domingo, 14 de septiembre de 2008

El populismo en la Suprema Corte

Nadie, ni siquiera los magistrados de la Suprema Corte de Justicia, se libra de las tentaciones populistas en los tiempos que corren. El amparo concedido en contra de un descuento que ofrece Wal-Mart de México a sus empleados – y cuya aceptación es voluntaria por parte de los trabajadores- es un mero acto de propaganda populista, carente de racionalidad y de respeto a la libertad de las personas.



Novedad ominosa: Según la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) si usted, como empleado de una empresa, adquiere voluntariamente vales para obtener descuentos en la compra de productos o servicios de la misma empresa estará contraviniendo "los principios fundamentales consignados en el artículo 123 constitucional".

Según esta decisión de la Corte el libre ejercicio del poder de compra atenta contra la Sacrosanta Constitución. De esta magnitud es el desatino de la decisión de la Segunda Sala, que equipara esa práctica, común hasta ahora en Wal- Mart de México, nada menos que con las "tiendas de raya" con las que la historia oficial – la de libro de texto único- simboliza los oprobios laborales cometidos durante el gobierno de Porfirio Díaz.

Demagogia pura, para complacer a los modernos "progres" de salón que han hecho de los ataques furibundos a Wal Mart (modelo de empresa global de alta productividad, que ha generado miles de millones de dólares de valor agregado en beneficio de los consumidores) un santo y seña.

No exagero, juzgue el lector por sí mismo con la lectura del comunicado oficial de la SCJN aquí.

Tal parece que la SCJN, salvo las honrosas excepciones de tres magistrados, ha entrado de lleno al concurso para ver quién se gana este año el premio al más demagogo. Véanse, como otro ejemplo, algunos de los descabellados argumentos que esgrimieron algunos magistrados para favorecer la despenalización del aborto en el Distrito Federal (ver en este otro comunicado de la SCJN)

Para tomar esta nueva decisión errada en contra de Wal Mart, la SCJN ni siquiera escuchó a la empresa y con toda franqueza reconoce – léase el comunicado - que el trabajador supuestamente afectado firmó voluntariamente el convenio para adquirir los vales con descuento. ¿Qué quería la SCJN?, ¿que Wal-Mart ofreciese descuentos a sus empleados en las compras que estos hagan en Soriana o en Comercial Mexicana?

Vaya disparate.

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sábado, 2 de junio de 2007

Una patraña fuera de serie

Todos los días puede encontrarse uno con patrañas – mentiras fabulosas, invenciones puras- pero sólo ocasionalmente la patraña rompe todas las marcas y se ostenta impunemente como científica.


El jueves un artículo de José Woldenberg elogiaba y citaba una reciente publicación de mexicanos especialistas, según el dicho de los propios autores, en bioética y en medicina. El texto de Woldenberg recogió algunas citas de un trabajo llamado: "El aborto y su dimensión médica y bioética" de Gregorio Pérez-Palacios, Raymundo Canales de la Fuente y Raquel Gálvez (contenido, a su vez, en un libro llamado "La construcción de la bioética" de Pérez Tamayo, Lisker y Tapia, editado este año por el Fondo de Cultura Económica).

Tal vez por mal tino o tal vez porque el trabajo citado está plagado de afirmaciones gratuitas de grueso calibre, las dos citas que hizo Woldenberg entusiasmado son para una antología de los disparates disfrazados de ciencia.

Primera cita: "A lo largo de casi toda la historia de la humanidad, el fenómeno reproductivo permaneció fuera del ámbito de la ética…puesto que su realización tenía lugar sin la participación de la conciencia y la voluntad". De ser cierta esta enormidad, estaríamos ante un hallazgo científico inconmensurable que obligaría a tirar a la basura abrumadora evidencia antropológica, histórica, psicológica, biológica, filosófica y hasta literaria.

Lo que dicen estos autores es nada menos que durante varias centenas de siglos el ser humano se reprodujo sin percatarse de que él intervenía en ello, simplemente le sucedía…, como si cayese un meteorito de quién sabe dónde.

¿Quieren decir, en serio, que durante siglos las hembras de la especie humana quedaban embarazadas y que ni ellas, ni los machos de la especie, atinaban a relacionar ese hecho con el coito? ¡Asombroso!

Los autores insisten, esta es la otra cita que copió Woldenberg: "La función reproductora del ser humano…se convierte en objeto de estudio de la ética (y el derecho)…en el momento en que…a través de la ciencia logra el conocimiento que le permitirá intervenir en su función reproductiva" ¿Cuándo sucedió eso según estos charlatanes? Porque desde la épica de Gilgamesh (2,750 antes de Cristo) se conocían diversas formas de "intervenir en la función reproductiva" y se valoraban éticamente, como buenas o como malas.

