domingo, 30 de diciembre de 2007

2008 será un buen año para la economía…

Y será un mal año para los que le apuestan al desastre. Conforme se hacen más sombríos los pronósticos de los "especialistas" acerca del futuro de la economía tengo más razones para prever que 2008 será un buen año para la economía de México y del mundo.


Llevo varios días esperando en vano que alguien me explique porqué el PIB de Estados Unidos creció 4.9% anual en el tercer trimestre de 2007. ¿Acaso no estamos, como han dicho multitud de pronosticadores y "especialistas", en el umbral de una severa desaceleración económica en Estados Unidos, tal vez en las vísperas de una recesión?, ¿esa tasa de crecimiento notablemente alta es, acaso, el canto del cisne antes de fallecer?

Por supuesto, el problema de las hipotecas "subprime" es grave para las instituciones financieras cuyos fondos especiales – "hedge funds"- están repletos de esos valores, pero ¿acaso no es buena noticia que los precios de la vivienda en Estados Unidos empiecen a bajar y se desinfle la burbuja de los valores inmobiliarios?

El punto es que no hay evidencias de que la crisis hipotecaria en Estados Unidos esté afectando al sector de las manufacturas, lo cual significa que la locomotora sigue caminando…y seguirá "jalando" a la industria manufacturera mexicana orientada a la exportación. Al mismo tiempo un dólar relativamente barato incidirá favorablemente en la formación de capital fijo en México.

Otro asunto del que echan mano los pesimistas: La apertura comercial total del sector agrícola – maíz, frijol, azúcar, entre otros alimentos- de México a partir de 2008, en el marco del TLCAN, "nos pescará desprevenidos", "acabará por matar al campo mexicano". ¿De veras?, ¿desprevenidos cuando lo sabíamos con 15 años de anticipación?, ¿acabará con el campo cuando vivimos un ciclo alcista en los precios de los alimentos en el mundo?

O el dragón chino matando empresas y empleos en México. ¿No se les ha ocurrido calcular la magnitud de beneficios que recibimos y seguiremos recibiendo los consumidores mexicanos gracias al libre comercio con China? O que la reforma fiscal desalentará la inversión, ¿cuando precisamente el IETU es el más formidable incentivo fiscal para la inversión productiva que hemos tenido en México en los últimos 40 años? ¡Por favor!

Será un buen año, pero hay una receta infalible para no aprovechar las oportunidades: Instalarse en la cómoda prédica del pesimismo.

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jueves, 1 de noviembre de 2007

Supersticiones irrefutables

Una vez que han sido promulgadas – como si fuesen revelación divina-, algunas modernas supersticiones resultan tan irracionales como irrefutables.

Escuché por la radio decir a un conocido juez y profeta instantáneo que ya está “demostrado científicamente” que un trágico accidente en una plataforma petrolera – que cobró varias vidas- se debió al calentamiento global. Este visionario, tal vez usted lo haya escuchado, se caracteriza porque maniáticamente repite las palabras como si su auditorio fuese sordo o distraído.

Ha nacido, pues, una nueva causa última que lo explica todo: El calentamiento global.

Después de escuchar este monótono evangelio – y ¡ay de aquél que dude! porque será tachado de “negacionista” (sic)- leí en un periódico de inconfundible e incorregible sintaxis que: “Impacta el IETU el bienestar”. Vamos mejorando, se trata de una superstición más compleja. La fuente original de esta otra profecía es un comunicado del banco central que dice: “Existen riesgos adicionales para la inflación (sic). En particular, es previsible que algunas empresas intenten trasladar al consumidor el costo asociado a la elevación de la carga fiscal”. Además de que en buen castellano debería decirse que ése es un posible riesgo para la estabilidad de precios, NO para la inflación, la conjetura – que el diario convirtió en superstición dogmática- es poco probable, toda vez que la competencia en la mayoría de los mercados de los bienes comerciables impediría que el presunto intento tuviese éxito.
Pero eso no importa, porque estamos en el reino de las supersticiones irrefutables. Bertrand Russell en su ensayo “Un perfil de la basura intelectual” (An Outline of Intellectual Rubbish) escribió:

“Admiro especialmente a cierta profetisa que vivió a orillas de un lago al norte del estado de Nueva York en 1820. Anunció a sus numerosos seguidores que ella poseía el poder de caminar sobre las aguas y propuso que lo haría a las 11 horas de cierto día. Llegado el momento se reunieron miles de fervorosos seguidores alrededor del lago y ella les preguntó: ‘¿Están completamente convencidos de que puedo caminar sobre las aguas?’ A una sola voz la multitud replicó: ‘Lo estamos’. Entonces ella anunció: ‘En tal caso, no es necesario que lo haga’. Y todos ellos volvieron a sus hogares muy edificados”.

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domingo, 16 de septiembre de 2007

Consecuencias políticas de una reforma

La reforma fiscal aprobada el viernes aporta un gran capital político al gobierno federal; no sólo se rompió el tabú de que las reformas resultan inviables con un Congreso sin mayoría absoluta, sino que en el proceso se fortaleció una alianza que habrá de resultar clave para el futuro entre el Presidente y los gobernadores.

La reforma fiscal aprobada el viernes fue un gran logro para el gobierno del Presidente Felipe Calderón, del que salió con un capital político mucho mayor al invertido en el proceso.

Trataré de resumir las razones que en lo personal – subrayo: en lo personal- me permiten afirmar lo anterior:

1. La reforma salió, al final de un proceso intenso de casi tres meses, en términos muy semejantes a los originales: El impuesto a tasa única para las empresas, como gravamen de control, sobrevivió; se fortaleció el federalismo fiscal con nuevas fórmulas de reparto, con nuevos mecanismos para la rendición de cuentas y con más recursos para las entidades federativas y los municipios; se introdujeron, sin que se hiciera mayor ruido, propuestas efectivas para mejorar la calidad del gasto y vincularlo a resultados verificables para la sociedad y, no menos importante, se avanzó en la mejoría de la administración tributaria, al tiempo que el gobierno federal quedó comprometido a incrementar la eficacia recaudatoria por el camino correcto: la simplificación.

2. A diferencia de la controvertida reforma electoral, la fiscal fue ampliamente discutida y nadie puede, sin faltar a la verdad, decirse sorprendido por ella. Esto significa que sí contamos, como país, con el andamiaje institucional y con la capacidad negociadora para lograr acuerdos.

3. Un factor clave fue el apoyo, implícito o manifiesto, de casi todas las entidades federativas. La única excepción notoria – el gobierno del Distrito Federal- manifestó una oposición más retórica que efectiva y más políticamente simulada que real. Por lo pronto, y a pesar de todo, el Distrito Federal es uno de los grandes beneficiarios.

4. Desde el punto de vista político, se ha roto el tabú de que las reformas son imposibles y el gobierno federal, junto con los gobiernos de los estados y buena parte del Congreso, han establecido una muestra de racionalidad y de realismo político. Ese capital es de todo el país. Ojalá lo aprovechemos responsablemente.

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