miércoles, 10 de junio de 2009

Recuperación sólida, hasta que el comercio mundial reviva

El signo más dramático de la recesión global es el empequeñecimiento del comercio. Del mismo modo, no podremos decir que la recesión ha quedado definitivamente atrás hasta que el comercio mundial reviva, recobre los niveles de 2005-2007 y vuelva a crecer al ritmo que tenía antes de la calamidad recesiva.

El comercio global es el mejor y más eficaz difusor del bienestar y es el más poderoso motor del crecimiento económico.

Esta es la reflexión pertinente alrededor de los datos de la balanza comercial de Estados Unidos al mes de abril.

Un indicador dramático de la caída de la demanda en Estados Unidos es que las importaciones cayeron 30.7% anual en abril, en tanto que las exportaciones estadounidenses se contrajeron, también en abril de 2009 respecto de abril del año pasado, 21.8 por ciento.

La gran pregunta es si los gobiernos del mundo (G-8, G-20) no deberían emprender una cruzada más vigorosa para abatir barreras proteccionistas como la mejor medicina contra la caída de la demanda mundial. Es el momento de actuar. Por supuesto, si hoy se emprendiera una muy aconsejable reducción global de aranceles y de barreras no arancelarias (soñar no cuesta mucho) habría una más rápida recomposición de las ventajas comparativas y competitivas de las economías del planeta, aumentando la productividad y, con ello, el bienestar global. ¿El principal obstáculo para hacerlo? Probablemente sea que los potenciales perdedores de esa recomposición y relanzamiento del comercio mundial (sectores específicos en países específicos) son aún muy poderosos políticamente en sus respectivas naciones.

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lunes, 15 de septiembre de 2008

Se acabó la complacencia

La bancarrota de Lehman confirma que se ha terminado una década de complacencia en la economía global. Hay que revisar a la baja las previsiones de crecimiento económico y hay que corregir, a la alza, las previsiones sobre el costo del dinero y del capital. Para variar, el viraje largamente anunciado toma a México muy mal pertrechado, fuera de sintonía, discutiendo apasionadamente sobre detalles decorativos.


La tarde de hoy, lunes 15 de septiembre, no se necesita ninguna bola de cristal para saber que el precio de la mezcla mexicana de petróleo ya estaba muy cerca de los 80 dólares el barril… y cayendo. En su sitio de la red Pemex avisaba que no daría a conocer la cotización diaria hasta el miércoles 17 de septiembre, a las 18 horas, aduciendo como motivo las fiestas patrias. Típico: El mundo debe esperar a que demos el tradicional “grito” y disfrutemos del mullido “puente patrio”…El problema es que el mundo sigue su curso y que los mercados no se detienen para ver si nuestros festejos concluyen en paz.

A estas alturas, el precio del petróleo previsto en el proyecto de Presupuesto de Egresos es candoroso. Pero algunos legisladores siguen haciendo cálculos alegres para aumentar las partidas para el campo, para las universidades, para subsidiar esto o aquello, para estados y municipios…

Ya llegó la época de las “vacas flacas” en la economía mundial (la de las “vacas gordas” nos pasó de noche), pero aquí seguiremos escuchando sentidas declaraciones acerca de la competitividad y la Secretaría de la Función Pública – uno de los más grandes obstáculos a la, de suyo pobre, productividad gubernamental- será el juez de un bonito concurso para descubrir el trámite más engorroso.

Mientras políticos y gobiernos se enteran de que se acabó el entorno favorable (algo que les puede tomar años), le recomiendo anotar lo siguiente para su empresa y su economía familiar: Sólo con productividad se genera valor agregado; no haga presupuestos que dependan de la voluntad de agentes externos o de la suerte; concéntrese en sus ventajas distintivas; explote las economías de escala y no tome créditos sólo porque el banco ofrece no cobrarle comisiones (un anzuelo de veras tonto).

Se acabó lo que se daba. Pregúntele a Richard Fuld, el CEO de Lehman Brothers que dijo en abril: “Lo peor de la crisis ha pasado”.

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martes, 1 de enero de 2008

Crisis hipotecaria: Un riesgo gigantesco

Muy rápido debo atemperar mi optimismo acerca del futuro de la economía mundial. Un amigo lector, excelente economista, me hace notar que la crisis de las hipotecas de baja calidad puede tener consecuencias desastrosas si los bancos centrales de Estados Unidos y Europa suponen, ¡como lo están haciendo hasta ahora!, que dichos préstamos valen, en dinero contante y sonante, lo que no valen.

