domingo, 29 de marzo de 2009

Políticos alérgicos a la globalización

Bien vistas las cosas, los políticos de este mundo tienen grandes incentivos para remar en contra de la globalización.

La gran red global interconectada de los mercados financieros y de otros bienes, junto con la gran red que es la Internet (esa “telaraña del tamaño del mundo”) sólo pueden restarle control y poder a los políticos, para dárselo (regresárselo) a las personas comunes.

Esta crisis nos ha mostrado que los canales de transmisión que van de los mercados financieros a la llamada economía real son más amplios, eficientes y eficaces – lo mismo para dispersar las buenas noticias que para contagiar las malas -, que los canales convencionales a los que recurren los políticos.

Los políticos aman las fronteras porque toda esa parafernalia asociada de controles de migración y aduanas, aranceles, normas de etiquetado, policías y esclusas que se cierran y se abren a discreción, da control y poder.

Por su parte, los mercados financieros globales y las redes de comercio internacional (que hacen posible, digamos, que en un pequeño restaurante de El Salvador la mantequilla fresca provenga de Nueva Zelanda) aborrecen las fronteras y la insidiosa costumbre política de andarle poniendo puertas al campo.

Las clientelas de los políticos – esos grupos relativamente pequeños organizados para obtener rentas del Estado, como sindicatos, gremios, empresas con aficiones monopolísticas y demás- se cultivan localmente, hacia dentro. Su condición de existencia y rentabilidad es que exista una autoridad que cierre las puertas y las ventanas a los que se califiquen de intrusos.

También por eso los políticos tienen debilidad por los rollos nacionalistas, aun cuando se trate de tópicos irracionales o imposibles de defender con argumentos. ¿Qué relevancia puede tener la nacionalidad de los accionistas de un banco? Ninguna. Lo relevante es la regulación a la que está sujeto el banco, la probidad de su administración, los contrapesos y candados efectivos que impidan que acreedores o deudores del banco sean estafados. Pero, como lo hemos presenciado en los últimos días, eso del nacionalismo y la soberanía vende bien en el bazar político. Al grado de que hasta algunos analistas serios confiesan con candor: “Sería bonito que el banco tal fuese de compatriotas”. ¿Por qué?, nadie lo sabe. Son como los que creen que un taco de carnitas sólo es “bueno” si el maíz fue cultivado en México.

Los políticos tendrán que ceder poder y control a las personas, dado el empuje de la globalización que es la gran aliada de la libertad personal. Este siglo será de las personas, no de las naciones. Ya verán.

Etiquetas: , , , , , ,

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Bienes raíces: precios, ilusiones, migración

A pesar del estallido de la burbuja de los activos inmobiliarios en los Estados Unidos, y de la crisis global subsecuente, persisten algunas ilusiones respecto del futuro de los precios en el mercado de los bienes raíces.


Es probable que quienes tienen un auto relativamente nuevo de General Motors, de Ford o de Chrysler tiendan a ver con mayor benevolencia la posibilidad de un rescate de dichas firmas, a cargo de los contribuyentes, que aquellos que poseen autos de otros fabricantes, como Honda, Toyota o Volkswagen.
Y no sólo por razones más o menos prácticas (por ejemplo, el temor a que sus vehículos se descontinúen y pierdan valor en el mercado), sino a causa de un fenómeno que algunos psicólogos bautizaron, hace años, como el disgusto a experimentar una "disonancia cognitiva" entre lo que se hizo ayer y lo que se sabe hoy. A nadie le gusta pensar de sí mismo como alguien tonto que compró un automóvil malo (o menos bueno que otros) en términos de calidad-precio.
El mismo fenómeno psicológico se verifica en los Estados Unidos entre quienes adquirieron en los últimos años bienes raíces, con o sin créditos hipotecarios, a precios que hoy se han desplomado. Persiste la ilusión, entre muchos propietarios atribulados, de que los precios se recuperarán y de que en el largo plazo sus propiedades seguirán revaluándose a un ritmo anual similar al del período 2002-2007. Así lo indican algunas encuestas de opinión.
Pero la fría lógica señala que – salvo excepciones que obedecerían a otros factores, como una localización afortunada- no sucederá ninguno de esos dos eventos.
1. El promedio de los precios inmobiliarios en los Estados Unidos aún deberá bajar entre 20 y 30 por ciento para que el mercado encuentre un "piso" en el que la demanda justifique nuevas inversiones masivas en construcción.
2. La tendencia de largo plazo de la demanda en el mercado inmobiliario en Estados Unidos, especialmente en vivienda, es hacia la desaceleración, a causa de un contundente hecho demográfico: el envejecimiento de la población.
El único factor que podría generar un mayor crecimiento del mercado (otra vez a tasas promedio de 4% anual o más por encima de la inflación) sería que el gobierno de Estados Unidos promoviera una radical apertura de sus fronteras a la entrada de jóvenes trabajadores extranjeros más o menos calificados.

