jueves, 12 de noviembre de 2009

La moda brasileña y el humorismo involuntario de Lula

Para mi sorpresa, hasta el respetable y serio semanario británico "The Economist" se ha sumado a la moda de presentar a Brasil como una especie de estrella refulgente en el panorama económico mundial. Ver aquí.
Me temo que tanta alharaca es un poco prematura, pero en fin: La moda es la moda.
En todo caso, hay que tener cuidado con el uso de las hipérboles, como le consta al presidente brasileño, Luiz Inazio "Lula" Da Silva, quien en cierta ocasión dijo, para exhibir su origen humilde, que su madre (la de Lula, desde luego) había nacido "analfabeta". Pues sí, como las madres de todos, hasta las madres de los reyes y de los magnates, nacieron analfabetas, sin ropa y generalmente llorando.

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jueves, 17 de septiembre de 2009

Obama, el vándalo

Genial, dura, directa y oportunísima. Así es la portada de "The Economist" que empieza a circular hoy jueves.

Vemos alejarse, de espaldas, a un señor muy parecido a Barack Obama, después de clavar un destornillador sobre un neumático que se llama "libre comercio".

Ampliamente recomendable el artículo de portada (Vandalismo Económico) para entender las gravísimas consecuencias que puede tener la estúpida ocurrencia de imponer aranceles prohibitivos a los neumáticos fabricados en China. Vandalismo puro e ignorancia histórica de Barack Obama. ¿La magnífica economista y conocedora de la historia económica Christina Romer, asesora de Obama, no le podría dar unas clasecitas acerca de la plaga del proteccionismo comercial y de los severos riesgos, para todo el mundo, de iniciar guerritas comerciales para complacer a unos sindicalistas incompetentes del partido Demócrata?

Otra vez, Obama. El proteccionismo, como el alcoholismo, más que vicio es enfermedad crónica y progresiva. Sólo se puede controlar con grupos de ayuda, al estilo de los de AA: "Hola, soy Barack y soy proteccionista..."

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jueves, 16 de julio de 2009

Algo acerca de la vapuleada ciencia económica

Con su habitual elegancia estilística, y con un poco del humor británico al que nos tiene acostumbrados, The Economist trata de responder la pregunta que sin duda inquieta a miles hoy en el mundo: Esta crisis ¿demuestra la inutilidad de la economía y de los economistas?

Vale la pena leer, como siempre, este fino análisis. Cierto, una ciencia arrogante y sus clérigos han recibido una dura lección de humildad, pero la mayor parte de la sabiduría económica acumulada por siglos permanece incólume y la mayor parte de los principios básicos de la economía funcionan igual que siempre lo han hecho.

Otro punto importante que The Economist aclara: Sólo los ignorantes o los intoxicados de ideología pueden sostener que esta crisis ha mellado, siquiera, el paradigma del mercado libre.

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viernes, 20 de marzo de 2009

La solución de la crisis, ¿está en chino?

Con su proverbial perspicacia el semanario británico The Economist (en su edición más reciente, que empezó a circular ayer) pone a China como pieza decisiva sobre el tablero de juego de esta crisis global.

En su articulo de portada se pregunta si estamos entrando a una nueva era bipolar con Estados Unidos y China como protagonistas y si la inminente reunión del grupo de los 20 (G-20) en Londres no debería llamarse mas bien reunión del G-2.
El propio semanario descarta, líneas después, esta inquietante hipótesis recordando que, a pesar de todo, China sigue siendo un país extremadamente pobre…, aunque clave para encontrarle una solución de largo plazo a esta calamidad global.

En noviembre pasado se cumplieron 30 años del gran viraje chino hacia una versión de economía de mercado, aunque sin mecanismos democráticos de gobierno y de deliberación de los asuntos públicos. Como escribí en enero de 2008 el camino hacia la economía de mercado en China ha sido sinuoso y ha avanzado mediante el método de ensayo y error. Los resultados han sido exitosos, lo que demuestra otra vez la superioridad de los mecanismos de libre mercado sobre los modelos intervencionistas; una lección que algunos pretenden borrar contando una historia mentirosa de la crisis actual.

