miércoles, 4 de junio de 2008

¡Toma tu consulta, Marcelo!

El martes pasado, el director de Pemex Exploración y Producción, Carlos Morales Gil, que sí sabe de lo que está hablando, le envió una clara respuesta a Marcelo Ebrard y a la troupe de López.

¿Una consulta popular sobre lo que necesita Pemex? Va la respuesta en tres frases que no tienen desperdicio:

1. "Sería irresponsable que asumiéramos que los problemas de la industria se pueden resolver por la buena voluntad colectiva."

2. "Si tenemos un Congreso elegido democráticamente no veo por qué la necesidad de consultar a nadie."

3. "Debemos tener claro que los problemas técnicos deben ser resueltos en base a las opiniones de los expertos, y confiando en el juicio de quienes elegimos para diseñar las leyes que rijan a este país"
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¿Es necesaria una reforma a fondo de Pemex?, esto es lo que dice Morales Gil:

"Como responsable de la subsidiaria que se encarga de descubrir y extraer las reservas de hidrocarburos de este país me permito reiterar: Pemex necesita la reforma, requerimos operar con mayor flexibilidad."


Y acerca de quienes creen, desde su poltrona en el Congreso o en un partido político – viviendo a costillas del prójimo-, que los desafíos de la industria petrolera son "enchílame otra", como bailar con quinceañeras en el Zócalo, Morales Gil dijo:

"Los mexicanos debemos comprender que la era del petróleo fácil terminó, que los retos que tenemos enfrente implican ser más efectivos, más eficientes y que tenemos que tomar decisiones basadas en criterios técnicos que beneficien a los mexicanos y no en criterios ideológicos que no benefician a nadie.

"Después de ser testigo del deterioro de las reservas durante más de 30 años, estoy convencido, que incursionar en aguas profundas no es un tema que deba ser sometido a elección, es una obligación, es una cuestión de responsabilidad con las nuevas generaciones."


¿Habrá forma de que el dueño de la troupe y sus acólitos entiendan esto?

Ahora, de parte de un lector amigo, una pregunta para una consulta popular sobre el gobierno del Distrito Federal:

¿Está usted de acuerdo que sólo en el Distrito Federal el costo de las obras públicas – sean viaductos, calles, segundos pisos o redes de alcantarillado – se mantenga en secreto, mientras que los gobiernos del resto de las entidades y el gobierno federal deben informar e informan puntualmente sobre dichos costos?

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sábado, 31 de mayo de 2008

Petróleo y conocimientos

La industria petrolera, como muchas otras, cada día se vuelve más intensiva en el uso de capital intelectual, escaso en todo el mundo.


Una de las grandes limitantes que padecen todas las compañías petroleras en el mundo es la escasez de personal especializado para enfrentar los desafíos implícitos en la tarea de extraer petróleo de regiones y medios inhóspitos, como las aguas ultraprofundas en el océano o el subsuelo del círculo ártico.

Durante la última década los salarios del personal especializado en la exploración y explotación de hidrocarburos han crecido muy por encima del avance de la economía mundial. Es, otra vez, un asunto de oferta y demanda.

No se crea que al hablar de especialistas en la industria petrolera se habla de una sola disciplina. Se trata de una lista impresionante de especializaciones diversas, muchas de las cuales nos suenan esotéricas a los neófitos.

Por ejemplo: para el desafío de las aguas ultraprofundas se requiere contar – entre otras muchas cosas – con vehículos autónomos submarinos, tripulados a distancia, que permitan la exploración. Y para diseñar y construir esos vehículos se requiere de especialistas en resistencia de materiales, pero también de expertos en procesos de control, ingeniería mecatrónica, trabajando codo a codo con genios de la informática y con especialistas en lógica difusa para formular los algoritmos que doten de "inteligencia artificial" a los vehículos.

Un joven ingeniero que cursará su doctorado en una prestigiada universidad de Estados Unidos, desarrollando investigaciones para el diseño de vehículos autónomos, confiesa que no está interesado en trabajar para la industria petrolera en agua ultraprofundas, a pesar de los elevados salarios: "es un medio inhóspito, sujeto a grandes riesgos físicos y privaciones, prefiero el laboratorio o bien operar vehículos autónomos para rescatar personas en incendios, terremotos u otras catástrofes, ¡en tierra!".

