miércoles, 7 de mayo de 2008

Distrito Federal: Cuesta abajo en su rodada

El Distrito Federal "perdió" – en términos de Producto Interno Bruto- 55,528 millones de pesos de 1994 a 2006, y tan sólo en el aciago sexenio de López Obrador y Encinas – 2000 a 2006- la "pérdida" fue de 32,021 millones de pesos. Una entidad en decadencia.


La Secretaría de Finanzas del Distrito Federal no es muy ducha en la asignatura de "atribución de culpas". Culpa a la Secretaría de Hacienda de que recibirá menos participaciones de las que recibiría si prevalecieran las fórmulas del pasado. Error. La nueva fórmula no la impuso la Secretaría de Hacienda, sino que la aprobó el Congreso. Otro error aún más grave: La presunta disminución relativa – que no en números absolutos – de las participaciones, no es ni un pálido reflejo de la pérdida de peso que ha experimentado el Distrito Federal en términos de su aportación a la riqueza del país.

Y otro error semántico y filosófico: El gobierno del Distrito Federal NO es el Distrito Federal. Quien se lleva las participaciones es el gobierno de Marcelo Ebrard, no los capitalinos.

En 1994 el Distrito Federal representaba el 23.6% del PIB nacional; en 2006 ya había caído 3.3 puntos porcentuales en su aportación al PIB nacional y representó el 20.32% del producto nacional. Ninguna entidad del país ha experimentado un descenso tan abrupto y en tan pocos años.

Si ponemos la "pérdida" del Distrito Federal (en contribución al PIB nacional) en pesos constantes, el descenso equivale a una disminución de riqueza de 55, 528 millones de pesos de 1994 a 2006.

La "pérdida" se aceleró dramáticamente en el sexenio 2000-2006, bajo el gobierno de Andrés Manuel López Obrador (y su delfín Alejandro Encinas): El Distrito Federal dejó de producir - respecto del PIB nacional – nada menos que 32,021 millones de pesos.


Otros datos para documentar el pesimismo: En 1994 el Distrito Federal representaba el 20.3 % del PIB nacional de la industria manufacturera; en 2000 ya había caído al 18.6%, pero para el 2006 logró la hazaña de reducir su participación a sólo el 15.3 % del PIB manufacturero nacional (3.3. puntos porcentuales de "pérdida" bajo la égida de López en sólo seis años). Y en comercio y turismo el PIB capitalino paso de 24.3% del PIB nacional respectivo en 1994, a 22.6% en el año 2000 y – cuesta abajo en su rodada- llegó a sólo 18.7% en 2006.

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jueves, 27 de septiembre de 2007

A Ebrard le pesan mucho el Metro y el agua

Uno de los riesgos de abusar de la pose de víctima es que te tomen la palabra y te aligeren la "carga" que, dices, tanto te agobia.


El martes en una entrevista radiofónica el jefe de gobierno de la ciudad de México, Marcelo Ebrard, lamentó la carga fiscal que debe afrontar su gobierno y pidió que el gobierno federal asuma toda o parte de esa carga, como sucede en París aventuró, confiando tal vez que nadie verificaría ese probable embuste. Específicamente ejemplificó con el Metro y el agua.

Ebrard debería – para variar- pensar dos veces antes de hablar. En una de esas le toman la palabra… y no le va a gustar.

Por ejemplo, tal vez no sería mala idea que el gobierno federal asumiera el manejo total del Metro capitalino (incluida su deuda) y afrontara el costo político – que obviamente el licenciado Ebrard no quiere afrontar- de cobrar un precio más cercano a la realidad por el boleto (digamos cinco pesos, para que la operación diaria no requiera de subsidios) y aprovechara todo el potencial de negocios que representa el flujo de más de 1,200 millones de pasajeros al año para obtener muchos más ingresos de los que hoy consigue el gobierno capitalino, por publicidad concesionada, tiendas, sitios para comer y otros comercios en las extensas instalaciones del Metro.

Considérese, por ejemplo, que pocos programas de televisión de las cadenas nacionales concitan auditorios anuales de esa magnitud: 1,200 millones de visitas.

En una de esas, también, alguien le toma la palabra a Ebrard y promueve que sean las autoridades federales – digamos, el SAT- las que cobren el agua (con un precio realista, no mentiroso que sólo incita al desperdicio) y hasta el impuesto predial. ¿Alguien duda que las autoridades federales sean más eficaces para cobrar que los señores de la tesorería capitalina?

Ya sé que la respuesta a bote pronto de Ebrard – casi todas sus respuestas son impensadas- será que, al contrario, él desea plena autonomía para la ciudad. ¡Cuidado!, ¿de veras cree Ebrard que sin el aval absoluto del gobierno federal – que no tienen las otras entidades- le cobrarían por la deuda del GDF los mismos bajos intereses que ahora y le ofrecerían los mismos plazos ventajosos? Sí, cómo no.