Hoy día estamos presenciando, en el antiquísimo debate entre liberalismo económico e intervencionismo estatal, episodios insólitos: Hu Jintao hace el elogio de Adam Smith en la reunión anual de Davos Suiza o Wen Jiabao pide a los Estados Unidos un poco más de responsabilidad monetaria y fiscal.

Más que la crisis en sí lo que parece perturbar gravemente a los integrantes del gobierno chino son las extrañas respuestas de los gobiernos de las grandes potencias occidentales (digamos, Estados Unidos) ante este episodio recesivo. Se ve que los chinos estudiaron concienzudamente el liberalismo económico y lo aceptaron en lo esencial; ahora no comprenden – y tienen toda la razón – el temperamento veleidoso de los políticos de Occidente quienes, ante la crisis, se apresuran a olvidar esos principios o, peor aun, culpan al libre mercado de un desastre que, bien visto, tiene su origen en el abandono del liberalismo económico.

Tal vez sea un espejismo hablar de un nuevo mundo bipolar con Estados Unidos y China como protagonistas. Pero China tiene un peso mayúsculo en este tablero de juego y mucho ayudaría para superar esta crisis (y mucho lo agradecería el gobierno chino) que en Occidente nos mostrásemos un poco más coherentes con los principios liberales.

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jueves, 19 de abril de 2007

Las armas son la excepción

Me agrada estar en buena compañía: La más prestigiada revista de economía del planeta, The Economist, a la que nadie puede acusar de favorecer la intervención de los gobiernos en la vida de las personas, marca claramente su posición: Debe haber un control mucho más restrictivo de la venta de armas en Estados Unidos.

Cada semana los suscriptores en línea de la prestigiada revista británica recibimos por correo electrónico una breve carta del editor y la enviada ayer no puede ser más enfática:

“Abundan los productos peligrosos – drogas ilegales, veloces automóviles, alcohol, por ejemplo- respecto de los cuales The Economist defiende un punto de vista mucho más liberal del que sostiene el gobierno de Estados Unidos. Las armas de fuego personales son la excepción.”.

En su reciente edición, y a raíz de la masacre en el Tecnológico de Virginia (VT), Estados Unidos, la revista sostiene que debe restringirse con verdadera severidad la venta de armas en ese país. La postura de The Economist está en la misma línea que la política que ha seguido el Reino Unido y que, por cierto, explica por qué hay mucho menos muertes por arma de fuego, respecto del total de la población, en Inglaterra que en Estados Unidos.

La revista británica lo denuncia con todas sus letras, al citar al jefe de la policía de los Ángeles, William Bratton: La mayoría de los políticos estadounidenses de ambos partidos han sido “capturados” por la muy poderosa National Rifle Association, en cuya página de internet, por cierto, se ofrecen "condolencias" a las víctimas de VT. Sin más comentarios.

Hay muchas cosas en el mundo que pueden ser usadas como armas mortales por un desquiciado (desde un alfiler hasta una piscina), pero sólo las armas de fuego han sido expresamente diseñadas para matar.

Una de las dos armas que usó Cho Seung-hui fue una pistola Glock de nueve milímetros semiautomática, un arma que en la inmensa mayoría de los países del mundo sólo pueden tener los ejércitos y las fuerzas policíacas especiales, pero que en miles de tiendas a lo largo y ancho de Estados Unidos se puede adquirir tan fácil como se renta un auto, como lo hizo el coreano.

Para México es doblemente trágico: No sólo hay que lidiar con el hecho de que tenemos al norte al mayor mercado de consumidores de drogas, sino que la gran mayoría de las armas que la delincuencia organizada usa aquí fueron adquiridas sin problema en Estados Unidos.

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