Se trata de especialistas que hace tiempo superaron la etapa en la que basta un salario de muchos ceros para firmar un contrato y que valoran mucho otros bienes más complicados que el dinero, como el reconocimiento de sus pares, que a veces no son más de una docena en todo el mundo.

Los demagogos que aseguran que obtener el capital humano e intelectual que requiere la industria petrolera en México es algo sencillo, ¿en dónde lo esperan encontrar? ¿en la feria del empleo de Iztapalapa?

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jueves, 22 de mayo de 2008

Los “cadeneros” nacionalistas y el petróleo

Ahora sí don Lorenzo Meyer se voló la barda. Decretó ayer que sólo puede hacer propuestas acerca del petróleo mexicano “la izquierda” y no cualquier izquierda – mucho ojo- sino exclusivamente aquella “que tenga en orden sus credenciales nacionalistas”.

Lo de PEMEX como “mascarón de proa” del nacionalismo parece una cursilada inofensiva del doctor Lorenzo Meyer comparado con lo que el propio académico (sic) escribió en su largo artículo semanal publicado ayer en un diario mexicano.

Cito textual: “Si alguien hubiera podido proponer que nuestra empresa petrolera estatal se asociara con alguna foránea en algunos de sus campos, sin despertar sospecha sobre sus intenciones -hacer negocios privados a la sombra del interés público-, era la izquierda. Y no cualquier izquierda, sino una con sus credenciales nacionalistas en orden.”

Ante esta declaración de fanatismo no hay nada que hacer. Cierra y vayámonos. El cancerbero nacionalista, el policía de las conciencias, el burócrata del partido, encargado de revisar minuciosamente tus papeles, jamás te dejará pasar. Igual que esos antropoides que impiden el paso de los indeseables – o de quienes les parezcan tales- a las puertas de bares y discotecas:

-“No, joven, ¿cómo quiere usted participar en este debate, si a su credencial le faltan un montón de resellos?, ¿a ver, dónde está su estampita bendita de Tata Lázaro?, ¿dónde su constancia de que estuvo al lado de San Peje en la épica toma del Paseo de la Reforma?, si ni siquiera trae un triste escapulario autorizado por el Partido…Es más, no sólo no pasa, sino que me va a tener que acompañar a la delegación para explicar por qué sus credenciales ni son nacionalistas, ni están en regla…¿no las habrá comprado en Tepito?”

Más vale tomar como una muestra más de humorismo involuntario estas odiosas proclamas porque, en el fondo, son terroríficas. Ya me imagino a don Lorenzo, con un poquito del poder coactivo del Estado, a cargo de una comisaría de conciencias, ¿nos obligaría a portar estrellas amarillas en la solapa a todos aquellos que no pasemos, a su juicio, el examen de las credenciales nacionalistas con sus resellos en orden?

Lo que queda claro es que el contenido de las reformas propuestas, para estos personajes, es irrelevante. Lo que importa es quién haga la propuesta. Si es de los suyos o de “los otros”. Estos son fanáticos y no cuentos.

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martes, 20 de mayo de 2008

Los precios y el aprendizaje

Los "precios mentirosos" – aquellos que se fijan a despecho de las condiciones de oferta y demanda- nos llevan a tomar decisiones irracionales, cuando no estúpidas, y terminan por generar mayor escasez.

No parece racional que durante el primer trimestre de este año México haya importado 40% más gasolina que un año antes. Ni el ritmo de la actividad económica, ni la "conciencia ecológica" de la que todos presumen, ni los precios internacionales del petróleo se conduelen con ese crecimiento exorbitante de la demanda.

Sin embargo, el incremento de las importaciones de gasolina es perfectamente lógico si atendemos a dos factores: Una menor oferta interna –porque ha disminuido sensiblemente la producción de petróleo en México – y, sobre todo, un precio de las gasolinas que nos engaña acerca de las condiciones reales de la oferta y de la demanda. Un precio "mentiroso", de alrededor de tres pesos menos por litro respecto del precio promedio vigente en las gasolineras de Estados Unidos, donde sí hay competencia entre varias oferentes y donde el precio de los combustibles al consumidor refleja con mayor fidelidad lo que sucede con la oferta y la demanda.

Sin duda debe haber muchas razones – buenas o malas- que expliquen ese precio mentiroso, pero también es indudable que es un precio que genera una demanda indeseable, por excesiva, de un energético escaso. Es un precio que alimenta el desperdicio y que refuerza la adicción al petróleo, a la vez que tira por el caño la misma droga adictiva.