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domingo, 16 de septiembre de 2007

Consecuencias políticas de una reforma

La reforma fiscal aprobada el viernes aporta un gran capital político al gobierno federal; no sólo se rompió el tabú de que las reformas resultan inviables con un Congreso sin mayoría absoluta, sino que en el proceso se fortaleció una alianza que habrá de resultar clave para el futuro entre el Presidente y los gobernadores.

La reforma fiscal aprobada el viernes fue un gran logro para el gobierno del Presidente Felipe Calderón, del que salió con un capital político mucho mayor al invertido en el proceso.

Trataré de resumir las razones que en lo personal – subrayo: en lo personal- me permiten afirmar lo anterior:

1. La reforma salió, al final de un proceso intenso de casi tres meses, en términos muy semejantes a los originales: El impuesto a tasa única para las empresas, como gravamen de control, sobrevivió; se fortaleció el federalismo fiscal con nuevas fórmulas de reparto, con nuevos mecanismos para la rendición de cuentas y con más recursos para las entidades federativas y los municipios; se introdujeron, sin que se hiciera mayor ruido, propuestas efectivas para mejorar la calidad del gasto y vincularlo a resultados verificables para la sociedad y, no menos importante, se avanzó en la mejoría de la administración tributaria, al tiempo que el gobierno federal quedó comprometido a incrementar la eficacia recaudatoria por el camino correcto: la simplificación.

2. A diferencia de la controvertida reforma electoral, la fiscal fue ampliamente discutida y nadie puede, sin faltar a la verdad, decirse sorprendido por ella. Esto significa que sí contamos, como país, con el andamiaje institucional y con la capacidad negociadora para lograr acuerdos.

3. Un factor clave fue el apoyo, implícito o manifiesto, de casi todas las entidades federativas. La única excepción notoria – el gobierno del Distrito Federal- manifestó una oposición más retórica que efectiva y más políticamente simulada que real. Por lo pronto, y a pesar de todo, el Distrito Federal es uno de los grandes beneficiarios.

4. Desde el punto de vista político, se ha roto el tabú de que las reformas son imposibles y el gobierno federal, junto con los gobiernos de los estados y buena parte del Congreso, han establecido una muestra de racionalidad y de realismo político. Ese capital es de todo el país. Ojalá lo aprovechemos responsablemente.

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domingo, 9 de septiembre de 2007

Los "SUV", el iluminado López y los "bultos"

Sólo pasa en México: Los dueños de las inseguras, agresivas y contaminantes camionetotas o "SUV" tienen a los mejores defensores de sus intereses en el caudillo de la izquierda populista, en el partido de la izquierda y en algunos gobiernos de la izquierda, como el de la ciudad de México. ¡Gasolina subsidiada para proteger a la burguesía motorizada!


El no-caudillo de la izquierda mexicana – Andrés López Obrador- ya dio instrucciones precisas a los legisladores del PRD: "No se trata de parlamentar (sic)…que nuestros legisladores se paren de sus curules, tomen la tribuna y se queden ahí el tiempo que sea necesario, día y noche si es necesario, hasta que se retire la propuesta". ¿Qué propuesta? La de un gravamen a las gasolinas, que sería cien por ciento participable a las entidades federativas.

¡Así se defienden los intereses populares! ¿Qué interés más proletario y popular que el de los grandes consumidores de gasolina?, ¿para qué dialogar o discutir, para qué ofrecer argumentos, si los más afectados serían los dueños y usuarios de camionetotas SUV (Sport Utility Vehicles) que en promedio consumen 11.4 litros de gasolina por cada cien kilómetros recorridos contra un promedio de 8.6 litros por cada cien kilómetros que consumen los automóviles normales? A los SUV se les defiende "echando lámina" u obstruyendo el trabajo legislativo.

Además, los usuarios del "Metro" en la ciudad de México o del tren ligero o de los trolebuses – medios que no utilizan gasolina- no son parte de las clases populares, sino de la odiosa burguesía…o tal vez son de otra clase social - ¿los infra – populares?- que no le interesa a la izquierda.

Ya López había demostrado con creces su amor, ¿no correspondido?, a la burguesía motorizada, consumidora de gasolina subsidiada (hoy día, el IEPS en las gasolinas es negativo) y contaminadora, construyéndole "segundos pisos" y distribuidores viales – en lugar de "desperdiciar" los recursos públicos en "tonterías" como más líneas del Metro-, al tiempo que beneficiaba a un puñado de "proletarias" empresas constructoras.

¿Qué sigue en la agenda de la izquierda?, ¿hacer que todos paguemos la incompetencia de algunos oligopolios adinerados exigiendo subsidios al gas natural?

Y eso por no hablar del aprecio de López a los legisladores de su partido: "¡No argumenten!, ¡no propongan!, ahí siempre pierden, usen el único talento que tienen: ¡Ser bultos que estorban!"