Etiquetas: , , , , , ,

martes, 10 de junio de 2008

Obstinados en contra de la globalización

La oleada mundial en contra de la libertad de los seres humanos para comerciar, emigrar e invertir es la peor de las noticias que nos han dado los políticos en los últimos tiempos.


La historia señalará como un trágico error de los dirigentes mundiales de los inicios del siglo XXI su obstinación en poner barreras a la globalización. Esta obstinación, dictada por mezquinos cálculos políticos de corto plazo, se caracteriza por oponerse a tres libertades que son clave para un mundo mejor: la libertad de comercio, la libertad de migración y la libertad de invertir en donde mejor nos parezca.

Las alzas mundiales de los precios de los energéticos y de los alimentos, así como de otras materias primas, son el síntoma más visible del destino ruinoso al que la mayoría de los dirigentes políticos está conduciendo a la humanidad. Esta obstinación en frenar la globalización se traducirá en mayor pobreza y en la generación de más tensiones y violencia dictadas por nacionalismos aldeanos y por sentimientos de envidia y xenofobia.

A su vez, la multiplicación de los conflictos, al interior de los países y entre países, se convierte en terreno abonado para la promoción del populismo y de la demagogia que, trágicamente, sólo agravan más el deterioro mundial.

Hoy, por ejemplo, son alarmantemente precarias las probabilidades de éxito de la ronda de Doha para liberalizar, algo al menos, el comercio de productos agropecuarios en el mundo y para desmantelar, algo al menos, el entramado de mecanismos proteccionistas que representan, por ejemplo, los subsidios a minorías de productores (Estados Unidos, Unión Europea) o los impuestos que castigan la productividad y promueven el hambre (Argentina).

Por no hablar del sostenimiento de subsidios irracionales que promueven el dispendio de recursos escasos, sólo porque nadie, de quienes podrían corregir ese absurdo, quiere pagar el costo político que conlleva actuar con responsabilidad.

Los grandes perdedores serán los pobres del planeta, sacrificados en el falso altar de las ganancias electorales.

Esta tragedia mundial podría ser evitada por líderes políticos verdaderamente visionarios que la convertirían en oportunidad única para la prosperidad global. Pero no hay tales líderes en el horizonte. Sólo expertos en maquillaje. Y en la fabricación de chivos expiatorios que permitan a los políticos llegar a las próximas elecciones con algo de popularidad.

La factura a pagar será terrible.

Etiquetas: , , , , , ,

martes, 9 de octubre de 2007

Hillary: el pragmatismo podría funcionar

La débil esperanza es que, así sea por pragmatismo y por la prudente asesoría de economistas competentes, Hillary como presidenta ayudase a que pierda terreno el populismo ramplón que hoy seduce a muchos estadounidenses y que les lleva a oponerse al libre comercio y a la libre migración.

Si uno revisa el historial de los votos de Hillary Clinton en el Senado en asuntos cruciales como finanzas públicas, libre comercio, libre migración, derechos civiles, seguridad nacional y política exterior la mejor conclusión que obtiene es que la senadora Clinton ha votado siempre a favor de…Hillary Clinton y lo que pueda favorecer su carrera política.

Un día (septiembre de 2006) vota a favor de la construcción de un muro en la frontera con México – porque hacia allá soplan los vientos de las encuestas- y meses después (junio de 2007) vota en contra de la propuesta chauvinista de proclamar al Inglés como la única lengua oficial del gobierno de los Estados Unidos, tal vez porque "eso" – prohibir el uso de otras lenguas en todo el gobierno – ya sería "demasiado".

Lo mismo sucede en asuntos de libre comercio, déficit fiscal y demás. La senadora Clinton no quiere disgustar a ningún grupo relevante de electores y apuesta siempre por lo que se considera "políticamente correcto". No es feminista recalcitrante, sino moderada. No es una campeona del libre comercio, sino tibia defensora del mismo (votó a favor del tratado de libre comercio con Chile en julio de 2003, pero en contra del tratado de libre comercio con América Central en octubre de 2005), no detesta a los inmigrantes y los culpa de todos los males, pero tampoco es una defensora a ultranza de la libre migración.

La única convicción inamovible que se le conoce es que es cien por ciento Pro-Hillary.

Por decepcionante que resulte, este pragmatismo podría resultar relativamente bueno, ante el ominoso renacimiento del proteccionismo comercial (dos tercios de los electores republicanos creen que el libre comercio es dañino para Estados Unidos) y de los prejuicios contra la libre migración que están creciendo en ese país. Una no- fanática en la Presidencia, buscando la reelección, puede atemperar el fanatismo que pulula en el ambiente. Ojalá. Por lo pronto sus asesores económicos son competentes y experimentados.

Yo preferiría mil veces al senador por Arizona, republicano, John McCain…, pero sus probabilidades son pocas.

Etiquetas: , , , , , , , ,