martes, 17 de febrero de 2009

La miopía de Barack Obama

El flamante presidente de los Estados Unidos, mister Barack Obama, hasta ahora ha sido poco creativo, poco audaz y poco visionario para establecer una iniciativa de verdadero estadista que saque a su país de la crisis. Ha sido miope.

El famoso paquete de estímulos multimillonarios es una versión inflada de las erráticas iniciativas de Franklin Delano Roosevelt (FDR) al inicio del New Deal. Obama muy pronto empezará a suscitar grandes decepciones, en la misma proporción y a la misma velocidad con la que generó entusiasmos durante su campaña electoral.
En lugar de complacer a las viejas clientelas políticas que se han refocilado en Washington – los proteccionistas de la industria siderúrgica, los sindicatos de la industria del automóvil, los burócratas de Fannie Mae y Freddie Mac o los retro-progresistas que detestan a los inmigrantes- Barack Obama debería haber vuelto la vista al mundo, debería haber promovido decididamente el libre comercio y la ronda de Doha y debería haber hecho una vigorosa campaña a favor de la libre migración, ya que ésta puede ser la mejor herramienta para revitalizar a la economía de Estados Unidos.
Es difícil que Obama lo haga; siendo senador fue un feroz y poco informado opositor a una reforma migratoria que introduciría un sistema de puntos para atraer inmigrantes jóvenes con altas calificaciones laborales – como el que rige en Canadá y, en menor medida, en el Reino Unido-, alegando que se trataba de un propuesta "clasista"; ¡vaya con los prejuicios ideológicos!, ¡vaya con la dictadura de los incompetentes!
A continuación, la brillante propuesta de Shekhar Gupta, editor del periódico The Indian Express, que se difundió hace unos días el sitio en la red Marginal Revolution:
"Todo lo que hay que hacer es garantizar visas a dos millones de indios, chinos y coreanos. Nosotros compraremos todas las casas 'subprime'. Trabajaremos 18 horas al día para pagarlas. De inmediato mejoraremos la tasa de ahorro interno de Estados Unidos (ningún banco en la India tiene una cartera vencida de más de 2% respecto de su capital, porque aquí en la India consideramos una vergüenza no honrar nuestras deudas). Y nosotros fundaremos nuevas empresas que crearán nuestros propios empleos y los nuevos empleos de muchos estadounidenses".
Propuesta brillante, inteligente y acorde con el espíritu que hizo grande a los Estados Unidos. Sólo me atrevo a sugerir al señor Gupta que también nos incluya en el paquete de estímulos – "Buy a home, get a visa"- a unos cientos de miles de latinoamericanos, acostumbrados y dispuestos a trabajar duro.
A usted, ¿qué le parece?

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jueves, 5 de febrero de 2009

El "new-new deal" funciona tan mal como el anterior

La semana pasada la mayoría demócrata de la cámara de representantes de Estados Unidos aprobó el grandioso, único, insólito y formidable paquete multimillonario de estímulos que levantará a la economía estadounidense de su postración. Ahora sólo falta que la cámara de senadores haga lo propio y nos volverá el alma al cuerpo. Obama en las alturas. Tres vivas por Keynes y todos sus compañeros.

Lo bonito de aprobar tanto gasto es considerar cómo ese dinero público se convertirá en alivio para las necesidades de la gente.

Tomen el caso de Milwaukee, Winsconsin, a dónde los representantes decidieron enviar, como parte del paquete de estímulos, 88.6 millones de dólares etiquetados para construcción de escuelas. Suena bien, pero hay un pequeño problema: Milwaukee tiene el día de hoy 15 escuelas vacías, una sobreoferta de edificios públicos y ningún plan para nuevas construcciones de escuelas, ¿por qué? Porque no se necesitan.

Todo esto lo informaba el lunes pasado la edición en línea del Journal Sentinel de Milwaukee ( y también señalaba que, además del dinero para la construcción de nuevas escuelas, el distrito escolar de esa ciudad junto al gran lago Michigan recibirá 115.5 millones de dólares de estimulo para educación especial y para la ayuda a estudiantes de bajos ingresos.

