jueves, 28 de mayo de 2009

¿Cómo empezó esto? (VII y fin)

En anteriores entregas comenté acerca de los factores originarios de la crisis: 1. Políticas públicas que propiciaron el otorgamiento de créditos hipotecarios sin colaterales suficientemente sólidos, verbigracia: hipotecas de baja calidad; 2. Regulación deficiente (no confundir con insuficiente) con incentivos mal alineados, perversos, para los reguladores y para las instituciones calificadoras de valores; 3. Una “zona gris” de actividades financieras que, aun funcionando para efectos prácticos como entidades de crédito (generadoras indirectas de dinero por la vía del apalancamiento), no fueron reguladas y supervisadas como bancos, porque jurídicamente no clasificaban como tales.

Todo ello generó, además, prácticas financieras absurdas o ruinosas de las que ofrecí algunos ejemplos. Estas prácticas obedecen a un deficiente gobierno corporativo plagado de incentivos erróneos que estimulan conductas contraproducentes de administradores y ejecutivos.

Hasta aquí la crisis financiera, acotada en gran medida a los Estados Unidos. Pero como mi amigo previó desde fines de 2007 tal crisis tenía el potencial de propagarse geográficamente y de agravarse si, como consecuencia de la misma, se generaba una contracción severa del crédito. Si el estallido de una burbuja de expansión inusitada del crédito se traducía en un movimiento
del péndulo hacia el extremo contrario: el “credit crunch”, acompañado de un desplome de la confianza.

Una gestión desastrosa de la crisis propició que ese escenario – el peor- se materializase durante 2008. La propagación de la crisis no era, a fines de 2007, un evento inexorable, sino probable.

La mala gestión de la crisis (voluntarismo para evitar que la burbuja estallase del todo) hizo posible su transmisión en dos vertientes: 1. Hacia la economía real o no financiera que había permanecido más o menos incólume durante 2007, y 2. Hacia prácticamente todas las economías del planeta.

El primer contagio se tradujo en una caída severa de la demanda (recesión) que era, paradójicamente, el episodio que las autoridades financieras habían luchado por evitar. Tal miedo a la recesión – teniendo en el horizonte unas elecciones presidenciales en Estados Unidos – explica el afán para insuflar artificialmente “aire” a la burbuja y tratar de posponer su estallido final. Esta negación a reconocer las pérdidas, los daños y los errores agravó y propagó la crisis.

Para el caso de México, dada la estrecha integración de la industria manufacturera con la de Estados Unidos, la caída de la demanda ha sido el factor detonante de la recesión importada, cuyas manifestaciones estamos viviendo con un atraso de uno o dos trimestres.

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viernes, 19 de diciembre de 2008

La crisis de los disparates

En esta crisis global reina la más completa impunidad lógica, semántica, sintáctica e intelectual. Es la crisis del "todo se vale" porque "vivimos situaciones inéditas" o "navegamos en aguas desconocidas".
Por ejemplo, la newtoniana ley de la gravedad fue modificada radicalmente por un periódico que anunció ayer: "El mundo se hunde en un credit crunch". ¿Cómo puede hundirse algo cuando está sometido a un ruidoso apretón? Misterios de la crisis. Como sustantivo, "crunch" significa en inglés "un punto crítico al que se llega a causa de la presión ejercida por elementos opuestos" y como verbo "crunch" quiere decir "apretar produciendo un ruido semejante a un crujido". Podría decirse en todo caso que el mundo gime aplastado por la falta de crédito, lo que está por demostrarse, pero ¿hundiéndose?
Otro ejemplo divertido. Escribió un columnista de negocios: "Cuando el mundo vive la peor recesión contemporánea". ¡Vaya! ¿Pueden existir varias recesiones al mismo tiempo, es decir: contemporáneas?, ¿unas mejores y otras peores? El peor día de hoy es hoy; el mejor día de hoy es hoy. La peor recesión contemporánea es la que sucede ahora y la mejor recesión contemporánea es la que sucede ahora.
Otra perla, repetida por más de un columnista, ha sido la tontería de que disminuir aranceles en una etapa de recesión económica está contraindicado y sólo se le ocurriría a un inexperto funcionario. ¿De dónde sacaron esa idiotez? Tal vez del caletre de algún gestor de negocios – dirigente de alguna cámara mercantilista como la Concamin, digamos- que ni por asomo sabe que el proteccionismo comercial (a través de los aranceles originados por la infame ley Smoot-Hawley) agravó y prolongó la Gran Depresión.
Mañana nos van a decir que deberíamos pagar una multa quienes nos rehusemos a endeudarnos por encima de nuestras posibilidades de pago o que la mejor forma de estimular el crecimiento económico es cobrando más impuestos o que impedir la existencia de corresponsales bancarios promueve la competencia en beneficio de los consumidores. O que hay que añadir otros mandatos constitucionales al banco central, digamos: el de fomentar el consumo de carnitas de Michoacán y el de prevenir el contagio de enfermedades respiratorias en las sucursales bancarias.

