domingo, 10 de febrero de 2008

Horóscopos, ideología y "análisis político"

La ideologización ha logrado el milagro: algunos "análisis políticos" son ya menos confiables que los horóscopos.

La semana pasada un periódico se burló de la "profundidad" de la siguiente frase de Brooke Shields: "El fumar mata y si te mueres has perdido una parte muy importante de tu vida". El periódico se mofaba, en una "foto galería" en su edición en la internet, de las tonterías, supuestas o reales, que dicen guapas artistas, modelos y cantantes. Muy gracioso.

Un día después en su principal columna política – firmada por un misterioso F. Bartolomé- el mismo periódico pontificaba que Andrés López quiere "aprovechar el sentimiento nacionalista que invade a muchos mexicanos cada vez que se celebra el aniversario de la expropiación petrolera". Comparadas con esta sentencia las criticadas frases de Brooke Shields y de otras bonitas famosas parecen brillantes.

¿De veras quien escribió esa tontería está convencido de que conforme se acerca la primavera, y con ella el 18 de marzo, "muchos mexicanos" (¿cuántos?, ¿diez?, ¿catorce?, ¿23.7 millones?) son "invadidos" por un sentimiento nacionalista?, ¿cómo es ese sentimiento?, ¿es un cosquilleo, un mareo, una punzada, un zumbido en los oídos?, ¿cuáles son sus consecuencias?, ¿esos mexicanos dejan de tomar coca-cola y la sustituyen por una "nacionalista" agua de jamaica?, ¿disminuye el consumo de hamburguesas y aumenta el de garnachas? ¿De veras hay quién cree que la gente se siente "más mexicana" o "más nacionalista" porque se acerca el 18 de marzo?, ¿y se siente "menos mexicana" conforme esa fecha se aleja?

Jean Francois Revel escribió en "El conocimiento inútil" que la mentira en su vertiente de ideología goza de tres dispensas: una dispensa intelectual (la verdad no importa), una dispensa práctica (los fracasos de la ideología no cuentan) y una dispensa moral (los actores ideológicos están por encima de las nociones de bien y de mal, y la ideología justifica cualquier atrocidad). Esas mismas tres dispensas imperan en los "análisis políticos" que se ofrecen en muchos medios de comunicación.

Las patrañas de los horóscopos están mejor estructuradas. "Piscis (cito el horóscopo para enero): Necesitan más ingresos para la familia y para sentirse mejor consigo mismos, tratarán de escalar posiciones pero no siempre serán exitosos". Más o menos lo mismo que nos estuvieron anticipando en los medios, en materia de inflación, los expertos instantáneos.

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domingo, 5 de agosto de 2007

En defensa del escepticismo

Ahora resulta, según algunos fervorosos y agresivos apóstoles del “calentamiento global”, que lo científico es creer y no dudar.

No falla. Cada vez que he manifestado mi escepticismo sobre la moda del calentamiento progresivo del planeta presuntamente causado por las emisiones de CO2, recibo algún “regaño” por dudar de que haya sido demostrada satisfactoriamente dicha hipótesis. Los reproches van desde lo comedido hasta lo visceral y suelen estar acompañados de una admonición moralista: Mi escepticismo es reprochable, se me advierte, porque las conscuencias del “calentamiento” podrían ser tan terribles y destructoras que cualquier duda promueve criminalmente la extinción de la especie humana. De ese tamaño.

Esta vertiente moralista – totalmente acientífica- es lo más chocante. La ética no puede fundarse en mentiras o en patrañas, así el fin propuesto sea el más noble que algunos atinen a imaginar. Con la mejor de las intenciones, en el pasado algunos padres trataban de alejar a sus hijos adolescentes de la masturbación asegurándoles que dicha práctica onanista les provocaría males físicos u orgánicos abominables e irreversibles, desde la aparición inopinada de pelos en la palma de la mano hasta la demencia. Nadie puede dudar de la irreprochable intención de dichos padres, pero también es cierto que tales consejas eran patrañas.

Lo que se trata de dilucidar es si es cierto: 1. Que el planeta en su conjunto experimenta una fase de calentamiento irreversible por primera vez en su larga existencia y 2. Que, supuesto que se compruebe dicha fase de calentamiento de manera indubitable, la causa del mismo sean las emisiones de los llamados gases de invernadero.

Aun dando por cierta la primera premisa – la cual no ha sido posible demostrar dado que no disponemos de mediciones confiables y unívocas de la temperatura global que vayan más allá de un par de siglos, ¡contra millones de años de existencia del planeta!-, la segunda premisa es totalmente espúrea: Basta considerar que ni uno solo de los investigadores que sostienen la hipótesis del calentamiento ha aislado – para demostrar que no es la causa del calentamiento- la más probable de las variables independientes que explicarían el fenómeno: la actividad del sol durante los períodos en los que presumiblemente habría aumentado la temperatura.

Un poquito más de escepticismo científico y un poquito menos de moralina dizque ecologista no nos harían daño.

