martes, 17 de junio de 2008

La libertad de elegir NO viola la Constitución

Menos mal que no estalló el petardo de la presunta inconstitucionalidad de la reforma al sistema de pensiones del ISSSTE. Si la mayoría de los ministros hubiesen avalado ese alegato significaría que cualquier cambio que amplíe nuestra libertad de elegir ¡viola la Constitución!

La reforma al sistema de pensiones aplicable a los trabajadores del gobierno federal (ISSSTE) amplió el abanico de opciones de los beneficiarios para decidir acerca de su retiro, combinando variables como: edad, tiempo de trabajar en el servicio público (monetizado, si se desea, en un bono de reconocimiento) y los libérrimos deseos de cada cual de hacer con sus ahorros lo que le plazca y de invertirlos en donde le plazca.

Decir que ampliar el abanico de opciones para elegir atenta contra “derechos adquiridos” y, por lo tanto, atenta contra la Constitución es tanto como decir que ser más libres es inconstitucional. Si así fuese, que afortunadamente no es así, habría que desechar la Constitución. La libertad de elegir sobre lo que nos pertenece es un valor superior a cualquier ley, incluida la Constitución.

Lo triste del asunto es que haya ministros de la corte – al menos dos- que hayan estado dispuestos a esgrimir el espantajo de la inconstitucionalidad en contra de la libertad. Y aún más triste fue el descuido (deliberado o involuntario) con el que la mayoría de los medios de comunicación se refocilaron en la ocurrencia-petardo de la inconstitucionalidad, dejando de lado el dictamen exhaustivo y específico que presentó la ministra Margarita Luna Ramos en el que queda clara la improcedencia de los amparos-petardos que promovieron los propagandistas de la izquierda reaccionaria que padecemos, en la mayor parte de los casos engañando vilmente a los trabajadores.

A tiempo, y sin ceder a la moda del conservadurismo izquierdista que padecemos por todos lados, el ministro Mariano Azuela definió la inconsistencia del alegato: “El problema de la retroactividad queda superado, desde el momento en que a nadie se le está obligando a cambiar de sistema”.

Dicho en forma que hasta un retro-izquierdista debería entender: “Antes había de una sola sopa; ahora hay dos o más. ¿Tiene lógica ampararse contra la propia libertad de elegir?, ¿hay que protestar exigiendo que nos regresen las cadenas que nos ataban?”

Referencias en SCJN, ponencias del Pleno 17 y 18 junio 2008.

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viernes, 12 de octubre de 2007

¿De veras "hay que salvar al IMSS"?

Un bonito ejemplo del mito del "Estado de Bienestar".

Cualquier joven mexicano medianamente informado que se incorpora al mundo laboral ¿qué preferiría si le dieran a elegir?:

A. Las tradicionales "prestaciones sociales": Seguro Social, ahorro forzoso para vivienda y para el retiro.

B. Integrar en el salario neto – pagando los impuestos correspondientes- cualquier prestación, es decir "monetizarlas" para que sea él mismo quien decida en qué emplear esos recursos.

Sospecho que la mayoría de los jóvenes, puestos a elegir, optarían por la segunda. Yo lo haría, si se pudiese elegir, porque maximiza la libertad personal y su concomitante responsabilidad y no hace depender mi bienestar presente y futuro del buen o mal criterio de elección de alguien más, sino de mis decisiones, de mis actos y de mis omisiones.

Todo esto, lo entiendo, va en contra de la sabiduría convencional (el Estado niñera) y de lo que a diario leemos, oímos y vemos en los medios de comunicación. Tomemos el ejemplo más cercano y actual: Un gran "tema" en los medios es la negociación anual del contrato colectivo entre los líderes del sindicato del Seguro Social y las autoridades de ese Instituto (IMSS). Todo mundo sabe, aunque los líderes sindicales vociferen lo contrario con singular violencia verbal, que el IMSS está quebrado (basta comparar lo que necesitaría para cumplir satisfactoriamente con todos sus afiliados y sus recursos financieros propios) en buena medida por las exorbitantes prestaciones que reciben los trabajadores sindicalizados del mismo instituto. La situación es insostenible pero los líderes sindicales siguen estirando la cuerda.

