domingo, 7 de febrero de 2010

La responsabilidad fiscal sí paga...y paga bien

¿Por qué se han ensombrecido en los últimos días las perspectivas de una recuperación económica mundial, en especial en Europa? Por algo que, desde el inicio de la crisis, era previsible: La desastrosa situación fiscal de los países de la "Europa periférica" (persiste en esa denominación, desempolvada en estos días, un dejo de desprecio y arrogancia, aquella vieja conseja de que la auténtica Europa "comienza en los Pirineos"), el conjunto de los "PIIGS" (en inglés: Portugal, Italy, Ireland, Greece, Spain). Ya vemos que no sólo existen los "BRIC" (Brasil, Rusia, India, China).

La preocupación acerca del futuro económico de esos países, en especial de Grecia y de España, está más que justificada. Basta ver sus balances fiscales, sus cifras de desempleo, la persistente caída de sus indicadores de producción. El riesgo para los mercados se llama insolvencia. Con algo de exageración podríamos decir que tales países, hace unos años orgullosos nuevos miembros de la Unión Europea, se han "agentinizado" a paso veloz, teniendo como telón de fondo la crisis global. Claro que los déficit fiscales de Estados Unidos y de la Gran Bretaña también son impresentables, pero nadie en los mercados pensaría que esas dos grandes naciones incurrirían en la insolvencia (no sólo cuenta el tamaño, también cuenta la reputación histórica y la hegemonía monetaria en el caso de Estados Unidos).

En este contexto, México y su gobierno federal deberían estar presumiendo, con razón y orgullo, que la responsabilidad fiscal sostenida contra viento y marea en medio de las solicitaciones de la crisis (¿ya se nos olvidaron todas las voces que exigían un mayor déficit fiscal porque esa era la receta indicada para combatir la recesión?, ¿ya se nos olvidaron las jactanciosas criticas de que era un disparate proponer reformas tributarias en medio de la crisis?), ha dado excelentes resultados: La recuperación económica no parece estar en riesgo en México - aun cuando dependa tanto de la demanda por productos manufactureros en Estados Unidos- y eso lo están sancionando los mercados: El "riesgo país" de los muy endeudados se dispara francamente, como les ha sucedido a Grecia y España, mientras que las perspectivas para México son promisorias.

Todo esto está muy bien y lo saben quienes lo deben de saber. Lo que me intriga es por qué, cuando hay un auténtico logro para presumir y defender, el gobierno federal tiende a quedarse callado o a esconder la cabeza. Lo digo porque la semana que acaba de terminar, y para no perder la costumbre, algunos medios de comunicación (específicamente el periódico "Reforma"), algunos comentaristas despistados y hasta uno que otro legislador del PRI acusaron al gobierno federal de haber "mentido" o "exagerado" acerca de la magnitud del golpe fiscal (caída de los ingresos públicos) que tuvo que enfrentarse en 2009. El argumento, si puede llamársele así, es tan torpe como perverso: "Si había un boquete tan grande, preguntan, ¿por qué no cerramos el año de 2009 con un gran déficit fiscal? ". Es decir: Ahora resulta que es "malo" que no estemos tan mal como los tristemente famosos países PIIGS. Y también fue malo que, de manera previsora, el gobierno contase con fondos contingentes que le permitieron subsanar el golpe fiscal.

Los números son contundentes.

En la columna de la reducción de ingresos deben anotarse:
Disminución de ingresos petroleros: 143,129 millones de pesos
Disminución en la recaudación tributaria no petrolera: 136,202 millones de pesos
Disminución de ingresos de entidades públicas sujetas a control presupuestal: 24,540 millones de pesos

Lo que da un total de 303,871 millones de pesos.

Que se compensaron oportunamente con:

Remanente de operación de Banco de México entregado al gobierno federal: 95,000 millones de pesos
Recursos de fondos de estabilización (¡para eso son!): 82,927 millones de pesos
Coberturas del precio del petróleo (contratadas ¡oportuna e inteligentemente! en 2008): 64,404 millones de pesos
Excedentes de dependencias federales (algunos productos de recortes al gasto): 21,035 millones de pesos
Fondos de inversión de dependencias: 16,191
Otros (también algunos recortes de gastos): 24,313

Lo que da un total de: 303, 870 millones de pesos.