La totalidad de las escuelas públicas en Milwaukee están clasificadas como en "buenas" o en "mejores que buenas" condiciones, pero los legisladores entrevistados por el diario confían en que los recursos puedan usarse para mejorar, digamos, la eficiencia energética de las escuelas, reemplazar materiales de construcción riesgosos (como los asbestos) o reparar techos. Nunca falta algo que hacer con tantos millones de dólares.

Hay que considerar que un programa iniciado el año 2000 en Milwaukee, llamado la iniciativa de escuelas del vecindario, supuso un gasto de 102 millones de dólares y se tradujo en proyectos que están subutilizados o en proyectos no realizados y cancelados. Una serie de reportajes del mismo Journal Sentinel en agosto de 2008 reveló que decenas de millones de dólares se malgastaron y el programa no se tradujo en un mayor porcentaje de estudiantes atendidos en las escuelas públicas.

Pero eso son detalles, la grandiosa visión keynesiana del gasto público como panes y peces multiplicados permanece incólume. No pierdan la fe.

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miércoles, 4 de febrero de 2009

Los mitos de FDR y el "New Deal"

Encontré un ejemplar, en una venta de libros usados, del segundo tomo de la obra "La era de Roosevelt" del historiador estadounidense Arthur M. Schlesinger junior, que trata de "La llegada del Nuevo Trato" (The coming of the New Deal 1933-1935), a un precio de ganga. Lo empecé a leer con la sincera intención de convertirme en un admirador de Franklin Delano Roosevelt (FDR) y del famoso New Deal que la sabiduría dizque progresista suele tipificar como el arquetipo del buen gobierno que derrotó a la Gran Depresión.

Schlesinger no oculta su admiración por Roosevelt. Finaliza la obra (página 563) con este panegírico: "Vivió, de acuerdo con su exultación, en los horizontes lejanos y en los mares desconocidos. Fue esto lo que le mereció la confianza y la lealtad en una época atemorizada (…) esto y la convicción de la gente sencilla de que les había dado su mente y su corazón y que no cesaría de luchar por su causa".


Sin embargo, lo que antes ha reseñado Schlesinger a lo largo de la obra, no se conduele con la imagen heroica de un gobernante ejemplar, sino con la de un amasijo de contradicciones, voluntarismo político, arrogantes experimentos intervencionistas, demagogia, impericia técnica, transacciones políticas inconfesadas con los poderosos…Lo que salvaría al personaje es que invariablemente dijo estar a favor de la "gente sencilla" y en contra de la odiosa "derecha". Esto es: el mito del "pueblo bueno" al que invariablemente recurren los populistas.

Si Barack Obama pretende resucitar en los albores del siglo XXI los mitos de FDR y del "New Deal" ha empezado con el pie derecho (o con el izquierdo, para aquellos que llevan la ideología hasta los píes), pero eso significa, también, que no hay que abrigar esperanzas de que Estados Unidos supere con rapidez esta crisis. Intervencionismo gubernamental a granel, rescates y socorros multimillonarios, mucha retórica y sofismas (basta seguir hoy los alegatos falsamente académicos de keynesianos redivivos contra neoclásicos en los diarios y en las bitácoras de la red), proteccionismo comercial aderezado de xenofobia y de solidaridad con la "gente sencilla" que perdió su empleo, nos dirán, por culpa de la codicia de Wall Street, del libre comercio y de la invasión de indocumentados de pelo oscuro y grasoso que hablan español. Prepárense.

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lunes, 2 de febrero de 2009

La estupidez proteccionista

"If we buy american, no one else will". Esa es la demoledora afirmación que encabeza la colaboración del profesor Douglas A. Irwin en The New York Times del sábado pasado. Traducción libre: "Si seguimos el mandato de 'compra sólo productos manufacturados en Estados Unidos', nadie más en el mundo los comprará".

La advertencia del profesor Irwin, quien es autor del libro "Free trade under fire" (El libre comercio en peligro) y profesor de economía en Dartmouth, no sólo es pertinente sino de suma urgencia, dado que la mayoría demócrata en la cámara de representantes de Estados Unidos ha logrado introducir, en el paquete multimillonario de estímulos fiscales aprobado la semana pasada, la provisión "buy american" en el gasto público destinado a reanimar la alicaída economía de los Estados Unidos. Es un error gigantesco que tendrá nefastas consecuencias no sólo para los contribuyentes de ese país, sino para la economía mundial. Además es un error que manifiesta una pasmosa ignorancia de los legisladores demócratas acerca de la experiencia histórica.

