la esquina descomunales déficit fiscales, lo que, junto a las elevadísimas cifras por desempleo (y contando), mostrará el estrepitoso fracaso del gobierno “socialista”. El problema, en España, es que no está claro que al actual Partido Popular, que es la única alternativa viable al PSOE, le funcione la brújula.

Algunas notas para la agenda:

1. Ningún déficit fiscal es inocuo. Invariablemente provocan inflación, mala asignación de recursos y pobreza.

2. Dada la mecánica que siguen las decisiones públicas en las democracias, y dada la desconexión en el discurso político entre los déficit y sus consecuencias, los déficit tienden a crecer y retroalimentarse. En menos de 18 meses el gobierno de George W. Bush y el Congreso (republicanos y demócratas, a la par) esfumaron el superávit y lo transformasen en un déficit fiscal que hoy es incontenible.

3. No hay soluciones mágicas: O aumentas impuestos o recortas gastos; probablemente ambas. Los déficit fiscales que hoy se enfrentan provienen sobre todo de un gasto descontrolado.

4. Las clientelas del gasto tendrán que sufrir los recortes y el doloroso reacomodo político. El problema político-social no es menor, dado que los propios programas de gasto “temporal y extraordinario” crean clientelas permanentes; así sucederá en Estados Unidos con el “paquete” de estímulos fiscales.

5. ¿Se acuerdan de “la dama de hierro”, Margaret Thatcher? Pues deberían acordarse, porque la previsión de Wolf es que el siguiente Primer Ministro de la Gran Bretaña tendrá que ser aún más duro y draconiano que Thatcher…

6. Conclusión: Las borracheras keynesianas pasan rápido, lo que dura años, y es inolvidable, es la cruda para remediarlas.

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jueves, 16 de abril de 2009

Todavía no, pero ahí vamos…

¿Ya comenzó la recuperación de la actividad económica? No.

¿Ya regresó la confianza a los mercados? Sí, de forma incipiente pero significativa.

Estamos hablando de procesos distintos, aunque fuertemente vinculados. La recesión es de largo aliento, se fue extendiendo y profundizando durante 2008, pero se incubó desde 2007 con la debacle de las hipotecas de baja calidad y de los productos de inversión estructurados que les correspondían en la otra columna del balance (“tus pasivos son mis activos; si tú eres insolvente, yo estoy perdido”).

La pérdida de la confianza, en cambio, fue súbita y brutal. Tanto así que puede fecharse el 15 de septiembre de 2008 con la quiebra de Lehman Brothers. En ese momento los mercados financieros “leyeron”, asustados, que las respuestas de las autoridades estadounidenses ante la crisis estaban siendo erráticas y desconcertantes.

Hasta esa fecha los medios de comunicación generales, no especializados, andaban en otros asuntos, desdeñaban la crisis económica porque eso no vendía y porque generalmente no la entendían (que nadie se ofenda, pero al día de hoy la mayoría sigue sin entender de qué se trata, lo que no obsta para que todos pontifiquen); por ejemplo, en México los medios andaban, en esos días, alborotados con la nota roja, los secuestros y las mantas de los narcotraficantes. En Estados Unidos pasaba otro tanto: la contienda electoral estaba en su apogeo y ningún candidato registró la crisis como su caballito de batalla. A partir de la quiebra de Lehman las campañas se focalizaron en la recesión, los rescates fallidos, la búsqueda de chivos expiatorios y demás.

Para quienes gustan de las analogías médicas, la súbita pérdida de confianza fue causada por un evento iatrogénico (que significa: un agravamiento del estado del paciente generado por la incompetencia del médico tratante); digamos que alguien se equivocó en el hospital y le transfundió sangre del tipo equivocado al enfermo. Casi lo matan.