Si esto no es para presumirlo, o al menos para defenderlo, como ejemplo de un buen manejo fiscal en tiempos extremadamente difíciles, me pregunto qué sí lo es.

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sábado, 31 de octubre de 2009

No fue tersa, pero funcionó

Este país está cambiando. Para bien.
Los poderosos, los muy poderosos, los que parecían invencibles, también pueden ser derrotados.
Se que, para muchos, frases como las anteriores se considerarán una ingenuidad o, peor todavía, una cínica provocación. No son ni candor, ni sarcasmo. Dan cuenta de cómo funcionó ayer, de forma a veces ríspida y a veces titubeante, ese arreglo institucional que llamamos Senado de la República. Funcionó bien.
Quien se haya tomado la molestia de ver y escuchar la larga sesión de ayer, que culminó con la aprobación de la ley de ingresos de la Federación para 2010 y todos sus apéndices, habrá extraído muchas enseñanzas, la principal de las cuales es:
El proceso fue tortuoso, desesperante en más de una ocasión, pero arrojó resultados mucho mejores de los que la mayoría de los observadores habían pronosticado.
Por hoy sólo una conclusión al vuelo:
Al menos dos actores en esta discusión sobrestimaron su propia fuerza, calcularon mal y vieron convertidos sus desplantes de arrogancia en calladas derrotas, no por silenciosas menos contundentes. ¿Quiénes son esos dos actores?
El primero es Manlio Fabio Beltrones, quien ejerce como líder de los senadores del PRI. La estratagema de obligar al Ejecutivo a casi suplicar la colaboración de los senadores del PRI para sacar adelante lo sustancial del proyecto (que ya había sido aprobado por el PRI y el PAN en la Cámara de Diputados), y después, a la hora de la verdad, optar por una bochornosa abstención (digamos: pretender eludir los costos, pero lograr que se aprobasen mayores recursos fiscales de los cuales se beneficiará en especial su partido) falló por completo. Esos recursos les van a costar muy caro.
No ganó Beltrones ni el aplauso popular, ni la etiqueta de liderazgo responsable, ni la de político confiable y ni siquiera cumplió con eficacia la tarea de dispensar, desde la tarea legislativa, favores previamente prometidos: A la postre, la adición en la Ley Federal de Derechos del artículo 244-E que exentaba del pago al Estado de la contraprestación debida por el uso de espectro para nuevos actores en la telefonía celular por dos y hasta por tres años, fue desechada.
El segundo derrotado que sobrestimó su propia fuerza, sobre la clase política y sobre la opinión pública, fue el de los intereses de los grandes magnates de este país. Decidieron apostarle todo a sus "enchufes" en el poder legislativo (especialmente, en el Senado pero no sólo ahí, y notoriamente en el PRI y en el PVEM, pero no sólo en esos dos partidos) y a su capacidad para generar "ruido" (distorsiones) a través de los medios, rompieron lanzas en contra del Ejecutivo al que regatearon su colaboración y perdieron: El acotamiento a la consolidación fiscal fue ratificado por el Senado, si bien se suavizaron sus efectos en el tiempo.
El debate en el Senado acerca de la consolidación fiscal fue interesante, intenso y muy revelador de quién es quién a despecho del partido al que pertenezca.
La derrota de los grupos que, por razones obvias, se oponían a este acotamiento de la consolidación fiscal parece demostrar que: Uno, tener la hegemonía de la opinión publicada y de los medios de comunicación tradicionales ya no basta para doblegar a la clase política (la opinión pública no es necesariamente la opinión publicada y patrocinada, y eso lo están aprendiendo los políticos); dos, este país ya tiene una clase empresarial mucho más amplia, diversa, plural e informada de lo que tenía hace 30 años; los presuntos "representantes" empresariales - por ejemplo, CCE - han perdido autoridad moral, además de que muestran una lamentable pobreza intelectual y argumentativa, porque actúan como empleados de un puñado de magnates y no como auténticos voceros del amplísimo y variado conjunto de los emprendedores en México.
La democracia no fue tersa, no fue idílica, mucho menos fue angelical. Pero funcionó. Así pasa en casi todo el mundo. Bienvenidos a la normalidad democrática.