¿Ciencia? No, patrañas propagandísticas.

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miércoles, 30 de mayo de 2007

Glosario de corrección política

Donde se ofrece un catálogo, incompleto y provisional, de expresiones cuyo uso es ampliamente recomendado para no incurrir en incorrección política ni ofender a sensibilidades progresistas.

1. No diga “aborto” sino “interrupción deliberada de un proceso molecular que se desarrolla en el cuerpo de una mujer y que se presume, por mero conservadurismo, que podría culminar, de no ser interrumpido, en el nacimiento de un ser humano”.

2. No diga “ejecución entre narcotraficantes” sino “reacomodo logístico de algunos factores involucrados en la producción, transporte, distribución o venta de ciertas sustancias prohibidas”.

3. No diga “asesinato” sino “interrupción más o menos abrupta y más o menos deliberada – eso lo decidirán los tribunales- de algunos procesos metabólicos desarrollados por un ente que se presume humano y que puede o no, tener credencial de elector, registro federal de contribuyentes, CURP, pasaporte y/o licencia para conducir”.

4. No diga “populismo” sino “acercamiento emotivo, mediante el uso de recursos públicos, que hace una instancia política o de gobierno a las expresiones más sentidas de lo que se presume son necesidades o deseos de una muchedumbre motejada como ‘gente’, con el fin de granjearse las simpatías de dicha muchedumbre. Se califica de eficaz dicho acercamiento cuando se traduce en votos electorales”.

5. No diga “secuestro” sino “interrupción temporal de algunas libertades de movimiento a la que son sometidas una o varias personas con el objeto de intercambiar la eventual reanudación de dichas libertades por recursos monetarios, por atención pública o por la interrupción selectiva de la aplicación de la ley en beneficio del individuo o del grupo de individuos interesados”.

6. No diga “prácticas monopolísticas” ni “monopolios”, sino “afortunado arreglo que permite a los consumidores de un bien o a los usuarios de un servicio ahorrarse la fatigosa tarea de elegir entre varias opciones en competencia”.

7. No diga “apoyo al dictador venezolano” sino “solidaridad revolucionaria y fraternal con el representante de la vanguardia del socialismo del siglo XXI”.

8. No diga “terroristas vascos” sino “sufridos grupos nacionalistas que claman con pertinacia, y con otros medios que no conviene mencionar, por un separatismo inspirado en tradiciones ficticias pero eso si: ancestrales”.

9. No diga “chantaje” sino “herramienta de persuasión de probada eficacia”.

10. No diga “injuria, calumnia o manipulación informativa” sino “interpretación creativa de la realidad llevada cabo con el fin de entretener e ilustrar a públicos aburridos y desinformados”.

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lunes, 7 de mayo de 2007

La credulidad agnóstica

Al final el agnosticismo presuntamente racionalista ha desembocado en credulidad supersticiosa. Medir no es saber; etiquetar no es descifrar.

Parecería que seguimos inmersos en la profunda crisis provocada, tal vez, por el escepticismo sensualista de Hume o tal vez, más lejos aún, por la duda metódica de Descartes – a principios del siglo XVII- que marcó la ruptura de la confianza en la capacidad del hombre para descifrar la realidad.

No es el momento ni el lugar (y mi buen amigo Francisco Calderón me acusaría de extraviarme por los “cerros de Úbeda”) para rastrear los orígenes de la credulidad agnóstica que hoy padecemos en todo el orbe. Baste decir, siguiendo a Chesterton (ver, por ejemplo, "The Innocence of Father Brown" disponible en línea), que empezamos por negar el misterio, por parecernos demasiado portentoso, y acabamos presos en el horóscopo del noticiario matutino.

Un ejemplo de esta credulidad agnóstica – lo que sólo en apariencia es un oxímoron – lo tenemos con las discusiones en torno a la despenalización del aborto. Más allá de los alegatos de sociología barata – que menudearon- y de los argumentos estrictamente religiosos – que son impertinentes al discutir políticas públicas en un Estado aconfesional- el punto a dilucidar debiera haber sido cuándo, hasta donde sabemos con certeza, comienza una vida específicamente humana, por una parte, y, por otra, si somos congruentes con la defensa a ultranza de la vida humana que es el pilar de lo que solemos llamar civilización occidental y democracia liberal.

Al final, además de por la vía de los hechos consumados, el asunto se zanjó con una superstición que despreocupadamente se bautizó como científica: Un grupo “x” de autodenominados “defensores de la bioética” decretó que la vida humana empieza alrededor de las 12 semanas de la concepción, alegando que antes de ese punto no había indicios mensurables de “sufrimiento”.