Cualquier estudiante de economía más o menos aplicado sabe que la oleada proteccionista con la que Estados Unidos intentó hacer frente a la depresión de los años 30 – simbolizada en el acta Smoot-Hawley de 1930 que elevó los aranceles a las importaciones a niveles prohibitivos – profundizó la depresión económica, redujo la riqueza mundial y generó, en respuesta, invencibles obstáculos fuera de Estados Unidos a las exportaciones e inversiones de ese país.

El principal efecto de cualquier iniciativa proteccionista es la reducción de la riqueza global; nos empobrece a todos, empezando por quienes aplican las iniciativas proteccionistas. ¿Por qué, entonces, los legisladores demócratas insisten?

1. Porque no sólo son ignorantes sino arrogantes,
2. Porque quieren complacer a los cabilderos de la industria siderúrgica estadounidense (exactamente la misma tontería en que incurrió el gobierno de George W Bush), y
3. Porque tienen una noción idealizada y falsa del "New Deal" de Franklin D. Roosevelt, que en realidad fue un amasijo desastroso de intervencionismo gubernamental y colectivismo y quieren repetir la experiencia, confiados en que algún falsificador de historias los inmortalizará como héroes populares, tal como se hizo con F.D.R.

En contraste, empresas como General Electric y Caterpillar se oponen al estúpido "buy american" porque saben que sólo les cerrará las puertas en países como China y la India que tienen ambiciosos planes de inversión pública.

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jueves, 16 de octubre de 2008

¿Debe el gobierno reactivar el crédito a los corporativos?

Ahora que todos (o casi todos) volvimos a ser keynesianos y partidarios del “new-new-deal” varios corporativos mexicanos exigen que el gobierno haga “algo” para quitar obstrucciones en las tuberías del crédito. Sin embargo, ésa puede ser muy mala idea.

Desde hace semanas me atreví a calificar como “los años de la sequía” los que se iniciarán a partir de esta crisis financiera global. No era una figura retórica. La sequía ya la están sintiendo muchas empresas mexicanas a despecho de lo que digan las tasas de interés nominales, tal como lo reportarà mañana viernes El Economista en su nota principal.
La sequía que resienten quienes no pueden hoy colocar papel de deuda o no han podido hacerlo con las facilidades y los bajos costos del pasado – así como los fondos y los inversionistas institucionales que tampoco han podido fondearse con la misma soltura en el mercado secundario del papel comercial y de otros valores de deuda privados- es el aviso de que los tiempos del dinero fácil han terminado, aun cuando los bancos centrales parezcan vomitar todos los días inyecciones de liquidez.
Veamos las dos caras de la moneda: Quien quiere crédito de corto plazo está enojado porque los bancos de depósito han cerrado la llave y se resisten a tomar papel privado o a colocarlo con la misma facilidad con que lo hacían antes. Razonan que esto puede generar más miedo y hasta corridas cambiarias que no se podrán neutralizar a través de subastas de dólares.
Pero del otro lado de la mesa también tienen sus razones: 1. Los bancos de depósito deben ser cautelosos; en el pasado se les reprochó la soltura con que soltaron crédito, ¿por qué ahora se les reprocha actuar como prestatarios cautelosos?, 2. Los bancos de depósito, a diferencia de otras instituciones financieras, tienen que cuidar el dinero de sus depositantes, cumplir regulaciones más rigurosas (capital contra activos en riesgo) y volverse mucho más desconfiados a la vista de las malas experiencias.
El peligro es que ahora, cuando los gobiernos se han convertido al keynesianismo más rancio, alguien quiera añadir a las tareas del gobierno la de facilitar el crédito a los corporativos para que nadie sufra y nadie tenga que apretarse el cinturón.
La astringencia crediticia está dictada por el mercado. No le corrijamos la plana. Esas correcciones, ya deberíamos saberlo, siempre terminan mal.

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