Ese precio "mentiroso" nos está impidiendo aprender a los mexicanos lo que aprendieron los países industrializados con las alzas de los precios del petróleo en 1973-1974 y en 1980-1981, que es la racionalidad en el consumo de los energéticos, lo que a su vez se traduce en una economía menos dependiente de la energía para generar riqueza.

Para eso sirven los precios: Para apreciar o para despreciar las cosas.




En septiembre pasado dieron de gritos porque – dijeron- se nos infligiría un duro golpe si se incrementaba el precio de las gasolinas, pero hoy se visten de aguerridos defensores del mismo bien que entonces pidieron despreciar y desperdiciar.



Hay cosas mucho más valiosas que el petróleo y sus derivados. Por ejemplo, la honestidad intelectual. Pero ésa hace mucho que se les acabó, si acaso alguna vez la tuvieron.

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miércoles, 7 de mayo de 2008

Distrito Federal: Cuesta abajo en su rodada

El Distrito Federal "perdió" – en términos de Producto Interno Bruto- 55,528 millones de pesos de 1994 a 2006, y tan sólo en el aciago sexenio de López Obrador y Encinas – 2000 a 2006- la "pérdida" fue de 32,021 millones de pesos. Una entidad en decadencia.


La Secretaría de Finanzas del Distrito Federal no es muy ducha en la asignatura de "atribución de culpas". Culpa a la Secretaría de Hacienda de que recibirá menos participaciones de las que recibiría si prevalecieran las fórmulas del pasado. Error. La nueva fórmula no la impuso la Secretaría de Hacienda, sino que la aprobó el Congreso. Otro error aún más grave: La presunta disminución relativa – que no en números absolutos – de las participaciones, no es ni un pálido reflejo de la pérdida de peso que ha experimentado el Distrito Federal en términos de su aportación a la riqueza del país.

Y otro error semántico y filosófico: El gobierno del Distrito Federal NO es el Distrito Federal. Quien se lleva las participaciones es el gobierno de Marcelo Ebrard, no los capitalinos.

En 1994 el Distrito Federal representaba el 23.6% del PIB nacional; en 2006 ya había caído 3.3 puntos porcentuales en su aportación al PIB nacional y representó el 20.32% del producto nacional. Ninguna entidad del país ha experimentado un descenso tan abrupto y en tan pocos años.

Si ponemos la "pérdida" del Distrito Federal (en contribución al PIB nacional) en pesos constantes, el descenso equivale a una disminución de riqueza de 55, 528 millones de pesos de 1994 a 2006.

La "pérdida" se aceleró dramáticamente en el sexenio 2000-2006, bajo el gobierno de Andrés Manuel López Obrador (y su delfín Alejandro Encinas): El Distrito Federal dejó de producir - respecto del PIB nacional – nada menos que 32,021 millones de pesos.


Otros datos para documentar el pesimismo: En 1994 el Distrito Federal representaba el 20.3 % del PIB nacional de la industria manufacturera; en 2000 ya había caído al 18.6%, pero para el 2006 logró la hazaña de reducir su participación a sólo el 15.3 % del PIB manufacturero nacional (3.3. puntos porcentuales de "pérdida" bajo la égida de López en sólo seis años). Y en comercio y turismo el PIB capitalino paso de 24.3% del PIB nacional respectivo en 1994, a 22.6% en el año 2000 y – cuesta abajo en su rodada- llegó a sólo 18.7% en 2006.

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martes, 29 de abril de 2008

La moda de ser ridículos

Dice el senador Ricardo Monreal que incurrir en el ridículo es una virtud política porque “retoma la dimensión cualitativamente herética de las democracias contemporáneas”. Traducción: ¡Esto es una vacilada!, como dijo el Rayito.


Hace unos meses escuché a un periodista paisano suyo calificar al senador Ricardo Monreal como uno de los políticos más talentosos y cultos de este país. Podría ser. También se dice que es adinerado – aunque siempre se ha dedicado al “servicio público”, dicho sea sin ironía- y tengo la sospecha de que la honestidad intelectual no es una de sus prendas.

Como se sabe, el senador Monreal tuvo a bien encabezar el asalto a la tribuna de la Cámara de Senadores hace unos días. Ayer, en un alarde de generosidad hacia los lectores de sus colaboraciones semanales en un periódico, Monreal nos ofreció una bonita pieza literaria para justificar su arrebato obstruccionista. No tiene desperdicio.