Ese episodio iatrogénico es el que empieza, en estos días, a superarse. El plan de Tim Geithner para limpiar los activos tóxicos no es una panacea, pero al menos es un plan. El tardío reconocimiento de que, después de todo, no habrá más remedio que un proceso judicial de quiebra para GM (siglas que aún no significan, esperemos, “Government Motors”), quiere decir que ya no están tan atolondrados en la sala de urgencias; los resultados del G-20 no fueron tan decepcionantes como algunos habíamos temido; Barack Obama ya se acordó de que hay un mundo afuera de Estados Unidos…Ahí vamos.

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sábado, 4 de abril de 2009

Evaluación serena del G-20 (1)

Al final de las reuniones en la cumbre lo que se anuncian son los acuerdos, nunca los desacuerdos.

Vale la pena hacer una evaluación serena y objetiva de los resultados de la reciente reunión del G-20. ¿Por qué?

Uno, porque al final de una “cumbre” lo que se publicita son los acuerdos, no los desacuerdos; a nadie, entre los jefes de gobierno y de Estado, le conviene regresar a casa diciendo que fue una pérdida de tiempo (y de dinero y esperanzas de los contribuyentes) eso de reunirse en lejanas tierras con toda la parafernalia, y los gastos, que acompañan a estas juntas en las alturas. Esta tendencia a publicitar la concordia y no el disenso es algo que con extrema facilidad se tragan los medios de comunicación, basta con que en los discursos y declaraciones finales se deslicen estratégicamente las frases clave: “acuerdo histórico”, “se inaugura una nueva etapa de cooperación internacional”, “después de las tensiones surgió sorpresivamente el consenso” y similares. Créanme, esto de las frases clave es muy importante en la política y se paga bien.

Dos, porque se corre el peligro de confundir el fin de la crisis, con el principio del fin (la frase original es de Winston Churchill y después la retomó Bruno Donatello) y olvidar que los relativamente aceptables resultados de la reunión del G-20 no equivalen a una solución mágica al episodio de desconfianza profunda que hoy aqueja a la economía mundial. Todavía saldrán algunos esqueletos escondidos en los armarios (hay que prestarle atención a lo que sucede en varias economías de Europa del Este) y hay que admitir que el pantagruélico programa de estímulos fiscales aprobado en Estados Unidos generará en el mediano y largo plazos no pocos aprietos.

Tres, aunque parezca que se le han otorgado mayores facultades al FMI y a otros organismos multilaterales lo que se les ha dado es más recursos (quizá no los suficientes para la magnitud de la sequía que se avecina) pero queda pendiente reconfigurar sus atribuciones, reconocerle a los países emergentes mayor protagonismo en la conducción de esos organismos y, al mismo tiempo, acotar con gran cuidado sus facultades en materia de regulación porque se corre el peligro de convertirlos en monstruos que estorben a la economía mundial, en lugar de ayudarla y dejarla ser.

Hay aún más razones para la cautela y para el optimismo moderado. En las próximas dos entregas espero comentarlas.

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miércoles, 3 de diciembre de 2008

Primero, restablecer los mercados

Una vez que se le haya puesto un piso a la crisis, lo más probable es que las políticas fiscal y monetaria de Estados Unidos, en el mediano y largo plazos, sean más restrictivas que en los primeros años del siglo.