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jueves, 2 de agosto de 2007

De Salomón a Gore, con un final de Chesterton

Por fin se ha descubierto cuál es el agente maligno que provoca la elevación de temperaturas en el planeta. La respuesta, al final del artículo.

Se atribuye a Salomón (970-931 a. C.), rey de Israel, haber dicho: “No hay nada nuevo bajo el sol”.

Sin embargo, todos los días aparece alguien diciendo que ya descubrió, ahora sí, algo nuevo bajo el sol. Por ejemplo, el calentamiento global.

Si uno escucha a ese predicador, favorito de los compradores de catecismos a la moda, que se llama Al Gore, oirá que este político estadounidense ha encontrado la noticia más estremecedora e importante de la historia de la humanidad. Noticia que sería, más o menos, la siguiente: “El planeta se está calentando con consecuencias catastróficas para la vida, a causa de las emisiones de gases invernadero que provoca el ser humano; en especial, a causa del uso de los derivados de carbono como fuentes de energía”.

Se supone que a Gore le mueve, para revelar esta novedad con ribetes apocalípticos, un encomiable sentido de urgencia moral: Salvar al planeta y a la humanidad de su más o menos inminente destrucción.

Que esta “noticia” del calentamiento global sea considerada falsa por muchos científicos serios (recomiendo, sólo como un ejemplo entre muchos, el artículo que publicó en la edición en inglés de “Newsweek” el experto en cambio climático del MIT Richard S. Lindzen: “Why so gloomy? There is no such thing as a ‘perfect’ temperature” el 16 de abril de 2007), a muchos les parece irrelevante, porque tal vez prefieren las “buenas intenciones” (supuestas) que rendir tributo a la verdad. Como quienes creen que es bueno difundir leyendas negras con tal de que la causa que se defienda sea “justa”: “Contaminar es malo, asustemos a la gente para que no lo haga”.

Ni hablar, la honestidad intelectual no es moneda común. Si los predicadores del calentamiento global, como Gore, fuesen un poco honestos intelectualmente deberían reconocer que la causa fundamental, única, capaz de generar un verdadero calentamiento verdaderamente global del planeta es…

Una estrella de tipo espectral que, se calcula, se formó hace unos 5 mil millones de años y que, se conjetura, podría permanecer en su secuencia principal otros 5 mil millones de años más. Es popularmente conocida como Sol.

No en vano Gilbert K. Chesterton (1874-1936) dijo, corrigiendo a Salomón: “Sí hay algo nuevo bajo el sol: Ver el sol”.

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miércoles, 25 de julio de 2007

“La Cité c’est moi”: Frère Marcel

El “adefesio bicentenario” será en el futuro – dicen- referencia inevitable de cuando se verificó el milagro de que la ciudad de México se convirtiese en un artilugio llamado “La Ciudad” (mayúscula obligada) al que el señor Marcelo Ebrard hacía hablar y gesticular.

La Ciudad habló y dijo:

“La Ciudad se felicita de este proyecto; va a tener todo el respaldo; sí hay que hacer adecuaciones de uso de suelo, pero el uso de suelo no es una norma inminente” (sic).

A lo mejor quienes escuchaban no le entendieron bien a La Ciudad y tal vez no quiso decir (La Ciudad) ese disparate de la “norma inminente” sino alguna otra cosa con más sentido. El caso es que así apareció consignado, con todo y sus comillas reglamentarias, en la nota del periódico “Reforma” del martes 24 de julio pasado.

Ah, se me olvidaba lo más importante: La Ciudad que se felicita a sí misma es Marcelo Ebrard. Esa es la noticia más importante: La Ciudad – antes conocida sólo como la ciudad de México- se ha transubstanciado en Marcelo Ebrard y ahora es conocida como La Ciudad.

¿Y de qué se felicita La Ciudad? Ah, pues de un proyecto arquitectónico que desafía no sólo a los cielos sino a la estética y a las “no inminentes” normas de uso de suelo.

Hace unos días Marcelo Ebrard (en adelante: “La Ciudad”) ya me había sorprendido porque habló de “los derechos de la ciudad” cuando en realidad, creía yo, debería haberse referido a “los derechos del gobierno de la ciudad de México”. Pero yo no había entendido: La Ciudad no es otro ente que Marcelo Ebrard.

Las mañanas de los lunes primeros de cada mes La Ciudad anda en bicicleta. Quizá mientras lo hace se pregunta para qué se hacen las normas y las leyes, y La Ciudad se responde: “Pues se hacen para adecuarse a los deseos cambiantes de La Ciudad; es decir: a mis deseos”.

¿Por qué La Ciudad se refiere a sí misma en tercera persona? (como solía hacerlo Manuel Camacho Solís en momentos de excitación), pues porque es Grande. Tan Grande que merece un adefesio arquitectónico gigantesco que deje constancia de los tiempos maravillosos que se vivieron cuando Marcelo Ebrard reveló:

“La Cité c’ est moi”

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domingo, 15 de julio de 2007

Las atroces metáforas colectivistas

No hay tal cosa como un “cuerpo místico de la ciudad de México” del cual el señor Ebrard pretende ser vocero, representante único, encarnación y dueño.