Una crisis que da para todo género de idioteces

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miércoles, 29 de octubre de 2008

Bancos: Lecciones locales de una crisis global

Algunos de los bancos globales que operan en México están generando perplejidad y enojo en la comunidad empresarial por cerrar abrupta y unilateralmente líneas de crédito a empresas que han sido sus clientes tradicionales. La súbita cerrazón incluso ha llegado para el refinanciamiento de deuda de gobiernos locales.

El pánico es mal consejero. ¿Es razonable que un banco le "ofrezca" crédito de corto plazo al gobierno del Distrito Federal a una tasa de TIIE más cinco puntos, esto es: más de 13% anual? Por supuesto, el "ofrecimiento" fue rechazado, pero revela que algo está funcionando mal en la operación local de algunos de los grandes bancos; especialmente, dicen los enterados, en aquellos cuyas matrices están en España.

Es algo más que un incremento de la aversión al riesgo, ya que el ejemplo citado arriba es de papel gubernamental con la misma calidad que la deuda pública federal; es decir, se trata de un riesgo que internacionalmente está sólo en 402 puntos base (digamos, una tasa en dólares de máximo 5% anual) y es axiomático en el negocio bancario, desde hace siglos, que "los gobiernos no quiebran"; también que el riesgo es casi cero cuando la deuda pública es en moneda local, como es el caso.

¿Qué es?, ¿miedo de los ejecutivos locales a contrariar criterios de sus matrices?, ¿señal de que también en la operación crediticia de dichos bancos en México hay cadáveres en los armarios; cadáveres que no hemos conocido todavía porque dichos bancos ya no cotizan en la bolsa de valores local?, ¿abuso?, ¿incompetencia?

Dichos bancos (repito: especialmente aquellos cuyo capital es de origen español, para evitar las peligrosas generalizaciones) no deberían apostar a la desmemoria de sus clientes mexicanos, ni deberían creer que bastará en el futuro con alguna campañita de relaciones públicas – a través de sus archiconocidos "comunicadores" adictos e incondicionales – para restañar las heridas. Mucho menos deben confiar que estas conductas anómalas pasarán desapercibidas para la opinión pública.

Un ejemplo de que los tiempos han cambiado – y de que el buen periodismo de finanzas y negocios poco a poco se está consolidando – fue la oportuna advertencia que hizo Samuel García – un periodista profesional que merece reconocimiento y que dirige "El Semanario" – de lo que estallaría poco después en la Tesorería de Comercial Mexicana. Tómenlo en cuenta.

Pánico y silencio. Pésima combinación.

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martes, 21 de octubre de 2008

Los clichés de la crisis

“¿Cuál es la diferencia entre un banquero de la ‘City’ y una paloma? Respuesta: Que la paloma aún puede hacer un depósito en un Maserati”: Lucy Kellaway, columnista de Financial Times.

Cuentan que en el otoño de 1929 los conserjes en los hoteles de Nueva York preguntaban a los clientes: “¿El caballero desea la habitación para dormir o para arrojarse por la ventana? En ese último caso le rogamos pagar por adelantado”.

Esta crisis, que los periodistas de todo el mundo ya hemos convertido en “la peor desde 1929”, ni siquiera ha estado dramatizada, que yo sepa, por algún suicidio espectacular de un inversionista o de un banquero en quiebra. Por ejemplo, en el hoy desdeñado pánico de 1907 – que produjo una recesión en 1908 y, según algún aventurado historiador estadounidense, fue una de las causas remotas de la Revolución Mexicana- , hubo más de un suicidio de algún financiero insigne que reportaron, con horror, los diarios de la época.

Según Lucy Kellaway, columnista de Financial Times, hay cuatro tipos de clichés de los que hemos echado mano los periodistas para vender bien empaquetadita esta crisis del credit crunch: 1. Los clichés sísmico-geológicos: terremotos, derrumbes, abismos, trepidaciones; 2. Los clichés médicos: inyecciones (de liquidez), (activos) tóxicos, purgas, heridas, sangrías; 3. Los clichés de los detalles banales que consisten en decir qué hora era, qué personas estaban reunidas, tensas, alrededor de la mesa, cómo se veían (pálidos, de preferencia; no usar “lívidos” que quiere decir lo contrario) y demás detalles mundanos para infundirle dramatismo a la “nota” (un ejemplo son las crónicas de la reunión de Henry Paulson con los principales banqueros de Estados Unidos para avisarles que el gobierno se convertirá en su socio); y 4. El cliché más manoseado y falaz: declarar que esto es lo peor que ha pasado desde 1929.

La verdad es que esta crisis no sólo es radicalmente distinta a la de 1929 sino que está muy, pero de veras muy lejos de ser tan devastadora. Hay quien, con buenas razones, dice que la crisis conjunta rusa y asiática de 1998-1999 fue más demoledora.