Hay un poco más de claridad hoy que hace un par de semanas acerca de cómo se saldrá de la crisis en que está inmersa la economía global. Las pistas que ha dado el futuro presidente de Estados Unidos, a través de la formación de un equipo con excelentes credenciales en el frente económico, han contribuido a disipar algo de la niebla.
Sin embargo, los "osos" – mercados bursátiles a la baja – aún no desean irse a hibernar. Como indicadores de la confianza y de la certidumbre de una recuperación económica en el mediano y largo plazos, los mercados bursátiles permanecen cautelosos: aún pueden surgir cadáveres ocultos en los armarios – nuevos amagos de bancarrota en bancos y empresas emblemáticas – y existe la convicción de que no se ha puesto el "piso" definitivo al ajuste de la economía global.
El lunes la NBER (Agencia Nacional de Investigación Económica) oficializó la recesión. Por su parte, el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, admitió que aunque el poder de la herramienta monetaria típica – descensos en las tasas de interés de referencia- es cada vez más limitado, al banco central le quedan otras armas en su inventario para contribuir a un restablecimiento de los mercados, como son las provisiones directas de liquidez al sistema y la compra de bonos del Tesoro de largo plazo en cantidades sustanciales para estimular la demanda agregada.
Pero el propio Bernanke dejó claro que estas son medidas de urgencia y no la política normal o deseable para el banco central. Una vez reestablecido el funcionamiento normal de los mercados, la Reserva Federal debe retomar como objetivo prioritario la estabilidad de precios.
Algo similar sucede en el campo fiscal. Lo que permiten anticipar los nombramientos que ha hecho Barack Obama en el frente económico es que, en el mediano plazo, se dará prioridad a la búsqueda del superávit presupuestario; la política fiscal será más restrictiva que en los desordenados ocho años de George W. Bush.
Reestablecer los mercados, no sustituirlos, es la prioridad. No hay que confundir las estrategias para superar la emergencia con las políticas de cambio estructural.

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lunes, 17 de noviembre de 2008

Ya lo sabíamos, Henry

En realidad los mercados se cayeron el miércoles NO por la confirmación de que los más de 700 mil millones de dólares aprobados por el Congreso no se usarán para comprar activos tóxicos, sino porque ya hasta el optimista Henry Paulson admite que no hay forma de evitar una recesión profunda y prolongada.

El miércoles Henry Paulson confirmó que el multimillonario paquete de ayuda no se usará para comprar activos tóxicos, sino para capitalizar a los bancos y suavizar los apuros que enfrentan los deudores en tarjetas de crédito y en créditos hipotecarios. Eso ya se sabía. Ya hace algunas semanas, el propio Paulson les informó a los jefes de los grandes bancos que el gobierno de Estados Unidos sería su socio, ¿de dónde creen que ha estado saliendo el dinero para capitalizar a los bancos? Pues sí, del paquete de rescate que tantos apuros costó que aprobase el Congreso.
El pasado 2 de octubre, hace más de 40 días, escribí que "el gran fondo de inversiones tóxicas Paulson & Co" no había forma de que funcionara. Y hablé de tres escenarios posibles, recuerdo hoy los dos primeros (el tercero de los escenarios, que no se aprobase el paquete de rescate, simplemente no sucedió). Escribí entonces:
"Escenario uno: Pese a todo y con pequeños ajustes cosmético-políticos, tanto el Senado como la Cámara de Representantes aprueban el rescate de activos tóxicos propuesto por Henry Paulson y su equipo. Se crea un gigantesco fondo de inversión dentro de la mismísima Secretaría del Tesoro (…) Resultado práctico: se gana tiempo para llegar a las elecciones del 4 de noviembre sin 'tantas' turbulencias.
En este escenario, ¿se evita una recesión? No.
Escenario dos: Se le hacen ajustes mayores al plan de rescate y en lugar de usar los recursos de los contribuyentes para comprar activos tóxicos e ilíquidos, se utilizan para capitalizar a las instituciones en problemas (…) El rescate sale más barato, y menos 'injusto'.
En este escenario, ¿se evita una recesión? No."
Lo que anunció Paulson el miércoles es que, en efecto, la situación actual se asemeja más al escenario dos que al uno. Pero junto con ese anuncio está el reconocimiento que la recesión es inevitable, y eso, de manera aproximada, es lo que tratan de descontar los mercados de valores.
Ya lo sabíamos, Henry. Qué bueno que tú también te hayas convencido.

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miércoles, 29 de octubre de 2008

Bancos: Lecciones locales de una crisis global

Algunos de los bancos globales que operan en México están generando perplejidad y enojo en la comunidad empresarial por cerrar abrupta y unilateralmente líneas de crédito a empresas que han sido sus clientes tradicionales. La súbita cerrazón incluso ha llegado para el refinanciamiento de deuda de gobiernos locales.

