miércoles, 30 de julio de 2008

Burbuja que, pese a todo, se desinfla

En 25 días el precio del petróleo ha caído 13 por ciento. Otra burbuja que empieza a desinflarse, a pesar de las torpezas de los políticos.

El pasado 8 de julio me aventuré a señalar que la burbuja petrolera empezaba a desinflarse. Escribí que el precio de 131 dólares por barril (3 de julio) para la mezcla mexicana de petróleo probablemente sería el más alto que veríamos en una burbuja, la de los precios del petróleo, que hizo salivar de gusto en México sólo a los devoradores de recursos públicos – legisladores, dirigentes de partidos, gobernadores y demás- que hacen cuentas de mal abarrotero: sólo ven los ingresos brutos y desdeñan el crecimiento de costos y gastos de ventas.

Hasta ahora el mes de julio ha marcado el principio del fin de esa burbuja, alentada por una demanda más que vigorosa que se sostuvo por una larga temporada de dinero fácil (promovida por una política monetaria laxa de la Reserva Federal de Estados Unidos). Ayer, martes 29, el precio del petróleo mexicano ya cayó 13% respecto de esa marca y se cotizó en 114.09 dólares por barril.

Una tendencia similar a la baja han experimentado los precios del WTI y del Brent, al grado de que la incipiente recuperación de la confianza de los consumidores (el índice del Conference Board subió, 51.9 en julio, respecto de su punto más bajo en 16 años: 51.0 en junio) se atribuye a la percepción de que, ¡por fin!, los precios del petróleo están reaccionando ante una menor demanda.

El proceso apenas comienza. Al final de los juegos olímpicos (25 de agosto) el gobierno de China apretará más sus políticas fiscal y monetaria para enfriar la demanda y después de las elecciones del 4 de noviembre la Reserva Federal tendrá que abandonar su política complaciente – típica de las temporadas electorales- e iniciar un prolongado proceso de alza en las tasas de interés.

Los precios, pese a las triquiñuelas de los políticos, han funcionado. Ante los precios altos, la demanda cae. Es doloroso – desinflarse es el momento más crítico de las burbujas especulativas-, pero es el inicio de la recuperación. ¿Cuánto se prolongará el proceso? Eso dependerá de que los políticos del mundo dejen funcionar a los mercados. Es decir: será largo y sinuoso.

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martes, 8 de julio de 2008

Adiós, dinero fácil, adiós

La novedad, en la segunda mitad de 2008, es que crece la convicción de que el principal problema con que tiene que lidiar hoy la economía global es la inflación, no los amagos de desaceleración de la actividad económica. Los bancos centrales – especialmente la Reserva Federal- no pueden seguir ignorando que las tasas de interés negativas son combustible puro para los altos precios de energéticos y alimentos.


¿Qué papel jugaron las bajas tasas de interés y la expansión del crédito en las alzas de los precios de los energéticos y de los alimentos? La siguiente gráfica da mucho para pensar. Los datos son los precios promedio anuales (en el caso de 2008, hasta el mes de mayo) del petróleo WTI en el mercado "spot" (expresados en dólares de 2007) y las tasas de interés promedio de referencia de la Reserva Federal, también en promedios anuales.



¿Es buena idea que los bancos centrales desdeñen los volátiles precios de los energéticos y de los alimentos considerando que no forman parte de la "core inflation" o de la inflación subyacente?, ¿no han alimentado las bajas tasas de interés una burbuja especulativa de inversiones en "commodities" que, a su vez, impulsan al alza los precios de energéticos y alimentos?

Durante lo que va del siglo la cota más alta de la tasa de interés (6.24% promedio anual) se verificó en el año 2000, con unos precios nominales del petróleo de $27.39 dólares el barril y reales – en dólares de 2007- de $34.16 dólares. El segmento más dramático de la gráfica es la "reacción espejo" (inversamente proporcional) entre tasas y precios del petróleo a partir de 2007: Las primeras caen en picada, los segundos suben como la espuma…

Vistas así las cosas – y cada vez más gente empieza a verlas así en los gobiernos de los países desarrollados y en varios bancos centrales- la receta parece obvia: Adiós, dinero fácil, adiós.

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jueves, 31 de enero de 2008

Son los precios, ¡estúpido!

Una burbuja especulativa estalla o se desinfla cuando los precios de los activos sobrevaluados caen abruptamente para ajustarse a las condiciones reales del mercado. Mala noticia: Los precios promedio de la vivienda en los Estados Unidos no están cayendo significativamente. El descenso de la tasa de interés está alentando, en lugar de corregir, una mala asignación de recursos.