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sábado, 10 de octubre de 2009

¿Una nueva celada del PRI?

Espero equivocarme, pero empieza a configurarse en el horizonte inmediato una nueva celada del "nacionalismo revolucionario" - léase el PRI experto en el doblez - cuyo saldo final sería: Un mayor déficit fiscal, con todos los dardos envenenados que eso encierra: inflación, mayores limitaciones objetivas para una recuperación económica, precios mentirosos, desempleo creciente, desaliento a la inversión productiva, tasas de interés presionadas al alza, crédito inaccesible para la sociedad y para las actividades del sector privado e incentivos al gasto público dispendioso.

La celada parece estar tan bien dispuesta que, en lo inmediato, una mayoría de las víctimas del asalto agradecerán a los salteadores de caminos que los hayan salvado de "pagar más impuestos". Curiosa maniobra por la cual los despojados besarán las manos de quienes les han desposeído. Como integrantes del coro, en este remedo de tragedia clásica, tendremos a los "valientes líderes de opinión" - en realidad, tontos útiles- que se congratularán de haber detenido el "odioso" intento del Poder Ejecutivo que no sólo quería cobrarnos más impuestos, sino que había propuesto - contra la opinión de sesudos expertos y hasta de dos o tres premios Nobel que visitaron estos andurriales- un presupuesto restrictivo, limitado, en lugar de "estimulante", "generoso", "audaz". Felicidades.

El verdadero PRI, el de siempre, asomó la cabeza. Bastó con que el PAN propusiese recortar a la mitad el gasto de los partidos políticos y del IFE para que el PRI respondiese indignado: "'¡Demagogia!, ¡populismo!, a ver, ¿por qué no lo propusieron antes cuando tenían más legisladores?". Curiosa y reveladora respuesta porque, entiendo, no era ésa la pregunta (no les preguntamos si les parece admirable y digna de elogio la propuesta del PAN, sino ¿qué harán ustedes?, ¿secundarán la moción y están dispuestos a recortarse por la mitad el propio presupuesto?). Desde luego, la respuesta es un rotundo NO, pero es una respuesta sibilina, encaminada a distraer el juicio ajeno sobre las propias acciones, recurso inmemorial del defraudador contumaz.

Comparsa digno de lástima, excrecencia surgida del tumor original (anomalía bastarda de la anomalía primera), el PRD hace segunda al "argumento" del PRI: "Ni un peso menos para nosotros, pero ni un peso más de impuestos".

La fórmula no deja lugar a dudas. La aritmética es inflexible. Tienes a la mano tres instrumentos únicos para cuadrar las cuentas públicas del próximo año: reducir el gasto, aumentar la recaudación, incrementar la deuda. Puedes hacer distintas combinaciones. La propuesta del Poder Ejecutivo Federal fue, contraria a la lógica de quien quiere a cualquier costo ganar las elecciones de mañana, una combinación de reducción del gasto (significativa) con incrementos de impuestos (significativos también) y un poco, no más de lo indispensable, no más de lo que dicta la prudencia juiciosa, de deuda pública. No es, ¿quién lo duda?, una propuesta para ganar un concurso de popularidad, pero es una propuesta responsable.

Ahora, con la complacencia idiota (ése es el adjetivo justo) de los negociantes de siempre y sus voceros "dóciles" y prestos a doblar la cerviz ante la voz del amo, el PRI empieza a dibujar, y a vender, su famoso "plan B": Recorte al gasto solamente en los "bueyes de mi compadre" - en lo que a mí corresponde, "ni un peso menos"-, algún incremento de impuestos carente de eficiencia recaudatoria para cubrir las apariencias (y hacer más abstruso lo que de suyo es complejo, el sistema tributario en México) y deuda, más deuda, que justificaremos con la coartada de que la terrible recesión aconseja (bendito Keynes y benditos keynesianos de última función) una estrategia que vaya contra la corriente de la recesión, un gasto "estimulante" como café expreso doble "bien cargado", un gasto generoso con los hijos de la sacrosanta Revolución en pleno "centenario" de la "gesta gloriosa". ¿Que la ley, esa estorbosa y pacata ley de presupuesto y responsabilidad hacendaria, no lo permite? No se confundan, compañeros. "No se hagan bolas", interpretemos la ley en sentido amplio y sin prejuicios, no seamos mezquinos. Y si es preciso cambiemos la ley: No estamos proponiendo - dirán-, ni que fuésemos irresponsables, por favor, un déficit fiscal descontrolado; por el contrario, nuestra propuesta se ajusta al "equilibrio fiscal", pero es moderna: "Equilibrio fiscal a lo largo del ciclo", ya vendrán tiempos de abundancia, de vacas gordas y entonces, créanos, ahorraremos, gastaremos menos de lo que nos ingrese y tendremos superávit fiscales. ¿Que cuánto durará el ciclo? Nadie lo sabe, tal vez medio siglo, tal vez más. Pero, ya lo dijo Lord Keynes, "para entonces estaremos muertos".