Eso sí, según investigó Kellaway en los diarios de la época, los clichés de 1929 y años siguientes fueron muy parecidos (salvo el cuarto, por razones obvias) a los que usamos hoy…y hasta los chistes, buenos o malos, no han cambiado gran cosa.

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domingo, 19 de octubre de 2008

Peleando la guerra equivocada

La crisis financiera global NO se resolverá con masivas inyecciones de liquidez, ni con una política monetaria laxa. Esta NO es la gran depresión. Olvídense de Keynes.


Anna Schwartz junto con Milton Friedman escribió la monumental Historia Monetaria de los Estados Unidos (1963) que explica ampliamente las causas monetarias de la gran depresión de los años 30. Hoy, a sus 92 años, Schwartz diagnostica con toda lucidez:

1. El actual apretón del crédito – “credit crunch”- no tiene su origen en una insuficiente liquidez; por el contrario, responde a una sustancial pérdida de confianza en los mercados financieros ocasionada por un exceso de liquidez y por políticas monetarias laxas.
2. Ben Bernanke y la Reserva Federal han hecho todo lo que debió hacer en la década de los 30 el banco central estadounidense para evitar la gran depresión; el problema es que NO estamos, en modo alguno, ante un fenómeno como el estallido de la burbuja especulativa de 1929. Ben Bernanke está peleando la guerra equivocada.
3. El original paquete de rescate de Henry Paulson – comprar los activos tóxicos con fondos gubernamentales- era un primer paso en el camino correcto para reestablecer el funcionamiento del sistema de precios en los circuitos financieros – y evitar una mayor parálisis del crédito-, pero insuficiente y lleno de dificultades.
4. La nueva propuesta de capitalización de las entidades financieras mediante fondos públicos busca reforzar esa estrategia, pero sutilmente se ha pasado de rescatar al sistema financiero a rescatar a los bancos, con todas las indeseables consecuencias de “riesgo moral” e intervencionismo en los mercados que ello conlleva.
5. Alan Greenspan, responsable de la relajación de la política monetaria a principios del milenio, tendrá que ofrecer, como epílogo a sus memorias, una mejor justificación para su error de juicio; no es satisfactorio decir que en 2001 no quedaba otro remedio que bajar las tasas de interés.
6. “Todo funciona mucho mejor cuando las malas decisiones son castigadas (por los mercados) y las buenas decisiones te hacen rico”.

La entrevista que le hizo Brian M. Carney a Anna Schwartz fue publicada este fin de semana por The Wall Street Journal y sin duda será uno de los documentos fundamentales para entender este etapa histórica y los errores de política económica que se están cometiendo en Estados Unidos y en el mundo.

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martes, 7 de octubre de 2008

La crisis del ensayo y el error

"Siempre puedes contar con que los americanos harán lo correcto; después de haber intentado todo lo demás": Winston Churchill.



Es el Troubled Asset Relief Plan (TARP, Plan de Alivio de los Activos en Problemas) o, si usted prefiere, el Gigantesco Fondo Público de Paulson & Co. para Administrar Activos Financieros Tóxicos. Decir que no es "la solución" a esta crisis global es decir una obviedad. En el mejor de los casos, y con mucha fortuna, servirá para poner algunos precios provisionales que podrían ayudar a combatir la parálisis de los mercados de crédito.

El TARP ha recibido tres tipos de críticas, pertinentes y contundentes:

1. Incrementa la pedagogía de la irresponsabilidad (riesgo moral) para los agentes económicos que incurrieron en las conductas temerarias que provocaron la actual crisis. Estos agentes económicos son: A. Los políticos que impulsaron – e impusieron en varios casos- el otorgamiento de créditos hipotecarios a personas no solventes, B. Los banqueros centrales que, por miedo a la recesión, inundaron el mundo de liquidez, C. Los intermediarios financieros que empataron artificiosamente deudas de largo plazo – sustentadas en un valor inflado de los bienes raíces y no en la capacidad de pago de los acreditados- con activos financieros de muy corto plazo, D. Las agencias calificadoras (¡otra vez fallaron las "murallas chinas" entre intermediarios financieros y calificadoras!), E. Los reguladores omisos, y F. Los acreditados que aprovecharon las gangas hipotecarias sin detenerse a evaluar su capacidad de honrar tales deudas.

2. El TARP no va a la raíz del problema, que es el precio inflado de las viviendas. Martin Feldstein ha propuesto un programa más sólido: apoyar la reestructura de las hipotecas, a partir de una revaloración, con descuento, del mercado de los bienes raíces; hoy, cerca del 30% de las viviendas hipotecadas en Estados Unidos tiene un valor de mercado inferior al valor nominal de la misma hipoteca…, y contando.

3. Tampoco atiende a otra raíz del problema, que es la insuficiente capitalización de las instituciones financieras. Urge que los bancos globales elevan su cociente de capital contra activos.

Haciendo caso a la sabia frase de Churchill no hay que perder la esperanza. Tarde o temprano aplicarán la receta correcta, después de intentar (casi) todo lo demás. Esperemos que sea más temprano que tarde.

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