El pánico es mal consejero. ¿Es razonable que un banco le "ofrezca" crédito de corto plazo al gobierno del Distrito Federal a una tasa de TIIE más cinco puntos, esto es: más de 13% anual? Por supuesto, el "ofrecimiento" fue rechazado, pero revela que algo está funcionando mal en la operación local de algunos de los grandes bancos; especialmente, dicen los enterados, en aquellos cuyas matrices están en España.

Es algo más que un incremento de la aversión al riesgo, ya que el ejemplo citado arriba es de papel gubernamental con la misma calidad que la deuda pública federal; es decir, se trata de un riesgo que internacionalmente está sólo en 402 puntos base (digamos, una tasa en dólares de máximo 5% anual) y es axiomático en el negocio bancario, desde hace siglos, que "los gobiernos no quiebran"; también que el riesgo es casi cero cuando la deuda pública es en moneda local, como es el caso.

¿Qué es?, ¿miedo de los ejecutivos locales a contrariar criterios de sus matrices?, ¿señal de que también en la operación crediticia de dichos bancos en México hay cadáveres en los armarios; cadáveres que no hemos conocido todavía porque dichos bancos ya no cotizan en la bolsa de valores local?, ¿abuso?, ¿incompetencia?

Dichos bancos (repito: especialmente aquellos cuyo capital es de origen español, para evitar las peligrosas generalizaciones) no deberían apostar a la desmemoria de sus clientes mexicanos, ni deberían creer que bastará en el futuro con alguna campañita de relaciones públicas – a través de sus archiconocidos "comunicadores" adictos e incondicionales – para restañar las heridas. Mucho menos deben confiar que estas conductas anómalas pasarán desapercibidas para la opinión pública.

Un ejemplo de que los tiempos han cambiado – y de que el buen periodismo de finanzas y negocios poco a poco se está consolidando – fue la oportuna advertencia que hizo Samuel García – un periodista profesional que merece reconocimiento y que dirige "El Semanario" – de lo que estallaría poco después en la Tesorería de Comercial Mexicana. Tómenlo en cuenta.

Pánico y silencio. Pésima combinación.

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martes, 21 de octubre de 2008

Los clichés de la crisis

“¿Cuál es la diferencia entre un banquero de la ‘City’ y una paloma? Respuesta: Que la paloma aún puede hacer un depósito en un Maserati”: Lucy Kellaway, columnista de Financial Times.

Cuentan que en el otoño de 1929 los conserjes en los hoteles de Nueva York preguntaban a los clientes: “¿El caballero desea la habitación para dormir o para arrojarse por la ventana? En ese último caso le rogamos pagar por adelantado”.

Esta crisis, que los periodistas de todo el mundo ya hemos convertido en “la peor desde 1929”, ni siquiera ha estado dramatizada, que yo sepa, por algún suicidio espectacular de un inversionista o de un banquero en quiebra. Por ejemplo, en el hoy desdeñado pánico de 1907 – que produjo una recesión en 1908 y, según algún aventurado historiador estadounidense, fue una de las causas remotas de la Revolución Mexicana- , hubo más de un suicidio de algún financiero insigne que reportaron, con horror, los diarios de la época.

Según Lucy Kellaway, columnista de Financial Times, hay cuatro tipos de clichés de los que hemos echado mano los periodistas para vender bien empaquetadita esta crisis del credit crunch: 1. Los clichés sísmico-geológicos: terremotos, derrumbes, abismos, trepidaciones; 2. Los clichés médicos: inyecciones (de liquidez), (activos) tóxicos, purgas, heridas, sangrías; 3. Los clichés de los detalles banales que consisten en decir qué hora era, qué personas estaban reunidas, tensas, alrededor de la mesa, cómo se veían (pálidos, de preferencia; no usar “lívidos” que quiere decir lo contrario) y demás detalles mundanos para infundirle dramatismo a la “nota” (un ejemplo son las crónicas de la reunión de Henry Paulson con los principales banqueros de Estados Unidos para avisarles que el gobierno se convertirá en su socio); y 4. El cliché más manoseado y falaz: declarar que esto es lo peor que ha pasado desde 1929.