De veras deseo equivocarme. Nada más amargo que el dudoso gusto de decir "se los dije" a las víctimas de un asalto anunciado, que, desoyendo las advertencias, corrieron presurosas al encuentro de sus victimarios.

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lunes, 21 de septiembre de 2009

La respuesta "contracíclica" en números

Crecimiento anual de la inversión (formación bruta de capital fijo) al segundo trimestre de 2009:

* Privada: menos 18.9 por ciento
* Pública: más 26.0 por ciento

Que se compone de:

* Construcción privada: menos 16.7 por ciento
* Construcción pública: más 30.9 por ciento

* Inversión privada en maquinaria y equipo: menos 21.5 por ciento
* Inversión pública en maquinaria y equipo: menos 4.9 por ciento.

Crecimiento anual del consumo al segundo trimestre de 2009:

* Consumo privado (hogares): menos 9.6 por ciento
* Consumo del gobierno: más uno por ciento.

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lunes, 1 de junio de 2009

No les importa

Lo más importante de las reformas fiscales de 2007 – porque fueron, en sentido estricto, varias reformas-, se refiere al gasto público y al federalismo fiscal, no a los impuestos. Pero eso no importa en los medios de comunicación donde (por lo visto, por lo oído y por lo leído) lo importante no es informar, sino contribuir a la falsificación de la historia.

No deja de sorprenderme que para algunos columnistas (ver aquí) ni siquiera hayan existido las reformas constitucionales que, como parte de las reformas fiscales de 2007, posibilitarán que la información acerca del gasto público que ejercen las entidades federativas – y que ya sobrepasa por mucho al gasto que directamente ejerce el gobierno federal-, sea homogénea y comparable. Sin ese primer paso será imposible que los ciudadanos fiscalicen a sus gobiernos más cercanos: el del municipio y el de la entidad federativa.

En junio de 2007, cuando se presentaron al Congreso el conjunto de propuestas de reforma, publiqué lo siguiente que pongo en cursivas:

“¿Sabía usted que quienes nacen en Oaxaca tienen una expectativa de vida diez años menor que quienes nacen en Nuevo León? Eso es desventaja y no discursos. ¿Por qué el gasto de los gobiernos no logra cerrar esa brecha? En buena medida, porque gastamos mal.
“En los próximos días casi todo mundo se volverá experto tributario en México. Se suponía que la principal demanda respecto de una reforma fiscal era que atendiera en primer lugar el problema del gasto público. Muy bien. El gobierno entrega una propuesta integral para reformar toda la Hacienda Pública y muchos de los mismos que exigían que la reforma no fuese sólo recaudatoria, lo primero que hacen es desdeñar que la propuesta empieza por proponer mecanismos serios para orientar el gasto a resultados eficaces, tangibles, verificables.
“No ganaríamos, como país, un campeonato de congruencia.”


A pesar de ese desdén político y mediático hacia todo lo que contenían las reformas que NO era tributario, sino fiscal en sentido amplio, se logró la aprobación de esos cambios para atender por fin el justo reclamo de que se gaste mejor, con mayor transparencia y con verdadera rendición de cuentas en todos los niveles de gobierno.

Eso sigue sin importarles. No sólo lo desdeñan, sino que ahora tienen el descaro de decir que eso nunca existió. Lisa y llanamente: la falsificación de la historia, sea por incompetencia (“lo que no estudié o lo que no entiendo, no existe”), sea por interés inconfesable que alimenta la consigna.