Así las cosas, si usted fuese un joven que apenas ingresa al mundo laboral, ¿le haría gracia que le descontaran de los ingresos que merece por su trabajo un porcentaje para seguir manteniendo con vida a un instituto quebrado en el que lo importante son los empleados del instituto y no los clientes, como usted, que son los que pagan?, ¿no preferiría que le monetizaran esas cuotas y destinarlas a comprar, o no, que cada cual decida, un seguro de gastos médicos mayores elegido entre una variedad de opciones?

Pero esto no hay que decirlo. Es incorrecto porque "salvar al IMSS" es una "prioridad nacional". Otro caso más en el que las grandiosas "prioridades nacionales" nada tienen que ver con la vida real de la gente de carne y hueso.

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martes, 18 de septiembre de 2007

Un nuevo embuste de Ebrard

Sólo para empezar: El seguro de desempleo que prometió el lunes Marcelo Ebrard no es tal, ya que un seguro se financia con las aportaciones de los asegurados no con recursos de los contribuyentes o con deuda. Y para seguir: No se puede financiar ese señuelo para incautos con recursos inexistentes; los ahorros financieros no son ingresos nuevos, sino menores costos más o menos hipotéticos.

Cuatro de diez periódicos editados en la capital del país consideraron como la noticia más importante, en sus ediciones de ayer, el anuncio que hizo Marcelo Ebrard de un presunto seguro de desempleo en la ciudad de México.

Que un embuste de tal magnitud merezca tanta atención de los medios resulta significativo. ¿Por qué se trata de un embuste?

Por varias razones: 1. Lo que prometió Ebrard en forma alguna es un seguro, sino, en el mejor de los casos una nueva ayuda monetaria a fondo perdido, como las que ya se otorgan a los ancianos y a otros grupos en la ciudad de México. Un seguro de desempleo se financia con las cuotas de los asegurados, no es una donación graciosa de dinero público. En este sentido Ebrard repite la falacia de su nefasto antecesor, quien llamaba “pensiones” a las ayudas monetarias a los ancianos (una pensión es resultado del ahorro que el trabajador realizó a lo largo de su vida laboral).

2. Es mentira decir que dicha ayuda se financiará con los ahorros de la reestructuración de la deuda del gobierno del Distrito Federal, porque tales ahorros serán, en el mejor de los casos, disminuciones en los costos financieros, pero no recursos nuevos. El ahorro financiero podrá liberar recursos de otras fuentes pero no es un ingreso que se sume a los existentes. Ebrard debe explicar de cuál de tres fuentes posibles saldrán los recursos: ¿Ingresos propios?, ¿participaciones y aportaciones federales?, ¿nueva deuda?

3. Es idiota, en cualquier caso, financiar un gasto corriente perpetuo – una vez que se instaura resulta políticamente imposible cancelarlo- y a fondo perdido, con ahorros de una sola vez, no recurrentes.

Lo cierto es que este señuelo populista se convertirá en otra debilidad de las muchas que ya padecen las finanzas del gobierno capitalino, las cuales comentaré mañana.

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jueves, 29 de marzo de 2007

¡Ay, Dios!, ¡cuánto teólogo!

Aunque “creer” es más barato que “saber” no necesariamente es un buen negocio, sobre todo cuando los datos – frías cifras, tercos hechos – que nos permitirían saber – y no disfrazar nuestra ignorancia con el ropaje del dogma- están a la mano, disponibles para quien tenga tiempo de buscarlos.