La verdad es que esta crisis no sólo es radicalmente distinta a la de 1929 sino que está muy, pero de veras muy lejos de ser tan devastadora. Hay quien, con buenas razones, dice que la crisis conjunta rusa y asiática de 1998-1999 fue más demoledora.

Eso sí, según investigó Kellaway en los diarios de la época, los clichés de 1929 y años siguientes fueron muy parecidos (salvo el cuarto, por razones obvias) a los que usamos hoy…y hasta los chistes, buenos o malos, no han cambiado gran cosa.

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jueves, 16 de octubre de 2008

¿Debe el gobierno reactivar el crédito a los corporativos?

Ahora que todos (o casi todos) volvimos a ser keynesianos y partidarios del “new-new-deal” varios corporativos mexicanos exigen que el gobierno haga “algo” para quitar obstrucciones en las tuberías del crédito. Sin embargo, ésa puede ser muy mala idea.

Desde hace semanas me atreví a calificar como “los años de la sequía” los que se iniciarán a partir de esta crisis financiera global. No era una figura retórica. La sequía ya la están sintiendo muchas empresas mexicanas a despecho de lo que digan las tasas de interés nominales, tal como lo reportarà mañana viernes El Economista en su nota principal.
La sequía que resienten quienes no pueden hoy colocar papel de deuda o no han podido hacerlo con las facilidades y los bajos costos del pasado – así como los fondos y los inversionistas institucionales que tampoco han podido fondearse con la misma soltura en el mercado secundario del papel comercial y de otros valores de deuda privados- es el aviso de que los tiempos del dinero fácil han terminado, aun cuando los bancos centrales parezcan vomitar todos los días inyecciones de liquidez.
Veamos las dos caras de la moneda: Quien quiere crédito de corto plazo está enojado porque los bancos de depósito han cerrado la llave y se resisten a tomar papel privado o a colocarlo con la misma facilidad con que lo hacían antes. Razonan que esto puede generar más miedo y hasta corridas cambiarias que no se podrán neutralizar a través de subastas de dólares.
Pero del otro lado de la mesa también tienen sus razones: 1. Los bancos de depósito deben ser cautelosos; en el pasado se les reprochó la soltura con que soltaron crédito, ¿por qué ahora se les reprocha actuar como prestatarios cautelosos?, 2. Los bancos de depósito, a diferencia de otras instituciones financieras, tienen que cuidar el dinero de sus depositantes, cumplir regulaciones más rigurosas (capital contra activos en riesgo) y volverse mucho más desconfiados a la vista de las malas experiencias.
El peligro es que ahora, cuando los gobiernos se han convertido al keynesianismo más rancio, alguien quiera añadir a las tareas del gobierno la de facilitar el crédito a los corporativos para que nadie sufra y nadie tenga que apretarse el cinturón.
La astringencia crediticia está dictada por el mercado. No le corrijamos la plana. Esas correcciones, ya deberíamos saberlo, siempre terminan mal.

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lunes, 6 de octubre de 2008

¿Pirómanos al rescate?

Entre otros, tres gigantescos problemas que tendrá el rescate de los activos financieros tóxicos: 1. ¿Cómo fijar un precio para los activos que no sea tan bajo que inutilice el rescate y que no sea tan alto que defraude a los enojados contribuyentes?, 2. ¿Con qué activos empezar y qué instituciones deben ser las primeras en la lista?, 3. ¿Cómo explicar al público que sólo los mismos que causaron el desastre están capacitados para administrar con probidad ese gran fondo público de activos tóxicos?