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miércoles, 3 de diciembre de 2008

Primero, restablecer los mercados

Una vez que se le haya puesto un piso a la crisis, lo más probable es que las políticas fiscal y monetaria de Estados Unidos, en el mediano y largo plazos, sean más restrictivas que en los primeros años del siglo.


Hay un poco más de claridad hoy que hace un par de semanas acerca de cómo se saldrá de la crisis en que está inmersa la economía global. Las pistas que ha dado el futuro presidente de Estados Unidos, a través de la formación de un equipo con excelentes credenciales en el frente económico, han contribuido a disipar algo de la niebla.
Sin embargo, los "osos" – mercados bursátiles a la baja – aún no desean irse a hibernar. Como indicadores de la confianza y de la certidumbre de una recuperación económica en el mediano y largo plazos, los mercados bursátiles permanecen cautelosos: aún pueden surgir cadáveres ocultos en los armarios – nuevos amagos de bancarrota en bancos y empresas emblemáticas – y existe la convicción de que no se ha puesto el "piso" definitivo al ajuste de la economía global.
El lunes la NBER (Agencia Nacional de Investigación Económica) oficializó la recesión. Por su parte, el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, admitió que aunque el poder de la herramienta monetaria típica – descensos en las tasas de interés de referencia- es cada vez más limitado, al banco central le quedan otras armas en su inventario para contribuir a un restablecimiento de los mercados, como son las provisiones directas de liquidez al sistema y la compra de bonos del Tesoro de largo plazo en cantidades sustanciales para estimular la demanda agregada.
Pero el propio Bernanke dejó claro que estas son medidas de urgencia y no la política normal o deseable para el banco central. Una vez reestablecido el funcionamiento normal de los mercados, la Reserva Federal debe retomar como objetivo prioritario la estabilidad de precios.
Algo similar sucede en el campo fiscal. Lo que permiten anticipar los nombramientos que ha hecho Barack Obama en el frente económico es que, en el mediano plazo, se dará prioridad a la búsqueda del superávit presupuestario; la política fiscal será más restrictiva que en los desordenados ocho años de George W. Bush.
Reestablecer los mercados, no sustituirlos, es la prioridad. No hay que confundir las estrategias para superar la emergencia con las políticas de cambio estructural.

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domingo, 12 de octubre de 2008

Lo que querían escuchar

“Querida familia: No cabe duda que esta crisis nos va a pegar y que nuestros ingresos se verán mermados. Por eso, vamos a gastar más”. Aplausos de la clase política que elogia con entusiasmo esta insensatez.


No sólo han sido días de tremendos sobresaltos en los mercados financieros, también han sido días para una borrachera demagógica en los medios de comunicación de la aldea. Los eternos objetores de la sensatez económica, de la ortodoxia fiscal y de la prudencia monetaria, dan por fin su beneplácito a un gobierno al que, sin razón alguna, habían calificado como “neoliberal” y afín a la libre competencia en los mercados.

De entre varios diagnósticos instantáneos de la “comentocracia” mexicana tomo uno como muestra de esta orgía de ignorancia económica y propaganda barata: El Ejecutivo “formuló un plan de acción inmediata, sorpresivo también por su contenido. Se trata de un programa explícitamente contracíclico (el propio Calderón usó la palabra, que es anatema para el credo liberal, mercadólatra, a que su gobierno estaba afiliado), es decir, que propuso aumentar el gasto público en vez de achicarlo como recomienda la ortodoxia” (Miguel Ángel Granados Chapa, hoy 12 de octubre).

Aunque Granados acierta, sorprendentemente, al calificar de heterodoxo lo que es insensato (que el gobierno proponga gastar más, cuando reconoce que sus ingresos se verán menguados), comete varios errores:

1. El gobierno de Felipe Calderón -por desgracia- no ha dado motivo alguno para que se le acuse, ayer u hoy, de haber estado afiliado al credo liberal,
2. No es novedoso el uso del adjetivo contracíclico, lo ha usado profusamente este gobierno, y en el mismo sentido que ahora, desde hace muchos meses y en multitud de ocasiones, y
3. En realidad también la ortodoxia fiscal usa el adjetivo de marras, pero en otro sentido: No hay mejor política contra cíclica que unas finanzas públicas en superávit o, al menos, en equilibrio.