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miércoles, 29 de agosto de 2007

Federalismo de dientes para fuera…

Otro falso axioma de los expertos instantáneos en asuntos fiscales: No conviene que haya competencia fiscal entre las entidades federativas. Mientras los gobiernos locales teman asumir potestades tributarias México seguirá siendo un país centralista, pobre y con grandes desigualdades regionales.

Hace unos días en el sitio de la red "Asuntos Capitales" se publicó lo siguiente:

"Así, transitamos – verbo favorito de los políticos- del federalismo limosnero de los últimos priístas que fueron presidentes de la república (…) al federalismo infantil: 'Mira, gobernador o gobernadora, como eres tan bruto o bruta que ni siquiera sabes cobrar impuestos y para evitar que hagas tonterías como cobrar más o menos impuestos que tus vecinos, generando (…) competencia entre los estados, mejor vamos a decirle a los del gobierno federal que sean ellos los que cobren más impuestos y que te entreguen lo recaudado rapidito y de buen modo'". (Juan Pablo Roiz: "El PRI, los gobernadores y el infantilismo fiscal").

Uno de los puntos menos discutidos públicamente en el asunto de un posible impuesto a las gasolinas – de menos de cinco por ciento- cuya recaudación se distribuiría íntegra a los estados, es el hecho de que la propuesta original, auténticamente federalista, se transformó en un arreglo centralista que, para colmo, hoy parece huérfano.

Prevalece otro falso axioma que los expertos instantáneos repiten como pericos: "Si se dan facultades tributarias a los gobiernos locales, para cobrar, si así lo deciden, algún impuesto adicional en los rubros en que la Federación cobra los IEPS, generaríamos una indeseable competencia entre los estados, ya que algunos cobrarían esos impuestos y otros no".

Pregunto: ¿por qué ha ser indeseable la competencia?

El falso axioma revela cuán falso es el federalismo que proclaman muchos políticos, empezando por algunos gobernadores.

Supongamos que el impuesto local tuviese por objeto, como debe ser, combatir una externalidad negativa: los daños que causan millones de automóviles circulando diariamente y los gastos multimillonarios que ello acarrea para los gobiernos locales. Son candidatos obvios a cobrar dicho impuesto los gobiernos del Distrito Federal y del estado de México. Ambas entidades son gobernadas por políticos que no tienen el defecto de la timidez, sino más bien el de la locuacidad. ¿Por qué callan al respecto?, ¿no les interesa defender la capacidad de sus entidades para definir sus propias políticas públicas?, ¿querrían dinero pero no responsabilidades?

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domingo, 26 de agosto de 2007

Ecología, impuestos y hormonas

¿Qué les falta a los políticos a la hora de llevar a la práctica, con medidas eficaces, su declarado amor por los ecosistemas?, ¿será un problema de hormonas?

No en vano ecología y economía tienen la misma raíz que nos remite al cuidado de la casa. En el funcionamiento de los sistemas naturales se detectan maravillosos mecanismos de asignación eficaz de los recursos. Así sucede en la ecología del crecimiento y de la reproducción del ser humano: Mediante complejas interacciones en el sistema endocrino – y gracias a una información oportuna y precisa de datos clave, como edad, talla, peso y otras condiciones del organismo- se dispara o se inhibe – según sea el caso- la capacidad reproductiva de la mujer. Siempre prevalece la función de supervivencia y por ello, por ejemplo, una mujer anoréxica pierde automáticamente la capacidad de ser fértil mientras prevalece la precariedad nutrimental.

Todo ello automáticamente, en forma natural. Sin que la persona sea conciente de lo que sucede el sistema resuelve con gran acierto el dilema y gana siempre la opción de la vida. Eso es ecología y es también economía: Asignación óptima de los recursos escasos.

Incontables políticos han encontrado una veta muy rentable en los asuntos ecológicos o “verdes”, aunque por desgracia suele tratarse en muchos casos de mera estratagema histriónica. El viernes pasado en estas páginas Gabriel Quadri denunció los graves peligros que para el ambiente representa la reciente moda política de los bio-combustibles. Es otro ejemplo de la pasmosa superficialidad – e hipocresía- detrás de muchas declaraciones de amor “verde” que nos endilgan los políticos.

Otro ejemplo dramático, y cercano, de tal hipocresía lo vemos cuando los mismos políticos que hacen encendidas exhibiciones de fe ecologista – montando en bicicleta o posando con Al Gore- huyen despavoridos apenas alguien plantea la opción eficaz de utilizar potestades locales para cobrar impuestos – locales, valga la redundancia, porque los daños al ambiente son localizados- al consumo de gasolinas y así desalentar el uso del automóvil y, sobre todo, recaudar recursos que se deberían destinar a mejorar los sistemas públicos de transporte. Apenas alguien menciona ese mecanismo para compensar externalidades negativas, a esos políticos se les acaba lo verde…y les aparece la vertiente de especuladores bursátiles: ¿Para qué cobrar impuestos locales si podemos colocar más deuda?

¿Qué será?, ¿una falla endocrina?, ¿carencia de hormonas?

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