Empieza el senador citando a Charles Pinot Duclos: “La ridiculez consiste en contrariar la moda y la opinión de moda”. Y prosigue sentenciando, de su caletre, que la opinión de moda hoy es que “las mayorías mandan en una democracia”. Luego entonces, el senador asaltó la tribuna después de unir las dos luminosas sentencias, la de Duclos y la suya propia: Había que contrariar la opinión de moda – ésa de que “las mayorías mandan en una democracia”- y qué mejor manera de hacerlo que incurrir en el ridículo de tomar la tribuna.

A esto – a la moda de ser ridículos – el senador Monreal lo bautiza con otra frase sentenciosa: se trata de retomar “la dimensión cualitativamente herética de las democracias contemporáneas” frente al “redescubrimiento cuantitativo de moda”, el de que las mayorías mandan en una democracia.

No se necesita ser muy perspicaz para percatarse de que Monreal se está burlando de sus lectores y edulcora la ofensa con citas presuntamente cultas y con la palabrería típica – dialéctica, le llaman- del sofista progre. Pero el burlador resulta burlado, porque de nuevo incurre en el ridículo, por más que quiera escapar de la irrisión pública invocando a un novelista francés del siglo XVIII, como lo fue Duclos.

Más directo y convincente, el monarca de los ridículos, el gran meneador, Andrés Primero evangelista del amor, rayito de la esperanza inútil, había confesado: “Es una vacilada”.

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domingo, 27 de abril de 2008

Sí se pudo, ¿qué?

Como espectáculo dejó bastante qué desear. Como estrategia política resultó un fracaso. ¿Qué fue, entonces, lo que “sí se pudo” lograr con el esforzado obstruccionismo de la troupe de López?

La noticia del viernes – según los criterios convencionales – fue que los obstruccionistas del FAP retiraron sus gráciles humanidades de las tribunas de ambas cámaras legislativas, junto con la escenografía y demás parafernalia.

La troupe de Andrés López hizo mutis proclamando que “sí se pudo”. Como esos entrenadores de futbol que, ante la derrota apabullante, declaran sin rubor que el encuentro fue un éxito porque “los muchachos hicieron su mejor esfuerzo” o como esos generales que pierden batallas pero envían partes triunfalistas al Estado Mayor con frases grandilocuentes: “Las armas nacionales se han cubierto de gloria”. ¿De gloria o de ridículo, señor general?

La proclama del “sí se pudo” es, paradójicamente, acertada. ¿Qué es lo que sí se pudo tras la mala escenificación?

Uno, sí se pudo legislar pese a los obstruccionistas; hasta los diputados y senadores ajenos a la troupe mostraron, acicateados tal vez por el fastidio, una diligencia inusitada para legislar.

Dos, sí se pudo desdramatizar la alharaca, de forma que la anunciada epopeya nacionalista que se nos había vendido quedó, a lo sumo, en mala comedia.

Tres, sí se pudo mostrar, mediante una habilidosa estratagema de un reportero, el talante auténtico de López, a quien oímos hacer alarde del desprecio que siente por los “tremendos asuntos” que, antes, nos había jurado que le movían el alma y le quitaban el sueño. Por lo oído se deduce que las grandes causas retóricas – que si la soberanía nacional, que si la defensa del petróleo, que si las “fibras sensibles”, que si la exigencia de debatir hasta el cansancio – son, a los ojos de López, vaciladas; mero pretexto para seguir meneando la olla de los brujos. Porque, también merced a la ya célebre grabación de los alegatos del “rayito”, supimos que él, el de la voz, también se siente la encarnación de “el movimiento”. Yo soy, dijo, el movimiento. Yo muevo a los que me siguen, quienes sólo me sirven para que yo mueva el caldero. El gran meneador, pues.

La troupe de López acierta por mera causalidad al decir que “si se pudo”. Sí, muchachos, sí se pudo. ¿Qué? Acallar vuestro estruendo; el de los impotentes.
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Troupe

(Voz fr.).

1. f. Grupo de artistas, especialmente de teatro, de cine o de circo que trabajan juntos, desplazándose de un lugar a otro.

2. f. Grupo de personas que van juntas o que obran de forma similar.

(Diccionario de la Real Academia Española)

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