En contraste, un político priísta independiente (poquísimos, pero los hay), Federico Berrueto, señaló hoy una verdad que resalta como una catedral: “…no hace mucho sentido eso de que nadie pagará costos. Quienes generan bienestar y empleo son las empresas, éstas empiezan a reducir planes y a padecer los embates de la crisis global. Una refinería o muchas carreteras o viviendas no dan para compensarlo. Los políticos viven del gobierno y eso les impide advertir, con oportunidad y precisión, lo que ocurre en el mundo real.”

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viernes, 25 de julio de 2008

"Fannie Mae" tiene algo que decirnos

Los híbridos "público-privados" en el sector financiero, como el estadounidense banco hipotecario de segundo piso "Fannie Mae", son una bomba de tiempo para los contribuyentes que, tarde o temprano, acaban pagando los costos de la confusión: ¿Una filantropía disfrazada de negocio o un negocio disfrazado de filantropía?


No es fácil entender, si uno parte del mito de que la economía de los Estados Unidos es el paradigma del capitalismo, lo que es una institución como "Fannie Mae", que hoy es objeto de un rescate multimillonario que de forma inexorable pagarán los contribuyentes.

Fundada en 1938, a instancias de ese acelerado socialista que fue Franklin D. Roosevelt, "Fannie Mae" busca que los estadounidenses de bajos ingresos puedan hacerse de una vivienda propia, mediante hipotecas amables que, "se supone", siempre podrán ser cubiertas a pesar de los avatares en los mercados financieros. Nació como una agencia gubernamental aunque más tarde, en 1968, fue transformada en un ente privado conservando, sin embargo, su objetivo filantrópico: abaratar las hipotecas.

Para ponerlo en un contexto accesible para México "Fannie Mae" es lo más parecido a un gigantesco banco de desarrollo que actúa en el mercado secundario de las hipotecas para abaratarlas y dar liquidez al mercado. Al igual que la banca de desarrollo, de la que se dice que "su negocio es no hacer negocio" sino perseguir fines altruistas, "Fannie Mae" puede ofrecer tasas y condiciones más "blandas" que las tasas y las condiciones de las instituciones de veras privadas, porque existe un aval gubernamental implícito.

Los créditos "blandos" son la expresión de una política fiscal igualmente "blanda" que, más temprano que tarde, pagan los contribuyentes.

Un aviso a tiempo: Desde hace un par de años en México el llamado déficit de intermediación financiera – que expresa la carga fiscal implícita en las operaciones de la banca de desarrollo – ha vuelto por sus fueros. Es un déficit que no salta a la vista y que no genera preocupación ya que "se supone", como se supone que sucedía con "Fannie Mae", que se trata de operaciones auto-sustentables que generarán a largo plazo los ingresos para cubrirlas, que los acreditados honrarán sus deudas y que no habrá que disponer de recursos públicos para rescatarlas.

¿Llegará un día en el que nos demos cuenta de que algunos o todos ésos "supuestos" fueron infundados?

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miércoles, 23 de julio de 2008

Temeridad y exceso de liquidez

De una manera simplista se dice que condiciones monetarias laxas, que generan un exceso de liquidez en los mercados, alimentan el optimismo. Error: No es el optimismo el que crece, sino la temeridad inconsciente y la mala asignación de recursos.


¿El exceso de liquidez disminuye la aversión al riesgo? No exactamente, el exceso de liquidez distorsiona la percepción de los riesgos. Nuestra aversión a sufrir pérdidas permanece más o menos constante a lo largo de la historia, lo que cambia con el dinero fácil – generalmente auspiciado por bancos centrales puestos al servicio de la política, o por gobiernos irresponsables- es nuestra percepción de lo que es riesgoso y de lo que no lo es. Y cambia, desde luego, para mal.

Así, nos volvemos temerarios sin saber siquiera que lo estamos siendo.

Por eso, dos condiciones imprescindibles para el ideal funcionamiento de un sistema democrático es que las políticas monetaria y fiscal sean inmunes a las solicitaciones de la política electoral. He dicho "ideal" porque salta a la vista que muy pocos países, si acaso alguno, disfrutan de instituciones monetarias y fiscales totalmente ajenas a las presiones de los políticos.