El despropósito salta a la vista: La vida humana no es tal si yo – presunto científico- no puedo constatar con mis herramientas disponibles la existencia de lo que he denominado arbitrariamente “sufrimiento”, que a su vez consiste, ¡tremenda petición de principio!, en tales o cuales signos (por ejemplo, aceleración del ritmo cardiaco) que arbitrariamente he decretado que definen el “sufrimiento”.

Las consecuencias de esta superstición agnóstica son brutales: El Holocausto jamás existió, el asesinato de millones en la Unión Soviética tampoco porque no hubo ahí un electrocardiógrafo o un electroencefalógrafo que los registrase.

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domingo, 22 de abril de 2007

¿Conviene despenalizar el asalto?

La moda es quitarle a ciertos delitos esa odiosa etiqueta “penal”, sea el aborto, sea la calumnia. ¿Por qué no despenalizar también el asalto, como ha propuesto paródicamente Fernando Amerlinck? Por lo pronto, podrían considerarse algunas causales de despenalización, digamos: Cuando el asalto sea una forma de mendicidad o una vía expedita de justicia social.

Muchos de los asaltados mueren o resultan gravemente heridos por oponer resistencia al asaltante – quien está ejerciendo su libre proyecto de vida- o incluso por reaccionar con nerviosismo o desconcierto, lo que sólo dificulta y pone en grave riesgo la delicada tarea del asaltante.
Desde este punto de vista la despenalización del asalto debe considerarse un asunto de salud pública (aquí alguna ONG puede aportar alguna estadística fantasiosa pero imponente sobre las muertes y lesiones que provocan los asaltos realizados en condiciones insalubres o en circunstancias gravosas para el asaltante), pero también tiene su vertiente de justicia social.
No necesito citar cifras acerca de la vergonzosa distribución del ingreso en México para mostrar un hecho que todos conocemos. Aunque los políticos progresistas hagan esfuerzos denodados por establecer políticas públicas que terminen con la iniquidad, tales esfuerzos son insuficientes y se requieren vías alternas y expeditas para satisfacer ese afán noble y justiciero. El asalto, bien reglamentado, puede ser una de esas vías.
El lector, sobre todo si vive o trabaja en la Ciudad de México, habrá experimentado esa deliciosa sensación de ser abordado en la calle por alguien que nos exige una cooperación “voluntaria” con tanta insistencia que resulta difícil definir si estamos siendo cortésmente asaltados o se nos está solicitando una caridad con mayor insistencia de la habitual. Esto nos habla de que la frontera entre la mendicidad y los asaltos no es nítida. Un grupo de prestigiados “científicos” ha determinado que el asaltante armado sólo es un solicitante de cooperación social que se auxilia con un instrumento de persuasión visual y auditiva – el arma- que es más convincente en 98.7 por ciento de los casos que los discursos.
Como han señalado infatigables activistas de los derechos humanos ningún asaltante desea hacer uso del arma: “Para él es más doloroso que para el asaltado llegar a ese extremo” sentenció Artemisa Planas de la organización civil “REI” – Redistribución Expedita del Ingreso-, al tiempo que mostraba los resultados de un “grupo de enfoque” realizado con asaltantes de la delegación Cuauhtémoc