No había caído en la cuenta. El artículo de ayer de Bruno Donatello en El Economista me ha abierto los ojos: Gran parte del problema de nuestros desgarradores desencuentros públicos radica en que hay demasiados teólogos – o émulos de teólogos, para ser exactos- profiriendo dogmas acerca de materias humanas, que no requieren una teología dogmática para ser creídas, sino de un examen, objetivo e informado, para ser sabidas.
La Santísima Trinidad es un dogma de la Fe católica que, por su contenido, excede la capacidad de cualquier ser humano para ser descifrado, pero es absurdo que pulule tanto dogma de fe en materias tan pedestres como a cuánto asciende el pasivo laboral del ISSSTE o qué se hizo con los excedentes presupuestales – petroleros o no- en el pasado inmediato.
En ambos casos – el de las pensiones y el de los excedentes- no estamos ante materias de fe (lo que se cree por autoridad divina dado que no se puede descifrar) sino ante datos fríos, hechos tercos, información documentada y, por fortuna, pública. Sin embargo, gran parte de lo que se dice sobre estos asuntos se nos ofrece en envoltura de teología dogmática, decretando de antemano que “o se cree o no se cree, punto”.
Me sorprende que de nueva cuenta se propale el dogma de que “no se sabe” en qué se gastaron los excedentes fiscales – petroleros y no petroleros- generados en el pasado inmediato, cuando tal información, minuciosa, ha sido difundida profusamente. Sin ir más lejos, e incurriendo en la vanidad, sugiero a esos teólogos dogmáticos leer mi artículo del pasado 14 de marzo: Mitos acerca del gasto público en 2006 (parte III). Mejor todavía, pueden consultar todo lo que querían saber – pero temían preguntar- en el Informe sobre la Situación Económica, las Finanzas Públicas y la Deuda Pública del cuarto trimestre de 2006 difundido por la Secretaría de Hacienda (en la página 29, por ejemplo, hay un didáctico cuadro sobre el origen y aplicación de tales recursos, muy útil para teólogos apresurados).

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Nabokov, protestas forzadas y un gran fastidio

Sospecho, al verlos y oírlos, que los actores de la protesta no saben muy bien su papel; los oradores gritan su mezcolanza de lugares comunes pero no entusiasman al auditorio desperdigado en la plaza.

Vladimir Nabokov interrumpe la deliciosa narración de los recuerdos de su infancia y advierte tajante:
“Este párrafo no es para lector en general, sino para el idiota en particular que, porque ha perdido su fortuna en alguna quiebra, cree comprenderme.
“Mi antigua (desde 1917) querella con la dictadura soviética no tiene relación alguna con asuntos de propiedad. Mi desprecio para el émigré que ‘odia a los rojos’ porque le ‘robaron’ su dinero y sus tierras no puede ser más absoluto. La nostalgia que he estado acariciando durante todos estos años no es dolor por los billetes de banco perdidos sino una hipertrofiada conciencia de infancia perdida”.

Cierro el libro. En la mesa de junto, una gorda de mediana edad, sudorosa, acomoda su inmenso trasero en la silla, se asoma hacia la plaza y diagnostica: “Ya empiezan a concentrarse”. Su compañera, sin esa vulgaridad ostentosa de la gorda, asiente. Ordenan su comida. La gorda decide: “Vamos al baño”. Se levantan y la gorda intercepta a una mesera preguntándole por “los sanitarios”. Le indica que están en el primer piso, arriba. La gorda grita para que todos nos enteremos: “Entonces voy a comer con las manos sucias, tengo (sic) una cirugía de rodilla y no puedo subir escaleras”. Sonriente, la mesera le dice: “Hay elevador”. Asunto arreglado: La gorda sí se lavará las manos. Suspiro aliviado por este pequeño triunfo de la higiene.
Conjeturo que el par de mujeres forman parte de la avanzadilla de la protesta convocada esta tarde calurosa para enumerar una tupida agenda de agravios (de acuerdo con las mantas), que si las pensiones, que si el campo, que si el presupuesto para la educación, que si la presunta privatización de no se qué maravillas…
Pago la cuenta, tomo mi libro de Nabokov – “Habla, memoria”- y un rato después cruzo la plaza en la que todavía parece haber más mantas que gente. Un orador se desgañita. Un puñado le hace caso. Los demás remolonean o ensayan el milenario juego mexicano de los golpes fingidos, las pullas y las anfibologías de connotación sexual (“albures”) para pasar el rato.

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martes, 20 de marzo de 2007

Lección dos: ¿Qué hay en la caja?

Amiguitas y amiguitos: Una iniciativa de ley es como una caja de regalo. Si quieren, pueden jugar a imaginar lo que hay dentro (monstruos, fantasmas, dulces, juguetes, flores, bichos), pero si quieren opinar sobre esa iniciativa de ley, ¡no gasten su imaginación!, ¡abran la caja y vean lo que hay dentro!, ¡infórmense antes, para no decir tonterías!

El lunes ya había terminado de escribir mi artículo cuando un buen amigo me informó de la sorprendente “razón” que ha dado el señor Andrés M. López para oponerse a que se reformen las pensiones del ISSSTE.