Si nos vamos al extremo contrario al "ideal" tenemos a la mano varios ejemplos de cómo gobiernos venales promueven deliberadamente percepciones distorsionadas mediante el mal uso de los recursos públicos.

Un caso particularmente indignante es el montaje que ha hecho el gobierno del Distrito Federal para satisfacer el capricho de algún aspirante a dictador con la mal llamada "consulta energética". Estas aberraciones – desperdiciar los recursos públicos para engañar a la sociedad y rendirle pleitesía a un farsante- sólo son posibles cuando la política fiscal – en este caso, el uso del presupuesto del gobierno de la ciudad de México- se ha pervertido de raíz.

Alejándonos de ese ejemplo aldeano (que sólo merece atención por el monumental cinismo de quienes ejecutan y promueven la farsa) pensemos en la multitud de percepciones distorsionadas que ocasiona la política monetaria relajada que ha llevado a cabo la Reserva Federal de Estados Unidos desde 2001. Tales percepciones falsas – esquemáticamente: "no ver el riesgo escondido tras la falsa abundancia de un exceso de liquidez"- condujeron a cientos de decisiones erróneas, temeridades inconscientes que hoy está pagando la economía mundial. Las malas políticas fiscales y monetarias tienden, así, a privatizar los beneficios y socializar los daños.

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jueves, 5 de junio de 2008

La gasolina y el régimen fiscal de Pemex

El subsidio a las gasolinas en el mercado nacional se realiza mediante un impuesto negativo – con cargo al erario – que, además, Pemex puede aplicar para disminuir su pago de otros impuestos. En 2007 Pemex recuperó por este concepto más de 26 mil 500 millones de pesos.


¿Pemex está subsidiando a los consumidores de combustibles en México? No. Quien absorbe la pérdida, cuando son menores los precios de las gasolinas y del diesel al consumidor final que los llamados precios-productor de Pemex (precio en el mercado internacional), es el erario, a través de un Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) negativo, (artículo 2º. A de la ley respectiva o LIEPS).

El subsidio no sólo no afecta las finanzas de Pemex sino que circunstancialmente las beneficia, ya que, a su vez, la fracción II del artículo 7º de la Ley de Ingresos de la Federación para el Ejercicio Fiscal 2008 (LIF) señala que cuando la tasa del IEPS sobre venta de combustibles resulte negativa, como sucede ahora y sucedió en 2007, Pemex y sus subsidiarias podrán disminuir en esa medida el monto a pagar por IEPS y, si eso no fuese suficiente, el monto a pagar por IVA e, incluso, el monto a pagar por Derecho Ordinario sobre Hidrocarburos.

Gracias a esta disposición fiscal Pemex recuperó en 2007 la cantidad de 26 mil 543 millones de pesos de impuestos como saldo a favor por IEPS negativo. Todo indica que en 2008 el beneficio fiscal para Pemex será mucho mayor que el año pasado, dados los precios actuales del petróleo y su tendencia.

Resulta curioso que ninguno de los críticos del régimen fiscal que se aplica a Pemex, y que piden fervientemente que no le cobren "tantos impuestos", haya reparado que, para efectos prácticos, Pemex ya está disfrutando de un régimen tributario tal vez mucho más generoso del que imaginaron.

Y aún más curioso es que ninguna entidad federativa – de las que hoy lamentan no contar con los excedentes petroleros que disfrutaron en otros periodos- explore la posibilidad de ejercer la facultad que les da el articulo 10-C de la Ley de Coordinación Fiscal para cobrar impuestos locales a la venta de gasolina. ¿Habrá algún gobernador, o jefe de gobierno, valiente que se anime? Lo dudo.

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lunes, 14 de abril de 2008

Déficit fiscal: Lecciones de un gran error

La velocidad a la que se deterioró el balance fiscal de los Estados Unidos, y la magnitud del daño, apenas George W. Bush inició su primer periodo, nos recuerdan que ante la afición de los políticos a derrochar el dinero ajeno ningún conservadurismo fiscal es exagerado.

Todos se equivocaron – nos equivocamos- pensando, en los meses finales de la presidencia de Bill Clinton, que los crecientes superávit en el balance fiscal de los Estados Unión habían llegado para quedarse por muchísimos años.