Por el bienestar del mundo más nos vale que el rescate aprobado por el Congreso estadounidense funcione con alguna eficiencia y eficacia.

Sin embargo, no hay grandes motivos para estar optimistas. En un mes, a lo sumo, deberán iniciarse las subastas en reversa – "gana" quien ofrezca el precio más bajo en ofertas sucesivas- de los activos financieros tóxicos y, sean cuales sean los activos y las instituciones elegidas para encabezar la lista, el equipo conformado por Henry Paulson será severamente criticado.

No es para menos: Se intenta "recrear" un mercado de invernadero – sufragado con cuantiosos recursos públicos- en el que unos cuantos iluminados de Wall Street decidirán cuáles son los "precios correctos" que los contribuyentes deberán pagar por unos activos financieros que nunca solicitaron y por los cuales no existe hoy ninguna rebatiña entre ansiosos compradores (en cambio, son legión los que quieren deshacerse de ellos).

Recuerde este nombre: Ed Forst. Así se llama un egresado de Goldman Sachs – el mismo banco de inversión de donde viene Paulson-, que sólo por unos días fue profesor en Harvard antes de ser contratado por Paulson para encabezar el equipo de administradores del gigantesco fondo de inversiones tóxicas. Como Forst, la casi totalidad de los administradores que tomarán las decisiones sobre qué activos comprar, a qué precios, en qué condiciones y en qué volúmenes, serán banqueros de inversión y/o administradores de fondos pletóricos del mismo tipo de activos que han intoxicado al sistema financiero. ¿Por qué? Porque sólo ellos saben, al parecer, desenredar lo que enredaron.

Salta a la vista que reclutar a los pirómanos – o a sus amigos – para apagar el incendio no es precisamente algo que despierte aplausos o suspiros de alivio entre los contribuyentes y entre los atribulados del mundo (todos), que estamos – la mayoría sin deberla ni temerla – afectados por este caos.

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LUNES DE VERAS NEGRO

Los mercados del mundo caen estrepitosamente esta mañana. A las 10:20 de la mañana la Bolsa Mexicana se empezaba a recobrar y sólo caía ¡7.67 por ciento!, después de haber rozado, a las 10:00 horas, el 10% de caída. La bolsa de Brasil está suspendida por segunda vez; antes de suspender las cotizaciones, el indice Bovespa caía más de 15 por ciento.
Por supuesto, en los mercados de valores de Estados Unidos también hay grandes descensos.

1. EL RESCATE BUSH-PAULSON NO CONVENCE A LOS MERCADOS
2. LA RECESIÓN YA ESTÁ AQUÍ Y LOS MERCADOS SÓLO ESTÁN DESCONTANDO UN FUTURO QUE SE VE NEGRO.

En el sitio de El Economista se le está dando un seguimiento puntual a este lunes negro, "casi bruno".

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domingo, 5 de octubre de 2008

Crisis global: Razones para la incertidumbre

La economía global es un conjunto complejo de variables que no se comportan de forma lineal. De ahí la incertidumbre acerca de su trayectoria futura. En cambio, sí sabemos que la recesión global será severa y más o menos prolongada.



Lo que no sabemos hoy: No sabemos, nadie lo sabe a ciencia cierta, cuál es la magnitud de los activos financieros dañados que están intoxicando a la economía global. Durante el fin de semana, por ejemplo, todas las señales de alarma se encendieron en Europa al comprobarse que la operación de rescate del gran banco hipotecario alemán Hypo Real Estate (HRE, el segundo en tamaño en ese país) había fracasado porque se subestimaron los recursos necesarios para el salvamento (hoy parece que se requerirán de inmediato 50 mil millones de euros, en lugar de 35 mil millones, y a partir de 2009 inyecciones hasta por 100 mil millones de euros) y porque los bancos privados asociados al rescate no avisaron a tiempo a las autoridades que se retiraban de la operación justo por los errores de cálculo. Huelga decir que el disgusto de las autoridades alemanas es mayúsculo.