Hace unos días, con ese tono de agraviado permanente que tanto le gusta, el señor Marcelo Ebrard reclamó que cualquier observación a la inacción, omisiones o yerros del gobierno que encabeza constituye una afrenta a “los derechos de la ciudad”.

Hablar de “los derechos de la ciudad” es una de esas metáforas desafortunadas a las que son tan aficionados los políticos para los cuales las abstracciones colectivistas – el partido, el proletariado, la oligarquia, el país, la humanidad- son las únicas realidades existentes, sobrehumanas, que de vez en cuando se ven incordiadas por la aparición de unas deleznables criaturas de ficción que somos los seres humanos de carne y hueso, con nombre y apellidos. Por fortuna para tales políticos esas pequeñas impertinencias pueden ser ahuyentadas o eliminadas con un manotazo o con un ademán enérgico, como cuando un gigante se espanta un mosquito molesto.

Hablar de “los derechos de la ciudad” es una metáfora tan idiota como hablar de los sufrimientos de la ciudad, la alegría de la ciudad, el rostro de la ciudad. Sufren, gozan, tienen rostro y derechos inalienables las personas específicas, de carne y hueso. Una por una. Atribuir a la abstracción colectiva cualidades humanas es una patraña.

En su magnífica defensa de los derechos humanos específicos e inalienables frente a los ataques del terrorismo colectivista de ETA y de sus promotores explícitos e implícitos, el filósofo español (y vasco) Fernando Savater escribió “que los derechos humanos son siempre individuales…que tales derechos individuales no pueden estar supeditados ni a los más decentes proyectos políticos…que hablar de derechos ‘individuales o colectivos’ no es más que una reverencia a la razón de Estado…la cual sólo reconoce a los primeros mientras no interfieran con los segundos”.

Y más adelante: “El Estado (aquí podríamos poner nosotros ‘la ciudad’) no es un cuerpo místico en el que reina la comunión de los santos (capitalinos o chilangos) sino un tinglado institucional…cuyos administradores son tanto más buenos cuanto menos malos se les deja impunemente ser”.

Eludir como administrador público la responsabilidad personal escudándose en un colectivo ficticio, eso sí que es un agravio para cada ciudadano realmente existente.
¿Derechos de la ciudad? Patrañas, Marcelo, sólo patrañas.

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sábado, 2 de junio de 2007

Una patraña fuera de serie

Todos los días puede encontrarse uno con patrañas – mentiras fabulosas, invenciones puras- pero sólo ocasionalmente la patraña rompe todas las marcas y se ostenta impunemente como científica.


El jueves un artículo de José Woldenberg elogiaba y citaba una reciente publicación de mexicanos especialistas, según el dicho de los propios autores, en bioética y en medicina. El texto de Woldenberg recogió algunas citas de un trabajo llamado: "El aborto y su dimensión médica y bioética" de Gregorio Pérez-Palacios, Raymundo Canales de la Fuente y Raquel Gálvez (contenido, a su vez, en un libro llamado "La construcción de la bioética" de Pérez Tamayo, Lisker y Tapia, editado este año por el Fondo de Cultura Económica).

Tal vez por mal tino o tal vez porque el trabajo citado está plagado de afirmaciones gratuitas de grueso calibre, las dos citas que hizo Woldenberg entusiasmado son para una antología de los disparates disfrazados de ciencia.

Primera cita: "A lo largo de casi toda la historia de la humanidad, el fenómeno reproductivo permaneció fuera del ámbito de la ética…puesto que su realización tenía lugar sin la participación de la conciencia y la voluntad". De ser cierta esta enormidad, estaríamos ante un hallazgo científico inconmensurable que obligaría a tirar a la basura abrumadora evidencia antropológica, histórica, psicológica, biológica, filosófica y hasta literaria.

Lo que dicen estos autores es nada menos que durante varias centenas de siglos el ser humano se reprodujo sin percatarse de que él intervenía en ello, simplemente le sucedía…, como si cayese un meteorito de quién sabe dónde.

¿Quieren decir, en serio, que durante siglos las hembras de la especie humana quedaban embarazadas y que ni ellas, ni los machos de la especie, atinaban a relacionar ese hecho con el coito? ¡Asombroso!

Los autores insisten, esta es la otra cita que copió Woldenberg: "La función reproductora del ser humano…se convierte en objeto de estudio de la ética (y el derecho)…en el momento en que…a través de la ciencia logra el conocimiento que le permitirá intervenir en su función reproductiva" ¿Cuándo sucedió eso según estos charlatanes? Porque desde la épica de Gilgamesh (2,750 antes de Cristo) se conocían diversas formas de "intervenir en la función reproductiva" y se valoraban éticamente, como buenas o como malas.

¿Ciencia? No, patrañas propagandísticas.

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