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sábado, 21 de abril de 2007

Que conste, nadie los acusó de ser inteligentes

A muchos políticos mexicanos se les puede acusar de muchas cosas, excepto de ser inteligentes.
En una carta a un obispo mexicano el Papa Benedicto XVI condena el aborto (¿alguien esperaba que lo aprobase?) y recuerda, a la vista de la controversial iniciativa en el Distrito Federal para ampliar las causales de despenalización del aborto, que para los fieles católicos el aborto es un crimen abominable.
Son las reglas del juego. Si dices que eres católico y que te adhieres, por tanto, a la fe que profesan los católicos, a los dogmas que forman parte de ella y a los principios morales que establece la autoridad (reconocida por los fieles católicos) de la Iglesia Católica, entonces debes saber que el aborto, de acuerdo con la fe que profesas, es un pecado grave, un asesinato. Si no estás de acuerdo, entonces no eres católico. Puedes fundar otra religión - dado que también para las llamadas confesiones protestantes, para el judaísmo y para el islamismo el aborto es igualmente un gravísimo pecado- en la que el aborto no sea pecado, puedes declararte ateo o vagamente sintoísta o budista. Lo que es absurdo es que te proclames católico y apoyes una política pública que, al permitir el aborto bajo tales o cuales cirunstancias, lo aprueba e inevitablemente lo promueve como una opción moralmente lícita.
Esto no significa, desde luego, que los católicos tengan que andar por el mundo persiguiendo presuntos pecadores o juzgando la conducta moral de los demás (entiendo que eso, la falta de respeto a la libertad de conciencia, es también un grave pecado para cualquier católico auténtico). Cada cual su conciencia, su vida y sus motivos. Se refiere al ámbito personalísimo de la conciencia individual de quienes se proclaman fieles católicos. Nada más y nada menos.
Hasta aquí, no hay problema. Era no sólo previsible, sino inevitable que el Papa recordase la doctrina milenaria de la iglesia que encabeza. Se trata del ejercicio de una autoridad moral que el Papa tiene sobre los fieles católicos, que libremente lo son o dejan de serlo. La autoridad del Papa es moral. Así de débil y así de fuerte. No tiene ejércitos - como dicen que dijo Stalin burlándose del "poder" de la Iglesia Católica-, ni tiene facultades para imponerla en las leyes civiles, mucho menos tiene poderes coercitivos, al menos en este mundo visible.
Así las cosas, lo más inteligente para los políticos y las políticas mexicanas que defienden esa modificación en el código penal del Distrito Federal habría sido quedarse callados y confiar que las palabras del Papa no hiciesen mucha mella en los ánimos de los electores que se dicen católicos y que han simpatizado con ellos en el pasado o incluso simpatizan hoy con ellos - con los políticos y las políticas que defienden la llamada despenalización del aborto-. Pero no. ¿Cómo iban a perder una oportunidad de obtener un titular destacado en la prensa, aunque sea en sábado, y aunque sea para conspirar contra sí mismos?
Marcela Nolasco, secretaria de Derechos Humanos del Comité Ejecutivo Nacional del PRD, cayó redondita y ya se lanzó (ver aquí la nota en el periódico El Universal) a enmendarle la plana al Papa y a proponer inopinadas y estúpidas reclamaciones al Vaticano.
Es una tremenda tontería para "su causa" (con la cual, ¿alguien se sorprende?, no simpatizo). Las declaraciones de Nolasco son un claro ejemplo de que hay muchos políticos y muchas políticas en México a quienes se puede acusar de muchas cosas, pero no, jamás, ni por asomo, de ser inteligentes.
Si el terreno al que quieren llevar los perredistas la discusión acerca del aborto es el del desafío a la fe religiosa de millones de mexicanos y al pleito verbal con el Papa, su ocurrencia no les va a reportar muchas simpatías, ni les hará cosechar muchos votos. El terreno al que se metían, debían saberlo, era pantanoso, pero que ahora se avienten alegremente de cabeza al pantano de veras no se entiende.
En este caso NO estoy hablando - que quede claro - en sí de la iniciativa de despenalización, sino de la inconmensurable torpeza de algunos políticos.

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miércoles, 21 de marzo de 2007

¿Por qué 14 semanas y no 14 años?

En una sociedad de mujeres y hombres libres, éstos tienen plena propiedad sobre sus cuerpos. De ahí que sea criminal y aberrante pretender negar ese derecho a quienes desarrollan su propio cuerpo personalísimo – no el apéndice de otro cuerpo humano- dentro del vientre materno.

¿Tienen “derecho” los padres a disponer del cuerpo de sus hijos menores de edad? Desde luego que no. Si admitiésemos ese falso “derecho” tendríamos, en automático, que permitir el abuso infantil en todas sus execrables modalidades y nos veríamos ante el abominable dilema de determinar a partir de qué momento esa suerte de “esclavos” – los menores de edad- podrían considerarse jurídicamente “libertos”, dignos de que se les garantice su derecho elemental a la vida.

No hay evidencia científica que nos permita decir con absoluta certeza: “A partir de aquí comienza la vida auténticamente humana”. Sí tenemos en cambio abundantes evidencias de que un óvulo humano fecundado tiene una identidad específica y unívoca: Es un ser humano en proceso y tenemos la certeza de que el resultado de dicho proceso será con el paso del tiempo, en caso de no frustrarse, un ser humano autónomo y libre, al que todos los Estados medianamente civilizados le reconocen derechos inalienables.

Las sociedades civilizadas tienen su pilar fundamental en el carácter inviolable – sagrado- de la vida humana; de ahí que repugne la persistencia en algunos países (¡que se ostentan arrogantemente como civilizados!) de la pena de muerte. Ese carácter sagrado, reconocido también por las religiones monoteístas – especialmente las judeocristianas-, NO es un dogma de fe, sino el primer principio de la convivencia humana.

No estamos discutiendo si la mujer tiene o no derecho sobre su cuerpo, ¡claro que lo tiene! Estamos discutiendo qué diablos nos autoriza a dogmatizar que una mujer – o un hombre- no lo son todavía porque están en desarrollo dentro de otro cuerpo.

¿Por qué 14 semanas y no 14 años, visto que los seres humanos siempre estamos en proceso de hacernos plenamente seres humanos?

¿Por qué el aborto sí y la esclavitud infantil no, a cargo de la madre y/o del padre?

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