Todos. Los economistas de la Casa Blanca, los del Departamento del Tesoro, los del Congreso, los de la Reserva Federal (empezando por su entonces presidente Alan Greenspan), los economistas de los bancos de inversión, los de las casas de bolsa, los de las calificadoras de valores, los de los organismos multilaterales…

En su reciente libro, The age of turbulence, Alan Greenspan muestra honestidad intelectual al reconocer este histórico error, tanto de juicio político como de confianza indebida en las herramientas de pronóstico econométrico (que, una y otra vez, fallan miserablemente).

(Nota: Si usted no ha leído el libro y desea hacerlo le aconsejo que no lo haga en la muy mala traducción al español, sino en la edición original en inglés).

A toro pasado, Greenspan ofrece algunas explicaciones para el error: subestimación del efecto fiscal negativo que tendría la desaceleración de la economía, subestimación de la caída de ingresos tributarios, consecuente al estallido de la burbuja especulativa en los mercados de valores (millones de estadounidenses habían estado pagando más impuestos por ganancias en bolsa que, de pronto, se esfumaron), además de un abrumador error "técnico" – eufemismo de "inexplicable"- en los pronósticos de ingresos fiscales por casi 200 mil millones de dólares, y, sobre todo, subestimación de la irrefrenable tendencia a gastar sin medida el dinero de los contribuyentes que manifiestan los políticos; en esto, el equipo de Bush gana varios campeonatos, junto con la mayoría de los miembros del Congreso. Por cierto: Uno de los pocos conservadores fiscales a ultranza en ese periodo fue el senador John Mc Cain, opuesto a las rebajas de impuestos promovidas por Bush y a multitud de programas de gasto dispendioso empujados por otros congresistas.

En tierra de políticos electoreros - ¿cuál no lo es?- la salud de las finanzas públicas siempre está en riesgo.

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martes, 23 de octubre de 2007

A todo esto, ¿Keynes era keynesiano?

Tal vez junto con Milton Friedman, el británico John Maynard Keynes fue el economista más influyente del siglo pasado; pero, a diferencia de Friedman, es casi imposible saber cuál era la posición de Keynes respecto de muchos de los asuntos para los que se le invoca, sea para elogiarlo, sea para criticarlo.

En el debate entre economistas el adjetivo "keynesiano" evoca básicamente dos creencias o afinidades: 1. Estar a favor de una política fiscal activa como remedio para la recesión o, dicho coloquialmente, promover el gasto público como motor del crecimiento y como generador de empleos y 2. Creer que el libre mercado tiene sus límites y que el gobierno debe corregir los frecuentes excesos y fallas del mercado. En otras palabras: Ser "keynesiano" suele entenderse como sinónimo de "atinada izquierda".

Sin embargo, acudiendo a la fuente original, la obra de Lord Keynes, es difícil encontrar una postura única y definida sobre asuntos cruciales de la ciencia económica. Hace ya muchos años, en diciembre de 1992, así lo hizo notar un divertido artículo del semanario "The Economist" que proporcionaba, entre otros, los siguientes ejemplos:

A favor del libre comercio . Keynes escribió que el argumento de que las barreras al libre comercio contribuyen a proteger el empleo "esconde la falacia proteccionista más grosera y cruda"; también escribió: "Creo en el libre comercio porque es (…) la única política técnicamente sólida e intelectualmente correcta".

A favor del proteccionismo : "Simpatizo más con aquello que puede disminuir más que maximizar la maraña de la economía entre las naciones. Las ideas, el arte, la hospitalidad, los viajes – ésas son cosas que por su naturaleza deben ser internacionales. Pero dejemos que los bienes sean hechos en casa en la medida de lo razonable o de lo convenientemente posible; y, sobre todo, financiemos primordialmente lo nacional".

A favor de los trabajadores (con motivo de la huelga general de 1926 en el Reino Unido): "Mis sentimientos, distintos de mis juicios, están con la clase trabajadora".

A favor de la burguesía y la aristocracia : "Creo que hombre por hombre la clase media y aún la clase alta son mucho muy superiores a la clase de los trabajadores".

Así que, después de todo, ¿qué es "ser keynesiano"?

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