Dice el señor López que la reforma pretende “quitarle el dinero al Estado para dárselo a los bancos”. ¡Guau! He aquí un trabajo para el perrito Blue y sus pistas (Blue’s Clues). Se trata de un juego que se llama “Qué hay en la caja".

Resumo: Steve envió una gran caja de regalo; todos – Slippery, Periwinkle, Tickety y Blue- se preguntan qué hay dentro de la caja. Y cada cual, por turno, cierra sus ojos y canta: “First, I close my eyes and dream it, then I swirl around and feel it, then I open my eyes and I can see it there”. Ejemplo: Periwinkle imagina que la caja está llena de personajes fantásticos, como dragones y duendes. El chiste es estimular la imaginación de los niños.

Andrés imagina que dentro de la caja hay monstruos malvados, pero ¡sorpresa!, cuando se abre la caja vemos que: 1. No se trata de dinero del Estado, sino del dinero de los trabajadores, de sus ahorros para su retiro y 2. No hay ni el menor rastro de bancos, sino de una entidad pública – manejada por el gobierno- que se llamaría “PensionISSSTE” que administraría las cuentas individuales propiedad de cada trabajador.

Andrés tiene una febril imaginación pero poco sentido práctico: ¡Para ver lo que hay dentro de la caja, hay que abrir la caja! Expliquémosle cómo; Hay que leer la iniciativa, auxiliarse, para su comprensión, de un adulto competente; mostrar al educando que la caja no contiene monstruos (¡que lo vea con sus propios ojos!) y pedirle al final, en “sus propias palabras”, un pequeño resumen para ver si entendió.

El modesto objetivo de esta lección es enseñar al alumno a distinguir entre la fantasía y la realidad.

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lunes, 19 de marzo de 2007

La izquierda mexicana: Puentes al abismo

Entre otras cosas que le fallan a la “izquierda” en México, está la ingeniería. Los improvisados y peligrosísimos puentes para peatones en la capital del país – residuos de un desgobierno enfrascado en la conquista del poder absoluto- simbolizan tal extravío.

No me queda claro por qué, pero se ha dicho que México necesita de una izquierda moderna. Vale. Aunque sería bueno saber de dónde surge tal necesidad y qué se entiende por “moderna”. De lo que no cabe duda es que a México le estorba mucho una izquierda como la que tenemos, agrupada bajo la presuntuosa denominación “Frente Amplio Progresista” aunque de hecho actúe como un “Frente Estrecho y Retardatario”.

En estos días tal izquierda ha dado muestras variadas de su incapacidad para construir – o hacer que le construyan- puentes confiables. No sólo se trata de la grave caída de dos de las muchas personas que se ven precisadas a usar los puentes que se improvisaron para los peatones, a causa del dispendioso adefesio de concreto que el señor López se mandó fabricar. No. Se trata de una incapacidad insalvable del PRD y de sus oportunistas apéndices para “llegar al otro lado”.

¿Por qué cruzó el peatón el puente? La respuesta del maestro Pero Grullo: Para llegar al otro lado. Para eso se hacen los puentes. Para el PRD “llegar al otro lado” – digamos llegar a ser esa encarecida izquierda moderna de la que tanto se habla- se ha vuelto una tarea imposible.

Tómese, por ejemplo, el visceral rechazo a la propuesta de reformas al sistema de pensiones del ISSSTE. ¿Cuál es la alternativa que ofrece el PRD ya que se opone a sumarse a la construcción de ese puente para salvar al ISSSTE, salvar las pensiones de los burócratas y salvar a las finanzas públicas?

No se sabe. Pero sólo podría haber dos opciones en lugar de la que hoy un frente amplio de partidos – esos sí- propone: 1. No hacer nada, dejar que el ISSSTE reviente y terminar de una vez con todas con cualquier “seguridad social” – la opción más “derechista” que se pueda imaginar- o: 2. Desatar deliberadamente una hiperinflación que licué las deudas y convierta las pensiones de los burócratas, y los salarios de todos, en nada; pero eso sí: amortice aceleradamente los pasivos del gobierno.

¿Cuál de esos dos puentes al abismo nos propone el “Frente Amplio Progresista”?

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