La crisis de las hipotecas de baja calidad – "subprime" – tiene todas las características de las crisis financieras típicas en las que la expansión del crédito, avalada en última instancia por el poder de los bancos centrales para crear dinero, lleva a la sobrevaloración de los activos en riesgo y de sus colaterales (las propiedades que garantizan la eventual recuperación de los préstamos) hasta que la burbuja estalla…con dos agravantes:

1. Nadie conoce a ciencia cierta la magnitud de los activos emproblemados porque están fuera de los balances bancarios tradicionales y se han convertido en una suerte de "commodities" financieros presuntamente homogéneos gracias a la magia de la ingenieria financiera y al aval de las agencias calificadoras, y

2. Hasta ahora los bancos centrales de Estados Unidos y Europa han usado su exorbitante poder de otorgar crédito – que en el fondo es el poder para crear dinero – con el fin de evitar un quebranto mayúsculo en grandes bancos comerciales; esto significa que, en breve, han tomado como "buenos" los préstamos "malos" y la burbuja no ha estallado en toda su magnitud; sigue pendiendo sobre nuestras cabezas como una guillotina.

Con suerte la burbuja se desinfla gradualmente, porque la llamada economía real está suficientemente sana y vigorosa para ir descontando las pérdidas en etapas sin ocasionar reacciones en cadena. Con suerte, pero también puede suceder que la crisis se vuelva epidémica y entonces veríamos una caída abrupta de la demanda en las economías industrializadas, una caída de los precios de las materias primas y del petróleo y una muy severa contracción del crédito.

Es un riesgo probable que no se puede desestimar y mi amigo corresponsal tiene absoluta razón al respecto. La causa última: La capacidad de los bancos centrales de crear dinero de la nada – dinero fiduciario- entraña un gran riesgo moral (pedagogía de la irresponsabilidad) para que las instituciones financieras actúen imprudentemente acicateadas por el incentivo de obtener utilidades exorbitantes respecto de su capital.

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jueves, 5 de julio de 2007

¿Conviene estar en la cima de la montaña?

Hablando de metáforas que se refieren a planicies, terrenos nivelados y montañas, se comenta una ingeniosa analogía de Edward E. Leamer acerca de ganadores y perdedores en los intercambios comerciales.

Profesor de economía internacional en UCLA, Edward E. Leamer suele usar una interesante metáfora para hacer entender a sus alumnos algunas aparentes paradojas del comercio internacional.

Imaginen que hay dos países que intercambian productos, uno se llama Estados Unidos y está en un valle al pie de una montaña; otro se llama Japón y está en la cima de la montaña. Los japoneses sólo tienen que empujar sus productos cuesta abajo y, gracias a la ley de gravedad, éstos llegan a sus clientes en Estados Unidos. Por el contrario, los productos de Estados Unidos tienen que emprender un arduo ascenso por la montaña – que cuesta tiempo, dinero y trabajo- para llegar a los japoneses. Encantados por la aparente “superioridad” que les da el hecho de estar en la cima de la montaña (“top of the world”, como decía una vieja canción), los japoneses creen que es buena idea incrementar su “ventaja” y ponen obstáculos adicionales en el camino de ascenso, para dificultar aún más la llegada de los productos extranjeros. Los políticos, orondos, anuncian al pueblo japonés que están trabajando para proteger los “intereses nacionales” y para impedir que el país se vea “invadido” por bienes extranjeros. El pueblo japonés aplaude.

Pero quienes aplauden y se sienten muy orondos por estar en la cima de la montaña – es la moraleja de esta metáfora- son en realidad los perdedores en la historia. Son ellos, gracias a su posición falsamente ventajosa, quienes pagan todos y cada uno de los obstáculos puestos a la importación de bienes, sea con precios mucho más altos, sea con carencia de productos que los otros sí tienen, sea con una combinación de ambas. Además, sus productores “protegidos” – por ejemplo, los productores de leche en Japón- tienen todos los incentivos para permanecer atrasados, anclados en la improductividad por decreto.

Los prejuicios contra el libre comercio – o los mitos proteccionistas, por decirlo de otro modo- se alimentan de decenas de metáforas y analogías erróneas. Por ejemplo, imaginar que el comercio exterior es semejante a una guerra decimonónica en la que tomar “posiciones de altura” ofrece alguna ventaja o asociar la frase “superávit comercial” con un sentimiento fatuo de “superioridad”.

A veces, en “la cima del mundo” están los perdedores.

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