Muchas personas que pontifican sobre la burbuja que supuestamente estalló a mediados del año pasado en el sector de las hipotecas para vivienda en Estados Unidos, no podrían explicarnos qué entienden por burbuja especulativa.

Constantemente aparecen en los mercados burbujas especulativas. Se trata de bienes (que suelen tener su contraparte en activos financieros) que se han sobrevaluado por una errónea asignación de recursos. Dado que los mercados reflejan, a través de los precios, el resultado final de millones de decisiones de compradores y vendedores, las decisiones equivocadas – y está en la naturaleza de los seres humanos equivocarse- al valorar un activo (por ejemplo, una vivienda promedio en un área urbana como San Diego) producen “precios equivocados” que el propio mercado, al surgir los primeros síntomas de la valoración errónea (incumplimiento de los pagos) corrige modificando los precios, específicamente disminuyéndolos si se trata de activos sobrevalorados. En el mercado no sólo se gana por decisiones acertadas, también se pierde a causa de decisiones erróneas.

Una típica burbuja estalló a principios de este siglo en los activos relacionados con las telecomunicaciones. El lector recordará la quiebra de Worldcom, entre otras empresas, que marcó el espectacular estallido de esa burbuja. Tras la quiebra los activos salieron a remate. Hoy los consumidores estadounidenses disfrutan de precios mucho más bajos en telefonía celular, por ejemplo, gracias a que estalló esa burbuja. Quienes comparon a precios de remate los activos emproblemados pueden ofrecer los servicios de telecomunicaciones a precios mucho más bajos que antes, ya que para ellos el precio de los activos – digamos, la red de fibra óptica- fue mucho menor. Perdieron quienes tomaron decisiones equivocadas, imprudentes o fraudulentas. Ganaron, al final, los consumidores y la productividad de la economía.

Hoy eso no está sucediendo. Las autoridades monetarias de los Estados Unidos están impidiendo que los mercados corrijan, en los precios, las decisiones equivocadas. Lo cual promoverá más errores en la asignación de los recursos.

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lunes, 3 de septiembre de 2007

¿La torre de las presunciones irracionales?

Uno de los errores más comunes que cometen los acreditados es la creencia infundada de que la evaluación de riesgos que hace el acreedor, previa al otorgamiento del crédito, implica una garantía para el negocio del deudor.

La crisis de las hipotecas de baja calidad – o "subprime"- en Estados Unidos, que se encuentran más o menos dispersas, y ocultas, en los mercados financieros mundiales, es una buena oportunidad para que los acreditados analicen críticamente los supuestos detrás del crédito que disfrutan.

Algunos acreditados, especialmente en épocas de alta liquidez, presumen que la carga del análisis del riesgo recae exclusivamente en el intermediario financiero o en el acreedor (inversionista). Hecha esta presunción suponen que si tal análisis de riesgo resulta favorable, dicho resultado automáticamente se aplica también para la viabilidad de sus proyectos, lo cual no necesariamente es cierto. El acreedor analizó, en el mejor de los casos, las garantías de recuperación de sus activos financieros, que no son necesariamente las garantías de la viabilidad económica del proyecto del acreditado.

Un ejemplo de estas presunciones irracionales es el de la controvertida torre "del bicentenario", que un grupo de promotores inmobiliarios pretende construir en la ciudad de México y que ha contado con el apoyo (impertinente, toda vez que es un proyecto privado como otras decenas más de proyectos privados que no reciben tal apoyo) del gobierno local.

Dejando a un lado las gratuitas opiniones favorables de algunos periodistas – que de pronto se han revelado, ¡también!, como eminentes arquitectos- y las no menos impertinentes objeciones xenófobas y aldeanas de algunos políticos y vecinos, me llama la atención que nadie haya mencionado la viabilidad financiera del proyecto, cuando salta a la vista que en la ciudad de México la oferta de espacios para oficinas con características similares (Santa Fe, WTC, Torre Mayor, edificio de la BMV, la gigantesca sede del antiguo centro Bancomer, entre muchos otros) sobrepasa por mucho a la demanda conocida.

El proyecto puede ser rentable para los promotores – que seguramente no serán los inversionistas- en cuanto que su negocio es construir y para algunos políticos, en cuanto su negocio es hacer ruido, pero ¿cuántos de los ardientes promotores están dispuestos a poner hoy su dinero – no el del gobierno, no el de algún fondo de inversión, no el de clientes incautos, sino dinero de sus bolsillos- para comprar unos metros cuadrados de promesas?

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