Tampoco sabemos hoy si los recursos aprobados por el Congreso de Estados Unidos serán suficientes para desintoxicar de activos en problemas a los bancos estadounidenses, ni sabemos si en el Reino Unido deberán decretarse nuevas inyecciones de liquidez o incluso nacionalizaciones para otros bancos en problemas.

Sí sabemos, en cambio, que variables clave de la evolución de esta sequía global serán: el precio relativo del dólar, las tasas de interés, la dirección de los movimientos de capitales (incluidas las reservas de varios países) hacia Estados Unidos o hacia fuera de Estados Unidos, la magnitud de la desaceleración de la economía china, la flexibilidad de la economía estadounidense para adaptarse a la recesión, el precio del petróleo y de otros bienes genéricos y homogéneos (commodities), la magnitud del paro en Europa y las acciones que la Unión Europea y el Banco Central Europeo adopten para hacerles frente. Todas ellas, y otras variables, están interrelacionadas de forma no lineal.

Tratar de ponerle número exacto o aproximado a cada una de estas previsiones es una locura. Otra vez queda desmentida la ilusa pretensión de que la economía – o, en general, las ciencias sociales- puedan aspirar a realizar pronósticos puntuales como los de las ciencias físicas.

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miércoles, 1 de octubre de 2008

El gran fondo de inversiones tóxicas Paulson & Co.

Imaginemos tres escenarios posibles acerca del “rescate” del sistema financiero global, domiciliado formalmente – y por ahora- en Estados Unidos. Sirve al menos para estar preparados.

Escenario uno: Pese a todo y con pequeños ajustes cosmético-políticos, tanto el Senado como la Cámara de Representantes aprueban el rescate de activos tóxicos propuesto por Henry Paulson y su equipo. Se crea un gigantesco fondo de inversión dentro de la mismísima Secretaría del Tesoro y su administrador estrella – el propio Paulson – dispone de miles de millones de dólares para armar un portafolio de papeles tóxicos maquillados. Se alivia un poco y en el muy corto plazo la turbulencia en los mercados. No más. Resultado práctico: se gana tiempo para llegar a las elecciones del 4 de noviembre sin “tantas” turbulencias. ¿Después? Dios – y el próximo presidente de los Estados Unidos- dirán qué sigue…

En este escenario, ¿se evita una recesión? No.

Escenario dos: Se le hacen ajustes mayores al plan de rescate y en lugar de usar los recursos de los contribuyentes para comprar activos tóxicos e ilíquidos, se utilizan para capitalizar a las instituciones en problemas y para estimular todas las compras, fusiones y absorciones posibles que mejoren sustancialmente la relación “capital contra activos en riesgo” de la banca estadounidense y global. El rescate sale más barato, y menos “injusto”.

En este escenario, ¿se evita una recesión? No.

Escenario tres: Por “culpa” de la politiquería y de las perniciosas opiniones de algunos libertarios – convencidos, como yo, de la supremacía del mercado libre sobre cualquier intervencionismo gubernamental- no se hace nada. Quiebran más instituciones, pierden muchos inversionistas y acreditados más o menos “inocentes” (cabría preguntar: ¿inocentes de cuál crimen?, ¿tener dinero?, ¿necesitarlo?); aumenta la percepción de riesgo, se recobran prácticas bancarias y financieras conservadoras; cae el dólar, el gobierno de Estados Unidos no tiene más remedio que proponer un programa creíble, draconiano, de saneamiento de sus deterioradas finanzas públicas y la Reserva Federal no tiene más remedio que elevar las tasas de interés para detener la estampida de capitales que huyen del dólar y de los devaluados bonos del Tesoro.

En este escenario, ¿se evita una recesión? No.

Lo único seguro es la recesión. La Casa Blanca, los candidatos y Wall Street se engañan y nos engañan cuando dicen que con “el gran fondo de inversiones tóxicas Paulson & Co.”, podrán evitarla.

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